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II. EL ESTADO
El Estado como ente jurídico y político, ha sido considerado como una agrupación de personas que se reúnen para cumplir un propósito, el bien común.
La concepción moderna del Estado, sigue en desarrollo y consolidación, pues el movimiento globalizador pone a reflexión algunos de los elementos que se consideraban ya definitivos e inamovibles del Estado.
Si nos referimos a los elementos clásicos que integran un Estado, tenemos al territorio, a la población y al gobierno. Estos tres elementos han tenido algunas adecuaciones ante la globalización. En primer término, la población se ha visto modificada por los grandes movimientos migratorios, ya sea por la necesidad de buscar mejores opciones para la manutención de la familia, que por la situación de realizar estudios de posgrado en otros países, o las oportunidades de empleo para carreras con poco desarrollo en sus países de origen, los hacen movilizarse a países donde el presupuesto para ciencia y tecnología es más amplio.
En esencia, el elemento población no se ha modificado, pues el Estado sigue requiriendo de personas a quienes albergar para poder cumplir con sus funciones y la prestación de sus servicios. Lo que ha cambiado, es el reciente reto que enfrentan los gobiernos para satisfacer las necesidades de la población de origen y lograr que las posibilidades para los extranjeros se puedan mantener sin generar condiciones de vulnerabilidad para ellos.
Es decir, el país que recibe extranjeros debe generar mayores oportunidades para ellos, y para sus naturales. Pues, si atiende a unos cuantos, descuida a sus naturales. Lo que puede generar problemas sociales más fuertes, que las ventajas de contar con recurso humano de calidad.
El elemento del territorio, delimita o enmarca el espacio geográfico que ésta población debe abarcar, para considerarse parte del Estado. Cualquiera que sea la extensión de tierra sobre la que el Estado se establezca y desarrolle, debe atender a las posibilidades de vida de su población. Debe existir una proporcionalidad entre el territorio y la población, a fin de que cada uno de los individuos tenga la capacidad de establecer un hogar y que esa misma tierra les brinde las posibilidades de alimentarse. No puede existir un país, donde lo único que tengan sean edificios, calles, empresas, casas, etc., sin espacios que permitan el desarrollo de las actividades productivas primarias; pues de ser así, generaría gastos mayores para la satisfacción de las necesidades humanas básicas. Podemos poner el ejemplo de África, un continente altamente poblado, con gran cantidad de recursos naturales, en donde los servicios públicos y la función social del Estado es prácticamente nula en muchas regiones, donde los habitantes no tienen ni el vital líquido, mucho menos algo para comer.
El Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE)-División de Población de la CEPAL, en la Propuesta de agenda regional en población y desarrollo para América Latina y el Caribe después de 2014, nos dice:
Desde el punto de vista de la población, la incorporación de América Latina y el Caribe al mercado globalizado coincide con la etapa de la transición demográfica en la cual se incrementa de manera importante la población en edad de trabajar (bono demográfico), lo que plantea una gran exigencia a los Estados en términos de creación de empleos de calidad y garantía de acceso a estos, objetivo para el cual la reprimarización no se muestra como un mecanismo idóneo. De hecho, las actividades extractivas pueden en ocasiones aumentar la informalidad y ser desarrolladas de manera precaria, con escaso control sobre sus efectos en la salud y la seguridad social de los trabajadores y con efectos predatorios sobre el medio ambiente6.
Se requiere que los Estados tengan una gran capacidad para hacer frente a estas circunstancias que genera la sobrepoblación. En este sentido,
la reducción significativa de los niveles de mortalidad y fecundidad asociada al proceso de transición demográfica en América Latina y el Caribe ha tenido un fuerte impacto en el tamaño y crecimiento de su población. Desde mediados del siglo pasado, el crecimiento medio de la población regional ha sido relativamente rápido como herencia de la elevada expansión demográfica de las décadas de 1950 y 1960, cuando se redujo la mortalidad más que la fecundidad. Entre los años 1950 y 2013 la población regional se triplicó con creces, pasando de 167 millones de personas a un poco menos de 610 millones7.
La misma CEPAL y la ONU han pronosticado una disminución de la población a partir de 2025 en cuanto a la tasa de fecundidad o de mortalidad, y una estabilidad para 2050. Aun cuando hay un pronóstico favorable, para el control de la población, faltan 11 años para llegar al 2025, en los que la población puede seguir creciendo sin control de ningún tipo, de modo que aun con un pronóstico favorable, esas tasas de crecimiento quedan en duda o en reserva de los sucesos futuros.
El tercer elemento clásico del Estado, es el gobierno. Entendiendo por tal, el ejercicio de la política, la aplicación de la administración, la gestión de los recursos, y la conservación del aspecto social del Estado.
El gobierno en los Estados, les permite la realización de las funciones y atribuciones que dicho poder tiene. Es decir, el gobierno se traduce en poder. En poder no del tipo arbitrario, sino del controlado o regulado por un ordenamiento capaz de limitar la actuación de los órganos del Estados en los que se deposita el poder del pueblo (soberanía) y el ejercicio de la función pública.
El poder político del Estado, es el encargado de atender todos los servicios en favor de la comunidad a la que representan. Este poder, se ejerce por los representantes del pueblo, en quienes se deposita no sólo una esperanza para el buen gobierno, sino son electos por la capacidad que tienen por hacer valer todas las voces de la gente, y lograr hacer eficaces sus derechos.
El poder político es solo un instrumento que permite el diálogo entre gobernantes y gobernados. Pues, es a través de su ejercicio que se atienden las exigencias sociales, se solucionan los problemas de convivencia y armonía del grupo social, se reconocen y respetan los derechos que se poseen desde el nacimiento y los que se adquieren al convertirse en ciudadanos, y se ejerce control sobre la toma de decisiones en temas de gran interés para todo el pueblo.
Dentro del gobierno, existen algunas variables para su ejercicio, cómo son los órganos que lo asumen, la persona que lo encabeza, y la dinámica de la distribución de funciones. Puede tratarse de una monarquía o de una República. La primera recae en un monarca, quién actualmente ya no tiene potestades ilimitadas, pues se encuentran sujetos al funcionamiento del parlamento –cómo los casos de Inglaterra, Francia o España-, en donde a la par del Jefe de Estado que es el monarca o Rey, funciona un Jefe de Gobierno, que asume todas las tareas del ejercicio del poder político.
O bien, más comunes en Latinoamérica, son las Repúblicas, como forma de gobierno donde la mayoría de las funciones políticas las ejerce el Presidente y recibe apoyo de un grupo de Secretarios o Ministros de determinados ramos, para la definición y aplicación de las políticas públicas. Además de un Congreso o Cámaras de representantes, que deliberan sobre las normas a aplicar, o sobre la forma de distribución del presupuesto. La relación entre Congreso y Presidente, es generalmente de supraordinación, por ejemplo, en México el Congreso de la Nación se encuentra limitado por las facultades del Presidente, pues es este último quien toma la decisión final en los nombramientos de otros funcionarios públicos, o en la promulgación de las leyes y el derecho de veto. Mientras que en Costa Rica, es el propio Congreso quien limita el ejercicio del Presidente de la República, en donde ninguna injerencia tiene al momento de nombrar funcionarios públicos o de tomar decisiones que no hayan recibido aprobación por parte del Congreso.
Sea monarquía o república, ambas formas de gobierno ponen en juego el poder que les ha sido conferido por parte de los ciudadanos y personas a las que representan. Quedando fuertemente puntualizado, que el poder del mismo pueblo es aquello que le da vida al Estado.
Sobre el particular, Karl W. Deutsch ha descrito así el interesante fenómeno del poder:
El poder consiste principalmente en el poder sobre la naturaleza y sobre los hombres. Estas dos clases de poderes se interrelacionan a menudo. En el curso de la historia ha sucedido que cuando los hombres aumentan su poder sobre la naturaleza pueden emplear este mayor poder como un medio para aumentar su poder sobre los hombres... Estas dos clases de poder difieren en aspectos importantes. El poder sobre la naturaleza es algo que los hombres pueden compartir; el poder sobre los hombres es algo por el que éstos tienen que competir.8
El control del poder es un tema añejo. Recordemos simplemente la preocupación expresada en la pregunta Quiscustodetcustodem? que ocupó a ilustres filósofos de la antigüedad; esta interrogante, por sí sola, da cuenta de la dimensión del problema que estamos tratando. Aún hoy, no tenemos una respuesta definitiva sobre cuáles son los mecanismos idóneos para controlar a quienes nos gobiernan.
Las dificultades que se hallan intrínsecas en cualquier intento para someter a quienes ejercen el poder, han sido destacadas por Diego Valadés, en los siguientes términos:
El poder tiene una naturaleza altamente dinámica. Los instrumentos para controlar el ejercicio del poder no pueden ser, por tanto, de carácter estático. Sería un contrasentido que el poder fluyera a través de múltiples expresiones, y que los mecanismos adoptados para controlarlo no pudieran adecuarse de continuo a esas diferentes expresiones. El papel de la Constitución es, precisamente, el de fijar las formas de expresión del poder y determinar su control. Dejado a su suerte, el poder fluiría con tal rapidez que se haría impredecible, en perjuicio de las relaciones sociales estables, seguras, libres y justas.9
Limitar el poder y a quienes lo ejercen, es una tarea que compete a todos y cada uno de los habitantes. En este sentidoCappelletti, habla de mantener situaciones mínimas ante el control del poder, por ello “… existe la necesidad cada vez más notoria en las sociedades modernas, de tutelar frente al poder político, y por consiguiente, también frente al poder legislativo y a las propias mayorías algunos minimumstandards y derechos fundamentales: la protección, en suma, de la esfera de libertad de los individuos y los grupos (también los minoritarios)”10.
Al respecto, cada Estado independientemente de la forma que adopte para el ejercicio del poder, debe ser capaz de garantizar la libertad y la igualdad de todos sus habitantes, y como dice Cappelletti, sean mayorías o minorías, no se debe hacer distinción alguna.
En la reconocida clasificación de la formación del poder hecha por Max Weber, resalta la importancia que para las sociedades tiene el fenómeno del origen del poder, y el problemade la transmisión del mismo. El hecho de que el poder pueda ser legal, tradicional o carismático, no justifica en absoluto el hecho de que el Estado ejerza la coacción física sobre los ciudadanos. Este fenómeno que representa uno de los afanes menos comprendidos del hombre, se ha entendido en varios sentidos; hay poder económico, ideológico, político, físico, psicológico, mental, etc.; vamos a referirnos al poder político como una característica vital del Estado, entendiendo que “El poder es la materia y la sustancia del universo de entes llamado política”11.
Desde luego, el poder político tiene todo que ver con el funcionamiento de lo estatal. La diferencia de hecho entre los que mandan y los que obedecen no se funda en cualidades esenciales de los primeros, que sean inaccesibles para los segundos, sino en la voluntad de éstos, que de tal modo se gobiernan a sí mismos. Dentro de la homogeneidad del pueblo, nadie detenta títulos que no estén al alcance, en principio, de cualquier individuo12.
Encontramos entonces que sin importar que el poder provenga del pueblo, de la élite o del líder, su formación y origen exigen una razón de mayor peso que creemos, no puede ser otra que la legitimidad13 de quien lo ostenta y aplica.
De igual modo, no bastaría representaral Estado como una simple organización técnica al servicio delpueblo, el pueblo debe necesariamente entrar en el Estado, representarallí un papel, aunque no sea más que a título de súbdito obligado a sometersea las exigencias de la organización. Así, el concepto de Estado debenecesariamente abrazar, al lado del gobierno o de la organización, a losindividuos sometidos a ese gobierno o a esa organización, que es el gobiernoo la organización del Estado.

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