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I. A. Las ideas centrales de la TLV


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I. A. Las ideas centrales de la TLV
La teoría, la economía y la filosofía de Marx se contienen en El capital y básicamente consisten todas en su teoría del valor. Y la idea central que resalta de esta teoría es la de que los precios mercantiles de los distintos bienes y servicios son una expresión de las cantidades de trabajo necesarias para su producción y reproducción en las condiciones normales de la sociedad capitalista del momento. Y esas cantidades de trabajo se refieren no sólo a la que llevan a cabo los trabajadores que operan directamente en la empresa que produce esas mercancías, sino que incluyen también las de los trabajos necesarios para producir y reproducir los medios de producción (es decir, máquinas, materias primas, energía, etc.) que se usan en dicha producción.
Pues bien, antes de entrar en otros detalles que dan contenido y concreción a esta teoría de Marx, lo primero que hay que dejar claro es que la teoría del valor que defienden Dieterich y la escuela de Bremen (a quienes a partir de ahora llamaremos, para mayor comodidad, DEB) no tiene nada que ver, a pesar de las apariencias, con la teoría de Marx9. A esta nueva teoría de estos autores nos referiremos en este trabajo como “Teoría bremeniana del valor” (TBV), por oposición a la teoría laboral del valor de Marx. Y ello es así por mucho que la apariencia sea otra y que en sus libros estos autores hablen de valores, trabajo, precios, mercados… y el resto de categorías que también se encuentran en Marx; y por mucho que citen y se refieran a este autor, cuyas citas entremezclan continuamente con sus escritos10. Veamos a continuación por qué.
1. Para Marx, el precio depende y es expresión de la cantidad de trabajo total empleado en la reproducción normal de la mercancía, mientras que para DEB el precio depende de un montón de cosas distintas con las que se podría construir, no una, sino varias teorías del valor diferentes, al menos 4. En los escritos de DEB se pueden encontrar, en medio de una confusión general, cuatro elementos o factores que en su opinión contribuyen a determinar el nivel del precio de mercado, de forma que según pongan más énfasis en uno u otro de esos elementos podemos apreciar los indicios de 4 teorías o semi-teorías diferentes. Esos elementos son, por increíble que parezca, los siguientes: 1) la cantidad de trabajo (que es el elemento único que aparece en la TLV); 2) los costes monetarios11, entendidos como algo diferente de lo anterior, y en cuya determinación interviene a su vez un batiburrillo de factores, entre los que el papel central se concede al juego de la oferta y la demanda, por una parte, y por la otra, y en especial, a la concepción subjetiva12 del valor típica de la teoría de la utilidad marginal; 3) en tercer lugar, la estructura del mercado prevaleciente, en especial si predomina el monopolio o no; 4) y, por último, el poder político o poder genérico que opera y domina sobre los mercados.13
2. Para Marx, el valor de una mercancía, en una sociedad capitalista desarrollada, se tiene que expresar necesariamente en dinero. Por eso afirma que el precio no es sino “otro nombre del valor”. Más en detalle, afirma que el valor (su sustancia) se manifiesta en un “valor de cambio”, cuya forma más desarrollada es la monetaria, y eso es el precio. En cambio, la teoría bremeniana contrapone valor y precio como si fueran los dos términos polares de una relación antagónica, y ello no sólo es así dentro del capitalismo sino que aparece la misma idea cuando ellos comparan entre sí el capitalismo y el socialismo.14 Según estos autores, no sólo se trataría de magnitudes distintas, sino de fenómenos explicables por causas y mecanismos diferentes, y de realidades cargadas de contenidos normativos y éticos completamente contrapuestos. Dejando el aspecto cuantitativo para el punto siguiente, digamos que estos autores distinguen la naturaleza del precio de la del valor (que ellos llaman “valor objetivo”) argumentando que el valor sería supuestamente producto sólo del trabajo y existiría sólo en el socialismo, mientras que el precio, que es típico del capitalismo, es determinado por los 4 factores señalados más arriba. Por su parte, la comparación moral queda evidenciada en la afirmación de que “la genealogía del precio nos indica que es el hijo espurio del costo y del poder, que nada tiene que ver con el heraldo de la justicia, el valor” (Dieterich, 2001, p. 7; cursivas añadidas: DG).
El aspecto cuantitativo de la relación entre valor y precio lo explica Marx, en el libro III de El capital, en relación con lo que llama la “transformación”15 de los valores en precios de producción. En Marx esa transformación es puramente cuantitativa pero no cualitativa, al contrario de lo que ocurre con DEB, para quienes es ambas cosas a la vez. Para Marx, la cantidad que se modifica es la de las unidades monetarias que en principio expresan el valor como una magnitud proporcional a la cantidad de horas trabajadas –que la literatura especializada suele llamar “precios directos” o “precios simples”– y se convierte, después de “transformada”, en una magnitud distinta que se suele llamar “precio de producción”. Aparte de que este último concepto ni siquiera aparece en la obra de la escuela bremeniana, donde se confunde el precio de producción con el precio efectivo de mercado16, lo importante es que DEB parece olvidar que se trata en ambos casos de precios monetarios, y además de precios igualmente capitalistas y, por tanto, idénticamente buenos, malos o neutros en términos de la valoración ética que nos puedan merecer.
3. ¿Por qué debe un teórico del valor “transformar” un precio directo de 85 bolívares, o euros, en un precio de producción de 82 o 91 o lo que sea, también en bolívares o euros? Porque ambos son categorías teóricas que le permiten ir avanzando en la comprensión y/o explicación de los precios reales y efectivos. Y ese paso es necesario, debido a que hay que dar cuenta del fenómeno de la competencia entre los distintos capitales individuales que se enfrentan en la economía capitalista. Necesitamos dos precios distintos porque el primero se corresponde con el capital unido y enfrentado al trabajo, y el segundo se corresponde con el capital dividido y enfrentado a sí mismo, compitiendo cada unidad con las demás.
Lo que Marx explica en El capital es precisamente que, a pesar de la apariencia en contra, el análisis basado en la TLV permite descubrir la realidad que hay debajo. Y esta es que ambos precios teóricos son expresiones de la cantidad de trabajo que la sociedad necesita para reproducir las diversas mercancías. La suma de los precios de producción del conjunto de mercancías producidas coincide con las suma de los precios directos de ese mismo conjunto. Y no puede ser de otra manera porque de lo que se trata es de entender una misma realidad desde dos puntos de vista distintos, el capital frente al trabajo o el capital frente a sí mismo. Lo que exige este último, es decir, la competencia, es una mera redistribución cuantitativa de la plusvalía o plusvalor generado en la producción (trabajo frente a capital).
Pero las formas cuantitativas de esa redistribución no son arbitrarias sino que están perfectamente explicadas por la TLV (a la vez que absolutamente desconocidas para la TBV): la creación de plusvalor depende de la magnitud del capital variable adelantado, pero la competencia hace que su expresión monetaria deba corresponder al capital total adelantado (tanto si es variable, v, que es el que permite crear valor nuevo, como si es constante, c, que no crea valor nuevo alguno). Por consiguiente, si para producir diversas mercancías se usan técnicas de producción diversas, que en cada rama de la producción exigen una proporción diferente entre las sumas de c y v, los precios que incluyen el plusvalor directo creado (extraído por el capital al o frente al trabajo) no pueden coincidir con los que incluyen el plusvalor redistribuido y apropiado (en la lucha entre cada capital y los demás), que se distribuye de otra manera para que la ganancia final pueda ser proporcional al capital invertido, generando una rentabilidad normal que es la que sirve de referencia a quienes participan en la competencia capitalista.17
4. En cuanto a las aplicaciones posibles de la teoría del valor o de los precios capitalistas a la sociedad postcapitalista, también aquí las diferencias que separan a la TBV de la TLV son enormes. La TBV imagina que el precio corresponde al capitalismo y el valor corresponde al socialismo. Nada de eso ocurre en el pensamiento de Marx, para quien las relaciones de valor y precio sólo se dan en el capitalismo, de forma que lo que los marxistas debaten en este terreno específico es por qué cosa, por qué tipo de nuevas relaciones sociales más concretamente, es por lo que se sustituyen los valores y precios capitalistas en una sociedad distinta que ha superado ya esas relaciones capitalistas.18

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