• II COLOQUIO DE LA SOCIEDAD LATINOAMERICANA DE ECONOMÍA POLÍTICA Y PENSAMIENTO CRÍTICO (SEPLA) Caracas, 14-16 de noviembre de 2007
  • INTRODUCCIÓN
  • I. TEORÍA LABORAL DEL VALOR VERSUS TEORÍA BREMENIANA DEL VALOR. PRECIOS Y VALORES EN EL CAPITALISMO Y EL SOCIALISMO.

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    Valores, precios y mercados en el postcapitalismo


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    EN EL POSTCAPITALISMO>>

    (Una interpretación de la concepción

    económica del comunismo en Marx)
    Diego Guerrero


    VII COLOQUIO LATINOAMERICANO DE ECONOMISTAS POLÍTICOS
    II COLOQUIO DE LA SOCIEDAD LATINOAMERICANA DE ECONOMÍA POLÍTICA Y PENSAMIENTO CRÍTICO (SEPLA)
    Caracas, 14-16 de noviembre de 2007

    Índice

    Introducción p. 1

    I. Teoría laboral del valor versus Teoría bremeniana del valor. Precios y valores en el capitalismo y el socialismo p. 4

    I. A. Las ideas centrales de la TLV p. 4

    I. B. Mercado y socialismo: TLV vs. TBV p. 8

    II. Mercados y plan. Distribución de la renta, demanda agregada y oferta agregada en la sociedad comunista p. 13

    II. A. La distribución de la “renta” p. 15

    II. B. De la demanda agregada a la oferta agregada y el empleo p. 26

    III. La empresa comunista y el mecanismo de los precios contables p. 30

    III. A. Una versión gráfica del mecanismo de los precios contables p. 32

    III. B. Dinero contable, crédito y financiación de la inversión p. 36

    III. C. Más sobre el valor de uso p. 38



    Bibliografía p. 39

    Resumen
    Este artículo tiene dos partes bien diferenciadas aunque relacionadas. En la primera se pasa revista a algunos de los planteamientos fundamentales de lo que se ha dado en llamar la “Escuela de Bremen”. Estos autores, y Heinz Dieterich en particular, defienden una concepción del socialismo que se basa en ideas y categorías ajenas a la teoría laboral del valor de Marx, y eso puede condicionar el debate teórico y político sobre cómo llevar a cabo la lucha por el socialismo en un país como Venezuela, donde la influencia de las ideas de Dieterich es muy grande, y al mismo tiempo sus líderes creen erróneamente que Dieterich y Marx afirman lo mismo. En la segunda parte se avanza la interpretación del comunismo de Marx que hace el propio autor. Su tesis fundamental es que los precios actuales, capitalistas, deben ser el punto de partida de la contabilidad comunista que seguirá siendo necesaria para garantizar la eficiencia productiva tanto en los sectores productivos que dependen de la demanda descentralizada (los bienes de consumo directamente, pero también la inversión) como en aquellos que dependen de la demanda colectiva planificada previamente. El cambio global que se manifiesta en la redistribución de la capacidad de acceso a los bienes modifica toda la estructura de la demanda, por una parte, y toda la estructura de costes, por la otra. Pero el mecanismo que permite a la sociedad ajustar ambas estructuras de forma eficiente puede seguir siendo básicamente descentralizado, de forma que no sólo los individuos sino también las empresas mantendrán una autonomía muy importante frente a las necesidades de la planificación central. De hecho, ese mecanismo y esa autonomía serán la mayor ayuda para el propio plan central, aparte de ser imprescindible para la eficiencia económica global.
    INTRODUCCIÓN
    En el debate teórico y político sobre la posibilidad y necesidad de una revolución social en la actualidad, y en particular sobre las características de la transición desde una sociedad capitalista hasta el socialismo y el comunismo, tienen que intervenir toda una serie de consideraciones que en este trabajo se dejarán voluntariamente de lado, para centrarnos sólo en un aspecto de la cuestión. No ignoramos que de la teoría a la práctica hay mucho trecho y que en la realidad las cosas aparecen siempre entremezcladas y formando parte de un sistema que las engloba y hace que ninguna de ellas opere con independencia de las demás, por todo lo cual el análisis se vuelve mucho más complejo. Pero como aquí sólo pensamos realizar un trabajo teórico con la idea de establecer ciertas premisas para posteriores investigaciones (o debates, o comportamientos), pensamos que es legítimo usar un método aproximativo del problema, el usual en la investigación científica, que consiste en abstraer un solo aspecto del problema para, en un primer momento, centrar el foco de atención sólo en él, suponiendo que las otras dimensiones del problema están dadas, por así decir, y no ejercen influencia sobre ese único aspecto de la cuestión elegido para el análisis. Como todos sabemos que esto no es cierto en la práctica, es evidente que ninguna de las conclusiones obtenidas en un trabajo de esta naturaleza puede tomarse como un resultado teórico definitivo, sino tan sólo como algo provisional y pendiente de posteriores puntualizaciones o modificaciones. Es decir, sean cuales sean las conclusiones que se extraigan de este artículo, estas sólo servirán como un paso intermedio dentro de una reflexión que se desea abrir pero que no puede acabar ahí y sólo puede tener sentido si es complementada con pasos subsiguientes de acercamiento al problema, en los que se vaya introduciendo los diversos aspectos que, provisional y conscientemente, aquí se dejaron de lado.
    Antes de comenzar con la reflexión sobre varios aspectos de la organización económica de una sociedad postcapitalista, se impone realizar otra consideración preliminar. El enfoque que utilizaremos en nuestro análisis se inspira en la teoría de Marx, pero lo hace de la única manera legítima en que creemos que es posible hacer esto, es decir, presentándolo al mismo tiempo como una determinada interpretación personal que el autor ofrece de esa teoría, sin pretender que sea la única posible1; interpretación que en nuestro caso adopta el punto de vista político que el autor llama comunista. Por consiguiente, lo que aquí nos preocupa es la reflexión sobre la transición desde el capitalismo al comunismo, no al socialismo, en el bien entendido de que el comunismo es algo más que el socialismo.
    Siguiendo las pistas del propio Marx, entenderemos que hay dos fases en la sociedad comunista, de forma que si llamamos “comunismo puro” a la segunda de ellas (y la representamos por C-II), podremos decir que centraremos nuestro análisis en el “comunismo de transición” (que representaremos por C-I), que es precisamente aquello a lo que se refería Marx cuando escribía que esta última sería la sociedad comunista “tal como surge de las entrañas de la sociedad capitalista” (nuestra C-I) y no tal y como se manifiesta una vez que puede desarrollarse “sobre su propia base”2 (nuestra C-II). En principio, no hay mayor inconveniente en llamar también “socialismo” a C-I, tal como se hace habitualmente. Pero creemos preferible llamarlo comunismo de transición por dos razones: primero, porque así queda expresamente dicho que se trata de un paso intermedio hacia algo que hay más allá; y, segundo, porque se evita con ello una parte de la confusión que aqueja al término “socialismo”, cuyo uso está asociado hoy en día con los más diversos postulados teóricos y políticos, algunos de los cuales son de índole claramente procapitalista y no superadores del capitalismo.
    Con esto empieza a aclararse el “punto de vista comunista” del autor: lo que habitualmente se conoce como la “transición hacia el socialismo” no es más que el corto paso que va del capitalismo a C-I (corto, porque si se alarga demasiado, ese mismo hecho será señal de que el paso en realidad no se ha dado, que no se ha logrado salir de las entrañas del capitalismo). Pero este paso no es lo esencial, al menos para nuestro análisis. Y lo que pretendemos es, por una vez, mirar más allá de él, con la esperanza de que esa mirada nos ayude a comprender mejor la realidad a la que aspiramos y nos ofrezca nueva luz sobre cómo abordar la lucha por ella en el presente. Para Marx, ese paso, que debe por supuesto darse en forma revolucionaria, es “un parto”, algo que acontece de forma más o menos rápida. Pensamos que la auténtica transición es la que define la evolución desde C-I en dirección a C-II, y prestar atención al análisis de las vías de construcción y organización económica de la sociedad comunista es algo que no se suele hacer pero ayudará a entender mejor los dolores del parto revolucionario3. Esto es importante porque cuando muchos analistas insisten en la importancia de la “fase de transición hacia el socialismo” puede que en realidad estén simplemente aconsejando que el parto mismo sea tan lento que, de llevarse a la práctica tal consejo, la criatura ya nazca muerta.
    Más allá de los socialistas que no lo son –los que tan pacíficamente conviven con las estructuras de la sociedad capitalista, preocupados acaso tan sólo por la apariencia cosmética de ese sistema–, hay todavía muchas clases de socialistas y comunistas, de diversas tendencias, bien intencionados y deseosos de superar de verdad la sociedad capitalista. No me atrevo a decir, y mucho menos en un trabajo como este, qué estrategia, qué conducta o qué planteamientos prácticos son los más adecuados para la actividad de los individuos y organizaciones de todo tipo que se autodenominan socialistas o comunistas. Si acaso, aquí sólo cabe aprovechar la oportunidad para lamentarse de la falta de unidad que caracteriza a todos cuantos nos movemos dentro de esos referentes políticos, pues cada grupo y cada pensador individual, sea o no un intelectual, harían bien en tratar de comprender al otro, empeñándose en una batalla sin fin por superar las diferencias teóricas que nos separan.4 Además, es importante ser conscientes de que no siempre se da una correspondencia entre el punto de vista político y el punto de vista teórico. Más a menudo de lo que se cree, lo que hay es más bien una típica falta de correspondencia, de forma que puede verse a “enemigos” políticos (dentro del ámbito socialista-comunista al que nos referimos) que utilizan un punto de vista teórico más afín al nuestro que el de las personas y colectivos que nos son políticamente más cercanos5.
    En nuestra opinión –y esto tiene especial trascendencia aquí por el ámbito geográfico y político en el que se desarrolla este Coloquio latinoamericano–, esto es lo que ocurre en un caso particular al que nos vamos a referir enseguida. Digamos que, sin entrar a valorar directamente la posición política del importante asesor del presidente Chávez que es el profesor Heinz Dieterich, en la sección I de este trabajo revisaremos detenidamente los fundamentos teóricos de dicha posición, o al menos de sus propuestas políticas más difundidas, así como los de lo que él mismo considera sus “escuelas” de referencia, la de Bremen especialmente, pero también la llamada “escuela escocesa”6.
    Avancemos únicamente que lo que se presenta en los escritos de este autor –que muchos comentaristas consideran erróneamente un desarrollo de la teoría de Marx– no es realmente compatible con la auténtica teoría de Marx, y en especial con su componente fundamental, que es su Teoría laboral del valor. Como cualquier reflexión sobre la organización económica de la sociedad postcapitalista tiene que recaer necesariamente sobre las categorías básicas que precisan para ello todas las teorías existentes del valor –estamos refiriéndonos a los conceptos elementales de “valor”, “precio”, “dinero”, “mercado”…–, el lector comprenderá que es de importancia decisiva saber si las categorías que se utilizan en cada caso corresponden a, digamos, la teoría A o pertenecen más bien a la teoría B, la C o la que sea. Si no se hace así para evitar que todo quede envuelto en una neblina de confusión, si no se persigue la mayor claridad posible en ese terreno teórico, difícilmente se podrá contribuir adecuadamente a la construcción práctica de esa nueva economía real, entre otras cosas porque los que participen de forma efectiva en dicha construcción no podrán saber realmente en qué clase de edificio están trabajando y ni siquiera en qué dirección lo están levantando.
    Por tanto, este trabajo pretende ser, más específicamente, una contribución a la importante tarea de deshacer esas neblinas y aportar claridad sobre la estructura y forma del edificio que quieren construir los comunistas.

    I. TEORÍA LABORAL DEL VALOR VERSUS TEORÍA BREMENIANA DEL VALOR. PRECIOS Y VALORES EN EL CAPITALISMO Y EL SOCIALISMO.
    La Teoría laboral del valor (TLV), tal como la deja elaborada Marx a lo largo de su vida entera de escritor, es una teoría que pretende explicar lo fundamental del comportamiento del capitalismo. Aparte de ser una teoría que permite entender la explotación del trabajo por el capital, la teoría es también una teoría de los precios que se forman en los mercados capitalistas. Todo el mundo sabe que Marx escribió poco sobre la sociedad socialista, mucho menos que sobre la capitalista; pero cuando lo hizo, no lo hizo tanto en el texto al que todo el mundo se refiere al tratar este tema, y que no era sino un corto escrito donde en realidad se debatía el programa político de un determinado partido socialista7, sino en el interior de sus trabajos teóricos fundamentales, donde la reflexión básica versaba sobre la sociedad capitalista. Todas las ideas de Marx sobre el comunismo y el socialismo deben entenderse en ese contexto y analizarse sobre la base de su teoría de la sociedad capitalista, que él expuso sobre todo en El capital (1867, 1885, 1994, incluido su volumen cuarto, que es la historia de las Teorías de la plusvalía: Marx, 1862-3) y en los trabajos preparatorios que condujeron a él, en especial la Contribución a la crítica de la economía política (Marx, 1859) y los Grundrisse (1857-8)8.
    Seguidamente, repasaremos algunas categorías básicas de la TLV en relación con el capitalismo (A) y nos preguntaremos a continuación por su posible aplicación a la sociedad postcapitalista.

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