• Denominación del programa o proyecto en cuyo marco se inscribe la beca y/o la tesis y director del mismo
  • 2. El escenario Nacional
  • 2.2 El escenario bonaerense
  • 3. El Anuario Rural de la Provincia de Buenos Aires
  • 3.2 Producciones alternativas en el Anuario Rural
  • 3.3 Colaboradores del Anuario Rural
  • 4. Consideraciones finales

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    V jornadas de Becarios y Tesistas Título


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    V Jornadas de Becarios y Tesistas
    Título: Estado interventor, economía y sociedad: el Anuario Rural de la Provincia de Buenos Aires (1933-46)
    Autor: Emmanuel Cicirello

    Dirección electrónica: emmanuelcicirello@gmail.com

    Formación de grado y/o posgrado en curso: Lic. En Historia (Ciclo de complementación curricular)
    Tipo de beca: Beca tipo A (para estudiantes avanzados de UNQ) de Formación en Docencia e Investigación del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Quilmes

    Director de la beca: Girbal, Noemí María // Co- Director: Blacha, Luis Ernesto

    Denominación del programa o proyecto en cuyo marco se inscribe la beca y/o la tesis y director del mismo: LA ARGENTINA RURAL DE LOS SIGLOS XX Y XXI. ESPACIOS REGIONALES, TRANSFORMACIONES MEDIOAMBIENTALES, SUJETOS SOCIALES Y POLÍTICAS PÚBLICAS.

    Denominación del agrupamiento (instituto, centro, unidad de investigación, observatorio o laboratorio) en cuyo marco se inscribe la beca y/o la tesis y director del mismo: Centro de Estudios de la Argentina Rural (CEAR)
    1. Introducción

    La década de 1930 es un período atravesado por la crisis estructural producto del crac neoyorkino de 1929, que da fin al paradigma del crecimiento hacia afuera. La crisis financiera internacional, la contracción de la agricultura y la deflación traducida en un “brusco descenso en la capacidad adquisitiva de los consumidores”1, son los obstáculos esenciales que se presentan como urgentes para la política conservadora, debido a que impactan de inmediato en el sistema productivo agropecuario. Las oscilaciones significativas en los términos del intercambio y en los ingresos de capital, dan cuenta de la vulnerabilidad de la economía argentina como exportadora de materias primas hacia Gran Bretaña.2

    A su vez, la elite dirigencial debe resolver el gran conflicto económico sin perder de vista la legitimidad donde reposa su poder. El decenio comienza con un golpe de Estado al líder radical Hipólito Yrigoyen, liderado por José Félix Uriburu, sumándose a prácticas fraudulentas instrumentadas por Agustín P. Justo. El contexto político se caracteriza por una ruptura del orden institucional democrático, iniciado con la Ley Sáenz Peña de 1912. Las alternativas que se proponen se orientan a refundar la relación Estado-sociedad civil mediante el disciplinamiento social.

    En la Provincia de Buenos Aires –eje de la rica región pampeana- la elite dirigente pretende reforzar en la década del ´30 este control y la fidelización de los pequeños y medianos productores rurales, evitando llevar adelante cambios en el sistema de tenencia de la tierra. A partir de una burocracia técnica de base agraria, se generalizan los conocimientos prácticos destinados a chacras y escuelas experimentales y también al pequeño productor, para desalentar las migraciones a la ciudad.

    Como parte de esta coyuntura, el Anuario Rural de la Provincia de Buenos Aires resulta un difusor de las diversas prácticas agropecuarias para afrontar los embates de la crisis. Creado en 1933 por el Ministerio de Obras Públicas y fundado por Eduardo Pettoruti3, propone divulgar diversos conocimientos y consejos prácticos para aquellos pequeños y medianos actores que realizan diariamente las actividades y deben sostener a su familia en el ámbito rural bonaerense. La información registrada se dirige a aquellos productores que viven con sus familias en el campo y están dedicados a la pequeña producción.

    El premio al trabajo, al aprovechamiento del tiempo, al fomento del nacionalismo y el castigo a la haraganería se encuentran en mensajes, propagandas y consejos útiles de casi todas ellas. El Anuario pretende así brindar información de carácter pedagógico práctico (enseñar cómo hacer) y otra más sutil, de carácter moral-ideológico, estableciendo los márgenes del pensamiento en la sociedad como parte del control social y el disciplinamiento. Al mismo tiempo el Anuario es una expresión discursiva, editorial, de la burocracia que sustenta el intervencionismo estatal, para dar forma al impulso de la diversificación del sistema productivo agrario, en tanto alternativa a la crisis económica y a la sobreproducción ganadera y agrícola de base.

    El análisis en clave histórica sobre esta empresa editorial oficial, permite vislumbrarla –en sus orígenes- como una respuesta discursiva a la crisis estructural que vive la Argentina. Desde el Anuario se propone –a partir de entonces- diversificar el sistema productivo alentando la cría del cerdo, la floricultura y la fruticultura, con el objetivo de evitar una sobreproducción agroganadera que empeore las condiciones de la economía agroexportadora. Este estudio histórico pretende caracterizar las propuestas, alcances y destinatarios, de esta expresión periódica especializada y orientada al control social, en tiempos de la burocracia del Estado interventor y hasta la llegada del peronismo al poder.
    2. El escenario Nacional

    El Estado Nacional, –en tanto construcción institucional y relación social-, expresa a la sociedad en su conjunto y es –al mismo tiempo- instrumento de los sectores hegemónicos. Se manifiesta avanzado el siglo XX, una Argentina liberal en lo económico y conservadora en lo político, aunque las condiciones económicas internacionales hacia 1930 vuelve interventor al Estado. “Los sectores dominantes locales se identifican o se relacionan con los representantes de ese Estado Nacional y lo hacen para recibir protección, exigir subsidios, exhibir privilegios o brindar el respaldo económico de sus productos, para que el mismo retorne favorablemente en beneficio de sus intereses y los de un país productor de materias primas agrarias, aunque desigual.”4

    El escenario político nacional a partir de 1930 se presenta tenso e incierto. El conservadurismo debe solucionar desde el gobierno problemas a corto plazo. En primer lugar, debe proponer un proyecto político, social y económico que supere los escollos del derrocamiento del líder radical Hipólito Yrigoyen. Por otro lado, el orden democrático sufre una ruptura producto del golpe de Estado del 6 septiembre de 1930 liderado por el general José Félix Uriburu. Se genera entonces la búsqueda de alternativas para refundar el orden social; es decir, se plantean prácticas gubernamentales para lograr reestablecer “desde arriba” las relaciones y alcances que el Estado logró desde su consolidación a fines del siglo XIX. Como advierte Tulio Halperin Donghi “el régimen de democracia representativa, que surgió como su expresión política más madura, estaba lejos de apoyarse en un sólido consenso de opinión5. Existe una crisis estructural, orgánica, de legitimidad, de participación, de identidad, de distribución y de dependencia, que afecta las relaciones sociales. El desafío es mantener el control social. El problema político nacional surge a través de las falencias que muestran los partidos al no lograr ser canales de mediación entre el poder y el cuerpo social.6

    En el período 1930-1946 se vislumbra una ampliación del Estado a través del ingreso de una burocracia de perfil técnico a la vida política.

    La forma en que se organizan los sectores intermedios, burocráticos, orientan la relación entre la minoría gobernante y el resto de la sociedad y, por lo tanto, son parte integrante de la fórmula política. Además, los sectores intermedios utilizan las herramientas que promueven la cultura, transformando al poder en una potencialidad; una capacidad permanente que interpela las relaciones de poder como parte de la interacción social. Es la estructura burocrática la que aporta esa potencialidad del cambio en lo social, a la vez que permite establecer un marco de certeza (institucional y normativo) en el que se insertan las acciones individuales y se convierten en sociales.”7

    También el Estado se transforma en interventor de las prácticas políticas, económicas y sociales a través de la diagramación y ejecución de políticas públicas. Se gestan así reformas importantes como el impuesto a los réditos; en 1935 se crean el Banco Central de la República Argentina con un capital mixto de 30 millones de m$n y el Instituto Movilizador de Inversiones Bancarias para movilizar los activos fijos. Debido al contexto, el Estado facilita a varios sectores económicos subsidios y acciones diversas para su funcionamiento en tanto exportadores de materias primas, sumándose a una difusión de valores de fuertes rasgos nacionalistas para fomentar la construcción de un nuevo orden político.

    En cuanto a la economía nacional, el crac neoyorkino de 1929 produciría impactos que exigen resolverse en lo inmediato. La depresión mundial genera una fuerte baja en el volumen de la exportación, pérdida en los términos de intercambio y la cesación súbita de las entradas de capital.8 A partir de las dificultades del contexto, el Estado Nacional elabora acciones compensatorias traducidas en la inconvertibilidad del peso, financiación del déficit presupuestario, el control de cambios en 1931, ajustando en 1933 las cláusulas del pacto Roca-Runciman; creación en 1932 de las Juntas Reguladoras de la Producción (granos, carnes, yerba mate, vinos, algodón, azúcar) como entes oficiales de comercialización para comprar materias primas ofrecidas al precio mínimo y venderlas a los exportadores al precio vigente en el mercado que entonces era alto (excepto para el caso del algodón), entre otras. Para evitar el riesgo de la superproducción de materias primas agroganaderas, empiezan a ser alternativas viables las actividades productivas de segunda línea como la cría del cerdo, la fruticultura, floricultura. Si bien son actividades reconocidas del ámbito rural bonaerense, requieren una planificación estatal para darles impulso en la década del ´30, cuando todavía son pequeñas, pero necesarias para sortear los conflictos cotidianos que la crisis provoca.

    Como consecuencia de la crisis, se vislumbran impactos en el ámbito social argentino referidos a la desocupación. Si bien es cierto que el Estado toma la iniciativa de subsidiar a los empresarios y productores rurales, debe actuar también para controlar o reducir los efectos críticos que acentúan el desempleo. A través de los diagnósticos elaborados por el censo de 1932, se crea la Junta Nacional para Combatir la Desocupación (JUNALD) hacia 1935 con el fin de desarrollar prácticas de ayuda y control social.9 El auxilio para los sectores más bajos es un aspecto importante para comprender el intervencionismo de Estado. Es una respuesta de control y organización de aquellos actores que participan de las migraciones internas del campo a la ciudad. La JUNALD concentra a los desocupados en albergues, facilitándoles techo, comida y asistencia médica, a cambio del cumplimiento de tareas de limpieza urbana, huerta y planificación. Al mismo tiempo la JUNALD propone el traslado de obreros a distintas provincias donde falte fuerza de trabajo.10 El control social forma parte esencial de las preocupaciones de la dirigencia nacional y estas prácticas dan cuenta de esa situación.

    La creación de la Escuela Taller es otra de las iniciativas de la Junta, que tiene como propósito reeducar a los desocupados. La escuela se subdivide en 5 talleres donde se imparten nociones de ebanistería, carpintería, cincelado, herrería artística y encuadernación (…) La desocupación en el medio rural es un problema que espera solucionar a través de las funciones que cumpla una Comisión Nacional cuya creación se proyecta (…) la Junta plantea el fomento de la colonización agrícola por medio de desocupados (…) la entidad cree que la mecanización de tareas del campo, tanto como las plagas y las variaciones climáticas, influyen para que el desempleo crezca; pero la Junta estima, esencialmente, que el gobierno debe orientar a los productores a través de la colonización, y por esa razón auspicia la creación de la Comisión Nacional de Colonización”11
    2.2 El escenario bonaerense

    Tanto en el ámbito nacional como en el de la provincia de Buenos Aires, la crisis influye en las prácticas que se orientan a mantener el control social. No sólo se actúa por medio del intervencionismo estatal, sino también con acciones autoritarias y fraude electoral para legitimar un poder que no se ajusta al orden constitucional. Las acciones fraudulentas tienden a impedir el retorno de los radicales (oposición política más numerosa), aunque también responden a la tensa lucha de facciones conservadoras, que se anulan en la competencia por acceder al gobierno.

    El partido conservador, luego del gobierno radical, avanza en el porcentaje de votantes en la provincia de Buenos Aires. “Luego del golpe del 6 de septiembre, y una vez reincorporados los provincialistas al tronco conservador, los dirigentes del partido no dudaron de que recuperarían el gobierno provincial legitimados por el voto popular”12 Si bien es cierta la preponderancia del partido conservador a comienzos de la década del ’30, también se evidencia una frustración de los principales dirigentes luego de las elecciones –en las cuales triunfara la UCR- del 5 de abril de 1931, ya que recurren a las prácticas fraudulentas.13

    La debilidad institucional y la inestabilidad política son síntomas propios de la época analizada. Ambas condicionan los mandatos de los gobernadores que no logran finalizar sus gestiones, pues se suceden cortos plazos de gobiernos elegidos por medio de las urnas en las cuales el fraude electoral se hace presente. Entonces, las intervenciones federales son una práctica usual. No obstante, las figuras fuertes del conservadurismo gobiernan la provincia de Buenos Aires: Federico Martínez de Hoz (1932-1935) y Manuel Fresco (1936-1940). En el período 1930-43 la provincia es controlada políticamente por los conservadores.

    Carlos Meyer Pellegrini –interventor federal de facto en 1930 hasta 1931- fue diputado nacional por la Capital Federal desde 1905, Ministro de Obras Públicas de la Nación durante la presidencia del doctor Roque Sáenz Peña y miembro del Consejo Nacional de Educación. Su primera medida es decretar la caducidad de los poderes Ejecutivo y Legislativo bonaerenses y debe instrumentar medidas de emergencia ante la crisis, ocupándose de la situación de los productores agrícolas, cuando los precios del mercado internacional no permiten solventar los costos de la producción. Las medidas de emergencia, avaladas por el gobierno nacional, buscan garantizar los gastos y adelantos para levantar la cosecha, extender el lapso de cobro al colono atrasado en el pago del arrendamiento evitando su desalojo, promover renovaciones y rebajas en el tipo de interés por parte de los bancos, impulsando el desarrollo caminero y las rebajas en el costo del transporte de materias primas. A su vez, se gesta la creación de las comisiones conciliatorias que actúan como organismos de arbitraje integrados por propietarios, banqueros, comerciantes y agricultores.

    El gobierno de Meyer Pellegrini llega a su fin con las elecciones del 5 de abril de 1931 que fueran anuladas ante el triunfo del radical Honorio Pueyrredón, que influye en la pronta salida del ejecutivo nacional del general José F. Uriburu. Manuel Alvarado es el sucesor designado. Se encuentra limitado por los crecientes gastos y la poca recaudación de impuestos cuando el crac internacional de 1929 aun deja sentir sus efectos. Con el objetivo de producir nuevas fuentes de ingreso, se crea la Dirección de Rentas para efectuar la valuación de las propiedades rurales, que resultarían alcanzadas por el gravamen inmobiliario; también se establece la emisión de certificados de depósitos y sorteos por la Caja Popular de Ahorros. Finalmente, Meyer Pellegrini presenta su renuncia como consecuencia de la anulación de los comicios, sucediéndolo Raimundo Meabe, quien establece una política impositiva similar a la vigente ponderada negativamente hasta 1932. 14

    En 1932 asume como gobernador el estanciero –proveniente de la Sociedad Rural- Federico Martínez de Hoz. Presenta una conflictiva trayectoria como gobernador, pues decide no subordinarse a las presiones de los jefes políticos y divisiones ideológicas que se presentan en el seno del partido conservador del cual procede.15 Además, debe enfrentar la profunda crisis que afecta al sector agropecuario, trabajando en la esfera económica para resolver esas tensiones. Mantiene contacto con los representantes de los grandes propietarios rurales, escuchando sus reclamos, demostrando la interrelación entre las políticas nacionales y provincial. Tres años después los conservadores bonaerenses se enfrentan con los radicales, quienes reingresan a la arena política. Este hecho lleva al partido conservador a gestar un esbozo de unión de las tendencias para evitar que el radicalismo logre triunfar en las elecciones. Sin embargo, cada tendencia decide finalmente elegir sus propios candidatos, dejando en evidencia que el objetivo de unificación se torna cada vez más difícil. El resultado de los conflictos es la conformación de FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), la aprobación por el Senado de la suspensión de Martínez de Hoz como gobernador y la elección de un nuevo mandatario conservador.16

    Luego de un año donde los intereses dentro del partido son el caudal principal de los conflictos políticos en el ámbito bonaerense, los conservadores combinan distintas acciones para volcar a su favor los resultados electorales: “aprobación de nuevas leyes, tanto electorales como referidas a la organización del Poder Judicial, la sanción de aquellos jueces que pretendieron ofrecer garantías a los ciudadanos para ejercer su derecho a votar y la instrumentación de medidas más o menos violentas el día de los comicios”17

    Estas cuestiones son canalizadas con éxito en el gobierno de Manuel Fresco, “Il Duce”. Considerado el “Mussolini criollo” por sus tendencias ideológicas, intenta realizar un “plan orgánico” para “alcanzar una real conciliación entre los intereses de los distintos sectores y clases sociales”.18 Sus orientaciones arraigadas en el nacionalismo católico se hacen explícitas en el lema “Dios, Patria y Hogar”, para desarrollar ampliamente el control social por medio del Estado interventor, haciendo visible su oposición a “la vieja política liberal”.19 Focalizándose en las cuestiones agrarias, impulsa la Ley de Colonización (1936), con la intención de conformar un nuevo sistema de tenencia de la tierra que se asentara en la “pequeña propiedad” y que se diferenciara tanto del “latifundio” como del “minifundio”. Son acciones políticas dirigidas a proteger el “statu quo” de la estructura de la tierra y fortalecer al Estado con el apoyo de los pequeños y medianos propietarios. El plan de Manuel Fresco propone ejecutar “grandes obras que sostuvieran y desarrollaran el progreso socioeconómico de la provincia. Dentro de su concepción intervencionista era el Estado quien debía sostener con todos sus esfuerzos lo relativo a la continuación y profundización de dichas tareas (…) resultaba un elemento clave para el fomento del turismo, el desarrollo de las vías de comunicación y la necesidad de <>”20

    A su vez, su política agraria se orienta a la división de la tierra para la explotación. La repartición “no será el pequeño lotecito de 20 a 50 hectáreas, sino lotes de 200 a 250 los que se entregarán a quien se ha de arraigar al pedazo de tierra indispensable, para que pueda resolver íntegramente los problemas de su vida, afincar sus hijos y crear la clase del trabajador del campo, porque en materia de agricultura no hay improvisación: los hijos de agricultores son mejores que los padres, y los nietos mejores que los hijos. Se irá perfeccionando así, con el avance de las generaciones, el tipo racial y étnico del verdadero campesino nacional”21

    Sin embargo, el proyecto gubernativo de Fresco se cumple parcialmente, debido a la escasez de recursos económicos, la resistencia a las reformas impositivas y el deterioro de las relaciones con el gobierno nacional del ex radical Roberto Ortiz. Para 1940 el gobernador bonaerense impulsa –para sucederlo- la candidatura del caudillo de Avellaneda Alberto Barceló mediante el fraude, pero desde el Poder Ejecutivo Nacional se decreta una nueva intervención a la Provincia de Buenos Aires. De este modo, asume Octavio Amadeo como una expresión de la práctica política de la época: gobiernos y proyectos inconclusos.

    En el período siguiente, 1943-46, continúa la inestabilidad política bonaerense y se suceden catorce interventores hasta el ascenso del coronel Domingo Mercante (junto con Juan Perón, miembro del GOU desde 1943). Una nueva época política, con algunos cambios y notorias continuidades emerge. La figura del Coronel Juan Perón se fortalece debido a las medidas impulsadas en favor de los trabajadores22 hasta llegar a ocupar la Presidencia de la Nación en junio de 1946.


    3. El Anuario Rural de la Provincia de Buenos Aires

    El Anuario Rural de la Provincia de Buenos Aires lo crea en 1933 el Ministerio de Obras Públicas provincial como expresión discursiva, editorial, de la burocracia técnica que sustenta el intervencionismo estatal desde los años ´30. El estudio aquí propuesto se extiende hasta los orígenes del peronismo, cuando otras serán las características económicas y el papel jugado por el Estado y el agro en la Argentina. La importancia de este caso lo brinda el hecho que más allá de sus perfiles técnicos, el objetivo parece ser controlar, instruir y fidelizar a los pequeños y medianos productores rurales.

    La publicación se extiende desde 1933 (siendo Martínez de Hoz el gobernador de la Provincia) hasta 1946 (bajo el mando del Interventor Federal F. Arturo Sainz Kelly). Son catorce los números publicados que cambiarán de formato y contenido, dependiendo de las cuestiones rurales y oscilaciones propias de ese ámbito. Se suma con sus propuestas específicas, a los folletos y manuales técnicos, almanaques, guías y cartillas como parte de la acción del gobierno provincial a través de su burocracia técnica para informar y para disciplinar a sus lectores, que son en su mayoría, pequeños productores. La difusión del Anuario se inserta en el contexto nacional e internacional, afectado por la crisis económica y social derivada del crac neoyorquino de 1929 que es preciso superar y que también afecta de modo más agudo al “primer Estado provincial argentino” a partir de 1932. Los funcionarios creen que deben brindar alguna solución para mantener el poder que tienen y legitimarse aunque actúen fuera del marco legal democrático. Entregar información y disponer de las instituciones rurales para asesorar a los pequeños productores es un canal comunicacional que el poder político cree conveniente y que instrumenta para contener las migraciones internas. El Anuario registra las acciones interventoras de un Estado que encuentra deficiente aquellos mediadores frecuentes con la sociedad, como los partidos políticos.
    3.1 Sobre el editor

    El Anuario Rural editado por el Ministerio de Obras Públicas, bajo la Dirección General de Agricultura, Ganadería e Industrias no es gratuito; en sus catorce números mantiene su precio en $1 m/n que resulta al alcance de un público de recursos medios y bajos. A su vez, los Boletines de Agricultura, Ganadería e Industrias y la sección de publicaciones se encuentran a cargo en todos sus números de Eduardo Pettoruti: fundador del Anuario Rural, nacido en La Plata el 5 de abril de 1899, cursó estudios en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la ciudad natal y fundó la Universidad Popular Alborada de La Plata y la Universidad Popular “Alejandro Korn” en 1944-46.23

    El Anuario es presentado a través de una imagen central, donde la temática siempre está orientada a las actividades rurales. Sus notas se encuentran representadas por espigas, silos, cerdos, peones, semillas, vacas, caballos, campos, palas, martillos. También aparecen de fondo imágenes de industrias. En todas ellas se percibe que el Estado argentino y esencialmente el bonaerense, se encuentra produciendo; es un actor presente.

    Por lo general, en las primeras hojas, los nombres y cargos que ocupan los políticos de la Provincia de Buenos Aires y colaboradores del Anuario ocupan lugares destacados. En forma jerárquica, se mencionan al Gobernador de la Provincia, al Ministro de Obras públicas, al Director General de Agricultura, Ganadería e Industrias y luego a los inspectores y jefes de las diferentes divisiones productivas. Estas menciones son un parámetro para dividir el Anuario en secciones.

    Es importante destacar que los editores tienen el propósito de difundir los símbolos patrios, la acción de los hombres fundacionales de la Nación, siempre en referencia a lo rural, para enlazarlos con las leyes e instituciones que están a disposición de los trabajadores para un conocimiento más acabado de las actividades que realizan en el campo. Así lo sostienen los editores y colaboradores del Anuario.

    La organización de esta publicación está pensada para que la información sea provista desde el correo argentino (para cualquier información específica se debía enviar dinero por estampilla), como un modo de no alejarse de sus lugares de trabajo. Por otro lado, todas las secciones tienen un caudal de conocimientos provistos por las instituciones de las correspondientes actividades productivas. Las escuelas agrícolas, chacras experimentales, entre otras, funcionan como laboratorios para un mejor cumplimiento de las tareas rurales. De esta forma, los editores del Anuario y los políticos pertenecientes a este paradigma, creen importante recuperar el rol de las instituciones como parte del orden social, económico y político que se encuentra atravesado por la crisis y el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Los boletines del Anuario se alimentan de las instituciones que el Estado pone a disposición del desarrollo editorial. El control y el disciplinamiento social se constituyen en objetivos implícitos de los editores.


    3.2 Producciones alternativas en el Anuario Rural

    El Anuario Rural es una expresión del intervencionismo estatal en la década del ´30, y como tal, ofrece boletines con información técnica para iniciar en el ámbito rural. También es importante subrayar que las ediciones contienen sugerencias sobre las prácticas cotidianas que realizan los pequeños productores, es decir, los trabajos en la agricultura, la ganadería, las granjas, las huertas, entre otros.

    Como respuesta a los impactos de la crisis económico-financiera que afecta al comercio mundial, la elite dirigente propone producciones alternativas en el agro. El Anuario ofrece calendarios, boletines y cartillas que explican de forma específica y simple las acciones para el desarrollo efectivo de estas prácticas. La intención de la publicación se orienta a diversificar las materias primas que nutren el comercio agroexportador, pues la ganadería y agricultura corren el riesgo de la superproducción, pero no se dirige a todos los sectores, sino a los medianos y pequeños prodcuctores.

    La información técnica tiende a cubrir las necesidades de éstos que se encuentran en el campo trabajando. Instruye sobre curar enfermedades, técnicas para mejorar las materias primas, instituciones que ofrecen servicios en beneficio de las actividades productivas (chacras experimentales, trenes-viveros), para que el sistema productivo sea más efectivo y los productores no migren a las ciudades.

    Así, por ejemplo, en cuanto a la cría del cerdo, se analiza el “Calendario del criador porcino”24 elaborado por el Ingeniero Agrónomo D. Alcides F. Casaretto. Es una guía “para las zonas de la provincia de Buenos Aires, y debe tomar nota el lector que para sea de éxito la aplicación del calendario, dependerá del criterio con que se le adopte”25. De enero a diciembre, se establecen las prioridades que deben ser atendidas, como el tipo de administración de las actividades porcinas (época de parición y preñar), la sanidad porcina (preservar a los cerdos de las pestes), los movimientos de hacienda, el alambrado, el consumo de agua para los cerdos, las herramientas y útiles que son esenciales para el trabajo. Por otro lado, se presentan cuadros con información específica de las “Enfermedades comunes en los cerdos”26, estableciendo las causas, síntomas, prevenciones y tratamientos de cada una para evitar un descenso en la cría.

    A medida que las publicaciones avanzan, los textos se desglosan en boletines, haciendo aún más específico el contenido. Se proponen formas de implantar criaderos porcinos con sistemas diversos de explotación27 para reducir costos y producir mejor carne. La necesidad de encontrar certezas en lo inmediato conduce a elaborar informes que pregonan las ventajas del cerdo, siendo este “Una máquina de hacer carne”28. Presentado como un buen negocio debido a los períodos más cortos de producción en relación a los novillos, “el cerdo no es sólo una máquina de hacer carne, es también una máquina de hacer dinero, cuando se sabe manejar esta máquina”.29

    Las propagandas y consejos se hacen presentes en las páginas del Anuario y son consideradas herramientas para lograr el alcance de la información en el ámbito rural que nunca insinúa la necesidad de evaluar el sistema de tenencia de la tierra. Se mencionan “Cerdo tipo Exportación Argentino. Lo que se requiere obtener de él Wiltshire Sides”30 que expresa resumidamente las características del animal y los mejores cortes que se pueden conseguir. También se hacen explícitos “Algunos consejos al productor de cerdos”31 que expresan los cuidados necesarios de la materia prima y alientan a los productores a informarse acerca de las enfermedades que pueden afectar la actividad. Las soluciones prácticas proponen que se “consulte a un médico veterinario, a la DIRECCIÓN DE AGRICULTURA, GANADERÍA E INDISTRIAS DE LA PROVINCIA (Pasaje Rocha, La Plata), al Ministerio de Agricultura o laboratorios competentes o a la Asociación Argentina de Criadores de Cerdos.”32 Son aspectos que constatan una intervención estatal particular, subsidiaria, pues el objetivo parece ser que las actividades agropecuarias no se detengan y los trabajadores no gasten tiempo valioso en dirigirse a la ciudad (problema que ocupaba una parte importante en las preocupaciones de la elite). Para cumplir con esa tarea el Estado provee de los materiales y profesionales necesarios mediante sus instituciones oficiales.

    Es una constante en el Anuario difundir que el éxito de la producción depende de la acción efectiva y certera de los trabajadores del campo. Este aspecto es esencial en la publicación, ya que su intención pretende ser moral-ideológica con el objetivo de lograr un sistema de producción que reduzca los impactos de la crisis y acentúe la concentración urbana.

    La fruticultura también tiene un espacio preponderante en el Anuario, como propuesta alternativa a la agricultura tradicional argentina y respeta las características propias de la publicación anual. Se publican el “Calendario del fruticultor”33 elaborado por el ingeniero agrónomo Atanasio Ceballos, que expresa las necesidades de las plantaciones de montes frutales. Se diferencian en cada mes los cuidados de cada fruto y el problema de las regiones lluviosas34, como así también la explicación de la utilización de las herramientas más eficaces para la faena cotidiana (la poda es un ejemplo). La transformación de los territorios es una característica importante, ya que se difunde la creación de parques frutales para mantener vigente la diversificación de los productos. En el boletín “Haga obra útil y transforme en vergeles sus tierras incultas”35 se concreta un aspecto central del Anuario: la idea de lograr la buena, sofisticada y efectiva producción con la suma de un trabajo estético.36 Además, se presenta la “Legislación sobre plantaciones”37, que sugiere una forma práctica de acercar a aquellos trabajadores las leyes que deben respetar. También se ofrecen explicaciones técnicas sobre las enfermedades que atacan los frutales y “puede disminuir en un gran porcentaje la producción frutícola de los árboles de carozo, especialmente si se trata de montes poco cuidados…”38. El boletín “La viruela en los frutales”39 analiza los síntomas y causas de la enfermedad para elaborar un tratamiento –detallado en acciones- que permita curar los árboles frutales y evitar una merma en la producción.

    Por último, la floricultura también es una propuesta productiva que el Anuario considera importante. A través del “Calendario del Jardinero”40, difunde las prácticas necesarias para lograr una actividad de óptimo rendimiento. Respetando el proceso de enero a diciembre al igual que las anteriores actividades, invita a los trabajadores al riego y abono de los canteros donde se siembran los bulbos, como también a desarrollar un ambiente ventilado y seco para evitar que las flores se marchiten. Además, divulga catálogos que refieren a plantas melíferas41, aspecto interesante de la publicación, que asociando diferentes actividades productivas para ganar tiempo y aumentar el caudal económico –en este caso, la floricultura con la apicultura. Las “Principales enfermedades y enemigos de las plantas cultivadas”42 se presentan en las publicaciones anuales, pero también se ofrecen textos paralelos con ilustraciones que se acceden previo envío de $0,30 en estampillas. En este sentido, el Anuario es también difusor de los diversos informes técnicos que se elaboran desde las instituciones oficiales de la Provincia de Buenos Aires, como los viveros de plantas “Eduardo L. Holmberg”, “Ángel Gallardo”, “Cristóbal M. Hicken”43. Son establecimientos que funcionan como laboratorio para la construcción de informes técnicos que promuevan soluciones a los diversos problemas que presenta el campo en cuanto a la floricultura. El impulso de los trenes viveros para alcanzar al ámbito del trabajo rural los elementos indispensables para el desarrollo productivo, vislumbra que el Estado interviene en las actividades para mantener el control social y es una prioridad en su agenda. La intención es no solo mantener al trabajador en el ámbito rural, evitando la movilidad hacia la ciudad, sino también la búsqueda desde el Estado de un canal alternativo de comunicación para refundar la relación con la sociedad.

    Las propagandas oficiales son instrumentos importantes para comprender los rasgos intervencionistas del Estado. Los “Trenes Viveros de Plantas”44 son iniciativa del Estado provincial con el objeto de hacer “correr por las líneas del Ferrocarril Provincial de Buenos Aires, Sud, Oeste, Central Argentino y Compañía General de Buenos Aires, trenes Viveros de Plantas, para la venta al público de acuerdo con los precios del Catálogo de Plantas (…)”45. Los consejos apuntan a una diversificación de la producción en todo el ámbito bonaerense, teniendo en cuenta aún las zonas “marginales, submarginales”. La Dirección de Agricultura, Ganadería e Industrias impulsa a que en el campo se “siembre forrajeras, adquiera lanares, críe cerdos”46, a través de “un préstamo especial de los que para ese fin acuerda el Banco de la Nación Argentina”47. Por lo tanto, el Anuario es un espacio donde las instituciones oficiales recurren para dar a conocer su labor, acompañando a las acciones de subsidio y financiamiento que el Estado realiza para paliar la crisis que afecta el modelo agroexportador.

    En definitiva, para esta generación es importante que los pequeños productores mantengan un trabajo loable y constante, pues la consideran la principal solución al problema económico que el contexto presenta. Los ejemplos analizados dan cuenta de esta afirmación.


    3.3 Colaboradores del Anuario Rural

    Los autores de los boletines del Anuario pertenecen a la burocracia técnica que colabora con el orden conservador en la década del ´30. El rasgo principal de la política conservadora sería el intervencionismo estatal para organizar la economía y la sociedad ejerciendo el disciplinamiento social. Se introduce una “elite técnico-administrativa”, ya que el poder político necesita “del saber especializado, la organización, la técnica, y la calculabilidad”48 para construir una legitimidad con base en la aceptación y apoyo de la sociedad. En este sentido, “el experto es el típico funcionario burocrático, formado mediante un entrenamiento técnico-científico y generalmente certificado a través de exámenes especializados y títulos académicos”49. La disposición del conocimiento acumulado en los expertos, brinda la “posibilidad de contar con ciertos esquemas de pensamiento que los capacita para desempeñarse en estos contextos intervencionistas.”50

    En las publicaciones se presentan las nóminas de los jefes, directores de las divisiones que dependen de la Dirección de Agricultura, Ganadería e Industrias. Estos son quienes escriben y firman la mayoría de los textos del Anuario, demostrando que esta empresa editorial se sostiene intelectualmente en las instituciones rurales oficiales y sus profesionales al servicio del poder político. De este modo, se seleccionarán a los autores que desarrollan los escritos sobre las actividades rurales mencionadas y pertenecen a las instituciones de las cuales se nutre el Anuario para difundir información en la provincia de Buenos Aires.

    Uno de los más importantes es el ingeniero agrónomo Pedro Mollura –nacido el 2|/5/1910-, quien escribe en la sección de fruticultura del Anuario. Su actuación sería la de Secretario del Consejo de Fruticultura del 1/6 al 30/11/194951

    Otro de los colaboradores es el ingeniero agrónomo Silvio Lanfranco, quien se dedica a los informes sobre floricultura, y desarrolla en la década del ´30 actividades como “fitopatólogo y entomólogo (…) en la vieja Dirección de Agricultura, Ganadería e Industrias de la Provincia de Buenos Aires que funcionaba en el Pasaje Dardo Rocha de la ciudad de La Plata.”52

    El ingeniero agrónomo Luis De Santis – nacido el 16 de mayo de 1914- se recibió de Ingeniero Agrónomo en 1937 “en la Facultad de Agronomía y de Doctor en Ciencias Naturales 1946 en el entonces Instituto Superior del Museo, ambos de la Universidad Nacional de La Plata.”53 Dirigió el Laboratorio de Patología Vegetal y Entomología, y fue Jefe de la División Laboratorios e Investigaciones pertenecientes a la Dirección de Agricultura, Ganadería e Industrias de la Provincia de Buenos Aires donde también fue Subdirector Agropecuario y de Política Forestal.54

    Por su parte, el Ingeniero agrónomo José J. Vidal, es quien ocupa el cargo de Director de la Escuela de Fruticultura de Dolores. Ejerció la docencia en las escuelas de agricultura y ganadería de Santa Catalina, Normal de Las Flores y de fruticultura “Osvaldo Magnasco”. Trabajó en la división de planeamiento rural del Instituto de planeamiento urbano y rural e inspector de parques y viveros de la Provincia de Buenos Aires entre 1937-1940.

    Con el ascenso del peronismo al gobierno, sería vocal de la Comisión Honoraria para el estudio y proyecto del Plan regulador de la ciudad de La Plata en el año 1946. En el Anuario, escribe acerca de la fruticultura, estudios de caso de variedades frutales, las papas y la experimentación agrícola en la Provincia de Buenos Aires.

    Por último, se debe mencionar al escritor y profesor Eduardo Pettoruti, el encargado del Boletín de Agricultura, Ganadería e Industrias y Publicaciones así como fundador del Anuario. En sus catorce números, Pettoruti es quien organiza las sucesivas secciones publicadas. Fue Director de publicidad de la dirección de agricultura, ganadería e industrias entre 1926 y 1946. Si bien no firma escritos, su rol de gestor y director del Anuario en su totalidad, es vital para comprender el origen del mismo, ya que su familia tiene trascendencia en diferentes revistas que representan una época a través de imágenes y textos.

    Todos ellos son parte de una elite que pretende mantener el control social a través de informaciones técnicas, el conocimiento, utilizando el disciplinamiento como parte de sus “consejos prácticos”. Ocupan cargos principales en las instituciones que aportan los datos científicos y, si bien es cierto que sus roles son específicos en las publicaciones, en ciertos casos abarcan diversas temáticas o actividades productivas, debido a los avances experimentales que se alentarían desde las chacras y escuelas agrícolas. Varios de ellos lograrán mantenerse en las actividades técnicas, como expresión de continuidad y no una abrupta ruptura entre el peronismo y el período 1930-1946. La burocracia estatal lejos de retroceder, se afirma y consolida.


    4. Consideraciones finales

    El período 1930-1946 se caracteriza por la activa presencia de un Estado interventor, en consonancia con el fin del crecimiento hacia afuera, la urbanización creciente y la crisis estructural existente. El Anuario Rural de la Provincia de Buenos Aires, es una clara expresión de ese Estado que interviene en todas las actividades sociales cotidianas y productivas que se desarrollan en el ámbito rural bonaerense, en los sectores sociales que por lo general arriendan o subarriendan sus tierras o practican actividades productivas subsidiarias de la ganadería y la agricultura tradicional (suinocultura, floricultura, fruticultura).

    La edición del Anuario es producto de la acción estatal y se encuentra atravesada por la participación técnica y científica de funcionarios que ocupan también los altos cargos políticos. Se organiza en secciones orientadas a solucionar las diversas dificultades que el trabajador rural encuentra, pero también recurre a los consejos valorativos y morales para gestar un disciplinamiento social y para que el pequeño productor realice las acciones necesarias para permanecer en el campo, ajeno a los ajustes del modelo agroexportador. Estas iniciativas se encuentran al servicio de la reconstrucción del orden social y la reparación del modelo económico existente.

    Tanto las propagandas como los boletines, calendarios y folletos, se encuentran interconectados para emprender la efectiva realización de todas las prácticas mencionadas pero también para transmitir un mensaje político. En diversos casos, las propagandas aconsejan leer determinados folletos para recordar al lector los consejos de cada sección, sobre todo si los datos que produce el Estado bonaerense abordan una temática capaz de mejorar su situación. El Anuario es un espacio para dar a conocer los avances administrativos, urbanos y legislativos, demostrando el interés de la clase política por gestar un vínculo estrecho entre el Estado y la sociedad. La idea de hacer visible las acciones estatales funciona como complemento del problema original derivado de la crisis de legitimidad, vista como un problema concreto y sustantivo por la elite dirigente.

    Es interesante advertir el respaldo que el Anuario Rural tiene desde las instituciones estatales, ya que todas se encuentran a disposición de los técnicos para elaborar cada boletín. De esta forma, no es casualidad que sean los directores y jefes de las divisiones quienes estén más comprometidos en la producción de sus textos.

    Los colaboradores –en tanto técnicos- representan un nexo necesario entre la sociedad y el Estado para refundar las relaciones que son disfuncionales a partir de la crisis estructural de los años ´30. Sin lugar a dudas estos expertos logran poner en acción el intervencionismo estatal desde el fomento a la producción y el disciplinamiento social, procurando recrear en el imaginario social la idea de un Estado activo y poderoso. Lo hace en este caso desde el poder del lenguaje escrito y el mensaje directo de la palabra como expresión de control social.


    Bibliografía
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