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Titulo: Pasado y Presente del Partido Demócrata Mexicano



NUMERO: 24

FECHA: Julio-Agosto 1988

TITULO DE LA REVISTA: La Derecha en la Sucesión

INDICE ANALITICO: Partidos de Derecha

AUTOR: Rubén Aguilar V. y Guillermo Zermeño P. [*]

TITULO: Pasado y Presente del Partido Demócrata Mexicano


ABSTRACT:


Se trata de un acuerdo tripartito entre el gobierno mexicano, la embajada norteamericana y los dirigentes eclesiásticos mexicanos vinculados más directamente a las directrices del Vaticano. Finalmente es la Iglesia Vaticana la que intenta ajustarse a procesos irreversibles como el de la aparición de las masas -obreras y campesinas- en países, como México, que entran tardíamente a la fase de industrialización acelerada.
TEXTO:
Se ha dicho ya repetidamente que el sinarquismo constituye un caso único en la historia política contemporánea de México. Recientemente Armando Bartra al referirse a los primeros años del sinarquismo, reitera que el movimiento, además de haber poseído "una estructura orgánica envidiable", logró disponer de una disciplina militante difícil de encontrar en otra organización socio-política en el mismo período.
La fuerza con la que apareció el Partido Demócrata Mexicano en la década de los setenta no se explica sino porque el sinarquismo supo y pudo, aunque de manera restringida, mantener las virtudes arriba señaladas en los años de 1945 a 1970. En efecto, se puede decir que la Unión Nacional Sinarquista (UNS) logra mantenerse con base en una estructura mínima, casi familiar, por no decir parroquial, aunada a la convicción de tener presencia política a nivel nacional, para resurgir cuando los tiempos fueron propicios.
Si trazáramos una gráfica imaginaria del movimiento desde su fundación formal en 1937 hasta 1988, se podría observar una línea inicial que se engruesa rápidamente en el lapso corto de diez años, línea que se adelgaza notablemente en las siguientes dos décadas (años de "paz social"), para iniciar una etapa de nuevo engrosamiento al final de los setenta. Entre la primera y la última existen importantes diferencias, como la de que en los años iniciales gran parte del éxito se le puede atribuir a uno de sus líderes mas carismáticos ausente del sinarquismo actual (Salvador Abascal), contando en cambio ahora con un partido político, que permite convocar, en forma indirecta hacia el sinarquismo importantes sectores de la población.
Si en términos relativos el actual sinarquismo aún no es comparable numéricamente con el de la primera etapa, con todo esto último, como variable dependiente del rumbo político general del país, contiene posibilidades inesperadas.
La nueva estrategia de la Iglesia
El sinarquismo se gesta entre 1929 y 1937, período que cierra a la vez que abre una nueva fase de la participación política de los católicos en México. En estos años tiene lugar un reacomodo de fuerzas al interior de la iglesia católica mexicana. Es la consecuencia inmediata del nuevo "modus vivendi" de 1929, que pone fin a la rebelión cristera. Al mismo tiempo la Iglesia busca restaurar su presencia en la sociedad a través de la vía cívico-social, no armada.
Esta opción estratégica responde en primera instancia a una correlación de fuerzas a nivel internacional.
Se trata de un acuerdo tripartito entre el gobierno mexicano, la embajada norteamericana y los dirigentes eclesiásticos mexicanos vinculados más directamente a las directrices del Vaticano. Finalmente es la Iglesia Vaticana la que intenta ajustarse a procesos irreversibles como el de la aparición de las masas -obreras y campesinas- en países, como México, que entran tardíamente a la fase de industrialización acelerada.
La Iglesia re-acciona y logra echar a andar en estos años un proyecto que parece sostenerse hasta la década de los sesenta. Sólo en este nuevo marco estratégico es que se puede entender la participación de los sinarquistas en la política mexicana: en una primera fase indicada por el enfrentamiento directo y activo con las izquierdas, y en una segunda, señalada por el ocultamiento y los intentos de conformarse como partido político.
La importancia de la década de los treinta para la Iglesia radica en primer lugar, en que la Iglesia se rehace de la derrota ante el Estado liberal revolucionario, a la vez que logra impulsar y encauzar nuevos instrumentos institucionales de acción como la Acción Católica Mexicana, y de movilización social, como el sinarquismo. Todo este proceso no sin contradicciones y enfrentamientos internos, de tal modo que la lucha no sólo se da entre derechas e izquierdas, sino también al interior de la misma "derecha".
En segundo lugar, y relacionado con lo anterior, durante este lapso de tiempo se consuman los "arreglos", lo cual implica la depuración del nuevo movimiento social católico de toda clase de extremismos, como el intentar revivir la cristiada o mantener posturas de mayor intolerancia como la representada por Salvador Abascal quien se verá forzado a abandonar el movimiento en forma definitiva en 1944.
En el marco político de la "unidad nacional" avilacamachista, el movimiento sinarquista experimenta una nueva escisión, fractura que ya no tiene que ver con el proceso de limpia dentro de la Iglesia, ya que no atenta la línea fundamental trazada por las encíclicas romanas; sino que sus jefes las asumen, pero se liberan de la dirección central, por su obstinación en transformarse en un partido político.
Según los sinarquistas de esos años, 1945-1970. el Estado mexicano se ha sinarquizado al promover la unidad y el orden. En este sentido se convierten en colaboradores vigilantes del Pacto Federal de 1917. El sinarquismo se "constitucionaliza", por así decirlo. Sin embargo, y ahí una de sus paradojas, no logra resurgir. Sus intentos de tener parte en el sistema político mexicano fracasan una y otra vez. Sin ser rebelde a los lineamientos de la Iglesia, es visto por ésta como un "hijo no deseado" ya que la línea de participación política de los católicos había sido señalada para el PAN. Por otro lado, el Estado transita durante este período entre la apertura política y el repliegue; abre y cierra. Se plantea ante "derechas" e "izquierdas" como árbitro amparado por la Ley que de él mismo dimana. El Estado juega en este período a la simetría política, especialmente tratándose de las viejas "izquierdas" y "derechas".
Entre 1945 y 1970 se configura una nueva línea de participación política de los laicos católicos, cuya virtud central va a radicar en su imbricación en la sociedad civil: movimiento no homogéneo, sino atravesado por el conflicto de clases y regiones, centro y periferia. Son los años del nuevo proyecto de la Iglesia, como una "fuerza subalterna", depurado de radicalismo: proyecto, al igual que el del Estado, centrista: ni Adam Smith, ni Marx; ni materialismo histórico ni liberalismo económico.
Entre el Partido Fuerza Popular y la constitución del Partido Demócrata Mexicano
El sinarquismo político electoral que hegemoniza al movimiento a partir de 1945 tendrá grandes afinidades ideológicas con el PAN, inspirado también en la doctrina Social Católica. En 1946 la UNS logra constituir el Partido Fuerza Popular (PFP) aprovechando la reforma política promovida por el presidente Avila Camacho. En esa ocasión la UNS como organización se vacía en la del partido. En su corta vida, ya que su registro fue cancelado el 31 de enero de 1949 después de una manifestación que terminó en el encapuchamiento de la efigie de Juárez en la Alameda Central, llegó a contar con 13,099 afiliados, cerca de 3000 más que los del Partido Comunista Mexicano (PCM), que registró a 10,315. Ambas organizaciones habían alcanzado su registro el 15 de mayo de 1946. La simetría se perdería al no llenar el PCM los requisitos exigidos por la nueva Ley Electoral del presidente Alemán. Sólo el PFP cumpliría con la Ley al manifestar contar con 45,274 militantes.
Entre 1949-1970, cuando el sinarquismo no logra constituirse como partido, tiende a apoyar las candidaturas panistas, como la de Efraín González Luna en 1952.
En 1953, bajo la jefatura de Juan Ignacio Padilla, autor del libro Sinarquismo, contrarrevolución (1949), la UNS logra conformar por segunda vez un partido político, el Partido Unidad Nacional (PUN), el cual desaparecerá por no obtener el registro en 1954.
Diez años después, en 1963, el sinarquismo se incorpora al Partido Nacionalista de México (PNM), creado en 1957 por Salvador Martínez Rivero, exjefe cristero. Muy pronto a raíz de las elecciones de 1964 el PNM se fracturaría y el gobierno decidía cancelar su registro al aducir que ninguna de las partes podría demostrar tener la titularidad. En 1965, por último, hubo un intento fracasado de creación de un Partido Demócrata Cristiano (PDC) compuesto por elementos disidentes del PAN y por sinarquistas que después tendrían un papel protagónico en la creación del PDM, como Ignacio González Gollaz y David Orozco Romo.
En síntesis, en menos de 20 años los sinarquistas intentan consolidarse como partido político en por lo menos cuatro ocasiones. En este sentido, el nuevo sinarquismo pedemista no es resultado de la improvisación. Sus experiencias anteriores le han enseñado la lección de la modernización necesaria y ha aprendido a presentarse como partido no confesional, y sobre todo, como un partido no sinarquista.
El sinarquismo pedemista
En diciembre de 1970 durante la Asamblea Nacional de la UNS toma cuerpo la idea de crear un nuevo partido, pero abierto a la participación de militantes no sinarquistas; un partido "independiente, revolucionario y democrático" y no sólo de oposición como el PAN. Un partido distinto al PRI que representa la imposición, y al PAN y al PPS que representarían a la oposición de derecha y de izquierda respectivamente.
Dos años después, el PDM anuncia tener registrados ante notaría pública a 85,000 afiliados, reclutados ahí precisamente donde el sinarquismo había sido tradicionalmente fuerte. Tres años después el PDM cuenta ya con más de 100,000 afiliados.
Apoyado en la reforma política echeverrista solicita su registro en 1975. Sin embargo, el proceso quedará en suspenso, al parecer por ser el único organismo que había presentado la documentación solicitada. Como se sabe, la reforma política estaba más bien pensada para la izquierda y no tanto para la derecha. El PDM esperó la nueva reforma política promovida en 1977 por el presidente López Portillo. En esa ocasión esta fuerza optó por la fórmula del registro condicionado al resultado de la votación de las elecciones de 1979. Entonces el PDM cuenta con 170,000 afiliados. El 15 de julio de 1979 obtendría finalmente su registro al obtener cerca de 300,000 votos, arriba del 1.5% de la votación nacional.
Hasta entonces el PDM había necesitado 10 años para obtener su reconocimiento legal. Sumados a los anteriores intentos partidistas, hablan de una presencia de este sinarquismo político-electoral de casi 30 años. Por otra parte es el único partido que en el período reciente necesitó cumplir los requisitos de tres leyes electorales, incluyendo la de Miguel Alemán, para obtener su registro final. El PDM participó en las elecciones federales de 1982 con candidatos a diputados, a senadores y a la presidencia de la República, logrando en esa ocasión ubicarse como la cuarta fuerza política del país con 473,362 votos. Durante las elecciones de 1985, el PDM consolidaría su posición con 488,905 votos.
En total el PDM ha obtenido 34 diputaciones de representación proporcional repartidas entre las elecciones de 1979, 1982 y 1985. En la actualidad cuenta entre diputados (federales y locales), presidentes municipales, regidores, agentes municipales y otros representantes, con cerca de 250 funcionarios públicos en el país. Los lugares donde el partido tiene una mayor presencia son los de Guanajuato, Jalisco, Michoacán, San Luis Potosí, Estado de México, Veracruz, Puebla y Tlaxcala.
La nueva estrategia del sinarquismo pedemista
La década de los setenta señala para el sinarquismo sin duda el inicio de un "segundo aire". Del momento fundacional se conserva la mística y el espíritu de lucha. Sobreviven también el cuerpo doctrinario, pero ajustado a las condiciones económicas y político-sociales del país. Los años del callismo y cardenismo han quedado atrás. En lo nuevo, si bien hay continuidad, también aparecen algunos cambios, mismos que habrán de permitir al movimiento no sólo sobrevivir sino "renacer'. La UNS-PDM habrá de diseñar modalidades técnicas y estratégicas en base, primero, al intento de creación del partido político y después, en un segundo momento, a la consolidación del mismo, que lo distingue del primer sinarquismo.
El "primer aire" del sinarquismo es resultado de las condiciones sociales específicas de aquella época. Las estructuras políticas del "nuevo" Estado están en gestación, se definen hegemonías e intereses. Los grupos reaccionan, a veces, incluso, violentamente. El país transita a otra fase de su historia. Al fin de la década de los cuarenta el nuevo proyecto de Estado es ya irreversible. Los años siguientes verán la consolidación e institucionalización de la "revolución". Ya no son los años de las reformas radicales del Artículo Tercero y el reparto agrario. La obligada "apertura" del Estado, como respuesta a la crisis política de 1968 da pie para que el sinarquismo empiece a resurgir. Los cambios en la economía mundial obligan también a modificaciones en el interior del país, que necesariamente repercuten en la vida política. México inicia una nueva fase en su camino a la "modernidad".
Sin dejar de ser sinarquistas, en la UNS, una vez más toma forma la idea de construir un partido político como condición para recobrar presencia a nivel nacional y garantizar la vida futura de la organización. Coincide con los primeros intentos de formación del Partido Demócrata Mexicano (PDM), la formulación de una nueva estrategia. Esta incluye una acción "de arriba hacia abajo mediante la toma del poder y para eso se forma el PDM, y otra, de abajo hacia arriba, mediante la transformación de la sociedad comenzando por la persona, la familia y la sociedad que es la acción sinarquista". Decir que, "la actividad social les produce [a los sinarquistas] fuerza política, y ésta se aprovechan en las tareas electorales", significa que el sinarquismo no se vacía totalmente en el PDM, pero el PDM sí constituye la instancia superior hacia la cual confluye toda la "fuerza política" que late en el sinarquismo, incluyendo sus mejores cuadros, pues el PDM es la instancia única para acceder al poder dadas las reglas del juego establecidas.
La identificación de la UNS-PDM, que no implica la absoluta asimilación de una organización en la otra, supone la formación y la circulación de una élite dirigente, que sin dejar de ser sinarquista, se ha comprometido en consolidar la línea partidaria. Esta tarea implica para la UNS-PDM, ahora de una manera más clara, adaptarse a un nuevo "modus vivendi". No son un grupo opositor sino que quieren, en palabras de su dirigente nacional, compartir la administración pública del país.
El partido puede desaparecer, pero queda entonces el movimiento (UNS), agazapado, como resistencia, negándose a morir en espera de una nueva condición siempre otorgada por un agente externo. El punto será entonces, dependiendo de las condiciones sociales del país, determinar quién habrá de ser éste.
Las diferencias y el debate actual al interior del PDM
El VIII Congreso del PDM, celebrado en marzo de 1987, tuvo como punto central la elección del presidente del partido para el trienio 1987-1990. Como aspirantes se presentan Ignacio González Gollaz, Baltazar Ignacio Valadez Montoya, Antonio Monsiváis y Magdaleno Yáñez. La atención se concentró en González Gollaz quien buscaba su reelección, y en Valadez Montoya una de las más importantes figuras del partido. La elección fue tensa y como dijera Gollaz, "acalorada y pasional". El Congreso se dividió en dos grandes bloques, los estados "grandes" para el PDM (Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Estado de México y el Distrito Federal) que en conjunto representan cerca del 60% de la votación nacional pedemista, que apoyaron la candidatura de Valadez Montoya y los estados "chicos" que defendían la de González Gollaz. En las discusiones previas a la votación las posiciones, en favor y en contra de los dos candidatos, alcanzan niveles de violencia. Después de una cerrada votación con la diferencia de sólo 11 votos es reelecto Ignacio González Gollaz por tercera vez como presidente del PDM.
Con su triunfo González Gollaz, quien asegura en la ocasión que en el PDM "no hay problemas de corte político", mantiene su posición en el partido, a pesar de reacciones de descontento y acusaciones de caudillismo posteriores al Congreso de niveles dirigentes del PDM en el Distrito Federal, Guanajuato y el Estado de México.
El IX Congreso se celebra los días 12 y 13 de septiembre de 1987 en la Unidad de Congresos del Centro Médico bajo la consigna de "hagamos valer el poder ciudadano para salir de la crisis". A la reunión, según los estatutos, tienen derecho a participar más de 5,000 militantes del partido en calidad de delegados, pero por la crisis -cada uno de los asistentes tiene que costear su viaje y hospedaje- se espera la participación de no más de 2,000 delegados cosa que se confirma al registrarse 1,753, de acuerdo al informe oficial.
Los puntos centrales del Congreso son la aprobación de la Plataforma Electoral Mínima que sostendrá el PDM en la campaña para las elecciones federales de 1988 y la elección del candidato del partido a la presidencia. En la aprobación del primer punto se deja sentir la presencia de dos posiciones o corrientes dentro del partido las que se manifiestan con mucha claridad en el momento de discutir, en el primer capítulo de la plataforma, la manera de entender la democracia. En el documento se propone que se lucha por una "democracia comunitaria", pero un sector impugna esta formulación argumentando que el "comunitarismo" se presta a confusiones ya que también es usado por los marxistas y los cristianos inspirados en la "Teología de la Liberación". Después de un intenso debate se suprime el calificativo de "comunitario". La redacción que se aprueba es la de "luchamos por una democracia integral y humanista inspirada en la filosofía social del cristianismo".
Durante la elección del candidato a la presidencia del partido las tensiones y diferencias se acrecientan una vez más. Momentos antes de que se cierren las inscripciones, cuando parecía que no habría postulación de candidatos, se propone la de David Lomelí, por los estados de Guanajuato, Jalisco, Distrito Federal y el Estado de México, que se rechaza por no cumplir el requisito de ser postulado por lo menos por cinco estados y también la de Gumersindo Magaña que es respaldado por 15 estados. El nombramiento de Magaña, con molestias y discrepancias de un sector, es aprobado por la mayor a de los delegados de una votación "abierta y económica".
El PDM vive a su interior una tensión entre dos grupos que quedó manifiesta en el VIII y IX congresos del partido, pero no llega al punto de ruptura. En la discusión son tres los puntos centrales del debate; una política de alianzas más abierta -entiéndase con el PAN-, una línea que permita la entrada y relación con sectores más amplios -participar en frentes, ingreso de empresarios-, y formas más modernas de acción política. Hasta el momento la dirección del partido a la cabeza de Ignacio González Gollaz ha sido capaz de evitar escisiones y el partido ha visto superadas las contradicciones internas y actuando de manera conjunta, lo prueba el hecho de que Baltazar Ignacio Valadez Montoya, la cabeza más relevante de uno de los grupos, el derrotado, se podría decir, por González Gollaz y Gumersindo Magaña, participa activamente en la campana de éste. El propio Valadez Montoya expresó recientemente que "en el seno del PDM, ciertamente hay discrepancias, pero éstas son expresión de la pluralidad democrática que lo caracteriza y por ello se discuten institucionalmente".
El PDM y el PAN ¿Una alianza imposible?
Para Víctor Atilano Gómez, actual jefe nacional sinarquista y miembro del Comité Nacional del PDM, "el Partido Acción Nacional (PAN) siempre consideró a los sinarquistas como sus peones. Ellos lanzaron sus candidatos y nosotros hacíamos sus campañas por eso tuvimos que formar nuestro propio partido".
Aunque ambas organizaciones surgen de un mismo tronco, una organización secreta creada por un sector de la iglesia católica al final de los años 30, muy pronto se establece tensión entre los dos grupos. El presidente del PDM, Ignacio González Gollaz, asegura que los panistas siempre han visto "menos a los miembros de la UNS y en la última campaña en la que colaboraron con el PAN, la de 1969 cuando se lanza a Efraín González Morfín como candidato presidencial, "del PAN sólo recibimos malos tratos".
Con frecuencia surge la pregunta de por qué no se establece una relación y alianza entre ambas fuerzas, si en apariencia defienden un mismo proyecto. Hay razones históricas de resentimientos y reclamos que explican en parte esta imposibilidad, pero las malas caras o tratos no dan cuenta de las razones más profundas. Aunque ambas organizaciones están por la defensa del sistema y no plantean un cambio radical del modelo social, existen puntos de vista que establecen diferencias si no estructurales no por ello menos serias y relevantes.
De acuerdo a Valadez Montoya el PAN es "un partido electorero que no ha podido o no ha querido organizar a la ciudadanía para la defensa permanente de sus legítimos intereses y se limita al quehacer de lo pura y circunstancialmente electoral" y el candidato presidencial pedemista, Gumersindo Magaña, opina que con la elección de Manuel J. Clouthier "se confirma por completo la tendencia capitalista de este partido" y agrega que "los empresarios a través de la corriente neopanista se han apoderado del PAN y han vencido a la vieja guardia tradicional de ese partido".
El PDM, desde su fundación, ha tratado de deslindarse del PAN argumentando que el social-cristianismo que sostiene el Demócrata Mexicano "no coincide en ningún modo con la ideología capitalista del PAN". El candidato pedemista asegura que "Acción Nacional sólo quiere un cambio de administración del gobierno y no de las estructuras injustas del sistema político actual", cosa que sí busca su partido.
El PDM, en la línea de las viejas encíclicas sociales de la Iglesia como la Rerum Novarum y la Quadragésimo Anno, a las que alguna vez también recurrió el PAN, se aferra una posición tercerista de condena al socialismo por "totalitario" y al capitalismo liberal por "injusto".
Más allá de estas posiciones o diferencias, sin duda relevantes, y desde el punto de vista del PDM irreconciliables, está la visión de clase. Para Magaña a lo largo de su historia "Acción Nacional ha sido un partido conservador que influye en las élites intelectuales y económicas y de ninguna manera considera las soluciones adecuadas para las masas campesinas y obreras", que son las que militan en la UNS y el PDM.
Aquí está el punto de las diferencias. Hasta ahora la composición social de las bases de la UNS-PDM han sido en lo fundamental sectores populares de ciudades pequeñas en la provincia o barrios pobres de las ciudades, mientras que el PAN se nutre de sectores de la llamada clase media y en los estados del norte y centro de México incluido el Estado de México y el Distrito Federal, cada vez más incluso de grupos de la burguesía.
La base social del PDM, por lo menos en parte, tiende a cambiar. Se pasa de los sectores campesinos, sobre todo, a sectores medios (profesionistas, pequeños propietarios, burócratas). En este sentido la posición de clase centro de las diferencias entre el PAN y el PDM, tendería a aminorarse y se abriría al futuro la posibilidad de alianzas. De hecho existen posiciones al interior del PDM, las hay también en el PAN, que confirmarían esta posibilidad, pero también existe otro sector que considera una traición a las bases y principios del partido la alianza con el PAN. La contradicción no está resuelta pero tampoco está cerrada Es un punto que se mantiene siempre abierto a las discusiones al interior del PDM.
El futuro...
La reactivación del sinarquismo no es atribuible sólo a la "crisis" del Estado mexicano. Es verdad que éste ha sido obligado por factores socio-económicos internos y externos a "modernizarse" cuyos rasgos básicos, como bien se sabe, están ya presentes en el proceso de disolución del sistema de haciendas y de industrialización del país durante el porfiriato. La "novedad de la patria" es que después de más de un siglo, México aún aspira a ser un "país moderno". Sea lo que sea, a un sinarquismo de hondas raíces" "premodernas" -vinculado a una Iglesia Católica acérrima enemiga de toda "modernidad"- se le permite de nuevo la entrada a un escenario político en el que tanto las "izquierdas" como las "derechas'' deben estar representadas.
De la misma forma que el Partido Comunista Mexicano (PCM), también viejo actor de los años treinta, se reestructura y transforma en los años recientes no sin dificultades en tomo al PSUM, primero, y luego, en el PMS, así también el sinarquismo, sin perder su aliento inicial, toma nueva forma en el PDM. Ambas fuerzas políticas responden a la lógica de la simetría política: cuestionando un sistema político fundado en la regencia de un partido central fuerte, con un Partido Acción Nacional (PAN) fungiendo hasta hace poco como "grupo de presión", el aperturismo echeverrista convocará a participar dentro del orden constitucional ya institucionalizado a las viejas fuerzas de izquierda y derecha, una frente a la otra, nunca una al lado de la otra, o en forma aislada. En este horizonte se desarrolla la participación política de la UNS-PDM.
Al iniciar su campaña por la presidencia Gumersindo Magaña pronosticó que el PDM obtendría el doble de sufragios que en las pasadas elecciones. De otra manera, que alcanzaría 1 millón de votos. Después de 9 meses de campaña esto ya no parece tan claro. Si bien el PDM ha ido creciendo de elección en elección en números absolutos y relativos, al tiempo que escala posiciones hasta colocarse en los pasados sufragios como la cuarta fuerza, para las próximas elecciones no se ve que el PDM pueda seguir con este mismo ritmo de crecimiento.
El Instituto Mexicano de Opinión Pública (IMOP) señala en una reciente encuesta de opinión que el PDM estaría en la última posición del conjunto de las seis fuerzas que contienden por la presidencia de la república y los cálculos de los analistas del partido oficial consideran que el PDM será la quinta fuerza con un 2.74% del total de los sufragios, lo que en números relativos lo mantendría en el mismo nivel de las elecciones pasadas.
Habrá que dejar pasar las elecciones para precisar, en la medida que esto es posible por la alquimia electoral que existe en México, el número de votantes en favor del PDM. Lo que sí se puede asegurar desde ahora es que el nivel de respuesta de la ciudadanía a la campaña que desarrolla el PDM ha sido escasa y pobre.
El surgimiento de nuevas fuerzas electorales, el reagrupamiento de otras, pero sobre todo, la polarización social que produce la actual situación del país ha desbordado las posibilidades reales de respuesta del PDM. El desarrollo de la campaña pedemista confirma que se trata de un partido regional concentrado en la zona centro y en la práctica con muy pocas posibilidades de arraigarse en el norte y el sur de México.
La gravedad de la crisis si bien pone de manifiesto la pobreza de los planteamientos del PDM, de otro lado abre posibilidades para agrupar a sectores populares y medios todavía más empobrecidos, lo que le puede permitir seguir creciendo de manera absoluta, pero en menor proporción que en los años anteriores.
Al igual que el sinarquismo posterior a los 40, el PDM no ha sido capaz de trascender de una estructura de cuadros militantes a una de masas. De hecho en lo fundamental, esto arrojan las elecciones de 1979, 1982 y 1985, el partido recoge el voto de sus militantes y simpatizantes, pero no el de otros sectores de la sociedad. Aquí está otro límite del partido.
Hasta ahora el PDM ha venido creciendo. Fue el único partido que aumentó el número absoluto de sus votantes en 1985. Esta situación, entre otras, ha permitido que se resuelvan las contradicciones y fricciones al interior del partido, pero al parecer se abriría hoy, ante las propias dificultades del país y los resultados de la campaña, un espacio que podría caminar a un fraccionamiento donde un sector de su militancia pasaría al PAN, pero con todo, el partido se mantendría como tal en la medida que el desarrollo del capitalismo mexicano continúe conservando y reproduciendo al sector social que hoy representa el PDM.
CITAS:
[*] Departamento de Historia, Universidad Iberoamericana

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