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Resumen De La Economia Argentina De Aldo Ferrer La economía Argentina- las etapas de su desarrollo y problemas actuales Introducción



Resumen De La Economia Argentina De Aldo Ferrer 
La economía Argentina- Las etapas de su desarrollo y problemas actuales- 

Introducción 

Es posible definir cuatro etapas perfectamente diferenciables en el desarrollo económico argentino. La primera de ellas abarca el período comprendido entre el siglo XVI y fines del siglo XVIII. La definimos como la etapa de las economías regionales de subsistencia porque se caracteriza por la existencia de varios complejos económicos sociales, en las distintas regiones del país, que producían básicamente para el consumo interno y a muy bajos niveles de productividad. La segunda etapa abarca desde fines del siglo XVIII hasta alrededor 1860 y la hemos definido como la etapa de transición. Surge durante ese período la producción de cueros y otros productos de la ganadería. Además, liberalizado el régimen comercial español a fines del siglo XVIII y lograda la independencia en 1810, el puerto de Buenos Aires pudo aprovechar totalmente su ubicación geográfica y convertirse en el punto de intermediación del comercio exterior. La tercera etapa, que definimos como la de la economía primaria exportadora, se abre en torno de1860, cuando la Argentina comienza a incorporarse vigorosamente en el expansivo comercio internacional y se cierra con la crisis económica mundial de 1930. Durante este período, la expansión de las exportaciones agropecuarias, el arribo de cuantiosos contingentes migratorios y la radicación de capitales extranjeros, transformaron en pocas décadas la estructura económica y social del país. 


Finalmente en 1930 se inaugura la etapa que hemos definido como de la economía semiindustrial dependiente. Esta etapa se caracteriza por la existencia de una estructura económica y social diversificada y comparable, en muchos aspectos, a la de las economías avanzadas modernas. El carácter semiindustrial del sistema deriva de la insuficiente integración de las diversas fases de la 
producción de la manufactura y de los altos precios relativos de los bienes industriales que reflejan la inmadurez del desarrollo alcanzado. La magnitud del déficit entre las divisas que genera y demanda el sector industrial, la dependencia tecnológica del exterior y el grado de extranjerización del control de los sectores industriales dinámicos, configuran, a su vez, el carácter dependiente del sistema. 

Primera Parte- Las economías regionales de subsistencia (siglos XVI al XVIII) 

I. El comercio como factor de disolución del orden feudal 

1. Papel dinámico del comercio. 

El aislamiento impuesto por la expansión musulmana (siglo VII)   a los pueblos de Europa Occidental sienta las bases del orden social de la Edad Media primitiva y de las economías cerradas que producían para el autoconsumo. Las principales características de estas economías eran la falta de mercados exteriores y la casi total ausencia de intercambio con otras regiones. La agricultura constituía la base fundamental de la actividad económica y la población activa estaba casi totalmente concentrada en la producción rural. La propiedad de la tierra, en manos de grupos reducidos, proporcionaba el fundamento del orden político y social. 
Desde un punto de vista dinámico, el rasgo distintivo de la economía feudal era la ausencia del progreso técnico y el consiguiente estancamiento de la productividad. La acumulación de capital era prácticamente inexistente. El bajo nivel de productividad sólo permitía a los trabajadores rurales subsistir y pagar los tributos al señor. Cuanto más bajo es el nivel de productividad de una economía, más alta es la proporción 
de la población activa que se dedica a ocupaciones destinadas a producir alimentos y artículos esenciales para la subsistencia. Siendo el comercio la única vía del aumento de la productividad dentro de la economía feudal, constituía su sector por excelencia y posibilitó la acumulación de excedentes económicos en otras manos que las de los señores feudales. Estos excedentes vinieron a cumplir un papel totalmente distinto al de los excedentes apropiados por la clase feudal. Éstos se consumían, aquellos volvían a volcarse a la actividad económica, intensificando el ritmo del intercambio. La acumulación de riqueza en manos de los nacientes núcleos de comerciantes, el aumento de la productividad del sistema   a que dieron lugar sus actividades y las consecuentes transformaciones en la estructura social y económica, sentaron las bases de la disolución del orden feudal y del nacimiento del capitalismo comercial, una de cuyas consecuencias relevantes fu la ocupación de las tierras americanas. 

2.   Las rutas mercantiles 

Los dos centros dinámicos de la expansión comercial fueron en el norte, el Mar Báltico y el Mar del Norte y, en el sur, el Mediterráneo Oriental. El tráfico por estas restableció paulatinamente el intercambio entre Oriente y Occidente interrumpido por la expansión musulmana. A partir del siglo IX el comercio de las ciudades de la península itálica dejó de estar limitado a Constantinopla y los puertos cristianos del Asia Menor. El comercio con los pueblos musulmanes de África y Siria comenzó a alcanzar una importancia creciente. En estas ciudades, principalmente Venecia, se fueron creando núcleos económicos cuya principal 
actividad no era la agricultura de subsistencia sino el comercio y las artesanías. Ellas se constituyeron en los centros de irradiación de las fuerzas que irían disolviendo el orden feudal. 
El comercio entre los pueblos cristianos de Occidente y los pueblos de Oriente se intensificó al quedar librado el Mediterráneo del control musulmán. Los productos intercambiados eran principalmente artículos de lujo provenientes de los pueblos orientales y materias primas y alimentos producidos en Occidente. 
En el norte de Europa el comercio, primitivamente impulsado por los escandinavos, recibió nuevos estímulos con la expansión de los germanos hacia el este. El contacto entre el norte de Europa y el Mediterráneo y el comercio del Oriente se restableció por vía marítima navegando   en torno a la península Ibérica y Brujas se constituyó en el centro del intercambio de los productos de los pueblos eslavos y del norte de Europa con los provenientes del tráfico mediterráneo con Oriente. 

3. Limitación de las transformaciones estructurales 

El impacto producido en la estructura social y económica de Europa Occidental, por la expansión comercial producida entre los siglos XI y XV, estuvo condicionado por las limitaciones objetivas impuestas al intercambio de la época. Los primitivos métodos de transporte terrestre y los azares de la navegación marítima hacían sumamente costoso el transporte, y los elevados márgenes de ganancia de los comerciantes multiplicaban en los centros de consumo el precio original cobrado por los productores. Estas condiciones imponían que las mercaderías objeto de tráfico fueran especialmente aquellas de poco peso 
y mucho valor, únicas que podían soportar los elevados gastos de comercialización. Los únicos sectores en condiciones de adquirir los costosos productos de importación eran los miembros de la clase terrateniente feudal, en parte la eclesiástica y la nueva clase de comerciantes. 
Desde que comienza a reactivarse el comercio europeo hasta la revolución tecnológica del siglo XVIII, la expansión del mercado a través de la ampliación de los contactos comerciales de los países de Europa constituyó el elemento dinámico fundamental del desarrollo. La precariedad del proceso técnico condicionaba el impacto que la ampliación del mercado podía provocar en la transformación de la estructura productiva interna y, en última instancia, en el ritmo de crecimiento de la producción. 
Las nacientes ciudades, con el aumento de la población ocupada en las artesanías y los servicios vinculados al tráfico comercial, plantearon   problemas de abastecimiento que no pudieron ser adecuadamente resueltos durante toda la Edad Media debidos a la escasa productividad de las actividades agrícolas y las grandes dificultades del transporte a larga distancia de productos voluminosos y pesados . 
Las actividades comerciales fueron por excelencia el sector dinámico de la economía feudal, en cuanto constituían el principal sector que permitía el incremento de la productividad del sistema económico. Otro factor que complementó el impacto del comercio en este aspecto fue la presión demográfica. El crecimiento de la población no podía ser totalmente absorbido por la oferta limitada de tierras, a los mismos niveles tecnológicos y dentro de los mismos marcos institucionales 
del feudalismo. Esto provocó migraciones internas de los pueblos de Europa Occidental principalmente hacia el este y la expansión de la ocupación territorial. 

II. Formación de la economía colonial americana 


Nuevos problemas de la expansión comercial europea 



La dinámica del capitalismo comercial naciente llevaba de manera obligada a procurar la expansión del mercado. La expansión turca de la segunda mitad del siglo XV y la conquista de Constantinopla, interrumpieron las tradicionales rutas comerciales con el Cercano y Extremo Oriente, estrechando repentinamente el campo operativo de las ciudades comerciales, particularmente las italianas. Portugal, a través de las empresas precursoras de Enrique el Navegante, abre la ruta marítima hacia Oriente en torno al África y le siguen España, Inglaterra, Francia y Holanda. 
El desplazamiento del centro de gravedad del comercio del Mediterráneo Oriental al Océano Atlántico, puso fin a la preponderancia comercial de las ciudades italianas y trasladó el principal teatro de los acontecimientos comerciales a los estados europeos de la cuenca del Atlántico y del Mar del Norte. El descubrimiento de América fue un episodio clave de la expansión comercial europea, repentinamente estrangulada por el control turco de Asia Menor y el Mediterráneo Oriental. 
El capital comercial europeo no penetró en la organización de los pueblos de oriente con quienes mantenía relaciones económicas. Los despojaban por la fuerza de parte de su riqueza o, cuando esto no era posible, comerciaban. 
Pero como norma general, los comerciantes occidentales no organizaron en la periferia, como se diría más 
tarde, empresas industriales o agrícolas, manejadas por ellos, en las que pudieran cumplir un auténtico papel de empresarios, esto es, combinar los factores productivos en una rama concreta de la producción. 
La realidad encontrada en América rompió los moldes operativos tradicionales de la expansión comercial europea. En este Continente, los europeos se encontraron con civilizaciones indígenas sometibles por la fuerza o con regiones de vastos recursos naturales inexplorados. 
El primer tipo de relación económica establecido, dadas las condiciones imperantes, fue, lógicamente, el pillaje. Pero esta relación económica, necesariamente transitoria, dejó en pie la distinta naturaleza de la nueva empresa que implicaba América para todas las potencias coloniales. Por primera vez, en la historia de la expansión comercial europea, se planteaba en gran escala la necesidad de organizar la producción directamente, esto es, conjugar factores productivos, capital y mano de obra, en el aprovechamiento de los recursos naturales. 
Esta nueva realidad planteó problemas concretos, como el de la mano de obra y la organización de la unidad productora, la ocupación territorial en gran escala, la organización política e institucional de los nuevos territorios y, finalmente, la captación de riqueza para los gobiernos metropolitanos. 
La necesidad de organizar la producción planteó principalmente el problema de la disponibilidad de mano de obra. El imperio español era el que contaba con más abundancia de fuerza de trabajo indígena aprovechable y su movilización hacia la producción fue el principal objeto de la política colonial y de los colonizadores. Las 
tradicionales organizaciones de la mita y el yanaconazgo, entre otras, regulaban las relaciones de los trabajadores indígenas con la empresa productiva. Ninguna de las otras naciones coloniales contó con una oferta preexistente de mano de obra como en el caso de España. 
El envío de misiones avanzadas de conquista y colonización y la posterior población de los territorios ocupados constituyó también un aspecto fundamental de la política colonial. La organización política e institucional de los nuevos territorios operó en dos planos distintos. Por un lado, la creación de las instituciones y organismos que fueron la manifestación de la soberanía de la potencia colonial en los territorios de su dependencia. Por el otro, las medidas tendientes a establecer el equilibrio político buscado ente las fuerzas sociales predominantes en las colonias. 
Finalmente, las potencias coloniales debieron crear en sus relaciones con sus dominios americanos loas cauces adecuados para volcar en las arcas fiscales parte de la riqueza obtenida en el Nuevo Mundo. Esto se logró mediante métodos indirectos de captación de recursos, como impuestos y contribuciones, o directamente a través de la explotación de ciertos recursos naturales por funcionarios de la corona, como en el caso de la explotación de minerales preciosos en la América española, o mediante la participación de capitales públicos en empresas productivas privadas. 
El rasgo distintivo de la organización económica fue el régimen del monopolio excluyente impuesto por las metrópolis. 

La producción colonial y su localización 

Las principales características de la economía de la época eran las 
siguientes: a) las potencias metropolitanas eran eminentemente agrícolas y su intercambio exterior estaba limitado a un número determinado de comestibles exóticos y productos suntuarios, destinados a los grupos de poder político y económico, ya ciertas materias primas y materiales; b) la precariedad de los medios de transporte, en virtud de las primitivas artes de navegación y peligros del tráfico marítimo, elevaba enormemente los fletes de tal manera que sólo los productos de gran valor y poco peso podían soportarlos. Entre este tipo de productos, el descubrimiento de yacimientos de oro y minerales preciosos fue la preocupación principal de todas las potencias europeas. 
La actividad económica se localizó allí donde estaban ubicados los recursos naturales para producir bienes buscados en la época, en primer lugar oro y plata, luego las tierras tropicales y las zonas de las pesquerías y los bosques. EL factor distancia impedía la explotación de los recursos ubicados en el interior del Continente y alejados de las vías de navegación. Esta gravitación del factor distancia explica el bajo grado de desarrollo alcanzado por el actual territorio argentino durante la época colonial. 
El tipo de productos buscados y el factor distancia fijan lo límites a la extensión de la ocupación territorial. Allí donde se explotan metales preciosos, los conquistadores entran hasta los puntos más inaccesibles y lejanos del Continente. Cuando la actividad económica se concentra en los cultivos tropicales son las zonas vecinas al mar o insulares las que se desarrollan: la expansión territorial ocupa entonces sólo una estrecha franja del litoral marítimo. 
Lo mismo ocurre donde se explotan las pesquerías, los bosques o ciertos productos agrícolas de las zonas templadas. 

Dinámica de las economías coloniales. 

Las actividades económicas dinámicas en la economía colonial fueron aquellas ligadas al comercio exterior. La minería, los cultivos tropicales, las pesquerías, la caza y la explotación forestal, dedicadas fundamentalmente a la exportación, fueron las actividades expansivas que atrajeron capital y mano de obra. 
No siempre las actividades se desarrollaron en gran escala y con mano de obra esclava o servil, como ocurrió con la minería y la agricultura tropical. Algunas de ellas, radicadas principalmente en el hemisferio norte como la explotación forestal y la construcción naval, dieron pie a la empresa en pequeña y mediana escala con trabajadores independientes. 
En estas condiciones, al mismo tiempo que el sector exportador era muy poco diversificado. La composición de la demanda tampoco favorecía la diversificación de ka estructura productiva interna. Cuanto más se concentraba la riqueza en un pequeño grupo de propietarios, comerciantes e influyentes políticos, mayor fue la propensión a adquirir bienes manufacturados de consumo y durables en el exterior y menor fue la proporción del ingreso total de la comunidad gastado internamente. 
Tanto la estructura del sector exportador como la concentración de la riqueza constituyeron obstáculos para la diversificación de la estructura productiva interna, la elevación consecuente de los niveles técnicos y culturales de la población y el surgimiento de grupos sociales vinculados a la evolución del mercado interno y a la búsqueda 
de líneas de exportación no controladas por la potencia metropolitana. 
El proceso de urbanización que se registró en estas colonias fue consecuencia del crecimiento de mano de obra destinada a servir a los núcleos detentadores del poder político y económico y a la presión demográfica de la población, que excedía los moldes de la economía colonial y no era absorbida por las actividades productivas existentes. 
Las regiones que más se desarrollaron durante la América Colonial fueron aquellas en que se asentaron las actividades exportadoras. Mientras que las que se dedicaron a satisfacer el consumo interno o su propia subsistencia, tuvieron poca importancia relativa dentro de la economía de la época. De las actividades destinadas al mercado interno, sólo aquellas que de alguna manera se vinculaban a un centro dinámico exportador experimentaron cierto grado de desarrollo. 

III. Las economías regionales de subsistencia del actual territorio argentino 

Ubicación de estos territorios en la economía colonial del Nuevo Mundo

Dados los elementos condicionantes de la localización de la actividad económica en la América Colonial, se explica que el actual territorio argentino haya sido uno de los menos desarrollados durante la época. Sus tierras no ofrecían elementos de atracción para la producción destinada a la exportación. La principal característica del medio físico en estos territorios era la pradera de la zona templada excepcionalmente apta para el cultivo de cereales y la producción ganadera. 


La agricultura y la ganadería de zona templada, tanto en el norte como en el sur del Continente, se mantuvieron ajenas durante 
todo el período colonial al sector eminentemente dinámico: el comercio exterior. Constituyeron actividades principalmente destinadas al autonconsumo de los productores o al estrecho mercado local. 
El actual territorio argentino no guardaba en el macizo andino y en las zonas montañosas del centro y el noroeste, yacimientos de oro y otros minerales preciosos. Por otro lado, las tierras y los bosques de la zona tropical del Noreste, a pesar de la posibilidad de su acceso marítimo a través del río Paraná, no podía competir con el Brasil, las Antillas y las costas del Mar Caribe, en términos de aptitud de sus tierras para los cultivos tropicales y facilidad de acceso a los puertos de embarque. 
El elemento impulsor de la conquista de estos territorios fue, como en todo el Imperio colonial español, la búsqueda de metales preciosos y la ocupación efectiva de las tierras de la corona. La población indígena existente en la época de la conquista se concentraba principalmente en la actual zona de Cuyo, las provincias del noroeste en las estribaciones del Imperio incaico y en el centro del país. Estas poblaciones indígenas fueron económicamente aprovechadas por los conquistadores, dado su carácter pacífico y organizado. Las tribus de la zona Pampeana y de la Mesopotamia constituidas por indígenas de muy bajo nivel cultural, nunca fueron incorporadas a la economía colonial. 
Desde el siglo XVI al XVIII ningún punto del territorio argentino fue testigo de una actividad productiva fuertemente vinculada al comercio exterior. Esto determinó el escaso flujo de mano de obra y capitales hacia estas provincias y el carácter eminente de sistemas cerrados 
que tuvieron las economías regionales durante todo el período colonial.

La región del noroeste 


Esta región incluía a las actuales provincias de Salta, Jujuy, Santiago del Estero, Catamarca y Tucumán. Durante el siglo XVI se introdujeron en la región los cultivos y haciendas que habrían de desarrollarse posteriormente. De Chile provino el trigo y el algodón, del Brasil la caña de azúcar y del Perú la hacienda en pie. La producción de metales alcanzó escasa importancia y estaba fundamentalmente destinada al mercado interno. La organización de la producción respondía básicamente al siguiente esquema. Por un lado, grandes fincas, propiedad de europeos, dedicadas a la producción de algodón y a la ganadería para las minas de Alto Perú y de alimentos para el autoconsumo. La mano de obra era proporcionada por indígenas organizados en encomiendas. El resto de la actividad agraria estaba en manos de trabajadores que producían fundamentalmente para su propia subsistencia y para un reducido intercambio. Algunas actividades de la región gozaron de cierta prosperidad por su vinculación al comercio interregional. 


El noroeste constituyó durante toda la época colonial la región de mayor importancia relativa dentro del actual territorio argentino, debido, fundamentalmente a su cercanía a un centro exportador dinámico: Potosí. Estos hechos no empañan, sin embargo, la característica básica de la estructura económica de la región: su carácter eminentemente primario y de subsistencia. 

La región de Cuyo 


Esta región estaba compuesta por las actuales provincias de Mendoza, San Juan y La Rioja. Junto con las primeras corrientes inmigratorias 


se introducen en la región los cultivos y la hacienda que habrían de desarrollarse posteriormente. Se explotan bajo riego los valles de las planicies orientales y la producción se concreta en la vid y los frutales. Los pastos secos y las pasturas artificiales en la zona de riego dan pie a la producción de ganada bovino, ovino y caballar. 
La organización de la producción se ajusta a los mismos lineamientos imperantes para el Noroeste.   Por un lado, grandes propietarios territoriales titulares de encomiendas indígenas. Por el otro, agricultores produciendo para su subsistencia y para el estrecho mercado local. 
Alejado de todo centro exportador dinámico, el comercio externo de la región es pequeño y no alcanza siquiera la significación del intercambio del Noroeste. La característica básica de la economía regional es su carácter primario y de subsistencia. 

La región del Centro 


Comprende la actuales provincias de Córdoba y San Luis. Los primeros asentamientos europeos en la región provinieron del Perú. La actividad agrícola estuvo frecuentemente vinculada a la subsistencia de los productores y al consumo del estrecho mercado local. La ganadería, en cambio, gozó de cierta prosperidad debido a que Córdoba fue el lugar de producción de hacienda, particularmente animales de carga para el Alto Perú. La estancia colonial fue la forma típica de organización de la producción ganadera. 


La región del Litoral. 


Esta región abarca históricamente las actuales provincias de Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe. La población indígena existente en esta zona estaba constituida por tribus nómadas de muy bajo 


nivel cultural. Su trabajo nunca pudo ser sistemáticamente aprovechado por los colonizadores. 
El Litoral fue durante el período colonial la región más atrasada, y menos poblada del actual territorio argentino. La actividad agrícola languideció durante toda la colonia y los agricultores se dedicaban fundamentalmente a producir para su propia subsistencia y para el estrecho mercado local. La producción ganadera se apoyaba en el aprovechamiento de las haciendas cimarronas que se habían reproducido en la pampa partiendo de las primeras cabezas introducidas por los colonizadores. 
El surgimiento de algunas posibilidades de comercio sistemático en cueros provocó la terminación de la libertad de captura del a hacienda cimarrona y, hacia mediados del siglo XVII, comenzó el otorgamiento de licencias para vaquear a grupos autorizados. Más adelante fue surgiendo la crianza y aprovechamiento de las haciendas en rodeo que sienta las bases de la estancia como forma de organización del sector ganadero. 
La pobreza y la ausencia de producción exportable significativa de su misma zona de influencia, el Litoral, y el escaso intercambio con las otras regiones del actual territorio argentino, explican que los grupos comerciales de Buenos Aires hasta fines del siglo XVIII no hubieran alcanzado un desenvolvimiento apreciable. 

El Noreste y la Patagonia 


El noreste abarca las actuales provincias de Misiones, Chaco, Formosa y norte de Corrientes. La población prehispánica de estos territorios estaba compuesta por indígenas de un bajo nivel cultural y no fueron integradas en la economía colonial. En cuanto a la Patagonia, con una superficie equivalente 


a una tercera parte del territorio nacional, no fue ocupada permanentemente durante todo el período colonial. 

IV. Estructura y dinámica del sistema 


Durante todo el período en consideración, esto es desde el siglo XVI hasta fines del siglo XVIII, no hubo en el actual territorio argentino una economía nacional por cuanto no existía un mercado con un flujo recíproco, en escala significativa, de capitales, mano de obra y productos entre las distintas regiones. El período se caracteriza, pues, por la existencia de economías regionales autosuficientes separadas entre sí por grandes distancias, la ausencia de comunicaciones marítimas y/o fluviales y la precariedad de los medios de transporte terrestres de la época. En consecuencia, todo análisis de la estructura y la dinámica del sistema debe realizarse básicamente a nivel de cada región. 


Estancamiento de la población 


La evolución de la población estuvo sometida en medida importante a las fluctuaciones en el número de indígenas incorporados a las economías regionales. 


Debilidad del sector exportador y la estructura productiva interna 


En todas las regiones operaban básicamente los mismo factores que determinaban el círculo vicioso del estancamiento y, en primer término, la ausencia de una actividad exportadora expansiva y de significación en la producción total de cada región. 


La debilidad del sector externo permite comprender el estancamiento de los diferentes sistemas regionales. Pero también explica el hecho, frecuentemente apuntado en la literatura sobre el pasado económico del país, de la diversificación de las estructuras productivas de cada 
región y del autoabastecimiento de los principales productos y servicios consumidos por cada una de ellas. En ausencia de una capacidad de importación apoyada en un volumen significativo de exportaciones y/o el ingreso de capitales del exterior, la demanda de cada región se volcaba internamente. La estructura de la oferta respondía lógicamente a la diversificación de la demanda proporcionando alimentos, manufacturas y servicios requeridos por aquélla. 
La baja productividad de cada sistema regional determinaba la existencia de un estrecho mercado interno que reducía las posibilidades de la división del trabajo y de la expansión del intercambio dentro de cada región. 
La producción agropecuaria ocupaba entre el 80 y el 90% de la mano de obra total. El resto estaba empleado en los servicios y las manufacturas. Aquellos estaban compuestos principalmente por los servicios personales, los del gobierno y el comercio. 
El bajo nivel tecnológico y escasa densidad de capital del sector exportador determinaban que, a pesar de ser el más productivo del sistema, el producto por hombre ocupado en él no superase sustancialmente al correspondiente al de la mano de obra ocupada en actividades de subsistencia, en los servicios o en las manufacturas destinadas al mercado local. 

Distribución del ingreso y acumulación de capital. 


La distribución del ingreso entre los distintos sectores sociales dentro de cada región estaba fuertemente condicionada por las relaciones concretas de los distintos grupos en el proceso productivo. Tomando todas las regiones de conjunto, los únicos núcleos que poseían ingresos por encima del nivel de subsistencia 


eran los grupos de encomenderos y propietarios territoriales y, en menor medida, los rudimentarios grupos comerciales. La importancia del sector de subsistencia que se desenvolvía fuera de la economía del mercado determinaba que la economía monetaria estuviera escasamente difundida. La economía monetaria sólo penetró en las transacciones destinadas básicamente al comercio exterior a la región misma. 
Dados los bajos niveles de productividad, la casi totalidad de la producción debía destinarse al consumo. La estrechez del mercado externo e interno reducía enormemente el inventivo a la inversión para expandir la capacidad instalada en las actividades agropecuarias y en las manufacturas o para abordar nuevas empresas en los mismos campos. 
Los ingresos del sector público, basados principalmente en tributos sobre las transacciones exteriores y contribuciones sobre ciertos artículos de consumo, se invertían casi totalmente en los gastos de defensa y administrativos. 
El carácter eminentemente cerrado de las economías regionales se manifestaba también en la ausencia de incorporaciones significativas de población y de capital provenientes del exterior. 

Equilibrio entre las economías regionales. 


La localización de las corrientes inmigratorias europeas se realizó en las zonas en que existían poblaciones de indígenas cuyo trabajo pudo ser aprovechado por los colonizadores. En el actual territorio argentino no existieron los factores de atracción de población europea, de capitales y de la actividad económica, que influyeron en el desarrollo de otras zonas del mundo colonial americano. 


El equilibrio entre las distintas economías 
regionales se explica fundamentalmente porque en todo el período en ninguna de ellas surgieron actividades exportadoras dinámicas que hubieran provocado el desplazamiento masivo del centro de gravedad de la economía. 
Privada de todo estímulo externo para su crecimiento y ausente toda posibilidad de desarrollo autónomo apoyado sobre la expansión de la demanda y la productividad internas, cada economía regional era un sistema cerrado y autosuficiente. En toda la etapa en consideración no existió, por cierto, una región que fuera el centro del sistema y un conjunto de regiones satélites de aquélla, como ocurriría más tarde. 
La autosuficiencia no fue, pues, desde el siglo XVI al XVIII, la característica distintiva del desarrollo sino del estancamiento. 

Segunda Parte- La etapa de transición (Fines del siglo XVIII hasta 1860)- 

V. El puerto de Buenos Aires como intermediario comercial 

El carácter cerrado y autosuficiente de las regiones comprendidas en el actual territorio argentino y el equilibrio entre ellas, comienza a ser conmovido por el surgimiento de dos factores dinámicos del desarrollo. El primero, es la apertura del Río de la Plata para el comercio colonial; el puerto de Buenos Aires surge de este modo como el intermediario natural para el comercio de las regiones meridionales del imperio sudamericano de España. El segundo, es la importancia creciente que la ganadería del litoral va adquiriendo como actividad orientada hacia la exportación. 


Ventaja locacional del puerto 


EL Río de la Plata poseía una ubicación geográfica que lo constituía en la mejor vía de acceso al corazón del imperio colonial 


español al sur del Perú. El tramo de Buenos Aires a Potosí taraba 2 meses en recorrerse   y los caminos eran llanos. Por el contrario, de Lima a Potosí se tardaban 4 meses por caminos de montañas. De esta manera, las mercaderías importadas puestas en Potosí tenían precios muy distintos, según fuese su puerto de entrada Lima o Buenos Aires. Sin embargo, Buenos Aires pudo hacer valer su ventaja competitiva frente a Lima recién en la segunda mitad del siglo XVIII en virtud de las reformas liberales de los reyes borbones. 

La importancia estratégica del Río de la Plata y el cambio de la política de España 


La modificación radical de la política española frente al Río de la Plata, concretada fundamentalmente con la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776 y en el Reglamento de Comercio Libre de 1778, obedeció principalmente a cambios en la estrategia global de la corona. La descentralización del poder administrativo, político y militar respondió a necesidades estratégicas de defensa de estos territorios frente a la creciente penetración portuguesa e inglesa en la región. La autorización acordada a Buenos Aires y Montevideo de comerciar en igualdad de condiciones a los otros puertos de la América española, proporcionó la base material del desarrollo indispensable a esta zona, que seguía dependiendo fundamentalmente de su papel de intermediaria como base de su desenvolvimiento. 


Significación de la creciente importancia comercial del puerto 


Las reformas liberales de los borbones sentaron las bases de cambios profundos en el funcionamiento dinámico de las economías regionales del actual territorio argentino. Buenos 


Aires se convierte en el intermediario natural de la producción exportable del interior y en el centro de abastecimiento de los productos importados del extranjero. Sin embargo, el escaso desarrollo de la zona pampeana y la ausencia de una actividad fuertemente integrada en el mercado colonial habría mantenido dentro de límites muy estrechos las posibilidades de expansión de Buenos Aires como puerto de intermediación. Se necesitaría la expansión de una actividad orientada hacia la exportación. La producción ganadera del Litoral habría de dar respuesta a este problema. El nuevo papel de Buenos Aires permitió el desarrollo de un sector comercial que fue ganando fuerza paulatinamente y acumulando capital e influencia en el proceso de desarrollo. Por el otro, enfrentó en medida creciente a las economías regionales prácticamente autosuficientes del interior con la competencia de la producción importada del exterior. 

VI. Expansión del a ganadería 

Condiciones favorables al desarrollo pecuario. 

La producción ganadera es la primera actividad en la historia económica de estos territorios que en escala significativa y en medida creciente se orienta hacia la exportación. Su desarrollo en el Litoral constituye conjuntamente con la actividad comercial del puerto de Buenos Aires, el factor dinámico del crecimiento económico en el período de transición. 


Las exportaciones de cueros constituyeron el rubro ampliamente preponderante del comercio en la etapa de transición. También surgieron rubros de exportaciones ganaderas como el tasajo y la lana, pero en menor medida que los cueros. 
Las condiciones que facilitaron el desarrollo 
de la ganadería fueron básicamente las siguientes: abundancia de tierras fértiles en la zona pampeana; expansión de la demanda mundial y liberalización del régimen comercial; escasa complejidad de la empresa ganadera y finalmente, la escasa demanda de mano de obra de la producción pecuaria. 
La mejora paulatina de los medios de transporte marítimos y el crecimiento de la demanda de productos ganaderos en Europa y América, abrió nuevos mercados. El incipiente proceso de industrialización de las economías europeas estimuló el comercio mundial de productos tales como los cueros y las lanas. Además, la producción de tasajo para el consumo de la mano de obra esclava de las economías de agricultura tropical, constituyó otro factor de expansión estimulado por la demanda externa. 
Los factores apuntados determinaban una alta productividad del trabajo empleado en la producción pecuaria, que superaba con exceso las necesidades de subsistencia de los productores. La demanda externa creciente permitía obtener altos precios por los productos ganaderos. Los márgenes de ganancia de la actividad ganadera se fueron acrecentando y echando las bases de una de las principales fuentes de la acumulación de capital en el Litoral. Para aprovechar las nuevas oportunidades ofrecidas por el desarrollo pecuario, debían solucionarse dos problemas básicos: la expansión de la frontera y la apropiación territorial, por un lado, y la elevación de la productividad en la producción ganadera por el otro. 

La expansión de la frontera y la apropiación territorial 


A partir de la segunda mitad del siglo XVIII la expansión de las exportaciones de cueros 


llevó inevitablemente a la necesidad de racionalizar la explotación pecuaria. No había ya suficiente hacienda cimarrona para vaquear y la matanza incrementada la había alejado más y más de los centros poblados. 
De este modo, se plantea sistemáticamente, por vez primera, la necesidad de aumentar la extensión de las tierras disponibles. Al mismo tiempo, la formación de unidades de producción, estancias, para criar ganado y la necesidad de ejercer el derecho de propiedad sobre los rebaños, llevó obligadamente a la apropiación privada de la tierra. El proceso de ocupación territorial en la zona pampeana se desenvuelve ininterrumpidamente durante todo el siglo XIX hasta culminar con la campaña de Roca de 1879 y la derrota definitiva del indio. 
La apropiación privada de las tierras fue paralela al proceso de ocupación territorial. La política de distribución de las tierras públicas, particularmente en la provincia de Buenos Aires, llevó a una distribución de la mayor parte de la región pampeana ente reducidos grupos de personas. Hacia mediados del siglo XIX se había consumado el proceso de apropiación privada de las tierras más fértiles y mejor ubicadas de la pampa. 

Capitalización y mejoras técnicas del sector. 


Para consolidar su proceso de desarrollo, el sector pecuario debía introducir las mejoras organizativas y técnicas básicas para elevar su rentabilidad. La mejora organizativa fundamental consistió en la consolidación del sistema de la explotación en una gran propiedad territorial con unidad de administración y empleando trabajo asalariado. La estancia es la primera empresa capitalista en gran escala y expansiva que surge 


en la economía del país. 
La difusión del alambrado constituyó otra mejora técnica de importancia que permitió la elevación de la rentabilidad de la estancia al consolidar los derechos jurídicos de propiedad, permitir al productor un aprovechamiento más racional de las tierras y reducir la necesidad de mano de obra al evitar las pesadas “rondas nocturnas” para vigilar la hacienda en campo abierto. 
La importancia creciente de la producción de tasajo permitió una cierta integración de la economía del sector pecuario mediante la complementación de la cría de hacienda con su industrialización y el abastecimiento de la sal necesaria para el salado. 

VII. El desarrollo del Litoral 


Durante la etapa de transición no se formó aún la economía nacional, porque subsistían las condiciones de aislamiento de las economías regionales y el escaso flujo entre ellas de capitales, mano de obra y productos. 


En esta etapa, pues, el análisis debe distinguir claramente la situación correspondiente al Litoral y al resto de las regiones argentinas. 
La apropiación de los derechos de aduana por Buenos Aires y la intermediación obligada de todo el comercio exterior por su puerto, concentraba en ella los recursos fiscales y los ingresos generados en la actividad comercial. Estas restricciones limitaron el impacto que la expansión ganadera podía ejercer sobre Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes. 

El aumento de la población 


La población de las provincias del Litoral creció sostenidamente durante toda la etapa de transición, particularmente en Buenos Aires, ciudad y campaña. Pese al aumento en el Litoral no debe olvidarse que el mismo fue 


paralelo con la expansión de la frontera, de tal modo que la densidad de población en las tierras efectivamente ocupadas aumentó en mucha menor proporción de lo que podría deducirse. 

Expansión de las exportaciones y evolución de la estructura productiva 


La apertura de los puertos del Río de la Plata en la segunda mitad del siglo XVIII, la liberalización total del intercambio después de la independencia y la expansión ganadera en el Litoral se refleja naturalmente en el aumento de las exportaciones. En toda la etapa de transición se produjo un desplazamiento del origen de las exportaciones desde las regiones del Interior hacia el Litoral y que fue éste el que asimiló la mayor parte de los efectos expansivos del crecimiento del comercio exterior. 


El desarrollo de las actividades destinadas al mercado interno cuando comienza la etapa de transición era insignificante. El consumo, en la medida que superaba los niveles de subsistencia, se satisfacía en gran parte con productos importados. La expansión del ingreso en el Litoral durante la etapa de transición provocó naturalmente una elevación de la demanda efectiva y una mayor diversificación de la misma. El libre cambio se convirtió en la filosofía de los comerciantes y ganaderos y, de hecho, el objetivo económico de la revolución de independencia fue eliminar definitivamente las trabas al comercio que aún subsistían en la reglamentación colonial. Exportaciones libres implicaban importaciones libres. El hecho de que la casi totalidad de artículos manufacturados de cierta complejidad fueran adquiridos en el exterior determinó la ausencia de producción interna de tal tipo de 
bienes. Los sectores que se desarrollaron en la etapa de transición fueron la producción ganadera fuertemente orientada a la exportación, las manufacturas y artesanías atraídas en su localización por la demanda (como la industria de la construcción y los talleres de reparación de vehículos y elementos mecánicos) y ciertos servicios. 
La elevación del nivel de ingresos y la importancia que iban adquiriendo las ocupaciones comerciales y urbanas provocó el crecimiento de la población de las ciudades del Litoral. 

Distribución del ingreso. Acumulación de capital 


El hecho de que el sector pecuario generara alrededor del 30% al 35% del producto del Litoral y que la producción ganadera se realizara básicamente en grandes propiedades, fue el principal factor determinante de la concentración del ingreso en una reducida parte de la población. La actividad comercial estaba también fuertemente concentrada en los círculos vinculados al comercio exterior y esto contribuía a aumentar la participación de los sectores empresarios en el ingreso del Litoral. 


Por otro lado, las depreciaciones del papel moneda registradas después de la independencia, particularmente en la provincia de Buenos Aires, debidas básicamente a los fuertes déficit fiscales y a la emisión de moneda para conjugarlos, contribuyeron a acentuar la concentración del ingreso en los grupos ganaderos y comerciantes. La retribución de los trabajadores del campo y las ciudades crecía en menor proporción que la devaluación del peso y que el nivel general de los precios internos. 
Dada la práctica imposibilidad de desarrollo de actividades manufactureras internas de cierta complejidad 
es probable que la mayor parte del ahorro de los sectores de altos ingresos se haya destinado a financiar la expansión del sector ganadero, del comercio y de las construcciones urbanas, particularmente en Buenos Aires. Los bancos y los sistemas financieros de intermediación se fueron desarrollando en toda la etapa. 
Estos factores sentaron la base incipiente del mercado financiero y de capitales del Litoral, particularmente en la ciudad de Buenos Aires, que habría de desarrollarse más intensamente en la etapa de la economía primaria exportadora. 

El comportamiento del sector público 


Los gastos públicos alcanzaron altos niveles en toda la etapa. No menos del 60% de los gastos totales de los gobiernos del Litoral correspondían a los gastos militares. El resto era prácticamente absorbido por las erogaciones para mantener o expandir la maquinaria administrativa del Estado. 


Por otro lado, los ingresos corrientes de los gobiernos del Litoral provenían en alrededor de un 90% de los derechos de aduana y de puertos. La dependencia casi absoluta de los derechos aplicados sobre el comercio exterior otorgaba una gran inestabilidad a los ingresos públicos. Otras fuentes de recursos, como la colocación de títulos públicos en el exterior y la venta de tierras fiscales fueron de escasa significación. Pero hubo otras dos fuentes significativas de obtención de recursos para el fisco, particularmente el de la provincia de Buenos Aires, que completaban los derechos de aduana y puertos. Ellas fueron la colocación de empréstitos internos y la emisión de papel moneda. Los empréstitos internos adoptaron el carácter de contribuciones forzosas 
aplicadas a los grupos que disponían de recursos en la época, esto es, comerciantes y terratenientes. 
En la medida que la política fiscal tendió a conjugar los déficit con emisión y no con empréstitos internos, se trasladó el peso de la financiación de aquellos sectores de terratenientes y comerciantes a los sectores de ingresos reducidos de la población. Estos últimos realizaron, así, un verdadero ahorro forzado por la caída de sus ingresos reales frente al aumento del nivel de precios. 
El ahorro del sector público fue prácticamente insignificante durante toda la etapa de transición. Los déficit prácticamente permanentes de los fiscos provinciales indicaban su incapacidad de conseguir suficientes fondos para financiar sus gastos corrientes. La escasez del ahorro del sector público determinó la ausencia casi total de obra pública durante toda la etapa, particularmente en inversiones de infraestructura, especialmente la mejora de caminos. 

Limitaciones al desarrollo del Litoral en la etapa 


El proceso de transformación y de crecimiento de la economía del Litoral estuvo limitado en toda la etapa de transición. A tal punto que la región siguió siendo escasamente poblada y las condiciones de vida, particularmente de poblaciones más alejadas de los centros urbanos, continuó siendo muy primitiva. Los principales factores de limitación del desarrollo del Litoral eran básicamente los siguientes. En primer lugar, hasta la primera mitad del siglo XIX no se había consumado la integración y formación del mercado mundial con las características que adquiriría a partir de la segunda mitad del siglo. La 1 revolución industrial 


no había transformado aún en profundidad las estructuras económicas de los países europeos y los sistemas de transporte marítimo no habían recibido el impacto de las mejoras técnicas de la utilización del acero y del vapor en los buques de ultramar, manteniendo los fletes excesivamente altos para la economicidad del transporte de numerosos productos agropecuarios. Tampoco se habían producido aún innovaciones técnicas, como la refrigeración de carnes, que abrirían más tarde horizontes revolucionarios a la producción ganadera. En segunda lugar, 2 no se habían incorporado al país cantidades suficientes de capital y mano de obra como para poblar la región pampeana y aprovechar racionalmente la tierra disponible. La utilización de la tierra en todo el período de la transición fue sumamente precaria y extensiva, el nivel tecnológico de las actividades pecuarias sustancialmente bajo, la producción agrícola limitada a producir para el mercado interno, la población rural muy reducida. 
En la etapa de transición se cristalizó el régimen de propiedad de la tierra que influiría sensiblemente en el desarrollo posterior. El crecimiento del sector agropecuario, que adquiriría un papel dinámico revolucionario de la estructura y del desarrollo del país en la etapa de la economía primaria exportadora, estuvo frecuentemente influido por este hecho. 

VIII. El estancamiento del Interior 

Evolución de la población 

La población de las regiones del Interior creció durante la etapa de transición. Este aumento tuvo origen básicamente en el crecimiento vegetativo   ya que aquéllas no recibieron corrientes inmigratorias. Por el contrario, es 


posible que durante la etapa se haya producido un cierto desplazamiento poblacional del Interior hacia el Litoral como reflejo del desarrollo de éste en contraste con el estancamiento de aquél. 

Estrangulamiento del sector externo 


Durante la etapa de transición las exportaciones realizadas por el puerto de Buenos Aires sufrieron un cambio radical, tanto en cuanto su composición como al origen regional de las mismas. Hacia 1750 las exportaciones estaban compuestas en un 80% por plata del Alto Perú y en un 20% por “productos de la tierra”, esto es, cueros casi en su totalidad. La composición de las exportaciones revela que la gran mayoría de ellas, incluyendo las de plata del Alto Perú, tenían su origen en el Interior. 


La situación se modificó totalmente un siglo más tarde. Las exportaciones de plata habían prácticamente desaparecido por al caída de la producción del Alto Perú y los “productos de la tierra” representaban la totalidad de las exportaciones. Los cueros seguían ocupando un lugar preponderante pero también el tasajo, la lana y el sebo tenían un lugar importante. 
Un hecho fundamental para el desarrollo de las exportaciones del Interior fue la política de libre cambio seguida por la provincia de Buenos Aires desde la independencia. El mercado del Litoral era el único cuya demanda interna crecía al influjo de la expansión de las exportaciones. Pero esta demanda interna se satisfacía fundamentalmente con bienes importados del exterior. El Interior pudo haber recibido por vía indirecta los beneficios de esa expansión de las exportaciones, a través del incremento de sus propias ventas para satisfacer la demanda creciente 
del Litoral. La libertad de imposiciones seguida por Buenos Aires ahogó esta posibilidad y, con ello, toda posibilidad de difundir los impulsos dinámicos generados por la expansión de las exportaciones del Litoral. 
En algunas provincias del Interior ciertas actividades destinadas al comercio interregional subsistieron y aún se consolidaron durante la etapa de transición. Tal fue, por ejemplo, el caso de la producción de azúcar en Tucumán. Por otra parte, en el sureste de la provincia de Córdoba el desarrollo de la ganadería jugó un papel parecido al resto del Litoral. De todos modos, estas excepciones no varían el marco general de estancamiento en que se desenvolvió el sector exportador de las economías del Interior. 

Permanencia de las condiciones del estancamiento 


El estancamiento de las exportaciones del Interior cerró cualquier posibilidad de desarrollo en la etapa de transición. Ausente toda perspectiva de crecimiento dentro de cada frontera regional mediante la aplicación de innovaciones técnicas y el aumento consecuente de la productividad, el ingreso y la demanda efectiva, el estrangulamiento del sector externo impidió la ruptura del estancamiento tradicional. 


La importancia real de la introducción de productos extranjeros en los mercados del Interior era muy limitada porque la capacidad de absorción de productos foráneos por parte de las provincias mediterráneas era muy reducida por su baja capacidad de importar , las tarifas y restricciones aplicadas por los gobiernos provinciales para defender su propia producción y las grandes distancias que elevaban enormemente los precios de los bienes importados 
puestos en los mercados mediterráneos. 
La naturaleza de las economías del Interior no se modificó durante la etapa de transición. La producción de cada región se siguió utilizando dentro de cada mercado interno y una parte sustancial de la población activa continuó ocupada en actividades de subsistencia. 

Incapacidad financiera de los fiscos del Interior 


El papel que los gobiernos de las provincias mediterráneas jugaron en el proceso de desarrollo fue muy limitado durante la etapa. En ausencia de toda actividad expansiva y frente a los bajos niveles de ingresos imperantes, poco era lo que podían hacer los gobiernos para reorientar la utilización de los recursos económicos o impulsar el crecimiento. 


Los ingresos fiscales estaban fuertemente limitados. El bajo nivel de ingresos y de transacciones comerciales impedía que los tributos proporcionaran recaudaciones apreciables. Dada la alta proporción de la población que vivía fuera de la economía del mercado y ocupada en actividades de subsistencia, la posibilidad del gobierno de hacerse de ingresos a través de la emisión de papel moneda era muy limitada. Muy escaso era, en efecto, lo que podía obtenerse por esta vía de comunidades empobrecidas. El gobierno podía hacerse de pesos emitiendo, pero con ellos era muy poco lo que podía comprar en términos de bienes o de sueldos puestos en manos de los servidores públicos. La penuria financiera es historia común de todas las provincias del Interior. 

El creciente desequilibrio interregional 


La independencia creó la “cuestión” de la provincia de Buenos Aires en el seno del país y con ello rompió el equilibrio tradicional 


que existió durante la colonia. La autonomía de la provincia le permitía beneficiarse exclusivamente de su posición privilegiada frente a los mercados de ultramar y del hecho que la zona pampeana húmeda, asiento natural de la producción ganadera, estuviera contenida en su mayor parte dentro de sus límites territoriales. Frente a esta situación la provincia se abrazó firmemente a la defensa de su autonomía bajo la bandera del federalismo. 
La posición de Buenos Aires durante la etapa de la transición se expresó no solamente en la defensa de la política de libre cambio y el uso exclusivo de las rentas de la aduana, sino también en la exclusión de otras provincias del Litoral del libre uso de los ríos para traficar directamente con el exterior. 

Tercera Parte- La economía primaria exportadora (1860-1930) 

IX. El progreso técnico y la integración de la economía mundial 

A partir de 1860 se inaugura una nueva etapa del desarrollo económico argentino. Dos factores concurrentes echan sus bases: la expansión e integración crecientes de la economía mundial y la gran extensión de tierras fértiles, escasamente pobladas, en la zona pampeana. 


La revolución tecnológica inaugurada en Europa a fines del siglo XVIII y la industrialización de los países más avanzados del Viejo Mundo, determinaron, entre otras, la apertura de posibilidades de desarrollo de los territorios aptos para la producción agropecuaria de clima templado. La fértil pradera pampeana se constituyó, así, en un centro natural de atracción de los intereses europeos, particularmente de los británicos. 
Corresponde analizar en primer término, los principales cambios ocurridos 
en la economía mundial a partir de la segunda mitad del siglo XIX. 

Papel dinámico del progreso técnico 


Tanto en Europa como en América hasta fines del siglo XVIII, fue la expansión del comercio y de las actividades exportadoras lo que proporcionó el impulso dinámico fundamental para romper los esquemas económicos de subsistencia, posibilitar la acumulación de capital, diversificar las estructuras económicas y elevar los niveles de ingreso. 


Pero el horizonte económico de la expansión comercial era necesariamente limitado. La expansión comercial, por si sola, no podía llevar a los niveles de productividad y de ingreso más allá de los límites impuestos por el desarrollo tecnológico de la época. 
Era el estancamiento del progreso técnico la barrera infranqueable para el aumento sostenido y generalizado de la productividad del trabajo y el ingreso. El conjunto de innovaciones técnicas que comienzan a surgir a fines del siglo XVIII, conocidas como la “revolución industrial”, iniciaron la ruptura de aquella barrera y abrieron una frontera ilimitada al desarrollo económico. 
El aumento de la productividad y los ingresos generados por la revolución tecnológica determinaron una expansión del mercado dentro de las propias fronteras nacionales de los países en desarrollo. 
Dados los límites que naturalmente tenía la capacidad de consumo de esos sectores de altos ingresos, la variable económica fundamental determinante del nivel de la demanda   era la inversión. Las posibilidades de inversión estaban condicionadas por el crecimiento de la demanda interna de bienes de consumo e inversión y también por la expansión de la demanda 
externa. La ampliación del merado mundial a partir de fines del siglo XVIII, aumentó las oportunidades de inversión en las actividades destinadas a la exportación. 
La acentuada desigualdad en la distribución del ingreso que caracterizó el desarrollo inicial del capitalismo, lejos de ser un factor retardatorio del crecimiento al restringir la demanda interna y consecuentemente las oportunidades de inversión, fue un factor que estimuló el crecimiento al ampliar el ahorro y la disponibilidad de recursos existentes para la acumulación de capital. 
A mayores niveles de ingresos la demanda cambia de composición creciendo la importancia relativa de los artículos manufacturados y los servicios y perdiéndola proporcionalmente la de alimentos y artículos esenciales para la vida. Estos cambios en la composición de la demanda provocan   modificaciones consecuentes en la estructura productiva al orientar proporcionalmente más capital y mano de obra hacia los sectores   en expansión. 
El progreso técnico constituye el elemento dinámico fundamental del desarrollo desde fines del siglo XVIII y reemplaza a la simple ampliación de la frontera geográfica del mercado como factor determinante básico del crecimiento de la productividad. 

Carácter   integrador de la tecnología 


El progreso tecnológico tiene un carácter eminentemente integrador de la actividad económica. El aumento de productividad e ingresos que provoca su penetración creciente en campos especializados de la producción determina una complementación cada vez mayor de los distintos campos de actividad, la expansión de la división del trabajo, la dependencia creciente de unos productos 


con otros. 
El carácter integrador del progreso técnico no se agotó ni se agota dentro de las fronteras nacionales con la interdependencia creciente de los productores y las distintas regiones. Se extiende al ámbito internacional, y la formación del mercado mundial, a parir de la segunda mitad del siglo XIX, es una manifestación de aquel carácter integrador. 
La revolución producida en los barcos de navegación de ultramar en las últimas décadas del siglo XIX posibilitó reducir radicalmente los costos de transporte y acortar las distancias en el tiempo. 

Flujo de capitales, migraciones y expansión comercial. El sistema multilateral de comercio y pagos. 


La integración de la economía mundial se realizó por tres vías principales: el movimiento internacional de capitales, las corrientes migratorias y la expansión del comercio mundial. 

a) Movimiento internacional de capitales: Entre 1874 y 1914 las inversiones extranjeras totales a largo plazo ascendieron de 6 mil millones a 44 mil millones de dólares corrientes. Del aumento registrado entres esos años, 27 mil millones de dólares correspondieron a Inglaterra, Francia y Alemania. 
  La apertura de los mercados europeos a la producción de alimentos y materias primas del exterior fue consecuencia del proceso de industrialización de los países de Europa, la especialización creciente de éstos en la producción manufacturera y la mejora de los medios de navegación de ultramar que rebajaron radicalmente los costos de transporte. Esto abrió a las economías de los países ajenos a la revolución tecnológica grandes posibilidades de inversión en las actividades destinadas a producir 
para los mercados de los países industrializados. Los que más posibilidades ofrecían fueron aquellos de grandes recursos naturales y escasa población. 

b) Migraciones: La gran corriente de emigración de Europa comienza hacia 1830. El principal destino fue los Estados Unidos. Otros países americanos , especialmente Argentina, Canadá y Brasil, recibieron también cantidades sustanciales de emigrantes europeos. Las corrientes migratorias permitieron incorporar a los países de grandes recursos naturales y escasa densidad de población al proceso formativo de la economía mundial. 

c) Comercio mundial: La expansión del comercio mundial completa el cuadro del proceso de integración de la economía mundial durante el período. La composición del comercio mundial sufrió cambios sustanciales.   A partir de la últimas décadas del siglo XIX la diversificación de las estructuras económicas europeas, el desarrollo del ferrocarril, la revolución tecnológica en los navíos de navegación de ultramar y el desarrollo de técnicas de conservación de productos perecederos provocaron un crecimiento vertiginoso de las exportación de productos agropecuarios y minerales. 

d) Sistema multilateral de comercio y pagos: El movimiento internacional de capitales y la expansión del comercio se manifestaron en una multiplicación del flujo de pagos internacionales. Las cuentas internacionales se saldaban en el marco de un amplio sistema multilateral de comercio y pagos. La convertibilidad de monedas y su vinculación con un patrón único de valor, el oro, facilitaban las transacciones y la cancelación de los pagos internacionales. El sistema multilateral de pagos 


comenzó a expandirse desde las últimas décadas del siglo XIX hasta su quiebra como resultado de la crisis mundial de 1929. 

Cauces de la integración económica 


En todo el período Inglaterra jugó un rol fundamental como exportador de capitales y fuente de las corrientes migratorias. Durante el período considerado las inversiones extranjeras británicas fueron reorientadas desde Europa a países no europeos y una parte de las nuevas inversiones en éstos últimos fueron financiados con la liquidación de inversiones británicas en Europa. Inglaterra proporcionó también parte sustancial de la población que emigró hacia los nuevos países. 


Inglaterra registraba un fuerte exceso de importaciones sobre exportaciones, esto es, un déficit en su balanza comercial, que financiaba con los ingresos generales generados por sus inversiones en el exterior y por los servicios comerciales y financieros que prestaba Londres como centro del sistema del comercio multilateral de comercio y pagos. 
El aspecto más importante del proceso integrador de la economía mundial a partir de las últimas décadas del siglo XIX es la incorporación dentro de ella de un grupo numeroso de países en calidad de productores y exportadores de materias primas y alimentos. Los Estados Unidos cumplieron un doble papel en todo el proceso porque habiendo surgido como el principal exportador de alimentos y materias primas, comenzó, como consecuencia de un vigoroso desarrollo industrial, a convertirse en un fuerte exportador de productos manufacturados. 
Las economías industriales buscaron en las economías periféricas fuentes de abastecimiento de alimentos y de materias primas 
condiciones más económicas de las que podían producir internamente u obtenerse en los proveedores tradicionales. También procuraron ampliar sus mercados de colocación de productos industriales penetrando con ellos en los mercados internos de los países de producción primaria. Canalizaron sus capitales hacia estos países en búsqueda de mayores rendimientos y con la finalidad de capacitar a sus economías para cumplir las funciones señaladas en los dos puntos anteriores. 
Las inversiones de capital extranjero cumplieron el papel fundamental de capacitar a los países deudores para cumplir su función de exportadores de alimentos y materias primas mediante el suministro de recursos para el desarrollo de obras de infraestructura; de los mecanismos comerciales y financieros básicos para la movilización de la producción exportable y la distribución de importaciones en el mercado interno y el desarrollo directo de actividades destinadas a la exportación. Este proceso sentó las bases de una división internacional del trabajo. 
En los países industriales el proceso de integración de la economía mundial aceleró la transformación y diversificación de sus estructuras económicas y aumentó el ritmo de desarrollo. La importación de alimentos y materias primas a precios más baratos que los producidos internamente provocó la disminución de la importancia del sector primario dentro de sus economías y el traslado acelerado de la mano de obra hacia actividades industriales. El sector industrial recibió estímulos con el surgimiento de una demanda creciente de productos industriales en los países de producción primaria. En los países de producción primaria 
el proceso integrador de la economía mundial conmovió profundamente sus estructuras económicas y sus ritmos de desarrollo. 
Así como el progreso técnico desencadenó las fuerzas expansivas en las economías europeas, así también el tipo particular de relaciones establecidas bajo la forma específica de división internacional del trabajo resultante, condicionó la futura capacidad de los distintos países para generar y asimilar el progreso técnico. De hecho el hoy llamado “mundo subdesarrollado” está compuesto básicamente por el mismo conjunto de países que hacia la segunda mitad del siglo XIX se incorporó a la economía mundial como productor y exportador de productos primarios e importador de manufacturas. 
En la medida en que el cauce fijado par

la integración mundial propició la especialización en la producción primaria y obstaculizó la diversificación de las estructuras económicas y la industrialización de los países periféricos, se convirtió uno de los factores fundamentales que, después de un primer impulso inicial, frenó el desarrollo de sus economías. 


Ubicación de la Argentina en la economía mundial 


La zona pampeana constituyó uno de los principales centros de atracción del flujo migratorio europeo y del movimiento internacional de capitales. El objetivo y el resultado de este proceso fueron el vigoroso aumento de las exportaciones argentinas y la ubicación del país en un lugar destacado en la economía mundial, tanto por el volumen de su comercio exterior como por la magnitud de los capitales extranjeros invertidos en él. 


X. Factores condicionantes y expansión agropecuaria. 

Los factores condicionantes. 

La 
incorporación de la economía argentina al expansivo mercado mundial a partir de mediados del siglo XIX se efectuó sobre la base de la expansión de las exportaciones de productos agropecuarios. La expansión de las exportaciones y de la capacidad de pagos sentó el basamento de un complejo sistema de relaciones económicas y financieras del país con el exterior. 


El incremento de las exportaciones fue posible por dos motivos. El primero fue la fuerte expansión de la demanda mundial de productos agropecuarios. El segundo, que el país disponía de enormes extensiones de tierras fértiles en su zona pampeana no explotadas. Pero estos factores no bastaban para posibilitar la expansión de la producción agropecuaria y el consecuente aumento de las exportaciones. La escasez de mano de obra impedía el aumento de la producción y de las exportaciones agropecuarias. Por otro lado, los medios de transporte terrestres continuaban siendo prácticamente los mismos de la colonia. Finalmente, la separación de la provincia de Buenos Aires de la Confederación y la guerra civil, creaba un clima de inestabilidad política que obstaculizaba seriamente el poblamiento de la zona pampeana, el trazado de ferrocarriles, la entrada de capitales del exterior, en fin, el funcionamiento mismo del sistema. 

Inmigración y ferrocarriles 


La solución a la escasez de mano de obra se encontró en la incorporación de fuertes contingentes migratorios del exterior. Bajo el fuerte estímulo de la incorporación de inmigrantes, la población rural de la región pasó de aproximadamente 600 mil habitantes en 1869 a 1.300.000 en 1895 y 1.900.000 en 1914, cuando culmina 


el proceso migratorio y el desarrollo de la etapa. Dicho aumento conjuntamente te con las mejoras técnicas y la mecanización introducida en las explotaciones, permitió la fuerte expansión de la producción rural registrada en la etapa. 
El ferrocarril fue la respuesta al problema de transporte, rebajando radicalmente los fletes y posibilitando, con su sola presencia, la puesta en producción de las tierras más alejadas   de los puertos de embarque y de los centros de consumo. En 1857 existían solamente 10 km de vías férreas en el país, cuando concluye la etapa, en 1930, la extensión de la red ferroviaria ascendía a 38.634 km. La financiación de las inversiones en ferrocarriles se realizó fundamentalmente con capital extranjero. 

La organización nacional 


El régimen de autonomías provinciales anterior a la caída de Rosas y el posterior enfrentamiento ente la provincia de Buenos Aires y la Confederación, impedía el establecimiento de un clima de estabilidad institucional. Administrativa y política, indispensable para el desenvolvimiento de la nueva etapa. La reincorporación de la provincia de Buenos Aires a la Unión Nacional en 1861 y la elección de Mitre como presidente del país unificado en 1862, consuma, en el plano institucional, el último d los requisitos básicos para el funcionamiento de la economía primaria exportadora. 



a) Régimen presupuestario: Hasta la caída de Rosas cada provincia tenía su propio presupuesto. Producida la separación de Buenos Aires de la Confederación, la provincia siguió con su régimen financiero y la Confederación estableció los primeros presupuestos nacionales. Pero, naturalmente, el problema 
fundamental era la fuente de recursos. La aduana de Buenos Aires aportaba no menos del 80% al 90% de todos los recursos públicos consolidados. Como consecuencia lógica, había que nacionalizar la aduana de Buenos Aires. Esto tuvo lugar en el año 1862 durante el régimen presidencial de Mitre. La nacionalización de las recaudaciones de aduana y el establecimiento del primer presupuesto nacional efectivo sentaron las bases de un fisco cuyos recursos se irían expandiendo al compás del aumento del comercio exterior y el desarrollo general del país. El establecimiento del presupuesto nacional y la nacionalización de la aduana permitieron expandir vigorosamente los gastos totales del sector público y apelar, sobre la base de fuerte respaldo de las recaudaciones de aduana, al ahorro externo. 
b) Sistema monetario: No bastaba la existencia de un presupuesto nacional para crear las condiciones totalmente satisfactorias para la entrada de capital extranjero. Era necesario, además, establecer un sistema monetario que permitiese condiciones de estabilidad para el valor de la moneda nacional y asegurase el puntual cumplimiento de los compromisos exteriores del sector público. Después de 1862, la facultad de emitir papel moneda de los bancos llevó frecuentemente a la expansión monetaria para financiar los déficit fiscales. La expansión monetaria se produjo en condiciones de contracción del comercio exterior y de reducción de las fuentes normales de recursos, especialmente las recaudaciones de la aduana. El aumento del dinero en circulación llevaba a una fuerte depreciación del peso que encarecía las compras de oro que el gobierno debía realizar 
para pagar los intereses y amortizaciones de su deuda externa. Conforme a la teoría dominante era necesario vincular estrechamente el circulante interno a las disponibilidades de oro y emitir solamente como contrapartida de depósitos del metal. La convertibilidad del oro en pesos y del peso en oro por un solo instituto emisor, aseguraba la estabilidad del tipo de cambio y evitaba la creación de dinero. Recién en 1899, con la creación de la Caja de Conversión, la centralización en la misma de la facultad de emitir y el establecimiento de la convertibilidad se sentaron las bases monetarias para el funcionamiento adecuado del sistema. 
  La organización política e institucional del país proporcionó, pues las garantías necesarias para la entrada de capitales e inmigrantes del exterior y posibilitó la adopción de una política económica que facilitó las fuerzas de la integración de la economía argentina en el mercado mundial dentro de los moldes de una economía primaria exportadora. 
El régimen de tenencia de la tierra 

La intensidad del desarrollo del sector rural y la conformación social resultante del mismo, estuvieron fuertemente condicionadas por el régimen de tenencia de la tierra heredado de la etapa de transición. El proceso de expansión de la frontera durante el siglo XIX fue acompañado por la apropiación de grandes extensiones de tierras en pocas manos. Este hecho obstaculizó el acceso a la propiedad de la tierra de los trabajadores rurales que se incorporaban a la expansiva economía agropecuaria de la región pampeana y dio origen a la característica institucional básica de la misma: la explotación de una 


parte sustancial de la superficie disponible por arrendatarios y de otra parte también significativa en grandes unidades productivas. 
El elevado grado de concentración de la propiedad territorial y de difusión del sistema de arrendamiento se refleja naturalmente en la estructura social del sector agropecuario. Las características del régimen de tenencia disminuyeron las posibilidades de crecimiento de la producción rural. Por un lado, porque la falta de acceso a la tierra redujo la capacidad del campo de absorber las corrientes migratorias del exterior. Por otro lado, la capacidad de capitalización del sector se vio limitada por la falta de interés de los arrendatarios en realizar inversiones fijas permanentes en tierras que no les pertenecían y por la alta inclinación de los grandes propietarios a destinar una proporción de su ingreso al consumo de tipo suntuario y a realizar inversiones fuera del sector. 
La concentración de la propiedad territorial en pocas manos aglutinó la fuerza representativa del sector rural en un grupo social que ejerció, consecuentemente, una poderosa influencia en la vida nacional. 

Expansión agropecuaria 


Bajo el influjo de condiciones excepcionalmente favorables para el desarrollo agropecuario, se fue ampliando rápidamente la cantidad de las tierras de la región pampeana puestas en producción. La expansión de la superficie explotada acompaña durante todo el período el crecimiento de la producción y de las exportaciones agropecuarias. 


El hecho más notable de la expansión de la producción rural desde la década de 1870 hasta la primera década del siglo XX, radica en la fuerte expansión de la 
producción agrícola, fundamentalmente cereales y lino. Dentro de las exportaciones de productos ganaderos también se produjeron cambios sensibles en todo el período. Los más notables se refirieron al aumento de las exportaciones de lana, primero y, hacia fines del siglo XIX, la vigorosa expansión de las carnes, al introducirse el frigorífico y la exportación de carnes enfriadas, fundamentalmente al Reino Unido. 
En la ganadería la zanja primitiva para demarcar los límites de la estancia y el pozo y la aguada natural comienzan a ser reemplazadas por el alambrado, los molinos de viento y el tanque australiano. Por otro lado la introducción de reproductores importados permitió un rápido mejoramiento de la calidad de las haciendas y las prácticas organizativas de la producción pecuaria fueron mejoradas en muchos establecimientos   por la incorporación de personal especializado provenientes del Reino Unido y Escocia. 
En las actividades agrícolas la introducción de semillas importadas y la importación de maquinaria fueron los principales estímulos a la mejora de la productividad agrícola. 

XI. Estructura y dinámica del sistema 

Exportaciones y endeudamiento externo 

a) Exportaciones: Tanto el volumen como el precio de los productos rurales exportados por Argentina estaban condicionados por el nivel de la demanda externa y éste, a su vez, por el de la actividad económica de los países industrializados que absorbían la mayor parte de los productos agropecuarios comercializados en el mercado mundial. Merece recordarse que la fluctuación de los precios de los productos primarios fue, y sigue siendo, más fuerte que la de los productos 


industriales. De esta manera, la caída   o aumento del volumen de las exportaciones de alimentos y materias primas ha sido generalmente acompañada por el empeoramiento o mejora, respectivamente, de los términos de intercambio de tales productos por bienes industriales. El volumen, los precios y el poder de compra de las exportaciones argentinas estuvieron en toda la etapa condicionados básicamente por la fase del ciclo económico por el cual atravesaban los países industrializados importadores de los productos del país. 
b) Endeudamiento externo: Desde la segunda mitad del siglo XIX, Argentina recibió una proporción importante del flujo de capitales exportados por los países industrializados , particularmente Inglaterra, hacia las áreas en desarrollo. El capital extranjero radicado en el país producía intereses y utilidades que, juntamente con las amortizaciones del mismo, se remitían al exterior en concepto de servicios de ese capital. La magnitud del endeudamiento externo determinaba que estos servicios representaran una proporción elevada del oro y divisas generadas por las exportaciones argentinas. Por otra parte, la composición del endeudamiento externo del país otorgaba una elevada rigidez a los servicios del capital extranjero. Los intereses y amortizaciones de la deuda pública eran fijos independientemente de la evolución de la economía del país y de los ingresos fiscales. Las garantías de rendimiento mínimo otorgadas a ciertas inversiones extranjeras, particularmente en ferrocarriles, creaba compromisos adicionales al fisco cuando las ganancias generadas por las empresas extranjeras garantizadas no alcanzaban a cubrir 
los rendimientos mínimos. 
      En la práctica, el oro y las divisas necesarias para pagar los servicios del capital extranjero fueron proporcionados no solamente por los recursos generados por las exportaciones del país sino también por nuevas radicaciones de capital extranjero. La importancia de la entrada de nuevas inversiones del exterior fue fundamental en toda la etapa porque, en ausencia de ellas, la incidencia de los servicios del capital extranjero sobre las disponibilidades de oro y divisas del país y sobre los ingresos fiscales era tan alta que provocaba invariablemente una situación crítica en el balance de pagos y en las finanzas públicas. 
      El nivel de actividad económica en los países industrializados condicionaba simultáneamente los principales factores del desenvolvimiento económico de Argentina: las exportaciones y la radicación de capitales extranjeros. 

La vulnerabilidad exterior 


La vulnerabilidad exterior de la economía argentina operaba en tres planos interdependientes: el nivel de ocupación e ingresos internos, el balance de pagos y las finanzas públicas. 



c) Nivel de ocupación e ingreso internos: En el sector agropecuario estaba ocupado alrededor del 35% de la fuerza de trabajo y el 25% del capital existente. Los salarios, arrendamientos, utilidades e intereses estaban directamente condicionados por el valor de las exportaciones. Pero la expansión de las exportaciones no sólo repercutía en el nivel de ocupación y de ingresos de los factores de la producción   ocupados en el sector agropecuario. Ella determinaba también el proceso de crecimiento del conjunto de la economía nacional mediante 
la movilización del mecanismo multiplicador del ingreso interno. El aumento del valor de las exportaciones colocaba mayores ingresos en manos de los trabajadores y empresarios rurales. Estos ingresos se gastaban, en parte, en importar bienes del exterior y el resto en adquirir bienes de consumo e inversión en el mercado interno. La proporción del ingreso gastado dentro del país generaba ocupación de mano de obra y de capitales en los sectores de actividad destinados a producir para satisfacer la creciente demanda interna. 
  La contracción de las exportaciones determinaba una disminución de los ingresos de los productores agropecuarios y la reducción tanto de sus compras en el exterior como del gasto realizado en la compra de bienes y servicios producidos internamente. Esto provocaba la desocupación de capitales y mano de obra en lo sectores destinados a producir para el mercado interno y la consecuente reducción de los ingresos y el gasto de estos sectores. 
  Las entradas de capital extranjero tenían tres destinos principales: la financiación de importaciones de maquinaria y equipo para proyectos de inversión, el pago de gastos locales vinculados a proyectos de inversión y la compra de títulos públicos que el gobierno a su vez destinaba para financiar gastos corrientes, pero preferentemente inversiones públicas. 
  La proporción del producto bruto dedicada a la acumulación de capital, o sea el coeficiente de capitalización, sufrió fuertes fluctuaciones en toda la etapa. El promedio para los treinta años considerados fu del 32%. En esos treinta años pueden distinguirse dos períodos: el primero que corre de 1900 a 1914 
en el cual las inversiones netas del exterior superan las utilidades e intereses del capital extranjero existente en el país. La segunda de 1915 a 1929 en que las utilidades e intereses son sensiblemente superiores a las inversiones netas del exterior. 
  Como determinante básico del monto de inversiones, el endeudamiento   externo del país jugó un papel muy importante en toda la etapa en la determinación del nivel de ocupación en ingresos internos. 
d) Balance de pagos: las importaciones tendían a ajustarse a las disponibilidades de divisas generadas por las exportaciones. La expansión de las exportaciones tendía a incrementar la demanda de importaciones y viceversa. 
  Salvo en situaciones extremas, como en la crisis de 1890, la gravedad del desequilibrio no llegaba a paralizar el funcionamiento del sistema y obligar a la suspensión de los pagos de los servicios del capital extranjero. De todos modos, en toda la etapa de la economía primaria exportadora, el balance de pagos estuvo fuertemente sujeto a este tipo de desequilibrios. 
e) Finanzas Públicas: Los gobiernos de la Nación y de varias provincias recurrieron en gran escala al crédito externo colocando sus papeles públicos en los mercados financieros internacionales. La deuda pública externa representó aproximadamente entre 2 y 4 veces el monto de los ingresos fiscales corrientes. 
  La contratación de nuevos empréstitos permitía afrontar con más facilidad el pago de los servicios de la deuda pública y sumando los ingresos fiscales corrientes y los nuevos recursos obtenidos con los empréstitos, los servicios absorbieron, como promedio en la etapa, alrededor del 20% de esos 
recursos totales. 

Los mecanismos de compensación 



Pueden distinguirse dos tipos de mecanismos de compensación a los desequilibrios del sistema de la economía primaria de exportación. El primero, referido a la demanda mundial de productos agropecuarios y al flujo internacional de capitales a largo plazo, esto es, factores exógenos al sistema mismo. El segundo, vinculado a la propia dinámica interna del sistema, o sea, un mecanismo endógeno. 
El nivel de exportaciones estaba condicionado por el nivel de la demanda mundial de productos agropecuarios. En el largo plazo, el crecimiento de la producción rural de la región pampeana y de las exportaciones fue posible por el crecimiento sostenido de la demanda mundial. En el corto plazo, los volúmenes exportados y los precios obtenidos estaban condicionados por la fase del ciclo económico porque atravesaban los países industrializados y su efecto sobre sus importaciones de productos primarios. En cuanto al flujo de capitales extranjeros, estaba condicionado, en el largo plazo, por el crecimiento de las economías industrializadas y la capacidad de las economías de producción primaria de expandir las exportaciones y, en el corto plazo, por la fase del ciclo económico por que atravesaban los países industrializados con sus consiguientes repercusiones en todos los países integrados al mercado mundial. En la Argentina las exportaciones y la entrada de inversiones extranjeras fluctuaron en toda la etapa. El aumento de las exportaciones y la entrada de nuevas inversiones del exterior expandían el nivel de ocupación e ingresos internos. La caída de las exportaciones y la reducción 
o inversión del flujo de capitales extranjeros, contraía el nivel de ocupación e ingresos y creaba situaciones críticas en el balance de pagos y las finanzas públicas. El mecanismo básico de ajuste que invertía una tendencia depresiva o expansiva estaba dado desde el exterior. 
Conviene distinguir en el comportamiento del sistema dos tipos de situaciones. La primera vinculada a la vigencia del patrón oro, la segunda al del papel moneda inconvertible. El patrón rigió durante casi treinta de los sesenta años de la etapa y el papel monedad inconvertible los cuarenta restantes. Cuando regía el patrón oro, el papel moneda era convertible en oro y viceversa, la cantidad circulante estaba vinculada a la existencia de oro y divisas convertibles. Teóricamente el patrón oro proporcionaba un mecanismo automático de ajuste que permitía estabilizar el balance de pagos y el nivel de precios internos. Cuando el país tenía un superávit en sus transacciones con el exterior se producía una entrada neta de oro y divisas convertibles lo que elevaba automáticamente la cantidad de dinero en circulación. El superávit del balance de pagos indicaba que los productores agropecuarios tenían altos ingresos, que su gasto interno crecía y expandía la ocupación y los ingresos de los sectores destinados a producir para el mercado local. Esta situación provocaba una demanda creciente de mano de obra que tendía a elevar el nivel de salarios   y, consecuentemente, el nivel general de precios. Las exportaciones y los productos destinados al consumo interno se encarecían y esto tendía a desalentar las exportaciones y a estimular las importaciones. Se producía, de este 
modo, una contracción y eventual desaparición del superávit en las transacciones con el exterior, que reducía los medios de pago y el nivel de ocupación y actividad interna. Los salarios y el nivel general de precios disminuían en consecuencia y se restablecía el equilibrio del sistema. En la práctica el mecanismo de ajuste bajo el patrón oro no operaba como suponía la teoría. La razón radica en que el nivel de las exportaciones no dependía básicamente de los precios argentinos sino de la situación de la demanda mundial. El encarecimiento de las exportaciones argentinas no disminuía sus posibilidades de colocación en el mercado mundial. En cuanto al comportamiento de las importaciones, el aumento de los ingresos y del nivel de precios en la Argentina efectivamente las estimulaba, introduciendo un efecto compensador. El mismo efecto compensador se producía cuando la caída del nivel de precios y de los ingresos internos reducía las importaciones. 
El mecanismo de ajuste bajo el patrón oro tropezaba con otro tipo de dificultades. El endeudamiento externo del país aumentaba la repercusión del efecto de los cambios producidos en las exportaciones. Cuando las exportaciones crecían también lo hacía el flujo de capitales extranjeros elevando el efecto expansivo sobre el nivel de la actividad e ingresos internos. 
Veamos ahora el comportamiento del sistema bajo el régimen del papel moneda inconvertible. Bajo este régimen, la cantidad de medios de pagos no estaba condicionada por la existencia de oro y divisas. El papel moneda era inconvertible en oro y el sistema bancario podía emitir contra la entrega de papeles públicos o documentos comerciales. 
Los períodos de inconvertibilidad se caracterizaron por la depreciación del peso en términos de oro. La depreciación del peso papel tenía una profunda incidencia sobre los precios de los distintos bienes producidos en el país y sobre el nivel de salarios. La depreciación del peso abarataba las exportaciones en términos de oro y de divisas convertibles pero este hecho, del mismo modo que bajo el patrón oro, no estimulaba las exportaciones argentinas que dependían de la situación del mercado mundial. La depreciación del peso y el encarecimiento de las importaciones era la consecuencia natural de este proceso y ello tendía a ajustar la demanda de importaciones a la efectiva capacidad de importar del país. La depreciación del papel moneda tenía otros efectos importantes sobre el desenvolvimiento de la economía nacional. Mientras los servicios de la deuda pública debían pagarse en oro o divisas convertibles los ingresos fiscales estaban compuestos por pesos papel depreciados con respecto al oro. Esto encarecía el costo en peso papel de los servicios de la deuda pública complicando la situación financiera del fisco en momentos en que, como normalmente ocurría, la contracción de las exportaciones, de las importaciones y del nivel de actividad económica interna empujaba a la baja los ingresos fiscales. Este problema era en si mismo un nuevo factor de expansión monetaria ya que el gobierno recurría a los institutos emisores para hacerse de pesos contra entrega de títulos públicos, lo que aumentaba la depreciación del peso. 
En última instancia, bajo el régimen de papel moneda inconvertible, el mecanismo efectivo de ajuste de un 
desequilibrio dependía, tanto como bajo el régimen de patrón oro, de los factores externos. La depreciación del peso pudo haber estimulado la sustitución de importaciones. En la práctica, sin embargo, este estímulo fue muy transitorio y errático ya que la recuperación de las exportaciones y la entrada de nuevos capitales del exterior tendían   inmediatamente a valorizar el peso y a abaratar las importaciones. Por otra parte, la ausencia de una política sistemática de protección al desarrollo industrial impedía la apertura de oportunidades de inversión con posibilidades promisorias y permanentes en los sectores destinados a la producción de bienes que competían con los productos importados. 

La distribución del ingreso 

En la etapa de la economía primaria exportadora, el elemento condicionante fundamental de la distribución del ingreso entre los distintos sectores sociales participantes en el proceso productivo fue la concentración de la propiedad de la tierra de la zona pampeana en pocas manos. Aunque en menor medida, la concentración del capital invertido en la industria también influyó. Puede estimarse que alrededor del 70% del ingreso bruto del sector agropecuario se concentraba en no más del 5% de la población activa ocupada en el sector. 
La concentración de la propiedad territorial fue, pues, el principal factor condicionante del nivel de remuneraciones del trabajo en las actividades agropecuarias y urbanas y de la participación de los trabajadores en el ingreso neto. Esa causa básica fue reforzada por hechos complementarios que agudizaron la desigualdad de la distribución del ingreso: las fluctuaciones del tipo 
de cambio, la debilidad de las organizaciones de trabajadores rurales y urbanos y la política fiscal. 
La inestabilidad del valor del peso se reflejaba en el nivel de precios internos y, consecuentemente en los salarios reales de los trabajadores. Los salarios rurales crecían en menor proporción que la depreciación del peso y que los precios de los productos agropecuarios, lo cual, obviamente, aumentaba los márgenes de ganancia de los empresarios rurales y disminuía la participación de los trabajadores agrícolas en el ingreso del sector. En cuanto a las ocupaciones urbanas, el impacto de la depreciación sobre los salarios era aún mayor que en el caso de los trabajadores agrícolas. 
Los períodos de valorización del peso con respecto al oro fueron menos frecuentes que los de depreciación pero también producían su efecto en la distribución del ingreso.   Las entradas de los exportadores en moneda nacional disminuían porque la misma cantidad de divisas y oro les proporcionaban menor cantidad de pesos. Los salarios de los trabajadores rurales y urbanos mejoraban consecuentemente por el mayor poder adquisitivo de sus ingresos monetarios. 
Otro factor que concurría a reducir la participación de los trabajadores urbanos y rurales en el ingreso nacional radicaba en la debilidad de sus organizaciones sindicales. 
Finalmente, la estructura de los ingresos fiscales agravaba la desigualdad en la distribución del ingreso. En casi toda la etapa los impuestos indirectos, que recaían fundamentalmente sobre la gran masa consumidora, representaba entre el 70% y el 80% de los ingresos corrientes de los fiscos. Dentro de la estructura de gastos de los 
gobiernos nacional y provinciales, los servicios, como educación y salud pública que beneficiaban básicamente a los sectores populares, no llegaban a compensar el carácter regresivo del sistema impositivo. 

La estructura productiva 


La estructura ocupacional de la población no se modificó sustancialmente entre 1900 y 1930 y hacia este último año las actividades industriales absorbían alrededor del 26% de la población activa, los servicios el 38%, y la actividad agropecuaria el 36% restante. Las causas de esta relativa diversificación de la estructura ocupacional obedecen a la elevada producción por hombre ocupado en el sector agropecuario y la concentración de la propiedad territorial. La característica básica del sector rural consistía en un aprovechamiento extensivo de la tierra disponible y de una relativamente alta cantidad de capital por hombre ocupado en la agricultura. 


Por otro lado, el régimen de tenencia de la tierra impidió una expansión más acelerada de la producción agropecuaria mediante la incorporación de una mayor proporción de población a las actividades rurales y la constitución de una poderosa clase de medianos propietarios en condiciones de aprovechar la mecanización y la tecnología modernas. 
La estructura productiva difería sustancialmente de la composición de la demanda. Este hecho gravitaba tanto en la cantidad de mano de obra absorbida por el sector manufacturero destinado a la satisfacción de consumo interno   y en el tipo de industrias que componían el sector fabril de la economía nacional. La industria nacional satisfacía sólo aquella parte de la demanda interna representada por los artículos 
de consumo de menor grado de elaboración o por bienes de capital cuya producción, como la industria de materiales de construcción, está fuertemente atraída en su localización por el mercado. Las industrias de transformación de productos agropecuarios para la exportación, como los frigoríficos, ocupaban también un lugar importante dentro del sector manufacturero. 
La ausencia de una política de fomento de sectores determinados de la actividad manufacturera limitaron el desarrollo industrial del país a las industrias de menor densidad de capital y complejidad técnica. 
La desigualdad en la distribución de ingreso gravitó en el aumento de las importaciones de bienes de consumo e inversión suntuaria y desalentó el desarrollo de actividades orientadas hacia el mercado interno. 

Crecimiento y dependencia del sistema 


El crecimiento de la economía primaria exportadora fue relativamente acelerado. La población también creció intensamente. EL desarrollo no fue uniforme en toda la etapa. La tendencia general es al crecimiento sostenido de la población, la producción y el capital existente pero ciertos períodos fueron de crecimiento más intenso y otros más lentos. Estos distintos ritmos de crecimiento estuvieron directamente vinculados a la evolución de la economía mundial y al volumen y expansión de la demanda internacional de los productos agropecuarios producidos en el país. 


Pese a los factores que redujeron la capacidad expansiva del sistema, como el régimen de tenencia de la tierra heredado de la etapa de transición, su desarrollo puede considerarse intenso. Este desarrollo dependía, sin embargo, del aumento permanente de la 
superficie explotada, de la expansión continuada de las exportaciones y del arribo de nuevas inversiones extranjeras. Sin embargo, el carácter endeble y dependiente de las bases últimas del crecimiento económico salta a la vista. Si desaparecía el efecto estimulante de los factores externos o se acababa la frontera productiva de la zona pampeana por la explotación de todas las tierras disponibles, el sistema debía entrar en crisis. Así ocurrió a partir de 1930, inaugurando una nueva etapa del desarrollo económico del país. 

XII. Quiebra del equilibrio interregional 

Evolución de la población 

La causa principal de los diferentes ritmos de crecimiento poblacional obedece a la concentración en el Litoral del 90% de las corrientes migratorias entradas al país a partir de mediados del siglo XIX. Las viejas zonas del Interior, asiento de los principales núcleos de población y de actividad económica en la etapa de las economías regionales de subsistencia y que aún conservaban posiciones dominantes en la etapa de transición, fueron perdiendo importancia relativa. 


Paralelamente al proceso de crecimiento de la población del país de su concentración en el Litoral, se produjo un aumento acelerado de la población urbana. El proceso de urbanización se concentró fundamentalmente en las ciudades del Litoral y en particular en Buenos Aires, debido a la existencia de fuentes de trabajo en las manufacturas y los servicios y la disponibilidad relativa de servicios sociales básicos como vivienda, educación y salud pública. La alta productividad por hombre ocupado en la agricultura y la concentración de la propiedad territorial son los 
principales elementos condicionantes del proceso de urbanización. 

Ruptura del antiguo equilibrio. 


La vigorosa expansión de la producción agropecuaria exportable y su concentración en la zona pampeana, la política de libre cambio de las autoridades nacionales y, finalmente, el vertiginoso desarrollo de los ferrocarriles y la formación del mercado nacional, sellaron definitivamente la suerte del Interior y lo convirtieron en zona periférica y dependiente del centro dinámico, el Litoral. Se consumaba así el proceso iniciado en la etapa de transición. 


Es recién a partir de la segunda mitad del siglo XIX bajo el efecto de la mejora vertiginosa de los medios de navegación de ultramar, del ferrocarril y de la integración del mercado mundial que Argentina recibe el pleno impacto de los factores externos actuando masivamente sobre su desarrollo económico. Mientras las zonas tradicionales del Interior permanecen ajenas a esas influencias, la región pampeana se puebla, se ponen sus tierras en pie de producción y comienza a generar volúmenes crecientes y diversificados de saldos agropecuarios exportables. 
La política de libre cambio seguida por las autoridades nacionales a partir de la organización del país, influyó decididamente en las posibilidades de desarrollo del Interior. Es claro que no se trataba de impedir las importaciones sino de seguir una política selectiva con vistas a proteger el desarrollo de las actividades domésticas que hubieran permitido la integración y diversificación paulatina de la economía nacional. La política de libertad de importaciones determinó la exclusión del Interior de los efectos dinámicos de 
la expansión de las exportaciones agropecuarias de la zona pampeana. 
La formación del mercado nacional consumó la subordinación del Interior al tiempo que abrió algunas posibilidades de desarrollo en algunas provincias. La red ferroviaria vinculó a todas las zonas del Interior con Buenos Aires y los puertos del Litoral. Por primera vez en la historia del país la distancia desaparecía como barrera de protección de las economías regionales. Los productos importados llegaban ahora fácilmente al Interior y esta competencia fue mortal para las precarias zonas industriales locales. La orientación de los ferrocarriles de las zonas periféricas al centro dinámico del Litoral, mantuvo las dificultades del acceso de las regiones del interior entre sí, ahogando aun más al comercio interregional. El ferrocarril provocó la desarticulación definitiva de las viejas economías cerradas y autosuficientes. Pero, al mismo tiempo abrió en algunas de ellas posibilidades de desarrollo que provocaron el surgimiento de actividades expansivas y destinadas a la satisfacción de la demanda interna que ahora era, auténticamente, la demanda nacional. Este es el caso del desarrollo de la caña de azúcar en Tucumán y Jujuy, de los viñedos en Cuyo, de la producción de frutas en el Alto Valle del Río Negro, del algodón en Chaco y Formosa y de la yerba mate en Misiones. 
Las economías regionales se especializan y su eficiencia aumenta al integrarse en el mercado nacional y abordar empresas de alta productividad. Pero en varias provincias, como La Rioja, Salta y Santiago del Estero, en que no se produce un desarrollo semejante, el proceso de pérdida de importancia relativa 
dentro de la economía nacional se acelera, el retorno a las actividades de subsistencia se incrementa y los niveles de ingreso por habitante alcanzan los índices más bajos dentro del conjunto del país. 
La etapa de la economía primaria exportadora deja una huella profunda en la distribución geográfica de la población y de la actividad productiva del país. EL Interior se convierte decididamente en la periferia dependiente del centro dinámico del Litoral quebrando así el viejo federalismo económico de las economías regionales de subsistencia. 

Subordinación del Interior 


El debilitamiento relativo creciente de las economías del Interior agravó la situación financiera de los fiscos provinciales que fueron dependiendo en medida   creciente de los subsidios del Gobierno de la Nación. 


El viejo federalismo económico de las etapas de la economía primaria de subsistencia y de transición, debía reemplazarse por la formación del mercado nacional y la articulación de una política de desarrollo integrado de la economía argentina. En esta alternativa sigue aún el país después de haber andado durante más de 40 años la etapa de la economía semiindustrial dependiente. 

II PARCIAL 

Cuarta Parte – La economía semiindustrial dependiente (1930-       ) 

XIII. La economía mundial a partir de 1930 


Hacia 1930 concluye la etapa de la economía primaria exportadora. Convergen en esa época dos factores de origen interno y la transformación radical del contexto externo que encuadró el desarrollo del país desde mediados del siglo XIX. 


En el plano interno, la ocupación total de las tierras dentro de la frontera pampeana ponía 
término al proceso tradicional de crecimiento de la producción rural destinada a la exportación. La producción exportable pasó a depender de los rendimientos por hectárea, esto es, del cambio tecnológico y la mecanización de las explotaciones rurales. 
Por otro lado, el tamaño y la complejidad de la economía argentina imponían la integración creciente de la actividad productiva a través del desarrollo industrial. 
En el plano internacional, la pérdida de dinamismo en la demanda de productos primarios, alteró radicalmente el papel que la economía internacional había jugado, desde mediados del siglo XIX, en el desarrollo argentino. 
Este conjunto de circunstancias, determinó la pérdida del rol hegemónico del sector agropecuario de la región pampeana como actividad promotora del desarrollo del conjunto de la economía nacional. 

La gran depresión y la Segunda Guerra Mundial 


La depresión mundial de 1929 comenzó como tradicionalmente había ocurrido con las crisis del sistema. La contracción de la producción, de los ingresos y de los niveles de ocupación en los países industrializados provocó la disminución de sus importaciones y, a través de esto, del volumen del comercio internacional. La profundidad y prolongación de la crisis de 1929 llevó a los países industrializados a adoptar una larga serie de medidas proteccionistas: la formación de bloques, la formalización de acuerdos bilaterales y el abandono de los cauces multilaterales del comercio, la devaluación de las monedas y el abandono del patrón oro, la adopción de controles de cambio, el establecimiento de cuotas de importación y la adopción de tarifas sustancialmente mayores 


que las imperantes antes de la crisis. El volumen de las exportaciones mundiales cayó en 25% entre 1929 y 1933 y los precios en más de 30%. 
Después de los puntos más bajos de la depresión, en 1932 y 1933, comenzó una lenta recuperación. 
El movimiento internacional de capitales también fue fuertemente afectado por la crisis. Ésta no sólo detuvo su flujo tradicional, sino que, además, los países exportadores de capital comenzaron a recuperar parte de las inversiones radicadas en el exterior, provocando un trastrocamiento del sentido de la corriente internacional de capitales. 
El comportamiento posterior a 1929 del comercio internacional y del flujo de capitales afectó particularmente a los países especializados en la producción y exportación de productos primarios. La caída del volumen físico de las exportaciones fue agravada por el empeoramiento de la relación de intercambio entre los productos primarios y los industriales. Al mismo tiempo, el flujo de capitales internacionales hacia los países deudores especializados en la producción primaria, quedó fuertemente alterado después de la crisis. El debilitamiento de la posición externa de los países de producción primaria aumentó sensiblemente la incidencia de los servicios de la deuda. Simultáneamente se registra, durante la década de 1930, un cambio radical en la orientación de las inversiones extranjeras. En los 70 u 80 años anteriores a la crisis las inversiones a largo plazo en los países de producción primaria se orientó hacia la compra de títulos públicos   hacia las inversiones directas en ferrocarriles   y otras obras de infraestructura. A partir de la crisis, en cambio, 
las inversiones en estos campos prácticamente desaparecieron. Ello obedeció a las crecientes dificultades financieras   de los gobiernos de los países deudores y, en muchos casos, al incumplimiento de los servicios de la deuda existente. La inversión privada extranjera a largo plazo se orientó en aquellos pocos productos primarios, que como el petróleo y los minerales no ferrosos, siguieron gozando de una fuerte demanda a pesar de la depresión. Estas inversiones se realizaban con vistas a producir bienes que se exportaban directamente a los propios países originarios de la inversión. En los países especializados en la exportación de productos primarios de mayor mercado interno la inversión extranjera directa se orientó hacia la industria manufacturera. Ejemplos típicos de esta clase de inversiones fueron las realizadas en las fábricas de armado de automóviles. 
La caída del poder de compra de las exportaciones, la imposibilidad de comprimir a la misma velocidad las importaciones, el trastrocamiento del flujo de capitales extranjeros y el abandono de la libre transferibilidad de divisas, plantearon problemas inéditos en los países de la periferia. Este proceso se profundizó con la Segunda Guerra Mundial, que interfirió en las rutas tradicionales de comercio y en el funcionamiento de los mercados internacionales de capitales. 

Composición del comercio internacional, corporaciones multinacional y progreso técnico 


Las tendencias del comercio mundial revelaron en el período una notable estabilidad en la participación relativa de los productos primarios y las manufacturas. La estabilidad en la composición del comercio internacional 


es un hecho notable, visto el fuerte avance de la industrialización en el período y la pérdida de importancia relativa de la producción primaria en la producción total. El debilitamiento de la participación de los alimentos y materias primas agropecuarias fue compensado con el incremento de los minerales no ferrosos y el petróleo. 
Con el impacto de la depresión sobre la economía mundial en la década del ’30, se acentuó la influencia de algunas tendencias que estaban operando desde el comienzo del siglo y que modificaban profundamente la composición de la demanda y la producción mundiales. A medida que crece el ingreso se modifica la composición del gasto porque se tiende a gastar menos en alimentos, cuya participación va disminuyendo en relación con el consumo total. En el caso de las materias primas, los factores en juego son mas complejos y deben mencionarse, entre ellos, el uso de materiales sintéticos en cambio de materias primas naturales. 
El progreso técnico, a su vez, impacta profundamente en la composición de la demanda y la producción, porque genera permanentemente nuevos bienes y servicios que atraen proporciones sustanciales del gasto y porque determina la cantidad de mando de obra que es necesario emplear para obtener determinadas cantidades de producción. En el caso de la agricultura, la demanda tiende a crecer lentamente mientras que el progreso los hace muy rápidamente. En el caso de lo servicios, el proceso es inverso al de la agricultura. La demanda crece rápidamente y la productividad muy poco, ya que el progreso técnico tiende a concentrarse en la producción en la producción de bienes y no de servicios. 
Los 
cambios en la composición de la demanda y en la estructura de la producción y el empleo, bajo el impacto de las elasticidades ingreso en la demanda y el progreso técnico, se registran también dentro de la agricultura, la industria y los servicios. Las llamadas industrias dinámicas (químicas y mecánicas) tienden a crecer más rápidamente que las tradicionales (textil, alimentos y bebidas, maderas, etc.). 
Los cambios mencionados influyen también en los precios relativos de los distintos bienes y servicios. En general, tienden a abaratarse relativamente los bienes en que el progreso técnico y la productividad avanzan más rápidamente. De allí, la caída generalizada de los precios relativos de la agricultura, y esto explica, en gran medida, el deterioro de los términos de intercambio de estos productos en el comercio internacional. 
En el plano del comercio internacional, las tendencias de la demanda de los productos primarios a que se hizo referencia son agravadas por las fuertes políticas proteccionistas aplicadas por los países desarrollados. La participación de los productos primarios en las exportaciones mundiales declinó del 66% en la década del ’30 al 46% en 1960 y al 35% en 1970. 
La expansión internacional de los grandes conglomerados industriales de los Estados Unidos y otros países avanzados, es un hecho que surge con gran impulso en las décadas del 60’ y ’70. Conviene destacar dos características operativas de las subsidiarias de las corporaciones norteamericanas. La primera, que destinaban alrededor del 80% de su producción a los mercados internos donde operan. La segunda, que la mayor parte del financiamiento para 
su expansión, en torno también del 80%, proviene de recursos internos generados en los propios países en que operan. 
Los países avanzados dedican una proporción importante de recursos a gastos de investigación y desarrollo, vinculados a la promoción de la investigación científica, las innovaciones y su aplicación al proceso productivo. El vertiginoso efecto del progreso científico sobre la producción circula activamente en la economía internacional por diversos cauces: incorporando en maquinarias y equipos que exportan los países avanzados; como inversiones de las corporaciones multinacionales; como transferencias de patentes, licencias y know – how. 

Organización de la economía internacional después de 1945 


Ente 1945 y 1970 la economía internacional registra una expansión sin precedentes históricos, tanto en términos de producción como de comercio, transferencias de capital y tecnología. 


El sistema monetario se asentó en los acuerdos de Bretton Woods de 1944, que establecieron un régimen monetario apoyado en paridades cambiarias fijas y normas de disciplina fiscal y monetaria de los países miembros del FMI, creado entonces. A su vez, se avanzó firmemente en el proceso de liberación del comercio de manufacturas mediante el GATT. Este proceso abarcó fundamentalmente las relaciones entre los países avanzados, mientras que los países especializados en la producción y exportación de productos primarios continuaron tropezando con elevadas barreras a sus exportaciones y con dificultades crecientes para mantener la expansión de su comercio exterior y el equilibrio de sus transacciones internacionales. Los países periféricos 
declinaron su participación en las exportaciones mundiales del 30% en 1937 al 17% en 1970. La expansión del comercio internacional se apoya, por lo tanto, en el rápido crecimiento de las exportaciones de manufacturas entre los mismos países industrializados. El comercio entre los países avanzados se realiza al nivel de productos dentro de las mismas ramas industriales, fundamentalmente de las industrias intensivas en investigación. No se trata de una especialización entre industrias sino dentro de cada industria a nivel de productos terminados, componentes y bienes de capital. 
Es precisamente le impacto del progreso técnico sobre la estructura productiva y en la composición de la demanda de consumo e inversión, lo que explica su creciente especialización intraindustrial. El avance continuado y la economía creciente en los sistemas de transporte marítimo, aéreo y terrestre, la difusión de los sistemas de computo y procesamiento de datos y la revolución en las comunicaciones contribuyeron también a fortalecer la interdependencia entre las economías avanzadas. La difusión del progreso técnico y la semejanza entre las estructuras productivas, lejos de hacer desaparecer las ventajas comparativas y disminuir las posibilidades de intercambio, ampliaron vertiginosamente las oportunidades de comercio entre los países desarrollados. 
Simultáneamente, las inversiones de las corporaciones multinacionales se orientan cada vez más hacia la industria manufacturera y hacia los propias economías avanzadas. 
La especialización intraindustrial se manifiesta también al nivel de desarrollo científico y tecnológico. Esta especialización es singularmente
manifiesta en los países desarrollados de menor dimensión económica, que pueden abarcar un frente de desarrollo industrial y tecnológico menos amplio. 
La especialización intraindustrial al nivel del comercio de manufacturas y del desarrollo tecnológico se registra entre economías integradas, crecientemente abiertas al proceso de interdependencia de los países avanzados. La tradicional división del trabajo entre países industriales y economías especializadas en la exportación de productos primarios ha perdido vigencia dinámica y no constituye un camino viable para el estrechamiento de las relaciones económicas internacionales. Ha surgido un nuevo sistema de división internacional del trabajo al nivel del intercambio de manufacturas, tecnología y capitales, entre países industrialmente avanzados, que encuadra el proceso de integración de la economía internacional impuesto por el progreso técnico. La cobertura de este sistema es mucho más restringida que la del anterior y margina de las corrientes dinámicas del comercio mundial a los países de la periferia. 
Por otra parte, el crecimiento de los países de la periferia genera una demanda dinámica de importaciones, particularmente en maquinarias, equipos y otras manufacturas. Se genera así un problema de “brecha de divisas”. En tales condiciones, el estrangulamiento externo es un obstáculo severo para la formación de capital. 
Las transferencias de capital de fuente pública desde los países industrializados hacia los países subdesarrollados ha compensado sólo en parte el deterioro de las relaciones de estos últimos. Estas transferencias están fuertemente vinculadas con la promoción 
de los intereses de los países exportadores de capital, incluyendo la expansión de sus exportaciones y el afianzamiento de sus posiciones de predominio político en numerosos países. El deterioro de la posición internacional de los países subdesarrollados se refleja en su creciente endeudamiento exterior. 

Ruptura de las posiciones hegemónicas y consecuencias 


Al fin de la Segunda Guerra Mundial la economía norteamericana surgió en una posición hegemónica incuestionable en el mundo capitalista. A su dimensión continental y al nivel de desarrollo alcanzado se agregó la destrucción sufrida por los otros países avanzados durante el conflicto bélico. La gravitación económica se proyectó al plano militar y político, asumiendo los Estados Unidos el papel de líder y protector del “mundo libre” frente a las potencias comunistas. Los Estados Unidos contribuyeron a la recuperación de Europa Occidental y Japón mediante una cuantiosa transferencia de recursos (Plan Marshall) que facilitó al proceso de reconstrucción de posguerra de esos países. 


Desde los acuerdos de Bretton Woods el sistema se apoyó crecientemente sobre el dólar. En esto contribuyeron dos factores principales. Por un lado, la posición hegemónica de los Estados Unidos   y por el otro el lento crecimiento de la producción de oro. El sistema se apoyaba en al confianza sobre la convertibilidad del dólar en oro y, en última instancia, sobre la solidez de la posición financiera internacional de los Estados Unidos. Esto quedó crecientemente comprometido por el deterioro progresivo del balance de pagos norteamericano. Esto generó una progresiva pérdida de las reservas de 
oro de los Estados Unidos. De allí las frecuentes crisis del sistema monetario internacional en la década de 1960, que culminaron con la inconvertibilidad del dólar y una serie sucesiva de medidas adoptadas por los principales países industriales para paliar la crisis del sistema monetario internacional. En otros términos, el dólar no pudo conservar su papel de principal activo de reserva y de generador de liquidez internacional. 
La crisis financiera internacional refleja el deterioro de la posición relativa de los Estados Unidos en el plano mundial y el surgimiento de nuevos centros de poder económico en el mundo capitalista. 
La quiebra progresiva de la hegemonía norteamericana ha sido acompañada por fracturas dentro del bloque de países comunistas. 
La ruptura de los vínculos coloniales ha contribuido a profundizar el proceso de ruptura de las posiciones hegemónicas que las grandes potencias han ejercido   tradicionalmente en el plano internacional. 
Este rápido panorama de las relaciones económicas internacionales de posguerra debe incluir la gravitación de los gastos militares y de los enfrentamientos de la “guerra Fría” entre Estados Unidos y la Unión Soviética. 
Resulta claro que el comercio y los capitales han debilitado su función de correa de transmisión del crecimiento de las economías industriales avanzadas hacia los países de la periferia. El progreso técnico y científico de los países avanzados se transmite ahora a la periferia por vías distintas a las tradicionales. La industrialización de los países menos avanzados ha ensanchado notablemente el frente de captación tecnológica. La venta de tecnología, de maquinarias 
y equipos y las inversiones directas se han convertido en los principales agentes de transferencia tecnológica. La tecnología importada continúa siendo la principal fuente del cambio tecnológico en la periferia. 

La Economía mundial y el desarrollo de Argentina 


Hacia 1930, el país había adquirido ya una dimensión económica considerable en términos de población, e ingreso por habitante. Esto implicaba una demanda interna amplia y diversificada que, sin embargo, no tenía su réplica en la estructura productiva, debido al precario desarrollo industrial. El crecimiento posterior del sistema productivo requería la incorporación de la industria como agente dinámico del crecimiento y la transformación de la estructura productiva. 


A los cambios internos que redujeron la gravitación relativa del sector agropecuario en el sistema productivo del país se agregó la crisis del comercio mundial, que restringió severamente la función dinámica de las exportaciones agropecuarias. La incapacidad del país para dar respuesta a los nuevos problemas y formar una economía industrial avanzada, determinó el progresivo aislamiento de la economía argentina respecto de las corrientes dinámicas del comercio y las inversiones internacionales. 
El viejo esquema de la dependencia externa era compatible con el aumento sostenido de la producción, dentro de la economía primaria exportadora. El esquema actual de dependencia, por el contrario, constituye un obstáculo grave al crecimiento, conforme alo revela la baja tasa de desarrollo en el largo plazo, y somete a la economía a graves tensiones como las recurrentes crisis cíclicas y la alta tasa de desempleo. 

XIV. 
Las nuevas condiciones del desarrollo 

Modificación del comportamiento de la demanda global 

En la etapa de la economía primaria exportadora las exportaciones constituyeron el elemento dinámico fundamental del crecimiento económico. Las exportaciones eran, pues, el componente autónomo de la demanda global. El sistema estaba en condiciones de responder al crecimiento de la demanda externa, porque se disponía de tierras para ampliar la superficie explotada y se habían realizado los ajustes internos que permitían poner esas tierras en producción. De este modo, el aumento de la demanda externa provocaba realmente el aumento de la producción y de las exportaciones agropecuarias. 


Es natural que las exportaciones agropecuarias dejarán de ser en la Argentina el componente dinámico de la demanda global cuando, a partir 1930, se estanca el comercio mundial de productos agropecuarios. Desde 1930 en adelante, la expansión de la demanda global dependería del comportamiento de sus otros componentes y no de las exportaciones. 
Las exportaciones agropecuarias desaparecen a partir de 1930 como elemento dinámico del desarrollo del país y la inversión, tanto pública como privada, se convierte a partir de entonces en el factor capaz de expandir de manera autónoma la demanda global y, al mismo tiempo, de elevar la capacidad del sistema para producir mayor cantidad de bienes y servicios con destino al consumo y acumulación de capital. En 1930 la expansión económico descansa primordialmente en la inversión y su canalización eficiente. 
En el plano de su incidencia en la demanda global, la inversión puede operar en el corto plazo 
como un factor expansivo, con cierta independencia del nivel de ahorro interno y de la posición del balance de pagos. Pero en el mediano y largo plazo debe respaldarse, necesariamente, en el ahorro interno y en la capacidad de pagos externos. 

El proceso de sustitución de importaciones 


La sustitución de importaciones no es un proceso estático de producción interna de una determinada cantidad de bienes anteriormente importados, sino que abarca dinámicamente la satisfacción de la mayor y cambiante demanda que se va creando como consecuencia del desarrollo. Desde el punto de vista de la demanda de importaciones, la sustitución de las mismas a través del proceso de industrialización reduce el grado de apertura externa del conjunto de la economía, esto es, el coeficiente de importaciones. Sin embargo, la disminución del coeficiente de importaciones tropieza, al profundizarse el proceso de industrialización, con ciertos límites difíciles de superar. La transformación de la estructura industrial y el creciente peso relativo de las industrias con tecnología de vanguardia generan, inevitablemente, una demanda acrecentada de importaciones, que puede compensar y aun exceder el efecto de la sustitución de importaciones. La sustitución de importaciones es en los países de desarrollo industrial tardío, como la Argentina, un proceso clave para adecuar la estructura de la producción a la composición de la demanda y su permanentes cambios impuestos por el crecimiento del ingreso real. Es también un instrumento decisivo para incorporar la tecnología moderna al sistema productivo mediante la integración crecientes de los sectores productivos. 


Estructura 


industrial y apertura externa. 

La complejidad del sistema industrial está determinada por los siguientes factores: desarrollo tecnológico, tamaño y estructura del mercado y el comercio exterior. 


El nivel de ingreso por habitante es uno de los factores condicionantes del tamaño y la estructura del mercado. Otros dos factores condicionantes del tamaño y la estructura del mercado son la distribución del ingreso y la población. Con una excesiva concentración del ingreso en un reducido grupo social, la demanda de los grupos privilegiados puede ser tan o más sofisticada que en un país desarrollado. La población determina el tamaño del mercado y la dimensión de cada uno de los estratos de ingresos. Del tamaño del mercado y su estructura depende la posibilidad del desarrollo de ciertas actividades industriales que requieren escalas mínimas de producción para ser viables. 
En los países de economía de mercado de desarrollo industrial tardío el juego de las fuerzas económicas tienden a concentrar la producción en las industrias tradicionales. Éstas, por su menor demanda de inversiones, más baja complejidad tecnológica, más fácil organización y menor escala de producción compatible con la eficiencia, atraen más fácilmente la inversión privada. En cambio, las industrias básicas tiene características opuestas y se obstaculiza la canalización de inversiones privadas a las mismas. Estas industrias requieren la inmovilización de grandes montos de capital por tiempos prolongados y con rendimientos inseguros. 
Como la industria dinámica requiere para su establecimiento decisiones explícitas del poder administrador en 
términos de nivel de la protección arancelaria, créditos, exenciones para importar maquinarias, equipos y materiales y otras cuestiones a nivel de cada proyecto, se comprende que la tasa de desarrollo de las industrias dinámicas, su control y su nivel de eficiencia descanse en las decisiones de política económica. 
La elevación del coeficiente de importaciones. Impulsado por la transformación de la estructura productiva, una vez superadas las primeras fases del proceso de sustitución por importaciones, plantea dos cursos de acción para un país de desarrollo industrial tardío. Uno es cubrir la creciente demanda de importaciones con divisas producidas por las exportaciones de productos primarios. Otro curso de acción consiste en hacer converger los cambios en la estructura de la oferta con la transformación de la composición de las exportaciones, haciendo participar crecientemente en las mismas productos de los sectores que están liderando el desarrollo, esto es, manufacturas. El primer curso de acción lleva inevitablemente al estrangulamiento externo, por lo que el segundo es el único compatible con la formación y desarrollo de una economía industrial avanzada. 

El papel del sector público 


La nueva etapa abierta en 1930 impuso la necesidad de cambios profundos en el comportamiento del Estado. 


En la etapa de la economía primaria exportadora, ante el desafío impuesto por las tendencias abiertas a partir de mediados del siglo XIX, la respuesta del Estado era vital para el éxito del proceso y ella fue, en conjunto eficiente. A través de la organización nacional, la promoción de las inversiones en ferrocarriles e infraestructura 
y el impulso al poblamiento de la zona pampeana, sentó las precondiciones necesarias para el desarrollo de la economía argentina dentro del modelo primario exportador. Simultáneamente, integró al país en el sistema de división internacional del trabajo de la época y el régimen multilateral de comercio y pagos, organizando el sistema monetario argentino en torno del patrón oro y una política arancelaria abierta a la importación de manufacturas. Organizó el estado de derecho liberal, elevó la calidad de los recursos humanos y articuló el sistema de decisiones dentro del Estado. 
La complejidad creciente del proceso económico, de las fuerzas sociales actuantes y del contexto internacional en la nueva etapa a partir de 1930, plantearon al Estado un conjunto de problemas inéditos, de cuya respuesta dependió, en gran medida, el curso del desarrollo del país en las últimas décadas. 
Un de esos problemas es el de la ampliación del campo de acción del sector público en áreas como la infraestructura, servicios sociales básicos y la promoción de la investigación. Esto plantea dos problemas principales. Primero, la movilización de recursos para hacer frente a las nuevas demandas del desarrollo sobre el sector público. El segundo problema se refiere a la formación de estructuras de gestión y control eficientes para hacer frente a las nuevas responsabilidades ampliadas del sector público. 
Otra de las cuestiones abiertas a partir de 1930 se refiere a la política de desarrollo industrial. Al asumir la industria el papel protagónico del proceso de desarrollo, y la protección arancelaria y otras medidas de fomento, un rol central en la evolución 
de la economía, el Estado asumió responsabilidades mucho más complejas. Entre ellas se incluye no sólo el nivel y la estructura de la protección arancelaria sino, también, la política de financiamiento, de promoción del cambio tecnológico, de precios relativos agroindustriales y otras cuestiones importante. 
A partir de 1930 y, sobre todo, después de 1950 convergieron dos tendencias principales: el avance en el país de las industrias dinámicas y la expansión internacional de las corporaciones de los países avanzados, concentrada en ese mismo tipo de industrias.   El Estado sienta las bases de la articulación de los procesos y, en última instancia, el grado de control nacional y extranjero en las industrias dinámicas. 

Nuevas condiciones del desarrollo agropecuario. 

En la nueva etapa, la producción agropecuaria de la zona pampeana perdió el dinamismo y la función de liderazgo que registró bajo el modelo primario exportador. La economía argentina a partir de 1930 requería que el conjunto de la producción rural cumpliera dos funciones esenciales. Por un lado, el abastecimiento de la creciente y diversificada demanda interna de alimentos y materias primas. Por otro, la generación de excedentes exportables que contribuyeran a formar una capacidad de pagos externos suficientes para abastecer a la industria en expansión de materias primas y bienes intermedios y de las maquinarias y equipos necesarios en el proceso de expansión de la capacidad productiva. 
No existía una contradicción entre el desarrollo de la producción agropecuaria y la industria manufacturera. 

XV. Desarrollo del sistema y sus límites 

Transformación 
de las relaciones externas 

Las relaciones de la economía argentina con el resto del mundo sufrieron



transformaciones   profundas a partir de 1930. 
Veamos, primero, los cambios registrados en las relaciones de la economía argentina con el resto del mundo en el subperíodo 1930-1950. La crisis mundial influyó en el volumen de las exportaciones argentinas pero mucho más fuertemente en los términos de intercambio. La caída de los precios internacionales de los productos agropecuarios fue mucho más pronunciada que la de los bienes manufacturados importados por el país y así se explica el drástico deterioro de los términos de intercambio. Como consecuencia de esos hechos, el poder de compra de las exportaciones se redujo casi un 40%. El volumen físico de las importaciones se contrajo prácticamente en la misma proporción, como consecuencia de una disminución de la demanda interna y de la escasez de divisas. También disminuyó la entrada de capitales del exterior. 
Pese al bajo nivel de las exportaciones y de las entradas de capital extranjero durante la guerra, la fuerte contracción de las importaciones en el período permitió acumular importantes reservas de divisas. Las reservas de divisas y la recuperación del poder de compra de las exportaciones permitieron hacer frente a una acrecentada demanda de divisas en el quinquenio 1945-1949. las importaciones, fuertemente   restringidas durante la Segunda Guerra Mundial, prácticamente duplicaron su volumen físico con respecto a 1940-1944. La política de repatriación de la deuda externa y la nacionalización de servicios públicos, principalmente los ferrocarriles, generaron una salida de capitales 
de alrededor de 1.500 millones de dólares. 
Estos acontecimientos provocaron una drástica reducción del peso relativo de los factores del exterior en la economía argentina.   La demanda global y la oferta monetaria dejaron de depender directamente del nivel de las exportaciones y de las reservas de divisas. El gasto del sector público y la inversión privada pasaron a constituir los principales elementos impulsores de la demanda global, y la oferta monetaria se vinculó crecientemente a la política fiscal y crediticia. Sin embargo, como veremos en seguida, estos procesos no implicaron un mayor grado de autonomía de la economía argentina y una menor vulnerabilidad exterior. 
En el segundo subperíodo, que se extiende desde principios de la década de 1950 hasta 1970, se consolidaron algunas de las tendencias de las dos décadas anteriores y se pusieron de manifiesto otras de profunda gravitación en el desarrollo del país. Las exportaciones se mantuvieron durante toda la década de 1950 en muy bajos niveles, pero a principios de 1960 se insinúa un repunte. La relación entre las exportaciones y el producto   bruto interno, que declinó del 24% al 10% entre 1925-1929 y 1945-1949, no se recuperó en las dos décadas siguientes. 
Otro hecho importante en el comportamiento del sector externo a partir de 1950 fue la estabilización del coeficiente de importaciones en torno del 10%. La drástica reducción del coeficiente de importaciones repercutió negativamente en el proceso de acumulación de capital. Pero la economía de divisas generada por la sustitución de importaciones permitió enfrentar la declinante capacidad de pagos externos. 
La nueva 
situación creada por ese comportamiento del coeficiente y el lento crecimiento de las exportaciones dio lugar al surgimiento de desequilibrios crónicos del balance de pagos en cuenta corriente. Éste entró en déficit cada vez que la expansión económica interna impulsó las importaciones. La respuesta inicial a estos desfasajes fue el financiamiento externo, hasta que el peso de la deuda se convirtió en un nuevo factor de desequilibrio. 
Otra de las características del período es el bajo nivel de entradas netas de capital extranjero, sobre todo, si se lo compara con los niveles alcanzados antes de la crisis mundial. Un aspecto fundamental del comportamiento del sector externo desde fines de la década de 1950 es la participación creciente de la inversión privada directa extranjera en el desarrollo del sector industrial del país. Así se advierte el fuerte aumento de las remisiones al exterior en concepto de regalías, comisiones y otros servicios, que aproximadamente duplicaron su valor entre principios y fines de la década de 1960. 
Las exportaciones no son ya le factor determinante del nivel de la demanda global y de ocupación del sistema económico. Pero como principal componente de la capacidad de pagos externos del país, condicionan el nivel de importaciones y la posibilidad de hacer frente a los compromisos financieros con el exterior. El capital extranjero invertido en el país no representa ahora una proporción tan importante de capital fijo total, como antes de la crisis mundial, pero ejerce, a través de la inversión privada directa en los sectores industriales dinámicos, un papel hegemónico en el desarrollo económico del país. 
El creciente endeudamiento externo, la gravitación de la empresa extranjera y la dependencia tecnológica del país, provocan las remisiones netas al exterior en concepto de utilidades, intereses, regalías y otros conceptos que gravitan pesadamente en el balance de pagos. Esta situación instalada en el balance revela la magnitud de la vulnerabilidad exterior de la economía argentina. La sustitución de importaciones, la industrialización del país y el aumento del autoabastecimiento de la demanda de consumo e inversión, han desembocado en una dependencia financiera externa tanto o más grande que la existente en la etapa de la economía primaria exportadora. De allí deriva uno de los puntos críticos del sistema semiindustrial dependiente. 
El lento crecimiento de la demanda de alimentos y materias primas y el fuerte aumento de la productividad en las actividades primarias, lleva a un deterioro progresivo de sus términos de intercambio. Esto se advierte no sólo analizando las relaciones de precios en el mercado internacional sino, también, en los precios relativos dentro de las economías industrializadas. 

Expansión industrial y tendencias 


La etapa abierta en 1930 registra el desplazamiento del núcleo dinámico del crecimiento desde el agro hacia la industria. Dentro de la misma actividad manufacturera se produce una transformación profunda. En la primera fase del proceso de sustitución de importaciones, entre 1930 y fines de la década de 1940, el liderazgo del crecimiento es ejercido por las industrias tradicionales, fundamentalmente la textil y, en menor medida, por el agrupamiento de alimentos, bebidas y tabaco. El comportamiento 


de las diversas ramas industriales se modifica sustancialmente en torno de 1950, una vez que queda consumada la sustitución de manufacturas sencillas. 
A partir de 1950 son las industrias dinámicas las que asumen el liderazgo del crecimiento. En el caso de las industrias metalmecánicas, por ejemplo, de la producción de bienes relativamente sencillos se fue pasando progresivamente a la fabricación de máquinas-herramientas, máquinas agrícolas e industriales, equipos eléctricos y de comunicaciones, material de transporte, artefactos eléctricos y productos electrónicos. En la industrial automotriz se pasó del ensamblado a la producción de vehículos con una elevada participación de componentes locales. La industria química también registró cambios profundos, con una mayor gravitación de productos básicos e intermedios y de la petroquímica. El proceso de penetración del capital extranjero en la nueva etapa está, pues, íntimamente ligado a la fase de expansión de las industrias dinámicas. 
La composición de las importaciones sufrió el impacto de las transformaciones operadas dentro de la economía nacional y del sector industrial. La importación de textiles prácticamente desapareció. 
En esta etapa, el sector rural y la industria derivada del él genera más del 90% de las exportaciones totales. Las manufacturas de origen industrial no agropecuario contribuyen con menos del 10%. En cuanto a la demanda de importaciones, se observa que la industria manufacturera absorbe alrededor del 45% de las correspondientes a bienes de capital y el 90% de las importaciones de bienes intermedios. En conjunto, la industria manufacturera   absorbe alrededor 
del 75% del total de las importaciones. 
La expansión industrial y los cambios en la composición de la producción manufacturera ejercieron una profunda influencia sobre la asignación de los factores productivos: trabajo y capital. Durante la fase de expansión de la industria tradicional, la ocupación industrial creció rápidamente. Esas industrias son generalmente intensivas en el uso de mano de obra, sobre todo con la tecnología disponible en la época y generaban, consecuentemente, una expansión de la demanda de mano de obra pari passu con el crecimiento de la producción. Posteriormente, el desplazamiento del desarrollo industrial hacia las ramas dinámicas coincidió con una drástica reducción de la tasa de crecimiento del empleo en la industria. Además, el progreso técnico en algunas ramas tradicionales también se orientó hacia tecnologías capital-intensivas. 

El estancamiento agropecuario 


El crecimiento del sector fue particularmente bajo entre 1930 y 1950, en que la tasa anual fue del 1% contra el 2% de los veinte años siguientes. En las cuatro décadas en consideración, también se registraron cambios bruscos, en la producción de la agricultura y la ganadería. El lento crecimiento en todo el período provocó una disminución de los saldos exportables. Otro hecho significativo en la evolución del sector rural en la etapa abierta en 1930 fue el desplazamiento de la producción de cereales y oleaginosos por la ganadería vacuna en la zona pampeana, particularmente hasta principios de la década de 1950. En esto influyó la mejora de los precios relativos de la ganadería y la congelación de arrendamientos, que estimuló la 


retención de tierras por los propietarios y su dedicación a la actividad pecuaria. Además. La migración de la población rural afectó fundamentalmente a la agricultura, que demanda mayor mano de obra que la ganadería. Por otra parte, los precios relativos agricultura/ganadería se movieron en contra de la agricultura hasta mediados de la década de 1950. 
En la evolución de la producción pampeana incidieron un conjunto de factores. Los precios relativos de la producción de la región se deterioraron desde principios de la década de 1930 hasta principios de la de 1950. En el plano internacional los precios agropecuarios tienden a deteriorarse, como consecuencia del fuerte incremento de la productividad rural en los países avanzados y el lento crecimiento de la demanda de sus productos. Estas tendencias se transmitieron a la Argentina a través de la evolución de los precios del intercambio exterior. Desde mediados de la década de 1950 los precios relativos internos de la producción agropecuaria estuvieron generalmente por encima de los términos del intercambio exterior. De este modo, la evolución de los precios relativos e la producción agropecuaria en la Argentina muestra un sesgo ascendente en las últimas dos décadas. Los cambios en las políticas de precios provocan modificaciones pronunciadas en los precios relativos. Este factor de inestabilidad en los precios y, consecuentemente, en los rendimientos de las explotaciones agropecuarias, seguramente ha conspirado contra un proceso ordenado de capitalización y cambios en el sector. 
Otros dos factores tiene particular importancia: el régimen de tenencia de la tierra y el rezago del cambio 
tecnológico. Conforme a una investigación sobre el tema, se estima que alrededor del 50% de la tierra es explotada en forma deficiente, debido a las características del régimen de tenencia. La producción por hectárea es en los latifundios 1/3 inferior a la de las explotaciones familiares. El tercer factor que influyó negativamente en el desarrollo de la producción en la zona pampeana fue el rezago en la introducción de las nuevas tecnologías agropecuarias. Si se considera que el rápido avance de la productividad agropecuaria se apoyó en los países avanzados en la investigación y las tareas de extensión respaldadas por los gobiernos, en la difusión de los insumos químicos y, además, en un rápido proceso de capitalización, se comprende el rezago del país en todas esta áreas haya contribuido decisivamente al lento crecimiento de la producción. 
La evolución de la producción agropecuaria refleja cambios profundos en la utilización de los factores productivos. A partir del momento de la ocupación de la totalidad de las tierras aptas de la zona pampeana, el crecimiento de su producción pasó a depender primordialmente del incremento de los rendimientos por hectárea. El proceso de capitalización tendió a sustituir mano de obra antes que provocar un incremento de los rendimientos por hectárea. 

La estructura productiva 



Al comenzar la etapa de la economía semiindustrial dependiente, la distribución de la fuerza de trabajo del país estaba relativamente diversificada. Durante la etapa en consideración, se produjeron cambios importantes en al estructura de la ocupación. Deben distinguirse dos subperíodos dentro de la etapa. El 
primero, que corres desde 1930 hasta 1950 y el segundo, desde el último año hasta 1970. 
En el primer subperíodo, el desarrollo industrial y la sustitución de importaciones atrajeron una parte sustancial del incremento de la población activa. El comportamiento de la demanda de productos agropecuarios y el régimen de tenencia de la tierra contrajeron la ocupación en el sector rural. La expansión del gasto público determinó la absorción de una parte sustancial del crecimiento de la fuerza de trabajo en esas dos décadas. 
A partir de 1950, las tendencias en el empleo   de la industria manufacturera modificaron radicalmente la distribución de la población activa entre los distintos sectores de la actividad. El empleo industrial continuó creciendo hasta mediados de la década de 1950. Desde entonces, la ocupación industrial se mantuvo prácticamente estancada en los mismos niveles. A su vez el empleo en el sector agropecuario se mantuvo prácticamente estancado a partir de mediados de la década de 1950, profundizando la pérdida de su significación relativa en el empleo total. La expansión del empleo en las otras actividades productoras de bienes y en servicios de infraestructura no alcanzó a compensar el comportamiento de la industria y el agro. Los servicios se convirtieron, a partir de mediados de la década de 1950, en la principal fuente de generación de empleo, absorbiendo el 80% del incremento de la fuerza de trabajo en los últimos quince años. 
El lento crecimiento del sector industrial y la expansión de las industrias dinámicas más intensivas en el uso de capital, como así también la difusión de técnicas capital intensivas en las 
industrias tradicionales, determinaron que el crecimiento de la producción manufacturera se generar por el incremento de la productividad del trabajo sin aumento del empleo. 
La incapacidad del sector manufacturero de absorber nueva mano de obra obligó a la población activa a buscar ocupación en otros sectores. 
En última instancia, este proceso implica el desperdicio de una parte sustancial de la fuerza de trabajo y, en consecuencia, la limitación de las posibilidades de desarrollo. 
En resumen, a partir de 1930 las estructuras del empleo y de la producción sufrieron cambios profundos, que reflejan la modificación de la importancia relativa de los diversos sectores de la actividad económica. La pérdida de importancia relativa de la producción agropecuaria y el incremento de la que corresponde a la industria manufacturera reflejan el impacto de la sustitución de importaciones y la industrialización. La expansión del peso relativa de los servicios de transportes, comunicaciones y energía indican la creciente complejidad de la infraestructura para responder a las demandas de una economía más diversificada. Los servicios personales, del comercio, finanzas y del gobierno debían también expandirse como consecuencia del mismo proceso de desarrollo. Las distorsiones en el empleo y en los precios relativos con el estancamiento de la ocupación en la industria, el agolpamiento de mano de obra y deterioro de los ingresos en los servicios revelan la frustración del proceso formativo de una economía industrial avanzada. 

Distribución del ingreso 


La distribución del ingreso en la etapa abierta hacia 1930 estuvo sujeta a diversas influencias 


de signo contradictorio en el largo plazo.   Además, los cambios bruscos en niveles de la actividad económica, los saltos en la tasa de inflación y las modificaciones en los precios relativos y las políticas de salarios, provocaron alteraciones significativas en la distribución del ingreso en el corto plazo. 
Operaron en un sentido de mayor igualdad distributiva los cambios en la estructura de la producción y la creciente organización y capacidad negociadora de los sindicatos a partir de fines de la década de 1940. En un sentido opuesto operaron la concentración del ingreso generado por el capital y la actividad empresaria en la industria y servicios   y el desempleo abierto. Además la intensificación del uso de capital en la generalidad de los sectores productivos provocó la sustitución de mano de obra y, consecuentemente, una disminución de la participación de los salarios en los ingresos sectoriales. En las actividades agropecuarias la remuneración del trabajo representa alrededor del 25% del ingreso neto generado en el sector, el capital y al empresa absorben el 75%. En el conjunto de actividades no agropecuarias la participación de los salarios se eleva a 40%. 
Un aumento de la proporción de la población activa, ocupada en la industria y los servicios y una disminución de la correspondiente a las actividades agropecuarias, incrementa la participación de la remuneración del trabajo en la distribución del ingreso. 
Por otra parte, el fortalecimiento de las organizaciones sindicales también operó en el sentido de hacer más igualitaria la distribución del ingreso. 
El aumento de la ocupación en la industria y los servicios 
y el consiguiente proceso de urbanización provocó un fortalecimiento de las organizaciones sindicales, pudiendo los trabajadores, de esta manera, defender más efectivamente su participación en el ingreso. Factores políticos, sin embargo, condicionaron en buena medida la actividad sindical. 
Frente a las tendencias que influyeron para hacer más igualitaria la distribución del ingreso operaron otras que, en el largo plazo, tendieron a compensar a las primeras. La distribución del ingreso en la industria y los servicios fue influida por la concentración de la propiedad del capital y de la actividad empresaria en las unidades productivas de mayor tamaño. Por otra parte, la instalación de una elevada tasa de desempleo crónico, del subempleo y de actividades de bajos niveles de productividad, presionan a la baja el nivel de salarios reales y la participación de los trabajadores en el ingreso nacional. 
En el corto plazo, la distribución del ingreso tuvo un sesgo regresivo en épocas de depresión económica y aumento del desempleo, como así también, cuando se aceleró la tasa de inflación, dejando atrás los ingresos reales de los grupos de menores ingresos. Las políticas redistributivas a favor del agro también provocaron traslaciones de ingresos contrarias a los grupos asalariados y, en general, a los de menores ingresos. 
En los primeros años del gobierno peronista. 1947-1949, se siguió una política redistributiva a favor de los trabajadores. Los aumentos de salarios, controles de precios, subsidios y el deterioro de los precios relativos del agro, fueron los principales instrumentos de esa política redistributiva. Como resultado de las 
diversas fuerzas operantes sobre la distribución del ingreso, se observa que en la década de 1960 la participación de los trabajadores en el ingreso se ubicó, con oscilaciones, ligeramente por debajo del 40%. Es decir, aproximadamente en los mismos niveles vigentes en la década   de1930. 
La política fiscal no contribuyó a rectificar sensiblemente la situación existente. Los impuestos directos no cumplieron un rol significativo. 

Crecimiento del sistema 


El debilitamiento de la acumulación de capital en los sectores básicos de la economía fue acompañado de un crecimiento más acelerado de la acumulación en aquellos no productivos de bienes (Estado, vivienda, comercio, finanzas y servicios personales). 


La formación de capital desde 1930 hasta fines de 1940 estuvo fuertemente influida por las consecuencias de la depresión y la Segunda Guerra Mundial. El deterioro de la posición externa del país en la década de 1930, debido al comportamiento de sus exportaciones tradicionales, produjo una sensible contracción en la importación de maquinarias y equipos que, en la época, constituía la principal fuente de abastecimiento de ese tipo de bienes. Por otra parte, durante la guerra, quedaron prácticamente interrumpidas las fuentes normales de provisión de bienes de capital. De este modo, hacia 1945, el país había soportado tres lustros de muy bajo nivel de capitalización en maquinarias y equipos. Durante la década de 1950 se produjo un repunte en ese tipo de inversiones, por la utilización de las reservas de divisas acumuladas durante la Segunda Guerra Mundial. 
Si se dispusiera de cifras globales de capitalización en los sectores productores 
de bienes y en la infraestructura se advertiría que su ritmo de crecimiento continúa siendo lento. La productividad del capital probablemente tampoco ha registrado avances significativos en la última parte de la etapa en consideración, por la persistencia de factores tales como los altos precios relativos de los bienes de capital y los márgenes de capacidad ociosa que imperan en algunos sectores industriales. 
El estrangulamiento externo ha sido uno de los factores determinantes de os altos márgenes de capacidad ociosa con que normalmente opera la economía argentina, particularmente en la industria manufacturera. Las crisis de balance de pagos que inevitablemente se generan cada vez que se expande el nivel de la actividad productiva y, consecuentemente, la demanda de importaciones, impone una restricción permanente al pleno empleo de la capacidad productiva instalada. Se comprende que los altos márgenes de capacidad ociosa contribuyen a disminuir la productividad del capital y a explicar la baja relación producto/capital. La formación de capital descansó en toda la etapa en el ahorro interno. Sin embargo, la inversión privada directa extranjera en el sector industrial dinámico y su avance apoyado en la movilización del mercado y los recursos financieros internos, le han permitido adquirir una gravitación que es uno de los rasgos distintivos del sistema semiindustrial dependiente. 

XVI.   Consolidación del desequilibrio interregional 

Crecimiento y distribución de la población 

La concentración de la población en la Capital Federal y sus alrededores constituye la característica destacada de la distribución de 


la población en el territorio nacional durante la etapa. La población del distrito federal aumentó lentamente entre 1914 y 1947, para decrecer ligeramente entre este último año y 1970. Se produce así un proceso de suburbanización que es típico de las grandes ciudades. Este proceso de suburbanización explica la mayor parte de la urbanización en la Argentina. 
El censo de 1914 revelaba que el 49% de la población total del Gran Buenos Aires era de origen extranjero. La posterior disminución de la importancia relativa de las corrientes migratorias hizo caer la población de habitantes extranjeros. A partir de la década de 1940 se produce la migración masiva desde el Interior hacia el Gran Buenos Aires. La corriente migratoria provino fundamentalmente de la región pampeana. Si se considera que las ciudades de esa región también crecieron significativamente, por encima de sus crecimientos vegetativos, se concluye que fueron sus zonas rurales las que generaron las corrientes migratorias hacia el Gran Buenos Aires y las ciudades pampeanas. 
El despoblamiento relativo del resto del territorio estaba consumado hacia principios del siglo XX. Ese “resto” del país, con ¾ del territorio nacional, no superó, en las últimas décadas,   a 1/3 de la población total. El Noroeste continuó deteriorando su posición relativa y generando corrientes emigratorias. El Nordeste aumentó su participación del 1,5% al 5%. Córdoba mantuvo su participación ligeramente superior al 9%. Es interesante destacar que el desarrollo industrial de esta provincia fue insuficiente para retener la totalidad de su incremento demográfico. Cuyo mantuvo su participación en la población 
total del país entre el 5% y el   6%. La única región que registró un aumento poblacional significativo es la Patagonia, pero su gravitación relativa en el total de la población del país siguió siendo muy baja. 

La concentración en el Gran Buenos Aires 


Según se ha visto, la industria y los servicios absorben en medida creciente la mano de obra del país. Concurrentemente a esta tendencia, se acelera el proceso de urbanización, debido a que la mayor parte de esas actividades se desarrollan en los centros urbanos. El Gran Buenos Aires ejerció una fuerte atracción en las últimas décadas sobre la radicación de nuevas industrias en la expansión de diversos servicios. La principales fuerzas fueron las siguientes: En primer término, el hecho de que la región metropolitana contase con mayores instalaciones de servicios básicos. En segundo lugar, el hecho de que hacia 1930 el gran Buenos Aires representase cerca del 30% de la población total y que el nivel de ingreso de la misma fuera superior al del promedio del país, determinó una concentración del mercado nacional en esa zona. En tercer lugar, dado que las actividades industriales requerían una proporción elevada de materias primas, productos intermedios, equipos y combustibles importados, una buena parte de las industrias, sobre todo aquéllas influidas en su localización por la fuente de las materias primas, tendieron a establecerse cerca del interior. En cuarto lugar, el GBA disponía de una abundante oferta de mano de obra, con un nivel de capacitación relativamente más alto que el promedio del país, lo que ejerció un fuerte poder   de atracción sobre la industria y la radicación 


de nuevas empresas. Finalmente, la expansión del gasto público, especialmente a partir de 1945, y la concentración del mismo en el GBA, creó una fuente adicional de ocupación e ingresos. 
La concurrencia de esos factores determinaron pues, la localización de la población y la actividad productiva en la región metropolitana. En 1964 el valor de la producción industrial del GBA representaba el 56% del total del país. El ingreso per capita era 70% o más alto que el promedio del país. 
En la etapa bajo análisis, la estructura productiva dentro de ese espacio del territorio nacional sufrió cambios profundos. La actividad industrial y los servicios adquirieron un rol predominante y la actividad rural perdió participación relativa en la generación de la producción y el ingreso. Este cambio en la estructura productiva   debía reflejarse necesariamente en la distribución espacial de la población y la actividad productiva. 

Comportamiento de las regiones del Interior 


El resto del país participó limitadamente en el desarrollo industrial a partir de 1930. Los datos censales revelan que, en 1963, esa regiones, con el 75% del territorio nacional y el 33% de la población, sólo generaban el 20% de la producción industrial del país. Una de las características fundamentales del proceso de industrialización es la integración e interdependencia creciente entre las diversas actividades económicas. Este proceso de integración e interdependencia industrial se registró, fundamentalmente, dentro del GBA. La industrialización del país localizó su efecto integrador en un espacio limitado del territorio nacional, dejando fuera de su alcance 


al resto de las regiones. De este modo, el desarrollo industrial del resto del país se concentró en la transformación de la producción primaria de las respectivas regiones. Deben señalarse algunas excepciones significativas a esta consideración general. La más importante es la del desarrollo de la industria metal mecánica en la provincia de Córdoba. 
Las relaciones entre la zona industrializada y el resto del país se forjaron, fundamentalmente, al nivel de la producción primaria. El crecimiento industrial generó una demanda creciente de insumos de origen agropecuarios, como algodón y lana, y de insumos de origen minero, incluyendo petróleo. Por otra parte, el mercado del GBA y de la zona pampeana concentró la mayor parte de la demanda de productos tales como azúcar, yerba, vino, frutas, tabaco y té. Esto generó una corriente de estas producciones desde el Interior hacia el GBA. Por otro lado, el interior utilizó los incrementos del ingreso, generado por sus “exportaciones” a la zona industrial, en “importaciones” de manufacturas desde esta misma zona. Se formalizó, de este modo, dentro del territorio nacional, una relación centro periferia entre la zona industrial y el resto del país. 
Las regiones y provincias que registraron un crecimiento apreciable y pudieron generar empleos para retener su población fueron aquellas que desarrollaron actividades de exportación al GBA y la zona pampeana. Otras provincias quedaron fuera de las corrientes dinámicas del sistema de relaciones centro periferia (Catamarca, La Rioja, Santiago del Estero, San Luis, Entre Ríos y Corrientes). Uno de los fenómenos típicos del subdesarrollo   fue la insuficiencia 
de generación de empleo en la actividad primaria y la industria que aparte de expeler población fuera de las fronteras concentró mano de obra en servicios de muy baja productividad. 
El comportamiento de los fiscos provinciales está estrechamente ligado a las tendencias experimentadas en el desarrollo de cada provincia. En aquellas tradicionalmente importantes los gobiernos provinciales dispusieron de una cantidad significativa de ingresos propios que le permitió cumplir un papel más o menos activo. Los gobiernos de las provincias económicamente estancadas, por el otro lado, carecieron de recursos propios como para realizar una gestión eficiente de gobierno, y el mantenimiento de las administraciones provinciales y de los planes de obras recayó, básicamente, en las prestaciones directas del gobiernos federal y en los aportes del mismo. 
La etapa del sistema semiindustrial dependiente consolida el proceso de descomposición del viejo federalismo económico y fortalece el papel del GBA como núcleo dinámico y dominante del desarrollo económico y social del país. 

XVII. La política económica a partir de 1930 


En la etapa que se abre a partir de 1930, diversas razones aconsejan analizar separadamente los principales lineamientos de la política económica. Por un lado, la contemporaneidad de los problemas determina que esos lineamientos conserven vigencia actual. Por otro, la realidad es mucho más compleja y la política económica no adoptó a partir de 1930 un rumbo definido de largo plazo. La conducción económica estuvo fuertemente influida por la inestabilidad política. 


Hacia 1950 se registra una serie de cambios importantes 
que diferencian los problemas que debió enfrentar la política económica en las dos décadas anteriores y posteriores a ese año. Entre 1930 y 1950 los problemas, con ser agudos, eran menos complejos y podían ser enfrentados al nivel de las grandes herramientas de la política económica que operan sobre la demanda global, la oferta monetaria, los precios relativos, el tipo de cambio, el déficit y el gasto público. A partir de 1950, en cambio, van surgiendo crecientemente los problemas del sistema semiindustrial dependiente. Por estos motivos analizaremos la evolución de la política económica en dos apartados. El primero abarca el período 1930-1950 y el segundo 1950-1970. 

La política económica entre 1930 y 1950 - La década de 1930 y la guerra 

Se ha visto el impacto de la crisis mundial sobre las exportaciones argentinas y la imposibilidad creciente de la economía primaria exportadora de encuadrar el desarrollo de la economía argentina a partir de 1930. 
La conducción económica buscó, con bastante éxito, compensar el efecto deprimente de los factores externos y mantener el nivel de producción y empleo. Con este fin, procuró desvincular el nivel de la oferta monetaria y la demanda interna de la crisis de divisas por la que atravesaba el país, introduciendo el control de cambios a fines de 1933. Esto, junto a una revisión de los aranceles de importación, tendió a encarecer las importaciones y a estimular la sustitución de las mismas por producción nacional. La política fiscal fue relativamente restrictiva en los primeros años de la década de 1930. Además, el gasto público declinó un 30% entre 1930 y 1932. El nivel de actividad 
económica reflejó la convergencia de la caída de las exportaciones y las políticas fiscales y monetarias recesivas. Entre 1929 y 1932 el producto cayó en 14%. Hacia la misma época, los intereses dominantes propiciaron un entendimiento con Gran Bretaña para preservar la posición de las carnes vacunas argentinas en ese mercado (Pacto Roca Runciman en 1933). 
A partir de mediados de la década de 1930, la política fiscal y monetaria comienza a seguir un sesgo francamente expansivo, que permitió recuperar el nivel de precios internos, mientras que en los principales países industriales su declinación era muy marcada. El manejo del sector externo incluyó una activa política de movilización de recursos para compensar la fuerte caída de la entrada de capitales, provocada por la depresión, el impacto de los servicios de la deuda externa y la acumulación de cuentas impagas en el exterior. La política económica de la década de 1930 tendió a preservar la posición de los grupos económicos dominantes de la época. 
Los años de la guerra tuvieron un efecto contradictorio sobre el desarrollo de la economía argentina. Por un lado, al restringir severamente las importaciones, proporcionaron nuevos estímulos a la sustitución de importaciones. Pero, al mismo tiempo, entorpecieron severamente el proceso de capitalización, al suspender las importaciones de maquinarias y equipos que eran indispensable para la expansión de la capacidad instalada en las industrias y su diversificación. 

La primera fase del gobierno peronista 


Al iniciar su gestión en 1946, el nuevo gobierno heredó, junto a una importante masa de reservas internacionales, 


una economía descapitalizada, como resultado de la fuerte restricción del equipamiento durante la década de 1930 y la guerra mundial. En este contexto, durante el trienio 1946-1948 el gobierno llevó hasta sus últimas consecuencias lo que podríamos llamar la fase clásica del proceso de sustitución de importaciones en el marco de una redistribución de ingresos a favor de los sectores populares. En ese período se siguió una política fuertemente expansiva. Simultáneamente, el gobiernos ejecutó una política de nacionalización de servicios públicos y repatriación de la deuda pública. El capital extranjero que en 1913 equivalía al 50% del activo fijo total cayó al 5% en 1955. A través del control de precios para artículos de consumo popular, el subsidio al consumo de los mismos, la política de salarios mínimos urbanos y rurales, la aplicación del sueldo anual complementario y la mejora de las prestaciones del sistema de seguridad social, se produjo una fuerte expansión de la demanda de consumo y una fuerte redistribución de ingresos a favor de los grupos de menores ingresos. 
Estas políticas tuvieron un importante efecto expansivo. Las importaciones crecieron rápidamente en esos años. Esto, sumado a la repatriación de la deuda y la nacionalización de los ferrocarriles y otros servicios públicos, provocaron una fuerte caída de las reservas internacionales. 

La política económica desde 1950 - La segunda fase del gobierno peronista 


Cuando en 1949 el gobierno concluye, en el breve plazo de tres años, la fase expansiva de   su política, se agota, al mismo tiempo, la fase clásica del proceso de sustitución de importaciones. La crisis 


de la política peronista se extiende hasta 1952 y, al salir de ella, el gobierno adopta un nuevo curso de acción. 
En 1949, tanto las exportaciones como las importaciones cayeron en 1/3. Al mismo tiempo que la contracción de las importaciones disminuía la disponibilidad de bienes, el crecimiento de la producción interna tropezaba con el estrangulamiento de la capacidad productiva generada en un largo período de baja capitalización. El gobierno mantuvo hasta los inicios de la década de 1950 su política monetaria, fiscal y salarial expansiva. En 1951 el crecimiento de los precios alcanza límites gasta entonces sin precedentes en lo que iba del siglo. El índice del costo de vida registró un aumento del 37%. Trabado por el estrangulamiento del balance de pagos y el estancamiento de la capacidad productiva interna, el gobierno peronista se embarcó en un nuevo curso de acción a partir de 1952. 
El nuevo programa económico incluyó una severa política de ingresos, con la creación de una comisión nacional de precios y salarios, la concertación de convenios laborales cada dos años y el mantenimiento de un estricto control de precios. La política de ingresos logró evitar caídas sustánciales en los salarios reales y mantener la participación de los trabajadores en el ingreso nacional. El gobierno siguió apelando a fuerte subsidios para abaratar los precios internos de los artículos agropecuarios de consumo popular. Esto permitió, al mismo tiempo, elevar los precios percibidos por los productores agropecuarios, a pesar del deterioro de los términos de intercambio del comercio exterior. La estrategia para enfrentar el estrangulamiento externo 
se apoyó en dos pivotes. Uno, estimular la producción agropecuaria mediante la mejora de los precios relativos del sector rural. Otra, la promoción de la entrada de inversiones y préstamos. La política de capital extranjero se articuló a través de un conjunto de decisiones, incluyendo la adopción de una nueva ley en la materia, que elevó el límite permitido de remisiones al exterior, y los acuerdos con empresas extranjeras para el establecimiento de fábricas de tractores y para el desarrollo de la industria automotriz. 
Un aspecto que debe destacarse en la política económica internacional fue el énfasis, durante el gobierno peronista, al estrechamiento   de los vínculos con los países latinoamericanos, particularmente los limítrofes. La política fue articulada principalmente a través de acuerdos bilaterales, en cuyo encuadre se produjo una apreciable expansión del comercio. 

La Revolución Libertadora 


En el período comprendido desde la caída de Perón en septiembre de 1955 hasta el acceso de Frondizi a la Presidencia en mayo de 1958. se adoptó un conjunto de medidas orientadas a debilitar el poder sindical, redistribuir el ingreso en beneficio de los grupos afectados por la política peronista, vincular al país con los círculos financieros y económicos internacionales y desmantelar el aparato intervensionista montado por el peronismo. Se invirtió drásticamente el signo de las políticas de distribución del ingreso y articulación del poder político de los nuevos grupos sociales surgidos durante el peronismo. La nueva política ser articuló a través de un conjunto de medidas. Entre ellas, debe destacarse la intervención de la CGT, 


el desmantelamiento del IAPI, la privatización de los depósitos bancarios, la incorporación del FMI y el Banco Mundial, el abandono de los convenios bilaterales de comercio exterior y la adhesión como país asociado a la Unión Europea de Pagos, formalizada en el llamado Club de París. Se aflojaron progresivamente los controles de precios y se inició un proceso que habría de consumarse, más tarde, con la rectificación de la política de congelación de arrendamientos rurales y alquileres urbanos. La expansión de las exportaciones agropecuarias y el ingreso de capitales extranjeros siguieron constituyendo los elementos claves para enfrentar el estrangulamiento externo. 
Después de la caída de Perón se liberalizaron las importaciones y se eliminaron las restricciones cuantitativas. El control de las importaciones se realizó mediante el tipo de cambio y los depósitos previos de importación. Sin embargo, esto no fue suficiente y el deterioro del saldo del balance de comercial llevó al restablecimiento de restricciones cuantitativas al iniciarse 1958. El impacto de la devaluación sobre los precios internos fue mayor que el previsto, lo que generó una creciente agitación sindical hacia fines de 1956. Se volvió así a la política seguida a partir de 1952, de conceder aumentos masivos bianuales en el mes de marzo. La política fiscal y monetaria tuvo un efecto relativamente neutro sobre el nivel de la demanda global. La traslación de recursos a los grupos de altos ingresos no provocó un incremento de la capitalización. 

La experiencia frondicista 


En 1958, Frondizi introdujo cambios drásticos en la política económica y una nueva estrategia 


para enfrentar el estrangulamiento el balance de pagos. La tesis central era que éste obedecía al subdesarrollo de las industrias básicas y, consecuentemente, a la dependencia de importaciones de materiales industriales como el acero, papel de diario y productos químicos. El déficit en la producción petrolera completaba este cuadro de dependencia externa, fincada en la insuficiente producción nacional de combustibles y de productos industriales de base. La composición de las importaciones respaldaba estas afirmaciones. Las exportaciones no figuraban como elemento clave de la nueva estrategia. En la formulación de la política frondicista, las exportaciones, atrapadas por el deterioro de los términos de intercambio y el control foráneo de los mercados de exportación, empobrecían al país, al trasladar ingresos de lo s productos argentinos a los importadores del exterior. El financiamiento de la expansión de la capacidad productiva descansaba en la entrada masiva de capital extranjero y en un aumento de la tasa interna de ahorro. La articulación de esta política tuvo dos fases. La primera, en que se siguió una violenta expansión de la demanda a través de un ajuste masivo de salarios, una fuerte expansión de la oferta monetaria y el incremento del déficit fiscal. Las tensiones introducidas por estas políticas sobre el nivel de precios y el balance de pagos fueron enfrentadas a partir de principios de 1959, cuando se inaugura la estrategia económica de fondo, con un conjunto de medidas tendientes a establecer la confianza necesaria en los círculos financieros internacionales y en los grupos internos dominantes. También se adoptaron 
una serie de medidas para estimular a inversión, entre ellas, desgravaciones impositivas para la capitalización, la reducción de los recargos y derechos aduaneros para la importación de maquinarias y equipos y la elevación de la protección a al industria nacional. En respuesta a esto, el aumento de la inversión en maquinarias y equipos generó un rápido incremento de las importaciones. Las entradas de capital extranjero en el período estuvieron vinculadas al financiamiento de éstas. 
Como las exportaciones se mantuvieron muy bajas durante todo el gobierno de Frondizi el balance comercial registró un fuerte déficit. La entrada de capitales permitió financiar el déficit y elevar las reservas internacionales del Banco Central. Esta evolución del balance de pagos se reflejó en un fuerte aumento de la deuda pública   y privada externa. 
Luego de la fuerte devaluación del peso vinculada a la liberación del mercado cambiario, a fines de 1958, el peso se estabilizó. La devaluación generó una fuerte traslación de los ingresos al sector rural. Sumado al arrastre de las políticas del año anterior, más la devaluación y la liberación de controles de precios, generaron un aumento del precios sin precedentes. Como los salarios quedaron a la zaga, se produjo una nueva redistribución del ingreso en perjuicio de los asalariados. Al mismo tiempo, la situación fiscal tendía a mejorar progresivamente, debido al aumento de la recaudación tributaria y a la disminución del déficit de explotación de varias empresas públicas. El efecto de este conjunto de medidas sobre la asignación de recursos fue realmente notable. La traslación de ingresos hacia sectores 
del capital y la empresa y la entrada de créditos y otros capitales del exterior provocaron un salto de la tasa de capitalización al 24% anual en 1961. 
El ascenso de la demanda global se apoyó en la inversión privada y pública, ya que el consumo privado declinó en el período. En 1961 saltaron a la superficie las contradicciones del proceso. La resistencia sindical a la caída de los salarios reales intensificó la tensión social. El sector externo entró nuevamente en crisis bajo el efecto de un bajo nivel de exportaciones, el peso creciente del endeudamiento externos y una creciente falta de confianza en la estabilidad del peso. 
La política económica del gobierno de Frondizi reveló la posibilidad de lanzar con rapidez una política agresiva de inversiones orientada a la expansión de la capacidad productiva en sectores estratégicos. Al mismo tiempo, las bases en las que esa política se asentó eran endebles y debían llevar a su quiebra en el corto plazo y a su inviabilidad en el largo plazo. La estrategia del gobierno de Frondizi concentró su acción en la sustitución de importaciones. El supuesto implícito era que podía comprimirse indefinidamente el coeficiente de importación y permitir el crecimiento con una permanente reducción de la apertura externa de la economía. El límite de este proceso es naturalmente la autarquía. La estrategia frondizista llevaba, inevitablemente, a un nuevo estrangulamiento del balance de pagos, agravado por el peso creciente de los servicios de la deuda externa. La segunda limitación fue el descuido acerca de las condiciones en que se producía el desarrollo industrial de base. El énfasis en la integración 
vertical de la industria era correcto, pero la instalación de un excesivo número de empresas en sectores que requieren una alta concentración de la producción y elevadas dimensiones de planta para alcanzar las economías de escala que las caracterizan, generó unja excesiva dispersión de la producción y fuertes costos operativos. Si la estrategia seguida no genera una aumento sostenido de la producción y de la capacidad de acumulación al mismo tiempo que se expande el consumo, entonces se reinstala, inevitablemente, la puja por la distribución del ingreso y la inflación de costos. Esto fue precisamente lo que ocurrió hacia fines del gobierno de Frondizi. 
La incorporación de recursos del exterior no soslaya el hecho de que la fuente fundamental de la acumulación en la Argentina es el ahorro interno. Su movilización constituye, pues, la clave del financiamiento del desarrollo, y la estrategia del gobierno de Forndizi, con su énfasis prioritario en el capital extranjero, no tiene, por tanto, vigencia. 

La restauración liberal 


Con la caída de Forndizi se instaló, nuevamente, la política liberal en su versión más pura entre las experiencias de esa línea a partir de 1955. En 1962, la política liberal produjo una recesión sólo comparable a la de los peores años de la crisis mundial de 1930. Esto revela elocuentemente el agotamiento de la vigencia histórica de la política liberal. 


Las medidas puestas en práctica a partir de abril de 1962 incluyeron una nueva devaluación del peso, la disminución de las retenciones a las exportaciones tradicionales, una fuerte restricción de la oferta monetaria y la reducción del gasto público. 
La recaudación tributaria cayó como consecuencia de la recesión y, en consecuencia, el déficit fiscal, en vez de disminuir, como se pretendía, aumentó bruscamente. 
Los resultados fueron catastróficos. El producto bruto interno y el consumo per capita cayeron a su nivel más bajo en un década. En 1963 se estima que estaba inutilizada cerca del 50% de la capacidad industrial instalada, y el desempleo de la fuerza de trabajo se ubicaba en el 10%. La fuerte concentración de la demanda más la devaluación y la restricción del crédito interno, colocaron a gran número de empresas, fuertemente endeudadas con el exterior durante el gobierno de Frondizi, en situación insostenible. Esto dio lugar a cuerees de fábricas y quiebras. Los precios no pudieron frenarse. La recesión y la contracción del consumo interno permitieron elevar los saldos exportables de productos agropecuarios. Al mismo tiempo, la recesión interna provocó una caída de las importaciones de casi el 305 entre 1961 y 1963. La transitoria superación superación del estrangulamiento externo sentó las bases para la política de expansión de la demanda global y recuperación del nivel de producción y empleo que inauguraría la administración radical a partir de fines de 1963. 

El gobierno radical 


La administración radical del presidente Illia abarcó desde fines de 1963 a mediados de 1966. En ese período las exportaciones alcanzaron niveles sustanciales superiores a los de los años anteriores. Las importaciones se mantuvieron en bajos niveles en todo el período. Dentro de este contexto, la política económica procuró evitar devaluaciones masivas, con sus efectos sobre la 


distribución del ingreso, y adoptó,   un prudente ajuste periódico y en pequeñas proporciones, del tipo de cambio. Al mismo tiempo, se reimplantaron controles cambiarios sobre las transferencias de capital y los rubros invisibles del balance de pagos. En el sector externo, el gobierno adoptó, asimismo, un conjunto de medidas para poner en práctica compromisos asumidos durante la campaña electoral, particularmente, la anulación de los contratos petroleros. Además se puso término al acuerdo stand by vigente con el FMI. Estas actitudes del gobierno implicaron una drástica ruptura de la línea de entendimiento con la comunidad financiera internacional seguida, aunque en distintos contextos de política económica global, por las tres administraciones anteriores. No es extraño que se produjera una salida de capitales atribuible a la fuerte contracción de las importaciones de maquinarias y equipos cuyo correspondiente financiamiento constituye   una de las vías principales de incorporación de capitales del exterior. Por otra parte, la política cambiaria desalentó la entrada de capitales de corto plazo que constituye la segunda fuente importante de incorporación de capitales del exterior. La mejora del balance comercial permitió seguir una firme política de expansión de la demanda global a través del aumento de la   oferta monetaria, el gasto público y los aumentos de salarios. 
Pese al repunte del empleo y los salarios reales, el movimiento obrero mantuvo una permanente hostilidad contra el gobierno. La debilidad política del gobierno influyó decisivamente en su incapacidad de imponer una política de ingresos para contener la espiral de precios 
salarios. En el sector fiscal la evolución tampoco fue favorable. La expansión del gasto público se apoyó en los gastos corriente mientras tendía a deteriorarse la participación de las inversiones. Hacia el final de la gestión radical comenzó a agotarse la posibilidad de expandir la actividad productiva sobre la base del aumento del ingreso monetario y la ocupación de la capacidad instalada ociosa. 
La política del gobierno de Illia rectificó los lineamientos de la política liberal restablecida en 1962. En el contexto de una situación externa relativamente favorable, tuvo éxito en promover una rápida recuperación del nivel de la actividad productiva y el empleo. Sin embargo, no aportó soluciones significativas a los problemas básicos de la economía nacional. La capitalización y el cambio tecnológico quedaron rezagados, el déficit de las empresas públicas se agravó y no hubo avances importantes en la sustitución de importaciones, a través de la integración del sistema industrial, ni en la promoción de las exportaciones. 

El régimen militar 


Después de la caída del gobierno radical, en junio de 1966, la política económica del régimen militar no introdujo cambios apreciables hasta fines del año. En marzo de 1967 se puso en marcha una política respaldada por los sectores tradicionales. Sin embargo esa política incluyó cambios importantes con respecto a las seguidas por las anteriores experiencias del mismo origen. En primer lugar, el sector ganadero y de grandes propietarios de la zona pampeana quedó al margen de los beneficios directos de la nueva política económica. Los principales beneficiarios fueron las empresas extranjeras 


que operaban predominantemente en las industrias dinámicas, el sector financiero y las empresas del Estado. Pese a estas orientaciones de la política económica, el sector tradicional, apoyado en la producción agropecuaria exportable, le prestó, en un primera etapa, su apoyo. 
La política de marzo de 1967 partió del supuesto correcto de que la inflación es eminentemente de costos y puso en marcha un conjunto de medidas tendientes a contenerlos. En un primer momento, se produjo una devaluación importante, aumentaron las tarifas de los servicios públicos; las escalas de salarios de los convenios colectivos de trabajo fueron ajustados por etapas, para restaurar su poder adquisitivo promedio de 166. de allí en más se congelaron estos determinantes principales de costos. La política fiscal procuró el equilibrio del presupuesto mediante un fuerte aumento de impuestos y cargas sociales, que implicaron una importante traslación de ingresos al sector público. Por otra parte, las altas tasas de interés en le mercado financiero, la perspectiva de la estabilidad del tipo de cambio y la aparente solidez política del gobierno militar, estimuló la entrada de capitales de corto plazo que vino a reforzar la mejora experimentada en el balance de pagos. 
A mediados de 1969 los disturbios en la ciudad de Córdoba y en otras partes del país echaron por tierra la aparente estabilidad del régimen militar. Aparentemente, el aumento de las reservas internacionales,   el crecimiento del producto y la contención de los precios indicaban un franco éxito de la conducción económica. Sin embargo, estos avances se apoyaban en bases endebles y habrían de desmoronarse 
en el curso de 1970. 
En primer término se profundizó el proceso de concentración industrial y se amplió el área de influencia del capital extranjero en el sector industrial y financiero. El avance del proceso de extranjerización se afincó sobre el control de los recursos internos del   país y el financiamiento de la empresa extranjera con recursos generados internamente. En el curso de 1970 la inversión del ciclo ganadero provocó una drástica reducción de la oferta de hacienda, que determinó un fuerte aumento de los precios internos de la carne vacuna. Además, la resistencia sindical a una política que mantenía sin cambios apreciables los salarios reales, al tiempo que aumentaba la productividad y la traslación de ingresos en perjuicio del sector obrero, agudizó drásticamente las tensiones sociales. Para completar el cuadro, el sector externo entró nuevamente en crisis. El proceso se estaba gestando desde 1969, en que, por primera vez desde 1962, se registró un déficit sustancial de balance de pagos en cuenta corriente. El aumento de los precios internos, frente a la inmovilidad del tipo de cambio, generó una crisis de confianza en la estabilidad del peso que alentó la salida de capitales. La crisis del sector externo estalló hacia mediados de 1970 con una contracción de las exportaciones, el mantenimiento de un alto nivel de importaciones y la salida de capitales.
La experiencia de marzo de 1967 concluía, pues, con una nueva crisis del balance de pagos, la reactivación de las presiones inflacionarias y la ruptura de la política de ingresos. 

La apertura nacionalista 


A fines de octubre de 1970 se produjo el 


relevo del equipo económico y la instalación de una nueva política económica. El punto de partida de la nueva política fue señalar que la potencia económica del país, su base de recursos humanos y financieros y su excepcional dotación de recursos naturales en un inmenso territorio, le permitían enfrentar la crisis de coyuntura y lanzar, simultáneamente, un agresivo programa de desarrollo y de argentinización de la economía nacional. Para evitar que el nivel de actividad interna y la oferta monetaria quedaran atrapadas por la crisis del sector externo se introdujeron controles a la salida de capitales y las transferencias financieras. Simultáneamente se persiguió una política de elevación de las inversiones públicas con el doble propósito de la expansión de la infraestructura y de la demanda global. Asimismo, se puso al día una cuantiosa deuda con proveedores del sector público. Se resolvió, también, reabrir las negociaciones de los convenios colectivos de trabajo. Para controlar la explosión de las expectativas inflacionarias se dispuso la adopción de controles directos de precios. Se pusieron en marcha un conjunto de medidas tendientes a expandir las exportaciones, movilizar los recursos internos, argentinizar la economía y reformar el comportamiento del sector público para integrarlo en un proceso del desarrollo acelerado con creciente control nacional. En el sector externo, la restricción a las importaciones suntuarias y la veda al consumo interno de carne vacuna tendieron a eliminar el déficit de la balanza comercial. En el campo de la movilización de los recursos internos se creó el Banco Nacional de Desarrollo. En el campo 
de la movilización de los recursos externos, fue rectificada la política tradicional de vincular las realizaciones internas a la obtención de créditos internacionales, mediante prolongadas gestiones en el exterior. Por el contrario, se enfatizó que los créditos del exterior vienen cuando existe una política agresiva de inversiones en torno de proyectos bien concebidos. La rectificación del creciente proceso de extranjerización del aparato productivo del país, a través de lo que se definió como la “argentinización” de la economía nacional, fue otro aspecto central de la política económica   iniciada a fines de octubre de 1970. La política de argentinización persiguió varios objetivos principales. En primer lugar, lograr que el crecimiento de las industrias dinámicas se asiente progresivamente en empresas controladas por intereses locales. En el campo financiero, se dispuso la orientación progresiva del crédito hacia las empresas de capital nacional. En materia de petróleo se puso en marcha un apolítica tendiente a dar a la empresa estatal (YPF) un rol decisivo en todas las etapas de la economía petrolera, al tiempo que se expandían sus operaciones. Otro problema enfrentado fue el de las empresas medianas y pequeñas de capital nacional en situación crítica. Se pusieron en marcha comisiones sectoriales destinadas a diseñar y ejecutar las medidas de apoyo crediticio, fiscal y de diverso tipo, tendientes a expandir las escalas de producción, a expandir las exportaciones y otros objetivos prioritarios. En el campo de la operación del sector público la llamada ley de “compre nacional” impuso condiciones estrictas, que obligaron al sector 
público comprar bienes y servicios producidos internamente. Al nivel de las grande obras de infraestructura se aceleró el proceso de decisiones, superando largas demoras en proyectos como Zárate Brazo Largo, Salto Grande y Yaciretá. En materia petrolera se puso en marcha un programa de aceleración de las exploraciones, para aumentar las reservas comprobadas. 

El capitalismo argentino 

(Aldo Ferrer) 

Primera parte- Desarrollo y subdesarrollo en el mundo global 

I. El sistema internacional 

La globalización no es un hecho nuevo ni reciente. Comienza alrededor del año 1500 con el descubrimiento y la conquista de América y la llegada de los portugueses a Oriente por vía marítima. Desde entonces, la trayectoria del desarrollo económico de los países, tanto como sus problemas actuales y perspectivas futuras, es, en gran medida, resultado de la resolución del contrapunto realidad interna-contexto mundial. 


Principales tendencias del orden mundial 


En los últimos 150 años el orden económico mundial presenta cuatro rasgos principales: 

- Aceleración de la tasa de crecimiento en un reducido número de países y expansión de las relaciones económicas internacionales: desde fines del siglo XVIII y en el transcurso del XIX, se difundió en los países de Europa Occidental y en Estados Unidos la revolución industrial iniciada en Gran Bretaña. La incorporación masiva del progreso técnico abarcó, en una primera etapa (1750-1850), la máquina de vapor y la producción de energía, la industria textil, la producción siderometalúrgica, la industria metalmecánica, los ferrocarriles y el telégrafo, 
la agricultura y la minería, e incorporó, en la segunda (1850-1913), la electricidad, las industrias electrometalúrgica, química y farmacéutica, las comunicaciones (cables submarinos, telefonía y transmisión inalámbrica), la navegación a vapor y la construcción de canales interoceánicos. La revolución industrial fue acompañada por una rápida expansión del comercio internacional y de los movimientos de capitales y por una gigantesca migración de europeos hacia los nuevos espacios abiertos en el Nuevo Mundo y Oceanía. Las relaciones económicas y financieras internacionales crecieron más rápido que la producción mundial. Las economías industriales y las abastecedoras de alimentos y materias primas quedaron estrechamente asociadas en un sistema multilateral del comercio y pagos. Entre 1914 y 1945, el orden mundial fue sacudido por dos grandes guerras y la depresión de los años treinta. En ese período, se desaceleró el crecimiento y se debilitaron las relaciones económicas y financieras internacionales. Después de la Segunda Guerra Mundial, una nueva ola de innovaciones tecnológicas (electrónica, informática, biotecnología, energía nuclear) provocó otro impacto masivo sobre el desarrollo económico y las relaciones internacionales. En el llamado “período dorado de posguerra” los movimientos de capitales crecieron más que la producción y el comercio e incorporaron dos protagonistas decisivos: las inversiones de las corporaciones trasnacionales y los fondos de corto plazo. Desde la primera crisis del petróleo en 1973, el desarrollo de las principales economías industriales se desaceleró. 

- Surgimiento de una nación líder en el despegue 


de cada una de las fases del desarrollo y globalización de la economía mundial: En el Primer Orden Económico Mundial (1500-1800), en el cual se construyó el primer sistema de relaciones planetarias, el liderazgo descansó en las naciones ibéricas (Portugal y España) y, en seguida, además, en Francia, Holanda y Gran Bretaña. A partir de la Revolución Industrial, es decir, desde fines del siglo XVIII, la situación cambió drásticamente. En efecto a partir de entonces, en cada una de las fases de aceleración de la globalización, existió una sola potencia hegemónica. En la primera, que abarca el siglo XIX y concluye con la Primera Guerra Mundial, la nación protagónica fue Gran Bretaña. La City de Londres era entonces el principal centro financiero internacional y la libra esterlina la principal moneda de denominación de las transacciones. En la siguiente fase de globalización, iniciada en 1945, la hegemonía fue asumida decisivamente por Estados Unidos. En 1950, Estados Unidos, con el 6% de la población, representaba el 50% de la producción mundial y 2/3 de la correspondiente al mundo industrializado. La confrontación con la ex Unión Soviética, en el contexto de la guerra fría, indujo a Estados Unidos a contribuir en la reconstrucción de posguerra, incluso de sus enemigos en el conflicto. El dólar se constituyó en el principal activo de reserva del resto del mundo y en la principal fuente de aumento de la liquidez internacional. 

- Dispersión de los niveles relativos de desarrollo ente, por una parte, la potencia líder y un reducido grupo de naciones industrializadas y, por otra, el resto de los países que representan 2/3 de la 


población mundial: La aceleración del desarrollo en la potencia líder y en un reducido grupo de países industriales abrió una brecha entre éstos y los que quedaron al margen. En efecto, antes de la revolución tecnológica e industrial, los ingresos medios y las estructuras productivas de las principales civilizaciones de Europa y Asia eran comparables. A mediados del siglo XVIII, el ingreso per cápita de la población de lo que luego se llamaría “tercer mundo” representaba el 80% del verificado en la potencia entonces líder, Gran Bretaña. La situación cambió radicalmente a partir de la Revolución Industrial. 
Actualmente, el ingreso medio de la periferia es apenas el 10% del verificado en la potencia hegemónica, Estados Unidos. Los pobres están cada vez más lejos de los ricos. 

- Convergencia de un reducido grupo de países con la potencia líder en cada fase de la globalización del orden mundial. 


Asimetrías y poder en el sistema internacional 


Los países exitosos se acercaron y, en algunos casos, superaron al líder. Se formó así, en cada período de

la globalización, el núcleo central y hegemónico del sistema internacional. Los países rezagados, con más de 2/3 de la población mundial, conformaron la periferia atrasada y subordinada del orden global. Las asimetrías en el sistema internacional se reflejan, en cada período de la globalización, en marcos regulatorios y relaciones bilaterales que privilegian los intereses de los centros. En la actualidad, el grupo hegemónico abarca la tríada Estados Unidos-Unión Europea-Japón. 
Las reglas del juego del orden global son establecidas por los países centrales y se formalizan actualmente 
a través de los organismos multilaterales. 

¿Cuales son los países exitosos? 


Los países exitosos o ganadores, es decir, aquellos que convergieron con el líder y, a su turno, conformaron con él el centro hegemónico del sistema mundial, son un número relativamente reducido. Se trata de países de desarrollo tardío respecto del líder y del núcleo de naciones más avanzadas de cada período. No todos estos países eran periféricos al tiempo de su despegue. Raúl Prebisch difundió a fines de la década de 1940, las expresiones centro periferia para caracterizar la división internacional del trabajo entre países industrializados y economías abastecedoras de alimentos y materias primas. La periferia estaba compuesta por economías satélites de los centros. La transformación de los sistemas productivos de los países periféricos estaba seriamente limitada por su especialización en la producción primaria   y su dependencia del abastecimiento de manufacturas diversas, máquinas, equipos y tecnología. Esta relación no era conveniente a la periferia porque determinaba una concentración de los frutos del progreso técnico en los centros y generaba una tendencia sistémica al déficit externo en la periferia. La solución consistía, entonces, en la industrialización y la transformación del comercio exterior. 


En el siglo XIX y hasta la Primera Guerra Mundial los ejemplos más importantes de países de desarrollo tardío que convergieron con la potencia entonces hegemónica, Gran Bretaña, son: Estados Unidos y Alemania. Los ejemplos contemporáneos más exitosos resultan estar en Asia: la reconstrucción y el fenomenal desarrollo del Japón hasta la 
década de 1980 y de dos países de dimensión territorial reducida y mediana población, Corea y Taiwán. 
La caracterización del éxito se refiere exclusivamente a una mayor tasa de desarrollo respecto de la del líder, convergencia con su nivel de ingreso medio y ampliación de la libertad de maniobra en el sistema internacional para definir estrategias autocentradas de desarrollo y objetivos propios en el orden mundial. En tal sentido, el éxito no incluye variables relativas al desarrollo humano como la libertad, la democracia y la paz. Si nos atenemos a indicadores vinculados con el desarrollo humano, probablemente Suecia y Dinamarca proporcionen los ejemplos más notables de convergencia simultáneamente con la exaltaciones de valores fundamentales. 

Diferencias entre los países exitosos 


Los países incluidos en la muestra presentan situaciones muy diferentes entre si. Las diferencias principales se refieren a las siguientes cuestiones: 

- Dimensión territorial, población, recursos naturales y mercado interno. 
- Magnitud de la brecha con el país líder al tiempo del despegue. 
- El contexto mundial. 

El debate actual sobre la globalización y las estrategias de desarrollo 


Las tensiones emergentes de las crecientes disparidades dentro del orden mundial y entre diversos sectores sociales, incluso en los países industriales, están generando un activo debate sobre las cuestiones. El mismo abarca dos temas principales. A saber: 

- La naturaleza y los alcances de la globalización de la economía mundial: ¿tienen o no los países periféricos o subdesarrollados, hoy en día, capacidad para decidir el rumbo de su desarrollo? 
La visión fundamentalista de la globalización plantea que no por dos motivos. Primero, que actualmente, las principales transacciones tienen lugar en el mercado mundial. Segundo, que las decisiones fundamentales de inversión y localización de la producción las adoptan los mercados financieros y las grandes corporaciones trasnacionales. Los mercados y estados nacionales serían testigos pasivos e impotentes de acontecimientos fuera de su control. Ésta es una visión deformada de la realidad. 

- Las distintas estrategias que diversos países han seguido para superar su atraso y, eventualmente, convertirse ellos mismos en líderes del sistema internacional: todos los países ganadores fundaron su desarrollo en sistemas de capitalismo nacional autocentrado en los mercados internos y los recursos propio, en el comando del proceso por los grupos hegemónicos internos y en la proyección del mercado mundial. 


II. El sendero del desarrollo 


La experiencia de los países de desarrollo tardío que resultaron exitosos presenta dos rasgos sorprendentes. El primero radica   en la gran diversidad de situaciones contextuales, dimensión y nivel relativo de desarrollo al tiempo del despegue en cada uno de los casos de la muestra. El segundo se refiere a que el sendero seguido por esos países presente, pese a todas las diferencias recordadas y a la singularidad de cada experiencia histórica similitudes notables. Tales semejanzas se refieren a dos áreas principales. A saber: 


Las condiciones sociopolíticas 


• Marco institucional y político 

Bajo distintos regímenes políticos, los países exitosos lograron mantener la estabilidad de largo 
plazo de las instituciones y, en el caso de fractura de las mismas, recuperar la estabilidad político-institucional en plazos relativamente breves. 

• Las elites 

En todos los países exitosos, los grupos sociales hegemónicos revelan una disposición a acumular poder en sus respectivos espacios nacionales y, sobre estas bases, proyectarse al escenario internacional. 
De este modo, la expansión de las actividades dinámicas en el agro y la industria actuó como locomotora de la acumulación del capital, el crecimiento y la transformación del sistema económico. 
El capital nacional prevalece en el comercio interno e internacional y en el sistema financiero. Esto fue esencial para el financiamiento de la inversión en los sectores dinámicos y el protagonismo de los intereses nacionales. 
En todos los países exitosos, las raíces nacionales de sus respectivos capitalismos a asociar a las empresas con los sistemas nacionales de ciencia y tecnología. 

• Ideas económicas 

Los países exitosos no adhirieron a las ideas económicas prevalecientes en los centros. Por el contrario, fundaron ideas e ideologías propias y compatibles con el desarrollo de sus economías nacionales. 

• El Estado 

Con el respaldo de ideas y visiones propias del desarrollo, en todos los países exitosos, el Estado jugó siempre un papel fundamental. Estas estrechas relaciones del poder político y administrativo con los intereses privados provocaron diversos grados de cohecho y corrupción y la generación de rentas privadas resultantes de las decisiones públicas. Sin embargo, la corrupción, que siempre es un flagelo social, no constituye una variables explicativa 
del éxito o el fracaso de los países. 

• Derecho de propiedad y costos de transacción 

La seguridad en el ejercicio del derecho de propiedad y la reducción de los costos de transacción en los mercados son aspectos esenciales del comportamiento de los países exitosos. 

• Integración social 

En todos los casos de la muestra, el desarrollo incorporó la mayor parte de la sociedad al proceso de crecimiento. Las actividades líderes durante el siglo XIX y en la segunda mitad del XX generaron eslabonamientos con el resto del sistema productivo. Esto permitió aumentar el empleo e incorporar a la mayor parte de la fuerza laboral en el proceso de crecimiento. 

Las variables económicas 


El comportamiento de las principales variables económicas presenta similitudes notables a pesar de las diferencias contextuales, dimensión y niveles relativos de desarrollo al tiempo del despegue de cada uno de los países exitosos. 

• Ahorro e inversión 

Como el ahorro interno es la fuente fundamental del financiamiento de la inversión, en los diversos períodos históricos, los países exitosos lograron tasa de ahorro interno superiores a las de las economías líderes. 

• Ventajas competitivas 

Un rasgo común en todos los países exitosos es que su inserción en el sistema internacional se fundó en la generación de ventajas competitivas dinámicas fundadas en el cambio técnico y la incorporación de conocimientos y valor agregado a la producción. Ninguno descansó a largo plazo en las ventajas comparativas reveladas por la dotación de recursos naturales o bajos salarios. La tecnología incorporada fue asimilada a través de un fuerte sector 


nacional productor de bienes de capital y, además, las importaciones de máquinas y equipos. Todos los países de la muestra terminaron siendo exportadores de tecnología y bienes de capital. Los países exitosos introdujeron reformas organizacionales en las firmas y en los mercados y promovieron la capacitación de recursos humanos. Los países exitosos lograron una disminución de la asimetría en el contenido tecnológico de las importaciones y exportaciones. El cambio de la composición de las exportaciones fue posible por la transformación de la estructura productiva interna y el crecimiento de las industrias dinámicas. 

• Balance de pagos 

En los diversos períodos históricos, los países exitosos han mantenido el equilibrio de sus pagos internacionales y evitado incurrir en déficit sistémicos de largo plazo. A largo plazo éstos evitaron la dependencia de los capitales financieros para cerrar la brecha de sus pagos internacionales. En tales países, las entradas de capital extranjero están asociadas al aumento de la capacidad productiva y de las exportaciones. El capital extranjero realizó una contribución, en algunos casos importante, pero marginal en el proceso de acumulación de capital y generación de capacidad de pagos externos. 

• Precios 

Los países exitosos mantuvieron en equilibrio las relaciones macroeconómicas de base: situación fiscal, pagos externos y oferta-demanda de dinero. 

El caso argentino 


La Argentina no forma parte de los países exitosos. Su tasas de desarrollo en la segunda mitad del siglo XX fue baja e inferior a la de las economías desarrolladas. De este modo, en vez de converger, aumentó la brecha 


que separa a la Argentina del conjunto de las economías industrializadas. La deuda externa y la magnitud y persistencia del déficit en la cuenta corriente han contribuido a la subordinación, sin precedentes, de la política económica a las expectativas de los mercados financieros y de los centros de poder internacional. En el transcurso de su desarrollo histórico la Argentina no logró conformar un sistema de capitalismo nacional 

Segunda parte- La trayectoria del capitalismo argentino- 


I. La economía primario exportadora (1860-1930) 


En la segunda mitad del siglo XIX, la Argentina se incorporó al orden mundial como una exportador importante de alimentos y materias primas de origen agropecuario. Esta etapa del desarrollo argentino concluyó con la crisis económica internacional de los años treinta. En este período, el liderazgo del crecimiento descansó en las exportaciones. En virtud de la extraordinaria dotación de recursos naturales en relación con la reducida magnitud de su población, la Argentina alcanzó, en la década de 1920, un alto ingreso per cápita e indicadores sociales. Su economía era, sin embargo, vulnerable y dependiente. 


Las condiciones sociopolíticas 


• Marco institucional y político 

Desde la Organización Nacional hasta el fin del período, que coincide cronológicamente con el golpe de estado de 1930, el sistema operó con una considerable estabilidad institucional y política. 

• Las elites 

Como la tierra era el principal recurso y su dominio la mayor fuente de poder, el comportamiento de los terratenientes y la debilidad relativa de los otros sectores sociales fueron decisivo en el curso 
de los acontecimientos. El latifundio resultó así la unidad económica dominante y su explotación descansó en su mayor parte en arrendatarios, medieros y otras formas de ocupación precaria de la tierra. 
Gran Bretaña era entonces el principal mercado de las exportaciones agropecuarias y la fuente principal de financiamiento externo y de inversiones privadas directas en la Argentina. La concentración del poder económico y la ausencia de una masa crítica de intereses asociados a la industria y los servicios, convirtieron a la economía argentina en un satélite de la potencia hegemónica. No existió, pues, un liderazgo empresario con vocación de acumulación de poder en el seno del espacio nacional. De este modo, la asignación de recursos, la estructura productiva y la composición del comercio exterior quedaron libradas a las fuerzas del mercado y a las señales del sistema de precios y de las ventajas comparativas estáticas. El grado de extranjerización del sistema productivo fue extraordinario . en 1913 el capital extranjero radicado en el país representaba el 50% del valor total de activos existentes. La generación de ahorro estaba en manos de intereses extranjeros. Una situación antitética con la registrada en los países exitosos. 

• Las ideas económicas 

Dado el comportamiento de la elite, el librecambio se convirtió en la ideología oficial del sistema y prevaleció en todo el período. La derrota de la postura proteccionista del mercado interno e industrialista en la Argentina coincidió con un cambio de tendencia política comercial en el resto del mundo. Todos los países que hemos incluidos en la muestra de los exitosos aumentaron 
las tarifas de importación para defender su producción doméstica y mercados internos. 

• El Estado 

Bajo el régimen conservador, se puso en marcha una política de educación pública de vasto alcance. Pero, a diferencia de los países exitosos, en los cuales la educación formó parte de procesos de industrialización y generación de ventajas competitivas dinámicas, en la Argentina su impacto quedó reducido a los límites el modelo primario exportador. El Estado no hizo diferencia alguna entre el capital nacional y extranjero y, a menudo, las reglas del juego privilegiaban al segundo sobre el primero. De este modo, fueron las fuerzas espontáneas del mercado lasque decidieron la asignación de recursos y la presencia de los intereses extranjeros en la economía Argentina. El sistema primario exportador y la ideología y política librecambista entraron en crisis con la caída de la Bolsa en 1929. Comenzó entonces otra época y, en verdad, no se partía de cero. Porque, a pesar de la vulnerabilidad del sistema económico argentino, la magnitud de los recursos, incluso la incipiente base industrial disponible, el nivel educativo y la capacitación de la fuerza de trabajo, la dimensión del mercado interno y otros factores favorables, proporcionaban una importante base de sustentación para el cambio de rumbo. 

• Derecho de propiedad y costos de transacción 

La estabilidad de las instituciones y política configuró un cuadro de plenas garantías a la inversión privada nacional y extranjera. 

• Integración social 

Un rasgo notable del sistema fue la incorporación de la mayor parte de la población del país y de las corrientes inmigratorias 
a una economía de mercado de alcance nacional. Ningún segmento social significativo, salvo en las regiones periféricas del Noroeste, quedó al margen de la economía de mercado. El liderazgo de las exportaciones se derramó sobre la mayor parte del sistema económico y social. El ingreso estaba fuertemente concentrado en los grandes propietarios territoriales y en los sectores vinculados con la red de infraestructura, comercial y financiera. 

Las variable económicas 


• Ahorro e inversión 

Dado su ingreso per cápita, la Argentina alcanzó en el período tasas de ahorro e inversión considerables. El aumento de la inversión contribuyó a sostener la expansión del empleo y la incorporación a la fuerza de trabajo de los contingentes inmigratorios. La integración territorial fue facilitada por el rápido desarrollo de la red ferroviaria. 

• Ventajas competitivas 

El desarrollo de la producción agrícola y ganadera se basó en la expansión de la frontera productiva y en la penetración del cambio técnico en las explotaciones. La mecanización, rotación de cultivos, empleo de fertilizantes y agroquímicos y mejora de los rodeos formaron parte de una incorporación ampliada de equipamiento y tecnología en la producción primaria; lo mismo sucedió con las industrias transformadoras, como los frigoríficos. El avance tecnológico se derramó a otras actividades asociadas con el desarrollo urbano, la infraestructura, la construcción y servicios diversos. Pero éstos fueron los límites del desarrollo tecnológico del período. De este modo, en todo el período, las exportaciones estuvieron compuestas totalmente por productos primarios e industriales 
de origen agropecuario. La brecha en el contenido tecnológico del comercio exterior se mantuvo sin cambios. En tales condiciones, el país era incapaz de generar ventajas competitivas dinámicas asentadas en la difusión del progreso técnico más allá de la producción primaria. 

• Balance de pagos 

El excedente del comercio exterior permitía pagar, con ocasionales sobresaltos, los servicios de la deuda externa y las utilidades del as inversiones privadas directas radicas en los ferrocarriles y en otras áreas. 

• Precios 

En la mayor parte de la etapa, prevaleció la estabilidad de precios y el tipo de cambio el peso. Esto fue posible por la solidez de las relaciones macroeconómicas de base, es decir, los equilibrios del presupuesto, la cuenta corriente del balance de pagos y la relación demanda-oferta de dinero. 

II. La industrialización sustitutiva de importaciones (1930-1975) 


El colapso del orden mundial que había encuadrado el crecimiento fundado en las exportaciones de productos primarios reveló la inviabilidad del sistema primario exportador. Ante la caída de las exportaciones, la capacidad de pagos externos era insuficiente para sostener el nivel previo de importaciones, hacer frente a los pagos de los servicios de la deuda externa y transferir las utilidades de las empresas extranjeras radicadas en el país. En ese contexto, la política librecambista sólo podía agravar la profundidad de la crisis y fue progresivamente abandonada. A mediados de la década de 1930, el régimen conservador había creado un instrumental de intervención en el mercado (control de cambios, regímenes reguladores de la producción 


de cereales y carnes, banca central, reforma impositiva, acuerdos comerciales con Gran Bretaña, etc.) y había comenzado a adoptar medidas de reactivación de la demanda. Las nuevas condiciones internacionales y el cambio de rumbo en el comportamiento del Estado argentino, contribuyeron al crecimiento de la producción industrial sustitutiva de importaciones. 
En la Argentina la proporción de exportaciones de manufacturas de origen industrial respecto de la producción manufacturera total continuó   siendo baja y las exportaciones siguieron descansando esencialmente en los productos primarios. 
El primer tramo del proceso abarca desde 1930 hasta mediados de los años cuarenta. En su transcurso, se ocupó prácticamente toda la frontera sustitutiva en la industria liviana (textiles, alimentos industrializados, mecánica y química livianas y bienes de consumo durable). A partir de allí, la industria abarcó ramas más complejas que incluían la producción de insumos industriales (acero, papel, petroquímicos, aluminio) y, notoriamente, la industria automotriz. El crecimiento del período fue bajo pero no despreciable. Sin embargo, en todo el período, a diferencia de los países exitosos, la Argentina no había logrado converger con los países líderes. 
El país no había logrado aumentar su grado de autonomía en el manejo de sus relaciones internacionales. Después de la nacionalización de las empresas extranjeras de servicios públicos y de la repatriación de la deuda pública externa, durante el gobierno peronista (1946-1955), la economía argentina se enfrentó nuevamente un severo estrangulamiento externo. El crecimiento de la producción tropezaba 
con la insuficiencia de la capacidad de importar maquinarias, equipos e insumos esenciales y el crédito externo era sólo un paliativo que, a corto plazo, aumentaba la demanda de divisas para el pago de sus amortizaciones e intereses. La vulnerabilidad externa y el desorden fiscal terminaron por crear las condiciones propicias para caer, a partir del golpe de Estado de 1976, en la trampa de la deuda externa. Dado el desorden del sistema político argentino en el período, lo sorprendente es que la economía no hubiera tenido un comportamiento peor. 
Durante el período de la industrialización sustitutiva de importaciones el país no logró, por lo tanto, construir un sistema de capitalismo nacional. 

Las condiciones sociopolíticas 


• Marco institucional y político 

El golpe de Estado de 1930 inauguró un largo período de inestabilidad institucional y política. Entre aquel año y 1976, se produjeron cinco golpes militares y otros tantos frustrados regresos a la democracia. La fractura del orden institucional agravó los desequilibrios macroeconómicos de base, debilitó la posición negociadora internacional, desalentó a la iniciativa privada y, finalmente, culminó en una espiral de violencia trágica. 

• Las elites 

La antigua elite dirigente cedió paso a nuevos cuadros asociados a la producción industrial y los servicios. Un rasgo muy importante y presente en todos los países exitosos es el protagonismo de los capitalistas y empresarios locales en el desarrollo de las actividades líderes, que constituyen la principal fuente de ganancias y acumulación. En la Argentina, tempranamente el liderazgo fue delegado en subsidiarias de 
corporaciones trasnacionales. Estas tendencias condicionaron la integración posible entre el sistema nacional de ciencia y tecnología y el aparato productivo. 

• Ideas económicas 

La elite conservadora que condujo la política económica durante los años treinta hasta el golpe militar de 1943 no cuestionó los principios del enfoque ortodoxo. 
Con el ascenso de Juan Domingo Perón al poder, a mediados de la década de 1940 el librecambio fue rechazado frontalmente y la intervención del Estado plenamente justificada en un amplio espectro de funciones: desde la regulación de los mercados hasta la producción de bienes y servicios. La doctrina peronista, sin embargo, no era consistente con el éxito. El lanzamiento de políticas de fuerte contenido nacionalista y confrontativas con los centros de poder mundial, la nacionalización de los servicios públicos y las políticas activas desmesuradas, conformaron un escenario conflictivo, de puja distributiva e incertidumbre, que debilitó la posibilidad de los nuevos cuadros empresarios, asociados a la industrialización, de asumir decididamente la puesta en marcha de un proceso acumulativo de transformación y crecimiento. 
El aumento de la intervención del Estado era una tendencia observable en el resto del mundo. Pero fue llevada, en la Argentina, hasta límites incompatibles con el desarrollo económico de largo plazo, los equilibrios macroeconómicos y el funcionamiento de las instituciones democráticas. 
Después de la caída de Perón en 1955 hubo nuevos aportes al pensamiento y a la política heterodoxa. El desarrollismo durante la presidencia de Frondizi es uno de los ejemplos más notorios. 

• El Estado 

En todo el período y en resumen, el Estado fue un obstáculo más que un agente promotor del éxito. Entre 1930 y 1975, la relación entre el gasto público y el producto bruto interno creció del 10% al 40%. Lo grave fue la mala calidad de la intervención pública. El estado fracasó en sus responsabilidades básicas de asegurar los equilibrios macroeconómicos de base, la estabilidad de los precios y relaciones sociales razonablemente armoniosas. Fracasó, también , en la aplicación de políticas activas que generaran rentas palanca del crecimiento en vez de privilegios espurios. Fue también incapaz de establecer reglas de juego que consolidaran la presencia del capital nacional en los sectores líderes y promovieran la proyección de la producción argentina al mercado mundial. 
El sistema de seguridad social y las normas laborales no lograron sustentarse sobre una economía de alto crecimiento y, consecuentemente, sobre un sector público con fuentes genuinas y suficientes de recursos. Las tentativas de mejorar la distribución del ingreso culminaron en el agravamiento de las tensiones inflacionarias. Las pretensiones de autonomía frente a los centros de poder internacional concluyeron con un aumento de la vulnerabilidad externa y el recorte de la libertad de maniobra del país en el escenario internacional. 

• Derecho de propiedad y costos de transacción 

El derecho de propiedad, como principio fundamental del orden social nunca fue cuestionado o seriamente amenazado. Pero su ejercicio fue interferido por infinidad de regulaciones públicas. Esto desalentó la inversión privada. Por las mimas razones y, además, por el aumento 
de la burocracia y de la interferencia pública en los asuntos privados, los costos de transacción tendieron a aumentar. 

• Integración social 

La industrialización sustitutiva, como había sucedido también en el período de la economía primario exportadora, abarcó al conjunto de la economía y de la fuerza de trabajo. 
El proceso de urbanización y la expansión industrial generaron nuevos empleos, suficientes para absorber el incremento de la población en edad activa. La expansión del sector público también contribuyó a mantener condiciones de alto empleo en el largo plazo. 

Las variables económicas 


• Ahorro e inversión 

Al final del período, la tasa de ahorro era del orden del 20% del producto, comparable pero no superior a la de los países líderes. El aporte del capital extranjero al financiamiento de la inversión, en todo el período, fue del orden del 1%. Es decir que el 99% de la formación de capital se financió con ahorro interno. 

• Ventajas competitivas 

La competitividad internacional de la economía argentina siguió vinculada con su dotación de recursos naturales. El aporte de las ventajas competitivas dinámicas generadas por la industrialización y el cambio técnico fue marginal en todo el período. En consecuencia, prevaleció la brecha del contenido tecnológico del comercio exterior y, consecuentemente, la tendencia al déficit estructural crónico de la economía argentina. 

• Balance de Pagos 

El comportamiento del comercio exterior indujo a un desequilibrio persistente de la cuenta corriente del balance de pagos. El clima de incertidumbre deprimió las expectativas empresarias y desalentó la acumulación 
de capital. 

• Precios 

A partir de 1945, se instalaron endémicamente desequilibrios macroeconómicos de base. El resultado fue una inflación continua que, en el tramo 1945-1975, registró un ascenso promedio anual de precios del 25%. La inflación fue promovida, además, por la interferencia del Estado en la distribución del ingreso a través de decisiones inconsistentes. EL golpe de Estado de 1976 puso punto final a las posibilidades penosamente acumuladas desde 1930 de construir una economía industrial avanzada. 

III. La crisis económica y la reconstrucción democrática (1976-1989) 


La dictadura aplicó una política de liberación de las importaciones y desregulación financiera con una fuerte revaluación del tipo de cambio. En un contexto de globalización de las relaciones financieras internacionales la deuda externa creció vertiginosamente. En 1975, alcanzaba a U$D 3 mil millones y a cerca de U$D 50 mil millones en 1983. América Latina fue la región del mundo que más se endeudó en aquellos años y la Argentina el país que batió el récord. El período constituye la segunda renuncia a una estrategia de industrialización y desarrollo integrado de la economía argentina. La primera se registró cuando la postura librecambista se impuso a la estrategia industrialista de Lopez y Pellegrini. Existe una gran diferencia entre ambas experiencias. En la del siglo XIX, se ofrecía un rumbo alternativo de desarrollo fundado en la plena inserción de la economía argentina en el mercado mundial. En éste, los productos primarios constituían 2/3 del comercio internacional. La renuncia de 1976, en cambio, fue un salto al vacío y una opción 


inviable porque el desarrollo de largo plazo es imposible con el desmantelamiento de la industria y crecientes endeudamiento y vulnerabilidad externa. 
En toda América Latina la década de 1980 arrojó resultados negativos pero en la Argentina fueron peores que en el conjunto de la región. En ese período, el producto per cápita latinoamericano cayó 9% y en Argentina 21%. 
La cuenta corriente del balance de pagos reflejó un creciente déficit impulsado por el aumento de las importaciones y de los servicios de la deuda externa. La inflación se desbocó como resultado de la crisis fiscal originada, principalmente, en el crecimiento de los servicios de la deuda pública externa. La nacionalización de la deuda externa privada y la desregulación financiera generaron rentas privadas espurias de una dimensión desconocida en la experiencia histórica del país. Las consecuencias de la política económica de la dictadura, la aventura de Malvinas, provocaron el colapso del régimen de facto   y el retorno al orden constitucional en diciembre de 1983. 
La presidencia de Raúl Alfonsín heredó una economía con una gigantesca deuda externa y con profundas desequilibrios macroeconómicos. Hacia la misma época, se produjo un deterioro de los términos de intercambio de los productos agropecuarios exportados por la Argentina. La Argentina no fue excepción a este proceso a este proceso generalizado que ha sido definido como la “década perdida de los años 80”. La vulnerabilidad instalada con la deuda externa introdujo en la Argentina y los otros países deudores de América Latina restricciones sin precedentes en la administración de la política económica. El FMI 
adquirió así una presencia permanente. Las recomendaciones de políticas de ajuste estructural incluían la profundización de la desregulación financiera, el equilibrio fiscal, la liberación de las importaciones, las privatizaciones de las empresas públicas y el achicamiento del Estado a sus mínimas expresiones. Estos criterios, fundados en la llamada política neoliberal o del Consenso de Washington, fueron prevaleciendo hasta convertirse en el paradigma dominante en los últimos años en gran parte de América Latina. 
Las tensiones políticas de la transición democrática de 1989 culminaron en un desborde inflacionario. 

IV. Las reformas del gobierno de Menem 


Se inició en 1989 un importante cambio de rumbo en la política económica y en el desarrollo del capitalismo argentino. Menem logró una convergencia inesperada para sustentar una política neoliberal. Esta política, que sería definida como de realismo periférico y relaciones carnales con Estados Unidos, es insólita en un político peronista. 


La estabilidad de precios después de las angustias desatadas por los procesos hiperinflacionarios, contribuyó a ampliar las bases de sustentación del gobierno. La incapacidad de servir los compromisos externos con recursos propios ha instalado en la Argentina, desde la década de los 80, una dependencia continua de las decisiones de los acreedores. El sistema es muy vulnerable a la volatilidad de los capitales especulativos y a los cambios en la tasa de interés en las plazas centrales. 
El gobierno de Menem ha profundizado la vulnerabilidad externa y ha reducido, hasta niveles desconocidos en la experiencia argentina, el espacio de autonomía 
de la política económica. Desde el mismo inició de su gestión, el presidente Menem formuló un discurso de alineamiento incondicional con Washington y puso en marcha la política de desregulación financiera. 
Sólo a comienzos de 1991, con la aplicación del Plan de Convertibilidad, el gobierno logró afianzar su estrategia de cambio estructural en la estabilidad de los precios. El éxito estabilizador de la convertibilidad fue posible porque, hacia la misma época, volvió a reiniciarse la corriente positiva neta de recursos hacia América Latina. En otro contexto, el Plan de Convertibilidad no hubiera sido viable. Los recursos externos, los ingresos generados por las privatizaciones y el repunte inicial de la recaudación tributaria permitieron recuperar el comando de las finanzas públicas. Observada en perspectiva histórica y en el contexto de la experiencia internacional, la estrategia del gobierno de Menem está en las antípodas de la observable en los países exitosos. 

Las condiciones sociopolíticas 


• Marco institucional y político 

Después de más de medio siglo de repetidos golpes de Estado y frustrados retornos a la democracia, Argentina está logrando consolidar sus instituciones. Existe ahora otro tipo de problemas vinculado con el aumento del delito y de la violencia contra las personas y la propiedad. Este grave problema de la inseguridad refleja el deterioro de las condiciones sociales y es un obstáculo importante para el desarrollo económico del país. 

• Las elites 

El sistema económico argentino revela actualmente extraordinario grado de extranjerización. En la facturación total de las primeras 500 firmas 
industriales, las filiales de empresas extranjeras aumentaron su participación del 33,6% al 51% ente 1990 y 1995. 
El financiamiento de las privatizaciones se realizó en parte importante mediante la capitalización de deuda externa. La extranjerización de la banca avanzó también rápidamente. La participación local se reduce principalmente a la banca oficial y a los bancos cooperativos. El avance de la presencia extranjera ha dado lugar a alianzas estratégicas entre los principales grupos económicos de capital local y los intereses foráneos para desarrollar negocios específicos. Este proceso de extranjerización y de alianzas incluye la explotación de recursos naturales. 
A diferencia de la experiencia observable en los países exitosos, la elite local ha delegado nuevamente el liderazgo del proceso de acumulación y cambio técnico en empresas extranjeras a las cuales se asocia, generalmente, en una posición de segundo rango. 
Las dificultades actuales del sistema nacional de ciencia y técnica se explican, principalmente, por la extranjerización de las empresas públicas y las industrias dinámicas, el comportamiento de los grupos locales y la fractura de sus vínculos con el sector productivo. 
En la medida en que las utilidades de las filiales no se reinvierten y se remiten al exterior, disminuye la capacidad interna de acumulación capital. La transferencia al exterior de utilidades e intereses genera nuevas demandas de divisas. Como las transacciones externas de filiales suelen tener un saldo deficitario, el proceso de extranjerización contribuye al agravamiento del desequilibrio estructural del balance de pagos. 

• Las ideas económicas 

Actualmente, 
la sabiduría convencional se sustenta en la visión fundamentalista de la globalización y ejerce un predominio notable en la difusión de las ideas económicas y en el debate sobre el comportamiento del sistema internacional y de la economía argentina. Se trata de un proceso de alineación cultural y subordinación ideológica que está en las antípodas de las ideas predominantes en los países exitosos durante el siglo XIX y la segunda mitad del XX. 

• El Estado 

El comportamiento del sector público ha sido plenamente funcional a la penetración del capital extranjero y a las alianzas estratégicas de los grupos económicos locales con las filiales de corporaciones trasnacionales. La desregulación financiera y la convertibilidad con tipo de cambio fijo pegado al dólar facilitaron la plena inserción de la plaza argentina en el mercado internacional. La desregulación de los mercados fue completada con disminuciones de los aranceles de importación. 

• Derecho de propiedad y costos de transacción 

El gobierno de Menem ha dado todas las señales posibles sobre el pleno ejercicio del derecho de propiedad para el capital nacional y extranjero. La única cuestión que es objeto de debate es la transparencia de la justicia. 

• Integración social 

La estrategia del gobierno de Menem tendió a geberar una economía dual. Existen, en efecto, un segmento asociado al mercado internacional, la inversión extranjera en la industria y los servicios públicos y a los grupos económicos locales radicados en las actividades dinámicas en la industrial, los servicios y la explotación de diversos recursos naturales. Fuera de este 
núcleo hegemónico opera la mayor parte de las empresas medianas y pequeñas de capital nacional, la fuerza de trabajo y las economías regionales. La fractura se refleja en tres planos principales. Primero, el aumento del desempleo abierto, el subempleo y las ocupaciones marginales de baja productividad. Segundo, la mayor concentración del ingreso. Tercero, el deterioro de los niveles de educación, salud y vivienda de los sectores de menores ingresos como consecuencia de la reducción de la presencia del Estado en la prestación de servicios sociales básicos. El sistema tiende así a generar una sociedad de incluidos y marginados del proceso de crecimiento y de aumento de la productividad y el bienestar. Estas tendencias están en las antípodas de las verificadas en los países exitosos. 

Las variables económicas 


• Ahorro e inversión 

La tasa de ahorro y acumulación se recuperó de los deprimidos niveles de la década de 1980. La inversión extranjera contribuyó con alrededor del 3% para elevar la tasas de acumulación de capital alrededor del 23%. El 90% de la formación de capital corresponde a las inversión privada. La inversión privada directa extranjera bajo el gobierno de Menem consistió, en su mayor parte, en la compra de activos existentes y no en la ampliación de la capacidad productiva. Este capitalismo de compra-venta de activos, antes que de creación de empleos y riqueza, aumenta la vulnerabilidad externa del país por dos vías: el aumento del componente importado de los bienes y servicios producidos por las empresas extranjerizadas y la remisión de las utilidades al exterior. 

• Ventajas competitivas 

En la Argentina 
actual, la competitividad descansa esencialmente en las ventajas comparativas estáticas basadas en la dotación de recursos naturales. Las incipientes ventajas competitivas dinámicas generadas durante el período de la industrialización sustitutiva han ido desapareciendo como consecuencia de la fractura de los eslabonamientos del sistema industrial. La existencia del MERCOSUR ha evitado que esta tendencia fuera aún mas marcada. En efecto, Brasil es el destino de 2/3 de las exportaciones argentinas de manufacturas industrial. 

• Balance de pagos 

El desequilibrio se ubica en el límite de lo que los mercados financieros consideran tolerable para mantener la confianza y las corrientes de recursos que son indispensable para la viabilidad del actual plan económico. El déficit tiende a aumentar por el agravamiento del desequilibrio estructural del comercio exterior argentino, el peso de las transferencias de utilidades y amortizaciones de las empresas extranjeras radicadas en el país y lso servicios de la deuda externa. 

• Precios 

El logro estabilizador del Plan de Convertibilidad es espectacular. La Argentina, que tenía el récord de inflación mundial por su duración y magnitud, ha logrado, en los últimos años, se el país con menor inflación en el mundo. Sin embargo, la estabilización depende del comportamiento de los movimientos de capitales de corto plazo y del aumento de la deuda externa. La convertibilidad fue un recurso de última instancia en una situación crítica. La convertibilidad es un signo de debilidad antes que de fortaleza económica. No fue aplicada, por cierto, en ninguno de los países exitosos durante el siglo 
XIX ni en la segunda mitad del XX. 

Hechos y ficciones de la globalización 

(Aldo Ferrer) 

Los vínculos con el contexto mundial han gravitado siempre sobre el desarrollo de los países. De este modo, el diseño de las conexiones entre una economía nacional y su entorno plantea interrogantes fundamentales cuya resolución determina el crecimiento o el atraso. Los países rezagados deben cerrar la brecha que los separa de los líderes. La historia del desarrollo y subdesarrollo puede escribirse en virtud de la forma en que cada país ha resuelto el dilema de su inserción internacional. El fracaso de América Latina para derrotar el atraso, la pobreza y la dependencia es la consecuencia de malas respuestas a las oportunidades y desafíos planteados por el orden global. Los avances de la ciencia y la tecnología profundizan los vínculos entre los países y su contexto externo. El desarrollo en un mundo global plantea dilemas cada vez más complejos. 


EL debate actual sobre la naturaleza y alcances de la globalización no es nada nuevo. Se refiere al mismo problemas histórico: como resuelve cada país el dilema de su desarrollo en un mundo global para no quedar atrapado en el sistema de relaciones articulado, en su beneficio, por los intereses y potencias dominantes. 

I. Los hechos 


La globalización de la economía mundial se manifiesta actualmente en cuatro terrenos principales: el comercio internacional, las corporaciones trasnacionales, las corrientes financieras y los marcos regulatorios. 

1. Comercio internacional 

Desde 1945 hasta la actualidad, el comercio ha crecido más rápidamente que la producción. El producto mundial 


aumentó la tasa anual del 4% y el comercio internacional del 6%. 

2. Corporaciones trasnacionales 

Las inversiones privadas directas aumentaron rápidamente en las últimas décadas. La presencia de las corporaciones trasnacionales está fuertemente concentrada en el sector manufacturero, particularmente en las ramas de mayor densidad tecnológica. La internacionalizaciónd e la producción al interior de las corporaciones trasnacionales se refleja en un intenso comercio de materiales, productos finales, tecnología y servicios entre las matrices y sus filiales. El proceso es de tal importancia que se considera que alrededor de ¼ del comercio mundial consiste en relaciones intrafirma. 

3. Corrientes financieras 

La expansión del comercio internacional y de las inversiones privadas directas empalidece frente al vertiginoso crecimiento de los mercados financieros globales. Desde fines de la Segunda Guerra Mundial, las operaciones financieras internacionales han crecido de tres a cuatro veces más rápido que las inversiones en activos reales y la producción mundiales. 
Las corrientes financieras consisten principalmente en operaciones de capitales de corto plazo desvinculadas de la actividad real de producción, comercio e inversión. 
Los mercados financieros son protagonistas del proceso de globalización. Los operadores financieros cuentan con una libertad absoluta para el desplazamiento de fondos y montar, en horas, ataques especulativos contra cualquier moneda. 

4. El marco regulatorio 

Las transacciones económicas y financieras internacionales se fueron liberalizando desde fines de la Segunda Guerra Mundial. La reducción 
de aranceles se concentró en los productos manufactureros. En cambio, los países industriales mantienen altas las barreras arancelarias y no arancelarias sobre los productos agrícolas. 
El elemento decisivo del crecimiento de los mercados financieros fue la desregulación que ha sido generalizada y, prácticamente, total para las transacciones en cuenta corriente como, así también, en las de capital. Este proceso coexistió con la transformación del sistema monetario internacional desde el régimen de las paridades fijas a otro de tasas de cambio fluctuantes. 
En los países en desarrollo, el FMI ha sido instrumental en la promoción de la desregulación financiera. 

II. Cambios estructurales del orden global 


Estas tendencias en el comercio internacional, las inversiones de las corporaciones trasnacionales, las corrientes financieras y los marcos regulatorios coexisten con profundas transformaciones estructurales del orden global. Antes de la Segunda Guerra Mundial, 2/3 del comercio internacional consistía en productos primarios y 1/3 en manufacturas. Actualmente, 2/3 del comercio mundial consisten en manufacturas, con una participación creciente de las de mayor contenido tecnológico, como los bienes de capital y productos electrónicos. Cerca del 70% del comercio mundial se realiza entre los Estados Unidos, Europa y Japón. 


En el orden global están apareciendo nuevos protagonistas. Son los países asiáticos de más rápido desarrollo. China, Corea, Taiwán y otras economías emergentes de la región están aumentando su participación en las transacciones internacionales sobre la base del intenso crecimiento de las perspectivas economías 
nacionales. Esta evolución es el resultado del aumento de la competitividad internacional promovida por el desarrollo endógeno. 
En cambio, América Latina ha perdido progresivamente posiciones en el mercado mundial. La participación de las exportaciones de la región en el mundo cayó de más del 10% en 1950 a menos del 5% en la actualidad. África es la otra gran región estancada y de participación declinante en el mercado mundial. 

III. Las ficciones 


Estos son los hechos dominantes de la globalización. A partir de los mismos se ha construido una ficción de la realidad. Sus contenidos centrales son los siguientes: 


La revolución tecnológica 


Los extraordinarios avances tecnológicos han puesto en marcha fuerzas que escapan del control de los actores sociales y de los estados. 


Comando de recursos 


La mayor parte de los recursos de la economía mundial está bajo el comando de actores trasnacionales: las megacorporaciones y los mercados financieros globalizados. Las decisiones se adoptan fuera de los espacios nacionales. Las fronteras han sido borradas por la revolución tecnológica y los estados son impotentes para influir en las cuestiones cruciales. 


Condiciones de la competencia. 


En el mercado global compiten firmas, no países. La globalización ha impuesto inexorablemente un darwinismo en el cual sobrevive el más apto para adecuarse a las exigencias del hábitat planetario. 


Globalización sin precedentes históricos 


La ficción globalizadora sugiere que la revolución científico tecnológica contemporánea ha provocado una fractura en el desarrollo histórico de la humanidad y en el comportamiento 


del orden mundial gestado desde el Renacimiento y la formación de los estados nacionales. En materia económica y financiera, al menos, la soberanía de los estados habría sido desbaratada por la globalización. 

IV. La visión fundamentalista 


Una visión fundamentalista de la globalización sugiere que el dilema del desarrollo en un mundo global ha desaparecido. Por la simple razón de que, en la actualidad, las decisiones principales no las adoptan hoy las sociedades y sus estados sino los agentes trasnacionales. El mensaje es contundente: lo único que actualmente puede hacerse es adoptar políticas amistosas para los mercados. Estas políticas incluyen la apertura de la economía, la desregulación de los mercados reales y financieros, el achicamiento del Estado a las expresiones mínimas. Las políticas adecuadas permitirían que los actores trasnacionales sean atraídos y promuevan el crecimiento económico y la competitividad internacional de los países elegidos. La visión fundamentalista constituye hoy la sabiduría convencional en cuestiones económicas y financieras. 


La perspectiva fundamentalista de la globalización sugiere también la existencia de un orden natural pero fundado, lisa y llanamente, en la estructura de poder del orden mundial contemporáneo. Es el retorno al poder absoluto y al discrecionalismo, no ya de la monarquía sino de los mercados. La visión fundamentalista influye, asimismo, en el debate actual sobre la gobernabilidad de la democracia. Si el poder radica efectivamente en los mercados, de lo que se tata es de lograr que las democracias generen políticas amistosas, para los mismos. 

V. El mundo real 


y la globalización 

La observación de la realidad revela que el mundo no se comporta tal y como supone la sabiduría convencional: 


Los marcos regulatorios y la globalización mediática. 


Gran parte de lo que se concibe como globalización surge del proceso de desregulación de las transacciones financieras y de la liberación del comercio de bienes y servicios. No es consecuencia inevitable de la revolución tecnológica ni escapa al control de los actores sociales y los estados nacionales. El comportamiento de los mercados financieros radica en factores políticos más que en los reales. En buena medida, la globalización es, por otra parte, un fenómeno mediático. La actividad que transcurre fuera de la atención de la globalización mediática comprende la mayor parte del proceso económico. Las pequeñas y medianas empresas que operan en todos los sectores productivos, los servicios básicos de educación y salud, la inversión pública de mediano porte, buena parte de la investigación y desarrollo realizada en universidades, laboratorios y empresas, la vivienda y la infraestructura construidas en las grandes ciudades y en los pequeños pueblos y otras actividades constituyen el ámbito en el cual nace, crece, ama, trabaja, cría a sus hijos   y termina sus días la mayor parte de las personas. Y es allí donde se genera también en grueso de la producción, el empleo, el intercambio, el ahorro y la acumulación de capital. 


El mercado y el comando de los recursos 


La mayor parte de las transacciones económicas no se realizan en los mercados globales sino en los nacionales. La gigantesca masa de recursos financieros que circula en las 


plazas globales es una burbuja de transacciones en papeles, opciones, derivados y otros instrumentos que constituyen operaciones desvinculadas en su mayor parte de la actividad real de producción, inversión y comercio. Alrededor del 95% de la acumulación del capital en el mundo se financia con el ahorro interno de los países. En varios países como la Argentina y otros de América Latina, un parte significativa de las inversiones privadas directas de las corporaciones trasnacionales consiste en compras de activos existentes, particularmente a través de las privatizaciones de empresas públicas. Por lo tanto, la contribución efectiva a la ampliación de la capacidad productiva es menor que la que sugieren aquellos indicadores. 

Las condiciones de la competencia 


En el mundo real, los que compiten son los países y sistemas antes que las firmas. Las corporaciones trasnacionales son lo que son por sus raíces en la realidad económica, social y política de sus países de origen. El argumento fundamentalista de que la reforma laboral es esencial para generar empleo es francamente inconsistente. Siempre es posible y preciso mejorar los marcos regulatorios en todos los mercados, incluso en el laboral. Ninguna rebaja de costos laborales puede compensar la caída de la tasa de crecimiento ni las consecuencias depresivas de la concentración del ingreso. 


VI. Cinco siglos de globalización 


La globalización no es un fenómeno históricamente inédito, como propone la visión fundamentalista. En el pasado tuvieron lugar acontecimientos   que impactaron tanto o más que los actuales en los países integrantes del orden mundial, como por ejemplo 


la conquista del Nuevo Mundo. 
Antes de la Primera Guerra Mundial, indicadores clave de la globalización como la relación entre el comercio y la producción mundiales y los movimientos internacional de capitales y de personas habían alcanzado proporciones semejantes o aun superiores a las observables en estos últimos años del siglo XX. 
Respecto al ejercicio del poder de las principales potencias y los intereses hegemónicos merece señalarse que tampoco constituye un rasgo inédito del actual orden global. En el transcurso de los últimos cinco siglos fue aplicado con recursos, a menudo, más coercitivos que los empleados actualmente. 

VII. Una mala combinación: globalización y neoliberalismo 


En las últimas décadas, la globalización de las relaciones económicas y financieras coincide con la aplicación de políticas neoliberales en los principales países industriales. 


La estabilidad de los precios se convirtió en el objetivo dominante de la política económica. La estrategia estabilizadora fu exitosa porque logró reducir la tasa de inflación hasta los mismo niveles   imperantes en la década de 1960. Pero en el plano real de la producción, la inversión y el comercio, las políticas neoliberales produjeron malos resultados. En las economías avanzadas que integran la OECD, la tasas de crecimiento del producto cayó del 5% anual en el período 1945-1975 al 2,6% desde 1976 hasta la actualidad. A su vez, la inversión bruta interna declinó entre ambos períodos. Es interesante contrastar estas caídas del crecimiento del producto y la tasa de inversión en los países industriales con el aumento vertiginoso del sistema financiero y los 
movimientos internacionales de capitales de corto plazo. El contraste es revelador de la desvinculación del área financiera con la economía real. En las economías europeas, el desempleo aumentó drásticamente. En términos de crecimiento, inversión, empleo y equidad distributiva, las políticas neoliberales en los países centrales no producen buenos resultados. Al mismo tiempo, se registró una declinación de la expansión del comercio internacional. 
Las únicas economías que lograron mantener altas tasas de crecimiento del producto, la inversión, el empleo y el comercio exterior son las   de los países emergentes de Asia y China. Éstos   han profundizado sus vínculos con la economía mundial global   sin seguir políticas neoliberales. Por el contrario, han mantenido los equilibrios macroeconómicos simultáneamente con políticas activas de industrialización, aumento del ahorro interno, control de las corrientes de capitales especulativos, educación y desarrollo de los sistemas nacionales de ciencia y tecnología, defensa del mercado interno y de las empresas de capital nacional y promoción de exportaciones. Estos casos revelan que no es cierto, como pretende la visión fundamentalista, que haya desaparecido el dilema del desarrollo en un mundo global, que las decisiones las adopten hoy inevitablemente agentes trasnacionales y que las sociedades y Estados nacionales hayan perdido toda posibilidad de decidir su propio destino. El crecimiento de aquellos países revela que las políticas nacionales siguen ejerciendo una gravitación decisiva. 

VIII. Los orígenes de la ficción globalizadora y la visión fundamentalista 


En un mundo unificado 


en tiempo real por la difusión de información e imágenes no es difícil caer en la ficción globalizadora. La apariencia es, en efecto, un mundo sin fronteras. 
Es imposible ignorar la existencia de un orden global y de un sistema de poder en las relaciones internacionales. Pero, de todos modos, la ficción globalizadora y la visión fundamentalista constituyen una gigantesca deformación de la realidad. 
En América Latina, la deuda externa y la vulnerabilidad financiera contribuyen decisivamente a la información de la visión fundamentalista. Los servicios de la deuda son causa principal del déficit del balance de pagos en cuenta corriente y de la consecuente demanda de financiamiento externo. De este modo, la política económica debe satisfacer las expectativas de los mercados con políticas alineadas con los criterios neoliberales. La sabiduría convencional sugiere que la aplicación de estas políticas es el resultado inexorable de la globalización y que no existen cursos alternativos posibles sino a riesgo de provocar una fuga de capitales y el colapso financiero económico. 
La ficción globalizadora se construye, en gran medida, en los medios académicos. Según algunos observadores, estas inclinaciones revelan una pereza intelectual para aceptar el desafío de la realidad y una claudicación de la responsabilidad política de resolver los problemas concretos. 
Dado que la ficción globalizadora y la visión fundamentalista constituyen la ideología de los centros de poder, cabe afirmar que los países de la periferia, en los cuales prevalece la sabiduría convencional, están sometidos a un proceso sin precedentes de colonización cultural. 
El 
análisis económico predominante en la actualidad ha perdido de vista la dimensión histórica y la complejidad económica, cultural y política del desarrollo. Por lo tanto, resulta, en su mayor parte, superficial e intrascendente. 

IX. Conclusiones 


Suele depositarse sobre la globalización la responsabilidad de las asimetrías crecientes en el sistema internacional pero sin embargo, el problema radica en la aplicación de políticas inadecuadas en un contexto internacionalmente globalizado. Como propone el creciente Consenso de Brasilia, es indispensable gobernar la globalización. Vale decir, son necesarias las políticas nacionales activas y marcos regulatorios internacionales que liberen las fuerzas de crecimiento de los mercados, al mismo tiempo que se controlan sus efectos deletéreos.


La acumulación de capital, el cambio técnico, el aumento de la productividad y la distribución del ingreso dependen potencialmente, en primer lugar, de decisiones de los agentes privados y públicos nacionales. El desarrollo descansa, antes que nada, en factores endógenos tales como la modernización del Estado, la estabilidad institucional, los equilibrios macroeconómicos, los incentivos para la inversión privada y la capacitación de los recursos humanos. La resolución del dilema del desarrollo en un mundo global sigue descansando en el ejercicio de la libertad de maniobra con la cuenta cada país. La experiencia reciente cuestiona la viabilidad de la sabiduría convencional y ratifica, al mismo tiempo, la necesidad de los equilibrios macroeconómicos y la estabilidad. En efecto, nada se construye en el desorden, el despilfarro y la irresponsabilidad 
en el manejo de los grandes instrumentos de las políticas fiscales, monetarias y de balance de pagos. 
Cada país debe enfrentar su propia realidad y reconocer que, en definitiva, es el responsable de su propio destino. Esta característica endógena del desarrollo adquiere en la actualidad, en el Cono Sur de América Latina, una nueva dimensión: El MERCOSUR. 

La relación Argentina Brasil y la construcción del MERCOSUR 


A pesar de que el MERCOSUR significa sólo el 3% de la población, producto y comercio mundiales su extensión territorial, riqueza de recursos naturales y perspectivas de crecimiento lo convierten en un protagonista significativo del orden mundial contemporáneo. Argentina y Brasil representan más del 95% del espacio territorial, la población, el producto y el comercio exterior del MERCOSUR. 

Los acuerdos bilaterales de integración 

El 30 de noviembre de 1985, los presidentes de Argentina y Brasil “expresaron su firme decisión política de acelerar el proceso de integración bilateral, en Foz de Iguazú. La convergencia argentino brasileña continuó con la firma del Acta para la Integración Argentino-Brasileña el 29 de julio de 1986. 


La estrategia de integración fue radicalmente modificada a partir del Acta de Buenos Aires suscrita por los presidentes Menem y Collor el 6 de julio de 1990. Ambos mandatarios decidieron acelerar el proceso conformando definitivamente un mercado común, para el 31 de diciembre de 1994, sobre la base de rebajas generalizadas, lineales y automáticas para todo el universo arancelario con la eliminación simultánea de barreras para-arancelarias. 

Las nuevas relaciones argentino-brasileñas 

Desde 
el Tratado de Tordesillas hasta la declaración de Foz de Iguazú, los dos grandes países de la región mantuvieron una rivalidad latente y, en los hechos, vivieron de espaldas uno del otro. En esto influyeron decididamente los sistemas económicos prevalecientes hasta hace poco tiempo. Bajo los modelos de crecimiento hacia fuera, fundados en la exportación de productos primarios, las relaciones fundamentales de Argentina y Brasil fueron con lo países destinatarios de sus principales exportaciones y originarios de sus importaciones. Europa y los Estados Unidos eran los referentes externos de ambos países. La situación continuó cuando, después de la crisis de los años treinta, Argentina y Brasil se embarcaron en procesos de industrialización asentados en la sustitución de importaciones. El proteccionismo afectó principalmente el comercio bilateral. Desde las últimas décadas del siglo XIX no subsistieron disputas reales por el control territorial o los mercados entre Argentina y Brasil. Hasta mediados del siglo XX, el mayor desarrollo relativo de Argentina determinaba que su industria manufacturera y su economía fueran mayores que las de Brasil. La situación cambió radicalmente en las últimas dos décadas. Actualmente, la economía brasileña es tres veces mayor que la argentina y la diferencia es aún mayor en la industria manufacturera. 
El retorno casi simultáneo de Argentina y Brasil a la democracia al promediar la década de 1980 conformó el escenario propicio para que las fuerzas centrípetas de la proximidad disolvieran las rivalidades latentes y permitiesen, en tan pocos años, los notables avances alcanzados en la integración 
subregional. La relación argentino-brasileña ha demostrado una extraordinaria capacidad de sobrevivir a los cambios de gobierno, procesos hiperinflacionarios, profundas fluctuaciones de la producción y la demanda y drásticas alteraciones en la paridad de las monedas. Estos hechos influyeron en las corrientes de intercambio y los saldos del balance de pagos argentino-brasileño pero no impidieron el crecimiento continuo del comercio. 

El tratado de Asunción 

Con la incorporación de Uruguay y Paraguay, el 29 de marzo de 1991 se firmó el Tratado de Asunción que culminó el acercamiento de Argentina y Brasil. El tratado dispone la libre circulación de bienes y servicios y factores productivos dentro de la región, el establecimiento de una tarifa externa común, la coordinación de las políticas macroeconómicas y sectoriales, la harmonización de las legislaciones respectivas y la coordinación de las posiciones de los países miembros en los foros internacionales. 
Los resultados alcanzados son extraordinarios. Entre el año fundacional y 1996, el comercio intrarregional aumentó a una tasa del orden del 20% anual que quintuplica la del crecimiento del comercio extrazona. 

El contexto mundial y latinoamericano 

La formación del MERCOSUR es parte de un proceso más amplio de crecimiento del intercambio intralatinoamericano. La crisis de la deuda y la fuerte contracción de las importaciones en la década de 1980 redujeron el intercambio regional. A partir de 1985-1986 comenzó la recuperación y el proceso se aceleró en el curso de los años 90. Las razones explicativas de estas tendencias incluyen la desaceleración del crecimiento 
en los países industriales en el quinquenio (1989-1994) y el debilitamiento de la demanda de productos de origen latinoamericano. 
Existen importantes factores adicionales que explican el auge actual de los intercambios intra latinoamericanos. Los considerandos de la Declaración de Foz de Iguazú destacan los acontecimientos que indujeron la aproximación argentino-brasileña: la deuda externa, las políticas proteccionistas de los países centrales y el deterioro de los términos de intercambio. Estos mismos hechos repercutieron también en los otros países de América Latina. 
La estrategia económica de la mayor parte de los países de la región experimentó cambios radicales. Las nuevas circunstancias y la influencia de los acreedores internacionales indujeron a la aplicación de políticas de estabilidad y ajuste estructural basadas en la apertura del mercado interno, las privatizaciones, la desregulación de las actividades económicas y la disciplina fiscal. La liberación de las importaciones y la búsqueda de una inserción más estrecha en el mercado mundial produjeron su mayor impacto en el espacio regional. 

Dinamismo del MERCOSUR 

El comercio intra MERCOSUR ha crecido mucho más que los otros intercambios latinoamericanos. Existen razones que explican el mayor dinamismo del Mercado Común del Sur. La principal de ellas radica en sus dos principales socios cuentan con las economías más diversificadas e industrializadas de América del Sur. Las fuerzas centrípetas de la proximidad son tanto más intensa cuanto más diversificada es la estructura de los países que integran el espacio común. Altos niveles de desarrollo previos a los acuerdos 
de integración amplían las posibilidades de división del trabajo fundada en la especialización intraindustrial, a nivel de productos, no de ramas. Éste es el modelo dominante y el más dinámico de expansión del comercio en el mundo. Otros dos factores influyeron en el mismo sentido. Por una parte el aumento progresivo de la preferencia regional fue creando inventivos al comercio. Por otra, el acercamiento político y diplomático de Argentina y Brasil. 

Los problemas pendientes y su nuevo marco de referencia 

El MERCOSUR hereda la agenda pendiente

n el desarrollo económico y social de cada uno de sus miembros. La pobreza y el desempleo, la marginalidad y exclusión de segmentos fundamentales de sus sociedades son los mayores problemas que enfrentan estos países. En mayor o menor medida, pero en todos ellos, la cuestión social es crucial. 


Cuando la interdependencia era insignificante, las asimetrías entre Argentina y Brasil eran irrelevantes. En el nuevo escenario de una aproximación creciente, tales asimetrías plantean problemas nuevos de cuya remoción depende la profundidad y la orientación del proceso integracionista. 

Las asimetrías 

Las asimetrías en el MERCOSUR se refieren a tres campos principales: las visiones sobre la globalización del orden mundial contemporáneo, la competitividad de las economías y las estrategias de desarrollo nacional. 

La globalización del orden mundial 

Existe un conflicto de visiones acerca del lugar que ocupan en el mundo estos países y las fuerzas determinantes de su desarrollo económico social. Las asimetrías observable en torno a estas cuestiones abarcan las actitudes de los gobiernos 
y de diversos sectores de las sociedades nacionales. Las diferencias entre Argentina y Brasil son notorias. Predomina en aquélla la visión fundamentalista del proceso de globalización y del desarrollo en un mundo global. En Argentina, bajo la administración Menem, ha sido muy rigurosa la aplicación de políticas de estabilidad y ajuste estructural identificadas con el llamado “Consenso de Washington”. Prevalece, en efecto, un realismo periférico según el cual sólo queda espacio a acomodarse a fuerzas exógenas inmanejables. En Brasil se observan enfoques y propuestas contradictorios sobre estas cuestiones. 

Ventajas comparativas y competitividad 

La competitividad de las economías nacionales refleja las ventajas comparativas determinadas por la dotación de recursos naturales y los costos de los factores de la producción. Los marcos regulatorios de la actividad económica vigentes en cada país ejercen, además, una influencia decisiva. Las ventajas comparativas estáticas determinadas por la dotación de recursos son influidas por los marcos regulatorios. Pero éstos son aún más importantes en la formación de ventajas comparativas dinámicas asentadas en el cambio técnico, las externalidades y la formación de recursos humanos. Tales marcos pueden ser más o menos racionales y eficientes pero reflejan, en última instancia, de la convergencia de los objetivos nacionales de los países miembros del MERCOSUR. 

Las estrategias nacionales de desarrollo 

El comportamiento de Argentina y Brasil refleja aquellas asimetrías en las visiones sobre el proceso de globalización y la posición de cada país en el mundo. Brasil es, tradicionalmente, 
más industrialista que Argentina y más proteccionista de su mercado interno. En Argentina, el Estado fue un actor decisivo de la puja distributiva por el ingreso y lo hizo mal. En Brasil, el Estado se asoció preferentemente a cuestiones básicas del desarrollo y del poder nacional. Los casos que ejemplifican las asimetrías de las estrategias nacionales de desarrollo de los dos países son innumerables. A partir del golpe de Estado de 1976, Argentina abrió su mercado de bienes electrónico-informáticos a las importaciones y desmanteló los considerables progresos que la industria nacional había alcanzado en ese campo. Hacia la misma época, Brasil ponía en marcha su política de reserva de mercado del sector. El desarrollo hidroeléctrico brasileño fue mucho más amplio y rápido que el argentino y las empresas brasileñas se convirtieron en firmas de escala internacional. Cediendo a la presión ejercida por el gobierno de los Estados Unidos, Argentina resolvió desmantelar las instalaciones y equipos para el desarrollo del llamado proyecto Cóndor en Falda del Carmen. En el mismo terreno, la experiencia de Brasil es exactamente contraria. El país sostiene un importante desarrollo del sector aeroespacial. Una estrategia de desarrollo nacional le permite a nuestro socio del MERCOSUR formar parte del grupo de ocho países que dominan la tecnología aeroespacial. Brasil sostiene tradicionalmente políticas de tipo de cambio consistentes con la competitividad internacional de su industria. Argentina, en cambio, registra prolongados períodos de sobrevaluación de su moneda que fueron fatales para su desarrollo industrial. La resolución del dilema entre 
estabilidad y competitividad, que atraviesa la cuestión del tipo de cambio tanto en Argentina como en Brasil, es un problema que deberá enfrentarse más temprano que tarde. 

División regional del trabajo 

La composición del intercambio argentino-brasileño y su evolución desde 1985 muestran los siguientes rasgos dominantes: 
- En los dos países, el comercio bilateral tiene un componente de bienes manufacturados mayor que en sus respectivas exportaciones al resto del mundo. 
- Las exportaciones tradicionales perdieron participación relativa. 
- Pese al fuerte crecimiento del comercio de manufacturas, la composición de las exportaciones brasileñas no ha cambiada sustancialmente a partir de 1985. En el caso de Argentina se registran, en cambio, algunas modificaciones significativas, el liderazgo correspondió a las commodities industriales y la industria automotriz. 
- Argentina sigue registrando un superávit en las exportaciones tradicionales y un déficit en las manufacturas. El comercio de manufacturas es un componente dinámico del comercio bilateral y contribuye al desarrollo industrial de los dos países. Sin embargo, las asimetrías de las estrategias nacionales de desarrollo plantean dilemas importante para la división regional del trabajo. La reindustrialización de Argentina constituye, en efecto, la clave para el desarrollo del mercado subregional. Si así no fuera, la formación de un polo industrial y tecnológico hegemónico en Brasil reproduciría, en el espacio común, una relación centro periferia que es incompatible con el interés de todos los socios del MERCOSUR y el crecimiento del sistema. La división del trabajo intraindustrial, 
al nivel de productos y no de ramas, en las actividades manufactureras y, también, en múltiples productos primarios y servicios es una condición necesaria del crecimiento futuro del MERCOSUR. En lo que se refiere al intercambio de manufacturas, las tendencias recientes de la relación bilateral no apuntan en ese sentido por tres motivos principales: El menor peso relativo de las manufacturas en las exportaciones argentinas. La distinta composición de las exportaciones de manufacturas de los dos países. El comercio administrado tiene mayor importancia relativas para las exportaciones argentinas que para las brasileñas. En cambio, las exportaciones brasileñas de manufacturas reflejan principalmente la competitividad de su industria por factores estructurales, lo marcos regulatorios y/o circunstanciales. De este modo, la difusión, eslabonamientos y externalidades del comercio intrarregional tienden a tener efectos más industrializantes y de promoción del cambio tecnológico en Brasil que en Argentina. 

Empleo e inversiones 

Estas tendencias tienen considerable influencia en la demanda de empleo, que es un problema crítico para los dos países. Las exportaciones argentinas están más concentradas en los productos tradicionales y las commodities industriales que en Brasil, que son relativamente las que tienen menor capacidad de generar empleo. Consideraciones semejantes caben respecto de las inversiones inducidas por la formación del MERCOSUR. Para Argentina, como para sus tres socios en el MERCOSUR, el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas es vital en todos los terrenos calve del desarrollo económico. Las inversiones 
inducidas por el MERCOSUR pueden clasificarse en inversiones extra zona (correspondientes a las inversiones directas de empresas extranjeras) e intra zona. Estas últimas abarcan, por una parte, las que las empresas realizan en cada uno de sus países con vistas la mercado regional y, por otra, las inversiones privadas directas de empresas radicadas en uno de los países miembros del MERCOSUR realizadas en otro de ellos. En todos los casos, la seguridad jurídica y la estabilidad de las reglas de juego son esenciales para estimular la realización de las inversiones inducidas por el MERCOSUR. Es interesante observar, que cuando se analiza el impacto posible del MERCOSUR sobre la acumulación de capital se presta atención casi exclusiva a las inversiones extra zona. Sin perjuicio de prestar atención a las políticas de atracción de inversiones directas extranjeras no debería olvidarse de que la acumulación de capital en la región depende esencialmente del aumento del ahorro interno. 

Decisiones estratégicas de primera y segunda generación 

Los acuerdos argentino-brasileños y el Tratado de Asunción constituyen la primera generación de decisiones estratégicas para orientar el curso de los acontecimientos e impulsar la integración hacia fines compartidos en beneficio común. Aquella primera generación de decisiones estratégicas provocó la necesidad de resoluciones administrativas para armonizar normas y marcos regulatorios que viabilizaran la expansión del intercambio y de diversas corrientes de factores de la producción. Resultan indispensables decisiones estratégicas de segunda generación que consoliden la identidad del MERCOSUR 
y conformen un sistema de división regional del trabajo, generación de empleo, cambio tecnológico y acumulación de capital, compatible con el desarrollo humano sustentable de todos los países miembros. 
La segunda generación de decisiones estratégicas en el MERCOSUR forma parte del replanteo de las estrategias del desarrollo que han predominado en los últimos lustros en varias partes de América Latina. Se plantea ahora, pues, la urgente necesidad de una apreciación más realista de las reformas para avanzar en el replanteo de la función del Estado, la mayor inserción en el mercado mundial y la liberación de las energías de la iniciativa privada. Es indispensable formular y poner en práctica decisiones estratégicas de segunda generación para resolver la agenda pendiente y seguir avanzando en la formación del MERCOSUR. 

La agenda pendiente y las decisiones estratégicas de segunda generación 

La agenda pendiente. Cuya resolución reclama nuevas decisiones estratégicas de vasto alcance, abarca los siguientes campos principales: 

- Coordinación de políticas macroeconómicas y tipo de cambio: El considerable nivel de interdependencia alcanzado, la vulnerabilidad financiera externa y la necesidad de ejecutar prudentes políticas de estabilidad y ajuste del balance de pagos no tolerarían, sin generar tensiones probablemente inmanejables, la repetición de las condiciones que caracterizaron la mayor parte de la última década. Se plantea ahora, con urgencia, la necesidad de coordinación de las políticas macroeconómicas prevista en los documentos fundacionales del MERCOSUR, pero que no ha recibido hasta el presente la atención que merece. 


Es indispensable la estabilidad de la paridad real-peso en niveles compatibles con la competitividad de las economías de Argentina y Brasil. 
- Viabilidad financiera y movilización de recursos: Se trata, en verdad, de recuperar capacidad de maniobra en el manejo de las políticas económicas nacionales y superar las extremas condiciones de vulnerabilidad financiera externa prevalecientes. De allí la importancia de la concertación de las políticas de los bancos centrales referida al tratamiento de los capitales de corto plazo, la administración de las reservas internacionales y las negociaciones con la comunidad financiera internacional.   Es necesario un marco regulatorio de la actividad financiera acordado por los gobiernos y las autoridades monetarias. Tal marco debería prever la creación de un régimen de incentivos y preferencias para aquellas inversiones que son vitales para la integración y el desarrollo humano sustentable. 
- Políticas referidas a lo sectores económicas, las regiones de los países y los tejidos productivos. 
- Desarrollo tecnológico y cultural: La aproximación de los acervos científicos y tecnológicos nacionales es indispensable para ampliar las bases de sustentación del desarrollo endógeno y autocentrado del sistema y para aumentar su capacidad de captar y adaptar tecnologías provenientes del resto del mundo. La convergencia de las políticas nacionales de ciencia y tecnología es necesaria para remover las asimetrías observables en el desarrollo de ciertas tecnologías críticas, promover las relaciones empresas-gobierno-ciencia-tecnología a nivel subregional y capacitar recursos humanos calificados. En los cincos 
siglos del desencuentro de Argentina y Brasil las raíces históricas comunes y las afinidades culturales quedaron relegadas por el aislamiento recíproco y los enfrentamientos reales o imaginarios. Ahora se abren nuevas fronteras. La riqueza de la cultura de estos pueblos se está reflejando en nuevas aproximaciones en todos los terrenos. La tenue barrera del lenguaje se está disolviendo con un mayor conocimiento de los dos idiomas. 
- Desarrollo humano y medio ambiente: Aun cuando el MERCOSUR permita acelerar la tasa de crecimiento de sus miembros, esto no garantiza que contribuya a resolver los problemas fundamentales del desarrollo humano y la protección del medio ambiente. Si el MERCOSUR queda reducido a sus contenidos comercialistas no contribuirá a resolver los problemas cruciales de nuestros países. Los contenidos sociales y ambientales deben formar parte de las políticas nacionales de crecimiento y estabilidad. 
- El andamiaje institucional del MERCOSUR: Los órganos comunitarios indispensable deberían referirse a cuestiones concretas, como la solución de controversias y la aplicación del emergente derecho comunitario. 

Más allá del MERCOSUR 

La consolidación del MERCOSUR fortalecerá la capacidad de sus países miembros de elevar su competitividad y ampliar su participación en el mercado mundial. El dinamismo revelado por el comercio intralatinoamericano en los últimos diez años muestra el potencial de los intercambios del MERCOSUR con el resto de América Latina. En este terreno los dos acontecimientos más importantes hasta ahora son los convenios con Chile y Bolivia. 
La cuestión de las relaciones entre el MERCOSUR y los 
Estados Unidos quedó encuadrada con el esquema de la negociación 4+1 entre dicho país y el MERCOSUR. La existencia del MERCOSUR ha sido determinante en definir una estrategia de aproximación entre bloques subregionales para la conformación de la eventual zona de libre comercio continental. 
Respecto de la Unión Europea, la Declaración Solemne Conjunta, de diciembre de 1994 culminó en el Acuerdo de diciembre de 1995 que propone una asociación con contenidos políticos y económicos entre ambos bloques. 
Los vínculos con el Área Asia-Pacífico constituyen el otro gran espacio con el cual se abren posibilidades de formalización de entendimientos comercial y de diverso tipo. 

MERCOSUR: entre el Consenso de Washington y la integración sostenible 

El MERCOSUR confronta dos modelos alternativos de desarrollo, integración e inserción internacional. Uno de ellos refleja la visión fundamentalista de la globalización (Consenso de Washington). Desde esta perspectiva, el MERCOSUR es un área de preferencias transitorias de intercambios, dentro de la cual los mercados reflejan, sin interferencias del Estado, las fuerzas centrípetas de la geografía y la globalización del orden mundial. El otro proyecto concibe el crecimiento económico como un proceso en el contexto de la economía mundial. Supone que la convergencia de la acción pública y las fuerzas del mercado es indispensable para elevar la calidad de vida y preservar el medio ambiente. Este proyecto concibe al MERCOSUR como una zona preferente de comercio, dentro de la cual los gobiernos y los agentes económicos y sociales conciertan estrategias y políticas activas. El objetivo es lograr 
metas de desarrollo y equilibrio intrarregional inalcanzables sólo con el libre juego de los mercados. Éste es el contenido de la integración sostenible. 
La declaración de Foz de Iguazú de noviembre de 1985 y los acuerdos bilaterales argentino-brasileños fueron decisiones inspiradas en la integración sostenible. Más tarde, predominó el enfoque del Consenso de Washington. EL Acta de Buenos Aires de julio de 1990 sustituyó la estrategia de integración asentada en la especialización intrasectorial de las principales áreas productivas por la desgravación acelerada, lineal y automática de todo el universo arancelario. El aparente triunfo de la ortodoxia neoclásica, instalada como visión hegemónica a partir de la crisis de la deuda externa, tropieza ahora con la creciente insatisfacción que producen sus resultados en amplios segmentos sociales. 

El MERCOSUR según el Consenso de Washington- Las reglas de juego- 

Las fuerzas del mercado operan libremente dentro de las preferencias comerciales establecidas por el MERCOSUR. El Estado se limita a asegurar los derechos de propiedad y a no interferir en las transacciones entre los particulares. El modelo neoliberal organiza los vínculos externos del MERCOSUR conforme a las ventajas comparativas estáticas. La desregulación financiera cumple un papel crucial. La desregulación y profundización financiera vinculan las políticas de estabilidad y equilibrios macroeconómicos a la libertad de los movimientos de capitales. En la práctica, esto subordina el tipo de cambio y el ajuste del balance de pagos a los objetivos de la estabilización y a la atracción de capitales de corto plazo. Se excluye 
cualquier tentativa de orientar el crédito y subsidiar actividades específicas a la japonesa o coreana. Se diluye el concepto de sistema nacional de ciencia y tecnología autocentrado en objetivos propios y en el aumento de la oferta endógena de conocimientos. 
La distribución del ingreso y el empleo la determina el mercado. Si éste produce consecuencias indeseables, el Estado puede introducir correctivos que no violenten las reglas del juego del sistema. 

La división internacional del trabajo 

La estrategia neoliberal refuerza la especialización en las exportaciones de productos primarios y tiende a acrecentar la brecha del contenido tecnológico de las exportaciones e importaciones. La crisis de la deuda, los procesos de ajuste, la apertura de las economías y la revaluación de los tipos de cambio observables, en distintas proporciones y en varios momentos, en Argentina y Brasil han tenido efectos negativos sobre la actividad industrial y la competitividad de las actividades no tradicionales. 
El comercio exterior de la subregión conserva así una tendencia estructural al desequilibrio. La demanda interna de bienes de alto contenido tecnológico tiende a crecer más que el ingreso y las exportaciones. De allí el déficit de largo plazo de la balanza comercial. En tales condiciones, las economías están permanentemente sujetas al ciclo de contención-arranque, es decir, a fases transitorias de auge frustradas por la aparición del déficit del comercio exterior. 

Los equilibrios macroeconómicos 

La desregulación financiera, en condiciones de alto endeudamiento externo y dependencia de los capitales de corto plazo, agrava la inestabilidad 
originada en la composición del comercio exterior. En tales condiciones, las estabilidad de precios queda sujeta al anclaje del tipo de cambio y a la existencia de latas tasas de interés para atraer el capital externo. Los resultados son las negociaciones interminables con los acreedores y la subordinación de toda la política económica a las expectativas de los mercados. La estrategia neoliberal agrava los desequilibrios macroeconómicos. 

El tipo de cambio 

Uno de los puntos del decálogo del Consenso de Washington es la existencia de tipos de cambio competitivos para facilitar el crecimiento de las exportaciones no tradicionales. Éste es el único punto que no fue cumplido en los países que siguieron estrictamente los otros principios neoliberales. 
La revaluación cambiaria no es conveniente para los países. Su impacto sobre la vulnerabilidad externa y la competitividad internacional de la producción doméstica es evidente. Sin embargo, la revaluación es funcional a los intereses de los mercados financieros. Genera una dependencia creciente del financiamiento externo y altos márgenes entre las tasas de interés en las plazas deudoras y las acreedoras. La inestabilidad de las paridades de las monedas nacionales introducen factores de distorsión en el proceso de integración. 

Crecimiento, empleo y distribución del ingreso 

EL predominio de las políticas neoliberales y la crisis de la deuda en los países miembros del MERCOSUR se reflejan en la brusca desaceleración del crecimiento. Los indicadores relativos del desempleo, los salarios reales, la concentración del ingreso y la pobreza revelan un deterioro en el mismo período. 
Es previsible que la continuidad de la aplicación de los criterios del Consenso de Washington en el mediano plazo siga produciendo los mismos resultados. 
Las privatizaciones de empresas pública, especialmente en las áreas de rápido cambio tecnológico, como las telecomunicaciones, contribuyen al proceso de concentración del capital y del ingreso. La sustitución de monopolios públicos por monopolios privados poco tiene que ver con al eficiencia en la asignación de recursos, la equidad y los equilibrios macroeconómicos. 

Relaciones intra MERCOSUR 

La división del trabajo reflejará las ventajas comparativas estáticas en el contexto del margen de preferencias para el comercio intrazonal. La acumulación de capital y el desarrollo científico tecnológico responderán al libre juego de las fuerzas del mercado. La estrategia neoliberal excluye las políticas comunitarias activas de desarrollo sectorial y tecnológico, incluyendo el crédito orientado y los subsidios para actividades específicas. Se descarta el concepto mismo de actividades prioritarias que merecen el respaldo de las decisiones públicas. 
La división del trabajo intrarregional en torno de las ventajas comparativas estáticas reproduce dentro de la región el modelo centro-periferia. La experiencia revela que la estrategia neoliberal especializa a la economía Argentina en las exportaciones de alimentos, materias primas y energéticos y a la brasileña en manufacturas. El desequilibrio inherente a la relación predominante entre Argentina y Brasil afecta también las posibilidades de desarrollo de los otros socios del sistema. 

La corrupción 

La idea básica implícita es que 
la estrategia neoliberal es correcta y asegura el crecimiento y el bienestar. Si esto no se alcanza sería, precisamente, por la corrupción y la mala calidad de la justicia. No hay duda de que una Justicia eficiente y la ausencia de corrupción en el manejo de los asuntos públicos son requisitos del sistema democrático y del bueno gobierno. Lo que no es tan evidente es que el cumplimiento de esas condiciones garantizarían por si mismas el éxito de la ortodoxia. 
En plena crisis de la deuda,   la nacionalización de deudas privadas sirvió para proteger a los acreedores del riesgo que, por otra parte, ya había sido previsto en las mayores tasas de interés pagadas por los deudores. Se trató de una flagrante violación a las reglas de juego del mercado libe y la generación de rentas privadas espurias de una gigantesca dimensión. 

El MERCOSUR según la integración sostenible- Las reglas del juego 

La estabilidad de los precios es un requisito de la ejecución de políticas activas exitosas y se funda en los equilibrios macroeconómicos de base: la solidez de las finanzas públicas, la capacidad de pagos externos asentada en las exportaciones y el aumento del ahorro interno. El tipo de cambio, como proponía el requisito incumplido del Consenso de Washington, estimulará la competitividad y el crecimiento de las exportaciones. Los países concertarán sus estrategias financieras y cambiarias para facilitar la ejecución de las políticas nacionales de estabilidad, promover la integración y fortalecer la posición negociadora externa. 
Los vínculos con el exterior se organizan en torno de las ventajas competitivas dinámicas que amplían el potencial 
exportador. L inversión privadas es el motor del crecimiento en el contexto de políticas activas que resuelven las insuficiencias e imperfecciones de los mercados. El ahorro interno y la capacidad de pagos externos fundada en las exportaciones constituyen las bases fundamentales de la acumulación de capital. La inversión privada directa extranjera realiza una contribución importante pero marginal en el financiamiento de la inversión. Los capitales especulativos de corto plazo son desalentados y sujetos a las regulaciones de la autoridad monetaria. El crédito dirigido y los subsidios a las actividades promovidas, son instrumentos en el fomento del ahorro interno y la inversión. 
El cambio técnico se funda en una secuencia importar-copiar-adaptar-innovar que enriquece el acervo propio de conocimientos. 
Las políticas de empleo y sociales se integran a la estrategia de acumulación de capital y cambio técnico y a las políticas activas para impulsar las actividades prioritarias. De este modo la elevación del empleo y del bienestar es inherente al desarrollo. 

La división internacional del trabajo 

Las importaciones de bienes que incorporan tecnologías avanzadas crecen más que el producto. Las mismas serían crecientemente financiadas con las exportaciones de bienes dentro de los mismos sectores y productos primarios con mayor contenido de conocimientos y valor agregado, en un sistema de especialización intraindustrial con el resto del mundo. Contribuye a eliminar el ciclo tradicional de contención-arranque ligado a los déficit generados por la composición tradicional del comercio exterior, agravado en los últimos lustros por los 
servicios de la deuda externa y las políticas de ajuste. 

Los equilibrios macroeconómicos 

La estabilidad de los precios se sostiene en el equilibrio fiscal, las exportaciones y el ahorro interno. Las entradas de capital extranjero se orientan a expandir la capacidad productiva y las exportaciones y generan las divisas necesarias para las futuras transferencias de utilidades. La no dependencia de los movimientos externos de corto plazo reduce la tasa de interés y posibilita la existencia de tipos de cambio competitivos para promover las exportaciones no tradicionales y el equilibrio del balance de pagos. La estabilidad se sustenta así sobre la solidez de los equilibrios macroeconómicos de base y no queda sujeta a las condicionalidades de los acreedores. La reducción del riesgo en países sólidamente estables atrae inversión no especulativa. La vulnerabilidad frente a las expectativas de los mercados no depende de la aceptación o no del Consenso de Washington sino de la solidez de los equilibrios macroeconómicos. Cuando éstos existen, los ataques especulativos son poco probables y, si ocurren, pueden soportarse con costos moderados. 
La paridad de las monedas de cambio responde estrictamente al criterio incumplido del Consenso de Washington. La estabilidad de las paridades de las monedas nacionales del MERCOSUR estimula el intercambio y la toma de decisiones de los agentes económicos privados. 

Crecimiento, empleo y distribución del ingreso 

Cabe esperar que la solidez de los equilibrios macroeconómicos, el aumento del ahorro y la inversión y la expansión de las exportaciones contribuyan a un aumento sostenido de la productividad 
y del empleo. En tales condiciones, podría reducirse la pobreza. La convergencia de las estrategias nacionales y las políticas activas comunitarias contribuyen a la eficiencia, al crecimiento y la equidad. 

Relaciones intra MERCOSUR 

La división del trabajo dentro del espacio subregional se funda en la especialización intraindustrial y en la generación de ventajas competitivas dinámicas en todos los socios del sistema. La brecha del contenido de conocimientos entre las importaciones y exportaciones de cada uno de los países dentro del actual comercio intrarregional tiende a cerrarse como reflejo del crecimiento y transformación de todos ellos. La transformación de la composición del intercambio intra MERCOSUR es simultánea con la del comercio de la región con el resto del mundo. 
La estabilidad de precios fundad en los equilibrios macroeconómicos y la convergencia de las políticas nacional de tipo de cambio viabilizan la aplicación de políticas activas para la promoción de la integración sostenible. 
La integración de los mercados financieros nacionales y la concertación de las políticas de las autoridades monetarias estimulan la formación de ahorro, canalizan ahorro complementario del exterior y expanden el financiamiento disponible para la acumulación de capital. 
La reforma del Estado, la transparencia de las decisiones públicas y el desempeño efectivo de las instituciones democráticas y de otros medios de participación social contribuyen a respaldar las decisiones comunitarias destinadas a generar rentas-palanca y no rentas espurias incompatibles con la eficiencia en el uso de los recursos y el objetivo de las políticas 
activas. 

Perspectivas 

El futuro del MERCOSUR está aun indeterminado. El aumento de las relaciones intrarregionales en la última década refleja las convergencias potenciales que estaban aletargadas por el prolongado desencuentro histórico de Argentina y Brasil. Es previsible que la prevalencia de las políticas neoliberales en uno o en los dos socios principales aumente la inestabilidad y los desequilibrios del sistema. A mediano y largo plazo, no es éste un escenario promisorio. 
El Consenso de Washington tropieza, sin embargo, con un grave problema: sus consecuencias sobre la economía y la sociedad. En la actualidad prevalecen el lento crecimiento, la vulnerabilidad financiera, la concentración de la riqueza y el ingreso, el desempleo y la pobreza, la fractura de la economía entre sectores productivos dinámicos y marginados. Estos hechos están cuestionando la estrategia neoliberal y erosionando sus bases de sustentación política. Un eventual replanteo de las estrategias de estabilidad y crecimiento en los países miembros se proyectaría en el MERCOSUR. La integración sostenible reclama decisiones políticas. Es preciso la convergencia de las estrategias nacionales, entre los mercados y la acción pública, para promover el desarrollo y la integración sostenibles. Éste es el gran desafío de la democracia en el MERCOSUR. Desde la perspectiva del desarrollo y la integración sostenibles, la gobernabilidad se refiere a la funcionalidad de la democracia para asegurar los equilibrios macroeconómicos y la seguridad jurídica, promover el desarrollo humano y proteger el medio ambiente. El problema actual es, en gran medida, la gobernabilidad 
de los mercados. 

Caso Argentino: Lecciones macroeconómicas 

(Roberto Lavagna) 

Argentina tuvo programas macroeconómicos caracterizados por la sobrevalorización del peso en 17 de los últimos 27 años. Cada una de esas experiencias terminó en colapso, fruto de la acumulación de déficit fiscales y de una muy fuerte expansión de la deuda externa pública total.

1. La primera lección que extraemos de la experiencia argentina es contraria a una idea dominante en el saber convencional sobre flujo de capitales que está implícita en casi todos los análisis que se hacen en esta materia. Esto es la preocupación con que numerosos analistas perciben las reducciones en los flujos de financiamiento externo y su efecto sobre el crecimiento. El razonamiento implícito en ese análisis es que la reducción en los flujos financieros tiene efectos negativos sobre el crecimiento. Con una mirada de corto plazo, puramente coyuntural y financiera eso puede ser así. Nuestra posición al respecto es que los daños mayores, en términos de crecimiento pero sobre todo en términos de desarrollo con equidad, se producen en los períodos de alta liquidez internacional cuando el flujo de capitales financieros es mayor. Es durante estos años que es posible financiar “fantasías macroeconómicas”, que no son sustentables y que cuando se prolongan en el tiempo generan efectos estructurales indeseables y muy duraderos. La experiencia internacional ratifica la necesidad de reglar los movimientos de capitales especulativos que pueden generar un elevado grado de vulnerabilidad e inestabilidad monetaria y cambiaria, en especial en economías de limitado tamaño 
como la nuestra. 
Existe la necesidad sistémica de establecer nuevos criterios y una vigilancia mucho mayor sobre la sustentabilidad de los programas económicos en los períodos de liquidez. 

2. Si la primera lección que extraemos del caso argentino tiene relación con la sustentabilidad del Programa macroeconómico, esta segunda refiere a cuestiones institucionales. Cualquier arreglo institucional o ingeniería normativa por más sofisticada que sea es insuficiente para preservar los contratos o el derecho de propiedad si no se combina con un programa macroeconómico sustentable. Por supuesto, lo inverso es igualmente válido. No hay sustentabilidad macroeconómica sin un sistema institucional y normativo sólido y creíble. Es claro que las normas institucionales cada vez más rígidas no aumentan la sustentabilidad de un modelo que es intrínsecamente errado. 

3. A estas dos lecciones básicas pueden agregarse algunas cuestiones que tiene que ver con nuestra experiencia pero que importan en términos del funcionamiento del sistema financiero internacional. 
i) Para países tomadores de precios en el mercado internacional resulta altamente inconveniente llevar adelante políticas cambiarias y monetarias muy diferentes a las de sus mayores socios comerciales o de las políticas predominantes en los mercados centrales. En 1992, luego de varios meses de lanzada la convertibilidad, se inician en el mundo una suerte de reacomodamientos en las paridades monetarias y un creciente uso de sistemas de tipo de cambio flexible. La asincronía de la política argentina se hizo cada día más palpable. Sin equilibrio fiscal, con permanente realineamientos 
del tipo de cambio y volatilidad en los flujos de capitales financieros y sin una real apertura comercial relevante a nuestros intereses, el modelo de la convertibilidad era macreconómicamente insostenible. En realidad se prolongó artificialmente la vigencia del modelo por espacio de siete años mediante el recursos sistemático al endeudamiento externo. 
ii) El uso de indicadores de performance como por ejemplo deuda/PBI, debe hacerse con extremo cuidado dada la facilidad con que cuestiones de tipo de cambio pueden deformar las relaciones entra ambas variables y transformarlos en el momento de crisis en absolutamente irrelevantes. 
iii) El descalce (missmatching) de moneda crea gran fragilidad en los sistemas financieros. El financiamiento con depósitos en dólares de actividades ligadas estrictamente al mercado interno y por tanto generadores de ingresos en pesos hace que la fragilidad de las estructuras de financiamiento de estas empresas se traslade, con efectos sociales mucho más graves al sistema financiero como un todo. 
iv) La concentración de crédito al sector público, tanto a gobierno central como a estados provinciales, debe ser tomada como un indicador de fragilidad potencial del sistema. Crecientemente el Estado central y las provincias con la garantía del gobierno nacional de la coparticipación fueron produciendo un crowding out crediticio que restó y encareció los recursos disponibles para financiar al sector privado, haciendo además al sistema financiero crecientemente prisionero de los créditos al sector público. 
v) Debido a la información asimétrica entre colocadores de bonos altamente sofisticados y el público, 
colocadores locales e internacionales ha inducido a tomadores no conscientes a tomar papeles cuyo riesgo era ciertamente alto. 
vi) El carácter de acreedor privilegiado de los organismos multilaterales de crédito está basado en razones económicas pero, sin hipocresías, ha estado también basado en la experiencia que ante una crisis de solvencia y liquidez los organismos multilaterales han actuado como prestamistas de última instancia. 

4. Una reflexión final que surge de la reciente negociación con el FMI pasa por destacar la extrema importancia de afirmar como componentes centrales de políticas exitosas dos cuestiones: la autoría de las políticas económicas y el timing en la aplicación de dichas políticas. El como enfrentar situaciones críticas no puede depender de programas prefabricados. Las grandes reformas estructurales deben hacerse en los momentos de bonanza, precisamente aquellos en que todos parecen mirar para otro lado y disfrutar de falsas e insustentables bondades. 




Nosotros, los argentinos, pero también la comunidad financiera internacional, podemos sacar lecciones de este proceso de crisis. Lecciones que nos sirvan para definir un programa de crecimiento sustentable. También lecciones para el funcionamiento del sistema financiero internacional como un todo. La repetición de crisis a lo largo del planeta está indicando que algo no funciona y que debe y puede ser modificado. Que Argentina haya sido capaz de estabilizar y normalizar su economía, aun reduciendo deuda externa neta con los organismos multilaterales de crédito y que ello haya ocurrido con un programa que no contaba con acuerdos externos, no es un dato menor.

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