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Recomposición del ingreso nacional



CONSUMO NECESARIO DE LOS POBRES: SALIDA HUMANITARIA A LA CRISIS *
Julio Silva-Colmenares **


Contenido

Pág.

1 – En busca de una solución adecuada y equitativa

1

2 – Crisis: Adquiere dimensión global y sistémica

3

3 - Crisis global y sistémica: Mayor carga sobre los pobres

4

4 – Deterioro en las condiciones de vida y de trabajo

7

5 - Recomposición del ingreso nacional a favor de los pobres

10

6 – Colombia: Es posible recomponer el ingreso nacional

11

Resumen
Este documento plantea que una de las causas de la crisis actual radica en un problema que no se ha estudiado con detenimiento: a medida que aumenta el valor del trabajo –crece la escolaridad media, mejoran las capacidades y la experiencia laboral y la vida de los trabajadores es más sana y prolongada-- disminuye el precio que se reconoce por el trabajo. Esto ha hecho que se concentre más el ingreso y disminuya el fondo salarial global, con precarización del mercado laboral. Por tanto, se propone, con base en el ejemplo de Colombia, reivindicar el derecho de los pobres a un consumo que les permita una vida digna y una recomposición del ingreso nacional para que los trabajadores recuperen su participación en la distribución primaria del PIB y amplíen su consumo necesario.


Abstract


This paper argues that one of the causes of the current crisis lies in a problem that has not been studied in detail: while the worth [value] of human work is increasing (average schooling grows, people improve skills and experience and are healthier and live longer), the price recognized is diminishing. This has produced a more concentrated income distribution and a reduction of the overall wage fund, with growing bad employment conditions. Therefore, it is proposed, based on the example of Colombia, reinforce the right of the poor to the consumption that allows them a decent quality of life and a recomposition of the national income, in order to recover the participation of the worker’s class in the primary distribution of GDP.

1 – EN BUSCA DE UNA SOLUCIÓN ADECUADA Y EQUITATIVA


Puede decirse que la historia de la humanidad se ha movido de manera cíclica, viéndose amenazada en algunos momentos su existencia, pero siempre se ha recuperado y por eso hoy habitan la tierra cerca de 6.900 millones de personas. Lo que ha cambiado en miríadas de años es el contenido, la forma, la causalidad, la intensidad y la duración de tal movimiento. Por eso el desarrollo, en su expresión más simple, es movimiento. Así mismo, siempre el trabajo de los seres humanos ha tenido la capacidad de generar un excedente en relación con los recursos utilizados, lo que hizo posible una lenta pero permanente acumulación que permitió el incremento de la población. Con la ampliación del mundo conocido en el siglo 15 y el inicio del capitalismo en el siglo 16, ese movimiento se hizo más complejo y ha estado sujeto a múltiples y variados ciclos, verdadera manifestación de la globalización que se vive desde la edad media europea. Al llegar el siglo 20, cuando se pasa al predominio del capital financiero --fusión de diferentes tipos de capital, en especial comercial, industrial y bancario--, ese movimiento cíclico adquiere nuevas características, haciéndose más difícil desentrañar su naturaleza y hallar salidas. Estaría haciéndose evidente una creciente incapacidad para encontrar soluciones a las dificultades del capitalismo, no obstante que el conocimiento sobre la sociedad aumenta en forma impresionante, por lo que se harían necesarias transformaciones sociales profundas que llevarían a la humanidad de una «época de cambios» a un «cambio de época».
Pero a diferencia de las crisis anteriores, que en lo fundamental eran de escasez, en la época capitalista son de aparente sobreproducción, pues aunque sobran los bienes ofrecidos, ello ocurre no porque estén satisfechas las necesidades de todos los seres humanos, sino porque éstos no tienen la capacidad para adquirirlos, pues la inmensa mayoría de la población –los trabajadores, en especial los pobres--, no recibe una remuneración proporcional a su aporte a la riqueza social, sino mucho menor, determinada por el precio que se reconoce a su trabajo.
Aunque nunca los trabajadores recibirán como precio del trabajo el equivalente a su valor, todo indica que en el capitalismo contemporáneo crece la brecha entre el valor del trabajo y su precio. En términos generales podría decirse que mientras aumenta el valor relativo del trabajo, por la elevación de los conocimientos de los trabajadores debido a una escolaridad más prolongada, mejor capacitación técnico-profesional y más amplia experiencia, al tiempo que la mejora en las condiciones sanitarias alarga la esperanza de vida al nacer, disminuye el precio relativo del trabajo, esto es, su remuneración, en términos constantes y en diversas modalidades, como puede verse por la pérdida de su participación en la distribución primaria del PIB o en los cambios en la composición del ingreso nacional. Lo anterior también puede apreciarse en la disminución relativa del consumo de los hogares en la demanda interna e incluso en la demanda total. Estos cambios ayudan a explicar el incremento creciente del excedente y el aumento de la productividad del trabajo (más unidades de producto por unidad de trabajo). Vale advertir que conocer su precio era más sencillo antes, pues correspondía a la denominación específica de salario, fuese en términos monetarios o de equivalencia en cualesquiera otros bienes. Ahora, en los sistemas de cuentas nacionales se ha vuelto complicado identificar su magnitud, pues la precarización del mercado laboral cambia su denominación y forma de pago.
Para los fines de estas páginas interesa destacar que esa brecha se manifiesta en términos macroeconómicos, por lo menos desde la década de los años ochenta del siglo pasado, como reducción o estancamiento del fondo salarial global. Una de las formas de ver este efecto es con la mayor concentración del ingreso, pues aumenta la parte de quienes están ubicados en los deciles superiores, conformados en lo fundamental por los propietarios de los medios de producción, con detrimento del ingreso en los deciles inferiores, en donde se encuentran los trabajadores. Es decir, en el capitalismo el movimiento cíclico de la actividad económica no obedece en realidad a un exceso de producción (oferta) sino a un defecto de consumo (demanda). Por tanto, la verdadera causa de la crisis es el evidente subconsumo de sectores muy amplios de la población.
De otro lado, al amparo de un crecimiento económico artificial, pues no tenía como finalidad el desarrollo humano, proliferaron las prácticas empresariales desastrosas, que impusieron un modelo de consumo insostenible y de precariedad laboral empobrecedora, con una gigantesca redistribución del ingreso mundial a favor del gran capital y sus áulicos. En ese mundo, de la «exuberancia irracional», se hizo evidente, pero difícil de cuantificar, el abismo entre el valor y el precio del trabajo, en especial de los más pobres.
Otra de las características del capitalismo es que con la disociación que ocurrió entre el trabajador y el trabajo, alguien puede comprar el trabajo y, por consiguiente su capacidad de crear valor o excedente, por lo que puede apropiarse de parte de ese excedente. Esto lleva a que el excedente global, cualesquiera que sea el escenario en donde se produce y el nombre que reciba, se redistribuya al final del proceso de producción, distribución y consumo de una manera muy desigual. Desigualdad que aumentó durante la segunda parte del siglo 20.
En búsqueda de los cambios estructurales que son necesarios para corregir esa deformación inherente al capitalismo, en estas páginas se propone que, con base en un gran pacto político y social, se busque una recomposición a fondo del ingreso nacional en la mayoría de los países, en especial en los pobres, para que aumente, en poco tiempo y en términos significativos, la porción relativa que corresponde a los trabajadores, en especial a quienes conforman los hogares en miseria y pobreza, incluida la denominada clase media baja. El propósito final es lograr que millones de hogares que están al margen del mercado puedan convertir su aplazada demanda potencial en demanda efectiva. Hay que reivindicar el derecho de los pobres al consumo necesario, esto es, el consumo de bienes y servicios que permitan unas condiciones de vida modestas pero dignas, conforme como corresponde al avance científico-técnico accesible, sin las exageraciones y despilfarro que caracteriza al consumismo de las elites irresponsables.1
2 – CRISIS: ADQUIERE DIMENSIÓN GLOBAL Y SISTÉMICA
La crisis que estalló en 2007, con epicentro en Estados Unidos, si bien es un episodio más en la convulsionada historia del capitalismo, es muy diferente a crisis anteriores. Su evolución ha sido vertiginosa, abarcando cada día más aspectos distintos a lo económico y nuevas zonas geográficas del planeta. De una crisis hipotecaria, originada en una «burbuja» inmobiliaria, sobre todo en Estados Unidos, con rapidez se pasó a una crisis financiera, la que desató de inmediato una crisis económica global, que por sus efectos sociales y políticos se transforma de manera acelerada en una crisis sistémica, que por primera vez en la historia podrá afectar a toda la humanidad. Sin duda, los países ricos verán disminuida la creación de riqueza y los ciudadanos ricos de todos los países sufrirán una mengua en su patrimonio, pero la verdadera tragedia la vivirán quienes padecen la pobreza extrema en el mundo, más de mil cuatrocientos millones de personas, y los países pobres, donde la situación de los ciudadanos con ingresos bajos será peor.
La contracción en la demanda en los países ricos, sobre todo en Estados Unidos y Europa, como efecto principal de la disminución de los ingresos y la desvalorización de los activos de los hogares, en especial las viviendas, las acciones y los ahorros, incluidos los vinculados con pensiones, produce de inmediato en muchos países en proceso de crecimiento también una contracción en su producción, pues a través de las exportaciones hacia esas regiones se realiza una proporción significativa de su oferta. Pero en todas partes hay más preocupación por lo que ocurre en las empresas que entre la población trabajadora. Mientras en el mundo abundan los planes para salvar a las empresas, incluidos los bancos, esto es, a las personas adineradas –lo cual, per se, es comprensible--, brillan por su ausencia los planes, que deberían ser aún más multimillonarios, para aliviar la situación de los pobres –lo cual no se compadece con lo otro--.
A raíz de que los Estados han tenido que asumir esa tarea de salvamento, que ha llegado incluso a tomar la forma de participación accionaria en grandes empresas,2 ha revivido la discusión sobre lo que en décadas anteriores se llamó el capitalismo de Estado, o sea la conversión del Estado en un capitalista de nuevo tipo. Se espera que el gasto fiscal en Estados Unidos sobrepase en 2009 el 28% del PIB, el mayor porcentaje desde la Segunda Guerra Mundial, cuando alcanzó a exceder el 40%.3 Pero debe tenerse en cuenta que la profundización de la intervención estatal en la economía estadounidense –que tuvo que comenzar en la última administración de George Bush--, se ha hecho a contrapelo del propio pensamiento de los gobernantes. De Bush no hay duda, por su estirpe republicana. Pero Barack Obama también ha sido claro sobre el particular. Para contrarrestar tal impresión, el principal asesor económico de Obama, Lawrence Summers, dijo con énfasis en un discurso en junio de 2009 en Nueva York: no somos socialistas.4
Como recuerda un editorial del diario económico Portafolio de Bogotá, aunque abundan las descripciones sobre las millonarias pérdidas sufridas por centenares de empresas, “son relativamente escasos los análisis sobre las consecuencias sociales de la encrucijada actual.”.5 En ese sentido, una situación muy crítica observa la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación –FAO-, la que ha señalado que las personas que sufren hambre pasaron de 842 millones en 1990 a 923 millones en 2007 y 963 millones en 2008, de las cuales entre 55 y 60 millones se encuentran en América Latina, regresando a la cifra de 1990, cuando a mediados de la primera década de este siglo (2005) había disminuido a 45 millones.6 Lo significativo de lo ocurrido –y que confirma parte de la tesis que se plantea en estas páginas-- es que fue en los países ricos en donde avanzó a mayor ritmo el volumen de las personas que padecen hambre, un incremento de más del 15% anual, aunque su número todavía no es muy preocupante, comparado con otras regiones del mundo: 18 millones de personas. En palabras del director de la FAO, esto confirma que la “fragilidad y vulnerabilidad del sistema alimentario mundial” ha llegado a una situación “más allá de las proporciones humanitarias”, lo que exige crear un “nuevo orden alimentario mundial”.7
3 - CRISIS GLOBAL Y SISTÉMICA: MAYOR CARGA SOBRE LOS POBRES
Con la crisis se acelera la pérdida de ingreso de los trabajadores y, por tanto, su participación relativa como clase social en el ingreso nacional. Una de las principales causas de pérdida de ingreso es el desempleo, que ya es un problema mundial, haciendo que sean los trabajadores, como clase, los mayores perdedores con la «gran recesión» en curso. Según la Organización Internacional del Trabajo –OIT-, el número de desempleados a nivel mundial que aumentó 5% al pasar de 180 millones en 2007 a 189 millones de personas en 2008, en 2009 podrá incrementarse en 26%, para llegar a 239 millones, lo que significa una tasa de desempleo mundial de 7,4%, sobre una población económicamente activa que puede bordear los 3.230 millones de trabajadores.8 Pero al tiempo que crece el desempleo –en perjuicio de los trabajadores--, sigue aumentando la productividad laboral –en beneficio de los empresarios--, como venía ocurriendo en los últimos años. Según el Departamento de Trabajo de los Estados Unidos, la productividad laboral aumentó en 0,8% durante el primer trimestre de 2009, debido a que el número de horas trabajadas disminuyó a mayor ritmo que la producción. Según esta entidad federal, las horas trabajadas disminuyeron en 9% durante ese trimestre, “la tasa de declive más intensa desde igual período de 1975 cuando cayó 12%”.9
Otra situación crítica es lo que ocurre con el patrimonio de los hogares. Si se toma el caso de Estados Unidos, el patrimonio neto de sus hogares –compuestos en su mayoría por trabajadores-- disminuyó en US$ 11 billones durante 2008, suma igual al PIB de Alemania, Japón y Reino Unido, para ubicarse en casi US$51,5 billones; en cambio, los créditos hipotecarios y con tarjetas de crédito subieron a US$13 billones, más del 120% de los ingresos después de impuestos –cuando en 1995 apenas superaban el 85% de los ingresos--,10 mientras el consumo de los hogares disminuye a cifras anualizadas cercanas al 4%. Pero es necesario tener en cuenta que el patrimonio familiar también había sido víctima –como el precio de las acciones-- de la llamada «exuberancia irracional», estimulada, quizá adrede, por el sistema financiero. La «burbuja inmobiliaria» hizo que el valor de las hipotecas residenciales pasara de representar el 48% del PIB de Estados Unidos en 2001, al 70% en 2007. Como es natural, al explotar esta «burbuja», los precios de las viviendas cayeron, con un efecto devastador sobre muchas familias, que confían la mayor parte de sus ahorros de largo plazo en el valor de sus viviendas. Al contrario, como también hemos planteado, las ganancias empresariales están aumentando a un ritmo muy alto; la misma nota de prensa recuerda que durante “los últimos cincuenta años, las utilidades de las empresas representaron en promedio 3,2% del PIB en Estados Unidos. Sin embargo, para el año 2006 estas llegaron a representar el 6%. El sector financiero fue el mayor responsable de esta burbuja. Si miramos solamente las empresas no financieras, sus utilidades representaron 4,5% del PIB en el año 2006, comparado con un promedio de largo plazo de 2,9%”.11
Hasta aquí se ha visto que la pobreza, en términos relativos, ha disminuido, aunque en muchas regiones o países del mundo ha aumentado o se mantiene estancada en términos absolutos, dado el incremento de la población, al tiempo que la distribución del ingreso más bien se ha agravado, incluidos algunos de los países ricos. Como en muchos países la disminución de la pobreza supone el acceso a bienes y servicios proveídos con recursos estatales o por otros medios de solidaridad social, los resultados anteriores comprueban que el gasto público social ha sido efectivo en la disminución de la pobreza, según esta forma de medición. Pero no han aumentado los ingresos de los hogares pobres y de clase media, lo que implica que no han mejorado, y en muchos casos han desmejorado, los mecanismos de redistribución del excedente generado por la sociedad o la riqueza social creada por el esfuerzo de todos, entendido como el nuevo valor agregado. Para agravar la situación, en muchos países, también incluidos algunos calificados como ricos, el mercado laboral tiende a ser más inequitativo, pues han cambiado las reglas de juego para la contratación, privilegiando formas cada vez más flexibles, que suponen menor remuneración relativa, períodos más cortos de vinculación al trabajo y reducción de la protección legal y asistencial. O sea, se ha transformado en un mercado más precario, como se comprueba con frecuencia.
Como se desprende del panorama presentado, la pobreza, medida por el nivel de ingresos, o por lo menos la desigualdad en su distribución, ha aumentado en todo el mundo, incluidos los principales países capitalistas ricos, como lo demuestran de manera fehaciente las cifras al respecto. Este fenómeno explica buena parte de la crisis actual, pues si bien aumenta la demanda potencial por el incremento de la población, la demanda efectiva se reduce por el empobrecimiento relativo de millones y millones de hogares en todos los continentes. Por paradoja propia del modo de producción capitalista, la reproducción ampliada impulsa la acumulación en forma acelerada, al tiempo que se eleva la productividad por la incorporación acelerada de la revolución científico-técnica al proceso de trabajo, pero por la concentración del ingreso, que reduce la demanda efectiva de muchísimos hogares, se produce una situación aparente de sobreproducción.
Diciéndolo de otra manera, se ha producido una mayor concentración del ingreso en los hogares más ricos y acomodados, conformados en lo fundamental por empresarios y altos ejecutivos, con detrimento de los hogares pobres y de clase media, que son la inmensa mayoría. Para que esto no afectara la demanda, en la mayoría de los países se estimuló de manera artificial el incremento del consumo con el endeudamiento creciente de los hogares. De esta manera, cada vez se presenta una oferta más amplia y diversificada, pero para consumidores que tienen a su vez una menor capacidad relativa de compra y que se ven obligados a disminuir su nivel de vida, pues es imposible financiar a crédito, de manera indefinida, el déficit que se genera en el gasto de los hogares. Cuando esta situación explota en los países ricos, se caen en forma estrepitosa sus importaciones.
Otra dificultad para utilizar la demanda interna como medio de reactivación de la actividad económica, a través del consumo de los hogares, es la precarización del mercado laboral, que, como se dijo más atrás, implica la disminución relativa en el precio del trabajo y, por consiguiente, en el ingreso de millones de hogares en todo el mundo. En ese sentido, es pertinente que la OIT haya puesto como meta para la celebración de su 90 aniversario en 2009 la búsqueda de la Justicia Social para una Globalización Equitativa, sustentada en el Programa por un Trabajo Decente. Como dice el profesor Gustavo Tobón Londoño, decano de Economía en la Universidad Javeriana de Bogotá, trabajo decente es aquel que permite “a los trabajadores cubrir sus necesidades básicas de salud, educación y recreación. Es el marco adecuado para afrontar la crisis, pero no puede ser exclusivo de los trabajadores formales. Hay millones de trabajadores informales excluidos de esos beneficios y para ellos también debe ser la política. Ese es el reto enorme que tenemos”.12 Según Juan Somavia, director general de la OIT, hay que poner en consideración un Pacto de Empleos Global que coloque la creación de empleos y la protección social en el corazón de las políticas de recuperación.13
Si bien miles de hogares ricos en todo el mundo han sufrido el embate de la crisis financiera, éstos han contado con el «paraguas protector» del Estado, que nunca, como ahora, ha sido tan pródigo con ellos, girando «al debe» billones de dólares, contra la riqueza a crearse en el futuro. Mientras, sobre los hombros y los bolsillos de cientos de millones de hogares pobres cae, sin mayor protección, el peso de la crisis social, al tiempo que pagan con desempleo y precarización del mercado laboral la orgía de ganancias exorbitantes y consumismo desenfrenado, de los cuales fueron apenas testigos impávidos y mudos. Como es natural, la crisis social in crescendo, agravará el deterioro de las condiciones de vida y de trabajo existentes, de lo cual se hará una breve descripción en el acápite siguiente.
4 – DETERIORO EN LAS CONDICIONES DE VIDA Y DE TRABAJO
En muchos países pobres los resultados son similares, aunque las circunstancias sean distintas: disminución en el consumo de los hogares y, por consiguiente, caída en la producción y las importaciones; retroceso en las exportaciones y en la inversión; mayor concentración del ingreso y aumento –o en el mejor de los casos, poca o ninguna disminución-- en el nivel de pobreza y miseria, incluso en países en donde ha habido crecimiento económico. A pesar de los esfuerzos multimillonarios de las últimas décadas para combatir la pobreza, ésta se reduce en forma muy lenta y, peor aún, la distancia entre pobres y ricos se ahonda, por lo que podría decirse que el resultado es menos que proporcional al esfuerzo.
En Colombia la situación es peor, pues la pobreza oscila alrededor del 50% de una población que en 2008 pasaba de 43 millones de personas, de la cual una tercera parte vive en la miseria. Según la Encuesta de Calidad de Vida de 2008 realizada por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística –DANE-, la percepción de pobreza en Colombia bajó del 67% en 2003 a 48% en 2008, aunque el mismo DANE califica este resultado como subjetivo, pues “está sustentado en el incremento que se observa en la cobertura de salud, la compra de vivienda, la adquisición de bienes y el acceso a servicios públicos”,14 bienes y servicios que son proveídos, en su mayor parte, con recursos estatales, lo que muestra la eficacia del gasto público en la reducción de la percepción de pobreza, sin que haya habido una mejora significativa en el ingreso de los hogares pobres.

En cuanto al comportamiento de la pobreza y el ingreso, algunas cifras sobre Colombia corroboran una de las tesis centrales de este escrito. Mientras la pobreza disminuía del 60% en los años setenta del siglo 20 a alrededor del 48% a principios del siglo 21 –según datos estatales--, el coeficiente Gini aumentó de 0,493 a principios de 1994 a 0,589 a finales de de 2008. También a principios del siglo 21 la relación entre el ingreso del 20% más rico y el 20% más pobre era de más de 25 veces, según el Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD. Pero cuando se observa la relación entre los deciles inferior y superior, la diferencia es mayor y creciente; en 1983, el 10% de la población con mayores ingresos ganaba 19 veces lo que recibía el 10% con menores ingresos; para 2002 esta relación había subido a 45 veces; como dice el profesor Alejandro Ramírez, de la Universidad Militar de Bogotá, “sin duda, a través de los años el grado de concentración de la riqueza se ha profundizado de una manera alarmante”.15


De otro lado, la precarización en el mercado laboral, que por la flexibilización normativa y otras medidas implica, en términos generales, la disminución relativa del precio del trabajo, se ha agravado en América Latina, en términos generales, y en particular en Colombia. Comenzando con que el desempleo, como era previsible, aumentó en las ciudades de América Latina del 7,9% en marzo de 2008 a 8,5% en el mismo mes de 2009. Para el final de 2009 se considera que el desempleo urbano oscilará entre el 8,7 y el 9,1%, lo que significa, como dice un comunicado conjunto de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina –CEPAL- y la OIT, “que entre 2,8 y 3,9 millones de personas pueden sumarse a los 15,9 millones de personas desempleadas que había en 2008 en las zonas urbanas”. Para agravar la situación, crece la brecha salarial. Como señala un trabajo preparado para el BID, ya citado, las “brechas salariales de América Latina, que ya eran las más amplias del mundo en 1990, son ahora dos veces mayores que en los países ricos. (…) Más específicamente, la brecha entre los ingresos de los trabajadores calificados y los no calificados se amplió en ocho de diez países latinoamericanos (Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, México, Paraguay, Uruguay y Venezuela), comparando los datos de fines de la década de 1980-comienzos de la de 1990 y los de 1994. (…)”.16 En Colombia esa brecha es muy grande y tiende a crecer. Un ejemplo reciente, aportado por un diario nacional es más que sorprendente. En 1988 un miembro del Congreso Nacional ganaba 14,5 salarios mínimos, proporción que en 20 años se había más que duplicado, pues en 2008 era de 37,8 salarios mínimos. En comparación, en Estados Unidos con el salario de un congresista se pagan 13 salarios mínimos federales; en España 8 y en Argentina 9 salarios mínimos.17
En Colombia, si bien el número de personas ocupadas aumentó de 17,7 millones de personas en marzo de 2008 a 18,2 millones en marzo de 2009, el número de desocupados pasó de un poco más de 2,2 millones a casi 2,5 millones en el mismo lapso. Como reseña el diario El Tiempo, la “aparente contradicción se explica porque, al mismo tiempo que hay más gente trabajando, también hay más colombianos que entran a buscar trabajo, pero no lo encuentran. Esto se refleja en la Tasa Global de Participación (TGP), que aumentó un punto hasta llegar a 60,7% en marzo pasado, es decir, que subió el número de quienes trabajan o buscan trabajo dentro del total de personas que ya están en edad de trabajar”.18 En el caso colombiano, la precariedad en el mercado laboral es asombrosa, lo que permite entender por qué no mejora la distribución del ingreso y, más bien, se empobrece la población trabajadora.19 Para 2009 la situación había empeorado, pues en el congreso de los Fondos Administradores de Pensiones se informó que el 48% de todos los trabajadores ganaban menos de un salario mínimo y que el 65% del empleo es informal, esto es, está sujeto a normas muy precarias de remuneración y protección legal y social.20
Desde otra perspectiva puede verse la crítica precarización que ha ocurrido en el mercado laboral colombiano. Según Ricardo Bonilla, del CID de la Universidad Nacional de Colombia, en “1994 trabajaban en Colombia cerca de 14 millones de personas, de los cuales 8 millones eran asalariados, 4 millones por cuenta propia y los demás eran patronos, del servicio doméstico o familiares no remunerados. Hoy, el número de trabajadores asciende a 18 millones de personas, de los cuales 9 millones son asalariados y 7 millones por cuenta propia. Es decir, que de cuatro puestos de trabajo nuevos, tres fueron para trabajadores por cuenta propia y uno para asalariados. Al revisar por qué en 15 años no se contrató a más asalariados, lo que se observa es que los empresarios empezaron a cambiar las modalidades de contratación con el fin de no pagar parafiscales, cesantías, primas o seguridad social”. Como recalca Bonilla, desde “hace años se viene diciendo que los empresarios le hicieron ´conejo´ al país con las reformas laborales, las cuales fracasaron porque sólo sirvieron para reducir costos pero no para contratar más gente. (…)”.21
Para agravar la situación, debe tenerse en cuenta que el precio del trabajo en Colombia es menor que en muchos otros países, teniendo en cuenta aún los salarios con las contribuciones parafiscales, como destaca en una nota el profesor César Ferrari, de la Universidad Javeriana de Bogotá. Según sus palabras, ”de hecho los salarios netos y brutos en Bogotá son menores que en ciudades chinas similares”,22 y eso que, hay que añadir, se considera que una de las ventajas competitivas de China son los bajos salarios, ya que el Estado sufraga una parte considerable de las necesidades sociales de sus hogares. Pero incluso parte de los trabajadores del llamado sector formal no reciben las prestaciones sociales o salario diferido que determina la ley colombiana. Como lo dijo el director adjunto de Fedesarrollo, con base en la Encuesta Social de 2008 de esa prestigiosa entidad investigadora, poseer “un trabajo con prestaciones laborales y salario se está convirtiendo en un lujo. (…) tampoco es suficiente ser un asalariado del sector privado, pues 33% de estos trabajadores no tiene acceso a primas o cesantías (…) A ello se suma que el empleo asalariado es poco estable para las personas de los estratos bajos. Uno de cada cuatro empleados (24%) de los estratos uno y dos llevaba menos de seis meses en su puesto, mientras en los niveles 5 y 6 esa situación la vivía apenas el 11%. En los dos estratos más altos, cerca del 40% reportó una antigüedad de cinco años o más. (…) Las restricciones del mercado laboral, observó Santamaría, exacerban la informalidad en los estratos más bajos y le hace ganar terreno en los grupos medios de la población.”23
Ante la propuesta de algunos centros de consultoría e investigadores de reducir aún más el costo global del trabajo en Colombia, por medio de una nueva reforma laboral, pueden mencionarse también estudios y opiniones que demuestran que esto sería inapropiado, por inocuo. Así, por ejemplo, el director general del Servicio Nacional de Aprendizaje –SENA- recuerda que un estudio de Jorge Espitia Zamora concluye que “los aportes a la seguridad social, al Sena, al Icbf y a las Cajas de Compensación, son en promedio 3,5% de los costos laborales”, para lo cual se basa en el análisis de las declaraciones de renta de 2003 y 2004 de miles de empresas disponibles en la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales –DIAN-.24
Por tanto, no es muy cierto, como enfatiza Eduardo Lora, economista jefe del BID, que “es absolutamente escandaloso el sobreprecio que se paga por las nóminas”. En cambio, un experto en economía laboral, Hugo López, asegura que el tema de las contribuciones parafiscales no es determinante para la generación de nuevos puestos de trabajo, pues su eliminación permitiría crear, en el mejor de los casos, por una sola vez, entre 250.000 y 300.000 puestos de trabajo, “pero su efecto no es dinámico”.25 Tampoco los empresarios consideran determinante la eliminación de tales contribuciones. En respuesta para la revista Dinero, Fabio Sánchez, presidente de la Compañía Colombiana Automotriz, afirma que “nosotros empleamos la gente que necesitamos para los procesos de ensamble y no contrataríamos gente que no necesitamos sólo debido a una rebaja del 9% en el costo de los parafiscales”. En similar sentido se pronuncia Alberto Yepes, presidente de la cadena de hipermercados Alkosto, cuando dice que, si bien “el costo laboral es relevante para nosotros, esto no significa que dejemos de emplear a quien necesitemos o que vayamos a contratar a quien no necesitamos porque se recorten los parafiscales”.26
En resumen, podría decirse que no hay duda sobre el deterioro que ha ocurrido en las condiciones de vida y de trabajo de la inmensa mayoría de la población mundial, incluyendo, por primera vez en varias décadas, parte de quienes viven en los países ricos. Incluso como se vio en las primeras páginas, en estos países viene aumentando la población que padece hambre. Por consiguiente, aumenta también en ellos la pobreza. Y ni qué decir de una mayor concentración del ingreso, o sea de un incremento de la desigualdad, lo que se ha probado de manera palmaria. Peor es la situación en los países pobres. Por paradoja que sólo puede explicarse por condiciones inherentes al funcionamiento del capitalismo, a medida que crece la riqueza en el mundo, y que se acelera el ritmo de su creación, por el aumento de la productividad, es mayor la población que carece de los medios indispensables para disfrutar de una vida digna. Diciéndolo de otra manera, aumenta la brecha entre los hogares ricos y los pobres, así como entre los países ricos y los pobres.
5 - RECOMPOSICIÓN DEL INGRESO NACIONAL A FAVOR DE LOS POBRES
Si bien no podría esperarse ya el fin del capitalismo, como insisten con vehemencia millones de seres humanos, otro mundo mejor es posible. El autor de estas reflexiones ha propuesto la «utopía posible»27 de «construir» un nuevo modo de desarrollo humano para la realización de la libertad y la búsqueda de la felicidad. Esta propuesta comienza por señalar la necesaria distinción que debe haber entre crecimiento y desarrollo, destacando que del crecimiento podría decirse que es económico, pero del desarrollo que es humano. Entendido el primero como la creciente disponibilidad de medios para satisfacer las necesidades materiales, sociales y espirituales y el segundo como su utilización para los fines propios de unas condiciones dignas de vida o de bien-estar o mejor-vivir de las personas. Se sugiere, así mismo, precisar más la diferencia entre «fuentes» y «motores» del crecimiento económico y sustituir como categoría principal en el análisis la concepción usual de modelo económico por la más compleja, pero esclarecedora, de modo de desarrollo. Como alternativa a la sociedad excluyente y cerrada del siglo 20, se señalan los rasgos de lo que podría ser un modo de desarrollo humano, en donde la libertad sería condición sine qua non del desarrollo y la felicidad un ascenso en el proceso de «humanización», lo cual requiere la acción mancomunada y complementaria del Estado, el mercado y la solidaridad social. Libertad y felicidad que no son fines en sí mismos sino caminos para avanzar hacia una sociedad «centrada» en el ser humano, en el marco de una «humanidad globalizada».28
Aunque no se haya avanzado mucho en la discusión al respecto, es evidente que la salida de esta crisis sistémica implicará transformaciones sustanciales, no previstas por los teóricos del sistema. Mientras muchos dirigentes estatales y teóricos e investigadores en ciencias socio-económicas proponen fórmulas rebuscadas para salir de la crisis, nosotros planteamos que la mejor solución es ampliar de manera sustancial el consumo necesario de los hogares pobres y de clase media, que está en niveles muy precarios, para reactivar la actividad productiva y mejorar sus condiciones de vida, sobre la base de incrementar su participación en el ingreso nacional. Esta recomposición del ingreso nacional supondría una disminución sustancial del desempleo y una mejora apreciable del subempleo o informalidad. Esta es una solución más adecuada y equitativa –pero sobre todo más humanitaria-- que salvar empresas quebradas por la avaricia de sus propietarios y directivos o estimular de manera artificial el consumo con el gasto deliberado del Estado, acción que compromete el ingreso futuro y, por ende, la vida de generaciones por nacer.
En concordancia con lo señalado, hay que tomar una decisión que puede parecer absurda en el primer momento, pero que más bien sería la oportuna, dada la profunda recesión prevista: los propietarios de los medios de producción –industriales, banqueros, grandes comerciantes, agricultores y ganaderos ricos y otros sectores similares-- deben renunciar a que sus ganancias sigan incrementándose al ritmo de los últimos años, para poder aumentar la remuneración total al trabajo en una cifra que deje su participación en el ingreso nacional en un nivel que se considere normal para unas condiciones dignas de vida.
6 – COLOMBIA: ES POSIBLE RECOMPONER EL INGRESO NACIONAL
Retomando la idea de que ha disminuido, grosso modo, el precio del trabajo, sobre todo del formal, visto como la remuneración total a los asalariados, puede apreciarse la ocurrencia de ese fenómeno con la información correspondiente a Colombia, con base en la distribución primaria del PIB calculada y reportada por el Departamento Nacional de Estadística –DANE-, para los años de 1994 y 2007, pues no se dispone de datos anteriores o posteriores, con la misma presentación. (Véase cuadro No. 1)

Cuadro No. 1 - DISTRIBUCIÓN PRIMARIA DEL PIB – SITUACIÓN OBSERVADA

(Billones de pesos corrientes)

CONCEPTOS



1994

2007

TAG 95/ 07

Inc.% 07/94

$

%

$

%

%

%

Remuneración a los asalariados

23,8

35,2

134,5

31,1

14,2

-11,6

Excedente bruto de explotación

18,7

27,7

145,7

33,7

17,1

21,7

Ingreso mixto bruto

18,8

28,0

105,6

24,5

14,2

-12,5

Impuestos sobre la producción y las importaciones menos subvenciones

6,2

9,1

46, 0

10,7

16,7

11,1

Total

67,5

100,0

431,8

100,0

15,3




Fuente: DANE, División de síntesis y cuentas nacionales

TAG 95/07 = Tasa anual geométrica del período 1995-2007

Inc. % 07/94 = Incremento ( - disminución) en el peso relativo de cada concepto, año de 2007 respecto a 1994
Como puede verse a simple vista, en sólo 13 años la porción correspondiente a la remuneración a los asalariados disminuyó en casi 12%, pues pasó del 35,2% del PIB en 1994 al 31,1% en 2007, lo que también ocurrió en casi igual proporción en el ingreso mixto bruto, concepto que agrupa ingresos de otras modalidades de remuneración al trabajo e ingresos provenientes de formas que combinan capital y trabajo, como las empresas unipersonales, cuya disminución fue del 28,0% al 24,5% en el mismo lapso. En cambio, la porción del excedente bruto de explotación, que recoge el ingreso de las organizaciones empresariales, aumentó en más de una quinta parte, al pasar de 27,7% en 1994 a 33,7% en 2007. También aumentó, aunque en menor proporción (11,1%) la porción transferida al Estado, como resultado neto de los impuestos sobre la producción y las importaciones menos subvenciones, pues pasó del 9,1% en 1994 al 10,7% en 2007. El cambio en el peso relativo entre los tres primeros conceptos se explica más fácil cuando se observa que la remuneración a los asalariados y el ingreso mixto bruto crecieron durante los 13 años a una tasa anual geométrica de un poco más del 14%, mientras el excedente bruto de explotación lo hizo a más del 17% anual, al tiempo que el PIB total lo hizo al 15,3%, tasas calculadas sobre pesos colombianos corrientes.
Para entender mejor el efecto de este cambio, puede verse ahora lo que hubiese ocurrido bajo el supuesto de dos escenarios distintos. En el escenario A se supone que la composición porcentual de 1994 se mantuvo igual para 2007, como se muestra en el cuadro No. 2.

Cuadro No. 2 - DISTRIBUCIÓN PRIMARIA DEL PIB - ESCENARIO A

(Billones de pesos corrientes)

CONCEPTOS



1994

2007

TAG 95/07

Inc.% 07/94

$

%

$

%

%

%

Remuneración a los asalariados

23,8

35,2

152,0

35,2

15,3

0

Excedente bruto de explotación

18,7

27,7

119,6

27,7

15,3

0

Ingreso mixto bruto

18,8

28,0

120,5

28,0

15,3

0

Impuestos sobre la producción y las importaciones menos subvenciones

6,2

9,1

39,7

9,1

15,3

0

Total

67,5

100,0

431,8

100,0

15,3



En el caso de este escenario, con una distribución inalterada durante todo el período, la remuneración a los asalariados hubiese sido en 2007 superior en $17,6 billones a la suma que en realidad reporta el DANE (Cuadro No. 1), o sea un 13% más en 2007, lo que habría mejorado el consumo de los hogares, en donde el peso de los trabajadores es bastante significativo. Así mismo, el ingreso mixto bruto hubiese sido mayor, mientras el excedente bruto de explotación y los impuestos sobre la producción y las importaciones menos subvenciones hubiesen sido menores. Como es natural, la tasa anual geométrica de crecimiento hubiese sido igual para los cuatro conceptos y no hubiese habido cambios en el peso relativo de cada uno de los conceptos (última columna del cuadro No. 2).


En el escenario B se presenta lo que podría haber ocurrido si, como producto de un Pacto Político y Social al más alto nivel para Recomponer el Ingreso Nacional, se hubiese convenido que los empresarios trasladasen un 10% del excedente bruto de explotación a la remuneración de los asalariados ($14,5 billones). El resultado de tan histórica decisión puede verse en el cuadro No. 3.

Cuadro No. 3 - DISTRIBUCIÓN PRIMARIA DEL PIB – ESCENARIO B

(Billones de pesos corrientes)

CONCEPTOS



1994

2007

TAG 95/07

Inc.% 07/94

$

%

$

%

%

%

Remuneración a los asalariados

23,8

35,2

149,0

34,5

15,2

-2,0

Excedente bruto de explotación

18,7

27,7

131,2

30,3

16,2

9,6

Ingreso mixto bruto

18,8

28,0

105,6

24,5

14,2

-12,5

Impuestos sobre la producción y las importaciones menos subvenciones

6,2

9,1

46,0

10,7

16,7

11,1

Total

67.5

100,0

431,8

100,0

15,3




TAG 95/07 = Tasa anual geométrica del período 1995-2007

Inc. % 07/94 = Incremento ( - disminución) en el peso relativo de cada concepto, año de 2007 respecto a 1994


En este caso, a pesar de la decisión de los empresarios de ceder parte de sus ingresos (excedente bruto de explotación), su participación en el PIB hubiese aumentado en casi 10% (9,6% según la última columna del cuadro No. 3), al pasar de 27,7% en 1994 a 30,3% en 2007, mientras la participación de la remuneración a los asalariados hubiese mejorado, pero sin recuperar el porcentaje que les correspondía en 1994: 34,5% en 2007, en comparación con 35,2% en 1994. La parte correspondiente al ingreso mixto bruto y los impuestos a la producción y las importaciones menos subvenciones, tanto en términos absolutos como relativos, no se modificaría.
Para ver desde otra perspectiva el efecto positivo de tan histórico acuerdo, puede observarse en los cuadros Nos. 4 y 5 el cambio eventual que podría ocurrir si la redistribución convenida en el escenario B se trasladase a la distribución del PIB por utilización. En el cuadro No. 4, que corresponde a los resultados reales que muestra la información del DANE, es evidente que el consumo de los hogares ha seguido perdiendo peso como proporción del PIB, aunque con menor intensidad que en años anteriores al período presentado. Basta decir que en los años sesenta del siglo pasado el consumo de los hogares llegó a representar el 75% del PIB, tres cuartas partes, cifra similar a la que muestra en la actualidad una economía como la estadounidense, mientras el consumo de la administración pública bordeaba el 7%. Hoy, el consumo de los hogares ha disminuido a menos de dos terceras partes del PIB y el gasto público ha multiplicado por más de dos veces su peso relativo. Como dato negativo puede mencionarse que en los años sesenta la formación bruta de capital (inversión total, en términos generales) estaba por debajo del 20% del PIB, pero como aspecto positivo hay que tener en cuenta que el neto del comercio exterior restaba menos del 1%, cuando en el 2007 llega al -9%. (Véase cuadro No. 4).

Cuadro No. 4 - DISTRIBUCIÓN DEL PIB POR UTILIZACIÓN – SITUACIÓN OBSERVADA

(Billones de pesos corrientes)

CONCEPTOS



1994

2007

TAG 95/07

Inc.% 07/94

$

%

$

%

%

%

Consumo de los hogares

44,5

65,9

278,4

64,5

15,1

-2,2

Consumo de la administración pública

9,8

14,5

72,2

16,7

16,6

15,5

Formación bruta de capital

17,2

25,5

119,9

27,8

16,1

8,7

Comercio exterior – neto

-4,0

-5,9

-38,7

-9,0

19,1

51,3

Total

67,5

100,0

431.8

100,0

15,3




Fuente: DANE, División de síntesis y cuentas nacionales. Cálculos de Julio Silva-Colmenares sobre la composición porcentual por conceptos.

TAG 95/07 = Tasa anual geométrica del período 1995-2007

Inc. % 07/94 = Incremento ( - disminución) en el peso relativo de cada concepto, año de 2007 respecto a 1994
Si la recomposición del ingreso que supone el escenario B (cuadro No. 3) se trasladase a un incremento del consumo de los hogares, con una supuesta disminución en igual magnitud de la formación bruta de capital, uno de los principales destinos del excedente bruto de explotación (ganancia de las empresas, en el sentido más general), la situación resultante sería la que aparece en el cuadro No. 5.

Cuadro No. 5 - DISTRIBUCIÓN DEL PIB POR UTILIZACIÓN – ESCENARIO B

(Billones de pesos corrientes)

CONCEPTOS



1994

2007

TAG 94/07

Inc.% 07/94

$

%

$

%

%

%

Consumo de los hogares

44,5

65,9

292,9

67,8

15,6

2,9

Consumo de la administración pública

9,8

14,5

72,2

16,7

16,6

15,5

Formación bruta de capital

17,2

25,5

105,4

24,5

14,9

-4,5

Comercio exterior – neto

-4.0

-5,9

-38,7

-9,0

19,1

51,3

Total

67,5

100,0

431,8

100,0

15,3



A pesar de que se supone que el incremento que tendría la remuneración a los asalariados (Cuadro No. 3), se traslada en su totalidad al consumo de los hogares (Cuadro No. 5), su participación apenas aumentaría en menos de 2%, y superaría por muy poco las dos terceras partes del PIB, cuando –como se dijo más atrás-- hubo momentos del pasado que excedía el 70%. De otro lado, si bien la formación bruta de capital disminuiría del 27,8% en la situación real u observada de 2007 (Cuadro No. 4) al 24,5% del escenario B (Cuadro No. 5), la «caída» no sería crítica, pues como proporción todavía se mantendría dentro del margen que la teoría clásica del crecimiento económico considera aconsejable: alrededor de una cuarta parte del PIB. En este caso, la tasa anual geométrica de crecimiento del consumo de los hogares (15,6%) estaría un poco por encima de la tasa correspondiente al total del PIB (15,3%), pero por debajo, por ejemplo, del consumo de la administración pública (16,6%), lo que permite pensar que una futura reducción relativa del gasto público abriría margen para un incremento adicional del consumo de los hogares.


Como es natural, otro supuesto fundamental de la propuesta es que esta transferencia, acordada en un Pacto Político y Social para la Recomposición del Ingreso Nacional, beneficie a los hogares más pobres, incluida parte de la clase media inferior. Para hacer una aproximación bastante burda, pero indicativa, del eventual beneficio recibido con tal tipo de acuerdo, puede hacerse un cálculo del siguiente tenor. A mediados de la primera década del siglo 21, según datos de la Misión Contra la Pobreza del Departamento Nacional de Planeación –DNP-,29 al quintil de menores ingresos (el 20% más pobre) le correspondía el 2,9% del ingreso nacional; si se adiciona el quintil siguiente (para totalizar el 40% más pobre) la participación en el ingreso llegaría al 9,5%; si se suma el tercer quintil, para totalizar el 60% de la población, lo que podría incluir la parte más pobre de la clase media, su participación llegaría al 20,2% del ingreso nacional. Si se supone que el gasto de los hogares mantiene una participación similar –pues el gasto de los hogares depende, en lo esencial, de sus ingresos--, podría pensarse que al 60% de los hogares le correspondía el 20% del consumo total, esto es, 55,7 billones de pesos en 2007, según la situación real u observada para ese año (Cuadro No. 4). Si esos hogares fuesen beneficiarios de la transferencia del 10% del excedente bruto de explotación ($14,5 billones en 2007), su capacidad adquisitiva podría mejorar hasta en una cuarta parte (14,5/55,7 = 0,26 ó 26%).
Por tanto, no sólo es apropiado –siguiendo el ejercicio realizado sobre la realidad colombiana-- sino factible recomponer el ingreso nacional para incrementar de nuevo el consumo relativo y absoluto de los hogares, en especial de los hogares pobres y de clase media baja, sin que la porción acordada –en el ejemplo un 10% del excedente bruto de explotación-- signifique que los propietarios de los medios de producción entren en bancarrota o vean disminuir en forma exagerada o no vista en otros países, su participación relativa. Esta alternativa no sólo permitiría disminuir el desempleo y mejorar el subempleo o informalidad, sino que no tendría ningún riesgo inflacionario, como si es previsible con las fórmulas keynesianas, ya que no se afectaría el volumen físico de la producción (valores de uso de los bienes y servicios), ni su precio final (valor de cambio de la oferta total de bienes y servicios).
* Documento-base para la participación de Julio Silva-Colmenares en el panel sobre Políticas de Inclusión Social en América Latina en la III Jornada Internacional del Humanismo Económico, Universidad Federal de Santa María, Río Grande do Sul, Brasil, 26-28 de agosto de 2010
** Fundador, miembro de número, coordinador de la Comisión sobre Problemas del Desarrollo y Vicepresidente de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas; miembro correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas de España; PhD en economía (summa cum laude) de la Escuela Superior de Economía de Berlín y doctor en ciencias económicas de la Universidad de Rostock (Alemania); director del Observatorio sobre Desarrollo Humano y profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Colombia; profesor visitante de postgrado en varias universidades; autor de 10 libros, 14 folletos y más de 200 ensayos y artículos científicos publicados en Colombia y el exterior; coautor en 18 libros. obdehumano@fuac.edu.co vicepresidente@acceconomicas.org.co

1 Es posible que esa sociedad transformada no termine llamándose capitalismo, el que a su vez hoy es muy poco parecido al que existía, por ejemplo, hace un siglo. Es tan complejo el hecho de dar calificativos, que mientras muchos analistas hablan de economía capitalista en China, los chinos dicen que su sociedad es una economía socialista de mercado, bajo la orientación del Partido Comunista y la dirección estatal, lo cual es algo muy diferente.

2 Así, por ejemplo, para salvar a la General Motors, el gobierno Federal le «inyectó» US$60.000 millones, lo que le representa un 60% de su capital accionario; el Estado canadiense tiene casi el 12% y el sindicato de trabajadores automotrices de Estados Unidos un 18%; con el restante 10% se quedaron sus anteriores acreedores. (La nueva General Motors ya comenzó a calentar sus motores. Portafolio, 7 de julio de 2009, p. 16); en el caso del gigante financiero Citigroup, el gobierno estadounidense ya posee más del 34% del capital. (Citigroup pasa a manos de Obama. La República, 30 de julio de 2009, p. 3A)

3 Davis Bob y Hilsenrath Jon. La intervención estatal cambia las reglas de juego en el sector privado de EE.UU. El Tiempo, 16 de junio de 2009, p. 2-4

4 Barack Obama insiste en que prefiere un rol limitado del gobierno en la economía. El Tiempo, 17 de junio de 2009, p. 1-10

5 El tema es la pobreza. Portafolio, 30 de marzo de 3009, p. 30

6 Desnutrición: flagelo del vecindario. Portafolio, 11 de diciembre de 2008, p. 19

7 El hambre agobia a más de mil millones de personas en el mundo. El Tiempo, 20 de junio de 2009, p. 1-2

8 OIT: 239 millones de personas, sin opción laboral. La República, 29 de mayo de 2009, p. 11A

9 Solicitudes de subsidio al desempleo suman 637.000. La República, 15 de mayo de 2009, p. 9A

10 El patrimonio de las familias estadounidenses se derrumba. El Tiempo, 13 de marzo de 2009, p. 1-8

11 Andrade Luis. Las tres burbujas. Revista Dinero, 6 de febrero de 2009, p. 58

12 Tobón Londoño Gustavo. Trabajo decente. Portafolio, 19 de marzo de 2009, p. 31

13 OIT: 239 millones de personas, sin opción laboral. La República, 29 de mayo de 2009, p. 11A

14 Cobertura en salud y vivienda demuestran mejor calidad de vida. La República, 19 de marzo de 2009, p. 2B

15 Ramírez Vigoya Alejandro, Portafolio, 25 de mayo de 2009, p. 21

16 Lustig Nora y Deutsch Ruthanne. El Banco Interamericano de Desarrollo y la reducción de la pobreza: Visión general. Documento No. POV-101-R, Washington D.C., diciembre de 1998, p. 6

17 Salario de congresista vs. El mínimo. El Tiempo, 18 de enero de 2009, p. 1-11

18 Día del Trabajo, con más desempleo. El Tiempo, 1 de mayo de 2009, p. 1-2

19 Un análisis integral del fenómeno puede verse en el trabajo de grado de la economista María Teresa Ferreira Sequeda, titulado La precarización del trabajo en la ciudad como una de las nuevas formas de empobrecimiento en Colombia, presentado en la Escuela de Economía y Administración de la Universidad Industrial de Santander en 2006. Este trabajo mereció la distinción de laureado por el Consejo Académico de la respectiva universidad y ganó el premio a la mejor tesis de Economía 2006-2007, otorgado por la Academia Colombiana de Ciencias Económicas.

20 Informalidad laboral preocupa a los fondos. La República, 25 y 26 de abril de 2009, p. 11

21 Bonilla Ricardo. El agua moja. La República, 21 de mayo de 2009, p. 1B

22 Ferrari César. La respuesta a la crisis. La República, 29 de abril de 2009, p. 2A

23 Uno de cada tres asalariados del sector privado no tiene los beneficios de ley. El Tiempo, 15 de mayo de 2009, p. 1-9

24 Montoya Mejía Darío. Los parafiscales son empleo, equidad y productividad. La República, 23 de enero de 2009, p. 11A

25 La encrucijada del empleo. Revista Dinero, 23 de enero de 2009, p. 63

26 La encrucijada del empleo. Revista Dinero, 23 de enero de 2009, p. 61

27 Posible, en cuanto el Diccionario de la Lengua Española (vigésima segunda edición, p. 1534) define utopía como “Plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación”. Si bien la etimología más aceptada de la palabra utopía se vincula con las expresiones griegas ού «no» τόπος «lugar»: lugar que no existe, en las anotaciones de pie de página que trae la edición de Utopía de Thomas More revisada por Ralph Robynson (Ediciones Folio, Barcelona, pág. 120) se dice que también puede provenir de εύ «bueno» o «feliz», por lo que podría significar lugar bueno o feliz o tierra de la felicidad, que también es la idea que transmiten diversos textos de la época griega.

28 Los fundamentos teóricos de esta propuesta se han presentado en diversos eventos académicos. En la primera semana de marzo de 2009 se hizo en el XI Encuentro Internacional sobre Globalización y Problemas del Desarrollo, realizado en la ciudad de La Habana. El texto de la ponencia puede verse en el sitio del Observatorio sobre Desarrollo Humano en la página de internet de la Universidad Autónoma de Colombia. www.fuac.edu.co Una ponencia con similar propósito se ha presentado en las III Jornadas Internacionales del Humanismo Económico, Universidad Federal de Santa María, Río Grande do Sul, Brasil, 26-28 de agosto de 2010

29 Nota Socioeconómica No. 1 de abril de 2006 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo –PNUD-. (Información tomada de la página de Internet www.pnud.org.co el 11 de junio de 2009)



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