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    Plantilla nota de prensa







    Intervención de

    Mariano Rajoy

    Comparecencia del presidente del Gobierno para informar de las medidas ante la situación económica

    Madrid, 2 de julio de 2008
    Señor presidente, señorías:
    Tengo que reconocer que me satisface su presencia en esta Cámara, señor Rodríguez Zapatero. Es una prueba evidente de su respeto a la sede de la soberanía nacional. Importa menos que haya tenido que venir a regañadientes y prácticamente a rastras. El caso es que ha venido a hablar de economía a la institución a la que debe su nombramiento y eso debemos celebrarlo.
    No lo digo porque nos falte información. Al fin y al cabo leemos los periódicos. Lo que ocurre es que, aunque sea de segunda mano, siempre resulta grato escucharle a usted en directo y en un marco en el que, a diferencia de lo que le ocurre a su Señoría en otros foros más cómodos, la discrepancia tiene oportunidad de manifestarse.
    Nos informa usted que ha dispuesto un vigoroso plan de choque para combatir una cosa que no existe, y cuyas dimensiones desconoce, pero que debe ser muy importante porque de otro modo no precisaría nada menos que una batería de cuarenta y siete medidas, -el otro día dijeron que sesenta- sin contar el bálsamo de fierabrás de los 400 euros, que es bastante poco socialdemócrata, porque los cobran los que más ganan y no los perciben los que menos ganan.

    En realidad, sigue usted sin explicarnos que es lo que ocurre en España, aunque reconozco que su visión de las cosas ha mejorado mucho después de las elecciones. Lo que hasta entonces era prosperidad sin fisuras pasó a ser una desaceleración, primero leve, luego significativa, y, pasado un mes, tan intensa que exige tratamiento.


    No sé por qué ha complicado tanto las cosas. La gente lo tiene claro desde el principio. Todo el mundo sabe que sufrimos una crisis grave, que no toda la responsabilidad es del gobierno, pero que tiene mucha culpa porque es uno de los factores agravantes. ¿Por qué? Porque no ha tomado ninguna seria medida correctora y, en cambio, ha echado más leña al fuego y parece dispuesto a perseverar en ese empeño.
    Más allá de eufemismos y disimulos, los hechos no son opinables, Señoría. ¿Y qué nos dicen? Pues que en estos momentos la economía española está creciendo muy poco. Estamos en la cola de la zona euro. Si usted quiere lo llamamos estancamiento y, si no, lo que usted diga.
    El panorama del empleo no es más alegre. España es el país europeo en el que más ha crecido este año la cifra de parados. Los datos que, ayer mismo, nos proporcionaba la Oficina de Estadística de la Unión Europea son suficientemente reveladores, y esto sí que es política social.. A esto le podemos llamar crisis o “ajuste severo”, lo que usted diga.
    De los precios ¿qué podemos decir, Señoría? La tasa de inflación ha llegado a 5,1% (1,1 puntos por encima de la media europea) sin que su Gobierno haga nada. No sé si llamar a esto catástrofe o calamidad: lo que usted diga.
    El daño que semejante subida de precios supone para los bolsillos españoles es ingente. Las familias, sólo en los últimos dos años han pagado 400 € más en alimentación, 100 € mas en gas y electricidad, y otros 400 € por transporte y carburantes.
    Las empresas no lo pasan mejor. Con la subida de los precios pierden competitividad y, en consecuencia, ni crecen ni crean empleo. Algunas ni sobreviven.
    ¿Hablamos de la financiación? El euribor a doce meses está ya en el 5,4%, lo que supone una factura mensual de 200 euros al mes para una hipoteca media. La balanza exterior sigue empeorando y nuestro déficit se sitúa ya en el entorno del 11% del P.I.B.
    Así pues, tenemos un crecimiento estancado, inferior al de la inmensa mayoría de nuestros socios europeos; somos el país de Europa en el que más rápido crece el paro; la inflación está literalmente descontrolada; las difíciles condiciones financieras atenazan a nuestros hogares y a nuestras empresas y el crecimiento del déficit exterior sigue a un ritmo imparable.
    Esto es una crisis económica aunque aquí la llamaremos como usted diga. Los ciudadanos la perciben muy claramente. Lo expresan las encuestas de opinión y lo confirman en su comportamiento diario: el consumo se ha detraído, hay temor a realizar compras y se ahorra en las compras pequeñas. Las ventas de automóviles han caído un 17,8% en lo que va de año -un 30 por ciento en este mes de junio-, las ventas al pormenor están en cifras negativas desde las navidades, las hipotecas constituidas descienden un 26%.
    Los índices de confianza en la economía española, use el indicador que use, se han desplomado literalmente.
    Lo perciben también casi todos los sectores económicos. No es una crisis que sólo afecta al sector de la construcción, como el gobierno se harta a repetir.
    Y, como es lógico, lo percibe el sector público. La recaudación de IVA está descendiendo un 18%, la del Impuesto sobre sociedades un 20%, la del conjunto de los impuestos un 5%. El superávit de las finanzas públicas se está diluyendo a gran velocidad.
    ¿Qué quiere que le diga? Esta combinación de elementos negativos se llama crisis económica y no es opinable, pero usted puede seguir llamándole como quiera.
    Es una crisis que a los españoles nos afecta más que al resto de los países europeos, Señoría.
    Contra lo que usted ha venido proclamando, incluido hoy, no estamos mejor preparados para soportar la crisis, sino peor. Somos más vulnerables que otros debido al alto nivel de endeudamiento de nuestras familias, de nuestras empresas y del conjunto de la economía española frente al exterior.
    Lamentablemente, somos los primeros en déficit exterior. Sume a ello el peso de nuestro mercado inmobiliario y añada nuestra dependencia energética.
    El hecho objetivo es que nuestro crecimiento se estanca mucho más rápidamente;

    • se destruye empleo y se crea paro a más velocidad;

    • los precios suben más, especialmente los de los productos más básicos;

    • nos vemos más afectados por la subida de tipos de interés.

    Estos son hechos, y hay que explicarlos. Esto que acabo de hacer no es dar una opinión, sino reflejar hechos objetivos. Así son las cosas. No es que suframos una crisis, como todo el mundo: Tenemos más crisis que otros.


    Además de ser más vulnerables, no estamos mejor preparados porque en España, en los últimos años, no se ha hecho nada. Y no porque no se le haya advertido. Se lo dije al vicepresidente económico en los cuatro debates de Presupuestos, se lo dije a usted en todos los debates sobre el estado de la Nación. No nos hemos preparado porque usted no lo consideró necesario.
    Coyunturas externas desfavorables, como usted dice, todo el mundo las sufre, solo que unos se preparan y otros no. La previsión es muy importante. Fíjese lo que ocurre con los terremotos. En algunos países causan estragos horrorosos. En otros, en cambio, los daños son mínimos. ¿A qué lo atribuye?
    En resumen, Señorías: tenemos una crisis muy grave, nos afecta más que a otros países y estamos en peores condiciones para encararla porque vamos con retraso.
    Y a todo esto ¿qué nos dice usted? Que de aquí a un año estará todo arreglado y que las medidas de su gobierno contribuirán a recuperar el crecimiento vigoroso del que disfrutábamos antes.
    Lamento no poder estar de acuerdo ni en su capacidad para vaticinar el futuro ni en la eficacia de las medidas que nos ha anunciado.
    ¿Cómo quiere que tome en serio sus vaticinios si, como se suele decir, no ha dado ni una? Desde que asomó la oreja de la crisis no ha acertado usted ni una sola vez. ¿Quién nos dijo que la crisis financiera jamás afectaría a España? ¿Y aquello de que tras una leve caída de los indicadores, vendrían dos años de economía fuerte y pujante?
    ¿Y que la inflación comenzaría a bajar a partir de marzo o abril de 2008? ¿Quién juraba que España lograría el pleno empleo en poco tiempo? ¿Quién perjuraba que el crecimiento del año 2008 no bajaría del 3,3%? ¿Quién llamaba antipatriotas a los que ponían en duda su palabra? ¿Qué nos cuenta, señor Rodríguez Zapatero? ¿Cómo olvidar su linda metáfora electoral de aquella champions´ league de la economía?
    Se ha equivocado usted tantas veces como ha abierto la boca. Esas son sus credenciales. Por ello, todo lo que usted diga sobre el futuro vale lo mismo que lo que ha venido vaticinando hasta ahora.
    Que usted no ha sabido acertar ni una sola vez está fuera de dudas. La única duda disponible es: si todos estos disparates los ha provocado el desconocimiento o el miedo a la verdad. La duda es si estamos ante un error o ante un engaño. Un error hijo del desconocimiento o un engaño hijo del temor a perder las elecciones.
    Para ser sincero yo no creo en el error. No creo que quienes le asesoran no supieran lo que estaba pasando. Lo sabían, porque son profesionales.
    Pero usted no quiso reconocerlo porque significaba aceptar que durante cuatro años enteros, como tantas veces se le dijo, había estado sin hacer nada de provecho. No se atrevió a reconocerlo y, menos aún, en vísperas de las elecciones. No hizo nada. Dejó que las cosas se pusieran peor y disfrazó la realidad para engañar a los españoles. Ahora, como ya no le queda otro remedio, reconoce con desgana que algo no va bien. Esta ha sido, la de hoy, su confesión más atrevida y más intrépida.
    En resumen: Tenemos una crisis muy grave, nos afecta más que a otros países, estamos en peores condiciones para encararla, el Gobierno no ha querido reconocerla por temor a las elecciones, ha dejado que las cosas se pusieran peor, carece de crédito en sus vaticinios y ha engañado a los españoles.
    Y ahora vamos con las medidas que nos anuncia.
    De entrada ya afirmo que las iniciativas que anuncia tienen tanto que ver con la realidad como los presupuestos de este año, es decir, nada.
    Estamos hablando de cosas muy serias, Señoría, estamos hablando del bienestar de muchos españoles y aquí no caben bromas.
    Está usted obligado a ofrecer un mínimo de racionalidad. Eso significa hacer las cosas en el orden que la lógica exige: Comience por explicar qué es lo que quiere corregir. A continuación podremos saber si las medidas que propone son las adecuadas. No haga las cosas al revés.
    Vamos a ver, señor Rodríguez Zapatero: ¿en qué realidad nos movemos? ¿Cuáles son los datos en que se apoyan sus propuestas? Cada día dicen una cosa y ni siquiera entre ustedes se ponen de acuerdo.
    ¿Cuál es el crecimiento que podemos prever? ¿Por qué cambian ustedes de opinión cada dos meses?: del 3,3% pasaron al 3,1%, después al 2,6%, más tarde al 2,3% y, por último a ese misterioso “por debajo del 2%” que nos deja sin saber si se está usted refiriendo al 1,9% o al 0,1%.
    ¿Cuál es el panorama económico para el que usted ha diseñado las medidas? ¿A qué daño y con qué previsiones pretende usted aplicar los remedios?
    Déjese de vaguedades, olvídese de los maquillajes y díganos algo concreto.

    Necesitamos medidas que estén a la altura de las circunstancias y eso no es posible si antes no delimitamos los problemas. Explíquenos cuáles son los datos reales que usted maneja y luego podrá decirnos con qué medios pretende combatirlos.


    Este es el mínimo de racionalidad que exige cualquier política económica. En este orden. Y con precisión. Si se salta usted la racionalidad, estaremos obligados a pensar que usted no pretende más que cubrir las apariencias.

    No le puede extrañar a usted que hasta el gobernador del Banco de España, al que usted conoce bien, diga que las medidas del Gobierno son claramente insuficientes.


    No discutiré si van o no en la dirección correcta, porque eso no basta. Necesitamos austeridad presupuestaria, y reformas liberalizadoras y diálogo social para abordar una reforma laboral, de acuerdo, pero ¿cuánto necesitamos?
    ¿Nos sirve cualquier ahorro presupuestario, cualquier gesto liberalizador, cualquier reforma laboral? Desgraciadamente no. Después de engañar a los españoles en el diagnóstico, malo sería que ahora se les engañara también en el tratamiento.
    Necesita usted recuperar la confianza. Supongo que cuenta con algo más que su optimismo antropológico.
    ¿Qué piensa hacer, sin faltar a la verdad, para calmar los recelos de los empresarios y la desconfianza de los consumidores? ¿Cómo piensa fomentar el ahorro familiar y empresarial? ¿Qué piensa hacer para restaurar la unidad de mercado?
    ¿Qué piensa hacer para combatir la inflación con eficacia? ¿A qué llama liberalizar los mercados? ¿En qué se traduce eso para la energía, el transporte o las comunicaciones?
    ¿A qué llama bajar los impuestos? ¿Qué entiende por austeridad en el gasto público? ¿De qué cifras estamos hablando? ¿Y qué reformas propone en el mercado laboral? ¿Qué es lo que usted pide en concreto a empresarios y trabajadores?
    Concrete, Señoría. Sea usted más preciso. Con vaguedades no se crea empleo y con bellas palabras no se paga la hipoteca.
    Conviene que evite usted las contradicciones. No predique austeridad en el gasto público al mismo tiempo que lo aumenta con ministerios de dudosa utilidad y con la creación de un sinfín de altos cargos.
    No diga que combate la inflación mientras sus políticas echan más leña al fuego. No hable de reducir impuestos mientras aumenta la presión fiscal.
    Usted tiene unas ideas muy rancias y piensa que en economía hay recetas de derechas y de izquierdas. En economía, como en todo, las cosas se hacen bien o mal. Usted hasta ahora ha preferido hacerlas mal y a eso lo llama economía socialdemócrata o progresista.
    Y, sobre todo, si quiere entenderse con los demás, no altere el nombre de las cosas. No centre la discusión en si son galgos o podencos. Los hechos no son opinables, Señoría. Son hechos. Salga ya de ese pantano de los eufemismos y de las vaguedades. Necesita usted mucha claridad porque va a necesitar mucha ayuda.
    Esta empresa no la puede acometer usted solo. Necesitará mucha colaboración pero no podrá obtenerla si no pone las cartas sobre la mesa. Con engaños y disimulos, no. Las cartas sobre la mesa: las del análisis, las de las previsiones y las de las medidas inevitables.
    En suma, señor Rodríguez Zapatero,

    1º. Ha engañado usted al pueblo español. Se ha comportado usted como un médico que oculta la verdad a su paciente.

    2º. No quiso reconocer el problema cuando estaba a tiempo de tomar medidas y no tomó ninguna.

    3º. Ha seguido sin reconocerlo cuando su gravedad desbordaba cualquier pretensión de ocultamiento y ha continuado sin hacer nada.

    4º Ahora se encuentra usted preso en su propia trampa, porque —por no desmentirse a sí mismo— ni siquiera es capaz de ofrecer un análisis objetivo de la situación.

    5º Nos propone unas medidas para atajar un problema cuya magnitud desconocemos.


    Yo comprendo que para usted es muy difícil ahora decir la verdad, porque se verá la dimensión de su engaño anterior, pero tiene que hacerlo.
    Debe armarse de coraje, reconocer la gravedad de la crisis, y concretar sus dimensiones para que sea posible aplicar los remedios adecuados.
    Si lo hace así, yo le aseguro que, con el esfuerzo de todos, seremos capaces de superar esta crisis. Tendrá usted todo el apoyo del Partido Popular a su disposición. Yo no quiero que los españoles paguen el pato de nuestras diferencias ni que sufran esta situación un solo día más de lo inevitable.

    Lo que yo quiero es que salgamos de la crisis cuanto antes. Lo que urge ahora es corregir este descalabro. Nada puede ser más beneficioso en estos momentos que el que nos pongamos de acuerdo para combatir decididamente esta crisis que ya es insoportable y que cada día castiga a más españoles.


    Aquí tiene usted un paquete de medidas que hemos presentado en esta Cámara. Nosotros demostramos que cuando las cosas se ponen difíciles sabemos gobernar. Yo se las brindo. Le pido que las considere, que las discuta, que no sea soberbio y que atienda a las peticiones razonables que le hace la oposición, que de esto algo sabemos.
    Nada más y muchas gracias, Señorías.


    Génova, 13 - 28004 Madrid. Telfs: (91) 557 73 58 / 59 / 60. Fax: (91) 319 02 81.




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