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Pequeño mundo global


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Pequeño mundo global. Entrevista a Eric J. Hobsbawm

Antonio Polito


En: Memoria No 134, abril de 2000, México

http://www.memoria.com.mx/134/Hobsbawm/

El presente texto es una parte de una larga entrevista, inédita en castellano, de Antonio Polito a Eric J. Hobsbawm, Intervista sul nuovo secolo, Laterza, Roma-Bari, 1999.




P. Me parece indiscutible que el rasgo distintivo de esta última década del siglo XX es la globalización de la economía. Es más, dos estudiosos del fenómeno, Daniel Yergin y Joseph Stanislaw, proponen sustituir el gastado término "globalización" con el de "globalidad", entendiendo que es un proceso completo y que el resultado está aquí, entre nosotros, inmodificable, un dato de la realidad.

¿Cree usted también que el mundo sea ya una entidad global? ¿Una sola unidad económica?

R. No. Estamos en una sola entidad global respecto a hace treinta años, pero podemos decir que en 2050 estaremos aún más globalizados y en 2100 mucho, mucho, más. La globalización no es el producto de un sola acción, como encender la luz o el motor de un auto. Es un proceso histórico que sin duda se ha acelerado enormemente en los últimos diez años, pero que consiste en una transformación permanente. Por ello no queda claro cuándo se podrá decir que llegó a un punto definitivo, o cuándo será el momento en que se complete, sobre todo porque la esencia de este proceso es la extensión de actividades a través de un planeta que es, por su misma naturaleza, diverso geográfica, climática e históricamente. Esta realidad impone ciertos límites a la unificación del planeta entero. Además, la globalización no opera de la misma manera en todos los campos de la actividad humana. Mientras desde el punto de vista de la técnica, de las comunicaciones y de la economía se puede decir que es una tendencia histórica natural, no es así en la política. Por eso, sería errado decir que es un fenómeno sin obstáculos.

De todos modos, no hay desacuerdo en que la globalización y especialmente la economía globalizada ha logrado progresos espectaculares, hasta el punto en que hoy por hoy es difícil hablar, por ejemplo, de una división internacional del trabajo.



P. ¿Entonces, qué se entiende exactamente por globalización? Generalmente se responde señalando dos fenómenos: la reducción o la total eliminación de las barreras comerciales entre los Estados y la liberación del mercado de capitales que les permite ir a donde encuentren una mayor remuneración. Pero ya conocíamos estos fenómenos; el capitalismo antes de la Primera Guerra Mundial, si no me equivoco, tenía estas dos características. ¿Qué es lo verdaderamente nuevo?

R. Sobre todo yo creo que no se puede identificar la globalización únicamente con la creación de una economía global, aunque éste sea su aspecto más evidente. Debemos mirar más allá de la economía. Es en primer lugar la eliminación de obstáculos técnicos, más que económicos, la que constituye el presupuesto: la abolición de las distancias y del tiempo. Por ejemplo, habría sido imposible considerar al mundo como una sola unidad antes de que fuera posible circunnavegarlo. De la misma manera creo que fueron las mejoras técnicas revolucionarias en los transportes y en las comunicaciones después de la segunda guerra mundial, las que permitieron que la economía alcanzara los niveles actuales de globalización.

El punto de partida fue la enorme aceleración y difusión de los sistemas de transporte de los productos. Por primera vez en la historia de la humanidad, la evolución de los transportes hace que la organización de la producción (no sólo del comercio) se pueda hacer de manera transnacional.

Este desarrollo no nos hubiera llevado tan lejos si no se hubieran desarrollado paralelamente los sistemas de información que hacen posible controlar el proceso productivo desde el centro, prácticamente cada momento.

Así, mientras en el pasado la división mundial del trabajo se limitaba al intercambio de productos entre regiones particulares, hoy es posible producir a través de las fronteras, los continentes y los Estados.



Este es el elemento fundador del proceso. La abolición de las barreras comerciales y la liberación de los mercados es -a mi parecer- un fenómeno secundario. Esta es la verdadera diferencia entre la economía global que ya existía en el pasado, antes de 1914, y la de hoy. Antes de la gran guerra existía un movimiento de capitales, bienes y trabajo que podemos definir como global. Pero lo que no era posible entonces era la emancipación de los bienes manufacturados y agrícolas del territorio en el que eran producidos. Cuando la gente decía la industria italiana, inglesa o norteamericana, no se refería sólo a las industrias que poseían los ciudadanos de esos países, sino a los procesos que ocurrían más o menos internamente en Italia, Inglaterra o Estados Unidos, a bienes que se producían dentro de los confines nacionales y que después se intercambiaban con otros países. Ya no es así.

P. Es el proceso que ha descrito con estas palabras: hoy todos olvidan que Benetton es italiana, que Body Shop nació en Inglaterra o que la cultura del walkman viene de Japón; y yo mismo he olvidado de dónde viene la línea de moda juvenil Gap.

R. Exactamente. Diré algo más: ¿cómo podemos decir que un Ford es un auto norteamericano si está ensamblado con componentes europeos y japoneses, así como con partes hechas en Detroit? Por eso me parece indiscutible que la economía global antes de 1914 era mucho más primitiva. El único factor paradójico que hacía a aquella economía más global era que en aquellos tiempos había libertad de movimiento de la fuerza de trabajo a través de la emigración en masa, porque es interesante notar cómo la fase actual de la economía global, se desarrolló en condiciones de control de la inmigración, estrechamente operado en todos los grandes países capitalistas.

P. Una de las novedades, indicada también por usted, es la difusión de la información tecnológica, de las comunicaciones en tiempo real. Al contrario, según Samuel Brittan, Internet no es mucho más importante que la invención del cable trasatlántico que transmitía rápidamente a la Bolsa de Nueva York las noticias del crack financiero de Viena en 1873. ¿Cuánto pesa realmente la nueva tecnología en la economía global?

R. Es difícil decirlo, pues no estoy suficientemente informado sobre las capacidades reales de la tecnología informática moderna. Y son muy pocos los que verdaderamente han profundizado en este conocimiento. Sabemos que estos procesos informáticos transforman el mercado financiero internacional, creando un total desequilibrio entre la economía real del mundo, la producción de bienes y servicios reales y el río de derivados, derechos, apuestas, además de todas las transacciones financieras que pasan por las computadoras de los operadores. La subida de este flujo financiero es muchas veces mayor que el producto total del globo. Esto se debe a la tecnología de la información que hace que todo ello sea extraordinariamente fácil. Y además hace posible para gente común, como los llamados day traders, entrar en el mercado y hacer ganancias, comprando y vendiendo durante la jornada con promesas de pago, sin transferencias reales de dinero.

Pero para explicar la distinción entre lo que parece y lo que es, tenemos que regresar un momento y definir qué es lo que entendemos exactamente por globalización y qué se supone que debe o puede alcanzar. Imagine por un segundo el punto teóricamente más elevado de globalización: una situación en la que todos los habitantes del planeta, asumiendo hipotéticamente que tuviéramos los mismos recursos y el mismo dinero para gastar, deberían, en teoría, tener el mismo acceso a los bienes y servicios que se producen en cada rincón del mundo.

En suma, vivir en el Antártico no debería representar desventajas respecto a alguien que vive en Roma o Nueva York. Si asumimos que estos bienes se pueden producir en cantidad suficiente para satisfacer la demanda de todos, la gente no debería ser condicionada por razones geográficas. Pero no es así. Sobre todo por razones prácticas, porque las personas disponen de diferentes recursos; unos son ricos, otros son pobres, o porque su poder es desigual; muchos son libres, otros están presos. Esta condición no tiene nada que ver con la dimensión global; podría determinarse también en el interior de un solo país o ciudad y, por ello, no nos interesa para los fines de esta hipótesis teórica.

El problema consiste en que es imposible tener una disponibilidad absoluta de algunos productos y servicios, aun si viviéramos en una situación de globalización completa. Los economistas se ocupan de estos positional goods, bienes que por su propia naturaleza tienen una disponibilidad limitada o que son únicos. Hagamos un ejemplo. Es posible garantizar a todos el acceso a la Coca-Cola, pero no es posible que todos tengan el mismo acceso a un boleto de la Scala de Milán, porque por la naturaleza misma de este bien el número de boletos a la venta es limitado y no se pueden producir más. Ciertamente que, en términos prácticos, se puede resolver el problema de otra manera: por ejemplo, logrando que todos puedan acceder a discos compactos con las grabaciones de las obras que se presentan en la Scala. Pero no es exactamente lo mismo en la teoría ni en la realidad. Así pues, de alguna manera la globalización significa un acceso más amplio, pero no una igualdad de acceso, ni siquiera en su punto hipotéticamente más alto. De la misma manera, los recursos naturales se distribuyen de manera desigual.

Por esto, pienso que el problema de la globalización es la aspiración de garantizar un acceso tendencialmente igualitario a todos los productos de un mundo que, al contrario, es por naturaleza desigual y diverso. Hay una tensión entre dos abstracciones. Se trata de encontrar un común denominador al que pueda acceder toda la gente del mundo, para obtener cosas que no son -repito- naturalmente accesibles para todos. Y ese denominador es el dinero, es decir, otra abstracción.

Al mismo tiempo, el proceso técnico de la globalización requiere un alto grado de estandarización, de homogeneización y uno de los mayores problemas del siglo XXI será ver cuáles son los límites de tolerancia de esta homogeneidad, más allá de la cual se generan formas de reacción, hasta qué punto la homogeneidad se puede combinar con la multiforme variedad del mundo.

Técnicamente, la tendencia hacia la homogeneización es muy fuerte. Piense por ejemplo en los transportes. Ya se dan casos en que una persona en un aeropuerto no es capaz de decir en qué continente se encuentra, porque los mecanismos funcionales uniforman, operan, de la misma manera; se organizan globalmente y con un único idioma, el inglés. Un grave accidente aéreo ocurrió recientemente porque un piloto kazako no entendió la orden en inglés que le dio la torre de control de Delhi. Mande a un fotógrafo a los vestíbulos de los mayores aeropuertos del mundo e intente después distinguir las fotografías: en todos lados hay las mismas tiendas, los mismos anuncios la misma muchedumbre variopinta. En todos lados, hay aire acondicionado, por lo que no se advierte ni siquiera la diferencia de clima. Del mismo modo, los procesos productivos de la industria, no menos que los agrícolas, están cada vez más estandarizados.

Es éste mi parecer; el problema de 2000 consiste en saber qué tan fuertes serán los obstáculos para este creciente proceso de homogeneización.



P. La globalización se usa frecuentemente por los gobiernos para declararse impotentes, para declinar cualquier responsabilidad en la gestión de la economía y en el control de los mercados. Tony Blair -a quien usted ha definido algo duramente, a mi parecer: una "Thatcher con pantalones"- es particularmente asiduo a sostener esta teoría. ¿De verdad es así, los Estados han perdido sus prerrogativas? El sociólogo alemán Ulrich Beck habla de un "gozoso suicidio público" llevado a cabo por los políticos que invocan más mercado.

R. Pienso que sobre esto pueda haber cierta confusión entre dos hechos diversos. El proceso de globalización es sin duda irreversible y, en algunos aspectos, independiente de lo que hagan los gobiernos, pero otra cosa es la ideología basada en la globalización, la ideología del free market, el neoliberalismo, eso que se ha llamado también "fundamentalismo del libre mercado".

Esta ideología se basa en el entendido de que el libre mercado maximiza el crecimiento y la riqueza en el mundo y produce una distribución óptima del incremento. Toda tentativa por regular y controlar el mercado debe por lo tanto tener resultados negativos, porque reducen la acumulación de la ganancia capitalista y por lo tanto impiden la maximización de la tasa de crecimiento. A mi parecer, no ha habido nunca una justificación para esta ideología. Se puede decir, tal vez, que un mercado capitalista libre produce una tasa de crecimiento mayor que cualquier otro sistema, pero ciertamente se puede dudar que eso asegure una óptima distribución de la riqueza.

Desde el punto de vista de los profetas del mercado libre global, lo único que cuenta es el total de riqueza producida y el crecimiento económico, sin tomar en cuenta la manera en que se distribuye. Si se pudiera probar que un mercado completamente libre produce una tasa de crecimiento excepcional, por ejemplo, en la cinematografía, más películas que en cualquier otro sistema, pero que sean todas producidas en Hollywood y que no pudieran producirse en ningún otro lado, desde el punto de vista de los economistas del free market no habría nada malo en esto.

Por otro lado, el argumento de que los recursos se distribuyen óptimamente a través del máximo crecimiento capitalista, nunca ha sido convincente. También Adam Smith creía que había cosas que el mercado no debía o no podía hacer.

Por las razones apenas expuestas, los gobiernos que adoptan la ideología del free market no dicen lo mismo de quienes -como yo- admiten que la globalización es irreversible. Hay otras maneras en que la globalización puede proceder, no sólo limitándose a remover los obstáculos a las ganancias.

De hecho, si buscamos en la historia las razones de una evolución balanceada de la industria mundial, se verá que no ha sido producida por el liberalismo, sino por su contrario. En el siglo XIX, Estados Unidos y Alemania se convirtieron en países industrializados exactamente porque no aceptaron el libre comercio e insistieron en proteger sus industrias hasta que fueron capaces de competir con la economía dominante que en ese entonces era la británica. En el siglo XX, el desarrollo masivo de la industria del tercer mundo fue nuevamente marcado por el proteccionismo. Con la excepción de Hong Kong, los llamados tigres asiáticos han sido proteccionistas. También la industrialización de países como Brasil y México se realizó evitando la lógica del free market.

Sin embargo, como usted dice, son muy pocos los gobiernos que no aceptan esa lógica. La moda de la ideología del free market es de alguna manera un producto colateral de la última fase del siglo breve, es decir, la ruptura de la llamada "edad de oro" keynesiana. Pero si no ha terminado, esta moda está en su crepúsculo. Mi sensación es que, si los historiadores dentro de cincuenta años miran nuestra era, van a decir que la última parte del breve siglo XX terminó con dos eventos: el colapso de la Unión Soviética y con la bancarrota de la política del fundamentalismo del free market que dominó las políticas gubernamentales del fin de la edad de oro. La crisis global de 1997-1998 puede realmente tomarse como un punto de quiebre.

P. De hecho, este consenso general por la teoría económica neoclásica de von Hayek y Milton Friedman, este pensamiento único, es hoy ampliamente criticado, incluso por grandes especuladores como George Soros o por economistas neoliberales como Krugman y Bhagwati.

R. Sí, esa ideología está en crisis, y no sólo y no tanto porque produjo una más desequilibrada distribución de la riqueza, sino sobre todo porque el sistema se rompió.

Lo que pasó en 1997-1998 me parece que constituye un desgaste relevante de la economía capitalista global. Y es opinión común que el rompimiento se debe atribuir, en gran parte, al escaso control ejercido sobre los procedimientos de inversión y del flujo financiero internacional. Es desde entonces y sólo desde entonces cuando se está difundiendo un rechazo hacia el credo fundamentalista del free market. De alguna manera, esto fue dramatizado no sólo y no tanto por la crisis del extremo oriente, sino por el desastre ruso. También es cierto que algunos capitalistas inteligentes comenzaron a comprender esta realidad bastante temprano; Soros desarrolló su crítica al free market al principio de 1996, aún antes de que el boom diera lugar al colapso en medio mundo y que llevara incluso a la economía norteamericana al borde del abismo. Usted recordará que sólo gracias a una intervención específica del gobierno americano, de la Federal Reserve, el Long Term Investment Fund fue salvado y, con él, la estabilidad del sistema financiero americano.




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