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La Iglesia que camina en dirección de la Iniciación Cristiana


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La Iglesia que camina en dirección de la Iniciación Cristiana

Siguiendo a AIDM veamos como la Iglesia camina hoy en la búsqueda de la recuperación de la verdadera IC. El discernimiento sobre este tema (II.1-4; 38-74) proviene de la Palabra de Dios, aunque haya pocas citas bíblicas; pero abundan afirmaciones de la enseñanza pontificia y episcopal11.

Una de las partes más importantes de AIDM, la segunda Discernir está dedicada a la comprensión, profundización y los caminos de un nuevo paradigma de catequesis y su inspiración catecumenal (cf. 38-51). Cuando hablamos de paradigma pensamos en algo más que modelo; cambiar modelos muchas veces significa cambio de métodos, lo que no altera su naturaleza. El concepto de paradigma implica cambios radicales tocando la propia naturaleza o estructura de la catequesis con su contenido y metodologías. No se trata sólo de cambiar metodologías, o hacer algún maquillaje en el modelo actual… Se trata de una de las grandes conversiones pastorales de la Iglesia, señalada por Aparecida que consiste “en concebir la catequesis como un verdadero proceso de iniciación a la vida cristiana. Tal proceso de iniciación tiene en el catecumenado primitivo su fuente de inspiración y un modelo todavía vigente, sobre todo por su vigor y carácter mistagógico integrador” (38). El catecumenado primitivo mantiene además su vigencia por su vigor y carácter mistagógico integrador (cf. 39).

Se trata de proponer una catequesis que proporcione vivencia o experiencia de misterio de la persona de Jesús a tal punto que ella, la catequesis, puede conducir a un “verdadero encuentro personal con Jesucristo vivo” (Juan Pablo II, CT 5). Solamente en un segundo momento vendrá el aspecto de la enseñanza doctrinal de la fe, tan tradicional de la catequesis. Lo más importante y fundamental es la experiencia del misterio de Jesús. Es impresionante cuántas veces aparece en AIDM la expresión “experiencia” o correspondientes, como “experiencial” (casi 40 veces), que traduce ese nuevo paradigma. Fue uno de los conceptos muy usados por el Catecismo de la Iglesia Católica y que también dominó el Sínodo de 2012 sobre la Nueva Evangelización, sobre todo su Instrumento de Trabajo.

¿Y cuál será la metodología para llevar a las personas, nuestros adultos, jóvenes y niños, a la experiencia de Jesucristo? El camino más eficaz, según la tradición cristiana es la mistagogía, un concepto tan antiguo como el cristianismo y que la Iglesia, en la actualidad busca rescatar, junto con el catecumenado. Encontramos en AIDM una posible definición (descripción) de mistagogía: “acción de introducir a los catecúmenos y catequizandos en los misterios de la fe a través de las celebraciones y la enseñanza12” (39; cf. 50). Esa dimensión orante, celebrativa y litúrgica de la catequesis, a la cual se agregan también otros símbolos y señales (inclusive el arte cristiano) es la Mistagogía, camino que realiza una verdadera IC. La palabra Mistagogía (“conducción, educación al misterio”) posee la misma raíz griega de pedagogía (“conducción, educación del niño”). Por lo tanto, la misión del verdadero catequista, más que la pedagogía es, sobretodo Mistagogía: él es más un mistagogo que pedagogo... o sea: su misión es más de iniciación que de pura enseñanza, aunque eso también sea importante (143; 136 título).

¿Y qué viene a ser esa iniciación? ¿Qué significa desde el punto de vista antropológico, religioso, cristiano, catequético? Muchas veces tenemos sólo una idea vaga..., pues es algo que, aparentemente, en la vida moderna desapareció de nuestra experiencia cotidiana. AIDM no trata de este tema, no obstante, su comprensión es esencial al discernir...

Iniciación es mucho más que enseñanza o instrucción, características típicas de la escuela en general y de nuestra catequesis tradicional. Iniciación está siempre relacionada al concepto de misterio. Muchas veces no se entiende lo que es iniciación, pues no se entiende lo que es misterio, no relacionamos una cosa con la otra, o se confunde con otros términos (doctrina, enseñanza, aprendizaje escolar, memorizar definiciones y conceptos...). El misterio es siempre algo que nos sobrepasa, que está por encima de nosotros, algo sublime, lejos de nuestras experiencias del día a día, pero cuya experiencia toca profundamente nuestra existencia, como son los misterios cristianos...

Los procesos de iniciación en el cristianismo primitivo se inspiraban en prácticas judaicas para introducir los prosélitos extranjeros a la fe y costumbres israelitas. Sin embargo, luego los procesos de iniciación cristiana también se inspiraron en prácticas de las religiones mistéricas que, conforme al paganismo, ayudaban a las personas a tener contacto con la divinidad, con el “conocimiento supremo, superior”, a través de la gnosis (tan combatida por el 4°. Evangelio). Pero, el contenido cristiano era totalmente nuevo... el misterio al cual el catecúmeno debe ser iniciado, es la Persona de Jesucristo que es la Sabiduría suprema de Dios para nosotros, misterio otrora oculto, y que ahora fue revelado a nosotros por la fe (cf. Ef. 3, 4-6, 9-12). Los cristianos adaptaron, por lo tanto, la metodología mistérica, y no su contenido.

A ese proceso se llamó “catecumenado”. Se trata de un proceso de iniciación en el sentido más profundo y rico13. Tal concepto no se encuentra en la Biblia, proviene de las culturas; su origen es, pues, antropológica, y no bíblica. Sin embargo, la Biblia está repleta del concepto de misterio, sobretodo en el Nuevo Testamento, en el corpus paulinum.

Después de esas consideraciones, podemos entender el nº 43 de AIDM: “Se entiende como iniciación a la vida cristiana el proceso por el cual una persona es introducida en el misterio de Jesucristo y en la vida de la Iglesia a través de la Palabra de Dios y de la mediación sacramental y litúrgica, que va acompañando el cambio de actitudes fundamentales de ser y existir con los demás y con el mundo, en una nueva identidad como persona cristiana que testimonia el evangelio inserta en una comunidad eclesial viva y testimonial” (43; cf. nºs 39 y 60). ¿Y por qué Iniciación a la Vida Cristiana (lVC)? En Brasil se comenzó a agregar la expresión “a la vida” para acentuar la repercusión de la fe en la existencia humana concreta; tal expresión está ahora presente en AIDM y comienza a ser usada en muchas partes de Latinoamérica.

El texto pasa a hablar también del Rito de Iniciación Cristiana de adultos (RICA, nºs 44-45 ss). Se trata de uno de los puntos clave en el nuevo paradigma de catequesis. El RICA no es un libro de catequesis, sino de Liturgia: ritual litúrgico para el Bautismo de Adultos, fruto del Vaticano II (su primera edición típica fue en el lejano 1972...). En su primer y principal capítulo, describe minuciosamente los procesos, los pasos, el camino que un adulto recorre hacia el bautismo. Por lo tanto, en él se encuentran ritos, celebraciones, oraciones, lectura de la Palabra de Dios que acompañan al adulto rumbo al Bautismo, y nada de catequesis, en el sentido de enseñanza de los contenidos de la fe cristiana; para ello, él remite al grande y precioso volumen del Catecismo de la Iglesia Católica.

Entendemos entonces por qué se insiste tanto en una “catequesis mistagógica”, sobre la cual el Papa Francisco también habló en la Evangelii Gaudium (nº 73-74): es catequesis que lleva mucho en cuenta las celebraciones, prácticas y sugerencias del RICA. O mejor: una catequesis que es hecha, conducida al ritmo del RICA. La verdadera iniciación no se hace como en la enseñanza escolar, ¡ni es un aprendizaje de doctrinas o mismo de historias y hechos sobre Jesús y la Historia da Salvación! Es un proceso complejo del cual hace parte, sobre todo la Liturgia y toda dimensión celebrativa y orante de la fe. La enseñanza de la doctrina es también importante, pero viene en segundo o tercer lugar… así, acostumbro a decir para catequistas populares que la verdadera catequesis es fruto de tres grandes libros: en primer lugar y por encima de todo, las Sagradas Escrituras, la Palabra de Dios viva y eficaz, sobre la cual tanto insistió el Vaticano II (Dei Verbum) y Benedicto XVI (Verbum Domini); después del RICA, representando toda la dimensión orante, celebrativa, litúrgica de la fe… y, por fin, más no menos importante, el Catecismo de la Iglesia Católica. Es solo “batir bien en una licuadora”… y servir!...! En verdad, el texto brasileño Itinerario Catequético14 ya hace esa interacción!

Estamos hablando de los complejos procesos de la Iniciación a la Vida Cristiana tal como son descritos en el RICA, que al mandato del Vaticano II, restauró el Catecumenado, con todas sus cuatro etapas, tres grados15 (tiempos, ritos de pasaje), celebraciones, ritos mayores y menores, entregas, escrutinios. En la visión del Vaticano II el RICA fue elaborado en vista de la misión ad gentes, eso es, pueblos aún no cristianos… Entretanto, hoy él es pensado y usado también, y, sobre todo, para nosotros que vivimos en países de antigua cristiandad, más que, por el fenómeno de la descristianización, se volvieron también “países de misión”. Es la célebre propuesta del Papa Francisco de una “Iglesia en salida”, que corre en dirección a las periferias existenciales. AIDM describe entonces ese complejo proceso de Iniciación a la Vida Cristiana (IVC), llamado también Catecumenado o aún, catequesis de inspiración Catecumenal (cf. 44-51).

Al final del capítulo II del AIDM (pg. 52) se encuentra un cuadro que puede ilustrar el proceso de la IVC con sus 4 etapas y tres grados, catequesis, ritos, escrutinios, entregas, etc.

El pre-catecumenado: (pre, pues antecede al verdadero catecumenado) es el tiempo del primer anuncio, y en él, el kerigma. Es un periodo que desconocemos en la catequesis y pastoral en general. Herederos de la cristiandad, nos despreocupamos del kerigma. Dormimos sobre el lecho de la cristiandad con la dulce ilusión de que todos ya conocen a Jesucristo… que tienen experiencia de un encuentro personal con Él. No nos damos cuenta de que vivimos en otros tiempos… Ese pre-catecumenado es un trabajo eminentemente misionero, o sea, despertar en las personas que están fuera de la Iglesia o apartados, el interés por Jesucristo, el encantamiento por él y su Evangelio, suscitar el deseo de comenzar un camino de búsqueda y profundidad.

De la parte de los iniciadores, evangelizadores o predicadores, como dice AIDM n°46, es tiempo del “testimonio, diálogo, búsqueda, anuncio explícito de la persona de Jesús…”. También en la catequesis de la primera eucaristía y confirmación es siempre necesario comenzar por Jesucristo… todo a partir de El! Pero en adelante, en el capítulo segundo (II.1.2) el texto retoma el tema del Kerigma, insistiendo en la idea de que es el paso indispensable para, sólo después de estar garantizado, iniciar la catequesis. El kerigma debe ser anterior a todo; él ya debe suscitar un encuentro con Jesucristo vivo, debe despertar para mayor profundidad en su misterio (52 y 55).

Esa es la actividad más desafiante de la Iglesia de hoy, también porque nosotros los católicos no tenemos experiencia reciente del anuncio kerigmático, de la misión verdadera… Tenemos, sí, experiencia de misión, pero en países que antiguamente se llamaban “de misión” (ad gentes), donde no hay una cultura y mucho menos una vivencia cristiana. Para nosotros, los misioneros eran o son héroes de la fe, que dejan la patria, familia, lengua, hábitos y raíces culturales y van para “países lejanos” para llevar la luz del Evangelio. Pero, hablar de misión entre nosotros, países de relativa vivencia histórica de cristianismo, seria, para algunos “llover sobre mojado”, hablar de algo que todos ya conocen. Por lo tanto la verdad es esta: países de antigua cristiandad se volvieron hoy países de misión, y nos toca a nosotros, anunciar a Jesucristo, su kerigma y Evangelio, a personas sacramentalizadas, pero no evangelizadas ni convertidas. Eso es primer anuncio… o “segundo primer anuncio” (E. BIEMMI). Debemos decir también que los responsables por ese pre-catecumenado, o anuncio misionero, no son los catequistas, sino es responsabilidad de toda la comunidad. Le sigue la primera etapa, o primera gran celebración de paso y entrada en el tiempo siguiente.

El segundo tiempo, llamado Catecumenado propiamente dicha, es el más largo de todo. Como se lee en el n°47, es el “dedicado a la catequesis y a la experiencia integral de la vida cristiana: confesión de fe, celebración, oración y cambio de vida personal y social. La catequesis es integral, centrada en la Palabra de Dios y en el conocimiento de la historia de salvación”. En ese contexto y dentro del catecumenado nació la catequesis, tal como la conocemos, con característica bien definida: es tiempo de enseñanza doctrinal y aprendizaje, pero envuelto en ese clima mistagógico proporcionado por todos los procesos de la IVC. Con el advenimiento del largo periodo de la cristiandad, desapareció ese intento y largo proceso catecumenal, y sobrevivió apenas la catequesis con su catequesis doctrinal. Como vimos, había entonces un clima bastante cristiano en la sociedad, la trasmisión familiar de la fe, la vida religiosa que preparaba todas las actividades, en fin, el catecumenado social. Aquí si, en el segundo tiempo del Catecumenado, está situado el trabajo importante e ingente de los catequistas. Son los maestros (doctores) que tienen la capacidad de leer las Sagradas Escrituras, interpretarlas correctamente a la luz de la Tradición, enseñar la doctrina y, juntamente con los ritos y celebraciones de ese periodo, iniciar a los catecúmenos en los misterios de la fe.

Aquellos que terminan ese tiempo de Catecumenado son considerados “elegidos”, o sea, aptos para recibir los sacramentos de la fe y eso es celebrado en el segundo grado (elección) que los introduce en la tercera etapa tiempo, breve con relación a la anterior, llamado Iluminación y Purificación. Corresponde a la cuaresma, periodo instituido justamente para la preparación inmediata de los elegidos en vista de los sacramentos que irán a recibir. La Iglesia después, sabiamente, extendió ese periodo a todos los cristianos, para que, anualmente rehiciesen el camino bautismal. Y hasta hoy la cuaresma tiene ese sentido. En ese tiempo cuaresmal hay los ritos, celebraciones y entregas, como también las “catequesis pre-bautismales” tan ricas en la antigüedad que generó gran parte de la literatura patrística. De hecho, aquí terminaba la misión del catequista, y el propio obispo era quien hacia esa catequesis. Todo culminaba en la noche santa de la Vigilia Pascual (y es el tercer grado) cuando los catecúmenos, y hoy los catequizandos, reciben los sacramentos. Para los adultos y esa regla continua hasta hoy, eran administrados los 3 sacramentos en una sola gran celebración Pascual (cf. AIDM 48-49).

La cuarta y última etapa de la IVC era y es aún el tiempo de la Mistagogía. Esa palabra, como vimos, designa el aspecto litúrgico-celebrativo-orante-simbólico de la catequesis. Pero significa también ese largo momento que va desde la noche pascual hasta Pentecostés: 50 días; también ellos fueron instituidos con vistas el Catecumenado. Los Santos Padres (Cirilo de Jerusalén primeramente) hacían catequesis pos-bautismales a partir de las Escrituras, sobre todo de los textos sobre la “nueva vida en Cristo” y a partir de la experiencia que los neófitos habían vivido al recibir los sacramentos de la Iniciación Cristiana! AIDM en los n° 50-51 da mucha importancia a la comunidad, su testimonio y acogida en relación a los nuevos miembros generados en ese largo y complejo proceso iniciado.

Infelizmente, en muchas catequesis de hoy, en vez de un nuevo nacimiento o generación de nuevas vidas para la comunidad, vemos(y es triste decir eso) un verdadero aborto; la catequesis como nosotros la conducimos (con gloriosas excepciones) no consigue enraizar los que son sacramentalizados, en la vida de la comunidad: reciben los sacramentos y dentro de no poco tiempo abandonan todo, se apartan… y quien sabe, en el momento de otro sacramento (matrimonio, o exequias!) retornan para recibir más un sacramento sin vivir de hecho lo que ellos significan. Aquello que debería ser un proceso de iniciación se transforma en proceso de conclusión! Si la Iglesia fuese una empresa, estaría trabajando con saldo rojo, con resultados súper negativos. Es lo que demuestra la frialdad de las estadísticas. Menos mal que no somos una empresa… y creemos que la gracia del E. Santo hará fructificar más tarde, quien sabe, esa semilla plantada en el corazón de los catequizandos cuando fueron sacramentalmente “iniciados” en la fe… pero no existencialmente.

Al final de esa exposición del RICA, que AIDM hace resumidamente (45-51), se debe decir que él necesita ser adaptado también para el catecumenado o catequesis de inspiración catecumenal para jóvenes y niños. En realidad, el capítulo V del mismo RICA ya presenta una propuesta de adaptación de un catecumenado para niños. El RICA no es una camisa de fuerza, pero permite gran flexibilidad de adaptación a las más diversas circunstancias y necesidades.



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