• Esperando la rebelión de los “ni-ni” (ni estudian ni trabajan): Los “babylosers” - De la “Generación Peter Pan” a la “Generación Cero”: el becarismo rampante

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    Paper La crisis del empleo de los jóvenes (una generación -tal vez, dos- entre paréntesis) Parte I


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    Paper - La crisis del empleo de los jóvenes (una generación -tal vez, dos- entre paréntesis) Parte I

    - “As time goes by” (Según pasan los años)...



    ninis

    A - Decíamos ayer… (un mal que viene de lejos)

    (El problema del (des)empleo juvenil viene de antes. Sirva como referencia lo escrito a principios del año 2007, cuando la “manada” ignoraba la crisis financiera subyacente)

    Del Paper- Desempleo juvenil: de la inactividad al desaliento - ¿Qué están esperando? (Convocatoria a la rebelión de la “sociedad de los conformes”), publicado el 15/3/07

    Sin trabajo no hay futuro

    Los jóvenes de hoy son la generación más educada que haya existido. Sin embargo estas personas entre 15 y 24 años enfrentan una escasez de empleos plenos y productivos, y altas dosis de incertidumbre económica.

    El desafío del empleo juvenil es enorme. A fines de 2005 había más de 85 millones de jóvenes desempleados. Pero ésta es sólo la punta del iceberg: hay otros 300 millones que estaban empleados pero eran pobres con ingresos de menos de 2 dólares diarios. Y otros 20 millones habían abandonado por completo la búsqueda de empleo. Para quienes consiguen un puesto las condiciones laborales tienden a estar por debajo de lo que se considera “decente y productivo”.

    Los jóvenes están más expuestos a largas jornadas, a contratos temporales o informales con bajos salarios, a una protección social escasa o inexistente, y a no tener una voz en el trabajo. La falta de oportunidades de trabajo decente afecta a alrededor de la tercera parte de los 1,1 mil millones de jóvenes del mundo.

    La incapacidad de encontrar trabajo genera una sensación de vulnerabilidad, inutilidad y ociosidad entre los jóvenes. Por eso la brecha del empleo juvenil plantea retos importantes, pero además implica fuertes costos económicos en términos de pérdida de ahorros y capital humano, y costos sociales en acciones de prevención de la delincuencia o el uso de drogas.

    Juan Somavia, Director General de la OIT, sostiene: “Generar empleo para los jóvenes no es suficiente. En el mundo resulta difícil cuando no imposible que los jóvenes consigan trabajo. Pero además, cada vez tienen más dificultades para encontrar trabajo decente. Los jóvenes de hoy no necesitan un trabajo cualquiera, sino uno que les permita contribuir como trabajadores, ciudadanos y agentes de cambio. Este es el reto que enfrentamos”.

    Me gustaría decir, aunque no puedo, que los jóvenes de hoy tienen ideas claras sobre sus aspiraciones laborales y sociales, y esperan contar con opciones para alcanzar su autonomía y ser ciudadanos activos.

    Me gustaría decir, aunque no puedo, que los jóvenes de hoy ejercen, con todo derecho y razón, presión social, sobre los líderes políticos y económicos, para que enfrenten el desafío de desarrollar y aplicar las estrategias que les den a los jóvenes de todo el mundo una oportunidad real y equitativa de acceder a un empleo pleno y productivo y al trabajo decente.

    Me gustaría decir, aunque no puedo, que los jóvenes de hoy están luchando por un mundo mejor y no tragando la “sopa boba” que le ofrece la sociedad de consumo a cambio de una vida “anestesiada”, “pasiva”, “gaseosa”, “anómica”, “jibarizada” “vegetal”, “tetrapléjica” y con la respiración asistida provista por la droga, el alcohol, la televisión y el fútbol.

    Me gustaría decir, aunque no puedo, que la juventud de hoy está en la “calle” en estado de lucha permanente, en estado de rebelión permanente, reclamando, exigiendo o provocando el cambio de régimen político y económico hacia una sociedad más justa, equilibrada, sostenible, democrática y ética.

    Desde mis limitaciones (que son muchas), con toda humildad (que siempre es poca), en el crepúsculo de mi vida (que es más rápido de lo deseado), como testimonio para mis hijas (que comparten la edad de la generación a la que me dirijo), y como “guía del viajero” para mi primer y próximo nieto (la vida que le espera no es un video juego), deseo presentarles algunos datos y referencias sobre la crisis global del empleo: enfrentar el desequilibrio entre el crecimiento económico y el trabajo. Encender todas las alarmas…

    Una apelación para realizar reformas políticas significativas que permitan enfrentar el desequilibrio entre crecimiento y creación de empleo. Una convocatoria a la rebelión de la “sociedad de los conformes”. Un llamado “desesperado” a la resistencia y la insumisión. Contra el dogmatismo y el conformismo dominantes, que muchas veces exponen, hasta el punto insostenible de la humillación, la brecha entre recursos para sobrevivir que separa a grupos humanos.

    Es una deuda del mundo con el mundo, que hipoteca la paz y la seguridad mundiales. Basta con leer el Informe sobre el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) de 2004, con esos más de 2.500 millones de seres que se alimentan y visten con sólo uno o dos dólares al día, para identificar la ciénaga indecente sobre la que se asienta la Humanidad.

    En un mundo de verdades relativas, hasta el escepticismo enfático, los mitos se convierten en mentiras cuando chocan con el impenetrable muro de la realidad…



    La magia de la fuerza centrífuga

    La insoportable autoridad… La intolerable dependencia… La imposible sumisión… La crispación, el atragantamiento, el nudo en el estómago, que provocan las órdenes, incitaciones, consejos, demandas, exigencias, proposiciones, directivas, conminaciones.

    Un archipiélago de rebeldes y de irreductibles, un continente de resistentes e insumisos.

    “Las jerarquías son ficticias, las desigualdades fantoches; no hay superhombres, ni infrahombres, tampoco hombres convertidos en animales, en contraste con otros ungidos por los dioses del Walhalla: nada vale el artificio cuando la esencia lo dice todo y expresa la verdad absoluta de la especie”, dice Michel Onfray en su libro “Política del rebelde” (Tratado de la resistencia y la insumisión), 1999 - Perfil Libros.

    Más adelante, el mismo autor, pregunta:

    “¿Quién puede decir que el capitalismo es, hoy, completamente civilizado? Con sus solas necesidades vitales, encontró algo mejor que una oposición o un rechazo, obligando a comprar y a pagar. ¿Comer y beber? Hay que pagar la comida, todos los días, y dilapidar dinero sin cesar. Esto es un tormento para el que gana poco y nada. ¿Dormir? Hay que encontrar con qué pagar un alojamiento. Sabemos qué diferencia hay entre los barrios elegantes, inaccesibles para los pobres, y las zonas salvajes, más abordables económicamente -¡y aun así!- pero cuyo precio, además del dinero entregado a los propietarios, es la promiscuidad permanente con otros que también están forzados a vivir en esas jaulas antes de que algún día se les reproche por rugir. ¿Qué vida se merecen los despojados y los miserables?

    ¿Derecho a la salud? ¿A qué precio, por qué prestaciones? ¿Según qué modalidades, cada vez más precarias? Siempre hay cuotas, en materia de seguridad social, pero no alcanzan para cubrir los gastos en su totalidad; seguros complementarios, más dinero y deducciones, pero nada de esto será suficiente para la integralidad del pago. ¿Qué prestaciones de salud tienen, entonces los pobres y los desvalidos?

    ¿Derecho a la sepultura? Aquí se llega al extremo de la vileza: en la civilización capitalista, la muerte ofrece un mercado, una oportunidad más de esquilmar, de cobrar impuestos sobre el cajón, según su tamaño -¡pobres los que son gordos y altos!-, impuestos sobre la ceremonia y el transporte, la sepultura y los cuidados para conservarla, impuestos para llevar el féretro fuera de las zonas definidas por la ley, impuestos para la cremación, la incineración, impuestos sobre los impuestos. Impuestos a la sucesión. Y terminemos aquí. ¿Qué dignidad se les asegura a los desposeídos, esos réprobos mayores?

    Beber, comer, dormir, mantener la salud, recuperarla y morir. Todo esto es un cúmulo de problemas y justifica mi odio hacia los gobiernos satisfechos de administrar el capitalismo. Los ricos atraviesan esta sociedad con menores perjuicios que los que no tienen nada”…

    Robert Antelme (1948) recuerda, que un sujeto no se define por su conciencia libre sino por su entendimiento sometido, fabricado para consentir la obediencia. Una fenomenología de los comportamientos nazis en los campos de concentración permitió a Antelme llegar a la conclusión de que no había diferencia esencial entre lo que pasaba en el ámbito de Buchenwald y lo que se observa en el mundo del trabajo habitual. Antelme veía en el campo de concentración una simple y llana “amplificación”, cuando no una “caricatura extrema” -son sus expresiones- de lo que pasa en el “mundo verdadero” al cual todos aspiran, encerrados en su bloque…

    Aquí, una división de razas, allá una diferencia de clases, pero en ambos casos triunfa la ideología de la división, que indica la ausencia de unidad y homogeneidad de la especie humana. Imposibilidad de cambiar de raza o clase, sumisión a la condena eterna marcada por el destino.

    Esta división y fragmentación “artificial” de la especie humana “natural” constituye la fuente del principio que se pone al servicio de las explotaciones y los regímenes disciplinarios.

    Todo ocurre en el campo nazi, y en la fábrica capitalista, como si hubiese especies diferentes, irreductibles, incapaces de encontrarse, mirarse, hablarse y comprenderse, como un animal y una planta, una piedra y un hombre, cada uno con su registro. Su único modo de relación, en ese caso, no es otro que la sujeción, de uno por el otro. Así, el más fuerte somete al más débil, el más astuto, el más pérfido, el mejor armado, el más

    Nos quedaría la jungla. La posibilidad salvaje de las afinidades electivas y las elecciones singulares, la amistad, virtud que escasea y que nuestro principio de siglo debería celebrar como principio comunitario. Esas intersubjetividades radiantes hacen posible todavía el encuentro de obras, en el sentido amplio del término.

    La derrota del pensamiento no es generalizada, y el triunfo de la barbarie todavía no es efectivo. El propósito de un pensamiento crítico libertario consiste siempre en oponer la cultura a las fuerzas oscuras y gregarias, en cierto modo en reactualizar el mensaje y el poder de las “luces” que presidieron la Revolución Francesa. Los objetivos de esa época siguen teniendo actualidad: la autonomía de la razón, la reflexión libre, desembarazada de las ataduras dominantes del momento, el fin de la condición pasiva, para celebrar la actividad, la positividad y el voluntarismo ético, al mismo tiempo que la estética, el librepensamiento contrario a todas las formas de dogmatismo y de comunitarismo, el recelo, la desconfianza hacia todo lo que sea gregario.

    También los enemigos persisten y siguen siendo los mismos: los promotores del orden tal cual es.

    El objetivo sigue siendo indefectiblemente nietzscheano: “Castigar a la estupidez”. De otro modo, esta triunfará en forma absoluta, hasta el punto que los autoritarismos de antaño parecerán opacos y pálidos en comparación con los que habrán logrado sojuzgar los cuerpos, pero también, y sobre todo, las almas.

    Michel Onfray se pregunta: ¿Cómo sería, pues, una cartografía infernal de la miseria, hoy? No una miseria metafísica, limpia, transfigurada por la filosofía, que la definiría como carencia o penuria existencial, inadecuación entre el ser y el tener, antinomia total entre la aspiración y la posesión, imposibilidad absoluta de gastar causada por el confinamiento a una economía de supervivencia simple y llana, sino la miseria encarnada, la miseria sucia que tiene nombres: vagabundos y desocupados, delincuentes y trabajadores provisorios, aprendices y empleados, obreros y proletarios, la miseria que hace la calle con las prostitutas, duerme bajo los puentes con los vagabundos y en la cárcel con los presos, la que puebla las noches de los que no tienen trabajo…

    Paradójicamente, la calle es lo que le queda al condenado cuando se le suprimió todo, incluso, a veces, es un lujo increíble para los que sólo tiene un cuerpo exigente y doloroso, frágil e imperioso. Aún si tiene que compartir esa monstruosa geografía con los perros callejeros, las ratas hambrientas y los excrementos animales o la basura desperdigada, el condenado muestra una vitalidad excepcional, una valentía y una fuerza que dudo que se puedan encontrar entre los responsables de ese estado: los cancerberos del capitalismo salvaje.

    Los que anuncian perturbados el fin de la historia deberían interesarse por el retorno de la prehistoria en algunos casos.

    Que las causas de la miseria no han desaparecido, no cabe ninguna duda. Que esa miseria sigue siendo producto de las mismas lógicas, es evidente. Que esa causalidad funesta y maléfica se disimula bajo continuas metamorfosis, no es ningún misterio. Que ese horror es generado por el viejo capitalismo que se volvió loco, parece una opinión de sentido común.

    Los banqueros del mundo practican el terrorismo del dinero. Los tecnócratas reivindican el privilegio de la irresponsabilidad: son neutrales, dicen. Los funcionarios no funcionan. Los políticos hablan pero no dicen. Los votantes votan pero no eligen. Los medios de información desinforman. Los centros de enseñanza enseñan a ignorar. Los jueces condenan a las víctimas. Las bancarrotas se socializan, las ganancias se privatizan. Es más libre el dinero que la gente. La gente está al servicio de las cosas…

    Mientras, los jóvenes hijos de la televisión, entrenados para contemplar la vida en lugar de hacerla, se encogen de hombros.

    El colonialismo invisible los ha convencido de que la servidumbre es su destino y la impotencia su naturaleza: los han convencido de que “no se puede” decir, “no se puede” hacer, “no se puede” ser…

    Cuanta será la negativa, que estos jóvenes, en una forma de “suicidio” universal, niegan la verdad absoluta de la especie: no tienen hijos. La “sociedad de los conformes” importa vientres.

    Y lo que parecía un “avance” de la posmodernidad, se ha transformado en una “pesadilla” para los demógrafos, sociólogos, actuarios y econometristas…



    Pensando en el futuro (Sobre falacias y deslealtades I)

    Mientras algunos jóvenes dudan entre demorar o matar a la cigüeña, los “mercaderes” de Europa, hacen todo lo posible para “enterrar la esperanza”.

    Con la publicación en enero de 2004 de su propuesta de directiva sobre servicios en el Mercado Interior, la Comisión Europea (CE) lanzó su más radical y completo ataque contra el estado del bienestar de la Unión Europea. La propuesta proviene de la DG de Mercado Interior encabezada por el Comisario Frits Bolkestein, y abarca esencialmente todos los servicios. Los únicos servicios excluidos de su ámbito son aquellos suministrados por los Estados en cumplimiento de sus obligaciones sociales, culturales, educativas y judiciales en los casos en que “no haya remuneración”. No obstante, dado que el acceso a un gran número de servicios públicos exige el pago de tasas, la mayoría de estas actividades cae dentro del ámbito de la directiva.

    La directiva trata de alcanzar su objetivo de desregulación eliminando gradualmente las restricciones nacionales y socavando sistemáticamente las leyes nacionales por medio del así llamado principio de “país de origen”. Una vez adoptada la directiva, las empresas de servicios en la UE tendrán que obedecer solamente a los requisitos del país de origen donde radique su sede social. A los otros Estados Miembros (EM), en los que actúen o suministren servicios, no se les permitirá imponer restricciones o controles de ningún tipo.

    La Comisión pretende eliminar incluso el registro obligatorio en caso de que una empresa abra su negocio en otro EM. Consecuencia de todo ello es que el principio de país de origen elimina cualquier supervisión efectiva de la actividad empresarial en la UE. En el futuro, cualquier empresa podrá evitar pesadas restricciones nacionales, reinstalando su oficina registrada o estableciendo simplemente una oficina fantasma en otro Estado Miembro. De este modo se podrán sortear fácilmente y sin costos los convenios colectivos locales relativos al sueldo, los requisitos relativos a las calificaciones y las normas de protección del medio ambiente o del consumidor.

    Como coronación de su propuesta de directiva, la Comisión somete a los Estados Miembros a su tutela. No sólo tendrán que eliminar numerosos requisitos, sino que tendrán que lograr el asentimiento de los burócratas de la CE antes de adoptar cualquier tipo de nuevas medidas. Toda medida legal o administrativa que pretendan instaurar deberá someterse a Bruselas: “En el plazo de 3 meses desde la fecha de notificación, la CE examinará una decisión relativa al EM en cuestión para que no la adopte o para que la derogue.

    Las prohibiciones introducidas por la Directiva, atañen a todos los niveles administrativos (locales, regionales, estatales) y, en consecuencia, violan el principio de subsidiariedad arraigado en el derecho Comunitario. De este modo, la Directiva no sólo está perfeccionando el mercado interior, sino que está completando también el desmantelamiento de la democracia y de los logros sociales y democráticos conseguidos durante los últimos 200 años. Ésta es la forma en que la CE, cuya legitimidad democrática es prácticamente inexistente, desafía el poder discrecional de las administraciones de los EM, instituciones democráticamente elegidas y controladas.

    Con esta directiva y otras similares, la CE está estableciendo las bases jurídicas para desmantelar el estado social a lo largo y ancho de la Unión Europea, convirtiendo sus políticas de privatización en Directivas de Bruselas.

    Con esta directiva y otras similares, la CE está dando cumplimiento a los objetivos de la Cumbre de Lisboa, según las cuales la Unión Europea debe convertirse en la “economía más competitiva y dinámica del mundo, basada en el conocimiento, antes del 2010”

    Nadie menciona el precio que habrá que pagar para lograr ese objetivo: la desregulación total.

    Puesto que el sector servicios suponía, en el año 2004, alrededor del 70% del Producto Nacional Bruto y del empleo en la mayoría de los EM de la UE, la abolición de los obstáculos legales existentes a la libertad de establecimiento y a la libertad de la circulación de servicios entre los EM forma el núcleo de la propuesta. Como dijo Bolkestein -en su momento- “Algunas de las restricciones nacionales son arcaicas, abiertamente engorrosas y violan la legislación de la UE. Simplemente tienen que desaparecer”; aunque esos “obstáculos” sean a menudo las disposiciones que las autoridades públicas adoptan para garantizar que se mantiene o consigue: un mejor suministro de servicios desde el punto de vista de la mejor administración del dinero público, el acceso universal a los servicios, la garantía de calidad de los servicios suministrados, leyes laborales y relativas a los honorarios, regulación de las comunicaciones comerciales, etc., a fin de que la enorme industria de los servicios no se convierta en una jungla en la que la competitividad más despiadada se enseñoree de ella.

    El ámbito de la Directiva Bolkestein abarca todos los servicios considerados “actividades económicas”. El criterio esencial para una actividad económica es el de que “normalmente se haga a cambio de una remuneración”, aunque dicha remuneración no la deba pagar necesariamente el destinatario del servicio, pudiendo ser el Estado quien la pague mediante la forma de subvención.

    Un memorando de la Comisión emitido sólo en inglés, establece una lista no exhaustiva de los servicios que contiene la directiva, que van desde los legales hasta profesionales como fontanería y carpintería, construcción, distribución, turismo, transporte, sanidad, cobertura sanitaria, medioambiente, arquitectura, cultura y cazatalentos. De acuerdo con la directiva, sólo las actividades específicas en los ámbitos de los servicios financieros, de las comunicaciones electrónicas y de los servicios de transportes están explícitamente excluidas, porque ya han sido desreguladas por otros instrumentos de la UE, aunque las normativas de esta directiva se acumularán a las ya existentes haciéndolas aún más rígidas.

    El “principio del país de origen” radicaliza la normativa relativa a la libertad de establecimiento, poniendo en juego un nuevo tipo de desregulación. De acuerdo con este principio, los EM deben garantizar que los “proveedores están sometidos solamente a las normativas nacionales de su país de origen”. También se establece que el “EM de origen será responsable de supervisar al suministrador y los servicios que provea, incluidos los servicios suministrados en otro EM” y que el EM de origen deberá comunicar al EM de acogida las condiciones de empleo y trabajo del personal desplazado, para que éste pueda actuar contra el prestador del servicio en caso de incumplimiento de las mismas.

    ¿Pero por qué el país de origen puede tener el menor interés en supervisar las actividades empresariales en el extranjero de compañías registradas en su país? ¿Por qué poner trabas a sus oportunidades de hacer negocios si éstos incrementarán su balanza comercial? ¿Disponen realmente las autoridades de los recursos financieros y humanos necesarios para realizar estas tareas adicionales? Y, por último, pero no en importancia, ¿cómo puede haber una supervisión eficiente si el país de origen carece de potestad para realizar controles “in situ” en el país donde se suministran los servicios?

    Así, los estándares del país donde se ejercen las actividades se aplicarían sólo a las empresas locales y ya no a todas las otras que tienen oficinas registradas en otros EM o que las han trasladado para burlar severos requisitos locales, y el derecho aplicable variaría según la persona o la empresa, dependiendo de qué país procediese el suministrador de servicios. De este modo los sistemas jurídicos nacionales de cada EM entrarían en competencia directa unos con otros. En consecuencia el principio del país de origen provocaría una implacable espiral descendente en relación con los estándares y las normas.

    Las posteriores prohibiciones que se despenden del principio del país de origen hacen que la identificación de los prestadores de servicios que están operando en determinado país sea prácticamente imposible. El resultado de ello es que cualquier empresa que tenga un domicilio registrado oficialmente fuera del país en el que se proporciona el servicio pueda actuar sin supervisión alguna. No tendrá que acatar la legalidad del país en el que proporciona el servicio, ni siquiera la normativa que regula el empleo, abarcando tanto el reclutamiento de los mandos en el país de acogida como el de los trabajadores de otros EM o de terceros países. Estos últimos podrán ser desplazados a otros EM sin ningún tipo de control, comprometiéndose únicamente al país de origen a readmitirlos posteriormente.

    El objetivo de la Comisión es reducir drásticamente los costos laborales, y al prohibir las provisiones relativas a acuerdos contractuales entre el prestador del servicio y el receptor del mismo que eviten o restrinjan que este servicio sea prestado por autónomos, allana el camino a las “aparentes” formas de trabajo autónomo y salarios basura en la adjudicación de contratos, obviando la escala salarial.

    Así, la Comisión pone en bandeja las cosas a los empresarios que hacen dinero mediante fraudes a la seguridad social, al prohibir al país donde se proporciona el servicio mantener y conservar documentos laborales. Como no se pueden solicitar estos importantes documentos en el país donde se ejerce la actividad, y ante las dificultades de supervisión del país de origen, los empresarios pueden actuar durante largos periodos sin abonar las contribuciones a la seguridad social.

    Para entender este drástico cambio -en toda su magnitud- es necesario considerar la entrada de diez nuevos Estados miembros (al momento de escribir estas líneas, se debe incluir dos más), cuya legislación social, fiscal y medioambiental no es tan rigurosa como en la UE de los 15. Cuando sea favorable a los intereses de la empresa privada, la directiva propone sustituir la “armonización” por el “principio del país de origen”. De hecho, esto es una incitación a la relocalización de negocios en países cuyos estándares legales sociales, fiscales y medioambientales sean lo más laxos posibles. El resultado será una nueva ley en Europa, un fenómeno masivo, que ejercerá una presión considerable a la baja sobre los Estados que mejor protección dan a sus leyes sociales, fiscales y medioambientales.

    La competencia feroz será la regla en todas partes. Los servicios y el interés general sufrirán cada vez más presión para someterse a las reglas de la competencia y ser privatizados. Si los sistemas de seguridad social se modifican con esta directiva, los mecanismos de redistribución social sufrirán una grave crisis.

    El principio del país de origen provocará la desvertebración y el desmantelamiento del mercado laboral: así, si una empresa polaca decide despedir en Francia a trabajadores polacos (o de otro EM, o incluso de fuera de la UE, contratados en Polonia), por ejemplo, no tendrá que solicitar el visto bueno de las autoridades francesas, puesto que las autoridades polacas lo autorizan y esos trabajadores se regulan por la legislación de Polonia, siendo además los salarios y las condiciones de trabajo los del país de origen.

    Si la aprueba el Parlamento europeo, la directiva se aplicará en los 25 países (27, a partir del 1/1/07) que forman la UE. El tremendo número de víctimas potenciales de la propuesta debería ser suficiente para conseguir que las negociaciones fueran a punto muerto. Los afectados en cada rama, empleados y consumidores, deben tener la oportunidad de que sus protestas sean escuchadas… Todavía estamos a tiempo -decía en 2004- para detener este plan tan radical.

    En febrero de 2006, ante el inminente tratamiento por parte del Parlamento europeo de la famosa “directiva Bolkestein”, se lanzaba otro llamamiento a las organizaciones que se dicen defensoras de lo público para aunar esfuerzos y evitar que la salud, los servicios sociales y la educación se conviertan en una mercancía al alcance de unos pocos.

    Con el mercado único que entró en vigor en la UE en 1992, los bienes pueden circular libremente a través de los países miembros. Teóricamente esta libertad de circulación se extiende también a los servicios, pero dada la naturaleza de éstos en comparación con las mercancías, los mismos se comercializan como intangibles que requieren la presencia simultánea entre vendedor y comprador, lo que ha llevado en la práctica al mercado de servicios europeo a continuar muy fragmentado. Para evitarlo, la directiva facilita la movilidad de las empresas de servicios pero pretende que al instalarse en otro país no se sometan a las normativas existentes en ese país de destino, sino que sólo se rijan por la normativa del país de origen.

    Esta realidad precipitaría, sin duda, una nueva forma de dumping social. La consecuencia inmediata sería una competencia a la baja entre las empresas, que con el fantasma de la deslocalización planeando permanentemente en el ambiente, posibilitaría que las condiciones de trabajo fueran igualándose a la baja y, por lo tanto, empeorando irremediablemente.

    Con todo, los sectores que generan mayor preocupación son, sin duda, la educación y la cultura, puesto que aunque el proceso pudiera ir en estos casos un poco más lento, está claro que la puerta que se quiere abrir aquí no es otra que la de las privatizaciones y, a medio plazo, el desmantelamiento del estado del bienestar. Se pretende, como en otros ámbitos, seguir la estela del modelo liberal estadounidense; un modelo, digámoslo claro, que condena ahora mismo a 45 millones de personas a vivir sin cobertura social.

    Recordando mañana (Sobre falacias y deslealtades II)

    Cuando ya se creía que la directiva de “barra libre” para los mercaderes de la Unión Europea representaba el “último” eslabón en el proceso de asimilación al modelo liberal estadounidense, los ministros de Trabajo de la UE celebraban el 7/11/06 un primer debate sobre sus impresiones en la revisión de la directiva de tiempo de trabajo en el que se constataban las diferencias que existen entre quienes apuestan por una mayor flexibilidad del mercado laboral y quienes quieren limitar la jornada laboral a las 48 horas semanales actuales, eliminando las excepciones.

    De momento, sólo aceptaron el texto de compromiso que presentó la Presidencia finlandesa de la UE, Dinamarca, Hungría, Países Bajos y Portugal. El comisario de Empleo, Vladimir Spidia, urgió a los EM a llegar a un acuerdo, puesto que de lo contrario advirtió la Comisión iniciará expedientes contra los 23 de los 25 países de la UE -a excepción de Luxemburgo e Italia- que a esa fecha incumplen la legislación laboral.

    La propuesta de compromiso indica que el “principio general” en la jornada máxima en la UE son las 48 horas semanales, aunque permite que los EM que lo deseen se acojan a la “excepción”, denominada “opt-out”, que amplía el periodo de trabajo a las 60 horas semanales, con un periodo de referencia de tres meses.

    De manera imprecisa, el texto admite la eventual posibilidad de revisar, después de un periodo de tiempo determinado, la aplicación del “opt-out”, incluso con el objetivo de que desaparezca progresivamente.

    Las posturas más enfrentadas se situaron, por una parte, en la mera existencia del “opt-out” y en el periodo durante el cual se puede mantener la excepción por encima de las 48 horas.

    Francia, España e Italia capitanean la postura en contra de la excepción a la ampliación de la jornada de 48 horas y reclamaron que el compromiso incluya una mención expresa a una fecha para su desaparición. Estos tres países redactaron una enmienda en la que establecen un plazo de 10 años a partir de la trasposición de la nueva norma a las legislaciones nacionales para eliminar el “opt-out”.

    El texto alternativo de estos tres países indica también que, en lugar de una extensión de 60 horas, propone “que ningún trabajador trabaje más de un 25% adicional al tiempo de trabajo máximo semanal”.

    En términos generales, París, Madrid y Roma tienen el respaldo de Bélgica, Luxemburgo o Grecia. Portugal se mostró contra una extensión superior a las 60 horas semanales y países como Letonia e Irlanda confesaron no aplicar el “opt-out”, pero apostaron por mantenerlo como “opción”.

    Más contundentes se mostraron socios como el Reino Unido, Austria, Alemania o Polonia en la defensa de la derogación a la jornada laboral máxima que, particularmente los nuevos Estados miembros, defienden argumentando que su eliminación supondrá grandes costos para algunos sectores, particularmente para el sanitario o el de servicios de emergencias. Estos países tampoco se movieron de su postura de mantener el “opt-out” e, incluso, de aumentarlo a las 65 horas semanales.

    El ministro británico de Empleo, Alistair Darling, señaló que existen “diferencias” entre las reclamaciones de los distintos EM y advirtió que “a no ser que aceptemos estas visiones y se les dé cabida en el compromiso, no lo alcanzaremos nunca”.

    Por otra parte, negó que la preocupación por la seguridad y la salud de los trabajadores sea exclusiva de los países que apuestan por abolir el “opt-out”, y afirmó que “hay que preservarlos por encima de todo”. Con respecto a la cláusula de revisión que se vislumbra en la propuesta de compromiso, el ministro británico la consideró “un problema para muchos de nosotros”.

    Mientras los ministros de Trabajo de la UE se ocupaban de la “flexiseguridad” de los trabajadores “beneficiándolos” con una jornada laboral de 60 o 65 horas semanales en lugar de las 48 horas semanales actuales, con apenas una semana de diferencia el Parlamente Europeo (PE) aprobaba “definitivamente” la directiva que liberaliza la prestación de servicios en el mercado comunitario, objeto de una controvertida tramitación de casi tres años de duración.

    En virtud del pacto de los principales grupos -Partido Popular Europeo, Socialista y Liberales- el pleno aprobó sin enmiendas de fondo, el 15/11/06, el texto previamente consensuado con los gobiernos nacionales.

    La directiva, que entrará en vigor en un plazo de tres años, reduce los trámites burocráticos para que una empresa de servicios pueda operar en EM distintos al de establecimiento, incluso si carece de filiales en ellos.

    Su objetivo es dinamizar un sector que representa más del 70 por ciento del PIB de la UE.

    No obstante, la redacción final permite a los Estados restringir la apertura del sector por razones de “orden público, seguridad pública, protección al medio ambiente o salud pública”, siempre que no discriminen al hacerlo entre empresas nacionales y europeas.

    Además, no afecta a los servicios de interés general no económico, así como a los fiscales, audiovisuales, notariales, de seguridad, los servicios sociales de beneficencia, las empresas de trabajo temporal, la salud pública y privada, y los juegos de azar.

    También se limita el alcance de la liberalización sobre los servicios económicos de interés general -postales, sector eléctrico, gas, distribución y suministro de agua y gestión de residuos-.

    El texto final queda así lejos de la versión original presentada en enero de 2004, por el ex comisario europeo Frits Bolkestein, que consagraba el “principio del país de origen”, en virtud del cual, las empresas de servicios podrían operar en cualquier EM ateniéndose sólo a la legislación del de establecimiento.

    Pese a los cambios de redacción, los grupos Los Verdes/Alianza Libre Europea e Izquierda Unitaria Europea mantuvieron su oposición al texto y presentaron enmiendas idénticas de rechazo total a la directiva, rechazadas en el pleno por 105 votos a favor, 405 en contra y 12 abstenciones.

    Sus defensores dicen que es la legislación más importante aprobada en la UE durante muchos años y aseguran que facilitará la creación de cientos de miles de empleos.

    La idea es que, a partir de ahora, desde constructores y contadores hasta abogados y guías de turismo, se puedan establecer con más facilidad en otros EM de la Unión.

    Sus detractores -entre los que me incluyo- lo ven como un símbolo de la globalización desenfrenada y advierten que podría resultar en una menor protección de los trabajadores, consumidores y medio ambiente.

    A partir de su aprobación por el PE la legislación se debatirá en el foro de los ministros de la Unión Europea y una vez refrendada los 25 EM entonces tendrán hasta 2010 para incluirla en sus legislaciones nacionales.

    El escáner cerebral

    La tecnología de escáner cerebral le ha suministrado a los científicos estadounidenses una idea de cómo creamos una imagen mental de nuestro propio futuro.

    El equipo de la Universidad de Washington dice que hay áreas específicas del cerebro que están activas cuando se piensa en eventos futuros.

    El estudio de la Academia Nacional de Ciencias podría ayudar a los doctores que tratan de entender el daño causado por derrames, heridas o enfermedades (BBCMundo.com - 3/1/07). Los resultados encajan con daños observados en el cerebro de pacientes que han perdido la capacidad de “pensar en el futuro”.

    Cuando se pidió a pacientes que se pusieran bajo el escáner y pensaran o se movieran de un modo particular, se “alumbraron” en la imagen registrada sectores específicos del cerebro, correspondiendo al aumento de actividad eléctrica de ellos.

    El proyecto más reciente examina una cualidad que se cree única de los humanos: la habilidad de crear una imagen mental de eventos que todavía no han pasado.

    Los investigadores pidieron a los pacientes imaginar eventos futuros y recordar experiencias pasadas. La imagen muestra un claro contraste entre un cumpleaños ya experimentado y un cumpleaños futuro.

    Los investigadores escribieron: “tal vez una de las capacidades más adaptativas de la mente humana es la habilidad de organizar el comportamiento en anticipación de consecuencias futuras”. “Buena parte de nuestros pensamientos cotidianos dependen de nuestra habilidad de vernos participando en eventos futuros”.

    A modo de test, propongo al lector - que supongo joven- que lea el siguiente párrafo y, mientras hace funambulismo entre la inactividad y el desaliento, pruebe de “imaginar las consecuencias futuras”:

    ¿Una forma de morir de civilización? Chicago está (o estaba) lleno de fábricas. Hay (o había) fábricas hasta en pleno centro de la ciudad, en torno al edificio más alto del mundo. Chicago está (o estaba) lleno de fábricas, Chicago está (o estaba) lleno de obreros. Pero ninguna estatua se ha erigido en memoria de los mártires de Chicago en la ciudad de Chicago. Aquéllos que fueron ahorcados, en 1886, aquellos obreros que el mundo entero saluda cada primero de mayo. Ni estatua, ni monolito, ni placa de bronce, ni nada. El primero de mayo es el único día verdaderamente universal de la humanidad entera, el único día donde coinciden todas las historias y todas las geografías, todas las lenguas y las religiones y las culturas del mundo; pero en los Estados Unidos, el primero de mayo es un día cualquiera. Ese día la gente trabaja normalmente, y nadie, o casi nadie, recuerda que los derechos de la clase obrera no han brotado de la oreja de una cabra, ni de la mano de Dios o del amo.

    La desmemoria o una celebración del silencio.

    Ahora, por favor, vuelvan a reflexionar sobre lo dicho por los investigadores de la Universidad de Washington: “Buena parte de nuestros pensamientos cotidianos dependen de nuestra habilidad de vernos participando en eventos futuros”…

    La tormenta perfecta

    Así y todo, tal vez al final, lleven razón los jóvenes que renuncian a procrear. Aunque en mi caso, mantengo la pregunta con que he titulado este Paper: ¿Qué están esperando?

    Me niego a ser “cómplice” -por acción u omisión- de aquéllos que los han convencido de que “no se puede” decir, “no se puede” hacer, “no se puede” ser…

    No obstante ello, es imposible negar la evidencia (también en esto hay grandes “cabezas borradoras”, que sólo saben proponer “más de lo mismo”) sobre el riesgo de “colapso ecológico” inmediato. La posibilidad amenazadora de “reinar” sobre la nada. A diario recibimos noticias, informes y estudios, que nos alertan sobre el peligro “autogenerado” de “ahogarnos en nuestra propia mierda”.

    Es importante tenerlo en cuenta, pero no para “cruzarnos de brazos” y aceptar lo inevitable. Todo lo contrario. Más que nunca es “imprescindible” la acción ciudadana. Más que nunca hay que pasar del desaliento a la actividad…

    (Con un nieto en “conciencia” y otro por llegar, trascurridos tres años desde el Paper sobre Desempleo Juvenil, volvía a la carga, con la ilusión, deseos, y esperanza que los jóvenes se rebelaran ante el despreciable futuro que les ofrecían los “global players”)

    Del Ensayo Esperando la rebelión de los “ni-ni” (ni estudian ni trabajan): Los “babylosers” - De la “Generación Peter Pan” a la “Generación Cero”: el becarismo rampante, publicado en febrero de 2010

    Dedicatoria: A mi próxima nieta (y a los nietos en general) Con la ilusión de que estudien y trabajen - Con los mejores deseos de que lean y entiendan - Con la secreta esperanza de que hagan la revolución social que ni sus abuelos ni sus padres supieron (o se animaron) realizar.

    Introducción

    “La raíz del verbo adolescere o adulescere no es dol-, sino ol-/ul-/al-. Este verbo significa “crecer, madurar, hacerse grande”. El participio presente adulescens o adolescens se aplica al individuo que está creciendo o madurando. De otra forma de ese verbo, adultum, sin el sufijo -sc- (que indica el progreso de la acción), viene adultus, que se aplica al individuo cuyo crecimiento ya ha concluido. También tienen esa raíz los sustantivos prole (“lo que crece hacia adelante”) e índole (“lo que crece adentro”), el verbo alimentar (“hacer crecer”), el adjetivo alto (etimológicamente, “alimentado”), el sustantivo alumno (“lo que es alimentado”), y el inglés old y el alemán alt (“viejo”)”...

    (Del artículo: “Una edad difícil, pero no dolorosa” - Por Lucila Castro - La Nación - 17/8/09)

    Era algo k ya sospchbmos pero parece que por fin alguien lo ha contrastado científicamente. Se ha podido demostrar que, tras ese afán por reducir el mundo a tan pocos caracteres y dar patadas al diccionario sustituyendo “que” por “k” y demás acrónimos imposibles, se esconde una vagancia intelectual que afecta al rendimiento de los más jóvenes.

    Esta correlación ha sido constatada por el profesor Michael Abramson, de la universidad australiana de Monash, en un detallado estudio entre 317 jóvenes con edades comprendidas entre los 14 y los 17 años, a los que se sometió a una batería de pruebas correlacionando los resultados con la intensidad y forma en la que utilizaban sus teléfonos móviles. Así, un cuarto de los encuestados afirmó enviar más de veinte mensajes cortos (SMS) a la semana, lo cual supone una cifra bastante considerable frente a la cuarta parte que reconoció hacer más de 15 llamadas a la semana.

    Más peligrosa la idiocia que la radiación

    Con todo, el origen de este estudio era comprobar en qué manera afectaba el uso de los móviles a nuestros adolescentes, ya que se está convirtiendo en un fenómeno generalizado en la juventud que cada vez lo pide a sus padres a edades más tempranas. La gran preocupación residía en comprobar de qué manera se veían afectados los cerebros de los jóvenes ante las radiaciones, máxime cuando éstos están en plena fase de crecimiento. Curiosamente, una vez analizados los resultados se concluyó que la radiación no estaba afectando al cerebro de los encuestados, o dicho más gráficamente por el mismo Abramson: “No creemos que los móviles estén friendo sus cerebros”.

    Pero el estudio arrojó otro dato inapelable: el envío de SMS mediante texto predictivo (aquel que nos va sugiriendo una palabra al ir tecleando las letras) estaba provocando una falta de precisión en la forma de trabajar de los adolescentes. Dicho de otra manera, sus cerebros estaban asumiendo que en la forma de trabajar primaba la velocidad frente a la precisión. Todo ello en detrimento de valores que en otras generaciones han primado más, como el respeto a la lengua, a la ortografía y la precisión en el trabajo.

    … Muchos padres valoran positivamente el hecho de tener localizados a sus hijos en todo momento, y asumen como un daño colateral que su hijo corra el riesgo de convertirse en un analfabeto funcional, o bien que se aísle del resto de sus amigos pegado a la pequeña pantalla del móvil”…

    (Del artículo: “Demostrado: los SMS atontan a los jóvenes” - Por José Mendiola - El Confidencial - 17/8/09)

    Mientras tú, joven amigo, flotas en la idiocia (trastorno caracterizado por una deficiencia muy profunda de las facultades mentales, congénita o adquirida en las primeras edades de la vida) otros resuelven por ti. Te “mean en la cabeza” mientras te dicen que no te preocupes, “que es lluvia”… Lo único que esperan de ti, es que seas un “idiota feliz”, un “adicto al consumismo” (y a otras drogas), un “zombi abducido”, un “esclavo libre”, un “extranjero” en tu propia sociedad, una “presa fácil” de la devastación laboral, un “excluido” del futuro…

    En las próximas páginas, si me acompañas, intentaremos aclarar si ¿ha surgido una generación apática, desvitalizadora, indolente, mecida en el confort familiar?, buscaremos las razones por las que el virus del desánimo está minando la naturaleza vitalista y combativa de la gente joven, procuraremos demostrar que el discurso consumista ha resultado una trampa para tantos jóvenes audaces que creyeron en el maná crediticio y el crecimiento económico sin fin…

    ¿Será posible que esta juventud supuestamente acomodaticia y refractaria a la utopía sea la llamada a abrir nuevos caminos?

    El asunto no es baladí: podemos estar asistiendo al primer proceso masivo de descenso social desde los tiempos de la Revolución Francesa.

    Vivimos en una “sociedad anestesiada”. Una sociedad en que “todo vale”, y en ella los jóvenes se han instalado en una “impotencia confortable”, en una “apatía destructiva” que se deriva de la ausencia de valores, de la relatividad moral, de la indiferencia ante quienes nos rodean.

    Entre la melancolía de la izquierda y el cinismo de la derecha los líderes políticos están expropiando los años venideros. Resultan ser (por acción u omisión) los enemigos del futuro.

    En medio de este escándalo, muchos de los bancos acusados de pirómanos -y que se salvaron de la quema con montañas de dinero público- vuelven a pagar bonus millonarios a sus ejecutivos. Vuelven a realizar sus actividades inútiles… si no destructivas, desde el punto de vista social.

    ¿Y después?

    Günter Grass nos ayuda a contestar la pregunta, en “Mi Siglo”, citando el último párrafo del breve poema “A los que han de nacer”:

    Cuando se hayan agotado los errores

    tendremos como último acompañante

    la Nada en frente.

    Primero la desesperación, luego la cólera y finalmente… la violencia.

    Lo explica muy bien Albert Camus en “El Hombre Rebelde”: ¿Qué es un hombre rebelde? Es un hombre que dice no. Y se niega, no renuncia: es un hombre que dice sí.

    Un esclavo que ha recibido órdenes toda su vida -sigue razonando Albert Camus- de pronto juzga inaceptable un nuevo mandato ¿Cuál es el contenido de este no?

    Habrá que saber escuchar para saberlo…

    Para ir “templando gaitas” te dejo una pequeña muestra (hechos recientes) de los “secretos y mentiras” que podrás ir descubriendo a lo largo de texto. Una suerte de registro testimonial, antes que sea demasiado tarde, y lo borren de la memoria colectiva.

    - La tasa de paro juvenil en España alcanza el 33,6% y duplica la media europea (El Economista - 23/7/09)

    “La tasa de paro entre los jóvenes en España alcanzó en el primer trimestre del año el 33,6%, con lo que se sitúa a sólo tres puntos de duplicar la media de la Unión Europea (18,3%), según datos publicados hoy por Eurostat. En total hay en España 789.000 jóvenes que buscan un empleo y no lo encuentran, lo que representa el 15,9% del total de la UE”....

    - EEUU ve en el paro la primera amenaza económica (La Vanguardia - 3/8/09)

    “El primer problema, como han constatado estos días el presidente Barack Obama y sus asesores, es el paro. Aunque la recesión, que empezó en diciembre de 2007, haya terminado, las empresas no han dejado de reducir personal y siguen siendo reacias a contratar. Como ha sucedido con recesiones anteriores, probablemente el ciudadano de a pie todavía tardará un tiempo en notar que la recesión ha terminado”....

    - Inglaterra registra una cifra récord de jóvenes sin empleo y sin estudios (El Economista - 19/8/09)

    “Un número récord de jóvenes de entre 18 y 24 años en Inglaterra se encuentran sin trabajo, educación o capacitación, según revelaron hoy las cifras del Gobierno, que encendieron las alarmas respecto a que la recesión podría acabar con una generación de graduados. El Departamento de Jóvenes, Colegios y Familias indicó que hay más de 100.000 adultos jóvenes sin empleo, estudios o formación -denominados Neets por sus siglas en inglés- que en el mismo trimestre del año pasado. En total, cerca de 835.000 jóvenes británicos se encuentran en esta condición, frente a los 730.000 del mismo trimestre del año pasado. Las estadísticas del departamento implican que más de uno de cada seis jóvenes se encuentran sin trabajo o sin un cupo en educación o formación”...

    - El Gobierno de Obama advierte de que no permitirá viejos hábitos de Wall Street (La Vanguardia - 14/8/09)

    “Geithner avisa a los mercados financieros: no se permitirá retornar a las prácticas habituales de lucro y bonificaciones”…

    - El responsable de Blackstone, el mejor pagado de EEUU (El País - 15/8/09)

    “Stephen Schwarzman es el ejecutivo mejor pagado de Estados Unidos en una compañía cotizada. Y al ver los 702 millones de dólares (493 millones de euros) que se llevó al bolsillo en 2008 como consejero delegado de la firma de capital riesgo Blackstone, muchos se inclinan a pensar que no parece que se estén tomando muy en serio la controversia que genera las pagas ni las amenazas para limitar sus sueldos”….

    - Wall Street y la City vuelven a los pagos millonarios dos años después de la crisis (La Vanguardia - 17/8/09)

    “Los bancos reparten espectaculares sobresueldos para “evitar fugas de talento” / Barclays paga 40 millones para fichar a cinco operadores de JP Morgan / Goldman escandaliza al aumentar sus primas un 20% tras recibir ayudas”…

    Las retribuciones y compensaciones millonarias son algo frecuente, pero tras la crisis se desató un escándalo en torno a los pagos que los bancos y las firmas de Wall Street ofrecían a sus ejecutivos, teniendo en cuenta que esas personas eran, en parte, las responsables de la crisis y que algunas de esas entidades tuvieron que recibir fondos públicos para evitar la quiebra. Pese al debate público y las críticas, la práctica de pagar abultados bonus continuó. Y hace unas semanas se conoció la noticia de que nueve de los bancos estadounidenses que se han acogido al programa de rescate del Gobierno (TARP, siglas en inglés) pagaron primas por cerca de 33.000 millones de dólares (algo más de 23.000 millones de euros), pese a sus pérdidas que han sufrido como consecuencia de la crisis financiera, tal y como informó el fiscal general del Estado de Nueva York, Andrew Cuomo, a finales de julio. Y seis de los nueve bancos a los que se ha referido el fiscal general pagaron en primas más dinero del que obtuvieron de beneficio en sus cuentas anuales.

    Te envío un SMS: “¿Tu k opinas desto?”... Pero antes, debería haberte enviado otro SMS: “¿Tu entiendes lo k lees?”... Y antes de antes, te debería haber enviado otro: “¿Tu lees?”… Ahí comienza todo, de eso se trata. Una vez analizado mi humilde Ensayo (cosa que agradezco), para contestar la primera pregunta, probablemente necesites algo más que un “mensajito” por el teléfono móvil y mayor espacio del admitido en Twitter… Además, no tengo iPhone y tampoco utilizo Twitter… Que no te frían el cerebro (mi gran objetivo)… Entonces, si te animas, vamos adelante… Lo malo es despertar.

    20 de agosto de 2009


    Mar de fondo (no hay camino, no hay derecha, izquierda, adelante, detrás)

    ¡Chau… no va más! (*)

    (*) (Tango de Virgilio Expósito y Homero Expósito)

    Estimado joven amigo: Te voy a contar una historia. Una historia de “ganadores” y “perdedores”. Luego, al final, tú me dices de qué lado de las vías del tren has quedado (si del lado bueno o del lado malo)… Perdona que necesite algo más que un Twitter.

    Hacia la “dualización” de las clases medias

    La teoría social ha acuñado varias categorías para conceptualizar la sociedad en la época de la globalización: “sociedad red” (M.Castells), “modernidad tardía” (Giddens), “sociedad del riesgo” (Beck) o “sociedad mundial” (Lhumann), entre ellas. Más allá de las profundas diferencias teóricas que encubren estas denominaciones, lo cierto es que la mayoría de los autores coinciden en señalar no sólo la profundidad de los cambios sino también las grandes diferencias que es posible establecer entre la más “temprana” modernidad y la sociedad actual. Para todos, el nuevo tipo societal se caracteriza por la difusión global de nuevas formas de organización social y por la reestructuración de las relaciones sociales; en fin, por un conjunto de cambios de orden económico, tecnológico y social que apuntan al desencastramiento de los marcos de regulación colectiva desarrollados en la época anterior. Gran parte de los debates actuales sobre la “cuestión social” giran en torno a las consecuencias perversas de este proceso de mutación estructural. A esto hay que añadir que dichas consecuencias han resultado ser más desestructurantes en la periferia globalizada que en los países del centro altamente desarrollado, en donde los dispositivos de control público y los mecanismos de regulación social suelen ser más sólidos, así como los márgenes de acción política, un tanto más amplios.

    A mediados de la década del noventa, la nueva cartografía social ya revelaba una creciente polarización entre los “ganadores” y los “perdedores” del modelo. Con una virulencia nunca vista, el proceso de dualización se manifestó al interior de las clases medias. La profunda brecha que se instaló entre ganadores y perdedores echó por tierra la representación de una clase media fuerte y culturalmente homogénea, cuya expansión a lo largo del siglo XX confirmaba su armonización con los modelos económicos implementados.

    Los fuertes ajustes de los noventa, terminaron por desmontar el anterior modelo de “integración”, poniendo en tela de juicio las representaciones de progreso y toda pretensión de unidad cultural y social de los sectores medios. La dimensión colectiva que tomó el proceso de movilidad social descendente arrojó del lado de los “perdedores” a vastos grupos sociales, incluso del sector público, anteriormente “protegidos”, ahora empobrecidos, en gran parte como consecuencia de las nuevas reformas encaradas por el estado neo­liberal en el ámbito de la salud, de la educación y las empresas públicas. Acompañan a éstos, trabajadores autónomos y comerciantes desconectados de las nuevas estructuras comunicativas e informativas que privilegian el orden global. En el costado de los “ganadores” se sitúan diversos grupos sociales, compuestos por personal altamente calificado, profesionales, gerentes, empresarios, asociados al ámbito privado; en gran parte vinculados a los nuevos servicios, en fin, caracterizados por un feliz acoplamiento con las nuevas modalidades estructurales. Una franja que engloba, por encima de las asimetrías, tanto a los sectores altos, como a los sectores medios consolidados y en ascenso.

    Por otro lado, las imágenes venían a confirmar, de manera definitiva, la centralidad del ciudadano­consumidor en detrimento de la figura del productor. En este contexto, el proceso de fuerte mercantilización de los valores posmaterialistas aparecía como inevitable y, sus consecuencias, impredecibles. Más aún, si tenemos en cuenta que la estandarización y posterior condensación de estos valores en nuevos “estilos de vida rurales” fue realizada en consonancia con las pautas de integración y exclusión del nuevo orden global. La ruralidad idílica (la expresión es de J. Urry) requería, por ello, la elección de un apropiado contexto de seguridad.

    Este proceso de segmentación social termina de diluir la homogeneidad cultural de la antigua clase media. En efecto, en las nuevas comunidades cercadas, la exitosa clase media de servicios ahora sólo se codea con los ricos globalizados. Desde allí comienza a “interiorizar” la distancia social, desarrollando un creciente sentimiento de pertenencia y desdibujando los márgenes confusos de una culpa, como resabio de la antigua sociedad integrada. No olvidemos que sus hijos ahora sólo comparten marcos de socialización con niños de clase alta. Así, mientras los colegios privados facilitan la llave de una reproducción social futura, los espacios comunes de la comunidad cercada contribuyen a “naturalizar” la distancia social. De modo que, aunque la cuestión atente contra cierta tradicional “pasión igualitaria” (J.C. Torre), hay que reconocer que la fractura social desarticuló las formas de sociabilidad que estaban en la base de una cultura igualitaria, desplegando en su lugar una matriz social más jerárquica y rígida. Las urbanizaciones privadas se encuentran entre las expresiones más elocuentes de esta fractura, pues asumen una configuración que afirma, de entrada, la segmentación social (a partir de un acceso diferencial y restringido), reforzada luego por los efectos multiplicadores de la espacialización de las relaciones sociales (constitución de fronteras sociales cada vez más rígidas). En suma, todo parece indicar que, pese las diferencias en términos de capital (sobre todo, económico y social) y la antigüedad de clase, las clases altas y una franja exitosa de las clases medias de servicios, devienen partícipes comunes de una serie de experiencias respecto de los patrones de consumo, de los estilos residenciales; en algunos casos, de los contextos de trabajo; en otras palabras, de los marcos culturales y sociales que dan cuenta de un entramado relacional, que se halla en la base de nuevas formas de sociabilidad. Consumada la fractura al interior de las clases medias y asegurado el despegue social, los “ganadores” mismos van descubriendo, día a día, tras las primeras incongruencias de estatus, algo más que una creciente afinidad electiva.
    La insoportable “levedad” de las clases medias

    Las clases medias, siempre, en cualquier lugar del mundo, en términos políticos son un fiasco, tontas, banales.

    Se mueven entre dos polos contradictorios, antitéticos: no son propietarias de gran cosa, y tampoco están en una situación de todo desposeimiento como las clases más humildes, campesinos u obreros industriales. Realmente están en el medio del huracán de la lucha de clases. Estar en el medio es lo que las torna, justamente, un producto indefinido: demasiado pobres para sentirse aristócratas, demasiado ricos para sentirse pueblo, para sentirse plebe. Su lugar social es casi imposible: un poco de cada cosa, pero sin ser nada en definitiva.

    Lugar trágico, incómodo, patéticamente conmovedor. ¿Qué son realmente las clases medias? Son un poco de cada cosa, y por tanto no son nada definido. No pueden dejar de trabajar más de dos meses seguido, pues si no, mueren de hambre; pero jamás permitirían que se les diga “trabajadores” o se les ponga en el mismo saco con “la chusma”. Pero… ¿por qué?

    Profesionales, comerciantes, empleados de servicios, cuadros medios en las empresas… la gama es amplia, y por supuesto llena de matices. La pertenencia a las clases medias no se da tanto por una cuestión de ingresos sino de posición ideológica. Se definen, ante todo, por su conciencia de clase -o, mejor dicho, por su falta de conciencia de clase-.

    Un propietario de medios de producción -industrial o terrateniente- (o de capital financiero, acorde a los tiempos del capitalismo dominante de este comienzo de siglo) tiene mucho que perder ante una transformación social: sus propiedades nada menos. Y un trabajador asalariado -o un subocupado o precarizado, para decirlo también acorde a los tiempos del capitalismo dominante de este comienzo de siglo, figura cada vez más extendida en nuestra aldea global- sigue sin “nada que perder más que sus cadenas”, como dijera el Manifiesto Comunista en 1848. ¿Qué pierden las clases medias? Sin duda, nada; al contrario: también se benefician con un cambio social general. Pero es tal su terror ante la perspectiva de sentirse pobres, de perder lo poco que atesoran (una casa, algún vehículo, un mediano ingreso, la esperanza de un futuro más próspero para sus hijos), que ese terror ante el “comunismo” termina siendo tragicómico. La idea de expropiación con que se mueven, aunque provoque risa, es algo real en su cosmovisión cotidiana. Y definitivamente les provoca horrores.

    ¿De dónde les viene esta “locura” política, esta falta de comprensión tan irracional en estos sectores sociales? Justamente de su particular anclaje social: soñando ser lo que no son, aspirando fantasiosamente un mundo de riqueza que, en lo real, les está vedado, se espantan de perder lo que tienen, logrado sin dudas con grandes esfuerzos. El fantasma que persigue por siempre a las clases medias es la caída social, la pobreza, pasar a ser aquello de lo que escapan eternamente. Muy aleccionador es al respecto lo que en momentos de lo peor de la crisis que golpeó a Argentina en estos últimos años, podía verse en carteles en más de alguna “villa miseria” (barrios marginales de las grandes ciudades). Rezaba ahí, no sin una dosis de sarcasmo por parte de los eternamente desposeídos que veían empobrecerse más y más a toda la sociedad argentina, y habitantes históricos de esos tugurios: “bienvenida clase media”.

    A partir de esa situación tan particular de ser y no ser, de ser pobres disfrazados de ricos, de ser pobres con saco y corbata, de no querer sentirse asalariados -racismo mediante-, su concepción política está igualmente disociada. Si bien es cierto que las clases medias tienen bastante acceso a la educación y comparativamente están mucho más preparadas que los sectores más humildes (esto es válido en cualquier país del mundo), no menos cierto es también que su conciencia política es raquítica, mucho más que la de los obreros o los campesinos, los indígenas o los desocupados.

    Los grandes pensadores, políticos, analistas sociales y cuadros intelectuales que trazan las políticas de las naciones, en general provienen de las clases medias; los sectores menos favorecidos no tienen acceso a educación superior y están, por tanto, muy lejos de esos niveles de decisión. Y los magnates no se dedican sino a gozar de las rentas; para atender los asuntos de Estado o manejar las empresas, para eso están los gerentes (presidentes incluidos) que, en general, son de extracción clasemediera. Así considerado, podría decirse que las capas medias conocen mucho del tema político. Pero eso es una ilusión: los profesionales preparados en la materia política son de clase media, pero todo el sector, como colectivo, tiene un muy bajo o casi nulo pensamiento político-ideológico. Su vida política queda subsumida por el eterno pago de la tarjeta de crédito; y es en eso, prácticamente, como se va el esfuerzo de toda una vida en estos sectores: gastar mucho, o mostrar que se gasta mucho, y después ver cómo se cubren las deudas. Pensar que se puede retroceder en la escala social y terminar en una “villa miseria” merece el suicidio. Y es desde las clases medias de donde surge el prejuicio respecto a que la política es “sucia”, que es “mejor no meterse en política” y que los problemas sociales se deben a los políticos profesionales, eternamente corruptos, omitiendo así la lucha de clases como causa final.

    Así, a partir de esas circunstancias, las clases medias son el campo más fértil para que los grandes poderes manipulen su conciencia y las transformen, además de consumidores pasivos, en perfectos estúpidos en términos políticos. Las pasadas décadas de Guerra Fría y la furiosa campaña anticomunista que barrió el planeta hicieron bien su trabajo: no hay sectores más reaccionarios que las clases medias.

    Azuzando los fantasmas del comunismo ateo que se come a los niños y pone a vivir a la fuerza una familia en la sala de cada hogar de clase media, estos sectores repiten lo que ha pasado en todo proceso popular (pensemos en Chile con Allende, por ejemplo, o la manipulación de las recientes “revoluciones” en Georgia o en Ucrania, por nombrar sólo algunos casos): las clases medias son visceralmente manipuladas y puestas siempre en la perspectiva más reaccionaria y conservadora posible. A partir de sus temores irracionales a perder lo poco que tienen, se transforman en blanco perfecto para desarrollar sentimientos antipopulares, mezquinos, individualistas.

    Que un aristócrata sea falto de solidaridad, reaccionario, conservador, si bien no es justificable, es comprensible: cuida a muerte sus privilegios de clase. Las clases medias no pueden -ni quieren- sentirse trabajadoras, asalariadas, uno más como cualquier habitante de un barrio popular. Pero ¿qué otra cosa son sino compañeros de ruta de los humildes? ¿Por qué, entonces, esa falta de solidaridad de clase, de empatía con los más excluidos que vemos tan extendidamente en las capas medias en todos los países?

    La desvalorización del “capital humano”

    La crisis económica alcanza ahora, incluso en Occidente, a amplias capas sociales, que hasta entonces se habían librado. Por eso la cuestión social vuelve en el discurso intelectual. Pero las interpretaciones continúan adoleciendo de una notoria ligereza y parecen francamente anacrónicas. La polarización entre pobres y ricos, exacerbada de forma irresistible, no encuentra todavía un nuevo concepto. Si el concepto marxista tradicional de “clase” tiene una súbita coyuntura favorable, eso es ante todo una señal de desamparo. En la comprensión tradicional, la “clase obrera”, que producía la plusvalía, era explotada por la “clase de los capitalistas” por medio de la “propiedad privada de los medios de producción”.

    Ninguno de estos conceptos puede explicar con exactitud los problemas actuales. La nueva pobreza no surge por cuenta de la explotación en la producción, sino por la exclusión de la producción. Quien todavía está empleado en la producción capitalista regular figura ya entre los relativamente privilegiados. La masa problemática y “peligrosa” de la sociedad ya no se define por su posición en el “proceso de producción”, sino por su posición en los ámbitos secundarios, derivados de la circulación y de la distribución. Se trata de desempleados permanentes, de receptores de operaciones estatales de transferencia o de agentes de servicios en los campos de la terciarización, hasta llegar a los empresarios de la miseria, los vendedores ambulantes y los rebuscadores de basura. Esas formas de reproducción son, según criterios jurídicos, cada vez más irregulares, inseguras y a menudo, ilegales; la ocupación es irregular, y las ganancias transitan en el límite del mínimo necesario para la existencia o incluso, caen por debajo de esto.

    Inversamente, tampoco la “clase de los capitalistas” puede aún ser definida en el viejo sentido, según los parámetros de la clásica “propiedad privada de los medios de producción”. En el cuerpo del aparato estatal y de las infraestructuras así como en el cuerpo de las grandes sociedades accionistas (hoy transnacionales) el capital aparece en cierto modo como socializado y anonimizado; se volvió abstracto, dejando la forma personalizable de toda la sociedad. “El capital” ya no es un grupo de propietarios legales, sino el principio común que determina la vida y la acción de todos los miembros de la sociedad, no solo exteriormente sino también en su propia subjetividad.

    En la crisis y a través de la crisis, se efectúa una vez más una mutación estructural de la sociedad capitalista, disolviendo las situaciones sociales antiguas, aparentemente claras. El meollo de la crisis consiste justamente en que las nuevas fuerzas productivas de la microelectrónica funden el trabajo y, con él, la sustancia del propio capital. Dada la reducción cada vez mayor de la clase obrera industrial, se crea cada vez menos plusvalía. El capital monetario huye rumbo a los mercados financieros especulativos, visto que las inversiones en nuevas fábricas se vuelven no-rentables. Mientras partes crecientes de la sociedad fuera de la producción se pauperizan o incluso caen en la miseria, por otro lado se realiza tan sólo una acumulación simuladora del capital por medio de burbujas financieras. Por lógica, eso no es nada nuevo, pues ese desarrollo ya marca al capitalismo global hace dos décadas. Pero lo que es nuevo es que ahora la clase media en los países occidentales también sea atropellada.

    Barbara Ehrenreich (ensayista norteamericana) había publicado ya en 1989 un libro sobre la “angustia de la clase media ante la quiebra”. Sin embargo el problema fue aplazado enseguida por una década entera, ya que la coyuntura basada en burbujas financieras de los años 90, junto con el impulso de la tecnología de la información y de la comercialización de Internet, despertó una vez más nuevos sueños de florescencia. El colapso de la nueva economía y la explosión de las burbujas financieras en los Estados Unidos, en Europa y, en parte, en Asia, comienzan ahora (desde el año 2000 en adelante), a hacer efectiva de manera brutal la quiebra de la clase media, ya temida anteriormente.

    Se propagó el concepto del “Estado antisocial”; las asignaciones para formación y cultura, para el sistema de salud y numerosas otras instituciones públicas fueron cortadas; se iniciaba la demolición del Estado social. También en las grandes empresas sectores enteros de actividad calificada fueron víctimas de la racionalización. Dado el desmoronamiento de la nueva economía, hasta las mismas calificaciones de muchos especialistas “high-tech” se vieron desvalorizadas. Hoy ya no se puede ignorar que la ascensión de la nueva clase media no tenía una base capitalista autónoma; por el contrario, dependía de la redistribución social de la plusvalía proveniente de los sectores industriales. De la misma manera que la producción social real de plusvalía entra en una crisis estructural debido a la tercera revolución industrial, los sectores secundarios de la nueva clase media van siendo sucesivamente privados de su suelo fértil. El resultado no es solamente un desempleo creciente de académicos.

    La privatización y la terciarización desvalorizan el “capital humano” de las calificaciones incluso en el interior de la parcela empleada y degradada en su estatus. Jornaleros intelectuales, trabajadores baratos y empresarios de miseria como los free-lance en los medios de comunicación, universidades privadas, despachos de abogados o clínicas privadas no son ya excepciones, sino la regla. A pesar de esto, a fin de cuentas tampoco Kautsky tuvo razón. Pues la nueva clase media decayó, es verdad, pero no para convertirse en el proletariado industrial clásico de los productores directos, convertidos en una minoría que va desapareciendo pausadamente. De forma paradójica, la “proletarización” de las capas calificadas está ligada a una “desproletarización” de la producción.

    Por otra parte la desvalorización de las calificaciones corre pareja con una expansión objetiva del concepto de “capital humano”. Al revés de la decadencia de la nueva clase media, se realiza en cierto modo un inédito “pequeño-aburguesamiento” general de la sociedad, cuando los recursos industriales e infra-estructurales aparecen más como megaestructuras anónimas. El “medio de producción independiente” se deteriora hasta llegar a la piel de los individuos: todos se convierten en su propio “capital humano”, aunque sea simplemente el cuerpo desnudo. Surge una relación inmediata entre las personas atomizadas y la economía del valor, que se limita a reproducirse de manera simulada, por medio de déficits y burbujas financieras. Cuanto mayor se vuelven las diferencias entre el pobre y el rico, más desaparecen las diferencias estructurales de las clases en la estructuración del capitalismo.

    Ruegos y preguntas

    Es muy probable que a los “ideólogos” del mercado les convenga más una sociedad “religiosamente” controlada como la india o una sociedad “políticamente” controlada como la china para desarrollar nuevos consumidores que sustituyan a las clases medias de los países desarrollados. Es la creación de una sociedad de consumidores “sin pasado” (sin las conquistas del pasado).

    Ha llegado el fin del matrimonio perfecto: el consumidor de “última necesidad” y la “estructura industrial” (antigua forma de producción). La “eutanasia” (más o menos lenta) del consumidor burgués. El desmantelamiento de la clase media, columna vertebral de la revolución industrial, custodio de la defensa de los derechos de propiedad, consumidores pasivos y… estúpidos perfectos. Ya no se los necesita más. ¿De quién van a defender los derechos de propiedad?

    La pauperización de la clase media es quizás la desmentida más cruda de la promesa originaria de progreso colectivo…

    Empobrecimiento individual o familiar, empobrecimiento como ciudadano y como trabajador son las facetas de una caída colectiva comenzada hace más de dos décadas y que hoy continúa…

    Con la caída económica cae un valor central de nuestro imaginario: la creencia en el progreso ¿Qué lugar queda entonces para la esperanza? ¿Qué futuros nos esperan?

    Estimado joven amigo: si has llegado hasta aquí (venciendo la analfabetismo funcional imperante), te ruego que sigas un poco más, e intentes contestar las siguientes preguntas:

    ¿Habrá llegado la hora final de la ambigüedad pequeño-burguesa?

    ¿Se convencerá la clase media (o lo que queda de ella) que debe dejar de ser la clase “contrarrevolucionaria”?

    ¿Será capaz de exigir la firma de un nuevo Contrato Social?

    ¿Tendrá voluntad y fuerzas para oponerse a la “voladura” del Estado del Bienestar?

    ¿Podrá alcanzarse la alianza de la clase media (o lo que queda de ella) con la clase obrera?

    De la traición a la promoción del cambio…

    Del servilismo a la revolución…

    Decía en Egalité, fraternité y… “globalité - (Paper publicado el 17/4/06)



    Contrato de Precariedad Eterna - La teoría de la “flexiseguridad”

    “Éste es un “Paper de barricada”. Sin anestesia, pero con preaviso. Ese que no se quiere dar a los jóvenes.

    Con espíritu “sesenta y ochista”. Aunque dé pena recordar que entonces se gritaba: “la imaginación al poder” y ahora -apenas- se mendiga: “un puesto de trabajo”.

    La riqueza no alcanza para todos. Prosperidad y pobreza de fondo.

    La generación de la precariedad. La “cláusula” del país más precario.

    De la banlieue a la Sorbona. De la indignación a la rebelión. Que de eso se trata.

    Los males se veían venir. Un prolongado “vía crucis” hacia el precipicio social…

    Los “anuncios” no se han escuchado. ¿Una cuestión de percepción o simplemente -cínicamente- de indiferencia política?...

    Paro, deslocalizaciones, precariedad laboral, pérdida de poder adquisitivo…, el panorama tiene sumidos en un profundo desánimo a los franceses, haciéndoles perder el gusto por el porvenir…

    Si el ascensor social no funciona entre generaciones, tampoco lo hace entre clases sociales. La violenta crisis de las “banlieues”, que el pasado noviembre conmocionó a todo el país, puso dramáticamente en evidencia el grave problema de la exclusión social en las periferias urbanas, del que son víctimas los hijos de la inmigración, tratados en la práctica como franceses de segunda.

    El sistema se ha quedado sin aliento. Hay un conjunto de problemas que son comunes a otros países europeos, como los vinculados a la globalización. Además en Francia hay una cultura del Estado muy acusada. Y la clase política no tiene un discurso movilizador. Se está ante el caso de un país que no tiene confianza en sus líderes, unos líderes que no muestran el camino. El declive acaba pesando en los espíritus… (males de Francia, males de Europa)…

    El mal de esta Europa tranquila y modélica es no darse cuenta de que todo el éxito alcanzado puede dilapidarse si no se tienen en cuenta cuestiones tan básicas como el esfuerzo, el conocimiento, la iniciativa y el imprescindible reparto de la riqueza entre los que tienen mucho y los que no tienen casi nada, ni siquiera la esperanza de un futuro con cierta esperanza.

    El fin del comunismo y el emerger de un mercado amplísimo supusieron barra libre para la economía neoliberal. La gran receta. Es más: la norma única sin alternativa posible. Y las sociedades del Estado del bienestar occidental zozobran. Fallan todos los resortes y la brecha se hace cada vez más ancha y honda. Estados Unidos, campeón de la libertad de mercado, desmontó el andamiaje del New Deal rooseveltiano. Margaret Thatcher y Tony Blair han seguido con decisión el cambio de rumbo. Pero los estados continentales europeos, los gobiernos europeos, los políticos europeos, se mueven con un estrecho margen de maniobra. Desfloran el Estado protector hoja a hoja, pétalo a pétalo, ante la gran pregunta: ¿no hay alternativa?, ¿es obligado agachar la cabeza y aceptar que hemos entrado en el único, angosto, camino andadero?

    La cuestión es cómo quemar las naves sin provocar tremendas convulsiones. Que no aparezca, visible de un golpe, la descripción del futuro que el analista francés François Khan expone: “Precariedad laboral de larga duración, tribalismo generalizado, búsqueda compulsiva de la ganancia a cualquier precio, exasperación de las relaciones intersociales, egoísmo institucionalizado, encierro en el comunitarismo, exasperación de las relaciones de dominación y violencia, relegación, amoralidad, fracturación de la sociedad”.

    ¿Negras tintas, predicciones excesivamente tenebrosas? Basta mirar en torno: lentamente, en una pendiente más o menos graduable, los síntomas van aflorando pese a la fuerza de la inercia, a las muchas aportaciones que concurren en el trabajo de anestesiar la conciencia colectiva, el sentido crítico, la exigencia de transparencia.

    Hay países, colectividades, que todavía no perciben que el agua les llega a la cintura.

    Sigue dando vueltas el carrusel del consumo, sirviéndose del endeudamiento de por vida, del trabajo a salto de mata y las previsiones personales en plazos cada vez más breves…

    ¿De la “declinología” a la “flexiseguridad”?

    La “declinología”, inaugurada formalmente en el 2003 por Nicolas Baverez, con la publicación de su libro “La Francia que cae”, se ha acabado convirtiendo en una especialidad que inunda las librerías. El propio Baverez ha repetido con otro libro -“Nuevo mundo, vieja Francia-, que se suma a otros con títulos tan evocadores como “Francia en quiebra” (de Rémi Godeau), “El crepúsculo de los pequeños dioses” (de Alain Minc), “La sociedad contra ella misma” (de Roger Sue), “Ilusiones galas” (de Pierre Lellouche), “La sociedad del miedo”(de Christophe Lambert), “La desdicha francesa” (de Jacques Julliard)…

    La lista es inagotable. Reflejo de un malestar social evidente, el debate persistente sobre el declive de Francia acaba pesando en los espíritus…

    Todo parece suspendido en un tenso compás de espera en el que medran los profetas del declive francés, los “declinólogos”, como ya han sido bautizados.

    ¿Se ha convertido Francia, el país de Molière, en un “enfermo imaginario”, como dijo el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, a los diputados de la Asamblea francesa el 24 de enero? Bien puede ser. Pero a estas alturas, y al margen de las razones objetivas, la depresión se ha adueñado ya del cuerpo social…

    El Contrato de Primer Empleo (CPE), objeto de la cólera de los jóvenes y los sindicatos, con una duración no prefijada, está dirigido a jóvenes menores de 26 años, e inaugura (me animaría a decir, consolida) la era de la “flexiseguridad”. Con ello -en palabras del primer ministro, Dominique de Villepin, se pretende combatir el paro juvenil, que afecta a uno de cada cuatro jóvenes menores de 25 años.

    Está modalidad de contratación laboral se incluyó en la ley aprobada el pasado 9 de marzo por el Parlamento. Afecta a los jóvenes contratados en empresas privadas de más de 20 empleados, sea cual sea su nivel de cualificación.

    Durante los dos primeros años, el empresario puede despedir al joven sin justificación. A esto se atienen los detractores de este tipo de contrato para decir que fomenta la precariedad laboral.

    Las prácticas, contratos de corta duración o períodos de formación en la empresa, se pueden “descontar” de estos dos años de “consolidación”.

    En caso de despido durante estos dos años, el preaviso debe realizarse dos semanas antes del fin de la prestación, en el caso de que se produzca en los primeros seis meses del contrato, y un mes antes, en el caso de que el joven empleado lleve más tiempo. Sin embargo puede suscribirse un nuevo CPE tres meses más tarde entre el mismo empresario y el mismo trabajador.

    En cuanto a la indemnización por despido, sería de un 8% de la remuneración bruta, mucho menos que en el caso de despido más barato en la actualidad. Las únicas ventajas para el joven despedido es que puede beneficiarse durante dos meses de un subsidio de 16,40 euros por día, si no ha cotizado lo suficiente para tener derecho a paro. También puede reclamar ayuda para alojamiento.

    Los jóvenes franceses advierten, muy a su pesar, que en el país de los iguales, no todos son iguales…

    Los jóvenes franceses advierten, muy a su pesar, que la riqueza no alcanza para todos…

    Los jóvenes franceses advierten, muy a su pesar, que son la generación de la precariedad…

    Los jóvenes franceses advierten, muy a su pesar, el debilitamiento de los valores que tradicionalmente unían al país…

    Entonces los jóvenes franceses, “precarios unidos”, ¡mantienen viva la protesta!

    Solidarizándome con ellos, deseo dejar flotando algunos interrogantes a los “profetas” de la declinología:

    ¿Una mayor separación entre los ricos y los pobres, la “cláusula” del país más precario, las destructivas consecuencias de la pobreza, la prosperidad y pobreza de fondo, el tribalismo generalizado, la búsqueda compulsiva de la ganancia a cualquier precio, la exasperación de las relaciones intersociales, el egoísmo institucionalizado, el encierro en el comunitarismo, la exasperación de las relaciones de dominación y violencia, la relegación, la amoralidad, la fracturación de la sociedad…no resultan una “amenaza para la seguridad nacional” (situación extensible a toda la Unión Europea, por activa y por pasiva)?

    ¿O todo se resolverá “yendo hasta el final”… “a base de cojones” (como en la otra orilla del Atlántico)?

    Espero respuesta de los “apóstoles” de la derecha oligárquica y/o de la izquierda caviar (tanto monta monta tanto) desde cualquier observatorio europeo”...

    Sin respuesta” (28 de agosto de 2013): La bomba de tiempo del desempleo juvenil. Los jóvenes de hoy no han conocido la oscuridad, pero están machacados, tienen el horizonte cerrado… se mueven entre la tentación a la violencia y el desánimo


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