• - Hemeroteca: “Bienvenidos a un mundo sin trabajo” (anestesiados por las Apps)
  • A la larga, algunas empresas grandes podrían tercerizar la gran mayoría de sus empleados, salvo los más esenciales. La consultora
  • El propio Parlamento Europeo estudia una propuesta, conocida como Informe sobre Personas Electrónicas, que pretende que las máquinas inteligentes paguen impuestos y coticen a la Seguridad Social

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    Paper ¿Es la economía “disruptiva” una fábrica de “camareros”? (El lado oscuro de la economía “colaborativa”) Introducción: la sociopatía de la economía disruptiva


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    Paper - ¿Es la economía “disruptiva” una fábrica de “camareros”? (El lado oscuro de la economía “colaborativa”)

    camarero

    - Introducción: la sociopatía de la economía disruptiva

    deliveroo

    Fue Isaiah Berlin, un gran liberal, quien dijo una frase prodigiosa: “Yo estoy dispuesto a sacrificar parte de mi libertad, o toda ella, para evitar que brille la desigualdad o que se extienda la miseria”. Berlin, a quien le preocupaba, sobre todo, el poder de las ideas, exploró como nadie los límites de la libertad. Y los encontró en una reflexión palmaria: “Si mi libertad, o la de mi clase o nación, depende de la miseria de un gran número de seres humanos, el sistema que lo promueve es injusto e inmoral”.



    En un capitalismo globalizado, en el que la economía penetra y perturba las divisiones nacionales de clase, las nuevas élites se mueven en redes globales y no piensan en términos de territorios, sino de afinidades con personas de su mismo nivel de logro, por lo que acaban conformando una comunidad mundial cuyos miembros tienen mucho más en común entre sí que con el resto de sus compatriotas: puede que cuenten con una residencia en Nueva York, París o Londres, pero son cada vez más una nación en sí mismos. Les unen más los intereses o las actividades que la geografía.
    Pero esto tiene consecuencias, porque como asegura en su nuevo libro, “Dream Hoarders”, el profesor de economía y “fellow” en la Brookings Institution Richard Reeves, está generándose una brecha enorme entre el 20% de la sociedad y el resto. Las concentraciones no solo se realizan para disponer de más músculo financiero, conseguir más clientes, ampliar mercados, etc., sino para obtener más recursos para quienes forman parte de la élite de directivos e inversores de estas firmas, lo cual tiende a reforzar a quienes ya están arriba. Y en varios sentidos. No se trata solo de que tengan muchas más posibilidades de reproducir esas posiciones de ventaja que el resto, sino de que también acumulan mucho más poder.
    Y eso es una forma de redistribución del poder que es especialmente peligrosa para las sociedades, porque unos lo acumulan y otros carecen por completo de él. Lo es en la posesión de recursos, pero también en opciones vitales. Estamos en la sociedad de la excepción: las normas valen para todo el mundo, menos para unos cuantos actores que tienen la capacidad de lograr ventajas.
    Por eso, como dice Reeves, esta desigualdad creciente no es solo culpa de actores que utilizan las ventajas que poseen, sino de un sistema político y económico que incentiva y refuerza ese tipo de actitudes. Si el pez grande se come todo, tenemos un grave problema.
    Para entender este embrollo hay que olvidar todos los tópicos habituales. No busque usted quién lucha contra el librecambio, quién defiende la globalización o quién combate el libre movimiento de capitales. Imagine más bien un escenario de agentes donde todos y cada uno pelean por su propio interés, trazando unos y otros alianzas temporales y contradictorias que enseguida van a resolverse en conflicto para dejar paso a otro mapa de alianzas nuevas. Todos y cada uno negocian, pactan y se engañan (y, a veces, algo más grave) en el mismo tablero. Es un escenario de desnuda lucha por la supervivencia y por el poder.
    - Un tercio de los jóvenes que trabajó y estudió en 2016 lo hizo gratis (Cinco Días - 9/5/17)

    un tercio de los jóvenes que trabajó y estudió en 2016 lo hizo gratis

    Los datos son de España, pero el “modelo” está generalizado y sus “efectos” también.



    El modelo económico estadounidense de los últimos 40 años se ha basado en una especie de globalización que fomenta los salarios bajos y la externalización. La idea era que los artículos más baratos compensarían la pérdida de empleos y los sueldos más bajos. Pero en una economía en la que el gasto de los consumidores representa el 70% de la misma y en la que los salarios de la mayoría de la población no han aumentado desde la década de 1990, esa ecuación matemática deja de funcionar. La globalización no puede basarse solamente en la externalización y los salarios bajos. Hay numerosos estudios que demuestran que los salarios bajos son una causa, no sólo un síntoma, de los problemas de la globalización.

    Dice Fareed Zakaria: “Desde hace ya décadas, hemos sido testigos de cómo un crecimiento estancado de los salarios para el 90 por ciento de los estadounidenses iba acompañado de un crecimiento supercargado para los pocos más ricos, conduciendo al crecimiento de la desigualdad en una escala no vista desde los años posteriores a la Guerra de Secesión. Se ha asumido que el Gobierno federal no podía hacer nada sobre esta diferencia creciente, a pesar de las múltiples evidencias en sentido contrario.


    Hemos visto a China entrar en el sistema global del comercio y beneficiarse de su acceso a los mercados y capitales occidentales manteniendo una economía interna enormemente controlada y llevando a cabo prácticas empresariales depredadoras. Y hemos asumido que el Gobierno de EEUU no puede hacer nada al respecto, porque cualquier acción sería proteccionista.
    Hemos visto cómo las instituciones financieras corrían más y más riesgos, con el dinero de otros, apostando en un juego de cara-yo-gano, cruz-tú-pierdes. Cualquier discurso sobre regulación era visto como socialista. Incluso después de que el sistema saltase por los aires, provocando la peor crisis económica desde la Gran Depresión, pronto llegaron los llamamientos a desregular el sector financiero de nuevo porque, después de todo, la regulación gubernamental es obviamente mala.
    En este mismo periodo, las empresas tecnológicas han crecido en tamaño y escala, a menudo usando ventajas pioneras para establecer cuasi-monopolios y acabar con la competencia”... (El Confidencial - 14/9/17)
    Una de las características esenciales de nuestro tiempo es que tener trabajo ya no nos ofrece ninguna seguridad. En épocas recientes tampoco, pero donde entonces había una mayor confianza, ahora lo sustituye el temor. La crisis ha introducido nuevos elementos. Hay mucho paro, y a eso se añade un factor psicológico devastador, que es el miedo a perder el empleo. Antes de la crisis no había mucha gente que tuviera ese miedo, mientras que ahora son mayoría. Por supuesto, es algo psicológico, porque pensar que se puede perder el empleo no significa que eso vaya a ocurrir, pero emocionalmente daña mucho a las personas. Y hace que consuman menos, lo que a su vez es un obstáculo para la recuperación, con lo cual entramos en un círculo vicioso. Y hay otro elemento importante, que es cómo los jóvenes viven su vida laboral. De todas las generaciones es la que más ha visto caer su salario, y los que están en peores condiciones, de ahí que en las encuestas afirmen que van a vivir peor que sus padres. También es algo subjetivo, no significa que vaya a ocurrir, pero que lo vivan de esa manera los coloca en una situación de infelicidad laboral. De modo que sí, la inseguridad es un componente muy importante y muy negativo para las personas y para la sociedad.

    “Se mezclan dos elementos, la crisis económica que genera desigualdad y pobreza y la revolución tecnológica que divide a los digitales y analógicos, y que da lugar a una sociedad cuádruple: los analógicos acomodados, los analógicos empobrecidos, los digitales acomodados y los digitales empobrecidos.

    Como estar conectado en la red permite compartir estados de ánimo, los digitales empobrecidos son más felices que los analógicos empobrecidos; los primeros traducen la frustración en rebelión mientras que los segundos la traducen en miedo: son esas personas que dicen “que no me cambien nada””, sostiene la socióloga Belén Barreiro, autora de “La Sociedad que seremos” (Ed. Planeta).

    Ahí es donde hacen su entrada las empresas que “medran” con la economía disruptiva: hay que “estar” en Internet: es como estar en una casa con puertas y ventanas abiertas; si no estás, es como si vivieras con las ventanas cerradas. Todos los que están en internet tienen trabajos mejores, economías menos vulnerables, innovan más y son más felices (dicen los “Apps”)…

    La economía participativa ofrece al consumidor la posibilidad de seguir consumiendo a un coste mucho más bajo, lo cual es una ambición común y compartida. La ventaja que le ven a Internet los acomodados es que ahorran tiempo, y los empobrecidos que ahorran dinero.

    La revolución tecnológica tiene aspectos positivos y hace que la vida de los empobrecidos sea mejor, aunque nada apunta a que alguien tenga en mente afrontar la desigualdad. Hay que prepararse para las desigualdades que trae la revolución tecnológica, que van a ser aún mayores. Los que sigan menos las nuevas tecnologías van a encontrar trabajos todavía peores. “Por eso es importante entender que la sociedad es cuádruple y no dual. Quienes son digitales tienen herramientas de defensa, porque podrán agarrarse a algo. Los analógicos no. Y no hay señales de que nadie esté pensando en los nuevos perdedores”, sostiene Barreiro.

    En los jóvenes también se nota mucho una ruptura de las expectativas. Esperaban que por cumplir con su parte (formarse, desempeñar pagados mal trabajos al inicio, etc.) iban a ser recompensados. Y cuando no ha ocurrido así, se ha generado un malestar creciente.

    Hay una frustración de expectativas evidente. Están en una situación muy compleja y creen que no va a cambiar: son una generación que está convencida de que vivirá peor que sus padres. Se constata una brecha generacional en las actitudes de consumo y en la reacción cívica. Hay que tener en cuenta que se ha hecho un daño brutal a las generaciones jóvenes, que viven ahora en malas condiciones. Se ha destruido mucho capital social, lo que provoca que se vuelvan más desconfiados.

    Dado que nadie me va a ofrecer soluciones me las busco por mí mismo, y apoyo una iniciativa diferente o acudo a grupos de consumo o plataformas de intercambio y trueque. En lugar de resignarse, toman las riendas de su vida y se hacen activos como votantes y como consumidores. La economía colaborativa les hace “imaginar” que aunque estén frustrados laboralmente, eso no les hará infelices o amargados: podrán canalizar su frustración y transformarla en acción.

    Las expectativas también se han roto para las personas de más edad. Mucha gente en la cuarentena piensa que tardará mucho más años en jubilarse, o que cobrará mucho menos; gente de 50 está muy lejos de tener la vida resuelta, y sabe que si sale del mercado laboral a lo mejor no vuelve a entrar; personas que han gozado de un nivel de vida satisfactorio ahora ven cómo pueden ayudar malamente a sus hijos… Ellos también esperaban algo muy distinto de lo que han acabado encontrándose.

    Entre unos y otros, están los “trileros” de la “gig economy”, que medran con la miseria ajena.

    La hemeroteca no me dejará mentir. Y la memoria de la gente honrada, tampoco.


    - Hemeroteca: “Bienvenidos a un mundo sin trabajo” (anestesiados por las Apps)

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    - La pérdida de peso del trabajo frente a la tecnología y otras 9 tendencias económicas en 2017 (El Español - 9/1/17)

    El aumento de los impuestos o la amenaza de la deuda de los países emergentes, entre los retos que señalan los expertos de la American Economic Association.

    (Por John Müller)

    1.- El estancamiento del crecimiento global a largo plazo: Aún se sienten los ecos del debate abierto en 2013 por Lawrence Summers cuando resucitó la idea del “estancamiento secular” (secular stagnation) concebida por el economista Alvin Hansen en los años 1930 para referirse a una etapa de muy bajo o nulo crecimiento. La convergencia de las economías desarrolladas y emergentes en niveles de crecimiento que van a situarse en torno al 2% en los próximos 40 años es un hecho asumido por la mayoría. Pero lo que ha mejorado notablemente en los últimos años es la comprensión sobre lo que está ocurriendo con los elementos que impulsan el crecimiento.
    Olivier Blanchard, ex economista jefe del FMI, sigue estudiando el bajo crecimiento de la demanda global (un 2,1% desde 2010 pese a las tasas de interés cero) y cree que ésta se debe a las políticas de consolidación fiscal, al desapalancamiento de la banca y al endeudamiento de los consumidores. Blanchard sigue sin incorporar en su análisis cambios estructurales como el envejecimiento. Hoy hay más gente mayor en el planeta y tienen en sus manos una parte importante de los recursos económicos, pero su propensión al gasto es menor. Blanchard dice que la gente no gasta porque está protegiéndose ante una etapa de bajo crecimiento.

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    2.- La productividad del trabajo está declinando: Un elemento crítico en la mejor comprensión de lo que está pasando con la economía tiene que ver con el trabajo. La productividad de este factor, medida en horas trabajadas y en la calidad del capital humano, está declinando de manera significativa, sobre todo en las economías avanzadas. Aunque si sólo se mide el último lustro se nota un aumento en las horas trabajadas en las economías avanzadas, esto se debe a que se está recuperando parte del empleo destruido con la crisis financiera de 2008. Dale Jorgensen, profesor de Harvard, cree que aunque el número de horas trabajadas se incrementará en el periodo 2015-2025 en relación a 2005-2015, la productividad de los trabajadores se ralentizará en el futuro respecto del pasado inmediato.


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    3.- La contribución del trabajo al PIB está desapareciendo y la productividad está tomando el relevo: Por un lado, la contribución del trabajo al crecimiento del PIB está declinando, pero, por otro, la productividad total de los factores está tomando el relevo y cubriendo el hueco. Esto se debe al envejecimiento de la población que comprime el porcentaje de población activa disponible y a la incorporación de nuevas tecnologías, especialmente la robotización. Ambos factores conspiran para que el factor trabajo sea cada vez menos relevante.


    Su lugar lo está ocupando la Productividad Total de los Factores (PTF), que grosso modo es la forma en que una economía combina con eficacia el capital y el trabajo. Un estudio de McKinsey proyecta una progresiva desaparición del factor trabajo y su relevo por un importante aumento en el futuro de la PTF.

    4.- Pero la PTF también está cayendo: Sin embargo, los últimos estudios detectan que la Productividad Total de los Factores (PTF) también está cayendo. Barry Eichengreen sostiene que estamos viviendo un episodio de pérdida de productividad global. En 2015, la PTF a nivel mundial cayó un 0,3% después de haber crecido cero los tres años precedentes. Hasta China sufrió una caída de productividad (-1,3%) en 2015 después de haberla aumentado un 2,3% entre 1999 y 2005. La productividad también se redujo en otros países emergentes como India, México o China. Eichengreen sostiene que hay episodios cíclicos de pérdida de productividad. En un estudio reciente ha identificado cuatro en los últimos 50 años: uno a principios de los años 1970, otro a finales de los años 1980 y hasta 1995, otro coincidiendo con la crisis asiática del cambio de siglo y otro que empezó un poco antes de la crisis de 2008 (ver gráfico abajo).


    Dale Jorgensen discrepa que el fenómeno de la pérdida de productividad sea global y sostiene que la incertidumbre que la rodea es una de las claves del futuro. Jorgensen coincide en la pérdida de peso del factor trabajo en el crecimiento económico, pero en cambio cree que hay que dividir el capital en dos: el tradicional y el originado por las tecnologías de la información (TI). Para él, la ralentización de la innovación es un factor clave. La aportación del capital basado en las TI es menor y está siendo suplido por el capital tradicional. “El boom de las TI está a punto de acabar”, advierte y nadie sabe por dónde vendrá el próximo empujón tecnológico si es que lo hay.

    5.-La caída de la participación del trabajo en el ingreso nacional es inversamente proporcional al incremento de la desigualdad: Fue Thomas Piketty el que con su obra El Capital en el Siglo XXI llamó la atención sobre la pérdida de relevancia el trabajo en el ingreso nacional, aunque ya varios economistas lo habían señalado. Hasta hace unos años se creía que esta proporción era una constante. Pero en los últimos 40 años, la participación de los salarios en el ingreso nacional en EEUU pasó de poco más del 65% al 60% en 2014. Esto significa que los hogares tienen menos renta.


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    Hay varios argumentos que se citan para esta caída, desde la pérdida de poder de los sindicatos y la liberalización de los mercados de trabajo, hasta la innovación tecnológica que estaría escorada a reemplazar más trabajo que capital. El resultado, subrayado por Piketty, es que la reducción de la participación de los salarios en la renta nacional es inversamente proporcional con el incremento de la desigualdad.

    6.- Las restricciones al comercio global están aumentando: En junio de 2016, la Organización Mundial de Comercio (OMC) emitió una alerta indicando que ese mes se alcanzó el mayor número de restricciones al comercio internacional desde que en 2009 se creó el sistema de vigilancia. En los siete meses comprendidos entre octubre de 2015 y mayo de 2016, los países del G-20 adoptaron 145 medidas que obstaculizan el comercio, 21 por mes. A cambio sólo se adoptaron 100 medidas a favor de la liberalización de los intercambios, 14 por mes. 


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    7.- La pobreza se está reduciendo pese a que la población mundial aumenta: Por primera vez la extrema pobreza en el mundo representa sólo un dígito de la población mundial. Las proyecciones del Banco Mundial indican que en 2015 la población bajo el umbral de la extrema pobreza (menos de 1,9 dólares diarios) se situó en el 9,6% de la población mundial. Este hito, que debía alcanzarse en 2020, permite mirar con optimismo el objetivo que se ha fijado el Banco Mundial de que la extrema pobreza en 2030 se sitúe en el 3% de la población mundial.


    8.- Los tipos negativos han alimentado burbujas en sitios que no sabemos: Existe un consenso global de que los tipos cero o negativos impuestos por la Reserva Federal y algunos bancos centrales han provocado el surgimiento de burbujas de activos. En algunos países como EEUU, esa burbuja está en el sector de las hipotecas y los activos inmobiliarios. En otros mercados está en la bolsa y en otros en los títulos de deuda (pública y privada). La mayoría de los expertos cree que la reversión de esta política monetaria puede provocar una inestabilidad importante en los mercados.
    9.- La deuda en dólares de los países emergentes es una amenaza: Los países emergentes tienen la mayoría de su deuda emitida en dólares. En noviembre pasado, los inversores internacionales liquidaron más de 6.600 millones de esos títulos en pocos días, lo que puso de manifiesto que si los tipos de interés comienzan a subir en EEUU el efecto sobre los emergentes será doble: por un lado, el dinero saldrá de sus países para situarse en EEUU y por otro, su deuda se multiplicará al revalorizarse la divisa norteamericana.
    Se calcula que las empresas de los países emergentes han emitido deuda por 340.000 millones de dólares con vencimiento en 2018. Según el Banco de Pagos Internacionales, los mercados emergentes acumulan deuda por 3 billones de dólares.

    10.- Un futuro de más impuestos y regulaciones: “La confianza en la economía global sólo se mantendrá con una mayor protección legal y con más regulaciones por parte de los gobiernos y de acuerdos internacionales”. Esta es la convicción que asiste al premio Nobel de Economía de la Universidad de Chicago Roger Myerson, quien cree que la extensión del progreso económico y de los sistemas descentralizados y democráticos de gobierno por todo el planeta pondrán a prueba los límites del planeta. Por eso propone desterrar la idea del “crecimiento eterno” e intercambiarlo por sostenibilidad. “Si admitimos con honestidad que recibir las bendiciones de la moderna tecnología implica que debamos ceder una parte del crecimiento económico de nuestro tiempo, este es un precio que deberíamos aceptar pagar con toda normalidad”.


    - Por qué los salarios no suben al ritmo del empleo en los países desarrollados (The Wall Street Journal - 9/1/17)

    (Por Tom Fairless)


    Fráncfort.-En un mundo de crecimiento económico flojo, dos tendencias en conflicto desconciertan a los encargados de trazar políticas: ¿por qué las compañías están contratando con tanto entusiasmo y por qué los salarios hasta hace poco no han subido con igual fuerza?

    De Tokio a Londres, las tasas de desempleo han continuado cayendo, pese a que los indicadores del mercado laboral sugieran que las economías están cerca del pleno empleo. La tasa de desempleo de Estados Unidos subió ligeramente a 4,7% en diciembre, pero sigue cerca de su mínimo de nueve años de 4,6%. En Japón, la tasa se encuentra en su nivel más bajo desde principios de los años 90, en 3,1%. La desocupación del Reino Unido fue de 4,8% en el trimestre terminado en octubre, cerca de su punto más bajo en 40 años, pese al voto histórico del país para abandonar la Unión Europea. Incluso en los 19 países que componen la zona euro, el desempleo ha caído a 9,8%, su nivel más bajo en siete años.

    Es común que las firmas contraten una gran cantidad de trabajadores en las primeras etapas de una recuperación económica, para lidiar con la demanda reprimida. Eso tiende a desacelerar el crecimiento de la productividad. Pero las empresas han estado sumando empleados por mucho más tiempo de lo que se esperaba, dicen los economistas, y la productividad ha sido moderada por un período prolongado a medida que las firmas no hicieron inversiones de capital.

    “Es muy difícil explicar por qué las empresas están sumando tantos trabajadores (…) a lo largo de las economías avanzadas en momentos en que el crecimiento ha sido de casi cero o incluso a la baja”, dice Adam Posen, presidente del Instituto Peterson de Economía Internacional en Washington. “Es muy barato sustituir capital por mano de obra, en parte debido a lo que están haciendo los bancos centrales”. Las bajas tasas de interés reducen el costo de invertir en máquinas que reemplazan trabajadores.

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    Las autoridades económicas, particularmente en Europa, se han visto sorprendidas. El Banco de Inglaterra prometió a mediados de 2013 que consideraría elevar las tasas de interés cuando el desempleo cayera a 7%, pero tuvo que dar marcha atrás luego de llegar a ese nivel en seis meses. El Banco Central Europeo reconoció que la recuperación mayor a la esperada en el empleo, en relación al crecimiento económico, de los últimos años lo tomó por sorpresa.

    Normalmente, los economistas esperan que los salarios suban a medida que cae la tasa de desempleo y aumenta la productividad. Pero parece que esas correlaciones se han roto: el crecimiento de los salarios en EEUU y Japón desde 2007 ha sido hasta un punto porcentual por año menos que lo que sugieren los modelos económicos tradicionales, dice la firma de consultoría Oxford Economics.

    El crecimiento de los salarios parece haber cobrado fuerza recientemente en EEUU Los ingresos promedio por hora subieron 2,9% en diciembre frente al mismo período del año anterior, más que el promedio de 2% que prevaleció durante buena parte de la expansión. Sin embargo aún es pronto para decir si eso será sostenible. Además, otras medidas salariales de EEUU son menos robustas.



    Los salarios en 22 economías avanzadas crecieron en promedio 3,8% al año entre 1995 y 2007, pero en menos de 2% al año entre 2008 y 2016, según Oxford Economics.

    La curva de Phillips, que refleja una relación inversa entre los salarios y el desempleo, parece haber dejado de funcionar en muchos lugares. Los economistas sugieren una serie de posibles explicaciones.

    Primero, los tipos de empleos creados desde la crisis no son los mismos que se perdieron antes de ella. Mientras que la mayor parte de trabajos perdidos fueron en el sector de construcción y manufacturas, los que se han agregado están en el sector de servicios, dice Stefano Scarpetta, economista de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), un centro de estudios para economías avanzadas. En la zona euro, casi todos los 3,2 millones de empleos creados desde la recuperación fueron trabajos del sector de servicios, principalmente en comercio, transporte y negocios, según el BCE. Muchos de estos cargos tienden a ser más difíciles de sustituir con máquinas y no son tan bien remunerados.

    Segundo, el poder de negociación de los trabajadores podría haber sido erosionado por la incertidumbre económica generalizada, las reformas de los mercados laborales y la intensificación de la competencia global por parte de China y otros países. Trabajadores en los nuevos empleos del sector de servicios pueden que no estén organizados en sindicatos, lo que reduce la presión para que se suban los salarios, dice Christopher A. Pissarides, economista de la de London School of Economics y ganador del Nobel. Los empleados también están cambiando de empleo con menos frecuencia, lo cual se asocia con un menor crecimiento de los salarios.

    Tercero, algunas firmas quizás no lograron reducir sus costos laborales tanto como hubieran querido después de la crisis y por lo tanto extendieron el ajuste. Funcionarios del BCE señalaron a tal “control reprimido de salarios” en su reunión de octubre, según las acta. El sector público también ha sido exprimido a medida que los gobiernos se aprietan el cinturón, reduciendo sus salarios y quizás afectando los sueldos del sector privado por asociación.

    Cuarto, la composición cambiante del mercado laboral podría haber apuntalado artificialmente los salarios tras la recesión, para posteriormente restringirlos. Ya que los trabajadores con bajos sueldos fueron despedidos en una mayor proporción a otros y las firmas desaceleraron la contratación de empleados, que usualmente ganan menos, los salarios promedio se mantuvieron en su nivel, según investigadores del Banco de la Reserva Federal de San Francisco. A medida que la economía se ha fortalecido, los trabajadores con salarios bajos han reingresado a la fuerza laboral. Entre tanto, los miembros de la generación de la posguerra, que disfrutaban de altos salarios, han comenzado a jubilarse, lo que ha puesto presión a la baja sobre los salarios.

    Todo eso significa que el crecimiento de los salarios podría ser un pobre indicador de la fortaleza del mercado. Una mejor medida, argumentan los investigadores de la Fed, es el pago continuo a los trabajadores de jornada completa, ignorando a aquellos que entran y dejan la fuerza laboral. Ese indicador, que es seguido por la Fed de Atlanta, sugiere que el crecimiento de los salarios ha sido de cerca de un punto porcentual más alto por año desde 2014 de lo que indican los ingresos promedio por hora.



    Algunos prevén que los salarios suban con mayor fuerza a medida que los mercados laborales se ajusten y se disipen los problemas surgidos después de la crisis. El reporte más reciente de salarios en EEUU lo comprueba. Pero con el crecimiento de la productividad débil, un auge de los salarios en esta etapa no parece cercano.

    - España recupera el 60% de la competitividad perdida con Alemania por los despidos (El Confidencial - 12/1/17)

    La noticia buena es que España ha recuperado el 60% de la competitividad perdida con Alemania desde el euro. La mala, que ha sido a costa de los salarios y los despidos

    (Por Carlos Sánchez)



    La factura ha sido muy elevada. Tanto en términos de recortes salariales como de despidos. Pero lo cierto es que España ha logrado recuperar al acabar el año 2016 buena parte de la competitividad perdida durante los años de expansión económica. Al menos, desde el punto de vista de los costes laborales unitarios (CLU), uno de los indicadores clave para evaluar la competitividad de una economía.

    En concreto, y frente a Alemania, la distancia se ha reducido en 21,5 puntos porcentuales. O lo que es lo mismo, si en el primer trimestre de 2008, el punto álgido del anterior ciclo expansivo, los costes laborales unitarios españoles eran un 33,9% superiores a los de Alemania -el ancla sobre el que gira la zona euro-, en el tercer trimestre de 2016 esa distancia se había reducido hasta el 12,4%. El año base que se utiliza para hacer las comparaciones es 1999, cuando se lanzó la unión monetaria.

    La cara amarga de este significativo avance en competitividad exterior son los despidos y los bajos salarios. Desde entonces, y según la Encuesta de Población Activa (EPA), España ha destruido casi 2,1 millones de puestos de trabajo y los salarios han perdido poder adquisitivo.



    Los costes laborales unitarios, como se sabe, se calculan como la ratio entre la remuneración por asalariado y la productividad del trabajo. Es decir, se trata de un indicador de competitividad que sirve para evaluar la capacidad de las empresas españolas para competir en los mercados internacionales. La productividad del trabajo, por su parte, se mide como el producto interior bruto (PIB) a precios constantes dividido entre el número total de personas empleadas utilizando las cuentas nacionales trimestrales publicadas por Eurostat.

    Los datos proceden del Banco Central Europeo (BCE), y reflejan con nitidez cómo los duros ajustes han permitido a España ganar competitividad exterior. Tanto frente a la zona euro como respecto del resto de países de la UE que mantienen su propia moneda. Hasta el punto de que, desde el lanzamiento del euro, la competitividad en relación a los costes laborales unitarios es hoy superior a la de países como Francia y Bélgica. Alemania, por el contrario, sigue siendo un país extraordinariamente competitivo.

    Solo Irlanda es más competitiva que el país de Angela Merkel, cuyos costes laborales han seguido comportándose de una forma muy moderada incluso durante los años de fuerte crecimiento. Ni siquiera el hecho de que Alemania tenga, en la práctica, pleno empleo (su tasa de paro es del 4,1%) parece afectar a la competitividad de las empresas germanas. No solo por la moderación salarial, sino, sobre todo, por los avances en productividad. En España, por el contrario, el PIB avanza por el empleo, pero no por la productividad, lo que hace muy vulnerable a la economía en función de la evolución del mercado laboral.

    Grecia y la moneda única

    Estonia es, con diferencia, el país que más competitividad ha perdido desde el nacimiento de la moneda única, aunque hay que destacar el caso de Grecia, que de ser uno de los países menos competitivos durante la década pasada, hoy está en mejores condiciones que España. En ambos casos, debido a los ajustes que se han producido tanto en salarios como en plantillas, lo que favorece la competitividad exterior de las empresas.

    El último informe oficial sobre la competitividad de la economía española muestra que la tendencia continuó en 2016. Frente a los países de la eurozona, el indicador retrocedió un 0,7% interanual en el tercer trimestre de 2016, lo que significa que ya se han registrado 13 trimestres consecutivos en los que se mejora la competitividad frente a la zona euro. En concreto, desde el tercer trimestre de 2013. Este comportamiento, como sostiene Economía, se debió al descenso experimentado por los precios españoles frente a un incremento en media de los precios de los países de la zona euro.

    Las malas noticias, sin embargo, comienzan a observarse desde el lado de la inflación. Como refleja el Observatorio de BBVA Research, el indicador adelantado de IPC señala que la inflación general se ha acelerado en ocho décimas, hasta el 1,5% interanual. Básicamente, por el aumento de los precios de la energía, y solo moderadamente por el empuje de la inflación subyacente (sin energía ni alimentos no elaborados). En todo caso, el diferencial de inflación favorable respecto a la zona del euro se ha moderado hasta los -0,1 puntos porcentuales, lo que significa 0,4 puntos menos que hace dos años. Es decir, esas ganancias de competitividad se van suavizando.

    - OIT alerta: el tiempo parcial no es antesala de un empleo mejor (Cinco Días - 13/1/17)

    La Organización Internacional del Trabajo (OIT) duda de la capacidad de la economía mundial para mantener la creación de empleo. Y alerta sobre el estancamiento de la ocupación en Europa.

    (Por R. Pascual)



    La Organización Internacional del Trabajo (OIT) espera que 2017 no sea un año especialmente bueno para el empleo y el paro en el mundo. A pesar de que sus expertos esperan que el crecimiento económico mundial “repunte moderadamente”, desde el 3,1% de 2016 al 3,4%, se mantiene el riesgo de revisión a la baja; y “persiste una elevada incertidumbre sobre la economía mundial.
    Estas previsiones, “generan preocupación” en la OIT sobre la capacidad de la economía de crear una cantidad suficiente de empleos y para mejorar la calidad del empleo de los que ya tienen trabajo y de los que accederán este año al mercado laboral, según precisa esta organización en su último informe sobre Perspectivas sociales y del empleo en el mundo, hecho ayer público.

    empleo a tiempo parcialato

    La OIT estima que el crecimiento seguirá desacelerándose en Europa hasta el 1,5% este año (dos décimas menos que en 2016). Si bien destaca excepciones como España y Grecia, donde la actividad podría crecer un 2,2% y 2,7%, respectivamente. En consecuencia de esta desaceleración generalizada, dicho informe las expectativas de creación de empleo son muy débiles en Europa en general. De hecho, los expertos de la OIT prevén un “modesto” avance de la ocupación en los países europeos del 0,3% de media frente a tasas anuales cercanas al 1% entre 2014 y 2016.


    En esta línea, la tasa de paro en el continente europeo apenas descenderá también dos décimas este año, quedándose en el 9,1%, desde el 9,3% del ejercicio anterior. Aunque también en este punto, la OIT precisa que sí espera “reducción significativas” del desempleo en “unos pocos” países como España, Portugal, Irlanda, Croacia y Holanda. Y solo en Reino Unido, este organismo espera una mayor desaceleración económica (del 2,3% en 2016 al 1,1% este año) como consecuencia del brexit; y, por ende, un aumento del número de desempleados.
    Pero al margen de este estancamiento del empleo en Europa en términos generales, el último informe de la OIT llama especialmente la atención sobre cierto cambio en el patrón de creación de puestos de trabajo, en los que claramente gana terreno el empleo a tiempo parcial.
    Este informe llama la atención sobre que los contratos con jornadas inferiores a las ocho horas diarias han pasado de representar el 18,2% del total del empleo en 2008 en la UE-28 al 22% en 2015.
    En los países del centro de la Unión Europea el peso de este tipo de trabajos es mucho mayor. Así es el caso de Austria (28,5%); Alemania (28%); Holanda (51%) o Suecia (26%). Pero donde el porcentaje de empleo a tiempo parcial ha crecido más de cuatro puntos porcentuales entre 2008 y 2015 ha sido en Italia y España, donde llega ya a representar el 18,5% y el 15,7% del total, respectivamente.
    Por el contrario el empleo temporal parece haberse estabilizado en Europa, donde representa el 14,3% de toda la ocupación. Aunque en España ha escalado hasta casi el 27% y otros países como Portugal y Holanda también superan tasas de temporalidad del 20%.
    En cualquier caso, la OIT asegura que el crecimiento de estas modalidades de empleo “ha obligado a muchos empleados a aceptarlos de forma involuntaria, porque no han encontrado nada mejor”. La organización critica esta circunstancia, al constatar que “estas formas de empleo casi nunca representan una oportunidad de transición a un empleo más estable y mejor pagado”. En concreto, cifra la tasa de empleo a tiempo parcial involuntario en la UE-28 en el 27,5%; mientras que los temporales forzosos se elevan al 62,1%. Nuevamente, en ambos casos España supera con creces ambos porcentajes, rondando el 90% de los trabajadores eventuales forzosos y el 60%, lo que trabajan a tiempo parcial por no encontrar un empleo a tiempo completo.
    - La solución para Europa, según Davos: tenéis que vivir peor (El Confidencial - 21/1/17)
    Las declaraciones de Jamie Dimon, CEO de JP Morgan en el Foro son buena muestra del consenso de las élites sobre nuestro continente: vivimos demasiado bien
    (Por Esteban Hernández)
    Europa está bajo amenaza. Pero no de los populismos, ni de las tentaciones nacionalistas, ni del proteccionismo. El mayor peligro para la UE proviene del ataque de las élites, y en este sentido, Davos no deja de ser una excelente muestra de su alejamiento de la realidad y de la persistencia en sus errores.
    Gran parte de estas élites, parte de las cuales no son europeas, no tienen en mucha estima a la UE. En particular, desagrada a los multimillonarios estadounidenses que están detrás del gobierno de Trump, que insisten en que la unión va camino de romperse, y que estaría bien que así fuera; el mismo Trump cree que debilitar a Alemania es necesario, y que, para ese propósito, una Europa dividida es una buena idea.
    Enemigos de Europa
    La UE puede ser un excelente instrumento para mejorar la vida colectiva de los europeos, pero lo cierto es que no lo está siendo, por lo que no es extraño que se multipliquen las tensiones internas, y los enemigos de la UE aprovechan para hurgar en la herida. Lo curioso es la forma en que lo hacen.
    Jamie Dimon, CEO de JP Morgan, es uno de sus portavoces, y señala que a los europeos nos espera un futuro negro. En una entrevista concedida en Davos, aseguró que “lo que va mal, va mal para todo el mundo, no sólo para Reino Unido, y ahora va a multiplicarse por dos”. Según Dimon, los líderes van a tener que ocuparse de solventar unos cuantos problemas “sobre la inmigración, las leyes del país y la cantidad de poder que se delega en Bruselas”.
    Las tensiones en Europa son una preocupación insistente en el entorno de Davos. El panel celebrado sobre la clase media, en el que estuvieron presentes el economista Larry Summers, la directora del FMI, Christine Lagarde, el ministro de finanzas italiano, Pier Carlo Padoan y Ray Dalio, el multimillonario que dirige Blackwater, el hedge fund más importante del mundo, fue una buena muestra de los asuntos que realmente les preocupan.
    Las capas medias, que fundamentalmente se desarrollaron en Europa y en EEUU tras la segunda guerra mundial, y que son un sector clave en nuestra sociedad, atraviesan un mal momento. El panel debería haber servido sobre cómo ayudarlas en su tarea de recuperación, pero su intención estaba lejos de eso. Lagarde insistió en la redistribución, pero tanto Summers como Dalio se centraron en lo que de verdad constituye su problema: las clases medias están enfadadas y están alentando las propuestas populistas, algo que les viene especialmente mal. Como afirmó Dalio, “el populismo es una gran amenaza para las empresas multinacionales, para el globalismo y para los países emergentes”.
    El problema real de Europa
    Esa es la perspectiva que adopta también Dimon, para quien el mayor obstáculo no es que las clases medias vivan peor, sino que están viviendo todavía demasiado bien. El problema de fondo de Europa, el que lo explica todo, es que no es suficientemente competitiva. “Dicho sea con todo el respeto para los europeos, pero eso tiene que cambiar. Pueden forzar a ello los políticos, o un nuevo tipo de liderazgo”.
    El error de Europa, según Dimon y la mayoría de los asistentes el Foro Económico Mundial, es que el nivel de vida europeo es demasiado elevado; que los salarios de sus trabajadores son demasiado altos si quieren competir con otros países; que sus pensiones y, en general, las prestaciones que reciben del Estado son excesivas, y van a tener que ajustarse; que querer conservar el nivel de vida favorecido del que disfrutan es una entelequia.
    ¿Liderazgo responsable?
    Lo peculiar es que ambas afirmaciones van juntas, como si Dimon quisiera pasar por alto que no se puede querer una cosa y su contraria a la vez. El populismo está cobrando tanta fuerza social precisamente porque el deterioro material, ese que Dimon promueve, ha empezado, y lógicamente trata de combatirlo. Lo que las élites de Davos pretenden, y por eso el lema del Foro de este año es el liderazgo responsable, es que todo siga igual a pesar de lo que ha llovido: cuando invocan a la necesidad de nuevos liderazgos, lo que quieren señalar es que necesitan personas capaces de enfocar a las poblaciones hacia los objetivos que ellos desean pero sin tener que sufrir el descontento social que inevitablemente las acompaña.
    Tiene su lógica, porque Trump lo ha hecho. Ha logrado canalizar el descontento de esas capas en declive hacia un gobierno de nuevo cuño en el que está medio Goldman Sachs y en el que los multimillonarios son la norma. Incluso algunos de ellos, que no están en el gobierno, y con los que ha discutido con frecuencia, como Warren Buffet, han manifestado su actual apoyo al presidente.
    Las excusas de los acomodados
    Quizá, como señala el New York Times, todo esto no sea más que el producto de conversar sobre desigualdad en salones bien abastecidos con bandejas de canapés y vinos caros. Para ninguno de ellos los temas materiales, las menores posibilidades económicas, el declive de la clase media, el empobrecimiento de las clases trabajadoras y las menores opciones vitales de la mayoría de la gente constituye un problema real. Más bien, esconden las excusas de gente que quiere seguir viviendo por encima de sus posibilidades, y que en el fondo no son más que unos racistas que temen que los inmigrantes les quiten el puesto. Algo así venía a decir Larry Summers, el economista que nos llevó a la crisis: en el fondo, esto del populismo puede explicarse como el producto del choque cultural de personas acomodadas que eligen como presidente a alguien como Trump, el ejemplo más claro de consumo conspicuo.
    Para luchar contra esta comodidad instalada en las clases medias, y contra la indignación resultante cuando se les saca de ellas, Davos ha encontrado una receta: es necesario que la gente tenga más mentalidad emprendedora, más entrenamiento en mindfulness y más educación orientada a la tecnología. Luchar contra la desigualdad material, contra el declive europeo y contra un entorno de deterioro es sencillo: hay que ayudarles a que sean emprendedores, a que manejen su ira a través del pensamiento positivo y a que se focalicen en aquellas disciplinas que realmente demanda el mercado.
    La opción de Dimon
    El ataque a la UE por parte de Trump tiene motivaciones estratégicas ligadas a esa recomposición del mapa político mundial que pretende el nuevo presidente estadounidense, pero también hay bastante de asalto al único espacio en el que todavía el estado del bienestar se conserva. El populismo, en este sentido, posee dos vertientes. Davos ofrece una, como es la reconducción hacia las prioridades de las élites de esta clase de movimientos, y Trump, según muchos de los millonarios ligados al sector financiero presentes en la 'montaña mágica', es más una oportunidad que un riesgo, como se nota en la composición de su gabinete. Es también la opción defendida por gente como Dimon, quien en 2016 ganó 28 millones de dólares, un 3,7% más que el año anterior.
    - El fin de los empleados de nómina (The Wall Street Journal - 6/2/17)

    En EEUU, las empresas están optando por subcontratar trabajadores en lugar de tenerlos en plantilla



    (Por Lauren Weber) 

    No hay ninguna aerolínea estadounidense que pueda siquiera acercarse a Virgin America Inc. en un indicador de eficiencia conocido como ingresos por empleado. La razón es que actividades como la entrega de equipaje, el mantenimiento pesado y las reservaciones no son hechas por empleados de Virgin America. El operador utiliza contratistas.

    “Vamos a tercerizar cualquier trabajo que no trate directamente con el cliente”, prometió David Cush, el ex presidente ejecutivo de la aerolínea a un grupo de inversionistas en marzo. Cush ayudó a orquestar la venta de Virgin America a Alaska Air Group en abril por unos US$ 2.600 millones, más del doble de su valor en 2014. El ejecutivo dejó la empresa en diciembre, tras completarse el acuerdo.
    Nunca antes las compañías estadounidenses habían hecho tanto para contratar tan pocos empleados. El fenómeno de la externalización que trasladó empleos textiles a China y operaciones de centros de llamados a India ahora se desarrolla al interior de las empresas estadounidenses de prácticamente todos los rubros.

    Los trabajadores que descargan contenedores en los depósitos de Wal-Mart Stores Inc. son de la filial de logística de Schneider National Inc., que a su vez subcontrata a agencias de empleo temporal. Contratistas hicieron la mayor parte de las pruebas clínicas de la farmacéutica Pfizer Inc. en 2016.
    El modelo es tan prevalente que Alphabet Inc., la matriz de Google, tiene cerca de la misma cantidad de empleados a tiempo completo y tercerizados, según fuentes cercanas. Unos 70.000 empleados temporales, proveedores de servicios y contratistas prueban los autos de conducción autónoma de Google en las carreteras, revisan documentos judiciales y gestionan proyectos de datos y marketing, entre muchas otras actividades. Usan identificaciones rojas en el trabajo, mientras que los trabajadores de Alphabet usan blancas.
    El cambio está alterando en forma radical el sentido de empresa y trabajador. La mayor flexibilidad de las compañías para reducir su número de empleados, remuneración y prestaciones aumenta la inseguridad laboral de los trabajadores. Hacer una carrera desde el cuarto de correspondencia hasta la presidencia ejecutiva se ha vuelto más difícil ahora que los empleos tercerizados no son parte de la fuerza laboral.

    Para las compañías, el principal atractivo de sustituir empleados con contratistas es un mayor control sobre los costos. Para los trabajadores, los cambios a menudo se traducen en una reducción de sus salarios. Algunos economistas señalan que el surgimiento de una fuerza laboral paralela ante el auge de la subcontratación fomenta la desigualdad de ingresos entre personas que realizan el mismo trabajo.

    Nadie sabe a ciencia cierta cuantos estadounidenses trabajan como contratistas, pero algunas estimaciones varían desde 3% a 14% de la fuerza laboral, es decir hasta unos 20 millones de personas.

    Las empresas, que revelan pocos detalles sobre la tercerización, están aumentando la cantidad y los tipos de trabajo que consideran aptos para ser hechos por contratistas. Entre 20% y 50% del total de los empleados de las compañías más grandes es tercerizado, según ejecutivos de personal. Bank of America Corp., Procter & Gamble Co. y FedEx Corp. tienen miles de trabajadores subcontratados. En el caso de las farmacéuticas y las firmas de hidrocarburos, los empleados subcontratados a veces superan a los de la plantilla en una proporción de dos a uno, afirma Arun Srinivasan, director de estrategia y operaciones con clientes de SAP Fieldglass, una filial del coloso alemán de software SAP SE.
    “No he conocido un presidente ejecutivo que no se haya sorprendido por la cantidad de personas que tocan sus productos que no son sus empleados”, dice Carl Camden, presidente de la agencia de personal Kelly Services Inc. La tercerización y la consultoría representaron 14% de los ingresos de la empresa en 2016.
    A la larga, algunas empresas grandes podrían tercerizar la gran mayoría de sus empleados, salvo los más esenciales. La consultora Accenture PLC predijo el año pasado que dentro de una década una de las 2.000 mayores empresas del mundo “no tendrá empleados a tiempo completo más allá de la plana ejecutiva”.
    Accenture es uno de los mayores proveedores del mundo de trabajadores subcontratados. Junto a numerosos rivales, trata de convencer a los presidentes ejecutivos que su negocio principal es más pequeño de lo que creen.

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    “Hemos demostrado que podemos hacer partes de su negocio mejor que ellos mismos”, dice Mike Salvino, quien estuvo a cargo de la filial de tercerización de la consultora durante siete años hasta que abandonó la empresa en 2016.

    Steven Barker cuenta que las empresas a menudo ofrecen la posibilidad de un empleo a tiempo completo, pero rara vez cumplen. Barker, de 36 años, ha trabajado como contratista en Amazon.com Inc., donde en las sesiones de orientación era habitual que alguien preguntara si el empleo podía pasar a ser permanente. “Veremos. Todo es posible”, era la respuesta más frecuente, recuerda.


    Barker se postuló a un empleo de tiempo completo en Amazon en X-Ray, un servicio que permite a los usuarios acceder a biografías de los actores y otra información mientras miran películas y programas de televisión. Trabajó como contratista en X-Ray desde su etapa de desarrollo, relata, pero no le ofrecieron una entrevista y la empresa al final lo rechazó. Amazon declinó referirse al tema.

    Hay empresas que intentan tercerizar operaciones y luego cambian de parecer. Alrededor de 70% de los empleos de tecnología de la información de la cadena minorista Target Corp. eran subcontratados cuando Mike McNamara asumió como director de informática en 2015. Ahora, cerca de 70% de esos empleos son hechos por empleados de Target. “Soy un convencido de que si se puede obtener una ventaja competitiva de algo, se tiene que hacer dentro de la empresa”, señala el ejecutivo. “Es muy importante que cuente con mejores algoritmos de cadena de suministro que mis competidores”.


    Pocas empresas, consultores o economistas anticipan que la tendencia se revierta. Al dejar actividades consideradas no prioritarias en manos de un contratista, una empresa puede dedicar más tiempo y energía a lo que mejor hace. Cuando una firma externa está a cargo del personal, asume la tarea cotidiana de programar turnos, contratar y despedir trabajadores. Los empleados son rápidamente sustituidos en caso de ser necesario y la empresa sólo se preocupa del producto final.

    Steven Berkenfeld, un banquero de inversión que ha dedicado su carrera a evaluar estrategias corporativas, cuenta que toda clase de empresas piensan en automatizar, externalizar y subcontratar. Incorporar a un empleado es un recurso de última instancia. “Muy pocos empleos superan esa carrera de obstáculos”, recalca.

    Cuando el fabricante de motores de aviones Pratt & Whitney no quería seguir coordinando las entregas a sus plantas, contrató los servicios de United Parcel Service Inc., que cuenta con miles de expertos en logística y se especializa en tecnologías de automatización.
    UPS construyó una instalación de más de 55.000 metros cuadrados en Londonberry, estado de New Hampshire. Alrededor de 200 empleados de Pratt tuvieron la oportunidad de seguir cursos de capacitación para trabajar en la nueva instalación. Algunos lo hicieron y otros dejaron la empresa o se jubilaron. UPS contrató a unos 200 empleados a los que les pagaba por hora.

    En un inicio, los trabajadores eran inexpertos y las empresas tuvieron problemas para sincronizar los sistemas de informática, incluyendo software de manejo de depósito que UPS tercerizó a otra compañías. El resultado de este y otros problemas fue una caída de 33% en las entregas de motores de Pratt, una filial de United Technologies Corp. en el tercer trimestre de 2015, equivalente a unos US$ 500 millones en ventas.


    La situación se normalizó en el siguiente trimestre y ahora la planta funciona bien, dice Earl Exum, vicepresidente de materiales globales y logística de Pratt. Los 200 empleados de UPS pueden hacer el trabajo para cinco fábricas que realizaban 150 trabajadores de Pratt para dos. Los empleados de Pratt estaban sindicalizados, los de UPS no.

    - “Nos convencen de que tener trabajo es tan raro que no deberíamos querer un sueldo” (El Confidencial - 8/2/17)

    ¿Qué es la clase media, hacia dónde va y de dónde viene? Ese es el objeto del último ensayo de la francesa Nathalie Quintane, que responde a nuestras preguntas acerca de él

    (Por Héctor Barnés)



    Nunca antes se había hablado, pensado y escrito tanto sobre la clase media, a pesar de haber sido el grupo social que mejor ilustró el desarrollo de la sociedad occidental tras la Segunda Guerra Mundial, y que ha estado ligado al desarrollo del Estado de bienestar, la economía de consumo y los servicios públicos. Ha tenido que empezar a desaparecer -o, al menos, a ponerse en duda- para que se haya convertido en frecuente objeto de análisis, cual especie en peligro de extinción.

    En su último trabajo, “Que faire des classes moyennes?” (Editions P.O.L.), la escritora francesa Nathalie Quintane se ha preguntado acerca de lo que define a la clase media, desde su perspectiva como miembro de ella. El estilo de Quintane, a la sazón actriz y poetisa, se define por su agilidad, concisión e ironía casual, a la manera de las “Mitologías” de Roland Barthes. De su mano nos internamos en los rincones oscuros de la clase social por excelencia que define la normalidad de nuestro tiempo.

    PREGUNTA. Si el “proletariado” y las “clases propietarias” definieron el siglo XIX, ¿hicieron lo propio las “clases medias” con el siglo XX?

    RESPUESTA. Yo diría más bien que lo que las clases medias evocan, más que describen, es el período que entre 1955 y 1975 ha permitido a la mayor parte de la población comprar objetos y acicalarse en un cuarto de baño. Pero Perec ha relativizado rápidamente la clase de felicidad que se puede obtener del orden de las cosas que se deriva de ello.

    P. Habla de una singularidad que te dice que perteneces a la clase media: “una separación entre cómo vives y lo que cuentas”. ¿Es la clase media la única que tiene que demostrar que existe?

    R. La clase media no tiene necesidad de demostrar que existe, ya que es obvio que lo hace… se ha convertido en algo “natural”. Como ya he dicho a propósito del libro, son los únicos que se creen normales, ya que los pobres son anormales y los ricos son excepcionales.

    P. ¿Es la clase media el gran sueño del Estado de Bienestar (1955-1975), una ensoñación de la que despertamos en 2008?

    R. Aún no hemos sido despertados… Dormimos durante la mayor parte del tiempo y mantenemos los ojos cuidadosamente cerrados, porque sentimos que si los abrimos descubriremos la pesadilla en la que gran parte de la población mundial ya se ha hundido. Una de las pruebas de que estamos dormidos es nuestra nula reacción a la destrucción de Alepo, por ejemplo.

    P. Habla de una sociedad en forma de U en la que la clase media se encuentra en la parte inferior: no quieren ni las prestaciones de las clases bajas, ni las reducciones de impuestos de las altas, por lo que no tienen ninguna ventaja. ¿Cayeron las clases medias en su propia trampa?

    R. Puede ser que hayan caído en una trampa muy particular, que consiste en creer en un presente permanente, aislados del presente y del futuro, y que aseguraba que nada iba a cambiar incluso si todo cambiaba aparentemente. Si lo real es una ilusión, entonces la Historia también lo es: ese es el verdadero confort.

    P. ¿Fueron las clases medias creadas por aquellos que no querían ser considerados “pobres” pero no tenían dinero suficiente para ser llamados ricos?

    R. Las clases medias han sido necesarias para absorber la gran cantidad de objetos que se destinaban a sí mismos a través de la publicidad, por así decirlo. Son un momento del capitalismo. ¡El capitalismo con las clases medias como invitado especial! Sí, puede ser que sea la mejor publicidad que el capitalismo jamás se ha hecho a sí mismo durante todos estos años, ya que por una vez no parecía una forma de saqueo y sometimiento, sino algo voluntario.

    P. Por otra parte, ¿no es ser de clase media perfecto para los ricos que se sienten avergonzados de tener un montón de dinero?

    R. ¡Sí, pero me pregunto si eso no es aún más grave! No es solo que los ricos no quieran pagar impuestos (y por lo tanto se hagan pasar por clases medias y defrauden a hacienda), ¡es que ni siquiera comprenden la necesidad de pagar! ¡Los ricos cada vez se sorprenden más cuando se les reclama el dinero que deben!

    P. Según la clase media, hay otra idea que ha sido traicionada: que si lo hacías bien en el colegio, vivirías bien (o, al menos, tendrías un empleo). Dice que es una mala manera de pensar, pero muy de clase media. ¿Por qué?

    R. Las clases medias creían en el trabajo y en el mérito. Su éxito, entre los años 50 y los años 70, les hizo pensar que habían obtenido ese éxito por sí mismas, por su trabajo y por su mérito. Desgraciadamente, aunque trabajemos bien y tengamos mérito, cuando no haya trabajo… La lógica que conduce su vida ya no es válida.

    P. Habla de que la venganza es una clase de pegamento social. ¿Una venganza hacia quién y por qué?

    R. Como cuento de manera humorística en el libro, las clases medias quieren “castigar a lo real” ya que lo real no les conviene. Una parte de las clases medias ha elegido a Trump, que es exactamente eso: castigar lo real. Es una forma de locura.

    P. Las clases medias alumbraron la industria del ocio (museos, libros, vino) y una nueva cultura basada en el sector terciario. ¿Era la consecuencia lógica del crecimiento económico que se produjo después de la Segunda Guerra Mundial, tras el fordismo y el taylorismo?

    R. La transformación del arte y la cultura en “industrias culturales” ha actuado en Francia, por ejemplo, al más alto nivel del Estado (el término “industrias culturales” ha sido utilizado recientemente por una ministra). En Francia en particular, ya que cada vez hay menos empleos industriales de verdad y que la agricultura está en proceso de desaparecer (al igual que una buena parte de la función pública y del pequeño comercio), no hay otra salida que el “desarrollo turístico” del país entero.

    P. Critica algunos valores de clase media, aunque reconozca que pertenece a ella. Pero ¿hay realmente alguna alternativa? ¿No han dado forma los valores de la clase media a todos nuestros valores durante la segunda mitad del siglo XX?

    R. ¡Sí! ¡No se puede escapar de los valores de clase media! El debate, por ejemplo, se encuentra polarizado por las discusiones acerca del colegio, a los lugares de residencia (los barrios de la periferia y el centro de las ciudades) y más que nunca alrededor de las fantasías masivas que son, en Francia, la ortografía y la Historia nacional. Las discusiones sobre estos temas impiden toda reflexión sobre la educación y la enseñanza, y qué podría ser una docencia verdaderamente diferente. De igual manera, dar valor al trabajo en periodo de desempleo masivo puede ser una locura, ya que se trata de una orden contradictoria.

    P. Al final del libro, explica que decimos sobre la clase media lo mismo que decíamos sobre la clase trabajadora en el siglo XIX: nos dan miedo. ¿Por qué tememos a la clase media?

    R. Nosotros somos las clases medias, y nosotros disfrutamos dándonos miedo a nosotros mismos. ¿Por qué? Sin duda, ¡haría falta preguntarle a un buen psiquiatra! ¿Es preferible el miedo al aburrimiento y la seguridad a la libertad? Buen tema de debate.

    P. Volviendo a la primera pregunta: si la clase media describió el siglo XX, ¿cuál será la clase que describa el siglo XXI?

    R. La clase que mejor evoca el siglo XXI por el momento es el “precariado”, la gente que cobra poco o no cobra por trabajar. Sin duda es un asunto importante para el capitalismo de hoy en día: convencernos que tener un trabajo es algo precioso y tan raro que no vamos a querer que nos paguen. ¡Bastante suerte tenemos ya! Hay también becarios que pagan para poder tener sus horas de formación. ¡Pagan por su derecho a trabajar!

    - Los robots hacen obsoleto (también) tu trabajo cualificado (Cinco Días - 10/2/17)

    La automatización de tareas producirá ahorros de coste de entre el 20% y el 50%, según la consultora Avasant.

    (Por Marimar Jiménez)

    mercado mundial de automatización robótica

    El banco móvil de CaixaBank, ImaginBank, anunciaba esta semana el lanzamiento del primer chatbot (robot capaz de simular una conversación con una persona) del sector financiero en España. Casi en paralelo, la consultora Wunderman auguraba que estos chatbot basados en inteligencia artificial se convertirán para 2020 en la principal fuente de obtención de información sobre los consumidores y operarán más del 85% de los centros de atención al cliente. Por su parte, Bank of America, segundo banco por activos de EEUU, ha desvelado que ha abierto tres centros financieros completamente automatizados, donde no hay humanos. Y, por si fuera poco, hace días un informe de Reform, un think tank británico, calculaba en unos 250.000 los puestos de trabajo en la función pública que podrían ser sustituidos por la automatización y la robotización a lo largo de los próximos 15 años en Reino Unido. ¿Casualidad? No.

    “La automatización, la robótica, la inteligencia artificial son una de las grandes tendencias tecnológicas; una de las que más repercusión va a tener en el corto y medio plazo en todas las industrias”, dice a CincoDías Ricardo Cruz-Estadao, socio director de Avasant para España y Portugal. La consultora estadounidense acaba de publicar un informe que revela que el mercado mundial de automatización robótica, valorado en 480,4 millones de dólares en 2015, crecerá una media del 62% anual hasta 2020, cuando alcanzará los 5.324,4 millones.

    La razón de este empuje, según muestra el informe, son los beneficios que aporta la automatización inteligente de procesos (RPA). Entre otros, un ahorro de costes de entre el 20% y el 50%, llegando hasta el 100% en los casos donde su aplicación pueda automatizar completamente un proceso. “También contribuirá a reducir drásticamente errores y tiempos de procesamiento, incrementando el nivel de precisión, y facilitará operaciones de alta disponibilidad, con alta capacidad y escalabilidad y con procesos de mejora continua, todo gracias al uso intensivo de técnicas analíticas y de autoaprendizaje”, dice el directivo.

    85 robots por 230 personas



    La propia Avasant está haciendo pruebas con robots para reducir el tiempo que dedican sus consultores a recopilar información para que no dediquen tantas horas a esa tarea, “que cuesta muchísimo”, y se dediquen mucho más a asesorar. “También hay un banco americano que ha logrado hacer con 85 robots tareas en 13 procesos de negocio (y manejando alrededor de 1,5 millones de transacciones) para las que ahora precisaba a unas 230 personas. Y una teleco global ha conseguido ahorros de 3,5 millones de dólares en dos años utilizado 100 robots en sus operaciones de backoffice”, cuenta Cruz-Estadao.

    El informe de Avasant muestra que no hay industria que escape al impacto de los algoritmos de machine learning y la inteligencia artificial, aunque revela que las tasas de adopción serán más altas en los sectores que trabajan con los consumidores en primera línea y tienen niveles de transaccionalidad muy elevados. Así, el estudio señala al sector financiero y de seguros, al de telecos, retail y salud como los que antes aplicarán estos avances, “pues muchas de sus actividades transaccionales pueden realizarse por software robótico”. Aun así, dejan claro que hasta los Gobiernos y las universidades están explorando estas tecnologías.

    Tareas repetitivas y cualificadas

    “La automatización de procesos siempre se ha vinculado a tareas muy repetitivas y donde la labor humana no aporta un alto valor añadido, pero esto está cambiando. Ahora, con los avances en inteligencia artificial, se están empezando a automatizar hasta los trabajos de cuello blanco. Muchas de las profesiones consideradas hoy como cualificadas se transformarán en obsoletas”, señala Cruz-Estadao, que pone el ejemplo de los robo advisors, los robots que están empezando a sustituir a los asesores financieros de carne y hueso.

    El estudio también muestra un fuerte vínculo entre el coste de la mano de obra y la adopción de estas tecnologías. Así, los países en desarrollo con salarios más bajos no están siendo los primeros en adoptar el RPA mientras que EEUU, Reino Unido, Alemania y otros países europeos han tomado la iniciativa. “Según la OCDE, la automatización permitirá sustituir un 12% de los empleados españoles en los próximos años”, recuerda el directivo, que defiende que no hay que tener una visión catastrofista: “Es cierto que estas nuevas tecnologías provocarán la pérdida de muchos empleos, pero también darán lugar a nuevas profesiones y nuevas oportunidades”.

    Por lo pronto, ya están surgiendo proveedores de soluciones RPA que generan empleo. Entre ellos, destacan Nice (Israel), Blueprism y Ulpath (Reino Unido), Automation Anywher y Automic (EEUU) y Exilant (India).


    ¿Están las empresas preparadas?

    Algunos expertos creen que las empresas que no entiendan que el machine learning y la inteligencia artificial es algo estratégico para su futuro y no inviertan en ello se quedarán atrás. Pero para abordar este fenómeno, las compañías deben saber que la clave está en sus datos, y que antes de pasar a pensar en inteligencia artificial deben acometer proyectos de big data y tener data scientists en sus plantillas.

    El directivo de Avasant asegura que las empresas han avanzado mucho en automatizar procesos financieros, de recursos humanos, tareas muy repetitivas. “Ahora empiezan a automatizar procesos clave de negocio, y lo último será aplicar la inteligencia artificial a la generación de ingresos”.

    - El salario mínimo de España es 173 euros inferior a la media de la zona euro a pesar de la subida del 8% (El Economista - 10/2/17)

    (Por Francisco S. Jiménez)

    El Salario Mínimo Interprofesional (SMI) de España todavía queda lejos de la media de los socios del euro, a pesar de que desde 2008 se ha incrementado un 18%, y actualmente ha subido un 8% hasta los 707,6 euros al mes en catorce pagas, lo que supone 825,7 euros en doce mensualidades. El SMI en la zona euro en doce pagas se sitúa al inicio del año en 998 euros al mes en doce pagas.


    El salario mínimo de la cuarta economía de la Unión Europea es el octavo más elevado de la región. El SMI, que es el mínimo legal estipulado para un trabajador en España, está por debajo de la media de la zona euro y de la media del club de los 28. Según las cifras oficiales del Eurostat, que calcula el sueldo de referencia en doce pagas, es 173 euros al mes más bajo que la media en la zona euro y 60 euros al mes que en la Unión Europea, considerando que en España se sitúa en 825 euros al mes.

    Queda por debajo a pesar de la reciente subida del 8% que adopto el Gobierno. La diferencia es aún mayor si se compara con las principales economías europeas: de 654 euros respecto a Francia y de 672 euros de Alemania. Con los vecinos portugueses es 176 euros superior. Italia no tiene SMI. A la cabeza del ranking comunitario se encuentra Luxemburgo 1.999 euros al mes, Irlanda con 1.563,3 euros al mes y Holanda con 1.552 euros al mes.

    Los datos de Eurostat reflejan grandes diferencias entre los países más ricos y más pobres. El SMI en Bulgaria y Rumanía se sitúa en 235 euros y respectivamente. Es decir es nueve veces inferior al de Luxemburgo. El organismo aplica una estandarización de los salarios tomando de referencia el poder adquisitivo de cada país. En este sentido, la brecha entre países se reduce, con lo que en Luxemburgo el SMI es solo tres veces superior a los de Bulgaria y Rumanía. 

    Con esta variable, España pierde dos posiciones y su SMI queda en la posición décima de los más altos, quedando por detrás de Eslovenia y Malta.



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    El crecimiento del SMI en España es del 18% desde 2008, muy por debajo del incremento medio que ha registrado el conjunto de país de la zona euro, que ha sido del 31%. Respecto a la comparación con el salario medio de cada país, el SMI solo supone el 45%, el nivel más bajo de la Unión Europea sólo por la República Checa que es del 39%.



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    - Los salarios en el mundo: anotaciones en mi cuaderno de campo (Fedea - 15/2/17)

    (Por Javier Ferri)

    A los estudiantes del máster, que contactan por primera vez de forma autónoma con la investigación, les aconsejo que tomen notas de los trabajos que van leyendo. Apuntes que les ayudarán a ir centrando un tema, planteándose las preguntas relevantes y conociendo los distintos métodos para responderlas. Me gusta que lo hagan así, porque en el océano de la macroeconomía, cuando se trata de pescar una idea para investigar, uno corre el riesgo de naufragar en sus aguas antes incluso de lanzar el sedal. La microeconomía es en este aspecto menos arriesgada. El microeconomista tiene su río, lo conoce, se pone su traje de vadeador y se va a por truchas.



    Quizás porque a mí siempre me ha gustado más pescar en la mar que en el río, he valorado mucho el último Global Wage Report 2016/17 de la Organización Internacional del Trabajo. El informe ha sido dirigido por Rosalía Vázquez-Álvarez, economista de profunda formación, dilatada experiencia, contrastada modestia, y entrañable amiga. A los interesados en pescar ideas sobre salarios, el informe les va a proporcionar una nutritiva lectura y las coordenadas GPS de un buen caladero. Lo que sigue son sólo unas rápidas anotaciones a vuelapluma en un cuaderno de campo tomadas desde mi pesquera.
    1. Desde el momento inicial de la crisis, los salarios reales cayeron en Alemania y no recuperaron su nivel pre-crisis hasta tres años después (Gráfico 1). Nota: “Cuando el grajo vuela bajo, se avecina un frío del carajo”. En España los grajos no nos avisaron y los salarios estuvieron por encima de su nivel pre-crisis hasta el año 2012 (Gráfico 2). Nota: “Tampoco hubo ajuste en horas, y una ola de desempleo polar nos heló las vergüenzas”.

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    Gráfico 1. Índice de salario real para algunos países desarrollados. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017
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    Gráfico 2. Índice de salario real para algunos países europeos. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017
    2. El crecimiento de los salarios en China recuerda mucho las líneas trazadas con escuadra y cartabón en las escuelas de Mao (Gráfico 3). Pregunta: “¿La cabra tira al monte?”. En cambio, los salarios en México han estado cayendo sostenidamente desde el año 2006.

    Nota: “No hay muro que resista la brecha que los salarios le infligen”. 


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    Gráfico 3. Índice de salario real para algunos países emergentes. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017
    3. En media, la productividad aparente del trabajo ha crecido más rápidamente que los salarios en los países desarrollados (Gráfico 4). Sin embargo, en los dos años posteriores al inicio de la crisis, las rentas del capital sufrieron más en términos relativos que los salarios, para recuperarse luego rápidamente. Esta tendencia apuntaría a un aumento en la desigualdad por un cambio en la distribución de la renta del trabajo hacia el capital. El Gráfico 5 indica que esto no es así en todas las grandes áreas. Pregunta: “¿Qué impulsa realmente la reducción en la participación de las rentas del trabajo?
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    Gráfico 4. Tendencia en el salario y la productividad del trabajo. Media ponderada para 36 economías. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017

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    Gráfico 5. Cambio en la participación del trabajo y desigualdad del ingreso, 1995-2012. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017
    4. Más sobre la misma idea: en términos globales la desigualdad de la renta intra-país ha aumentado en los últimos veinte años (Gráfico 6). Sin embargo, este aumento en la desigualdad de la renta ha sido compatible con una reducción de la desigualdad de los salarios en muchos países, incluida España (Gráfico 7).
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    Gráfico 6. Evolución de la desigualdad en renta entre 1995 y 2012. Función construida a partir de 71 países. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017

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    Gráfico 7. Evolución de la desigualdad en salarios. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017
    5. Los trabajadores mejor pagados en Europa, aquéllos en el percentil superior de la distribución, son los que más han ajustado su salario a la baja desde el año 2002 (Gráfico 8). Pese a ello, en el año 2010 el salario-hora en España del uno por cien de los asalariados mejor pagados era, aproximadamente, 13 veces superior al percibido por los trabajadores del percentil más bajo. Esta cifra se puede comparar con las 10 veces de Noruega, las 22 veces de Francia, o las 32 veces del Reino Unido. En los países emergentes, la ratio entre el último y el primer percentil es incluso mayor. Bajo la amenaza que suponen los populismos para la estabilidad democrática y económica, mejorar la información sobre las causas que subyacen a estas grandes diferencias y, en su caso, la corrección de las deficiencias en los mecanismos de fijación de los salarios de determinados colectivos resulta imperativo. Preguntas: “¿Por qué ha caído tanto el salario de los ricos al tiempo que el de la distribución del resto de trabajadores se ha mantenido constante o ha aumentado? ¿Se trata de trabajadores súper-productivos que han perdido poder en la negociación salarial? ¿Es el reflejo de una caída en la productividad de los mismos? ¿O nos encontramos en un proceso de ajuste de los salarios hacia una medida más consistente con la productividad de estos trabajadores?”

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    Gráfico 8. Salario por hora en Europa por deciles. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017
    6. Cuando buceamos dentro de las características del uno por cien de los asalariados más ricos en Europa encontramos, por ejemplo, que casi el 70 por cien tiene estudios universitarios o de postgrado, un 40 por cien son consejeros o directivos de grandes corporaciones (Gráfico 9), y sólo un 20 por cien son mujeres. Utilizando un modelo log lineal para explicar el salario en función de la experiencia, la antigüedad y el nivel de educación, se obtiene un residuo medio en el percentil de los asalariados muy ricos de 1,5, muy superior al resto de percentiles. Esta cifra significa que el salario-hora observado en este colectivo es 4,5 veces superior al predicho por las características observadas. Pregunta: “¿Cómo diferenciar desde fuera de la empresa, antes de que la evidencia nos explote en la cara, a los individuos cuyas características personales los convierten en dignos merecedores de su salario, de aquéllos otros que se aprovechan de mecanismos de fijación de salarios intra-empresa poco transparentes y nada competitivos?”.
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    Gráfico 9. Descomposición de los deciles de salarios por categorías ocupacionales. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017
    7. La brecha salarial por género entre el colectivo de consejeros y directivos de grandes empresas alcanza la cuota más elevada, con una diferencia del 50%. Nota: “La sorprendente disparidad entre hombres y mujeres en los puestos más elevados de las empresas no se limita sólo al salario.

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    Gráfico 10. Brecha salarial por género entre categorías ocupacionales. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017

    - Robots que cotizan y pagan multas de tráfico: Europa esboza ya leyes para las máquinas (El Confidencial - 18/2/17)

    La Unión Europea ha abierto el gran debate político de las próximas décadas: ¿cómo legislar la relación entre humanos y robots?, ¿pagarán las máquinas nuestras pensiones?

    (Por Ángel Villarino)

    Rachel contempla sus limpios y delicados dedos, sus uñas cuidadosamente pintadas. “Son las manos de una auténtica granjera”, reflexiona, “perfectas para el trabajo”. Está sola, en su sala de control, rodeada de pantallas holográficas en tres dimensiones con gráficos y estadísticas, manejando una explotación situada a decenas de kilómetros de su oficina. Al otro lado de sus pantallas viven cientos de vacas a las que un enjambre acompasado de robots ordeñan, alimentan e incluso inseminan con una selección de esperma escogido entre tubos de ensayo.

    Rachel, que estudió “agricultura de precisión”, posee además cientos de cerdos y varias hectáreas de cultivo. Los animales se han acostumbrado a relacionarse con las máquinas, que son capaces de aprender de sus propios errores y adaptar su actividad a las emociones de los seres vivos. Los clientes, cada vez más preocupados por el bienestar del ganado del que se alimentan, pueden consultar por internet incluso las constantes vitales. Las asociaciones de consumidores exigen más y ahora proponen nuevas leyes para tener acceso, 24 horas al día, a las cámaras que graban cada esquina de la finca.

    Las aves de campiña sobrevuelan el cultivo y esto es motivo de alegría para Rachel. Estuvieron a punto de extinguirse cuando se introdujeron los drones que se ocupan de sembrar y recolectar, pero están de vuelta gracias a una nueva generación de sensores. El mayor peligro ahora para el ganado y los animales son los virus y enfermedades humanas, además de los accidentes causados por turistas y domingueros que ocasionalmente aparecen por la finca. Para evitarlo, todo está debidamente vallado y aislado.

    La imagen no proviene de una novela futurista, sino de uno de los tres escenarios ficticios que el Parlamento Europeo plantea en un informe que sirvió para documentar a sus eurodiputados esta semana. El objetivo era hacerles reflexionar sobre un tema con el que no están familiarizados y sobre el que estaban llamados a pronunciarse.

    Finalmente, el hemiciclo aprobó el jueves una resolución en la que se urge a la Comisión Europea a ir adaptando la legislación a un mundo donde las máquinas ganarán protagonismo hasta convertirse en el centro de gravedad del proceso productivo. “Es un llamado para la creación inmediata de un instrumento legislativo para gobernar la robótica y la inteligencia artificial y anticipar los desarrollos científicos a medio plazo para atender a las grandes cuestiones éticas que enfrenta la humanidad”, resume la jerga técnica del prólogo.

    “Tardamos dos años en hacer el informe y se concibió, en parte, como reacción al gran temor de la población sobre la posibilidad de que los robots se puedan convertir en un peligro para nuestra seguridad y/o nos acaben quitando el trabajo”, explica la ponente principal, la socialista luxemburguesa Mady Delvaux. “Lo primero ha sido lanzar el debate, que nos acostumbremos a pensar en un futuro que cada vez está más cerca”, reflexiona.

    “Tras pasar 24 meses escuchando y leyendo a los científicos, ya no le queda la menor duda de que fue un acierto poner esto en marcha. Los robots y la inteligencia artificial van a estar presentes en todos los ámbitos de la vida. Y los legisladores no podemos dejar los asuntos morales y éticos en manos de científicos y empresas. Estamos obligados a pensar en los seres humanos, en su bienestar”.

    No es frecuente que la Unión Europea incluya relatos de ficción en sus materiales de trabajo, ni tampoco que sus resoluciones empiecen citando a Frankenstein, al gólem de Praga o las tres leyes de la robótica de Isaac Asimov. Muchos de los pasajes del informe son familiares para cualquier amante de la ciencia ficción. Los autores se preguntan cosas como si sigue siendo humano en su totalidad alguien que ha incorporado implantes cibernéticos para alterar sus capacidades motrices y psíquicas; si sería necesario regular las relaciones emocionales entre seres humanos y máquinas; o si los robots tienen que ser considerados personas jurídicas.



    Se parte en todo el texto de una premisa que la comunidad científica ya no discute: que la inteligencia artificial protagonizará la próxima gran revolución tecnológica, destruyendo a su paso millones de puestos de trabajo y creando otros nuevos, aunque quizá no suficientes. Y se plantean dos mundos posibles y contrapuestos: uno distópico en el que el capital consigue controlar el factor productivo definitivo (el trabajo), el desempleo se dispara en un entorno envejecido y las desigualdades se acentúan. Y otro, utópico, en el que robots que producen la misma energía que consumen hacen los trabajos más pesados, sucios y repetitivos, cuidan de nuestros ancianos y nuestros hijos, pagan nuestras pensiones, producen nuestros alimentos, mientras las personas disfrutamos de una renta básica, con jornadas laborales mucho más creativas, cortas y placenteras.

    En el relato de Rachel tiende más hacia la segunda versión, la utópica, aunque solo toca por encima la parte más polémica del debate. Porque si una sola granjera de precisión es capaz de manejar por sí misma una explotación de estas características, ¿cuántos puestos de trabajo generará el sector agrícola?, ¿dónde trabajarán los demás?, ¿qué ingresos tendrán las personas que consuman sus productos?, ¿con qué dinero pagarán la leche de sus vacas y el jamón de sus cerdos?



    Delvaux cree que los políticos tendrán que ir acostumbrándose a discutir sobre el impacto de la robótica en la fiscalidad y el Estado de bienestar. Un debate que será acalorado y que ya cobró protagonismo el jueves durante la votación de las enmiendas al texto.

    El eurodiputado del PSOE Sergio Gutiérrez, uno de los pocos políticos españoles que ha estudiado el informe, comparte aspiraciones con el grupo de socialistas centroeuropeos que han trasladado el debate desde el mundo de la ciencia ficción al de la política. “Es evidente que habrá que reinventar la fiscalidad. Lo que nosotros proponemos no es que los robots paguen impuestos en sentido estricto, sino que a las empresas cuyos beneficios tengan relación directa y probada con la actividad robótica se les grave con un porcentaje un poco más alto sobre sus beneficios. A la hora de desarrollar sus estados contables, las empresas tendrán que explicar el peso de la robótica y la maquinaria”, resume.

    La batalla política del futuro

    En una primera fase, ese nuevo impuesto serviría para una “reconversión digital” similar a la reconversión industrial que se vivió hace casi medio siglo. “Lo primero es gestionar esa transición para compensar a los trabajadores que se quedan fuera. Introduciendo por ejemplo rentas mínimas, ayudas sociales para los que pierden sus puestos de trabajo de manera definitiva. Algunos sectores, como el transporte, van a verse golpeados muy pronto. Muchos podrán reinventarse y acceder a nuevos trabajos. Otros, por su edad, por su formación o por su localización geográfica, lo tendrán más complicado”, dice.

    En una segunda fase, los socialistas plantean crear una renta mínima universal ante la posibilidad de que esta nueva revolución tecnológica destruya muchos más trabajos de los que va a generar, una tesis compartida en muchos pronósticos. “Los beneficios de la era digital son tales que compensará cualquier tipo de impuesto. Los costes de producción en muchos casos van a tender hacia cero. Las empresas tienen que ser conscientes de que hay que mantener un Estado de bienestar. Aunque solo sea porque es algo que la mayoría de los ciudadanos y los partidos políticos europeos desean mantener”, dice.

    Las enmiendas presentadas por el Partido Popular Europeo y el bloque liberal dejaron estas recomendaciones fuera del informe aprobado esta semana, postergando un debate que antes o después se convertirá en el centro de la pugna política. En palabras de Delvaux, “la coalición derechista formada por ALDE, PPE y ECR rehusó incluir en el texto las posibles consecuencias negativas de la robótica en el mercado laboral”.

    La diputada checa Dita Charanzova, del Grupo de Liberales por Europa, detalla el otro punto de vista. “No estamos de acuerdo con que debamos tratar con un régimen fiscal distinto a los robots. Son un producto más y no tiene sentido que las empresas paguen más impuestos por ellos. Como otras tecnologías, son simplemente un producto. Y, como hemos visto en el pasado, las ventajas de una revolución tecnológica superan a los riesgos".

    En su opinión, desaparecerán viejos trabajos y aparecerán otros nuevos, como ha pasado siempre. "De lo que tenemos que preocuparnos es de formar a la gente para que pueda competir mejor en el mercado laboral del futuro. Y de las normas concretas y realistas para regular los vacíos legales sobre seguridad y responsabilidad civil en casos como los accidentes con drones o coches autónomos. El resto es ciencia ficción”. El propio informe calcula que antes de 2020 Europa demandará 850.000 nuevos trabajos cualificados relacionados con la nueva revolución tecnológica.

    “China es la competencia, no los robots”

    Charanzova dice que poner trabas y regulaciones a la robótica frenará su desarrollo en Europa y dará ventaja competitiva a las potencias asiáticas y a Estados Unidos. “Veo más riesgo en que haya mano de obra barata en China a que haya robots. Nosotros lo vemos con optimismo. Los robots nos dan valor añadido e incluso servirán para recuperar industrias que se marcharon a otros continentes por la mano de obra barata”. Con la robótica, incide, podríamos incluso reindustrializar nuestros países. “No comparto la visión catastrofista que se plantea el informe”, dice.

    Aunque el debate a medio plazo es apasionante, ya hay urgencias legislativas que atender. Gutiérrez recuerda que “con la promoción del 5G, que se pretende implantar ya en 2020-2022, el futuro que pinta el informe está a la vuelta de la esquina. Y hay una necesidad de regular estas nuevas circunstancias. Empezando por la responsabilidad civil de los robots, por ejemplo, con vehículos autónomos. Si se produce un accidente que cuesta vidas humanas, ¿quién es el responsable?, ¿el robot?, ¿el fabricante?, ¿el propietario? ¿Y quién paga el seguro? ¿Tendremos que crear fondos de compensación para accidentes con máquinas? ¿Hay que crear un instituto europeo de robótica?”, se pregunta.

    En asuntos como la responsabilidad civil, la seguridad o la necesidad de un código ético aplicado a la robótica, no hay discrepancias significativas entre grupos políticos. “Asegurar la privacidad de los usuarios y la seguridad ante ataques cibernéticos es algo vital. No solo con los robots, sino con el internet de las cosas. Cuando nuestra casa entera esté conectada a internet, las nubes almacenarán una cantidad de datos sobre nuestra vida que hay que regular y proteger. En caso de accidente con un coche autónomo es necesario que tener claras las responsabilidades”, dice Charanzova.

    Ramón López de Mantaras, director del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial del CSIC, cree que es “muy positivo” que los políticos empiecen a introducir la robótica en sus agendas. “Entre la clase política española hay generalmente un analfabetismo científico y tecnológico. Tienen grandes carencias y la robótica suena como algo de largo plazo de lo que no hay que preocuparse. En algunos países de Europa y en EEUU hay mucho más interés por estos temas. Me alegra que la Unión Europea introduzca un debate que es muy necesario, aunque algunas de las cosas que plantea (este informe de la UE) son escenarios a muy largo plazo todavía”.

    También caerán los más cualificados

    Mantaras es de los que creen que la revolución de la robótica desencadenará una destrucción de puestos de trabajo como no se había visto antes. “Es verdad que las nuevas tecnologías disruptivas, como la informática, han acabado con unos puestos de trabajo pero han creado otros. Pero en el caso de la robótica y la inteligencia artificial, no está nada claro que vayan a crear más puestos de los que destruyen”. El científico destaca que los robots cada vez son “más especializados y más intelectuales” y se irán encargando de trabajos cada vez más evolucionados.

    Hasta ahora se han perdido trabajos de un tipo repetitivo, pero ahora van a desaparecer también los puestos cualificados. En consecuencia, veo muy lógico redistribuir toda la riqueza que se va a generar en las próximas décadas mediante impuestos a las máquinas y los robots. No me cabe ninguna duda de que tendrán que cotizar a la seguridad social para pagar una renta mínima, básica y universal, para todos los ciudadanos. No es una utopía de cuatro iluminados, sino algo muy real”, sostiene.

    El científico valora de manera muy positiva la creación de un código ético para regular lo que se puede desarrollar en robótica. “Lo más claro a mi juicio sería prohibir las armas autónomas, igual que se ha prohibido el uso de armas químicas. Esto habría que regularlo ya porque tiene mucho peligro. La cuestión central es la autonomía. Hay situaciones críticas en las que no es posible sacar al ser humano del proceso de decisión. Otro ejemplo son los robots que compran y venden en bolsa, algo que ya está ocurriendo. Las finanzas están en manos de una competición entre modelos de “software”, que toman decisiones cien por cien autónomas que afectan a millones de personas. Debería regularse, e incluso prohibirse”, considera.

    El futuro que imagina Mantaras se parece mucho al de la granja de Rachel. “Viviremos en un mundo de personas trabajando con máquinas, en equipo”. En hospitales, en asilos, en restaurantes, bancos, administraciones públicas, en redes de transporte, supermercados..., unas pocas personas trabajarán con muchas máquinas. “Si lo sabemos gestionar”, concluye, “saldremos ganando”.

    - Los 23 mandamientos para evitar que la inteligencia artificial nos domine (El Confidencial - 2/2/17)

    (Por Sergio Ferrer)

    Más de 2.000 expertos han firmado una serie de pautas a seguir para lograr que el desarrollo de estas tecnologías sea beneficioso para el mundo



    Mientras algunos todavía muestran escepticismo sobre la posibilidad de que exista vida inteligente en nuestro planeta, los más osados se atreven a hablar de inteligencia artificial (IA), una versión ortopédica de la humana. Los ordenadores ya nos han dado una paliza en matemáticas, ajedrez y traducción, y preparan un nuevo asalto para convertirnos en copilotos eternos de nuestros coches. En un futuro más lejano y difuso, quizá sustituyan a soldados y, por desgracia para el que escribe, periodistas. Para intentar que el desarrollo de estas tecnologías beneficie al mundo en lugar de destruirlo, más de 2.000 expertos han firmado 23 pautas a tener en cuenta durante los próximos años.

    Los 23 principios de Asilomar reciben este nombre por el lugar de California (EEUU) en el que tuvo lugar a finales de enero una conferencia organizada por el “Future of Life Institute” con el objetivo de dar a luz a la lista de recomendaciones. Han sido apoyados por más de 1.200 figuras relacionadas con la innovación tecnológica y científica como Stephen Hawking y Elon Musk, junto a más de 800 investigadores especializados en inteligencia artificial. Uno de los firmantes es el director del Instituto de Investigación de Inteligencia Artificial del CSIC, Ramón López de Mantaras, pionero de este campo en nuestro país. Teknautas ha hablado con él para entender mejor esta guía ética y práctica, cuya traducción se encuentra al final del texto.

    “No soy de los que cree que a corto o medio plazo vaya a haber superinteligencias, pero no hay que esperar a ese momento para reaccionar. Además, el estado actual de la IA ya nos plantea una serie de problemas en cuanto a ética”, explica López por teléfono. El investigador se refiere a las cuestiones de seguridad, privacidad e incluso pérdida de puestos de trabajo que despiertan tecnologías como los drones y los coches autónomos.



    López destaca el punto 18 entre el resto: el ser humano debe desistir en la creación de armas autónomas. “El día en que las guerras se luchen entre máquinas será mucho más fácil que se produzcan, ya que hoy son las pérdidas humanas las que frenan a los países. Esto es terrible porque cada conflicto produce bajas civiles y efectos colaterales. Y aunque sean robots no creo que peleen en medio del desierto”. Por esa razón, el investigador dice que él votó por cambiar el “should” (debería) de esta pauta por un más rotundo “must” (debe).

    Otro problema importante es la cautela a la hora de dar autonomía absoluta a las máquinas (punto 16): “Hay que pensárselo no una vez sino varias”. López asegura que no le convence que una máquina decida sin intervención humana alguna. Pone el ejemplo de un consejo financiero o médico sugerido por una IA: “A un experto humano se le preguntaría por qué, lo mismo debería pasar con los ordenadores. Si no son capaces de dar explicaciones son cajas negras”. Esta transparencia (punto 8), inexistente en los sistemas actuales, debe ser implementada.

    Paguita robótica



    La lista incluye temas actuales, como la responsabilidad de los creadores de sistemas de IA sobre su uso (punto 9). Si el coche autónomo falla, ¿de quién es la culpa del accidente? “El día que sean cien por cien autónomos no podremos hablar de fallo humano a menos que sea de los desarrolladores del “software”, a lo mejor deberán llevar cajas negras como los aviones para investigar las causas”. También otros más a largo plazo, como la inclusión de valores humanos (punto 11): “Dependen de las personas y las culturas, ¿cuáles pones? Habría que hacer una lista aprobada a nivel internacional por algún organismo”.

    Más utópica parece la redistribución de la riqueza y beneficios generados por los sistemas de IA (puntos 14 y 15). “No debe suponer una ganancia sólo para algunas personas y empresas, sino para toda la sociedad”, defiende López. El investigador defiende que, si la automatización quita puestos de trabajo humanos pero aumenta la productividad y riqueza del país, habría que redistribuir estas ganancias: “Si los robots cotizaran en la Seguridad Social se podría establecer una renta básica universal para todo el mundo”.

    López es consciente de que la lista puede parecer un brindis al sol, y que empresas y gobiernos dificultarán muchos de los 23 mandamientos. “Son principios de buenas intenciones. Es bueno que el tema esté encima de la mesa”.

    Los principios de Asilomar

    1) Meta de la investigación: el objetivo de la investigación de la IA no debería ser crear inteligencia sin dirigir, sino inteligencia beneficiosa.

    2) Financiación de la investigación: la inversión en IA debería ir acompañada de fondos para investigar en asegurar su uso beneficioso, incluyendo cuestiones espinosas sobre ciencias de la computación, economía, legislación, ética y estudios sociales.

    3) Enlace entre ciencia y política: debería haber un intercambio constructivo y sano entre los investigadores de IA y los legisladores.

    4) Cultura de la investigación: una cultura de cooperación, confianza y transparencia debería ser fomentada entre los investigadores y desarrolladores de IA.

    5) Evitar las carreras: los equipos que estén desarrollando sistemas de IA deberían cooperar activamente para evitar chapuzas en los estándares de seguridad.

    6) Seguridad: los sistemas de IA deberían ser seguros a lo largo de su vida operativa, y verificables donde sea aplicable y posible.

    7) Transparencia en los fallos: si un sistema de IA causa daño debería ser posible determinar por qué.

    8) Transparencia judicial: cualquier intervención de un sistema autónomo en una decisión debería ir acompañada de una explicación satisfactoria y auditable por parte de una autoridad humana competente.

    9) Responsabilidad: los diseñadores y desarrolladores de sistemas avanzados de IA son depositarios de las implicaciones morales de su uso, mal uso y acciones, con la responsabilidad y oportunidad de dar forma a dichas implicaciones.

    10) Alineación de valores: los sistemas de IA altamente autónomos deberían ser diseñados para que sus metas y comportamientos puedan alinearse con los valores humanos a lo largo de sus operaciones.

    11) Valores humanos: los sistemas de IA deberían ser diseñados y operados para que sean compatibles con los ideales de dignidad humana, derechos, libertades y diversidad cultural.

    12) Privacidad personal: la gente debería tener el derecho de acceder, gestionar y controlar los datos que generan, dando a los sistemas de IA el poder de analizar y utilizar esa información.

    13) Libertad y privacidad: la aplicación de la IA a los datos personales no puede restringir de forma poco razonable la libertad, real o sentida, de las personas.

    14) Beneficio compartido: las tecnologías de IA deberían beneficiar y fortalecer a tanta gente como sea posible.

    15) Prosperidad compartida: la prosperidad económica creada por la IA debería ser compartida ampliamente, para el beneficio de toda la Humanidad.

    16) Control humano: los seres humanos deberían escoger cómo y si delegan decisiones a los sistemas de IA para completar objetivos escogidos previamente.

    17) Sin subversión: el poder conferido por el control de sistemas de IA altamente avanzados debería respetar y mejorar, más que subvertir, los procesos sociales y cívicos de los que depende la salud de la sociedad.

    18) Carrera armamentística: debería ser evitada cualquier carrera armamentística de armas autónomas letales.

    19) Capacidad de precaución: al no haber consenso, deberíamos evitar las asunciones sobre los límites superiores de las futuras capacidades de la IA.

    20) Importancia: la IA avanzada podría representar un profundo cambio en la historia de la vida en la Tierra, y debería ser planificada y gestionada con el cuidado y los recursos adecuados.

    21) Riesgos: los riesgos asociados a los sistemas de IA, especialmente los catastróficos o existenciales, deben estar sujetos a planificación y esfuerzos de mitigación equiparables a su impacto esperado.

    22) Automejora recursiva: los sistemas de IA diseñados para automejorarse recursivamente o autorreplicarse de una forma que pudiera llevar al rápido incremento en su calidad o cantidad deben estar sujetos a unas estrictas medidas de control y seguridad.

    23) Bien común: la superinteligencia debería ser desarrollada sólo en servicio de unos ideales éticos ampliamente compartidos y para beneficio de toda la Humanidad, más que para un Estado u organización.

    - Bill Gates: los robots deberían pagar impuestos (Expansión -18/2/17)

    (Por E. Arrieta)

    El fundador de Microsoft defiende que los robots deberían compensar fiscalmente los puestos de trabajo que reemplazan. Gates propone que esa recaudación se destine a los colectivos más vulnerables y a la creación de puestos de trabajo de carácter social.

    ¿Deben los robots pagar impuestos? ¿En concepto de qué, si no reciben a cambio servicios de salud, educación, pensiones...? Gravar fiscalmente el desarrollo tecnológico para frenar la destrucción de empleo, ¿será beneficioso o perjudicial para la sociedad a largo plazo? Este debate está ahora sobre la mesa, ante la rapidez con la que evoluciona el mundo digital.

    El propio Parlamento Europeo estudia una propuesta, conocida como Informe sobre Personas Electrónicas, que pretende que las máquinas inteligentes paguen impuestos y coticen a la Seguridad Social. Esta idea, que cuenta tanto con apoyos incondicionales como con detractores, propone “la creación de un estatuto jurídico específico para los robots, para que al menos los que sean autónomos y más sofisticados tengan la condición de personas electrónicas, con derechos y obligaciones específicas”.

    Y hace aproximadamente un año, un grupo de 400 científicos, académicos y otros expertos, entre ellos Stephen Hawking y Elon Musk (fundador de PayPal y Tesla), firmaron una carta en la que reclamaban un desarrollo tecnológico “responsable”, y proponían estudiar si la implantación de una renta universal (de algún tipo) podría contribuir a una transición menos dolorosa hacia la aclamada “era del conocimiento”.

    Ambas propuestas barajan, en definitiva, elevar la recaudación de impuestos de los países para garantizar un nivel de prosperidad mínimo para toda la sociedad.

    Ahora, es Bill Gates, cofundador y expresidente de Microsoft, y el hombre más rico del mundo, el que aboga por gravar a los robots. En su opinión, los gobiernos deberían cobrar un tributo a las empresas que los compran. Desde su punto de vista, estos ingresos podrían destinarse a la creación de empleo en otras áreas donde la empatía y la sensibilidad humana es más difícil de sustituir por una máquina, como por ejemplo el cuidado de niños y ancianos.

    En una entrevista con Quarz, Gates insiste en que los gobiernos deben ser quienes supervisen y recauden estos impuestos, pues son éstos quienes tienen en su mano redirigir fondos a los colectivos más vulnerables de la sociedad.

    El hombre más rico del mundo

    Desde que Bill Gates abandonara sus funciones ejecutivas en Microsoft, en 2008, el creador del imperio de Windows ha dirigido la fundación sin ánimo de lucro Bill & Melinda Gates, que destina recursos (en forma de inversiones o subvenciones a fondo perdido) a proyectos de carácter social, especialmente enfocados en la educación, la higiene y la salud infantil. Co-financia, entre otras muchas cosas, el desarrollo de la que podría ser la primera vacuna efectiva contra la malaria.

    Gates insiste en que, en los próximos años, muchos puestos de trabajo desaparecerán a causa de la automatización. La OCDE calcula que el 9% de las profesiones desaparecerán en los próximos años (en España, el 12%). Otras investigaciones en EEUU elevan la cifra hasta el 47%. El problema, según este empresario, es la rapidez con la que está teniendo lugar este cambio.

    “Si usted adopta una máquina que es capaz de realizar las tareas que antes hacía un trabajador, y a través de la financiación y formación correctas poner a esa persona a hacer otras cosas, entonces usted irá un paso por delante. Pero ese empleado pagaba impuestos a los que no puede renunciar, porque ésa es precisamente una de las maneras de financiar esa formación”, señala el fundador de Microsoft.

    “Existen muchas maneras de gravar ese extra en productividad. Es hora de empezar a hablar de cómo hacerlo y medirlo. Parte del tributo puede proceder de los beneficios generados por el incremento de eficiencia alcanzado. Otra parte puede venir directamente de algún tipo de impuesto sobre los robots”, propone.

    Gates urge a las autoridades a diseñar “programas de transición” cuando antes, especialmente para los colectivos más vulnerables. “Es realmente malo que la gente en general sienta más miedo que entusiasmo con respecto a la innovación”. En este sentido, concluye Gates, “los impuestos son sin duda una mejor manera de manejar el desarrollo tecnológico que la prohibición de algunos elementos del mismo”.

    - Bill Gates se alinea con la propuesta europea ante la era de los robots y pide que paguen impuestos (El Economista - 19/2/17)

    (Por Patricia C. Serrano)

    El temor ante el veloz desarrollo de la inteligencia artificial y la mejora en las funcionalidades de los robots ha ocupado el estudio y la observación de economistas, políticos y expertos en tecnología. ¿Cómo será la vida cuando los robots sustituyan a una buena parte de los trabajadores?

    No hablamos de ciencia ficción: un estudio del Foro Económico Mundial augura que se destruirán siete millones de empleos en los 15 países más desarrollados en los próximos cinco años. En España, la OCDE estima que el 12% de los puestos de trabajo son susceptibles de automatizarse. El futuro ya ha llegado y desde algunas instituciones ya se trabaja en los próximos escenarios que crearán los androides dentro de las sociedades desarrolladas.

    En este punto ha surgido la propuesta de la eurodiputada de Luxemburgo Mady Delvaux, quien ha presentado un informe teniendo en cuenta desde soluciones económicas hasta las implicaciones éticas y en materia de responsabilidad civil que conllevará la integración masiva de los robots en los puestos de trabajo. Una de las sugerencias más sobresalientes consiste en la imposición de una tasa a estas máquinas, que equivalga a una cotización que nutra la Seguridad Social y garantice el mantenimiento del Estado del bienestar.

    Es decir, que las empresas aporten una cotización por robot destinada a pagar nuestras pensiones.

    Pese a que algunos economistas no tardaron en tachar esta propuesta de disparate, auténticos visionarios como Bill Gates se han mostrado alineados con el razonamiento de la luxemburguesa. Hace dos días, Gates trató este asunto en una entrevista y apostó sin dubitación alguna por el pago de impuestos por parte de los robots. “Si el robot realiza la misma labor que el trabajador, tiene que pagar los mismos impuestos o más por lo que produce”, explicó. El uso de robots sustituyendo a hombres y mujeres en el entramado laboral reducirá costes y aumentará la productividad, lo que favorecerá el crecimiento en beneficios de las empresas. Por tanto, argumenta Gates, un impuesto que grave este nuevo escenario será necesario.

    El fundador de Microsoft concibe que las máquinas puedan sustituir a gran parte de los trabajadores en 2030, por lo que este es el momento de aportar ideas y soluciones para enfrentarse al nuevo desafío laboral.

    Lejos de todo pesimismo, Gates no cree que el pago de un impuesto por los robots desincentive la innovación tecnológica. En cambio, considera que la automatización de muchos trabajos arduos y de gran coste para la salud dejará a más empleados disponibles para tareas de mayor exigencia de empatía y humanidad, como los cuidados a personas mayores o la educación.

    Otro de los grandes cerebros de la innovación tecnológica actual, Elon Musk, director de Tesla y Space X no se ha pronunciado al respecto de la idoneidad de un gravamen para los robots, aunque sí ha apostado por la fusión de los humanos con las máquinas como única solución. Musk argumenta que esta integración entre el pensamiento humano y el digital resultará imprescindible para que los primeros sigan siendo relevantes ante el incuestionable triunfo de la inteligencia artificial en el futuro próximo.

    En cualquier caso, estos líderes de la innovación mundial coinciden en que la cuestión no puede esperar mucho más tiempo. Las autoridades políticas y científicas de los países desarrollados tienen que estar preparadas antes de que los robots les saluden, interrogantes, desde el otro lado de la mesa.

    - Una foto de la inmigración en Europa y en España (Fedea - 22/2/17)

    (Por Ainhoa Aparicio)

    El pasado 3 de febrero presentamos el primer informe del Migration Observatory (Observatorio de las Migraciones), una iniciativa del Collegio Carlo Alberto y el Centro Luca d'Agliano, con el objetivo de recoger y divulgar las características y tendencias del fenómeno migratorio. En el informe hemos colaborado Tommaso Frattini, Karl Siragusa y yo. Hemos usado datos de la última edición de la Encuesta Europea de Población activa (2015) para proporcionar evidencia actualizada de la integración económica de los inmigrantes en los distintos países de Europa.

    Os acerco aquí los hechos más significativos que hemos documentado para Europa y España:

    Cómo son los inmigrantes

    En 2015 el número de inmigrantes residentes en la Unión Europea alcanzó los 49 millones, es decir, el 9.5% de la población. En la UE de los 15 esta proporción se eleva al 11,5% de la población. En España los más de 5,4 millones de inmigrantes representan el 11,8%. Sin embargo, no todos los países están tan cerca de la media. Hay mucha heterogeneidad: En un extremo de la distribución se encuentran Rumania y Bulgaria (0,1 - 0,2%) y en el otro Suecia (19%) y Luxemburgo (49%).

    La mayor parte de los inmigrantes han vivido en el país de destino bastante tiempo. Solamente el 18% ha llegado hace menos de cinco años (en España el 11%).

    La mayor parte de los inmigrantes provienen de otros países europeos (37%), mientras que el resto viene de África (19%), países europeos fuera de la UE (17%), Asia (15%) y América (10%). El ranking para España cambia sustancialmente. Los correspondientes porcentajes son: 38,1% americanos, 31,4% europeos, 19,5% africanos, 6,8% asiáticos y 4,2% países europeos fuera de la UE.

    Hay prácticamente el mismo número de hombres y mujeres en media (52% de los inmigrantes son mujeres tanto en la UE como en España).



    El número de inmigrantes con solo educación primaria varia muchísimo entre países: desde Latvia con el 7,3% a Francia con el 48,5% (en España es 44,2%). Por el otro lado, uno de cada cuatro inmigrantes que viven en la EU tiene educación universitaria (en España uno de cada cinco).

    Inmigrantes y mercado de trabajo



    Los inmigrantes tienen una tasa de empleo que es 5,7 puntos porcentuales más baja que la de los nativos. En España esta diferencia se reduce a 3,1 puntos porcentuales.

    Las mayores diferencias en la empleabilidad de nativos e inmigrantes aparece para los países del Norte de Europa: Holanda (15 p.p.), Suecia (14 p.p.) y Alemania (11 p.p.)



    En los países del sur los inmigrantes llegan a tener incluso mayores tasas de empleo que los nativos: en Grecia, Italia y Portugal la tasa de empleo de los inmigrantes supera a la de los nativos por 2, 3 y 5 puntos porcentuales. Es importante resaltar que estas diferencias no deben interpretarse como una mayor tasa de empleo de los inmigrantes respecto a los países del norte, sino simplemente con respecto a los nativos (que como sabemos presentan tasas particularmente bajas en nuestro país).

    Casi la mitad de la diferencia en la tasa de empleo desaparece cuando tenemos en cuenta las diferencias entre inmigrantes y nativos en términos de edad, sexo y nivel educativo. Eso quiere decir que en general los inmigrantes tienen características ligadas a peores probabilidades de tener un empleo. En España este fenómeno está particularmente presente ya que las características demográficas de inmigrantes y nativos explican completamente la diferencia a favor de los nativos. Cuando las tenemos en cuenta, la diferencia se vuelve a favor de los inmigrantes que presentan una tasa de empleo 0,9 puntos porcentuales mayor.

    Un mayor tiempo de residencia en el país está asociado a una mayor probabilidad de empleo. El diferencial de tasa de empleo de los nativos respecto a los inmigrantes con menos de 5 años de residencia es de 14 puntos mientras que si nos limitamos a los que llegaron hace más de 5 años la diferencia se reduce a 4 puntos. En España las mismas diferencias son de 10,6 y 2,2 puntos.

    Ocupación e ingresos



    Los inmigrantes tienden a tener ocupaciones menos prestigiosas que los nativos en media. En España este fenómeno es más agudo que en el resto de la UE. Sin embargo, la media en este caso esconde una gran heterogeneidad: los inmigrantes tienden a concentrarse en las “peores” y las “mejores” ocupaciones.

    En media, los inmigrantes tienen una probabilidad mayor de encontrarse entre el 10% de población con ingresos más bajos. La diferencia con los nativos es de 3.5 puntos porcentuales. Además, su probabilidad de aparecer entre el 10% de población con ingresos más altos es 2,5 puntos más baja. En España como sabemos no hay datos de ingresos.

    Dos tercios de las diferencias entre inmigrantes y nativos en la probabilidad de estar en el 10% más pobre, se explica porque los inmigrantes se concentran en ocupaciones peor remuneradas.

    Cuanto mayor es la diferencia entre inmigrantes y nativos en términos de tasa de empleo en un país de la UE menor es la diferencia en el prestigio de las ocupaciones y el ingreso en dicho país. Esto implica que los inmigrantes en España y otros países del sur de Europa están mejor integrados que en la media de la UE en términos de empleo pero esto viene en detrimento de la calidad de los trabajos que ocupan.

    Lo que más me ha llamado la atención es la gran diferencia que existe en términos de la proveniencia de los inmigrantes entre nuestro país y el resto. Por otro lado, los datos han corroborado mi idea que el nivel educativo de los inmigrantes es lo que más dificulta su integración en el mercado laboral. Esto ocurre en un contexto en el que en los países más ricos de Europa se están discutiendo la implantación de un sistema de admisión por puntos para seleccionar a los inmigrantes más educados lo que tendría un efecto indirecto en la composición de la inmigración en nuestro país. Como dirían los anglosajones, espero haberos dado comida para la mente (food for thought).

    (Basado en el informe del Migration Observatory’s Report: Immigrants integration in Europe)



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