• Cómo pasar de la “cloud computing” a la “nube de pedo” bursátil (mientras los Zucks se forran de lo lindo y los Goldmans repiten la jugada). ¡Tonto el último!
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    Trepar el muro o vivir en la nube… ¡That is the question!


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    Trepar el muro o vivir en la nube… ¡That is the question!

    En el Paper - De la burbuja puntocom a la (próxima) burbuja Web 2.0 (para el “pronto beneficio” -otra vez- de los “proféticos” Webonomics, con la “atolondrada” colaboración -otra vez- de los “codiciosos” Webonazos), publicado el 15/8/11, sostenía:



    no es una burbuja, es el verdadero boom de internet

    Cómo pasar de la “cloud computing” a la “nube de pedo” bursátil (mientras los Zucks se forran de lo lindo y los Goldmans repiten la jugada). ¡Tonto el último!

    Nos espían mientras navegamos: saben quiénes somos (invasión de la intimidad)

    Uno no puede evitar sentir un escalofrío al descubrir que, tras haber navegado por la web en busca de, pongamos por caso, equipos de buceo, al día siguiente, en cualquier otro blog que visite, la columna de la derecha esté inundada de propuestas sobre este producto. ¿Le están espiando? Sin duda. “Robots” anónimos siguen siempre el rastro de las webs que visita y crean un perfil ideal para los anunciantes. Esto puede parecer un asunto menor para algunos, o una invasión inaceptable de la intimidad para otros.

    Es posible que alguien asuma como algo normal y consecuente con la sociedad de la sobreinformación en la que vivimos que se rastree de forma anónima nuestro recorrido por la web. Sin embargo, un reciente informe alerta de un hecho que preocupará a más de uno: estas empresas pueden identificarle, con nombre y apellidos, sin mayor problema. Este inquietante dato se desprende del análisis llevado a cabo por la EFF (Electronic Frontier Foundation), organismo norteamericano en defensa de los derechos civiles. Las conclusiones son demoledoras: si bien, es cierto que las cookies y demás artimañas que rastrean nuestro paso por las webs son elementos que no registran datos privados de los usuarios, si se accede desde ese mismo ordenador a alguna de las principales redes sociales, sí se deja constancia de nuestra información personal.

    Los ávidos trackers que husmean nuestro recorrido por la www, recaban información no sólo relativa a nuestra persona, sino también la de nuestra lista de contactos, todo ello con la connivencia de las principales redes sociales. Este inquietante dato se desprende de un estudio llevado a cabo por Balachander Krishnamurthy y Craig Wills, en el que queda patente que tanto Facebook como LinkedIn facilitan a estas empresas los datos personales de los usuarios, sus contactos e intereses. Con esta información, las firmas de marketing que explotan esta valiosa información, pueden crear perfiles personalizados de cada uno de nosotros, con nombre, apellidos, aficiones, amistades y páginas web que visitamos habitualmente.



    Pero las cosas todavía pueden ponerse más feas, puesto que no son una ni dos las empresas de marketing que husmean en nuestra vida y costumbres. EFF llegó a contar hasta diez fuentes diferentes de cookies, javascript y demás elementos extraños en una sola web visitada, que reportaban información sobre nuestro paso por Internet. A mayor desgracia, este rastro no termina cuando abandonamos una web en concreto, sino que los trackers nos persiguen por los diferentes sitios que vamos visitando, alimentando, al tiempo, su base de datos. Google, juez y parte en este asunto (es propietaria de DoubleClick, uno de los mayores rastreadores del mercado), se ha puesto del lado del usuario, al menos por el momento, y promete nuevas herramientas para mantener el anonimato mientras se navega por la web. Entre tanto, EFF sugiere a los internautas que instalen los citados complementos y configuren los navegadores para que borren las cookies cada vez que se abandona una sesión.

    ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (el control de los pensamientos)

    La tercera parte de la población mundial ya es “internauta”. La revolución digital crece veloz. Uno de sus grandes pensadores, Nicholas Carr, da claves de su existencia en el libro Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? El experto advierte de que se “está erosionando la capacidad de controlar nuestros pensamientos y de pensar de forma autónoma”.

    El correo electrónico parpadea con un mensaje inquietante: “Twitter te echa de menos. ¿No tienes curiosidad por saber las muchas cosas que te estás perdiendo? ¡Vuelve!”. Ocurre cuando uno deja de entrar asiduamente en la red social: es una anomalía, no cumplir con la norma no escrita de ser un voraz consumidor de twitters hace saltar las alarmas de la empresa, que en su intento por parecer más y más humana, como la mayoría de las herramientas que pueblan nuestra vida digital, nos habla con una cercanía y una calidez que solo puede o enamorarte o indignarte. Nicholas Carr se ríe al escuchar la preocupación de una periodista ante la llegada de este mensaje a su buzón de correo. “Yo no he parado de recibirlos desde el día que suspendí mis cuentas en Facebook y Twitter. No me salí de estas redes sociales porque no me interesen. Al contrario, creo que son muy prácticas, incluso fascinantes, pero precisamente porque su esencia son los micromensajes lanzados sin pausa, su capacidad de distracción es enorme”. Y esa distracción constante a la que nos somete nuestra existencia digital, y que según Carr es inherente a las nuevas tecnologías, es sobre la que este autor que fue director del Harvard Business Review y que escribe sobre tecnología desde hace casi dos décadas nos alerta en su tercer libro, Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus).

    Cuando Carr (1959) se percató, hace unos años, de que su capacidad de concentración había disminuido, de que leer artículos largos y libros se había convertido en una ardua tarea precisamente para alguien licenciado en Literatura que se había dejado mecer toda su vida por ella, comenzó a preguntarse si la causa no sería precisamente su entrega diaria a las multitareas digitales: pasar muchas horas frente a la computadora, saltando sin cesar de uno a otro programa, de una página de Internet a otra, mientras hablamos por Skype, contestamos a un correo electrónico y ponemos un link en Facebook. Su búsqueda de respuestas le llevó a escribir Superficiales... (antes publicó los polémicos El gran interruptor. El mundo en red, de Edison a Google y Las tecnologías de la información. ¿Son realmente una ventaja competitiva?), “una oda al tipo de pensamiento que encarna el libro y una llamada de atención respecto a lo que está en juego: el pensamiento lineal, profundo, que incita al pensamiento creativo y que no necesariamente tiene un fin utilitario. La multitarea, instigada por el uso de Internet, nos aleja de formas de pensamiento que requieren reflexión y contemplación, nos convierte en seres más eficientes procesando información pero menos capaces para profundizar en esa información y al hacerlo no sólo nos deshumanizan un poco sino que nos uniformizan”. Apoyándose en múltiples estudios científicos que avalan su teoría y remontándose a la célebre frase de Marshall McLuhan “el medio es el mensaje”, Carr ahonda en cómo las tecnologías han ido transformando las formas de pensamiento de la sociedad: la creación de la cartografía, del reloj y la más definitiva, la imprenta. Ahora, más de quinientos años después, le ha llegado el turno al efecto Internet.

    (Extracto de una entrevista publicada por El País - 29/1/11)

    PREGUNTA. Su libro ha levantado críticas entre periodistas como Nick Bilton, responsable del blog de tecnología Bits de The New York Times, quien defiende que es mucho más natural para el ser humano diversificar la atención que concentrarla en una sola cosa.

    RESPUESTA. Más primitivo o más natural no significa mejor. Leer libros probablemente sea menos natural, pero ¿por qué va a ser peor? Hemos tenido que entrenarnos para conseguirlo, pero a cambio alcanzamos una valiosa capacidad de utilización de nuestra mente que no existía cuando teníamos que estar constantemente alerta ante el exterior muchos siglos atrás. Quizás no debamos volver a ese estado primitivo si eso nos hace perder formas de pensamiento más profundo.

    P. Internet invita a moverse constantemente entre contenidos, pero precisamente por eso ofrece una cantidad de información inmensa. Hace apenas dos décadas hubiera sido impensable.

    R. Es cierto y eso es muy valioso, pero Internet nos incita a buscar lo breve y lo rápido y nos aleja de la posibilidad de concentrarnos en una sola cosa. Lo que yo defiendo en mi libro es que las diferentes formas de tecnología incentivan diferentes formas de pensamiento y por diferentes razones Internet alienta la multitarea y fomenta muy poco la concentración. Cuando abres un libro te aíslas de todo porque no hay nada más que sus páginas. Cuando enciendes el ordenador te llegan mensajes por todas partes, es una máquina de interrupciones constantes.

    P. ¿Pero, en última instancia, cómo utilizamos la web no es una elección personal?

    R. Lo es y no lo es. Tú puedes elegir tus tiempos y formas de uso, pero la tecnología te incita a comportarte de una determinada manera. Si en tu trabajo tus colegas te envían treinta e-mails al día y tú decides no mirar el correo, tu carrera sufrirá. La tecnología, como ocurrió con el reloj o la cartografía, no es neutral, cambia las normas sociales e influye en nuestras elecciones.

    P. En su libro habla de lo que perdemos y aunque mencione lo que ganamos apenas toca el tema de las redes sociales y cómo gracias a ellas tenemos una herramienta valiosísima para compartir información.

    R. Es verdad, la capacidad de compartir se ha multiplicado aunque antes también lo hacíamos. Lo que ocurre con Internet es que la escala, a todos los niveles, se dispara. Y sin duda hay cosas muy positivas. La Red nos permite mostrar nuestras creaciones, compartir nuestros pensamientos, estar en contacto con los amigos y hasta nos ofrece oportunidades laborales. No hay que olvidar que la única razón por la que Internet y las nuevas tecnologías están teniendo tanto efecto en nuestra forma de pensar es porque son útiles, entretenidas y divertidas. Si no lo fueran no nos sentiríamos tan atraídos por ellas y no tendrían efecto sobre nuestra forma de pensar. En el fondo, nadie nos obliga a utilizarlas.

    P. Sin embargo, a través de su libro usted parece sugerir que las nuevas tecnologías merman nuestra libertad como individuos...

    R. La esencia de la libertad es poder escoger a qué quieres dedicarle tu atención. La tecnología está determinando esas elecciones y por lo tanto está erosionando la capacidad de controlar nuestros pensamientos y de pensar de forma autónoma. Google es una base de datos inmensa en la que voluntariamente introducimos información sobre nosotros y a cambio recibimos información cada vez más personalizada y adaptada a nuestros gustos y necesidades. Eso tiene ventajas para el consumidor. Pero todos los pasos que damos online se convierten en información para empresas y Gobiernos. Y la gran pregunta a la que tendremos que contestar en la próxima década es qué valor le damos a la privacidad y cuánta estamos dispuestos a ceder a cambio de comodidad y beneficios comerciales. Mi sensación es que a la gente le importa poco su privacidad, al menos esa parece ser la tendencia, y si continúa siendo así la gente asumirá y aceptará que siempre están siendo observados y dejándose empujar más y más aún hacia la sociedad de consumo en detrimento de beneficios menos mensurables que van unidos a la privacidad.

    P. Entonces... ¿nos dirigimos hacia una sociedad tipo Gran Hermano?

    R. Creo que nos encaminamos hacia una sociedad más parecida a lo que anticipó Huxley en Un mundo feliz que a lo que describió Orwell en 1984. Renunciaremos a nuestra privacidad y por tanto reduciremos nuestra libertad voluntaria y alegremente, con el fin de disfrutar plenamente de los placeres de la sociedad de consumo. No obstante, creo que la tensión entre la libertad que nos ofrece Internet y su utilización como herramienta de control nunca se va a resolver. Podemos hablar con libertad total, organizarnos, trabajar de forma colectiva, incluso crear grupos como Anonymous pero, al mismo tiempo, Gobiernos y corporaciones ganan más control sobre nosotros al seguir todos nuestros pasos online y al intentar influir en nuestras decisiones.

    P. Wikipedia es un buen ejemplo de colaboración a gran escala impensable antes de Internet. Acaba de cumplir diez años...

    R. Wikipedia encierra una contradicción muy clara que reproduce esa tensión inherente a Internet. Comenzó siendo una web completamente abierta pero con el tiempo, para ganar calidad, ha tenido que cerrarse un poco, se han creado jerarquías y formas de control. De ahí que una de sus lecciones sea que la libertad total no funciona demasiado bien. Aparte, no hay duda de su utilidad y creo que ha ganado en calidad y fiabilidad en los últimos años.

    P. ¿Y qué opina de proyectos como Google Books? En su libro no parece muy optimista al respecto...

    R. Las ventajas de disponer de todos los libros online son innegables. Pero mi preocupación es cómo la tecnología nos incita a leer esos libros. Es diferente el acceso que la forma de uso. Google piensa en función de snippets, pequeños fragmentos de información. No le interesa que permanezcamos horas en la misma página porque pierde toda esa información que le damos sobre nosotros cuando navegamos. Cuando vas a Google Books aparecen iconos y links sobre los que pinchar, el libro deja de serlo para convertirse en otra web. Creo que es ingenuo pensar que los libros no van a cambiar en sus versiones digitales. Ya lo estamos viendo con la aparición de vídeos y otros tipos de media en las propias páginas de Google Books. Y eso ejercerá presión también sobre los escritores. Ya les ocurre a los periodistas con los titulares de las informaciones, sus noticias tienen que ser buscables, atractivas. Internet ha influido en su forma de titular y también podría cambiar la forma de escribir de los escritores. Yo creo que aún no somos conscientes de todos los cambios que van a ocurrir cuando realmente el libro electrónico sustituya al libro.

    P. ¿Cuánto falta para eso?

    R. Creo que tardará entre cinco y diez años.

    P. Pero aparatos como el Kindle permiten leer muy a gusto y sin distracciones...

    R. Es cierto, pero sabemos que en el mundo de las nuevas tecnologías los fabricantes compiten entre ellos y siempre aspiran a ofrecer más que el otro, así que no creo que tarden mucho en hacerlos más y más sofisticados, y por tanto con mayores distracciones.

    P. El economista Max Otte afirma que pese a la cantidad de información disponible, estamos más desinformados que nunca y eso está contribuyendo a acercarnos a una forma de neofeudalismo que está destruyendo las clases medias. ¿Está de acuerdo?

    R. Hasta cierto punto, sí. Cuando observas cómo el mundo del software ha afectado a la creación de empleo y a la distribución de la riqueza, sin duda las clases medias están sufriendo y la concentración de la riqueza en pocas manos se está acentuando. Es un tema que toqué en mi libro El gran interruptor. El crecimiento que experimentó la clase media tras la II Guerra Mundial se está revirtiendo claramente.

    P. Internet también ha creado un nuevo fenómeno, el de las microcelebridades. Todos podemos hacer publicidad de nosotros mismos y hay quien lo persigue con ahínco. ¿Qué le parece esa nueva obsesión por el yo instigado por las nuevas tecnologías?

    R. Siempre nos hemos preocupado de la mirada del otro, pero cuando te conviertes en una creación mediática -porque lo que construimos a través de nuestra persona pública es un personaje-, cada vez pensamos más como actores que interpretan un papel frente a una audiencia y encapsulamos emociones en pequeños mensajes. ¿Estamos perdiendo por ello riqueza emocional e intelectual? No lo sé. Me da miedo que poco a poco nos vayamos haciendo más y más uniformes y perdamos rasgos distintivos de nuestras personalidades.

    P. ¿Hay alguna receta para salvarnos'?

    R. Mi interés como escritor es describir un fenómeno complejo, no hacer libros de autoayuda. En mi opinión, nos estamos dirigiendo hacia un ideal muy utilitario, donde lo importante es lo eficiente que uno es procesando información y donde deja de apreciarse el pensamiento contemplativo, abierto, que no necesariamente tiene un fin práctico y que, sin embargo, estimula la creatividad. La ciencia habla claro en ese sentido: la habilidad de concentrarse en una sola cosa es clave en la memoria a largo plazo, en el pensamiento crítico y conceptual, y en muchas formas de creatividad. Incluso las emociones y la empatía precisan de tiempo para ser procesadas. Si no invertimos ese tiempo, nos deshumanizamos cada vez más. Yo simplemente me limito a alertar sobre la dirección que estamos tomando y sobre lo que estamos sacrificando al sumergirnos en el mundo digital. Un primer paso para escapar es ser conscientes de ello. Como individuos, quizás aún estemos a tiempo, pero como sociedad creo que no hay marcha atrás…



    Tropezar dos veces con la misma piedra (el regreso de las punto-cuen)

    Las inversiones desmesuradas en Facebook, Twitter, Groupon o Zynga generan temor a una nueva crisis en compañías de Internet”… Burbuja “puntocom”, ¿segunda parte? (El País - 16/1/11)

    Las comparaciones son odiosas, pero ideales para entender situaciones inverosímiles como las que se están produciendo en Internet. Por ejemplo: Facebook vale a mediados de enero de 2011, once veces más que la capitalización bursátil de Iberia o un 52% más que la de Repsol YPF. También supera al BBVA, Boeing y Nokia. Twitter se embolsó 200 millones de dólares de inversión de una tacada en diciembre, casi 10 veces más de lo que Google recibió en sus cuatro primeros años. Y a Groupon, web de descuentos fundada por un estudiante de música convertido en emprendedor, le han inyectado esta semana 950 millones de dólares, lo que deja su valoración en 4.750 millones (3.700 millones de euros), un 30% superior al presupuesto del Ministerio de Educación español para este año.

    Cabría pensar que esto es normal si sólo ocurriera con las grandes redes sociales y webs de comercio electrónico. Pero la realidad es que firmas de Internet de todo tipo se están llevando inversiones desmesuradas. En los primeros 15 días del año 2011 se han producido 35 operaciones por un valor de 1.250 millones de dólares, en especial en EE UU y Reino Unido. Y hay de todo. Desde una aplicación para el iPhone para compartir fotos de comida que se ha ganado tres millones de dólares hasta una start-up de pagos con móvil, Square, que recibió casi 30. Una lluvia de dinero que, según muchos analistas, presagia algo más temido para 2011: la salida a Bolsa de decenas de empresas de Internet.

    “Antes de salir a Bolsa hay que crear un proyecto sólido, con cifras públicas y referenciadas. De lo contrario, se crean burbujas. Y ya no son tiempos de colocar en el mercado empresas basadas en expectativas. El inversor quiere verdades”, dice Christopher Pommerening, cofundador de Active Capital Partners, una de las primeras entidades que invirtió en la española BuyVip, adquirida en octubre por Amazon.

    Pommerening prefiere quitar hierro al asunto con el ejemplo de LinkedIn, la red social profesional creada en 2003 que lleva años creciendo paso a paso y cuenta con 85 millones de miembros. Saldrá a Bolsa en unos meses y ha contratado a JP Morgan, Bank of America y Morgan Stanley para gestionar la OPV. “LinkedIn ha esperado a ser un negocio robusto y rentable y no defraudará”, dice.

    Pero el problema apunta al resto de compañías de Internet que, como Facebook, han adquirido una elevadísima valoración en un corto periodo de tiempo. Los 500 millones de dólares que Goldman Sachs y el fondo ruso DST han pagado por un trozo de la red social, disparando su valor de 1.000 millones de dólares a 50.000 en cuatro años, han generado una temida sensación de déjà vu entre inversores y analistas. Rememoran lo que ocurrió entre 1998 y 2001, cuando el Nasdaq se convirtió en un bingo planetario en el que hasta las amas de casa apostaban en empresas puntocom.

    Sin ingresos sólidos detrás, miles de firmas de Internet quebraron y 5 billones de dólares se esfumaron del Nasdaq arrastrando a la economía mundial a una breve recesión. En España, el pinchazo de la burbuja lo protagonizó Terra, que en 2000 compró el portal Lycos por 2,3 billones de las antiguas pesetas para venderlo luego por un ridículo 0,8% de lo pagado.

    A diferencia de hace 10 años, cuando las puntocom reventaban en el parqué creando un efecto dominó, las participaciones se venden hoy como caramelos en mercados secundarios, donde entidades e inversores privados buscan fortuna. Y lo que preocupa es que Facebook, Twitter, Zynga, LivingSocial o Groupon, cuyos datos financieros son pura especulación, estén recibiendo cantidades irracionales de dinero; que bancos como Goldman Sachs especulen con sus participaciones, y que, de producirse salidas a Bolsa este año, acaben en completo fiasco.

    “En lo que a redes sociales se refiere, no se está invirtiendo en resultados, sino en potencial. Pero la diferencia es que hay más parámetros para demostrarlo. La eficacia de la publicidad en Facebook o en Twitter y su poder de recomendación es impresionante. Y el futuro del marketing pasa por ahí”, asegura Pommerening.

    Otros no piensan igual. Fred Wilson, de Union Square Ventures, accionistas en Twitter, Foursquare o Tumblr, reconoce en su blog que la competencia por los chollos está enloqueciendo a los inversores privados. “Si sólo se estuvieran disparando las valoraciones, no me preocuparía tanto. El problema es que grandes acuerdos de entre 5 y 15 millones de dólares se están cerrando en días sin apenas contrastar datos”, dice, a la vez que absuelve a Facebook de sospechas. “Todo el mundo sabe que es un ganador”.

    Hasta Bono, el cantante de U2, se ha hecho accionista del negocio de Zuckerberg (posee un 1,5% a través de la entidad Elevation Partners). Aunque Facebook no parece que vaya a salir a Bolsa este año, ya ha levantado el recelo del regulador bursátil de EEUU, la SEC, por, supuestamente, saltarse las reglas para evitar publicar datos sobre cuánto gana o deja de ganar. JP Morgan calcula que solo genera cuatro dólares por visitante, lejos de los 24 de Google o los 189 de Amazon. Pero solo es una estimación. E igual ocurre con Twitter, Zynga o LinkedIn: sus cifras de facturación y rentabilidad son puras divagaciones.

    Rafael Casado, quien vivió la anterior crisis de las puntocom al frente de Terra y hoy lidera la start-up Tooio, asegura que cualquier comparación con la situación de 2000 es infundada. “Hace 10 años no existían empresas con 600 millones de usuarios”. Y define las webs de descuentos como Groupon y LivingSocial, también en el punto de mira, como un negocio redondo. “Están llevando la publicidad local, un sector muy mal servido por canales tradicionales como Yelp o Páginas Amarillas, al mundo digital. Groupon es una idea gigantesca”.

    Quizá por eso rechazaron la oferta de compra de Google por 6.000 millones de dólares, casi seis veces más de lo que les costó YouTube en su momento. Groupon, con sede en Chicago, ofrece ofertas diarias de negocios locales, desde tiendas de ropa hasta restaurantes, en ciudades de 150 países. Algunas fuentes sitúan sus ingresos de 2010 en 2.000 millones de dólares y lo definen como el “próximo gran negocio tras Google”. En pleno auge, ha comprado competidores en Israel (Grouper), Sudáfrica (Twangoo) e India (SoSasta), y le han surgido clones en España (Oooferton) y Francia (Bon-Privé). Pero la duda es la misma: ¿es un negocio tan sólido como venden sus inversores? ¿Aguantará la salida a Bolsa?

    Zynga, creadores de Farmville, tampoco se libra de las especulaciones. Su valoración se ha disparado a los 5.500 millones de dólares, más que el gigante del sector Electronic Arts. Y Quora, una web de preguntas y respuestas fundada por el anterior director técnico de Facebook, se está convirtiendo en el último fenómeno online, al que ya adjudican un valor de 86 millones de dólares.

    A las valoraciones infladas y modelos de negocio por cocinar se une la excesiva alegría en la compra de firmas de tecnología en una economía aún en fase de recuperación en EEUU y Europa. En 2010, JP Morgan contabilizó casi siete operaciones de compra por mes. La semana pasada, Skype se hizo con el servicio de vídeo Qik, Salesforce compró la firma de comunicación online Dimdim y Sourcefire, dedicada a la seguridad en Internet, adquirió Immunet. En total, 152 millones de dólares en solo tres operaciones.

    Si a ello añadimos los nuevos fondos que firmas de capital riesgo están creando para apostar por más puntocom, como el de 177 millones de euros cerrado el martes por la alemana

    Holtzbrinck Ventures (curiosamente, inversores en Groupon), el resultado es una fiebre inversora en la que las cifras pierden su significado.

    Está por ver si valoraciones y próximas salidas a Bolsa se indigestan o no. Por comparar a la inversa, falta aún un buen trecho para que Facebook, Twitter, Groupon y sus discípulos igualen en valor a Apple, Microsoft, Google o Amazon; las dos primeras, por encima de los 300.000 millones de dólares de capitalización. Pase lo que pase, algo es seguro: lo digital ya vale más que lo físico.

    Los grandes chollos

    Las últimas inversiones en firmas de Internet levantan sospechas sobre sus desmesuradas valoraciones. Los chollos más buscados son:

    - Facebook: supera los 600 millones de usuarios. La inversión de Goldman Sachs y el fondo ruso DST valora la red social en 50.000 millones de dólares, 50 veces más que hace cuatro años. Se estima que ingresó 2.000 millones de dólares en 2010.

    - Twitter: vale 4.100 millones de dólares y podría haber ingresado más de 150 millones en publicidad el año pasado. Cuenta con 160 millones de personas registradas.

    - LinkedIn: con 85 millones de cuentas, su valoración se sitúa en los 2.200 millones de dólares. Saldrá a Bolsa en 2011.

    - Zynga: cuenta con 80 millones de jugadores y está valorada en 5.500 millones de dólares. Se especula con su posible salida a Bolsa este año.

    - Groupon: con 12 millones de registros, ha cerrado esta semana una inversión de 950 millones de dólares, operación que sitúa su valoración en 4.750 millones de dólares.



    Eufemismos aparte: a las nuevas burbujas las llaman “bolsas de aires”. Son unos genios

    - Facebook o Twitter no provocarán una nueva burbuja tecnológica (El Economista - 31/1/11)

    (Por José Luis de Haro - Nueva York) Lectura recomendada

    Esa sensación que en la década de los 90 hinchó sin piedad el precio de compañías tecnológicas como Netscape vuelve a hacer acto de presencia de la mano de Facebook, Groupon o Twitter. Una vez más la valoraciones no sólo de estas startups sino de la grandes compañías del sector vuelven a engordar con fuerza. Recientemente hemos visto como Apple alcanzaba el estatus de segunda compañía más valorada del mundo, por detrás de Exxon Mobile, con una capitalización de mercado de 305.000 millones de dólares.

    Si a esto sumamos que la red social de Mark Zuckerberg podría costar más de 70.000 millones de dólares en el mercado privado mientras que Groupon rechazó una oferta de Google por valor de 6.000 millones de dólares porque su OPV podría recaudar hasta 15.000 millones de dólares, todo parece encaminado a que volvamos a caer sobre la misma piedra.

    En estos momentos, algunos apuntan que, quizás, la Comisión de Mercados y Valores (SEC, por sus siglas en inglés) debería tomar cartas en el asunto, algo que ya ha comenzado a hacer. Cabe recordar que, hasta la fecha, una compañía no tiene obligación de rendir cuentas a la agencia mientras su número de accionistas no supere los 499. De todos modos, la SEC podría estar a punto de orquestar cambios para los mercados privados e, incluso, podría obligar a Facebook a presentar sus cuentas, sea o no una compañía que cotiza en bolsa.

    Para John Prestbo, director ejecutivo y editor de los títulos que forman parte de los índices Dow Jones, los precios de estas compañías “son una locura” y “esto no es bueno para el futuro”. “Sólo porque Goldman Sachs pagó lo que pagó, no quiere decir que Facebook vale lo que piensa la gente”, explicó a elEconomista. De hecho dejó claro que “los precios en el mercado privado no van a traducirse en una nueva burbuja tecnológica”.

    Este especialista considera que “la prueba de fuego llegará con su posible salida a bolsa, cuando todo el mundo tenga oportunidad de examinar sus cuentas”. De todas formas, Prestbo dejó claro que “duda” que Facebook pueda correr la misma suerte que otras compañías como Google. “Desde mi punto de vista, Facebook carece de la misma sustancia que tuvo Google cuando comenzó a cotizar en bolsa”, señaló. Al fin y al cabo en estos momentos el modelo de negocio de la red social carece de un equilibrio entre crecimiento y sostenibilidad, según muchos expertos.



    Por su parte, Robert Buckland, director ejecutivo de estrategia global para Citi Investment, en estos momentos el sector tecnológico mantiene una perspectiva neutral, aunque reconoce que algunas valoraciones puedan considerarse “algo enriquecidas”. No hay que olvidar que el sector tecnológico se divide claramente en empresas ya asentadas, como Google, Microsoft, Intel, “cuyas valoraciones en estos momentos podrían considerarse bajas”, explica, y luego las nuevas compañías, cuyo valor suele ser más elevado en estos momentos.

    “En el caso de las establecidas, muchos se preguntan qué harán para seguir innovando aunque su nivel de efectivo sea envidiable mientras las startups están en pleno periodo de expansión y crecimiento, de ahí sus valoraciones elevadas”, apunta.



    Barry Silvert, uno de los capitanes de SecondMarket, una plataforma que permite a compañías privadas como Facebook vender acciones, no dudó en afirmar durante la conferencia Digital Life Design que las diferencias entre la burbuja tecnológica de las Dot.com y la situación actual es evidente. “Hace 10 años podías ser una compañía valorada en 150 millones de dólares y salir a bolsa, ahora tienes que valer más de 500 o 1.000 millones para poder dar el salto”.

    Para Silvert, compañías como Facebook o Groupon son únicas en su género, como sucedió con Google en su época, por eso rechazó el hablar de burbujas, un hecho que sólo ayuda a vender periódicos, desde su punto de vista. David Liu, analista del banco de inversión Jefferies & Co. en estos momentos “existe una desorbitada euforia en algunas partes” pero “se tratan más de bolsas de aire que de una nueva burbuja”.

    Si a la bolsa de aire (sic) le agregamos el trading de alta velocidad, el splash está servido

    ¿Se acuerdan del flash crash de mayo, cuando el Dow Jones llegó a caer un 8% en una sola sesión? Pues ahora puede llegar una catástrofe todavía mayor que se extendería más allá de las bolsas y afectaría a las divisas, las materias primas y los bonos. Los norteamericanos lo han bautizado como splash crash (splash significa salpicar”... Después del flash crash, puede llegar el splash crash (El Economista - 4/2/11)

    Las interconexiones entre plataformas de trading de alta velocidad hacen cada vez más probable un acontecimiento así. Los problemas geopolíticos como los de Egipto y el resto de países árabes son claros candidatos a provocar este crash, que secaría la liquidez de estas plataformas y provocaría el desastre en varios mercados.

    “Los efectos dominó ya no están limitados a un solo activo, los algoritmos son cada vez más sofisticados y acompasan todos los elementos que pueden tener impacto en la operativa de cualquier mercado”, advierte John Bates, director tecnológico de la empresa Progress Software.

    El flash crash del 6 de mayo (2010) tuvo como detonante la crisis de la deuda europea. Las investigaciones han determinado que hubo una gran orden de venta que dejó sin liquidez al mercado, lo que provocó que varias grandes empresas cotizaran momentáneamente a un centavo. Pero el daño quedó limitado a la bolsa.

    Onda expansiva

    Bates cree que, si se produce un acontecimiento similar en el futuro, y hay un shock en los programas algorítmicos que controlan el trading más agresivo, los efectos serán mucho más extendidos. Y este experto no es el único que teme un derrumbe en cascada si el miedo vuelve a apoderarse del mercado.

    “Estamos convencidos de que va a pasar. Estamos constantemente en alerta naranja en busca de señales de su desarrollo, porque, por definición, no vendrá de donde todo el mundo está mirando. Tiene que venir de donde nadie mira. Creemos que empezará en las divisas y se trasladará a la deuda”, opina Kevin Ferry, presidente de Cronus Futures Mangement.

    Un ejemplo de cómo sería un splash crash es el siguiente, según Bates: los traders que operan en una petrolera multinacional como BP -por decir una- se ponen nerviosos si la economía China empieza a debilitarse y la demanda de petróleo cae. Dado que el crudo está denominado en dólares, eso provoca una subida de esta divisa a la vez que se derrumban los futuros que apuestan por una subida del petróleo. Y eso, a su vez, impactaría en los precios de otras grandes petroleras como Exxon o Chevron.

    Aunque los programas algorítmicos están preparados para manejar un acontecimiento de este tipo, su traslado a los bonos afectaría a los bancos y los hedge funds. Y como estos mercados cada vez están más controlados por los mismos programas informáticos, que suponen más de la mitad del volumen de las bolsas, los efectos serían muy grandes, según este escenario.

    “Si se produce una gran inestabilidad o algo imprevisto y unos de estos algoritmos hace algo extraño o inesperado, el efecto dominó sería enorme en todas las clases de activos”, opina. “Los sistemas se colgarían, el limitado ancho de banda haría que las órdenes se colapsaran, los mercados se congelarían y eso salpicaría a todos los activos. El Apocalipsis”, concluye.

    Es cierto que se trata de un caso extremo, pero si algo nos ha enseñado esta crisis es que los riesgos que se ignoran porque parecen inverosímiles, ocurren. Son los famosos cisnes negros.



    Web 2.0 y Webonomics “buscan” Webonazos 2 para dejarlos en 0 (y si no, al tiempo)

    Facebook y Google han negociado con Twitter una posible oferta. Durante la negociación, el valor de la red social se ha situado entre 5.865 y 7.330 millones de euros, más del doble de la última tasación, realizada en diciembre tras una ronda de financiación. Estos precios han reavivado los fantasmas de otra burbuja online”... La “subasta” por Twitter reaviva el fantasma de otra burbuja en internet (Cinco Días - 10/2/11)

    En los años 2000 y 2001, la industria de internet vivió su peor momento a causa de la explosión de una burbuja generada por los excesos en la valoración de las empresas. Ahora, los comentarios sobre otra burbuja se han extendido por las altas valoraciones que se están haciendo de los nuevos gigantes de la red.

    Según publicaba ayer The Wall Street Journal, Facebook y Google han mantenido negociaciones con Twitter, para sondear una oferta. La cuestión clave es el precio. Y es que la red social de microblogging (se escriben post de hasta 140 caracteres) se está valorando entre 8.000 y 10.000 millones de dólares (entre 5.865 y 7.330 millones de euros). Las alarmas sobre burbuja saltan cuando se recuerda que, en la ronda de financiación que Twitter cerró en diciembre (2010), liderada por Kleiner Perkins Caufield & Byers, y en la que captó 200 millones, la sociedad se valoró en 3.700 millones. Twitter, que tiene 175 millones de usuarios, fue tasada en 1.000 millones en septiembre de 2009.

    ¿Son lógicos estos precios? Quién sabe. Twitter no ha publicado resultados nunca, si bien en la prensa de EEUU se dice que en 2010 alcanzó unos ingresos de entre 40 y 50 millones de dólares, procedentes de sus negocios de publicidad y los acuerdos con buscadores. Pero perdió dinero por el coste procedente de la gestión de los centros de datos. Para 2011, las estimaciones apuntan a un volumen de negocio cercano a 100 millones.

    Claro que ha habido ya una serie de valoraciones que han causado asombro. Facebook fue valorada en 50.000 millones de dólares tras cerrar una ronda de financiación de 1.500 millones. A su vez, la empresa de cupones de e-commerce Groupon rechazó una oferta de 6.000 millones de Google y planea salir a Bolsa este año. Una opción que ha escogido la red profesional LinkedIn, que ha sido valorada en 2.000 millones. Y la lista de nombres con movimientos de inversores no para: Forsquare, Pandora, Quora, Yammer, GroupMe...

    Las empresas de la web 2.0 se están enfrentando ya a su reválida. Deben demostrar que la gran cantidad de datos que manejan tienen un alto valor y son una fuente de negocio. De lo contrario, los comentarios sobre una nueva burbuja irán a más.

    Popularidad en el exterior y agitación interna máxima

    Las revueltas en Egipto han puesto de manifiesto el poder de Twitter. Ahora, quién no conoce a la red de microblogging. Pero para llegar a este punto de reconocimiento exterior, la empresa ha vivido una acelerada expansión interna.

    Durante el año 2010, Twitter ha elevado su plantilla en 100 empleados hasta superar los 350, contratando ingenieros y responsables de ventas. Todo bajo el mando de un nuevo consejero delegado, Dick Costolo.

    También los inversores han estado ajetreados. Durante la primera semana de febrero de 2011 se ha sabido que la firma del inversor Marc Andreessen ha comprado títulos de Twitter a otros accionistas por 80 millones. Quizá esté tomando posiciones. Y es que, como se recuerda en blogs especializados, el cofundador Evan Williams y el citado Costolo ya han vendido en el pasado alguna empresa a Google.

    La cifra: 315 millones de dólares casi en efectivo va a pagar AOL por la web de noticias Huffington Post, en torno a 10 veces los ingresos de 2010.



    El retorno de la “exuberancia irracional” de los mercados (mañana digo basta…)

    Los osos hace meses que están hibernando y los escépticos comienzan a creer. Ayer, el Standard & Poor´s 500 volvió a dar muestras de la fortaleza del rally: sumó 8,31 puntos para alcanzar los 1.336,32 enteros o, lo que es lo mismo, ya se encuentra al doble de sus mínimos de marzo de 2006, en los 666,79 enteros”... El S&P 500 “cumple” un 100% de subida en dos años para volver al nivel previo a Lehman (El Confidencial - 17/2/11)

    De esta manera, el índice ha registrado la subida de un 100% más rápida desde 1936, cuando acumuló 501 días de rally alcista. En esta ocasión el optimismo en los mercados viene durando 707 días, según publica The Wall Street Journal.

    Además, el último empujón registrado en las primeras semanas de 2011 ha venido a desafiar los augurios de inversores y analistas que aseguraban por lógica se tenía que producir una corrección tras un magnífico 2010.

    “En menos de dos años, el S&P500 ha doblado, algo estupendo para aquellos que fueron lo suficientemente prudentes como para aguantar”, asegura en The Wall Street Journal Erik Davison, director de inversiones de Wells Fargo Private Bank. “Pero tienen que ser cautelosos con la sobreconfianza, sabemos que las correcciones ocurren con regularidad”.

    En este sentido, el analista asegura que cuando has subido un 100% y existe una exuberancia irracional, a lo único que se debe tener miedo es, precisamente, a la ausencia de miedo. Es lo mismo que ocurrió con las acciones tecnológicas con el pinchazo de la burbuja puntocom o con el mercado inmobiliario japonés



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    Zuck, Goldman, and so on: ¿todo preparado para atrapar a los próximos “burbu-giles”?

    Vuelve a hablarse de burbuja en Silicon Valley. Empresas de Internet no cotizadas están alcanzando de pronto valoraciones altísimas, aunque todavía tienen que demostrar que pueden captar dinero a estos precios”... ¿Estamos ante una nueva burbuja de Internet? (El Economista - 18/2/11)

    Algo que recuerda mucho a lo ocurrido en el año 2000, que acabó con la mayor caída de la Historia del Nasdaq, que se encuentra aún casi a la mitad de su máximo histórico.

    Zygna, una empresa de juegos en red, fue valorada en 5.000 millones de dólares en varias pequeñas colocaciones privadas de acciones hace tres meses, y ahora planea captar una nueva ronda de capital a una valoración de 9.000 millones.

    Groupon, el club de ventas locales que rechazó una oferta de Google por 6.000 millones a finales de 2010, ha recibido informes de bancos de inversión para su salida a bolsa que la valoran entre 15.000 y 20.000 millones.

    Y Facebook, que el mes enero cerró una operación con Goldman Sachs a un precio de 50.000 millones, va a ayudar a que sus directivos vendan parte de sus acciones con una valoración de 60.000.

    Dada la velocidad con la que estas cifras se han disparado en cuestión de semanas, es tentador considerarlo fruto de un mercado sobrecalentado, con el añadido de la falta de información real sobre la marcha de estas empresas.

    Para algunos analistas, esa explicación ignoraría las grandes fuerzas que hay detrás de este fenómeno. Las redes sociales y el Internet móvil están cambiando la naturaleza del comportamiento online, y cambios tan grandes como estos en la tecnología suelen generar nuevos líderes... aunque a menudo también son una excusa para que se formen burbujas de las de toda la vida.

    Según Richard Waters, redactor jefe del Financial Times en la Costa Oeste de EEUU, hay tres pruebas básicas para este nuevo grupo de niños bonitos de Internet; si han encontrado un modelo de ingresos rentable; si los mercados que están creando llegarán a ser suficientemente grandes para sostener sus valoraciones; y qué impacto puede tener la competencia futura en su crecimiento y sus márgenes.

    Estos analistas aportan algunas pruebas con las que sustentan su confianza en estas compañías. Groupon espera duplicar sus ingresos este año hasta 3.500-4.000 millones, de los cuales la mitad son para la empresa y la otra mitad para sus distribuidores. Zygna espera un crecimiento de entre el 150% y el 200% de sus ingresos desde los 1.000 millones del pasado, ya que su modelo de negocio es muy rentable. Y Facebook, que aloja algunos productos de Zygna como FarmVille, se queda con una buena porción de estas ventas.

    Según esta medida, Twitter sigue siendo el mejor ejemplo de una empresa de Internet cuyo valor se basa más en la esperanza que en los hechos. Pese a un cambio de moldeo orientado a ganar dinero, sus ingresos apenas superarán los 100 millones este año, pese a lo cual se la valora entre 4.000 y 8.000 millones.

    En todo caso, las grandes dudas surgen al plantear el posible impacto de la competencia en todas estas empresas.

    Como las barreras de entrada son mínimas, Internet puede ser despiadado, como han comprobado muchas empresas de comercio electrónico -donde el precio es el factor decisivo-, de juegos o incluso los grandes buscadores de Internet 1.0, como Yahoo y AOL, arrasados posteriormente por Google. ¿Alguien se acuerda de AskJeeves?...

    Una burbuja se define por demasiado dinero buscando activos, una mayor producción de esos activos, y la necesidad de encontrar un tonto mayor para comprarlos

    Casi todas las semanas aparece una nueva estimación del precio de una empresa tecnológica que, a ojos de algunos, parece astronómica”... La web 2.0 y el temor a la burbuja (BBCMundo - 21/2/11)

    Pero el mundo de la tecnología recuerda todavía el colapso sufrido por la industria en abril de 2000.

    Ahora la comparación es inevitable: ¿estamos ante una nueva burbuja especulativa de internet, esta vez de la web 2.0?

    Se supone que Facebook vale US$ 50.000 millones, Groupon rechaza ofertas por US$ 6.000 millones y algunos valoran a Twitter en cerca de US$ 10.000 millones.

    El más reciente anuncio de una firma tecnológica alcanzando valoraciones estratosféricas parece ser el del servicio de música Spotify, que según el blog sobre tecnología TechCrunch está a punto de cerrar un acuerdo con la inversora Digital Sky Technologies (DST) para captar financiación. El sitio informa que DST valora en US$ 1.000 millones a Spotify.

    En muchas de estas empresas confluyen dos elementos: son compañías de la web 2.0 y son valoradas a cifras impensables hace poco más de un año.

    Hay quienes aseguran (me incluyo entre ellos) que, al igual que ocurrió en 2000 con la primera generación de empresas punto.com, los precios sugeridos para algunas de estas firmas no guardan relación con su valor económico real, y que eventualmente sería inevitable una corrección del mercado que refleje aspiraciones más modestas.

    Y es que no está claro si la facilidad para atraer alto número de visitas, lo que ha puesto en la mira de los inversores a muchas de estas empresas, es algo que se puede traducir siempre en utilidades.

    El antecedente



    La burbuja de las punto.com estalló en abril de 2000, después de que el avance de las empresas vinculadas a lo que entonces era un sector relativamente nuevo, internet, provocara un sostenido aumento en las valoraciones de muchas de ellas.

    Los movimientos especulativos coincidieron con una enorme disponibilidad de capital de riesgo que ayudó a alimentar la burbuja, pero al final terminaron con el desplome de muchas de esas empresas.

    Otros analistas no creen que el actual aumento en los precios de las firmas tecnológicas refleje necesariamente una burbuja. “Las empresas de Internet, de la mano de Google inicialmente, han demostrado que pueden ser muy rentables, y las valuaciones están justificadas, al menos en parte, por la posibilidad de generar ganancias”, sostienen.

    “Muchos negocios web están haciendo dinero con la publicidad. Y esa es sólo una parte. Otro punto interesante es la simplicidad de los pagos online de montos pequeños en relación al año 2000, que permite por ejemplo la venta de bienes virtuales en juegos y micropagos en tiendas online”, agregan.

    “Tonto mayor”

    Sin embargo, muchas de esas empresas de la web 2.0 no cotizan en bolsa y por lo tanto no están sometidas a los rígidos controles regulatorios de las que sí lo hacen.

    Por ejemplo, Twitter jamás ha hecho públicos sus resultados. Por eso es más complejo determinar si las valoraciones de que son objeto son las correctas.

    Alan Patrick, de la consultora tecnológica Broadsight, opina que efectivamente estamos ante un nuevo episodio de especulación.

    “Una burbuja se define por demasiado dinero buscando activos, una mayor producción de esos activos, y la necesidad de encontrar un tonto mayor para comprarlos”, opina Patrick, citado por el diario británico The Guardian…



    El dispensador de razones (¿me estoy perdiendo algo?)

    El futuro es siempre incierto, aún en los días (negocios) en que no lo parece. No obstante ello, si este es el cambio revolucionario de modelo (paradigma) a la altura de la crisis, vamos dados.

    No es mi intención hacer predicciones, ni hablar en profundidad del tema bursátil, únicamente pretendo hilvanar algunos datos e ideas para que racionalmente tomen las decisiones más oportunas en sus inversiones. Mi consejo es que cada cual se guíe por su sentido común.

    Internet es una magnífica herramienta para la búsqueda de información, pero a su vez es perfecto para los manipuladores.

    Las redes sociales, con su dependencia devenida o adicción provocada, pueden lograr la matanza de los cerebros; entonces, cuando “salgan a bolsa” al fraude intelectual (el control de nuestras mentes), agregaran el fraude económico (la apropiación de nuestros bolsillos), y si no, al tiempo (quedan avisados).

    ¿“Estamos presenciado la historia”, como dice Obama, o estamos presenciando “otra historia” (desde la Tierra de la Fantasía) como decía el viejo Walt Disney (antes de quedarse congelado)?

    Lo único que puedo decirles (tómenlo como una “leve percepción”, si quieren) es que el estallido de la próxima burbuja de las puntocom será más grave y profundo que el anterior y ya no habrá “manguera” de Greenspan, ni “helicóptero” de Bernanke (los grandes “estimuladores”), con que paliarla. Será el fin del riesgo moral. Daremos la bienvenida al riesgo real (y total). Y que cada especulador aguante su vela. ¡Al fin!

    A partir de esta “leve percepción”, son ustedes los que deben tomar decisiones. Como decía mi padre: “con tu dinero has lo que quieras” (con el vuestro, por favor, no con el prestado).

    Aunque en mi caso “nunca” vaya a realizar este tipo de inversiones (probablemente pueda perder de ganar, bastante -en su caso-, pero seguramente podré ganar de perder, mucho más -en caso contrario-), asigno altas probabilidades de fracaso a una economía que parece más fruto de la ciencia ficción que de mejoras reales, y actúo en consecuencia.

    Como siempre no animo ni desanimo a la compra, esta es una simplificación carente de valor para tomar una decisión que debe ser profundamente meditada. Eso sí, les recomiendo que no crean en la “pura magia creativa” y mucho menos adopten un “comportamiento de manada” (y se dejen arrear al matadero mansamente, por las serpientes encantadoras de hombres).

    En un mundo plagado de hipocresía el dilema del pequeño inversor, tal vez, no sea una cuestión de “redes” y de “poder” (siempre, de los otros), sino de poder escapar de las redes (siempre, de los otros). Que de eso se trata.

    Y así es como la mentira, las medias verdades o incluso la manipulación de los hechos con frases medianamente ingeniosas sacadas del laboratorio hueco de las ideas se han apoderado de la vida económica.

    Sin duda no pertenezco “a ese mundo” de las redes sociales, los SMS, Facebook, los artículos en Twitter, y los “videítos” de YouTube, pero me permito preguntarles (perdón): ¿en todas esas “fantasías enredadas”, cuál es su activo subyacente? Mientras buscan la respuesta, por las dudas (perdón), no hagan del capital riesgo un capital en riesgo. Por ahora, en vez de ‘cadenas de valor’ lo único que veo son ‘cadenas de papel’.

    No se crean el argumento: “esta vez es diferente”. Tal vez, logren separar la vida del video juego y la billetera de la mesa de juego. Suerte.

    En este punto se plantea la “gran pregunta”: ¿qué pasará cuando la “morfina” -segunda ronda de estímulos financieros- sea retirada? Esto será lo que realmente separe el grano de la paja y permita comprobar si el paciente puede mantener su “danza frenética” sin estimulantes extremos. Entonces se sabrá finalmente si las altas valoraciones de las “redes sociales” y sus negocios colaterales, son grano o paja. Un nuevo hito u otro timo.

    ¿Mark Zuckerberg for President? or ¿Mark Zuckerberg will be the next Bernie Madoff?

    Los portales de socialización y las pilas de efectivo. En esta realidad virtual de gadgets (video juegos, teléfonos inteligentes, tabletas…), animaciones express, redes sociales, reportajes de autor, mensajes -poco alfabetizados- contenidos en 140 caracteres, frivolidades varias y otras memeces, puede que se mantenga la estrategia (premeditada) de vender las participaciones accionariales fuera de los circuitos bursátiles, con operativa “over the counter”, escaza transparencia, uso indebido de información privilegiada, rumores intencionados o manipulación fraudulenta del valor de la acción.

    En ese caso, vislumbro el riesgo de una “implosión -nuclear- controlada”, que a los viejos, como yo, puede recordarles los ensayos nucleares que se realizaban en el Atolón de Mururoa (Polinesia Francesa). Entonces la burbuja podría estallar fuera de la bolsa y sólo quedaría el tendal de los “burbugiles”, para dar testimonio del estropicio (evitando el contagio al resto del mercado bursátil). Un flagrante ejercicio de premeditación, complicidad y alevosía. Business as usual…

    Después del “día de la víctima”, The Wall Street Journal, Financial Times, Newsweek, ciertos gurús mediáticos u otros “quiebra cabezas” similares, sólo hablarán de “daños colaterales” y comenzarán a “inflar” la próxima burbuja. Sic transit gloria mundi…

    Probablemente tenga mucho (todo) de ingenuo, pero poco (nada) de cínico, por ello me permito reiterarles (rogarles): no actúen como manada, no se dejen arrear, no sigan demostrando algo que no se sabe si es una virtud excelsa o un defecto reprobable: unas grandes, inmensas, tragaderas. Tragaderas ante la mentira o el ocultamiento pertinaz.

    Cuidado con la exuberancia enredadora de las redes sociales (y otras redes más nebulosas) en las que probablemente los usuarios (adictos) “piensen de que existen”.

    (Reciente estudio) National Sleep Foundation: Son muchos los datos que arroja este estudio, pero quédense con uno especialmente relevante: uno de cada diez adolescentes estadounidenses duerme con el móvil encendido, y lo que es peor, se despierta con cada correo, SMS o Tweet que llega de madrugada.

    (Y al final) Si ustedes creen que se pueden hacer grandes negocios con estos “tontos del culo”, compren acciones de las empresas que los arrean, espían, analfabetizan, manipulan y prostituyen (si pueden). Si no creen en ello (y además les provoca náuseas, como a mí), pues actúen en consecuencia (y en conciencia). De no ser así, además de cómplices (por omisión), serán los próximos “burbugiles” o “webonazos” (por inversión). Mi propuesta es: “no invertir en actividades autodestructivas”. That’s all.

    En el Paper - La economía del entretenimiento (la civilización del espectáculo y el pastel de las redes sociales), publicado el 15/2/13, relataba:

    ‘Una giornata particolare’ de ‘@un-mundo-feliz’ (según la interpretación de la BBC):


    Catálogo: papers
    papers -> Brasil en un mundo de crisis
    papers -> Cincuenta años de economia y cincuenta años de vida de la asociacion argentina de economia politica (aaep)
    papers -> Paper … y la batalla de la triple a la guerra de las divisas
    papers -> Paper El abandono del progreso (posibilidades económicas para nuestros nietos) El peligroso sendero del año 2017 (al borde del abismo), puede hacer bueno al 2016
    papers -> Conflicto de racionalidades: el caso del proyecto de hidroaysén en la patagonia chilena
    papers -> Tendencias del pasado en la economía actual
    papers -> La crisis permanente de las clases populares: condiciones de trabajo y vida en la vega media del río segura (murcia)
    papers -> Paper La crisis del empleo de los jóvenes (una generación -tal vez, dos- entre paréntesis) Parte I
    papers -> Prensa deportiva y economía política: la evolucion historica del diario marca
    papers -> Paper Crítica a la opinión de Krugman y Stiglitz, sobre la reestructuración o el impago de la deuda griega (III round), generada o agravada por el gobierno de Syriza
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