• ZOLA, Émilc: 86. Zone (Apollinairc): 435, 440, 50811. ZORRILLA, José: 102. ZUKOFSKI, Louis: 458.

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    YEATS, William Butlcr: 95, 100, 111, 226, 236, 379—38O, 414, 455, 504, 509, 526, 546.

    YNDURA1N, Domingo: 573n.

    ZEAMI Motokiyo: 18.

    ZELAYA,Josc Santos: 412.

    Zeus: 200.

    ZEUX1S:45.

    ZOLA, Émilc: 86.

    Zone (Apollinairc): 435, 440, 50811.

    ZORRILLA, José: 102.

    ZUKOFSKI, Louis: 458.


    1 Jcan Louis Poirier, en la sección dedicada a los sofistas, en Les Présocratiques, edición de Jean—Paul Dumont con la colaboración de Daniel Delattre y del citado Poirier, Bíbliothéque de la Pléiade, París, Gallimard, 1988.

    2 No enteramente. Años más tarde, en su Biograpby Literariat Coleridge señaló que, aunque el prefacio era half 4 child ofmyovrn Bram, en un punto no coincidía con las ideas de su admirado amigo. Se refería a la dicción poética: para Wordsworth d poeta debería usar el lenguaje realmente hablado por los hombres en su vida diaria —una idea que no ha cesado de fertilizara los poetas modernos; para Coleridge el lenguaje poético, como lo mostraban precisamente los mejores pasajes de Wordsworth, tendía naturalmente a separarse del habla coloquial. Es una discusión que continúa hasta nuestros días.


    3 Énrico Mario Santí, «Introducción» a Primeras letras (i93X—*94Ú Barcelona, Seix—Barral, 1988.

    4 La influencia de Ortega y Gasset y de las publicaciones filosóficas de Revista de Occidente fue decisiva en mi iniciación. Después no fue menos importante, para mi generación y para los más jóvenes, la presencia de José Gaos, trasterrado en México y traductor de Heidegger.


    5 Ahora, al preparar este volumen, volví a releer El arco y la lira y sentí el impulso de cambiar y suprimir muchas opiniones demasiado categóricas y no pocos juicios sumarios. Resistí a la tentación: peor es menearlo.

    6 Hoy, quince años después de escrito este párrafo, no diría exactamente lo mismo. La lingüística, gracias sobre todo a N. Trubetzkoy y a Román Jakobson, ha logrado aislar al lenguaje como un objeto, al menos en el nivel fonológico. Pero si, como dice el mismo Jakobson, la lingüística ha anexado el sonido al lenguaje (fonología), aún no ha realizado la operación complementaria: anexar el sentido al sonido (semántica). Desde este punto de vista mi juicio sigue siendo válido. Señalo, además, que los descubrimientos de la lingüística —por ejemplo: la concepción del lenguaje como un sistema inconsciente y que obedece a leyes estrictas e independientes de nuestra voluntad— convierten más y más a esta ciencia en una disciplina central en el estudio del hombre. Como parte de esa ciencia general de los signos que propone Lévi—Strauss, la lingüística colinda, en uno de sus extremos, con la cibernética y, en el otro, con la antropología. Así, quizá será el punto de unión entre las ciencias exactas y las ciencias humanas. (Nota de 1964,)

    7 Wilbur Marshall Urban, Lenguaje y realidad, Lengua y Estudios Literarios, México, Fondo de Cultura Económica, 1952.

    8 Hoy no afirmaría de modo tan tajante las diferencias entre comunicación animal y humana. Cierto, hay ruptura o hiato entre ellas pero ambas son parte de ese universo de la comunicación, presentido por todos los poetas bajo la forma de la analogía universal, que ha descubierto la cibernética. (Nota de 1964)

    9 Op. dt

    10 Op. cit.

    11 Sobre «Poesía, sociedad y Estado», véase el Apéndice i, pág. 277.

    12 La lingüística moderna parece contradecir esta opinión. No obstante, como se verá, la contradicción no es absoluta. Para Román Jakobson, «la palabra es una parte constituyente de un contexto superior, la frase, y simultáneamente es un contexto de otros constituyentes más pequeños, los morfemas (unidades mínimas dotadas de significación) y los fonemas». A su vez los fonemas son haces o manojos de rasgos diferenciales. Tanto cada rasgo diferencial como cada fonema se constituyen frente a las otras partículas en una relación de oposición o contraste: los fonemas «designan una mera al—teridad». Ahora bien, aunque carecen de significación propia, los fonemas «participan de la significación» ya que su «función consiste en diferenciar, cimentar, separar o destacar» los morfemas y de tal modo distinguirlos entre sí. Por su parte, el morfema no alcanza efectiva significación sino en la palabra y ésta en la frase o en la palabra—frase. Así pues, rasgos diferenciales, fonemas, morfemas y palabras son signos que sólo significan plenamente dentro de un contexto. Por último, el contexto significa y es inteligible sólo dentro de una clave común al que habla y al que oye: el lenguaje. Las unidades semánticas (morfemas y palabras) y las fonológicas (rasgos diferenciales y fonemas) son elementos lingüísticos por pertenecer a un sistema de significados que los engloba. Las unidades lingüísticas no constituyen el lenguaje sino a la inversa: el lenguaje las constituye. Cada unidad, sea en el nivel fonológica o en el significativo, se define por su relación con las otras partes: «el lenguaje es una totalidad indivisible», (Nota de 1964)

    13 Maree! Granel, La pen—ée chinoise, París, 1938.

    14 H. Hubert y M. Mauss, Mélanges d'histoire des religions, París, 1929.

    15 Aristóteles, Poética, Versión directa, introducción y notas por Juan David García Bacca, México, 1945.

    16 En Linguistits and Poetics, Jakobson dice que «farfrom being an abstract, theore—tical scheme, meter —or in more explicit terms, verse design— underlies the structure of mí w;y single Une— ort in logical terminology, any single verse instance... The verse design determines the invariant features of the verse mstances and sets up the limit of varia—tions». En seguida cita el ejemplo de los campesinos servios que improvisan poemas con metros fijos y los recitan sin equivocarse nunca de medida. Es posible que, en efecto, los metros sean medidas inconscientes, al menos en ciertos casos (el octosílabo español sería uno de ellos). No obstante, la observación de Jakobson no anula la diferencia entre metro y verso concreto. La realidad del primero es ideal, es una pauta y, por tanto, es una medida, una abstracción. El verso concreto es único: «Resuelta en polvo ya, mas siempre hermosa» (Lope de Vega) es un endecasílabo acentuado en la sexta sílaba, como «Y en uno de mis ojos te llagaste (San Juan cíe la Cruz) y como *De ponderosa vana pesadumbre» (Góngora). Imposible confundirlos: cada uno tiene un ritmo distinto. En suma, habría que considerar tres realidades: el ritmo del idioma en este o aquel lugar y en determinado momento histórico; los metros derivados del ritmo del idioma o adaptados de otros sistemas de versificación; y el ritmo de cada poeta. Este último es el elemento distintivo y lo que separa a la literatura versificada de la poesía propiamente dicha. (Nota de 1964.)


    17 Sobre ritmos verbales y fisiológicos, véase el Apéndice z, pág. 284.

    18 No es extraño: la historia de Inglaterra y la de los Estados Unidos pi;.ede verse como una continua oscilación —nostalgia y repulsión— que alternativamente los acerca y los aleja de Europa o, más exactamente, del mundo latino. Mientras los germanos, inclusive en sus épocas de mayor extravío, no han cesado de sentirse europeos, en los ingleses es manifiesta la voluntad de ruptura, desde la Guerra de los Cien Años. Ger—mania sigue hechizada, para bien y para mal, por el espectro del Sacro Imperio Romano Germánico, que, más o menos abiertamente, ha inspirado sus ambiciones de hegemonía europea. Gran Bretaña jamás ha pretendido hacer de Europa un Imperio y se ha opuesto a todas las tentativas, vengan de la izquierda o de la derecha, invoquen el nombre de César o el de Marx, por crear un ordea político que no sea el del inestable «equilibrio de poderes». La historia de la cultura germánica, con mayor énfasis aún que su historia política, es una apasionada tentativa por consumar la fusión entre le germano y lo latino. No es necesario citar a Goethe; la misma pasión anima a espíritus tan violentamente germánicos como Novalis y Nietzsche o a pensadores en apariencia tan alejados de esta clase de preocupaciones como Marx.

    19 Esto explica la escasa influencia dd surrealismo en Inglaterra y los Estados Unidos durante ese período.

    20 Véase el libro T. S. Eliot, A Stndy of his Wrüings by Several Hands, Londres, 1948.

    21 Se adopta la grafía e. e. cummings, respetando el deseo del poeta estadounidense que llegó a legalizar así el registro de su patronímico. (Nota del editor.)

    22 Roberto Vernengo propone, paia evitar confusiones, la expresión: «mención poética»

    23 Stéphane Lupasco, Le Principe d'antagonisme et la logique de Vénergie, París, 1951,

    24 Svetasvatara Upanishad. The Thirteen Principal Upanishads, translated from the Sanskrit by R. E. Hume, Oxford University Press, 1951.

    25 Katha Upanisbady véase nota de la página anterior.

    26 Arthur Waley, The Life and Times of Po—Chü—I, Londres, 1949.

    27 Arthur Waley, The Way and its Power. A Stady oftbe Tao Té Ching and its Place in tbe Chínese Thougbty Londres, 1949.

    28 Op. CÍL

    29 Todo esto fue escrito diez años antes de la aparición de La Pensée sauvage (1962). En esa obra capital, Lévi—Strauss muestra que la «mentalidad primitiva» no es menos racional que la nuestra. (Nota de 1964.)

    30 D. T. Suzuki, Manual of Zen Buddhism: From the Chínese Zen Masters, Londres, 1950. En realidad, Maha es grande; Prajna^ sabiduría; Paramita, perfección (L. Renou y J. Filliozat, Ulnde classique, 1953).

    31 D. T. Suzuki, Essays on Zen Buddhism (First Series), Londres, 1927.

    32 Rodolfo Otto, Lo santo, traducción de Fernando Vela, Madrid, 1928.

    33 Rodolfo Otto, Lo santo, Madrid, 1928.

    34 Op. cit.

    35 Alphonse de Waelhens, La Pkilosophie de Martin Heidegger, Lovaina, 1948.

    36 Op. cit.

    37 R. Otto, op. cit.

    38 Martin Heidegger, El ser y el tiempo, traducción de José Gaos, 2a ed., México, Fondo de Cultura Económica, 1962.

    39 Étienne Gilson, L'Esprit de la phüosophie médiévale^ París, 1944,

    40 José Gaos, Introducción a «El ser y el tiempo», México, Fondo de Cultura Económica, 1951.

    41 Op. át.

    42 S. Freud, La interpretador; de los sueños.

    43 Vita nuova, XII.

    44 Dante señala que a la edad de nueve años encuentra por primera vez a su amada; que tras otros nueve, precisamente a las nueve horas, la vuelve a ver; que las visiones ocurren a las nueve de la mañana o de la noche; que Beatriz muere el año noventa del siglo XIII, esto es, en un año que es nueve veces el número diez, cifra santa. Nerval, en diversos pasajes de Aurélia> subraya la importancia del siete en su vida.

    45 Dejo intencionalmente de lado la religión minoica, con su gran Diosa y sus cultos agrarios y subterráneos.

    46 Raftaele Pettazzoni, La Religión dans la Gréce antigüe, París, 1953.

    47 Wemer Jaeger, Paideia, México, Fondo de Cultura Económica, f cd., 1962. Esta afirmación de Jaeger es discutible. La legalidad cósmica aparece en la poesía védica, entre los chinos, los antiguos mexicanos, etc. Lo que no aparece en esas civilizaciones es el conflicto trágico.

    48 Wcrncr Jaeger, La teología de los primeros filósofos griegos, México, Fondo de Cultura Económica, 1952.

    49 R. Pettazzoni, La Religión dans U Gréce antique, París, 1953.

    50 W. Jaeger, Paideia

    51 La literatura europea es un todo, y las diversas literaturas nacionales que la componen sólo son comprensibles plenamente dentro de ese todo. Sobre la concepción de la poesía occidental como una «unidad de sentido», véase la obra de Ernst Robert Curtius, Literatura europea y Edad Media latina, México, Fondo de Cultura Económica, 1955.

    52 Sobre Quevedo, político realista, véase el ensayo de Raimundo Lkla, «Cartas de Quevedo», publicado en el número 1 de Cuadernos Americanos^ México, 1953.

    53 Martin Heidegger, Kant y el problema de la metafísica, México, Fondo de Cultura Económica, 1954.

    54 On Method, Essay XI

    55 Biographia Literaria.

    56 AI! Religión* are Oney 1778.

    57 Nadie, entre nosotros, ha retratado mejor la ambigüedad de ese momento que Pérez Galdós, en las dos primeras series de los Episodios nacionales. Gabriel Araceli y Salvador Monsalud combaten todavía en cada español e hispanoamericano.

    58 Sobre el caso de Whitman, véase el Apéndice 3, pág. 286.

    59 Años más tarde, ya en el exilio, Trotski modificó sus puntos de vista y afirmó que el único régimen posible para el artista sería el del anarquismo, la libertad absoluta, independientemente de las circunstancias por que atraviese el Estado revolucionario. Pero estas afirmaciones provienen de un hombre en la oposición.

    60 El tema de la cronología de los escritos de Rimbaud se ha planteado, a mi juicio, de una manera unilateral. Una cosa son las fechas en que fueron escritos los poemas y otra su lugar en la obra. Tampoco se trata de un problema psicológico: es indudable que Rimbaud, al escribir Une Saison en enfer, creía que era su palabra última, un adiós; pero inclusive si no hubiese sido así, ese texto efectivamente es un examen y un juicio final de la experiencia poética, tal como la conciben la llamada Lettre du Vo—yant e llluminatiom. Si se piensa que los poemas de Rimbaud constituyen una obra, si son un todo y no una colección de textos dispersos, Une Saison en enfer es posterior a llluminations, aunque algunos de éstos hayan sido escritos después.

    61 Introducción general a la crítica de la economía política.

    62 Estas líneas fueron escritas en 1964. Hoy, veintiséis años después, el enorme fracaso histórico del marxismo—leninismo es un hecho incontrovertible, Pero no ha surgido un nuevo pensamiento crítico y creador. Véase el capítulo final de La otra voz, páginas 581—592.

    63 Sigo en parte la interpretación del señor Gardner Davies (Vers une explication ra—tionelle du Coup de des, París, 1953), que ha sido uno de los primeros en advertir el sentido de afirmación que tiene el poema.

    64 Le Livre a venir, París, 1959.

    65 No es ésta la ocasión para examinar más de cerca la naturaleza de la sociedad azteca y desentrañar la verdadera significación de su arte. Baste apuntar que al dualismo de la religión (cultos agrarios de las antiguas poblaciones del Valle y dioses guerreros propiamente aztecas) corresponde también una organización dual de la sociedad. Sabemos, por otra parte, que casi siempre los aztecas emplearon a extranjeros vasallos como artífices y constructores. Todo esto hace sospechar que nos encontramos ante un arte y una religión que recubren, por medio de la acumulación y la superposición de elementos propios y ajenos, una escisión interior. Nada parecido nos ofrecen el arte maya de la gran época, el «olmeca» o el de Teoáhuacán, en donde la unidad de las formas es Ubre y espontánea, no conceptual y externa, como en la Coatlicue, La línea viva y natural de los relieves de Palenque —o la severa geometría de Teotihuacán— nos hacen vislumbrar una conciencia religiosa no desgarrada, una visión del mundo que ha crecido naturalmente y no por acumulación, superposición y reacomodo de elementos dispersos. O sea: el arte azteca tiende a un sincretismo, no del todo realizado, de contrarias concepciones del mundo, en tanto que el de las culturas más antiguas no es sino el desarrollo natural de una visión única y propia. Y éste es otro de los rasgos bárbaros de la sociedad azteca, frente a las antiguas civilizaciones mesoamericanas.

    66 Ángel Valbuena Prat, Historia de la literatura española, 1946.

    67 La idea del descubrimiento de América, México, 1951

    68 Son ahora el capítulo final de El arco y la lira. (de1 editor fue el poeta H. Murena, Snry Buenos Aires.)

    69 Citada por Charles A. Síngleton, Exita Israel de Aegipto.

    70 Ver Apéndice 1, página 477.

    71 San Agustín, De ávitate Dei

    72 Divina Comedia, «Infierno», canto IV.

    73 «The travels of Mirza Akü Taleb», en Sources of Iridian tradttion, Nueva York, Co—lumbia University Press, 1958

    74 Divina Comedta, «Infierno», canto X.

    75 The Everlasting Cospel [hacia I8J8], en The Complete Poetry ofWilliam Blake, con una introducción de Robcrt Silliman HilJycr, Nueva York, Random House, 1941.

    76 Hólderlin, Oeuvres, volumen publicado bajo la dirección de PhiHppe Jacottet, París.

    77 Gallimard, Bibliothcque de la Plciade, 1967. Incluye una selección de su correspondencia.

    78 R. J. White, ed., Pohtical Tracts ofWordsworth, Coleridge and Shelley, Cambridge, Cambridge University Press, 1953.

    79 F. L. Jones, ed., The Letters of Percy Bysshe Shelley* Londres, Oxford University Press, 1964.

    80 Ernest de Selirtcourt, ed., The Prelude, Londres, Oxford University Press, 1970. Hay dos versiones del poema; la segunda es de 1850 y contiene las enmiendas y modificaciones que le hizo Wordsworth desde 1806 hasta su muerte.

    81 F. L. Jones, ed., The Letters of Percy Bysshe Sheltey, Londres, Oxford Univcrsity Press, 1964.

    82 Friedrich Hólderlin, Poems and fragments, Londres, Routledge and Kegan Paul, edición bilingüe, traducción inglesa de Michael Hamburger, 1966.

    83 La primera versión es de 1789 y la última, incluida en la novela Siebi'nkas, es de 1796.

    84 El Sueño de Jean—Paul va a ser soñado, pensado y padecido por muchos poetas, filósofos y novelistas del siglo xix y del XX. En Francia fue conocido gracias al libro famoso de Madame de Staél: De VAllemagne (1814).

    85 Gérard de Nerval, Oenvrcs, París, Gallimard, Bibliothéquc de la Plciadc, 1952. Texto establecido, anotado y presentado por Albcrt Beguin y Jean—Paul Richier. Los sonetos de Nerval se publicaron por primera vez en 1844.

    86 La tumba de Cristian Roscniri'Htz, traducción de Octavio Paz.

    87 «Poetry and Religión—, en I. A. Richards, The Portable Coleridge, Nueva York, The Viking Press, 1950.

    88 Cf. Blütenstaub y Gbwben und ¡Jebe,

    89 «The Voice of the Dcvil», The Marriage of Heaven and Hcll, en The Complete Poetry of WiHútm Blakey Nueva York, Random Housc, 1941

    90 All rcligwns are one, 1788

    91 «On Homer's Poctry and on Virgil», 1810.

    92 Exageré. Musset, por ejemplo, es autor de algunas canciones dentro de la mejor tradición romántica, como Á Saint—Blaise, Cbanson de Barbcrinc> Venise... {Nota tíV 1990).

    93 Charles Fourier, Théorie des quatre moxvcments eí des destinées génératesy París, Editions Anthropos, 1967.

    94 Charles. Baudelaire, L'Art rotnantique. Réflexions snr qHclques—uns de mes contem—porains («Victor Hugo, í8éi»), en Oeuvres, París, Éd. Gallimard, Bibliothcque de la Plciadc, 1941.

    95 Stéphane Mallarmé, Correspondance, edición de Henri Mondor y Jean—Pierrc Richard, Parí?, Gallimard, 1959.

    96 A diferencia de los otros hispanoamericanos, los argentinos se inspiraron directamente en los románticos franceses. Aunque su romanticismo, como el de sus maestros, fue exterior y declamatorio, el movimiento argentino produjo un poco después, en la forma del «nacionalismo poético» (otra invención romántica), el único gran poema hispanoamericano de ese período: Martín Fierro, de José Hernández (1834—1866).

    97 Gracias a los trabajos críticos de Vicente Llorens —Liberales y románticos, Madrid, Castalia, 1968— y más recientemente a los de Juan Goytisolo —vid. Libre, 2, París, 1971—, empezamos a conocer la vida y la obra de Blanco White. Pero su voz nos llega con un siglo y medio de retardo.

    98 Ver el Apéndice 2, páginas 478—480.

    99 Chirles Baudelaire, «Le peintre de la vie moderno», 1863, Curiantes esthétiques.

    100 Cuadrivio, México, Siglo XXI, 1965; Postdata, México, Siglo XXI, 1970.

    101 Arcane 17, París, Sagittaire, 1947

    102 Dos libros: /.os crepiisat/o* del jardín, 1903. y Lunario sentimental, 1909.

    103 Los dos artículos han sido recogidos en ci segundo volumen de Literatura y revolución y otros escritos sobre la literatura y el artc> París, Ruedo Ibérico, 1969.

    104 L. Trotski, op. cit.

    105 L. Trotski, op. át

    106 Ver el Apéndice 3, páginas 480—484.

    107 Un CoHp de des se publicó por primera vez en 1897.

    108 «Mon caeur mis á nu», 1862—1864.

    109 Cf. Hugh Kcnner, Tfe Pound Era, Berkeley, University of California Press, 1971. La entrevista, con D. C. Bridson, apareció en el número 17 de Netv Directions, 1961.

    110 «The Metaphisical Poets» [1911], en Selccted E$$ays> Nueva York, Harcourt, Brace, 1932.

    111 Cf. Roger Shattuck, The Banquee Yean, Vintagc Books, 1955.

    112 The Art of Chínese Poetry, Londres, 1962.

    113 Los placeres prohibidos, 1931.

    114 «Dante», 1929, en Stíected Essays.

    115 «Horas situadas de Jorge Guillen»» en Puertas al campo, Barcelona, Seix Barral, 197*. Volumen 3, Obras completas, Círculo de Lectores.

    116 Corriente alterna, México, Siglo XXI, 1967; Conjunciones y disyunciones, México, Joaquín Mortiz, i$6% entrevista con Rita Guibert, en Seven Vokes, Nueva York, Al—fred A. Knopf, 1973.

    117 Cf. Daniel Bell, «The Post—industrial Society. The Evolution of an Idea», Survey, 78 y 79, Cambridge, Mass., 1971.

    118 En Corriente alterna he descrito las diferencias entre revolución, revuelta y rebelión. El ejemplo clásico de revolución es todavía la Revolución francesa y no sé si sea lícito aplicar esta palabra a tos cambios sociales que han ocurrido en Rusia, China y otras partes, por más profundos y decisivos que hayan sido. Uso la palabra revuelta para designar los levantamientos y movimientos de liberación nacional de Asia, África y América Latina (englobados bajo la inexacta etiqueta de Tercer Mundo), y rebelión para ios movimientos de protesta de las minorías raciales, liberación femenina, estu diantes y otros grupos en las sociedades industríales o en los sectores modernos de las naciones subdesarrolladas.

    119 Llamado también: Herácltto cristiano y Segunda harpa a imitaáón de David (1613).

    120 Cf. Los hijos del limo, Barcelona, 1974. (Incluido en el presente volumen.)

    121 Jean—Paul. Véase Los hijos del limo, capítulo III.

    122 Op. át.

    123 Guillaumc Apollinaire, Zone, 1912.

    124 Un ejemplo entre mil: el libro de Guillermo de Torre, Literaturas europeas de vanguardia, publicado en 1925.

    125 Recogido en el volumen colectivo La cultura del libroy Madrid, 1988.

    126 Sobre el caso de Verlaine hice por mi cuenta una pequeña investigación. Encontré que hasta su muerte en 1896, tas primeras ediciones de sus libros generalmente no rebasaron los seiscientos ejemplares y mil cien las segundas.

    127 Entre las excepciones que cita Gimferrer, la más notable es la de El corsario de Byron: ¡diez mil ejemplares vendidos el primer día! Para la época, comenta Gimferrer, algo parecido a la popularidad de los Beatles.

    128 El arto y la liray 1956 y, sobre todo, Los hijos del limo> 1972; incluidos en este volumen.

    129 Desierto quiere decir aquí lugar poco poblado. Quevedo escribió este soneto en un pequeño pueblo al norte de la Sierra Morena, en donde tenía una casa de campo.

    130 He tocado el tema en otros escritos, especialmente en Los hijos del limo (1976).

    131 Un ejemplo de esta buena clase de lectura es la que ha hecho Domingo Yndurain en su excelente edición dé las Poesías de San Juan de la Cruz, Cátedra, 1983.

    132 El más antiguo es Los signos en rotación, 1964, publicado primero de manera independiente como un pequeño libro, a manera de «manifiesto poético», Sur, 1955, y después incorporado a la segunda y definitiva edición de El arco y la lira, 1967, en donde aparece como el capítulo final. E1 segundo es La nueva analogía: Poesía y tecnología, 1967, recogido en la primera parte, «La modernidad y sus desenlaces», de El signo y el garabato, 1973. El tercero es El pacto verbal, 1980, incluido en Hombres en su siglo, 1984.

    133 Blanco, 1966; Discos visuales, 1968; Topoemas, 1968; Anotaciones/Rotaciones, 1974. Discos visuales fue realizado en colaboración con Vicente Rojo y Anotaciones/Rotaciones con Toshihiro Katayama.

    134 Véase Corriente alterna, 1967, especialmente la tercera parte y Tiempo nublado y 1983, capítulos IV y V.

    135 Hace muchos años me afané por dilucidar esta experiencia en la segunda parte de El arco y U lira, 1956.


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