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Neoliberalismo, redes de think tanks e intelectuales. Apuntes iniciales sobre el caso peruano




Neoliberalismo, redes de think tanks e intelectuales. Apuntes iniciales sobre el caso peruano.

Carlos Alberto Adrianzén.

Becario Doctoral CONICET

Doctorando Escuela de Política y Gobierno

UNSAM.

carlos.adrianzengb@gmail.com



“El porvenir de una ideología es muy

pobre si sólo se convierte en un libro.”

Alberto Flores Galindo.

En 1977 el Perú era testigo del inicio del proceso de transición que desembocaría en la salida del régimen militar y su reemplazo por uno civil tres años después. El país había estado inmerso en un profundo proceso de radicalización tanto desde arriba, como desde abajo. El gobierno militar de Velasco desde el poder y un conjunto de movimientos políticos sindicales y sociales, desde la base, le habían dado un cimbronazo al país. Las agrupaciones de izquierda clasista y revolucionarias se habían multiplicado durante la década, el movimiento sindical había crecido exponencialmente, en la iglesia católica la teología de la liberación se había expandido con fuerza tanto en las comunidades de base como en su jerarquía, y los campesinos estaban inmersos en un radical proceso de reforma agraria. Pese al abrupto final de la experiencia velasquista y su recambio por otro gobierno militar conservador, el Perú y sus estructuras sociales no volverían a ser las mismas.

Es justamente en estos años que Hernando de Soto comienza su labor intelectual en el Perú a contracorriente de lo que ocurría. Al cabo de algunos años este economista sería pieza fundamental en la construcción de las redes neoliberales en el Perú y su posterior auge.

La presente ponencia pretende dar cuenta de los inicios del neoliberalismo en el Perú, específicamente a través de la figura de Hernando de Soto y el Think Tank fundado por él, el Instituto Libertad y Democracia (ILD). Todo esto desde una perspectiva trasnacional que articule lo que sucedía en el país andino con los movimientos en la escena internacional

El nacimiento de un pensamiento colectivo.

Cuando en 1947 alrededor de 85 personas entre intelectuales, hombres de negocio y expertos de diversas disciplinas se reunieron en la ciudad suiza de Mont Pelerin para fundar la sociedad que luego llevaría su nombre, el neoliberalismo era una corriente política marginal en la escena internacional. Es durante ese encuentro y aquellos realizados durante los siguientes años que el neoliberalismo fue tomando forma 1.

Para los propósitos de esta ponencia hay dos elementos acerca del neoliberalismo que interesa poner de relieve. El primero tiene que ver con la manera de conceptualizarlo, mientras que el segundo con los mecanismos y estrategias que se pusieron en marcha para convertirlo en una corriente de alcance global. Ambos guardan estrecha relación como se verá a continuación.

Uno de los principales hitos de cualquier investigación académica pasa por la definición y construcción del objeto a investigar. En el caso del neoliberalismo su propia naturaleza ha hecho difícil la tarea de su conceptualización. ¿Qué entender por neoliberalismo? Es suficiente con establecer una equivalencia entre este y el Consenso de Washington o más bien es en realidad un sinónimo de la revolución marginalista en la ciencia económica de fines del siglo XIX. Algunos autores como Harvey (2008) y Bourdieu parecen haber seguido este camino, sin embargo, como señalan tanto Walpen (2006) y Mirowski y Plehwe (2009) este podría no ser el más adecuado.

Es imprescindible acercarse al neoliberalismo no definiéndolo desde una abstracción sustancial, al margen del campo en el que se inserta y de las formas en que dicha inserción toma. Resulta más productivo pensar al neoliberalismo como un conjunto relativamente abierto y plural, tanto en términos filosóficos, de sus ideas aplicadas y con respecto a su acción política. Además, es en su enfrentamiento con otras corrientes como el socialismo, el marxismo o el keynesianismo que el neoliberalismo ha tomado su forma actual.

Según Walpen (2006) el neoliberalismo es un conjunto de constelaciones que se superponen de manera imperfectas unas a otras, sostenido por un bloque histórico cuyos actores son más bien heterogéneos. Mirowski y Plehwe se referirán el neoliberalismo como un pensamiento colectivo, para enfatizar los desencuentros y la no necesaria coherencia absoluta de este como conjunto. Muchas veces sus miembros pueden disentir entre ellos respecto a determinados tópicos. Sin embargo, comparten un conjunto de valores y principios que les permiten comunicarse entre si pese a sus perfiles y diferentes y emprender “estrategias hegemónicas”. (2009:35).

El segundo elemento relevante es el de las formas, mecanismos y estrategias que el neoliberalismo (y en este caso la SMP) desarrollan en su proceso de despliegue global.

“…en el pasado el neoliberalismo no ha existido en un estado fijo, resulta mejor comprenderlo como un movimiento transnacional que ha requerido un esfuerzo substantivo así como mucho tiempo para alcanzar el nivel de coherencia y poder que exhibe en la actualidad.” (Mirowski y Plehwe, 2009: 426)

Friederich Von Hayek, el principal impulsor de la SMP concibió a esta como un foro relativamente aislado que permitiera un amplío debate sobre aquellos tópicos que se juzgaran relevantes. Dicha aislamiento implicaba también mantener una distancia de la actividad política más cotidiana. Von Hayek estuvo siempre en contra de la inclusión de personas actuantes directamente en el mundo de la política a la sociedad. El objetivo de la SMP era “facilitar el intercambio de ideas entre académicos con ideas afines, en la esperanza de fortalecer los principios y prácticas de una sociedad libre y estudiar los logros, virtudes y defectos de los sistemas económicos de mercado” (Mato, 2007:27 )

A diferencia de la Tercera Internacional, la SMP no se colocaba como el sumo interprete de un cuerpo determinado de conocimiento. Sus miembros no eran exegetas buscando realizar una interpretación canónica del neoliberalismo. Si bien la sociedad en algunas oportunidades ha señalado los límites en algunos temas (por ejemplo respecto al Estado y su existencia para una “sociedad libre”) y se producían algunas “purgas” a su interior no fue esta una práctica usual. Hay dos elementos que podrían explicar estas diferencias entre una y otra organización. Por un lado, la SMP hasta hoy no emite pronunciamientos públicos o documentos conjuntos al finalizar sus encuentros, reduciendo las posibilidades de graves desavenencias entre sus miembros. Por otro lado, su relativo aislamiento del poder político los exime de posicionarse de manera clara frente a determinadas coyunturas políticas, otorgándoles flexibilidad y poca visibilidad pública.

La red desplegada en torno a la SMP no está pues manejada de manera centralizada y cada una de sus constelaciones y miembros tiene relativa independencia para plantear sus puntos. Se puede apreciar entonces una correspondencia en la forma en como el cuerpo de ideas neoliberales se ha estructurado y las formas materiales que este ha tomado en el despliegue de su red. La naturaleza inacabada, de permanente construcción y de incompletitud del neoliberalismo como ideología política guarda relación con las formas materiales elegidas para la difusión de sus ideas.

La construcción de una red transnacional.

Una de las coincidencias más resaltantes de la bibliografía consultada tiene que ver con la novedosa forma en cómo el neoliberalismo estructuró su red global a través de un conjunto de innovadoras tecnologías y proceso que incluyeron: el despliegue de una amplia red de think tank de difusión e incidencia; redes de intelectuales y especialistas interconectados; y el establecimiento de premios, becas y otras formas de reconocimiento internacional.

“Desde que la Sociedad Mont Pellerin se reunió por primera (…), el neoliberalismo se ha apoyado fuertemente en el desarrollo de redes transnacionales, así como un nuevo estilo de organización basado en redes organizacionales antes que en la competencia política.” (Fisher , 2013: 72)

Las estructuras organizativas adoptadas por el neoliberalismo fueron influenciadas por las ideas que Von Hayek poseía sobre la relación entre intelectuales, ideologías y política. De hecho en su artículo “los intelectuales y el socialismo” el economista enfatizaba el papel central que les cupo a los primeros, así como a las instituciones que formaron en el surgimiento del socialismo.

Para Hayek, los intelectuales a través de su influencia sobre quienes deciden las políticas públicas tienen un importante poder. De hecho afirmaba que las actuales batallas políticas habían sido resueltas mucho antes, en círculos más pequeños donde a su vez se habían llevado previamente a cabo una batalla de ideas. (Hayek 1949, citado en Walpen: 33).

Sin embargo, el poder de los intelectuales y sus organizaciones no reside únicamente en su influencia sobre los círculos de poder más pequeños. Se extiende también hacia las multitudes a través de la opinión pública. Esta última, crecientemente letrada, supuso el desplazamiento de los expertos y especialistas a manos de los intelectuales. Estos últimos para Hayek no eran más que traductores que tomaban el conocimiento experto y lo procesaban para que pudiera ser comprendido por la opinión pública. Esta función, colocaba en un lugar clave a dichos intelectuales, pues les asignaba el papel de filtros de cara a una opinión pública letrada pero incapaz de comprender el conocimiento experto.

Hayek poseía una visión fabiana de los intelectuales y elitista de la política. La opinión pública actual, afirmaba Hayek, había sido moldeada por hombres como ellos, quienes habían creado el clima político en el que los políticos actuales debían moverse. (Mirowski: 432)

Si los intelectuales eran el filtro que había que atravesar para llegar a la sociedad, los neoliberales de la SMP decidieron construir sus propios filtros y para ello hacía falta una red propia. (Mitchel, 2009: 387)

La red creada por la SMP, tiene en su centro a esta sociedad, la cual opera como una especie de directorio donde se discuten un sin fin de temas. La comunidad intelectual que formaron en 1947 no estaba limitada a un cierto tipo de participantes, ni tampoco respecto a separaciones disciplinarias estrictas. Se planteó desde el inicio como un esfuerzo transdisciplinar. Quienes estuvieron encargados de la puesta en marcha de la red lograron conectar esferas fundamentales como la academia, los medios de comunicación, la política y los negocios, que en conjunto pudieran hacer frente a la hegemonía intelectual que buscaban desplazar. Los Think Tanks fueron la forma organizativa que articularía esta red de personas capaz de empaquetar y distribuir las nuevas ideas que se generaban en la SMP.

El modelo de expansión de los neoliberales, además de adoptar una forma de red, consistía en la superposición de múltiples capas. En un nivel interior se ubicaba la sociedad Mont Pellerin y sus intelectuales. En uno intermedio los Think Tanks encargados de empaquetar las ideas surgidas del espacio anterior. Por último, en el nivel exterior quedaban periodistas y propagandistas, la cara más visible frente a la opinión pública (Mirowski: 432). Este diseño en capas entre otras ventajas ofrecía un aspecto de naturalidad y espontaneidad a las discusiones que aparecían en el nivel externo, cuando en realidad posiblemente estas eran el resultado de largas discusiones ocurridas entre los miembros de la SMP en en nivel interior de la red.

El primero de los Think Tanks bajo el modelo de la SMP fue curiosamente formado un año antes de su primera reunión. La Fundación para la Educación Económica (FEE) fue creada por el empresario Harold Luhnow quien había conocido a Hayek un año antes en 1945 y que financiaría parcialmente la reunión de 1947.

Otra figura clave en los primeros pasos de la red de la SMP fue el también empresario Anthony Fisher, quien luego de conocer el trabajo de la FEE y al mismo Hayek fue animado por este a crear lo que sería el Instituto de Asuntos Económicos (IEA, por sus siglas en inglés) ubicado en Londres. Esta institución no solo colaboró en la formación de muchos otros Think Tanks alrededor del mundo, sino que además creó varias de las metodologías que permitieron traducir las doctrinas neoliberales para un consumo masivo acompañándolas con “investigaciones” que las sustentaran (Mirowski, 2009: 396). Hayek estaría en deuda con estos benefactores no sólo por el financiamiento recibido, sino por las técnicas provenientes del marketing y las relaciones públicas que estos empresarios incorporarían como parte del paquete tecnológico que los Think Tanks desarrollarían. Fisher sería fundamental años después en la expansión del neoliberalismo en América Latina gracias a la creación de la Fundación Atlas para la Investigación Económica en 1981. Dos años antes, en 1979, Fisher y Hayek discutirían la necesidad de ampliar la influencia que el Instituto de Asuntos Económicos de Londres había logrado.

La Fundación Atlas fue puesta en marcha con el objetivo de institucionalizar el proceso de creación de nuevos Think Tanks, convirtiéndose, con el paso de los años, en uno de los nodos centrales de la red neoliberal encargada de dirigir recursos financieros y de personal hacia otros puntos de dicha red (Fisher: 77). Atlas no solo empezó a ofrecer paquetes tecnológicos para la formación de Think Tanks neoliberales, sino también espacios para las relaciones interpersonales de quienes formarían parte de estas organizaciones.

Asimismo la Fundación Atlas se ha involucrado más recientemente en la formación de redes de Think Tanks que enlacen América Latina y a esta con otras regiones del mundo. De esta manera Atlas ha colaborado en la formación del Centro Hispanoamericano para la investigación Económica (HACER, por sus siglas en inglés) establecido en Washington D.C que articula a los hispanoamericanos en todo el continente (Fisher, 2013: 80). HACER es parte además de la Fundación Iberoamericano Europa (FIE) con sede en Madrid y que financia mayoritariamente una serie de proyectos en América Latina.

La FIE se “…precia de haber dado inicio…” a la Fundación Internacional para la Libertad (FIL) creada en el 2003 y encabezada por el peruano Mario Vargas Llosa, a su vez becario de la Fundación Atlas. Esta fundación es el resultado de la unión de Think Tanks ubicados en América Latina, EE.UU y España. La junta directiva de esta institución esta integrada entre otros por otro peruano, Enrique Ghersi, coautor del best-seller El Otro Sendero y miembro de la SMP.

Como veremos a continuación la Fundación Atlas fue una de las primeras impulsoras de uno de los proyectos claves para la expansión del neoliberalismo en el Perú.

Otra de las instituciones clave para entender los primeros pasos del neoliberalismo en el Perú es el Centro Internacional de la Empresa Privada (CIPE, por sus siglas en inglés). El CIPE no pertenece a la red vinculada a la Fundación Atlas y al conjunto de Think Tanks articulados alrededor de la SMP. Mas bien, esta organización forma parte de la Cámara Americana de Comercio y nació como al interior de un proyecto mayor del gobierno norteamericano durante el periodo del presidente Reagan. Dicho proyecto se estructuraba en torno a la creación de la Fundación para el Fortalecimiento de la Democracia (NED, por sus siglas en inglés) en 1983. Esta última una organización, formalmente de la sociedad civil pero creada por el gobierno y cuyos fondos provienen fundamentalmente del presupuesto público. La NED además de desarrollar proyectos de manera directa canaliza fondos federales a distintos proyectos para el fortalecimiento de la democracia. Asimismo, funcionaba como una organización que coordinaba y distribuía fondos públicos a un conjunto de think tanks privados, entre ellos el Instituto Republicano (IRI), el Instituto Nacional Democrata (NDI) y el CIPE (Minella, 2008: 142). En el caso de la CIPE más del 95% de su presupuesto proviene de fondos públicos canalizados a través de la NED (Minella, 2008: 147).

Hernando de Soto: redes y poder.

El economista Hernando de Soto nació en el Perú pero pasó una gran parte de su vida entre Suiza y los Estados Unidos. Su padre, quien había sido ministro durante el breve gobierno de José Bustamente y Rivero (1945-1948), emigró luego del golpe presidencial que termino con el gobierno. En Suiza trabajó en la Organización Internacional del Trabajo para luego ser nombrado embajador del Perú en dicho país (Mitchel, 2009: 397).

De Soto realizó sus estudios superiores en el Instituto Universitario de Estudios Internacionales de Génova,una institución que se había vinculado muy tempranamente a los esfuerzos de la SMP. Fue este instituto el encargado de organizar el evento fundacional de la Sociedad. Contaba además entre sus docentes con figuras que serían parte de ese primer encuentro, como los profesores Ludwing Von Mises y Whilhelm Röpke. Era pues “una fortaleza del movimiento neoliberal en Europa” (Mitchell, 2009: 397) en un periodo donde este contaba con una muy baja aceptación entre las élites académicas y políticas. Los primeros años de su vida laboral llevarían a De Soto a alternar con otras figuras relevantes para el movimiento que se había iniciado en los Alpes suizos.

En 1978 y posiblemente al calor de la transición puesta en marcha por el régimen militar Hernando de Soto regresa al Perú. Coincidentemente ese mismo año, Felipe Ortiz de Zevallos otra figura fundamental del neoliberalismo peruano también volvería país2.

Como señala Desco, centro de investigación vinculado a las fuerzas de izquierda, era ese un periodo donde,
“La intervención del estado en la economía, los derechos laborales, el cuestionamiento ideológico del capitalismo, el imperialismo y la dominación, son (…) conceptos francamente asentados en la cultura del país. Si a su vigencia añadimos el hecho de que las reformas del régimen de Velasco causaron verdadero terror en no pocos sectores del capitalismo en el país, podemos explicarnos los síntomas de inquietud y los afanes de recuperación del tiempo perdido.” (Quehacer, 1979: 33)
Ese terror o si se quiere la certeza de la necesidad de iniciar el camino que permitieran a las élites económicas recuperar la conducción del país, fue lo que llevó a la gestación de una nueva generación de intelectuales que renovaría tanto en contenidos como en formas a la derecha nacional.

Como señaló Ortiz de Zevallos ese mismo año durante la conferencia anual de empresarios CADE (un encuentro que reúne hasta hoy al poder político y al empresarial), se necesitaba de una élite que pudiera dirigir colectivamente el país y que estuviera formada tanto en “ las artes eternas del gobierno” como en “el conocimiento técnico para la puesta en marcha de un Estado moderno” (Zevallos citado en Durand: 1990). Como señala Durand “…la idea del proyecto alternativo de poder era ya clara…” (Durand: 1990). Ortiz de Zevallos le había planteado al gran empresariado la necesidad de forjar una élite capaz de conducir el país.

A su llegada a Lima De Soto combinaría su trabajo en una empresa minera con la difusión del pensamiento neoliberal. Para ello organizó dos seminarios en 1979 y 1981, cuyos protagonistas fueron importantes miembros de la sociedad Mont Pelerin, El primero titulado “Democracia y Economía de Mercado”3 contó con la presencia de Frederich Von Hayek, la figura más importante de la SMP, al cual acompañaron otros miembros de dicha organización como el guatemalteco Manuel Ayau, el checo-norteamericano Jean Tumliry, el francés Jean-Francois Revel entre otros (Desco, 1979). El segundo encuentro contó con la participación central de Milton Friedman.

Para Desco estos encuentros obedecían a un doble propósito: 1) “dotar de ideología a nuestra clase empresarial” y 2) deshacerse de la “indigestión de las ideas generalizadas de la izquierda” como afirmó el orador final de aquel encuentro y cabeza del Partido Popular Cristiano, Luis Bedoya. (Quehacer, 1979: 33)

Sin embargo, el primer encuentro no sólo sirvió para insuflar nuevas ideas a los sectores de derecha, fue la oportunidad para que Von Hayek pusiera en contacto a De Soto con Anthony Fisher, figura clave de la Fundación Atlas. Este acercamiento se convirtió en los años posteriores en una colaboración entre esta fundación y De Soto para la creación del Instituto Libertad y Democracia (ILD). Además de fondos financieros, De Soto recuerda que Fisher les otorgó una gran cantidad de recomendaciones e información para la puesta en marcha de la organización. Fue el inglés quien sugirió la estructura, los estatutos, los planes y objetivos del nuevo instituto (Frost 2002, citado en Mitchell, 2009: 397).

Algunos años después, en 1984, el ILD recibiría nuevas donaciones a partir del primer programa de apoyo del CIPE. En palabras de esta organización el enfoque de De Soto se constituía en la alternativa para los pobres en enfrentamiento con Sendero Luminoso.

Tanto para la CIPE como para la Fundación Atlas, la colaboración desarrollada con el ILD fue de sus primeras experiencias en la región y al mismo tiempo constituye uno de sus mayores logros (Mitchell, 2009; Minella, 2008: 154). La colaboración de estos Think Tanks no debe llevar a pensar el ILD y la figura de De Soto como sub-productos o epifenómenos consecuencia de su intervención directa. Por el contrario, la necesidad de socios locales para el desarrollo de los proyectos de estos think tanks transnacionales era un requisito ineludible. Sin De Soto y su proyecto esta colaboración habría tenido que esperar la aparición de alguien que ocupara el lugar del economista.

Además de los fondos iniciales, años después la Fundación Atlas otorgó el premio “Sir Anthony Fisher” a De Soto por el libro que recogería sus tesis acerca de la informalidad “El Otro Sendero”. Las tecnologías de difusión y reconocimiento internacional ideadas por esta red neoliberal funcionaban

El éxito que alcanzaron sus trabajos sobre informalidad y la promoción que le habilitó la amplia red de Think Tanks en la que se encontraba inserto, convirtió a De Soto en uno de los protagonistas de la esfera pública nacional e internacional. Resultaba pues lógico que tarde o temprano se produjera un encuentro con los políticos nacionales. Fueron tres sucesivos gobiernos los que se acercaron al fundador del ILD. El resultado fueron políticas públicas destinadas a eliminar el problema de la informalidad que De Soto había diagnosticado e impulsar a los pobres hacia su desarrollo. En el año 1989 con la asesoría del instituto, el gobierno encabezado por Alan García promulgó la ley de simplificación administrativa (Bullard, 2002: 23). En 1994, Fujimori pondría un nuevo programa de formalización asesorado por el ILD. Los programas de formalización de De Soto no sólo recibieron apoyo de los gobiernos de turno. El Banco Mundial apoyó los apoyó decididamente otorgando fondos por alrededor de 66 millones de dólares en dos décadas. (Mithchell, 2009: 399)

Sin embargo, la creciente fama de De Soto no solo se plasmó en políticas públicas. Por un lado, el ILD se convirtió en un espacio para la renovación de las élites, una “especie de escuela” por la cual pasaron algunos de los que luego serían prominentes ministros, funcionarios, abogados, periodistas y economistas del Perú (Mitchell, 2009: 399). Por otra parte, De Soto incursionaría, aunque por muy corto tiempo, en la actividad política al lado del escritor Mario Vargas Llosa, la figura más visible de la nueva derecha nacional y miembro de las redes trasnacionales de las que el economista también formaba parte. Este contacto entre el escritor y De Soto no era el primero. Su colaboración se remontaba a la formación del ILD en la que el novelista participó. Luego este último se encargaría de prologar El Otro Sendero y de difundir ampliamente las ideas ahí expuestas. En 1987, en plena efervescencia de la nueva derecha, las conversaciones para una nueva organización política encabezada por el escritor estaban a la orden del día. De Soto participó en las etapas iniciales de este emprendimiento político llamado Libertad junto con un grupo de colaboradores pertenecientes al ILD. Más allá de los problemas personales entre el economista y el escritor, lo cierto es que fue la política de alianzas que finalmente adoptó Vargas Llosa lo que terminó por desanimar a De Soto (y a otros núcleos neoliberales). La decisión de incluir dentro de un frente político encabezado por Vargas Llosa a otro partidos no fue del agrado del autor de El Otro Sendero. Según Miguel Cruchaga, secretario general de Libertad por ese entonces, De Soto aspiraba a formar un partido liberal “absolutamente intransigente” en lo ideológico y que no aceptara alianzas con organizaciones políticas que se juzgaban desgastadas. Si bien De Soto se alejó del proyecto, otros miembros de Libertad continuaron la aventura política hasta el final (Requena, 2010: 97).

Finalmente a inicios de 1990 y luego de una ruptura pública con Vargas Llosa De Soto se convirtió por algún tiempo en consejero político de Alberto Fujimori. Entre mayo y junio de 1990 Fujimori produjo un silencioso cambio en sus círculos de asesores, desprendiéndose de aquellos provenientes de las canteras de la izquierda y acercándose hacia el otro lado del espectro político. Este viraje se hizo público cuando se produjeron los primeros acercamientos entre el nuevo presidente y los organismos internacionales. Fujimori, presidente casi por accidente, carecía de las relaciones necesarias para producir ese acercamiento. Es en ese contexto que aparecen entre otros Hernando De Soto para facilitar los contactos con estos organismos.

De Soto permaneció cercano a Fujimori y de hecho tuvo una participación crucial en la reunión de la OEA que se produjo en Bahamas luego del autogolpe de abril de 1992. El economista no sólo se encargó de escribir el discurso de Fujimori frente a la asamblea de ese organismo, sino que también operó para evitar una radical condena a la interrupción constitucional (Kenney, 1997). Finalmente Fujimori y De Soto se distanciarían muy poco tiempo después de ocurrida la reunión de la OEA. Sin embargo, como se mencionó el ILD siguió colaborando con el gobierno.

¿Ideólogo, intelectual o experto?

El nuevo periodo de democracia política iniciado en 1980 trajo consigo el regreso de antiguos intelectuales y la aparición de nuevos, todos ellos reconociéndose como parte de una nueva derecha liberal 4. Para Sánchez y Gonzales, De Soto sería el caso paradigmático del experto debido a su articulación con sucesivos gobiernos (2004: 236). Sin embargo, De Soto está lejos de ser únicamente un experto, es en realidad principalmente un intelectual o un ideólogo5.

En realidad la virtud o la fortaleza de De Soto es que puede funcionar en ambos registros, como experto y como intelectual. Su discurso se presenta como uno de tipo experto pero al mismo tiempo es claramente ideológico.

Es experto en tanto sus recetas para superar el problema de la informalidad se presentan como el resultado de una investigación científica que comenzó a inicios de los años 80. De Soto junto al primer equipo del ILD montó un taller de confecciones textiles en una zona periférica de Lima y contabilizó el esfuerzo que suponía la formalización de esta micro empresa. El resultado fueron 289 días y un costo cercano a 31 veces el salario mínimo de la época. A ese estudio le siguieron otros dedicados al comercio minorista, el transporte público, la vivienda en zonas populares.

A partir de estos estudios se iría construyendo un argumento sobre el fenómeno de la informalidad en el Perú el cual fue recopilado en el best-seller de De Soto, El Otro Sendero. El argumento que ahí figura señala que la informalidad tenía que ver con un sistema legal deficiente y que generaba a los ciudadanos altos costos de transacción, una sobreregulación y una mala definición de los derechos de propiedad (Bullard, 2002: 23). Ante este panorama la respuesta de ciudadana para evitar esta maraña legal y poder emprender sus negocios sería la informalidad. Estos mercados informales, basado en sus propias reglas y mecanismos de funcionamiento, serían mucho más eficientes desde el punto de vista de quienes ahí se desenvuelven que el formal.

Es a partir de este diagnóstico que De Soto y el ILD plantearon un conjunto de reformas, algunas de las cuales se tradujeron en política pública en los años posteriores. Sin embargo, el diagnóstico de De Soto no termina ahí. Como lo sugiere Flores Galindo la otra parte del argumento, la más ideológica si se quiere, está en la segunda mitad del libro donde el economista arremete contra el Estado peruano gran culpable de esta situación y propone una clave para leer la historia del Perú desde la conquista: el mercantilismo. Entre una y otra sección De Soto convierte lo particular en general, la informalidad queda subsumida en su crítica al Estado mercantilista6.

En un artículo anteriormente publicado7, en base a las ideas expuestas por Laclau en su libro La razón populista, proponía que el de De Soto era principalmente un discurso ideológico, específicamente populista. En el esquema Laclau, el populismo (aunque en realidad llega afirmar que la política en general) se sustenta en el establecimiento de una cadena equivalencial entre distintas demandas insatisfechas, las cuales se condensan en un significante vacío que asume la representación del conjunto de la cadena. Además para que ese tipo de discurso se cristalice era necesario el establecimiento de una frontera política que posibilitara la dicotomización del espacio social, es decir, la conformación de un nosotros vs. un ellos. Mientras la primera parte del libro de De Soto construye la cadena equivalencia, la segunda se encarga de dicotomizar el espacio político. Busca descartar antiguas fronteras provenientes del marxismo o de la teoría de la dependencia y ofrece un terreno común a “dominadores y dominados” (Flores Galindo, 2007: 175) en su calidad de empresarios de cara a un Estado que los ahoga y los detiene. La oposición entre trabajadores y empresarios quedaba en el olvido, lo realmente relevante era el enfrentamiento entre emprendedores y el Estado mercantilista (Adrianzén, 2010).

Al inicio de este trabajo se planteó al neoliberalismo como un movimiento político e intelectual cuya configuración en una red de sucesivas capas muchas veces no permitía apreciar el conjunto de estas. El neoliberalismo logró construir con el paso de los años, por un lado un cuerpo de ideas y principios generales ideológicos, y por otro lado conocimientos expertos sobre temas de política pública de lo más variados, que guardaban un alto nivel de concordancia con los primeros.

En el caso de De Soto, su teoría sobre la informalidad articula ambos niveles. Los principios se presentan como el resultado de una investigación científica y las salidas a esta situación como un conjunto de políticas públicas a desplegarse.

Si el neoliberalismo más que definirse sustantivamente, debía ser entendido a la luz de su combate con el marxismo, el socialismo y el keynesianismo; de la misma manera debe ser entendido el discurso de De Soto. Es decir, en su combate contra el Estado populista, la teoría de la dependencia y la sustitución de importaciones, las representaciones locales de los adversarios de sus pares europeos. Quizás con un detalle más, el enfrentamiento de De Soto y los neoliberales nacionales contra el colectivismo los hace situarse frente a la cultura andina, altamente comunitaria, la cual buscaron arcaizar, arrinconándola en un mundo tradicional condenado a desaparecer con el avance de la modernidad8.

Conclusiones

En este artículo se ha buscado definir al neoliberalismo no desde una perspectiva idealista, sino buscando establecer un diálogo permanentemente entre las ideas, sus formas de producción y transmisión. El pensamiento neoliberal y las maneras en que se organización son indesligables y su carácter elusivo esta relacionado a la estructura de red que adoptó para su expansión.

Por otro lado se ha buscado conocer los inicios del neoliberalismo en el Perú a través de la figura de Hernando de Soto y de su institución, el ILD, manteniendo una perspectiva de red. Esta última ha permitido reconstruir los lazos entre De Soto y la red neoliberal organizada en torno a la SMP. De esta manera los inicios intelectuales del neoliberalismo peruano han sido colocados bajo una perspectiva transnacional.

Adicionalmente, se ha buscado dar cuenta de las actividades de De Soto tanto como animador intelectual, experto y político durante los años 80 e inicios de los 90, periodo clave para el afianzamiento del neoliberalismo.

Antes de finalizar me gustaría hacer explícitas algunas razones por las cuales creo que resulta relevante el estudio de las ideas políticas y de los intelectuales en general y específicamente en el caso de los neoliberales.

Intereses, preferencias y comportamientos son tres elementos necesarios para analizar a los actores políticos. Dependiendo del enfoque que se utilice, el tipo de relación causal entre interés y preferencia, y preferencia y comportamiento demostrará una mayor o menor complejidad. En una visión que Lukes (2007) denomina tridimensional del poder, uno de los objetivos de la acción política consiste en modificar las preferencias de los individuos para así afectar sus comportamientos. Existen múltiples mecanismos para que esto suceda sin embargo me interesa por la naturaleza del trabajo aquí presentado subrayar uno: la ideología de los actores entendida como los mapas cognitivos, los valores y las identidades que orientan su comportamiento (Acuña y Chudnosky: 39). La ideología es la forma en cómo los actores creen que la sociedad funciona, como debería funcionar y a partir de la cual construyen su visión acerca de la realidad. Independientemente de si estas se guían por fundamentos, divinos, morales, científicos y por lo tanto al margen de su carácter verdadero o falso resulta relevante su comprensión, la cual a su vez habilite la comprensión del comportamiento de los actores políticos.

Esta breve digresión sobre la ideología, las preferencias y los comportamientos creo que resulta válida por una razón que se manifiesta tanto en el caso específico de las labores que De Soto desarrolló durante su estudio de la informalidad, como en la visión que Hayek y los neoliberales tenían sobre la sociedad abierta. Debajo de todo el colectivismo y la intervención del Estado, en ambos casos subyacían la verdadera naturaleza de los individuos, de la cual no podían ser despojados.

En el caso de De Soto, Mitchell señala que luego de 20 años de operado el programa de formalizaciones de De Soto, los estudios realizados naturalizaban la situación a la que se enfrentaban y dejaban de lado la vasta experiencia neoliberal que se llevó en el país durante ese periodo para producir aquello que en dichos estudios aparecía como natural. Es decir, el individuo desotiano, si cabe el termino, había sido producido a través de una serie de mecanismos operados por los mismos programas de formalización. Una especie de dr. Frankenstein que al encontrarse con su criatura, desconoce su paternidad. Esta para Mitchell es la capacidad perfomativa de la economía y agrego yo del neoliberalismo actual de producir su propia realidad.

En el caso de la Sociedad Mont Pelerin resulta relevante volver a lo planteado por Mirowski para explicar porque a los inicios de esta, se acuñó el termino de neoliberales para autodesignar a los miembros de esta sociedad. Afirma el autor que esto se debía a que los protagonistas de ese encuentro asumían una serie de rupturas respecto a sus predecesores decimonónicos. Una de estas era la visión constructivista de la realidad que tenían Hayek y compañía. Es decir, que no se trataba ya de dejar hacer, dejar pasar para que el establecimiento de una sociedad libre cayera por su propio peso; sino que se requería un esfuerzo consciente y articulado por realizar esta sociedad abierta. En ambos casos se trataba de modificar los marcos ideológicos para en última instancia modificar los comportamientos de los actores y por lo tanto la realidad. La naturaleza humana que en ambos casos se pretendía descubrir era el producto de sus propias acciones.

Hayek como Schumpeter creía que los políticos eran maximizadores de votos y que por tanto terminarían por seguir a sus votantes. La red de think tanks articulados para empaquetar y difundir la ideología neoliberal buscaba modificar el curso de la política introduciendo cambios ideológicos en las demandas de los votantes. Sin embargo, y ese es un mérito de su paquete tecnológico, atacaron el lado de la oferta, es decir de los políticos, alimentándolos con un nuevo discurso ideológico, pero también con paquetes de políticas públicas que solucionaran sus problemas.

La eficacia de la SMP y de sus redes de think tanks es que en última instancia fueron capaces de modificar los mapas cognitivos de los actores políticos tanto aquellos ubicados arriba, como de quienes se encontraban más abajo a través de la ideología que fueron forjando.

Desde este punto de vista la sociedad espontánea que Von Hayek proclamaba en sus textos e intervenciones públicas aparece menos espontánea y más el resultado de voluntades concertadas y organizadas en un esfuerzo por producir el futuro.



Bibliografía

  1. Acuña, Carlos y Mariana Chudnosky (2013). Cómo entender a las instituciones y su relación con la política: lo bueno, lo malo y lo feo de las instituciones y los institucionalismos. En Carlos H. Acuña (comp.) ¿Cuánto importan las instituciones? Gobierno, Estado y actores en la política argentina. Buenos Aires: Siglo XXI.

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1 Para una historia más detallada de la Sociedad Mont Pelerin y de sus antecendentes ver Mirowski y Plehwe (2009) y Walpen et. al. (2006).

2 Ortiz de Zevallos es junto con De Soto uno de los intelectuales neoliberales más importantes del país. Fundó a fines de la década de los 70 la revista Perú Económico y el Think Tank Apoyo que se convertiría en uno de los más importantes del país en las siguientes décadas.

3 Si bien este seminario fue organizado por De Soto, fue auspiciado por el Instituto de Economía de Mercado vinculado al Partido Popular Cristiano (PPC) y la Fundación Konrad Adenauer vinculada a los cristiano democratas alemanes. (Quehacer, 1979: 33)

4 Un tema poco investigado es el impacto que tuvo para la difusión de las ideas neoliberales la devolución de los medios de prensa escrita a sus dueños en 1980 luego de cinco años de haber sido expropiados por el gobierno militar. Las páginas editoriales de varios de estos diarios sirvieron durante la década de 1980 como tribuna de una nueva generación de periodistas activamente a favor del neoliberalismo.

5 El experto para estos autores sería una figura opuesta al intelectual-humanista. Mientras este último es aquel que busca explicaciones generales a partir de valores universales, el primero es quien resulta competente en alguna cosa en la que otros no lo son. (Sanchez y Gonzales, 2002: 225)

6 La prueba más clamorosa del carácter ideológico de El Otro Sendero reposa, para Flores Galindo, en los propios discursos que De Soto brindó casi ni bien llegado al país y antes de que cualquiera de sus investigaciones sobre la informalidad se hubiera producido. Así en 1979 ante la Cámara de Comercio de Lima señalaría que los informales “representa el nuevo orden que surge espontáneamente cuando los hombres abandonan el pueblo -la organización tribal- y se vuelven hacia las grandes ciudades” (De Soto, citado en Flores Galindo, 2004: 176). Agrega el historiador entonces que De Soto tenía ya listo el discurso que usaría en El Otro Sendero y que los datos que recolectaría después sirvieron para “corroborar presunciones e ideas establecidas de antemano.” (Flores Galindo, 2004: 177)

7 Adrianzén (2010).

8 Para profundizar sobre este tema ver Flores Galindo (2007).



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