• Mercosur post elections Argentina, Brazil and Uruguay Uncertain Scenes I. INTRODUCCION
  • II. MARCO CONCEPTUAL 2.1 Concepciones sobre los Modelos de integración: Regionalismo Abierto y Regionalismo Inclusivo
  • 2.2 El Mercosur. Diferentes Etapas. 2.2.1. Primeros pasos. Consenso Neoliberal y Regionalismo Abierto.
  • 2.2.2 Auge del Regionalismo inclusivo.
  • 2.2.3 Recomposición Neoliberal.
  • III. ESCENARIOS 2014-2016 3.1. Escenario en Brasil.

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    Mercosur post elecciones


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    MERCOSUR POST ELECCIONES:

    Argentina, Brasil y Uruguay.

    Escenarios inciertos

    XVI Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia 2017

    Mesa 54


    Nombre de Mesa historia de Relaciones internacionales y la integración regional  de américa latina , siglos XIX , XX y XXI
    Autores:

    Lic. Andrés Lagarde, lagardeandres@gmail.com – Universidad de Buenos Aires

    Lic. Juan Facundo Muciaccia, facundomuciaccia@gmail.com – Universidad de Buenos Aires.

    “Para Publicar en actas”



    Mercosur post elections

    Argentina, Brazil and Uruguay

    Uncertain Scenes

    I. INTRODUCCION

    Al analizar la historia del Mercosur (1991), se observan claramente dos fases bien diferenciadas. En la primera década (años 90), el proceso estuvo fuertemente influenciado por el llamado regionalismo abierto, siguiendo una lógica estrictamente comercial propia de la hegemonía neoclásica de entonces. En la segunda década se produjo un cambio de paradigma, traducido en una mayor intervención del Estado como rector del proceso de integración y la consecuente modificación de las agendas, es el denominado regionalismo inclusivo (principalmente desde 2003).

    Las elecciones presidenciales realizadas en 2014 y 2015 en Uruguay, Brasil y Argentina nos presentaron un escenario de confrontación entre los distintos modelos de integración planteados

    Examinando discursos, entrevistas y plataformas partidarias, analizaremos los proyectos de las principales fuerzas políticas para con el Mercosur luego de las sucesos recientes, haciendo hincapié en la colisión entre distintos esquemas de integración que fueron planteados en su momento.

    A partir de esto, podemos ver claramente a nivel regional como candidatos que representan intereses de sectores más conservadores (como los casos de Neves y Macri) se inclinan hacia acuerdos de libre comercio con las potencias tradicionales buscando una supuesta renovación política regional, mediante un mayor acercamiento a la Alianza del Pacífico, favoreciendo acuerdos de libre comercio con otros bloques y/o Estados, inmersos en un modelo que implique mayor liberalización comercial y alineamiento con Estados Unidos.

    A su vez, en el año 2016 se produjo un quiebre en el paradigma a seguir en nuestro proceso de integración: en Argentina, la alianza de centroderecha Cambiemos obtuvo la presidencia con Mauricio Macri luego de una ajustada segunda vuelta en la que superó al oficialista Daniel Scioli (2015); mientras que en Brasil un golpe de Estado parlamentario derrocó mediante un juicio político a la presidenta Dilma Rousseff (2016) -electa democráticamente dos años antes-, y fue su vice Michel Temer quien pasó a ejercer la misma en forma polémica, nombrando paradójicamente un gabinete de ministros de corte claramente opositor.

    Teniendo en cuenta los cambios ya mencionados, las fuerzas conservadoras intentan construir un agenda regional con la lógica de un regionalismo abierto en consonancia con los centro de poder de occidente. La estrategia de Argentina y Brasil de inserción internacional mediante las lógicas de TLC con la Unión Europea y el TTP, se encuentra en una situación compleja por la victoria en las elecciones norteamericanas del candidato republicano Donald Trump, debido tanto a su retórica proteccionista como a sus críticas a la globalización y a los acuerdos de libre comercio que han afectado al mercado laboral norteamericano. América Latina fue blanco de ataques durante la campaña y lo sigue siendo constantemente, México es el gran perdedor en esta situación, desde el punto de vista económico y político (recordemos que el NAFTA implica gran dependencia de la economía mexicana con respecto a la norteamericana).

    Dada la retórica proteccionista del flamante presidente norteamericano los gobierno neoliberales quedaron descolocados y sin norte cual seguir, más allá de esto el Gobierno Argentino quiere aprovechar las dificultades de México y Brasil para posicionar a Macri como interlocutor regional de Donald Trump.



    Además, en 2016, la salida de Gran Bretaña (Brexit) de la Unión Europea asentó un duro golpe al paradigma de la UE como ideal de integración, algo no tan sorprendente tras varios años de crisis económica y de sostenimiento forzado de una unión monetaria que deja sin esperanza a los miembros menos competitivos como Grecia o España. El Mercosur, en tanto, naufraga entre conflictos ideológicos y economías en crisis. Donald Trump liquidó a sola firma el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) y se dispone a clavarles un puñal al TLCAN y a México. Otro muro, esta vez en la frontera de Estados Unidos con ese país, será pronto el símbolo de un nuevo cambio de era.

    A través del análisis de los proyectos presentados en las campañas electorales presidenciales del período 2014-2015 y del posicionamiento efectivo de los gobiernos en los últimos años respecto del Mercosur, intentaremos dilucidar si tales acciones son ‘‘coyunturales’’ o si responden a un modelo de integración definido.



    II. MARCO CONCEPTUAL

    2.1 Concepciones sobre los Modelos de integración: Regionalismo Abierto y Regionalismo Inclusivo

    La Integración Regional en nuestro continente ha sido marcada por fuertes debates acerca del modelo a seguir a lo largo de la historia, varios han estado vinculados con los modelos de desarrollo imperantes en cada país (y en la región misma) en un momento histórico determinado.

    Teniendo en cuenta el auge de la corriente Neoliberal dentro del proceso acelerado de globalización mundial y en todo el continente como único modelo de desarrollo e inserción dentro de la economía mundial el regionalismo abierto no puede pensarse entonces fuera del marco de las reformas estructurales que tuvieron lugar en toda la región en la década del ’90. Estas últimas han implicado, entre otros elementos centrales, la apertura y la desregulación de las economías.

    En dicho contexto, ha habido una eliminación rápida de las barreras arancelarias y, en algunos casos, se ha establecido una unión aduanera. Asimismo, con las particularidades propias de cada país o región, se flexibilizaron las normas sobre inversiones y propiedad intelectual, lo cual implicó un proceso de liberalización mucho más profundas que en momentos anteriores.

    Las reformas mencionadas incluyeron, la apertura indiscriminada de las economías. En ese marco, la integración regional adquirió nuevos rasgos, comenzando a ser considerada como el instrumento adecuado para enfrentar las nuevas condiciones de la competencia internacional, con sus exigencias en términos de competitividad, y para atraer las inversiones que facilitaran la modernización tecnológica. Esto debe ser entendido siempre de forma paralela a las reformas internas que se daban en los países de la región, desde la reformulación del rol de Estado frente a la economía y la sociedad en la coyuntura mundial.

    En diferentes documentos la CEPAL analizó las diferentes tensiones que conllevan los diferentes modelos de integración en la región, sintetizando su concepción acerca de cómo debía ser esta nueva estrategia de integración en América Latina y el Caribe, en su documento “El Regionalismo Abierto en América Latina y el Caribe. La Integración Económica al Servicio de la Transformación Productiva con Equidad”. En él, el regionalismo abierto fue definido como

    “(…) un proceso de creciente interdependencia económica a nivel regional, impulsado tanto por acuerdos preferenciales de integración como por otras políticas en un contexto de apertura y desreglamentación, con el objeto de aumentar la competitividad de los países de la región y de constituir en lo posible un cimiento para una economía internacional más abierta y transparente.” [i]

    De este modo, vemos una nueva dimensión del modelo de integración Regional mediante el Regionalismo Abierto, una nueva estrategia de inserción a nivel mundial que responde a las necesidades del mercado en ese momento histórico determinado.



    2.2 El Mercosur. Diferentes Etapas.

    2.2.1. Primeros pasos. Consenso Neoliberal y Regionalismo Abierto.

    Pasaremos a analizar las diferentes etapas del Mercosur, proceso que se originó a partir de la década de los 80 con la reformulación de la relación entre Argentina y Brasil bajo un enfoque desarrollista. Asimismo veremos el impacto que tuvo el modelo de integración regional hegemónico en la década del 90 denominado Regionalismo Abierto, con un enfoque comercial y aperturista. A su vez, luego de sucesivas crisis económicas, en el año 2003 se comienza a reevaluar el modelo de integración regional adoptado, planteando la necesidad de una integración productiva, económica, social, cultural y educativa haciendo foco en la necesaria autonomía regional.

    Como mencionamos, en la década del ochenta, el histórico acercamiento entre Argentina y Brasil (ambos actores de gran relevancia para la región) fue la piedra fundacional que dio origen al Mercosur. Este intento de integración de las dos economías más importantes de la región se dio en un contexto en el cual ambos países buscaban fortalecer las frágiles democracias recién instauradas, dejando atrás hipótesis de conflicto favorecidas por una percepción mutua de desconfianza, recelos y desconocimiento - a menudo fomentada por los Estado Unidos en favor de sus intereses geopolíticos en el continente, con la clara intención de menguar cualquier intento de integración autonómica. Más allá de todo esto, el objetivo principal fue incrementar la capacidad de negociación internacional y su mejor inserción en la economía mundial, en el marco de políticas domésticas tendientes a estimular el desarrollo industrial y la competitividad internacional.

    Entre los principales acuerdos logrados por los entonces presidentes Raúl Alfonsín y José Sarney, podemos mencionar la Declaración de Iguazú (1985), la Declaración de Cooperación Nuclear (1986) y el Acta de Integración Argentina-Brasil (1986). De esta manera se ‘‘avanzó en un esquema de integración y complementación (…) que serviría para aportar la masa crítica de decisión política y económica que haría falta en un proceso de integración multilateral” (Lavagna 1998; 83)

    Se designa a este primer acercamiento bajo el nombre de lo que algunos autores llaman ‘‘regionalismo autonómico’’, caracterizado por los principios de flexibilidad, el gradualismo, el equilibrio y la simetría

    Sin embargo, a inicios de la década del noventa, con la asunción de gobiernos alineados con el entonces pensamiento hegemónico neoliberal, se cambia radicalmente la forma de integración, colocándolo en línea con las reformas estructurales que se estaban gestando en América Latina, bajo la luz del Consenso de Washington. En 1990, los presidentes Menem y Collor de Melo mediante el acuerdo conocido como Acta de Buenos Aires, modifican las opciones de integración regional que habían sido establecidas previamente por ambos países. En aquel documento, ‘‘se establecieron rebajas arancelarias generalizadas, lineales y automáticas, dejando de lado el previo régimen de liberación basado en protocolos, cuyo objetivo era no solamente la expansión del comercio sino de reconversión industrial’’ (Vazquez, 2011:12).

    La firma el 26 de marzo de 1991 del Tratado de Asunción dio nacimiento al proceso de integración que es el objetivo de la presente investigación, ampliando el acuerdo a Paraguay y Uruguay y adoptando el nombre de ‘‘Mercado Común del Sur’’. Esto se dio, como indicamos anteriormente, en un contexto de cambios políticos en la región: se iniciaba “un proceso que jerarquizo la dimensión comercial y en el cual el Estado se retiro como eje ordenador y distribuidor de sus costos y beneficios’’ (Gonzalez, Hoffa, Pujol; 2010: 39) Aquí se pone en marcha además el programa de liberalización comercial que plantea rebajas arancelarias progresivas, automáticas y lineales, iniciándose las negociaciones para dar forma al arancel externo común. Esta etapa se condice con las reformas estructurales de los países: una integración regional orientada al mercado. Por lo tanto, siguiendo a Samuel Pinheiro, podemos afirmar que el Mercosur fue creado en 1991 con el objetivo de ser un esquema de liberalización comercial, como una etapa de un proceso virtuoso de eliminación de barreras al comercio y de plena inserción en la economía internacional, y no para ser un organismo de promoción del desarrollo económico ni de los Estados aislados ni en conjunto. (Samuel Pinheiro 2012; 6)

    En su primera década (1991-1999), el proceso siguió una lógica estrictamente comercial propia de la hegemonía neoclásica de entonces y del paradigma de integración que denominamos regionalismo abierto, contribuyendo a una estructura institucional mínima (concretizada en el Tratado de Ouro Preto, 1994). Es menester aclarar que en esos años el flujo de comercio entre los Estados parte se incrementó como nunca antes y se percibió el mayor volumen de Inversión Extranjera Directa.

    Sin embargo, no se previeron mecanismos de convergencia macroeconómicas, el mercado ‘‘ordenaría todo naturalmente’’ sin intervención de los Estados parte. La convergencia que hasta ese momento había favorecido los intercambios entra en crisis con la devaluación del Real brasileño en 1999, comenzando a aplicarse medidas antidumping entre los socios, aumentando asimismo la tensión entre ellos.

    Con esta crisis de fin de siglo, se evidencia un agotamiento del modelo de crecimiento basado en el paradigma del Consenso de Washington y la etapa del Mercosur en el modelo de Regionalismo Abierto llegaba a su fin.



    2.2.2 Auge del Regionalismo inclusivo.

    El siglo XXI encontró a América Latina y el Caribe y, particularmente, a América del Sur, en un momento de cambio político profundo en el cual los principios del Consenso de Washington fueron ampliamente cuestionados, como así también el tipo de integración seguida por el Mercosur. Esto sucedió, como mencionamos, debido a la crisis neoliberal en el continente: su expresión más brutal se dio en la Argentina en el año 2001, sumado a la devaluación Brasileña y el surgimiento de Venezuela como un nuevo actor regional en Sudamérica con un discurso anti neoliberal reflotando las ideas de integración en el sur del continente desde otra óptica

    Por otra parte, en 2003 se produce punto de inflexión: el 16 de octubre se firma entre los presidentes Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula Da Silva el documento conocido como Consenso de Buenos Aires , que ‘‘recuperó conceptos y posicionamientos políticos olvidados en la década previa por el pensamiento hegemónico’’ (Vazquez; 2011:17) creando las condiciones para el nacimiento de una nueva fase en el proceso de integración: la segunda etapa el regionalismo inclusivo, en el cual la integración sudamericana es vista como una comunidad de valores y no como un mero acuerdo comercial. Su primer y séptimo puntos destacan, respectivamente, el derecho al desarrollo y el papel estratégico del Estado. Con respecto al proceso de integración regional en la subregión, los presidentes señalaban:

    15. “Ratificamos nuestra profunda convicción de que el MERCOSUR no es sólo un bloque comercial, sino que constituye un espacio catalizador de valores, tradiciones y futuro compartido. De tal modo, nuestros gobiernos se encuentran trabajando para fortalecerlo a través del perfeccionamiento de sus instituciones en los aspectos comerciales y políticos y de la incorporación de nuevos países”.

    16. “Entendemos que la integración constituye una opción estratégica para fortalecer la inserción de nuestros países en el mundo, aumentando su capacidad de negociación. Una mayor autonomía de decisión nos permitirá hacer frente más eficazmente a los movimientos desestabilizadores del capital financiero especulativo y a los intereses contrapuestos de los bloques más desarrollados, amplificando nuestra voz en los diversos foros y organismos multilaterales. En este sentido, destacamos que la integración sudamericana debe ser promovida en el interés de todos, teniendo por objetivo la conformación de un modelo de desarrollo en el cual se asocia el crecimiento, la justicia social y la dignidad de los ciudadanos.”

    Debido a lo plasmado en el consenso de Buenos Aires se pone en marcha un nuevo tipo de integración regional que se alinea con cambios experimentados en cada uno de los Estados Parte: hay un ascenso de gobiernos de corte progresista que cuentan con gran apoyo social. Este contexto permitió la emergencia de nuevos esquemas de integración regional en América Latina que “han desplazado el énfasis en los temas de liberalización comercial y desregulación, abogando, por el contrario, por una agenda marcadamente política caracterizada por el retorno a un rol protagónico del estado’’ (Francisco Rojas Aravena, 2011:17). El Mercosur ahora tendría agendas productivas, social y ciudadanas, surgen cumbres sociales paralelas a las presidenciales. Este cambio de rumbo se vio materializado en el documento conocido como Consenso de Buenos Aires, que hacía hincapié en la revalorización del derecho de los pueblos al desarrollo, fortalecimiento de las democracias, combate a la pobreza, aumento de la participación social, reconocimiento de las asimetrías, entre otras. Surge un paradigma denominado por varios autores como regionalismo inclusivo, que intentó dejar atrás años de políticas neoliberales, reforzado también por la finalización de las negociaciones por el ALCA (2005).



    2.2.3 Recomposición Neoliberal.

    Como divisor de aguas en la región, podemos situar a las elecciones argentinas del 2015: el candidato conservador Mauricio Macri fue electo por la ciudadanía. Como mencionaremos más adelante, su proyecto para la región estaba en las antípodas del llevado a cabo por los gobiernos progresistas. El ingreso como observador de Argentina a la Alianza del Pacífico en la última cumbre de Santiago de Chile, a partir del cambio de gobierno de diciembre de 2015, empezó a plasmar en hechos el reiterado anuncio de “abrirse al mundo” y a los mercados. La crisis del Mercosur, con el todavía indeterminado ingreso de Venezuela en función de su situación política interna, el permanente descontento de Uruguay y Paraguay con el bloque, y la reanudación de las negociaciones por un TLC entre el Mercosur y la UE, saludada con énfasis por los nuevos mandatarios de Argentina y Brasil, dan una muestra del cambio de dirección en los modelos de los vientos en la región con respecto a la integración regional.

    En efecto, la Argentina de Macri y el Brasil de Temer coinciden en sus propuestas de reformular el Mercosur. Retomando los postulados del Regionalismo abierto, se buscaría reducirlo a una zona de libre comercio, eliminando la política aduanera común (característicos de la Unión Aduanera que caracteriza jurídicamente a nuestro proceso de integración. Otra opción es flexibilizar la posibilidad de que algunos de sus miembros firmen acuerdos de preferencia arancelaria o TLC en forma individual. También, acercarse como bloque a un acuerdo preferencial con la Alianza del Pacífico y profundizar el acuerdo de libre comercio con la UE sobre lo que sí se han manifestado claramente ambos gobiernos. Por el momento, los dos nuevos gobiernos se concentran en la situación de Venezuela y acordaron alentar su salida del Mercosur.

    III. ESCENARIOS 2014-2016

    3.1. Escenario en Brasil.

    Luego de las elecciones generales del 5 de octubre de 2014, el 26 del mismo mes se llevó a cabo en la República Federativa una histórica segunda vuelta entre la oficialista Rousseff (obtuvo el 41,59%) y el socialdemócrata Aecio Neves (33,55 %). El oficialismo logró retener el mandato por un margen muy escaso de votos.

    En relación a la temática que nos compete, observamos dos posiciones distintas: por un lado, la candidata oficialista bregaba por una profundización del Mercosur como modelo de integración inclusiva, reformando su estructura institucional, avanzando en otras áreas como son las cadenas productivas e integración física, e incluso buscando incluso llegar al establecimiento de una ciudadanía común.

    Por otro lado, los candidatos de la oposición coincidieron en su proyecto de política externa: ambos fueron partidarios de hacer del Mercosur una zona de libre comercio, volviendo a la lógica comercial que primaba en sus albores, bajo el viejo pretexto de ‘‘despolitizar’’ el bloque. Sin hacer foco en cuestiones distintas a lo estrictamente comercial, indicaron además que el proceso de integración regional se encuentra actualmente estancado, pudiendo ser más factible un acercamiento a nivel regional con la Alianza del Pacífico, pensada por ambos como la estrategia de integración continental dinámica y exitosa a ser seguida.




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