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Manfred Liebel


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Manfred Liebel


INFANCIA Y TRABAJO


Para una mejor comprensión de los niños trabajadores

en diferentes culturas y continentes



Capítulo 4

Infancia y trabajo en culturas no occidentales. El rendimiento de la investigación etnológica y antropológica

Según el patrón occidental de infancia, que ha surgido en las sociedades industrializadas de Europa desde el siglo XVII, se considera que es un progreso cuando los niños no trabajan. Infancia y trabajo son vistos como dos elementos opuestos que se excluyen el uno al otro. En el mejor de los casos, se tolera el trabajo de niños y niñas como parte de algún programa pedagógico, en el cual se desarrolla dentro de determinadas instituciones destinadas a los niños y no sirve más que para fines de aprendizaje o para inculcar a los niños determinados patrones de comportamiento casi siempre rígidos. A este tipo de trabajo, no se le atribuye ninguna importancia para la reproducción de la vida humana, hecho por el cual se trata más bien de una simulación de trabajo.

De hecho, hoy en día, el patrón occidental de infancia está muy diseminado por todo el mundo y – aunque de manera implícita – constituye la base de la política de organizaciones internacionales como el UNICEF o la OIT, que apuntan a la erradicación total del trabajo infantil. A pesar de ello, no logró imponerse a nivel mundial. En muchas sociedades, que desde el punto de vista occidental, son consideradas “subdesarrolladas”, y en ellas, sobre todo en las clases desposeídas y marginadas, todavía predominan ideas de infancia y formas de vida totalmente diferentes1. Y en éstas, el trabajo ocupa un lugar prominente.

El trabajo de niños y niñas pone en evidencia que, en estas sociedades, la fase de vida, que denominamos infancia, no se entiende como una mera etapa de preparación “inmadura” para la vida adulta, sino que se le asignan importantes tareas para la reproducción y el desarrollo de la sociedad. En realidad, la gran variedad de formas de trabajo de niños y niñas da cuenta de que el concepto de “trabajo infantil”, sostenido por las sociedades occidentales y los organismos internacionales, es muy limitado. Nos demuestra que se puede interpretar el trabajo de niños no sólo como “explotación” y “despojo de la infancia”, sino que éste puede adquirir un significado positivo para el reconocimiento social, la independencia, los “derechos”, la participación y el desarrollo de la personalidad de los niños. Al presentar las diferentes formas y los significados del trabajo infantil en estas sociedades así como sus relaciones estructurales e históricas, también hago un llamado para que se deje de lado “la subestimación de la capacidad del niño para entender interrelaciones sociales y para responder a ellas” (Renner 1997, pp. 180-181)2, muy común en las sociedades occidentales “modernas”.

En el presente capítulo, me referiré primero a las diferentes formas en las que se regulan las relaciones generacionales, y preguntaré qué relevancia tienen las actividades económicas de niños y niñas para éstas. Luego, analizaré más a fondo las tareas específicas asignadas a los niños y los procesos de aprendizaje, que genera el trabajo, haciendo referencia, de igual manera, a los conflictos, que surgen con la introducción de la escuela según el patrón europeo. En el siguiente paso, expondré cómo llegaron a surgir grupos autónomos de niñas y niños trabajadores para, finalmente, preguntar cuáles son las diferentes maneras en las que se transfieren propiedad y derechos propios a éstos.

Para no causar la impresión de que en todas las sociedades no occidentales, la transferencia de tareas ocurre de manera prácticamente natural y paralela al reconocimiento social y a la igualdad de derechos de los niños, también revisé las fuentes etnológicas y autobiográficas a las que tengo acceso para el presente trabajo en busca de afirmaciones contrarias. Los indicios que encontré sobre la esclavización de niñas y niños en algunas sociedades africanas precoloniales – en caso de ser ciertos – nos muestran cuán grandes fueron y todavía son las diferencias aún entre las sociedades y culturas no occidentales. Para la época presente y para el desarrollo futuro de la relación entre infancia y trabajo, sin embargo, aquellos procesos, que acompañaron a la colonización, la introducción de los métodos de producción capitalistas así como la implementación del sistema escolar “occidental”, y que todavía son virulentos, son más importantes. Y es que esos procesos traen consigo numerosos conflictos y contradicciones, y hacen casi imposible prever con claridad la relación que en el futuro existirá entre infancia y trabajo en las sociedades y culturas de referencia. Con todo, considero que las estimaciones en el presente capítulo, por lo menos, pueden contribuir a animar un poco la imaginación sobre lo que era posible en el pasado y que – tal vez – puede ser posible en el futuro también. Para facilitar la valuación de las fuentes a las que me refiero, al final del capítulo, expondré algunas reflexiones sobre problemas de la investigación etnológica sobre niños y con ellos.


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