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Los Reinos de Judá e Israel


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EZEQUIAS
Con la caída del reino de Israel la exposición historiográfica de los acontecimientos narrados en el Antiguo Testamento hebreo sólo se refiere ya al reino de Judá, que habría de durar otros 135 años.
Habíamos dejado el reino de Judá hacia el 729 a.C., momento en el que Ajaz hace co-regente a su hijo Ezequías. Para el reinado de éste hay una buena cantidad de información. Los acontecimientos narrados en 2R 18-20 tienen su paralelo en los capítulos 36 a 39 de Isaías y en los capítulos 29 a 32 de 2Cr. Otros datos se contienen también en Jr 26, 17-19 (respecto al ministerio del profeta Micah en tiempos de Ezequías). En cuanto a las fuentes extrabíblicas, los anales de Sargón II y de Senaquerib de Asiria recogen datos sobre las campañas asirias y la participación de Ezequías en esos eventos. La actividad arqueológica ha venido a completar el cuadro histórico del reinado de Ezequías.
Ezequías fue co-regente con su padre Ajaz durante catorce años antes de que éste muriera. Durante esos años el joven co-regente de Judá vio caer el reino (hermano o al menos pariente) del Norte, y vió deportada a su población a países lejanos y extraños (2R 18,1, 9-10). Y también durante esos años pudo haber sido fuertemente influído por algún líder religioso, tal vez el profeta Isaías.
Sean cuales fueren las raíces de sus profundas convicciones religiosas, Ezequías es descrito en la Biblia como un buen gobernante que inició una serie de importantes reformas cuando como gobernante único tuvo la autoridad para hacerlo. Esas reformas incluían la abolición de santuarios ilegítimos y la destrucción de objetos de culto en todo el país (2R 18,3-4), centralizando así el culto en el templo de Jerusalem. (Destruccion del "nejustán").
Uno de los objetos de su celo religioso debió ser el templo o santuario al aire libre en Beerseba al que había hecho referencia el profeta Amós en su denuncia de lugares de culto en Israel y en Judá (Am 5,15; 8,14). El arqueólogo Yohanan Aharoni descubrió el gran altar de este santuario durante sus excavaciones en los años setenta del pasado siglo en el complejo de almacenes del s. VIII. En los muros de los almacenes se distinguían algunos bien labrados bloques de piedra caliza de entre los más corrientes y de piedra arenisca comúnmente usada en las construcciones de Beerseba. Cuando se pusieron juntos esos bloques, como si de un rompecabezas se tratara, formaron un gran altar "de cuernos" de metro y medio de alto aproximadamente. Tres de las esquinas "de cuernos" se han conservado. La estructura cúltica de la que este altar formaría parte no ha sido encontrada; aparentemente el altar fue desmantelado, y tal vez el complejo del que formaba parte destruido, como parte de las reformas religiosas de Ezequías.
Por estas reformas religiosas Ezequías es muy estimado por el autor del libro de los Reyes (2R 18,3-7), que se basa en los escritos de Isaías (posiblemente el mentor de Ezequìas), como se desprende del hecho de que algunos pasajes de Isaías son copiados literalmente en el libro de los Reyes. Ezequías también resultó un eficaz monarca en otros aspectos: estableció control sobre algunas zonas de Filistea, reforzó el sistema de defensa nacional, especialmente en Jerusalem, y promovió el comercio y la agricultura.
Ezequías es también responsable de un notable logro técnico: la perforación de un túnel de unos 600 ms. en Jerusalem, desde el manantial del Gihon en el valle del Cedrón hasta una alberca inferior dentro de la ciudad (2Cr 32,4,30; 2R 20,20). De esta forma aseguraba a Jerusalem un suministro seguro de agua en tiempo de asedio. Hasta el día de hoy, después de más de 2.700 años, las aguas del Gihon fluyen aún a través de ese túnel a la piscina de Siloam.
En 1880, unos chicos que andaban por el túnel descubrieron accidentalmente una inscripción en hebreo (escritura paleohebrea) que conmemoraba la conclusión de los trabajos de perforación. La inscripción está actualmente en el Museo de Istambul.
Ezequías es mejor conocido aún por su fe en Yahweh durante las invasiones de Judá por Senaquerib. Ezequías había heredado el vasallaje a Asiria de su padre y parece que durante varios años pagó el tributo requerido a Asiria. En una de las inscripciones de Sargón el tributo de Judá es listado con los tributos enviados por Filistea, Edom y Moab. Durante el reinado de Sargón II Judá no tuvo aparentemente grandes problemas con los asirios, a diferencia de los filisteos contra los que Sargón II dirigió tres campañas. Sargón subyugó Gaza en el 720 a.C. Luego vendrían una segunda y una tercera campañas filisteas (en 716 y 712 a.C.). Los ataques asirios contra las ciudades filisteas de Ekron y Gibbeton están detallados en los relieves del palacio de Sargón en Korsabad. Su conquista de la filistea Asdod es conocida a través de los anales de Sargón y de la inscripción llamada "de la exhibición", así como por tres fragmentos de una estela de victoria levantada por el rey asirio en la propia Asdod. Una corta nota en Isaías (20,1), el único pasaje en que se menciona a Sargón en la Biblia, se refiere a a esa campaña contra Asdod. Ezequías probablemente perdió algún territorio ante Sargón en esos tiempos; Sargón se llama a sí mismo en una inscripción de Nimrud "el subyugador del país de Judá".
En los últimos años de su reinado Sargón estuvo muy ocupado en Mesopotamia y se abstuvo de dirigir campañas militares hacia el oeste. Sargón murió en el 605 a.C. y fue sucedido por su hijo Senaquerib. Después de la muerte de su padre, Senaquerib tuvo que hacer frente a varias rebeliones en distintas partes del imperio asirio. También Ezequías hizo planes para sacudirse el yugo asirio. Fortaleció sus defensas y se alió con los faraones etíopes de la XXV dinastía egipcia. El profeta Isaías se opuso vehementemente a esa política (Is 18,1-5; 30,1-5; 31,1-3), pero no pudo hacer cambiar de opinión a Ezequías. El profeta incluso expuso en público sus quejas cuando vió que no era escuchado, caminando desnudo y descalzo por las calles de Jerusalem y proclamando sus profecías contra Egipto y sus aliados, prediciendo todo tipo de desgracias si la política antiasiria continuaba (Is 20). Ezequías siguió en sus trece, determinado a romper con Asiria a todo precio.
Antes de que los asirios emprendieran acciones punitivas, Ezequías cayó enfermo. Esta súbita enfermedad, descrita en 2R 20, debió ocurrir en el mismo año de la invasión asiria. El profeta Isaías le prometió que curaría y que Senaquerib no tomaría Jerusalem.
Poco después de la curación de Ezequías llegaron a Jerusalem mensajeros de Marduk-apal-iddina, el bíblico Merodak-Baladan. Era un autoproclamado rey de Babilonia que había perturbado durante un tiempo a los asirios y que en ese momento vivía en exilio. Cuando Merodak-baladan supo de la rebelión de Ezequías contra los amos asirios y de su curación milagrosa, decidió ponerse en contacto con él, pensando tal vez que Ezequías le sería de utilidad para reconquistar el trono de Babilonia molestando a los asirios en la parte oeste del imperio y manteniendo así al ejército asirio lejos de Babilonia. Ezequías, por su parte, se apresuró a aliarse con alguien que estaba dispuesto a resistir a la máquina de guerra asiria, y recibió muy contento a los enviados de Merodak-baladan. Isaías se opuso a una alianza con el rey de Babilonia en el exilio como lo había hecho a una alianza con Egipto (2R 20,12 18).
Poco después, aún en el mismo año de reinado (2R 18,13), en el 701 a.C., el propio Senaquerib aparece en escena. Su ejército atravesó el país sembrando la destrucción. Demasiado tarde, Ezequías revisó su política y envió rápidamente un fuerte tributo a Senaquerib, que estaba en Lachish (al SO de Jerusalem). Este tributo está registrado en la Biblia (2R 18,14-15) y en los anales de los reyes asirios, difiriendo sólo en la cantidad de plata pagada (30 talentos de oro y 300 de plata, según el AT; 30 talentos de oro y 800 de plata, según las crónicas asirias). No parece que esto fuera bastante para Senaquerib, que exigió una rendición incondicional, lo que era inaceptable para Ezequías. Cuando el desastre parecía inminente, algo hizo volver a Senaquerib a su país. Los anales asirios recogen claramente que Jerusalem no fue tomada en esa campaña. Dicen esos anales que Senaquerib había tenido a Ezequías "prisionero en Jerusalem, como un pájaro en su jaula, sin que nadie pudiera entrar o salir", pero no proclaman que tomaran ni al rey ni a la ciudad.
Unos doce años más tarde, cuando Taharka de Egipto (689-664 a.C.) había subido al trono (2R 19,8), Senaquerib volvió a Palestina para habérselas con el desafiante Ezequías. (Hay que señalar que algunos autores atribuyen estos acontecimientos a la primera campaña de Senaquerib en el 701 a.C., y no a la segunda campaña de doce años más tarde). Senaquerib, durante su asitio a Lachish, despachó emisarios a Ezequías conminándole a rendirse. El rey de Judá, animado por Isaías, rehusó.
Mientras tanto el ejército asirio conquistó la plaza fuerte de Lachish. De ello nos quedan detallados testimonios en los frisos de Nínive (hoy en el Museo británico). La arqueología de los últimos años ha añadido más datos.
Desde Lachish el ejército asirio marchó contra Jerusalem y comenzó el asedio. Pero ante las puertas de Jerusalem el ejército asirio sufrió un gran desastre (2R 18, 17 - 19,36; 2Cr 32,9-21; Is 36,2- 37,37). Según la Biblia, un altísimo número de soldados asirios murieron en una sola noche, gracias a un milagro .//Ciento ochenta y cinco mil parecen muchos; lo que pasa es que el texto hebreo dice eso mismo, pero habria que entender 5.180, como en otros casos en el AT). Tal vez una epidemia de cólera o una plaga similar, propagada por ratas, diezmó el ejército asirio que levantó el campo y cuyos supervivientes volvieron a su lugar de origen. El historiador Herodoto, que visitó Egipto en el s. V a.C., oyó historias parecidas acerca de un desastre sufrido por el ejército de Senaquerib que le obligó a volver a casa cuando se disponía a invadir Egipto.
Ezequías pasó probablemente los últimos quince años de su vida reconstruyendo su devastado país. Unos diez años antes de su muerte hizo a su hijo Manasés co-regente,
II.- MANASÉS
Manasés reinó 55 años (696-641 a.C.), incluidos diez años como co-regente con Ezequías. Según los biógrafos bíblicos, el reino de Manasés estuvo lleno de impiedades y maldades. Reedificó los altares de Baal, sirvió la Asherah, practicó nigromancia, sacrificó niños, dio culto a todo “el ejército del cielo”, etc. Un midrash judío a 2Re 21,16 le hace especialmente responsable de esa "sangre inocente", insiste en su derramamiento de “sangre inocente”, y acusa a Manasés de odiar a Isaías y haberlo matado cortándolo en dos (Isaías se refugia en el hueco de un árbol y Manasés ordena serrarlo). Si fuera así Isaías sería muy anciano y hubiera servido y aconsejado (con variable éxito) a cuatro reyes de Judá durante más de medio siglo.
Los reyes asirios Asarhadón y Asurbanipal mencionan ambos a Manasés pagándoles tributo. Sin embargo, en algún momento de su reinado debió rebelarse, porque uno de esos dos reyes asirios vino y le cargó de cadenas y le llevó a Babilonia (2Cr 33,11). Parecería raro que le llevase a Babilonia en lugar de a Nínive, la capital asiria, pero es posible que Asarhadón, cuya madre era babilonia y que reconstruyó y embelleció Babilonia después que su padre Senaquerib la destruyese, considerase Babilonia prácticamente su segunda capital. La ofensa de Manasés no debía ser muy seria, porque fue perdonado y restaurado en su posición (2Cr 33,12-13). Mientras tanto, oficiales asirios pudieron haber administrado -y saqueado- Judá.
Manasés encontró un empobrecido país a su regreso de Babilonia. Según un documento asirio, Ammon pagaba como tributo dos minas de oro, Moab una mina de oro, mientras que la mísera Judá pagaba diez minas de plata.
Es interesante el doble tratamiento que el AT hace de la personalidad de Manasés. 2Cr 33,12-20 le presenta como arrepentido y como un ardiente yahvista a su vuelta de la cautividad asiria.
Después de la muerte de Manasés, su hijo Amón subió al trono (641-639 a.C.). Fue tan impopular que sus servidores le mataron tras un breve reinado de dos años (2R 21,18-26; 2Cr 33, 21-25).
III. JOSÍAS
Josías, hijo de Amón, subió al trono a los ocho años. Reinó 31 años (639-609). Aparentemente fue educado por un piadoso tutor que le hizo continuar en la tradición de Ezequías, su bisabuelo. A los 15 o 16 años comenzó a abolir los altos lugares, los pilares paganos sagrados y los altares de Baal (2 Cr 34,3) (aunque algunos autores consideran que ello debió tener lugar después de encontrar el libro de la ley, cuando Josías tenía ya unos 25 años). En el año 18 de su reinado (hacia el 622-621 a.C.) durante los trabajos de reparación (importantes) en el Templo, "apareció" un libro de la ley, tal vez el Deuteronomio. Josías se imbuyó de sus preceptos, y comenzó una drástica purga de paganismo e idolatría, no sólo en el reino de Judá, sino también en zonas del anterior reino de Israel (2 R 22-23; 2Cr 34, 6-7). Ello indica que Josías había establecido alguna forma de control político sobre territorios que desde el 722 a.C. eran posesiones asirias.
(Evidencia arqueológica en Arad y en Jerusalem. Muestra de eficacia en cartas de Lachish)
Por otra parte, algunas afirmaciones del profeta Ezequiel indican que el culto de algunos dioses aún se practicaba en secreto entre ciudadanos de Judá, algunos prominentes. Según Ezequiel, tal culto era practicado incluso en el Templo de Yahveh, hasta el mismo final de su existencia (Ez 8, 5-16) . Parece que la erradicación de las prácticas y cultos paganos era muy difícil.
Durante el reinado de Josías el imperio asirio se desintegró. Sus reyes Asarhadon y Asurbanipal se excedieron cuando invadieron Egipto y le hicieron parte de su imperio. Tan lejos del centro del imperio asirio, Egipto estaba casi fuera de control, y además tenían los asirios que hacer frente a los problemas con otras naciones inquietas que reiteradamente pretendían sacudirse su dominio. La mayor amenaza para el imperio asirio fue Nabopolasar, el rey caldeo de Babilonia, que la declaró independiente y estableció una alianza con la Media, quien durante cierto tiempo había dado problemas por el este a Asiria. En rápida sucesión, tras la muerte de Asurbanipal hacia el 630 a.C., una parte tras otra del imperio fueron cayendo. Hacia el 615 a.C. los asirios se defendían en su país de origen; Assur, una de sus primeras ciudades capitales, fue atacada por los babilonios. Al año siguiente Assur cayó ante un asalto de los medos. Finalmente, la capital, Nínive, fue destruida por un combinado medo-babilonio el 612 a.C.. Los restos del imperio asirio quedaron reducidos a algunas posiciones en Haran.
Durante ese periodo Josías debió recuperar parte de la economía de Judá y del control del territorio del reino de Israel, anteriormente bajo los asirios.
Mientras el colapso del imperio asirio beneficiaba a Josías, permitía también un renacimiento de Egipto. Cuando se debilitó el dominio de Asiria sobre Egipto, los faraones de la dinastía XXVI tomaron el control de su propio país, y es posible que también llenaran el vacío de poder creado por la impotencia asiria en Siria y en las zonas que rodean Judá e Israel. Los egipcios debieron mirar con aprensión el emergente poder de Babilonia, temiendo que sus reyes, tras extinguirse el poder de Asiria, quisieran asumir el control sobre los antiguos territorios occidentales del Imperio asirio. Por esa razón, primero Psamético I (663-609 a.C.) y luego Necao II (609-594 a.C.) decidieron tratar de parar el colapso asirio. Para los egipcios era preferible una Asiria debilitada pero aún viable, que actuase como colchón entre Siria (que los egipcios pretendían controlar) y Babilonia.
Josías tal vez pensó que los faraones egipcios tenían otros planes además de mantener simplemente viva a Asiria, como reconstruir el antiguo imperio egipcio en Asia. Sea como fuere, el faraón Necao II quiso marchar a través de Judá para ayudar a los asirios. Josías habría cerrado un acuerdo con Nabopolasar de Babilonia para resistir a Necao. O tal vez lo hizo por convicción de que si los egipcios y los asirios vencían a los babilonios, Judá tendría que someterse a uno u otro. Una u otra razón debió llevar a Josías a tomar su desafortunada decisión de resistir a la fuerza de Necao II en su camino a través de Judá para ayudar a los asirios.
Josías escogió los pasos del Carmelo cerca de Meguido para tratar de parar al ejército de Necao II. Esa batalla marcó el fracaso de la política pro-babilonia de Josías, que fue herido y murió al poco (2R 23,29; 2Cr 35, 20-24). Su ejército fue definitivamente vencido. Necao se apresuró hacia el norte sin aprovecharse hasta el fondo de su victoria sobre Josías. Estaba más preocupado por una victoria sobre Babilonia, con la cual tendría las manos libres no sólo en Judá, sino en Siria y otras naciones de la zona.
Aunque Judá se libró una vez más del destino de su vecino del norte, el país había sido desangrado por los pesados tributos. En época de Ezequias Jerusalem se salvó casi milagrosamente, pero el país había sido devastado por los ejércitos de Senaquerib. El surgimiento de Babilonia dio un cierto respiro durante la primera parte del reinado de Josías, pero hacia la muerte de éste en el 608 a.C. Judá no sólo estaba amenazado por Babilonia, sino que había sufrido a manos del resurgido Egipto. Los escritores bíblicos, que ven la historia política de su nación a la luz de la obediencia o desobediencia a Yahveh, declararon que todos esos infortunios eran debidos a la apostasía, aunque no indican cuáles son los pecados del piadoso Josías. Se refieren, en cambio, a las infidelidades a Yahveh de la mitad de los reyes de Judá, con lo que no era sorprendente que la nación fuera de mal en peor.

V.


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