• LA REVOLUCION CORPORATIVA: AVANCE TECNOLOGICO (1865-1913)

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    La revolucion corporativa: avance tecnologico (1865-1913)


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    LA REVOLUCION CORPORATIVA: AVANCE TECNOLOGICO (1865-1913)






    TEMA 4


    UEA: Historia de la empresa y sociedad

    Grupo: HA01

    EQUIPO 2
    Integrantes:
    Aguilar Maldonado Juan Antonio

    Domínguez Norberto Ángeles Jazmín

    Hernández Rojas Javier

    Martínez Martínez Lidia Melina

    Verdiguel Vega Oscar Alejandro

    LECTURA 10. GALBRAITH, JOHN K. (1981) LA ERA DE LA INCERTIDUMBRE, PLAZA JANES, BARCELONA, PP. 9-108

    1. LOS PROFETAS Y LA PROMESA DEL CAPITALISMO CLÁSICO.

    El Origen

    Hay un punto conveniente y generalmente aceptado, por el que podemos empezar. En la segunda mitad del siglo XVIII, en Gran Bretaña y, en menor grado en el resto de la Europa Occidental, y pronto también de Nueva Inglaterra, la vida económica se vio transformada por una serie de inventos mecánicos.



    El Panorama

    Antes de la Revolución Industrial, los empleados estaban principalmente empleados en la agricultura.



    El fundador

    El más grande escocés fue el primer economista: Adam Smith.

    Los hombres-y las mujeres- rinden el máximo cuando reciben tanto la recompensa de su diligencia o de su inteligencia como el castigo de su pereza. También era importante que la gente fuese libre de buscar el trabajo o dirigir el negocio que compensasen sus esfuerzos. Si era así, el individuo recibía el máximo, y servía mejor a la sociedad rindiendo también al máximo.

    Tanto para Smith como para Voltaire, la razón exigía que se sacasen conclusiones sin recurrir a la religión, a las reglas, al perjuicio o a las pasiones, sino haciendo que la mente captase por entero toda la información importante al alcance de uno.



    El Sistema Agrario

    Se reflejaban en las ideas de un grupo fascinador de filósofos economistas, conocidos en la historia del pensamiento económico con el nombre de fisiócratas. Los fisiócratas sostenían que toda riqueza tenía su origen en la agricultura. Solo en ella, como don de la Naturaleza, el esfuerzo productor rendía un exceso sobre el costo. La agricultura era la industria básica, la única industria básica.



    La Riqueza de las Naciones

    Smith lo publicó en 1776, el éxito fue inmediato, y la primera edición Estudio sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones so agotó.

    La riqueza de una nación es el resultado de la diligente búsqueda por cada ciudadano de sus propios intereses, cuando obtiene la recompensa resultante de su esfuerzo o sufre las pérdidas derivadas de su fracaso. Al servir a sus propios intereses, el individuo sirve al interés público. Según la frase más grande Smith, él se siente guiado a hacerlo así por una mano invisible. Es mejor la mano invisible que la mano visible, inepta y codiciosa del Estado.

    Describe Smith la división del trabajo, en su ejemplo más notable, la manufactura de alfileres.

    Un hombre estira el alambre, otro lo endereza, un tercero lo corta, un cuarto le saca punta, un quinto vacía el otro extremo para que le apliquen la cabeza. Para hacer la cabeza, se precisan dos o tres operaciones distintas, ponerla en un trabajo singular clavarlos en el papel.

    Smith calculaba que diez hombres repitiéndose el trabajo de este modo, podían hacer 48000 alfileres al día, equivalentes a 4,800 cada uno. Un hombre que hiciese el solo todas las operaciones, fabricaría uno o tal vez veinte.

    Cuanto más grande sea el mercado más largar serán las series de producción y mayor la oportunidad de división del trabajo.

    De la combinación del libre comercio con la libertad de empresa nació una mayor producción de lo que era más necesitado, el resultado social más favorable.



    Combinaciones y corporaciones

    Los hombre de negocios constituían una amenaza importante contra su propia libertad; su invariable instinto los impulsaba a imponerse restricciones ellos mismos.

    Smith era profundamente contrario a las corporaciones o compañías por acciones. Decía de los accionistas, estos raras veces pretenden saber algo de los negocios de la compañía; y cuando el espíritu de facción no prevalece entre ellos, aquellos no les preocupan, sino que reciben con satisfacción el dividendo semestral o anual de los directores consideran adecuando señalarles. Y añadía refiriéndose a los directores: como manejan el dinero de otros más que el suyo, no puede esperase que velen por el con ansiosa vigilancia con que los socios de una Compañía privada suelen vigilar el suyo generalmente han majeado mal el comercio. Con un privilegio exclusivo, lo ha manejado mal y lo han reducido.

    Una ciudad textil modelo

    El experimento de New Lanark fue iniciado en los últimos años del siglo XVIII, por David Dale, famoso capitalista y filántropo escoces. Su idea era ir a los orfelinatos para rescatar a los infelices niños y darles instrucción y un trabajo útil.

    Cada huérfano recibía una hora y media de rigurosa instrucción todos los días.

    La enseñanza se impartía por la noche, después de una buena y honrada jornada de trece horas en la fábrica.

    Esto fue aún más cierto después de 1799 cuando asumió la dirección el yerno de Dale, Robertt Owen.

    Con el tiempo, se redujo la jornada laboral de los niños a diez horas y media y nunca se emplearon niños menores de doce años.

    Debido a su actividad compasiva, Owen tenía siempre dificultades con sus socios. Estos habían preferido mucho más un director duro y practico, que hubiese hecho trabajar toda la jornada a los pequeños bastardos.

    El caso de indiana

    New Lanark no satisfacía enteramente la visión utópica de Owen. Por eso hubo una secuela: Nex Harmony, en Indiana, que era un elíseo corporativo en las orillas del Wabash, Owen trato aquí de empezar desde el principio; la nueva comunidad no tendría una génesis adquisitiva ni el menor matiz capitalista. No se fundaría en el principio del interés de Smith, sino en el más grande ideal del servicio al prójimo.



    Ricardo y Malthus

    Adam Smith ofreció algo más que un consejo en los negocios públicos. Brindo lo que hoy llamaríamos un modelo económico, una visión del funcionamiento del sistema económico. La competencia hacia que los precios se fijasen aproximadamente de acuerdo con el costo de producción. El costo de producción de un artículo era, a su vez, lo que costaba reproducir, educar y mantener el trabajo empleado en él.

    Aquí estaban los gérmenes de dos ideas que crecerían y formarían el pensamiento del hombre y que todavía siguen formándolo. Una, era la teoría del valor del trabajo. La otra, que la Humanidad tiende siempre a ser víctima de su propia fecundidad, de la explosión nunca reprimida de la población. Ambas ideas fueron desarrolladas en Londres por íntimos amigos: David Ricardo y Thomas Malthus.

    Malthus sentó el Principio de población. Según este, dada "la pasión de los sexos", la población crece siempre en progresión geométrica: 2, 4, 8, 16. Mientras que, en el mejor de los casos, la comida aumenta solo en progresión aritmética: 2, 3, 4, 5. De esto se desprendía un resultado inevitable: en la probable ausencia de restricción moral, la población estaría sometida a los repetidos y espantosos frenos impuestos por el hombre, la guerra o las catástrofes naturales.

    Con Malthus y Ricardo, la economía se convirtió en una ciencia muy triste.

    La opinión de Ricardo

    En el mundo Ricardino, los trabajadores nunca recibirían más que el mínimo necesario para subsistir. Era la ley de hierro de los salarios. Esto llevaba, entre otras cosas, a la conclusión de que la caridad era no solo inútil, si no perjudicial para el trabajador. Podía suscitar esperanzas y aumentar los ingresos corto plazo. Pero aceleraba el aumento de población, que daba al traste con ambas cosas.

    En el mundo de Ricardo, el estado perdía en importancia y poder. Así debía de ser, según la lección continuada de Adam Smith. Como se ha observado, la intervención del gobierno no ayudaría a los pobres. Pero limitaría la libertad económica y la busca del propio interés y todo seria a un peor. Tal como el veía las cosas, David Ricardo no era cruel. Se limitaba, en un mundo naturalmente cruel, a desaconsejar una lucha vana contra lo inevitable y a aceptar el mal menor.

    Ricardo aceptaba una tesis formulada anteriormente por Jean Baptiste Say, el gran intérprete francés de Adam Smith. La ley de Say afirmaba que la producción suministraba siempre la renta para comprar todo lo que se producía. Lo que se ahorraba, se gastaba también, aunque de un modo diferente; por tanto, no podía haber nunca falta de poder adquisitivo.

    Malthus no estaba de acuerdo con este punto. La renta podía no gastarse, en consecuencia, podía haber una falta de poder adquisitivo.

    Después con John Maynard Keynes, la idea de Malthus de una escasez de poder adquisitivo se convirtió en doctrina aceptada. La tarea más urgente del gobierno era compensar aquella escasez y contrarrestar el ahorro excesivo. La economía no es una ciencia exacta.



    Inglaterra e Irlanda

    Una manera de medir una idea, aunque no siempre ha sido bien considerada por los economistas, es ver si funciona.

    Al aumentar la población irlandesa, aumento también la competencia por la tierra y con ella, el rendimiento que obtenían los terratenientes ausentes.

    Aquí manifiesta otra tendencia. Si las consecuencias de la acción fundada en los principios son demasiado desagradables, hay que recabar la sanción divina. La invisible mano de Smith se había convertido en la mano de Dios, la mano de un dios bastante cruel, que sin duda no les tenía mucha simpatía a los irlandeses.



    La escapada

    Cholera Bay decía que tal vez en el Nuevo Mundo seguían vigentes los principios definitivos articulados por Adam Smith y David Ricardo. Aunque planteados de un modo muy diferente. Por esto era también distinto el resultado.

    Aquí, la tierra era abundante y libre. Y siendo así, no otorgaba el poder ni el monopolio de la renta al hacendado. Nadie podía estrujar demasiado a un arrendatario o a un trabajador agrícola, si este podía, al día siguiente, hacerle una higa a su señor o patrono y dejarle que cultivase la hacienda con sus manos. En América, la población podía multiplicarse como decía Malthus y en realidad lo hacía. Pero la necesidad de trabajadores aumentaba todavía más. Por esto, la paga no menguaba, sino que mejoraba.

    En América, Henry Charles Carey. Con el aumento de la población y el progreso general de las artes, se aprovechaban tierras aún mejores.

    La presión malthusiana de la población sobre el abastecimiento de comida puso en movimiento la gran emigración. Y los emigrantes resolvieron entonces el problema alimenticio del mundo, al menos por un siglo.

    Las uniones de los trabajadores serán mucho más perjudiciales que las de los mercaderes.

    Adam Smith, como hemos visto, se informó como hombre racional de las circunstancias y en consecuencia, formo sus ideas.

    Jamás habría esperado que sus ideas se aplicasen a circunstancias para las que no habían sido concebidas.




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