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La globalización en perspectiva histórica


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GLOBALIZACION: CAPITALISMO INFORMÁTICO-GLOBAL Y NUEVA CONFI-GURACIÓN ESPACIAL DEL MUNDO

Alejandro Dabat (CRIM-UNAM)

1. Introducción.

Junto con la revolución informática, la globalización es el principal de los grandes cambios que han transformado radicalmente el mundo en las últimas dos décadas, sea para bien (enorme salto en la integración potencial del mundo) como para mal (ahondamiento de desigualdades e inseguridades sociales). Pero es también el referente económico-social más mencionado y debatido de los últimos años; la palabra de moda más utilizada para denotar los mas diversos aspectos del cambio mundial o la idea-símbolo por excelencia usada tanto para tratar de explicar las políticas impopulares de los gobiernos como para articular la protesta nacionalista, social, étnica o religiosa. Como puede esperarse de este tipo de nociones, el mismo ha dado lugar a una literatura excepcionalmente vasta, que abarca a prácticamente todas las esferas de la realidad, disciplinas de las ciencias sociales y géneros literarios.

Pero la globalización es también el mas complejo y menos delimitado de los grandes temas actuales, tanto por la gran diversidad de problemas, campos de conocimiento y universalidad de intereses nacionales y sociales que afecta, como por las dificultades teóricas que entraña. Conforme el autor de que se trate, la globalización es una tendencia actual, un fenómeno futuro, un proyecto hegemónico, un mito, una etapa histórica concreta o varias de estas cosas juntas. Ello da lugar a la existencia paradójica, de uno de los fenómenos más presentes en el discurso de las ciencias sociales, que carece de una definición conceptual precisa 1. Por las razones expuestas, partiremos del hecho reconocido de que el término globalización es mucho más una noción (conocimiento elemental) que un concepto científico.

Las dificultades para definir a la globalización tienen mucho que ver con la novedad y complejidad del fenómeno. Con el hecho, de que esta no sea una proceso simple sino, como señala García Canclini (1999), un conjunto de procesos que están tanto homogeneizando al mundo, como fraccionándolo articuladamente de una nueva manera. Pero la dificultad también está anclada al interior de las propias ciencias sociales actuales, en cuestiones tales como la incomunicación casi absoluta de sus principales disciplinas o la inadecuación de sus paradigmas fundamentales para tratar adecuadamente problemas de la amplitud y complejidad de la globalización. Cuestión esta última que, por su importancia, merece algún comentario.

Por problemas históricos que hacen a la accidentada trayectoria de las ciencias sociales en el siglo XX, los estudiosos de la globalización han tenido que lidiar con por lo menos cuatro grandes obstáculos: el paradigma estatocentristas que aún domina la mayoría de las disciplinas sociales (Axford, 1995; Antal, 1999); el ambiente intelectual antisistémico promovido por el postmodernismo, el individualismo metodológico o el pragmatismo tecnocrático; la herencia de casi un siglo de estatismo e ideologismo dentro del marxismo 2; o la insuficiencia de la teoría espacial al nivel de los aspectos mas generales de determinación social, que es algo que trataremos en la última sección. Este contexto epistemológico y teórico, favoreció un tipo de conocimiento sobre la globalización muy descriptivo, pragmático y metafórico 3, extremadamente pulverizado en torno a las diferentes convenciones disciplinarias y muy poco orientado hacia la síntesis histórico-geográfica y la generalización teórica.

Afortunadamente, esto parece estar cambiando favorablemente en los últimos años (segunda mitad de los 90s), con la aparición de un conjunto de autores y trabajos de alto nivel de concreción histórico-geográfica o de búsqueda de explicaciones integrales del fenómeno estudiado (obra de autores como Gereffi, Petrella, Castells, Dicken o Axford). El presente trabajo, trata de ubicarse dentro de esta orientación, sustentando la idea de que la globalización no es otra cosa que la nueva configuración espacial de la economía y sociedad mundial bajo las condiciones del nuevo capitalismo informático-global. Para ello, se apoya en una metodología de tipo histórico-estructural abierto 4, que intenta abordar conjuntamente las principales dimensiones del problema. Tal tratamiento se concreta en una exposición dividida en cinco partes (incluida la introducción) referidas respectivamente, a las condiciones históricas del fenómeno, a su percepción social y académica, al debate teórico sobre su naturaleza y a la exposición y fundamentación final de la tesis central del trabajo.

2. Las precondiciones históricas de la globalización.

La globalización (o la nueva globalización para los que creen que ella existió desde mucho antes) es un fenómeno de las últimas décadas del siglo XX, en el contexto de los grandes cambios mundiales que siguieron a la gran crisis mundial capitalista de mediados de los 70s, el derrumbe del socialismo estatista, la emergencia ecológica mundial y el enorme desorden mundial que siguió al fin del orden bipolar de la segunda postguerra (Dabat y Rivera, 1995). En tales cambios, confluyeron tanto procesos históricos relativamente “viejos” como la tecnología electrónica y de las comunicaciones, el telón de fondo de la crisis ecológica, la enorme extensión mundial de la empresa trasnacional o la nueva división internacional del trabajo, con otros completamente nuevos como la reestructuración posfordista y de mercado del capitalismo, las redes de información e Internet, la casi completa desaparición del estatismo y el nacionalismo corporativo del Tercer Mundo, la constitución de un nuevo sistema financiero de características inéditas, la integración mundial de la producción o la apertura externa, reforma neoliberal e incorporación plena al mercado mundial de los países periféricos, incluidos la gran mayoría de los ex miembros del Bloque Comunista tras el ejemplo anterior de China.

Esta transformación, como todo gran cambio profundo, tuvo dos dimensiones diferentes: una extensiva (cuantitativa) y otra de cambio estructural (cualitativa). La dimensión extensiva, puede sintetizarse en la extensión mundial del capitalismo prácticamente a todos los rincones del planea 5, la expansión mundial de las redes de comunicaciones y transportes, del mercado mundial de mercancías y capitales, del alcance mundial de la empresa trasnacional y la competencia de empresas, estados y regiones, de la enorme dimensión del intercambio de monedas o del alcance nunca visto de la movilidad nacional e internacionales de las personas (migraciones laborales, turismo, viajes de negocio). La unificación tecno-económica del mundo, coincidió con la unificación política bajo la égida del capitalismo occidental, y la convergencia de ambos fenómenos abrió paso a un acelerado y amplísimo proceso de homogeneización social y cultural contradictorio y desigual, resultante de la acelerada expansión mundial de las relaciones de producción y vida del capitalismo y el enorme alcance de los medios de información y comunicación de Occidente. Pero eso está lejos de ser todo.

Más importante aún será el aspecto cualitativo del cambio, que dará lugar a por lo menos, a tres grandes procesos de trasformación radical del mundo: la revolución informática y de las comunicaciones, la reestructuración postfordista y de mercado del capitalismo y la completa unificación del mercado mundial por primera vez en la historia del capitalismo. Dado la gran importancia de cada uno de ellos para el estudio de la globalización los trataremos por separado

2.1 La revolución informática y de las comunicaciones.

La revolución informática fue el resultado de la conversión de la revolución microelectrónica (fenómeno específicamente tecnológico) en una nueva revolución productiva 6 de enormes alcances económicos y sociales. El punto de inflexión de este pasaje, fue la reestructuración capitalista de los años 80s y 90s, que siguió a la crisis de agotamiento del patrón fordista-keynesiano de acumulación (ver sección siguiente) y que abrió paso a la automatización flexible de los procesos productivos, la introducción de la computadora y las redes de computadoras, la revolución de las comunicaciones y la llamada economía del conocimiento. En una primera etapa, la revolución informática estuvo centrada en el conjunto de los principales países capitalistas con decisiva participación de Japón; pero en una segunda etapa propia de los años 90s, pasó a ser encabezada por Estados Unidos por su posición dominante en los nuevos sectores productivos líderes dominantes de la misma, como el software, las comunicaciones o Internet.

La transformación de las fuerzas productivas y los modos de vida resultantes, alteraron las condiciones de desenvolvimiento de la economía, la sociedad, la cultura y la geopolítica mundial. En el plano económico generó industrias revolucionarias nuevas como el semiconductor, la computadora o el software (Lester, 1998), que asociadas al nuevo equipo reprogramable y las redes de computadoras, transformaron al conjunto de las condiciones de la producción (automatización flexible, fraccionamiento de procesos productivos) convirtieron al conocimiento en la principal fuerza productiva de la época. La transformación de las condiciones de la producción, del crédito, del consumo y del comercio, modificó las relaciones entre bienes y servicios y la estructura del empleo, la estructura de la empresa y las condiciones de la competencia. Cambió la estructura del empleo, modificando, individualizando y mundializando los patrones de consumo En términos de dinámica económica modificó la lógica de la acumulación de capital y dio lugar a un nuevo ciclo industrial comandado por el sector electrónico informático (Dabat, en prensa) y a una división global del trabajo (Gereffi, 1995) que redefinió las relaciones entre países y regiones del mundo.

Pero el impacto de la revolución informática, trascendió ampliamente a la economía. Vía la revolución de las comunicaciones, de la información o de las llamadas industrias culturales, modificó el conjunto de las relaciones sociales y los patrones culturales, sea directamente o como resultado de las transformaciones de las relaciones de producción y cambio que consideraremos en la sección siguiente. Las transformaciones de la vida social alcanzaron a la composición del empleo, del consumo o de la familia, a la organización de la educación, la salud o la utilización del tiempo libre. Nuevas tendencias generales como la pluralización de las relaciones sociales, la individuación o reflexividad de las personas o los cambios en los principios de la organización social (pasaje de las organizaciones rígidas y verticales a organizaciones flexibles tipo red), favorecieron el desarrollo de movimientos sociales no corporativos, como los de mujeres, de ancianos, de homosexuales, de ciudadanos, de científicos, así también como la comunicaciones directas entre las comunidades indígenas más apartadas.

A nivel del orden mundial, la revolución informática aceleró la descomposición de la Unión Soviética y el Bloque Oriental estableciendo nuevas condiciones de competencia, viabilidad económica y circulación de la información (los gobiernos y censores perdieron toda capacidad de administrar lo que podía o no conocerse en sus países). Implantó nuevos estándares tecnológicos y educativos, e impuso a los países la reconversión imperativa de su infraestructura básica, planta productiva y bases científico-educacionales. Fue el empujón final que condujo del triunfo del capitalismo y Estados Unidos en la Guerra Fría, ante la imposibilidad de la Unión Soviética de controlar el aluvión informativo y dar respuesta al nivel y ritmo de cambio tecnólogico que le imponía su condición de superpotencia militar y económica.

Finalmente, no puede dejar de considerarse que la revolución tecnológica no vino sola, y que sus formidables logros potenciales no pueden separarse de la forma social y política de su entrada en escena como instrumento de competencia capitalista y poder. Entre sus consecuencias sociales favorables pueden contabilizarse grandes logros como la polivalencia y desburocratización del trabajo, la preeminencia del conocimiento y de la capacitación continua de amplios núcleos de trabajadores, los formidables avances medico-farmaceúticos o la mayor calidad y variedad de los bienes y servicios producidos. Entre las negativas, resaltan sobre todo la precarización del trabajo o la ampliación de las brechas tecnológicas y culturales entre pueblos, sectores sociales e individuos. Un problema sociocultural muy importante, es el que resulta del creciente monopolio de los medios de comunicación mundial por redes de empresas trasnacionales, y la consiguiente comercialización de la violencia y otras lacras sociales.

2.2 La reestructuración postfordista y de mercado del capitalismo.

La reestructuración de las dos últimas décadas alcanzó a los principales planos de la actividad económica, como el paradigma tecno-económico (Perez, 1986), la organización del trabajo y de la relación salarial (Coriat, 1992), la producción y la empresa (CET-ONU, 1988; Ernst y O´Connor, 1989), la implementación generalizada de la nuevas tecnologías Castells, 1995), el sistema financiero (Dabat y Toledo, 1999), las reformas del mercado y del estado (Petrella, 1995), la división territorial del trabajo (Gereffi, 1995) o el ciclo industrial (Dabat, en prensa) o la localización mundial de las actividades productivas (Dicken, 1998). Como resultado de ello, se puede hablar de la entrada en una nueva etapa de desarrollo del capitalismo, la cuarta desde el capitalismo industrial de libre concurrencia del siglo XIX (Dabat, 1993), que ha comenzado a expresarse en cambios fundamentales en todos los niveles de la vida social (modo de producción y vida, estructura e instituciones sociales, patrones culturas, estado y política) (Castell, 1996)-

Los aspectos mas generales del cambio, tienen que ver con la sustitución de las anteriores relaciones fordistas de automatización rígida, especialización del trabajo en torno a la cadena de montaje y control burocrático, por otras mucho mas flexibles y dinámicas (Piore y Sabel, 1984). Entre los cambios de este tipo destacan (a) la automatización flexible (reprogramable) y gestión computari­zada; (b) la nueva organización del trabajo a partir de los círculos de autocon­trol de calidad; (c) el fraccionamiento de los procesos productivos que posibilita la relocalización parcial de parte de los mismos; (d) la aceleración del flujo conti­nuo de información y materiales entre las secuencias del ciclo del producto (y consiguiente elevación de la eficiencia del control a distancia); (e) la posibilidad de sustituir las grandes series standa­rizadas por pequeñas series reprogramables con menores requerimientos de economías de escala y mayores posibilidades de descentralización.

Particularmente importante será el cambio en la organización y el funcionamiento de la empresa capitalista, bajo las nuevas condiciones de la competencia global, el nuevo sistema financiero y nueva división internacional del trabajo (Dabat, 2000). De la corporación multinacional verticalmente integrada de la segunda postguerra, se pasará a la empresa trasnacional versátil y mundialmente omnipresente (“empresa-red” de alcance global), concentrada directamente en los sectores y segmentos productivos donde cuenta con sus principales ventajas competitivas (Porter, 1990) y extendida mundialmente a partir de una amplísima red de filiales, empresas asociadas, subcontratistas, distribuidores o franquiciatarios y de un conjunto de alianzas estratégicas temporales con ciertas empresas competidoras. Este tipo de cambio, también afectará profundamente a la pequeña y mediana empresa, que quedará cada vez mas incluida en grandes redes interempresariales de alcance mundial o regional.

Los cambios del sistema financiero, abarcaron a prácticamente todo el universo del crédito, como los instrumentos del mismo (pasaje del crédito bancario a la emisión de bonos y acciones), su base técnica (informatización de las operaciones), la naturaleza de los intermediarios (fondos mutuales y de protección, sociedades y banca de inversión, fondos de pensiones, compañías de seguros), la administración de riesgos (instrumentos “derivados” como futuros o swaps), las relaciones con las instituciones de regulación pública (desregulación, seguida de controles muy laxos) o la llamada “globalización financiera” 7. Este sistema se impuso sobre el anterior (de crédito bancario fuertemente regulado por la banca central) por el bajo costo financiero y agilidad operativa. Pero dio lugar a sistema altamente volátil y relativamente desvinculado de la esfera productiva 8.

A nivel de dinámica económica, los cambios estructurales dieron lugar a la progresiva conformación de un nuevo patrón de acumulación centrado en producción de bienes y servicios intensivos en conocimiento, encabezado por el sector electrónico-informático (software, semiconductores, computación, telecomunicaciones, servicios de apoyo) y el sector científico-educativo, dentro de una economía productiva de servicios y una esfera crediticia profundamente transformada por la tecnología informática. Ello se tradujo en un nuevo tipo de ciclo industrial dependiente del sector electrónico-informático que en conjunción con la relocalización del capital hacia los países periféricos, generó la nueva dinámica internacional que tendió a subordinar progresivamente a las diferentes esferas productivas y economías nacionales.

La conjunción de los cambios señalados con los de los otros dos tipos de cambio que estamos considerando, permitieron el restablecimiento de la rentabilidad empresarial, del empleo y de la acumulación del capital, tanto en Estados Unidos (Lester, 1998) como en los nuevos centros dinámicos del capitalismo centrados particularmente en Asia Oriental, excluido Japón (Dabat, 1997). Pero la experiencia histórica demuestra que la generalización y estabilización del desarrollo económico del mismo, requiere de instituciones de mediación y concertación político-social aún inexistentes, que permitan la inclusión del mundo del trabajo y la pluralidad de los sujetos sociales activos de la sociedad civil, con fue el caso de los anteriores pactos fordista-keynesianos o nacional-populistas.

Hasta ahora, todos los ciclos expansivos del capitalismo han requerido siempre de marcos regulatorios y pactos sociales que dieran sustentabilidad político-social al sistema, como fue el caso del sindicato, la reducción de la jornada de trabajo y la educación pública en la segunda mitad del siglo XIX, de la legislación social y el sufragio popular en la época clásica del imperialismo o del convenio colectivo de trabajo, el seguro social y el voto femenino en la Segunda postguerra. Mientras no se haya avanzado sustancialmente en esta dirección, no se podrá pasar de la recuperación en ciernes del capitalismo, a un despegue global del mismo política y socialmente sustentable.

2.3 Fin de los “tres mundos” y reunificación-reestructuración del mercado mundial.

La reunificación del mercado mundial que siguió al desplome del Bloque Comunista y estuvo substancialmente determinada por el agotamiento histórico del estatismo y el nacionalismo corporativo del tercer mundo (Dabat, 1991; Dabat, 1993). En 1979, China, el país más poblado del mundo y segunda potencia político-militar del Bloque Comunista, había escogido voluntariamente el camino del reintegro al mercado mundial y la “economía socialista de mercado”. Los países de Europa Oriental y la propia Unión Soviética tratarían poco después de seguir sus pasos mucho más lentamente a partir de las reformas de mercado signadas por la Perestroika. Pero la lentitud e ineficacia de la reforma económica conduciría al desmoronamiento pacífico del Muro de Berlín y la Cortina de Hierro, que abriría el territorio de la ex Unión Soviética y Europa Oriental a la economía mercantil-capitalista.

El derrumbe del nacionalismo corporativo del tercer mundo tuvo que ver (especialmente para los países menos desarrollados de África) a la desaparición del escudo económico, militar y diplomático del Bloque Comunista que canceló la posibilidad del juego pendular del nacionalismo corporativo del tercer mundo para mantener cerradas o entrecerradas sus puertas al capital internacional. Pero la principal causa del mismo (especialmente en el caso de América Latina) fue también el agotamiento interno del nacionalismo corporativo asociado a la substitución de importaciones, y su incapacidad para adoptar el desarrollo exportador asiático-oriental y afrontar de esa manera la crisis de la deuda 9. De todas maneras, todo esto dará lugar al llamado “fin del tercer mundo” (Harris, 1996).

Pero el elemento detonante de la crisis histórica del estatismo y el nacionalismo corporativo, será la reestructuración informático-global del capitalismo, que determinará tanto la obsolescencia del arsenal atómico-balístico soviético, como la viabilidad de las economías cerradas preinformáticas carentes de competitividad internacional o la posibilidad de los estados nacionales de contener los flujos trasnacionales de información. A partir de la segunda mitad de los 80s, la nueva relación entre empresa, tecnología, competitividad y respaldo estratégico estatal (Ernst y O’Connor, 1989; Thurow, 1992; Chesnais, 1994) dará lugar a una competencia oligopólica encarnizada de fuertes sesgo mercantilista entre Estados Unidos, Japón y los países de Europa Occidental, que pareció apuntar en algún momento (antes de la culminación de la Ronda Uruguay del GATT en 1994) 10 a hacia una posible fractura proteccionista del mercado mundial.

La unificación del mercado mundial se concretará en los años 90s. A partir de la convergencia de procesos de diferente naturaleza, como el derrumbe del Bloque comunista y los nacionalismos corporativos del tercer mundo, el impacto de la revolución tecnológica y la reestructuración del capitalismo, los procesos de liberalización, desregulación y privatización de los países en desarrollo y la conclusión librecambista de la Ronda Uruguay del GATT. La unificación de los 90s se caracterizará por una serie de hechos inéditos en la historia del capitalismo, como la extensión de las relaciones mercantil-capitalistas de producción al conjunto del planeta, la constitución de un enorme masa global de trabajadores móviles 11 en los países en desarrollo densamente poblados, la plena incorporación al mercado mundial de la gran mayoría de países, la conversión de los principales países periféricos en grandes exportadores manufactureros e importantes mercados financieros privados, la conformación de una infraestructura informático-comunicacional integrada de alcance mundial, la integración mundial de los sectores fundamentales de la producción en torno a cadenas productivas globales, redes empresariales flexibles del alcance global y una división global del trabajo, la libre movilidad de capitales entre prácticamente todos los países, el establecimiento relativo del libre comercio internacional12, la conformación de múltiples bloques regionales competitivos bajo los principios del llamado regionalismo abierto y la conversión de Asia Oriental (excluido Japón) en el espacio más dinámico de la economía mundial.

En la discusión sobre las razones de este proceso, no puede desconocerse la importancia de hechos como el triunfo político del capitalismo neoliberal, la recuperación de Estados Unidos o la presión diplomática externa. Pero entendemos que la principal razón, fue la disciplina concurrencial impuesta por la “competencia global” actuando en conjunción con las nuevas condiciones del crédito internacional (privatización del mismo y requerimientos mínimos de calificación internacional), los imperiosos requerimientos de nueva tecnología, las posibilidades abiertas por la nueva división global del trabajo 13 o la imposibilidad del retorno a los anteriores patrones de crecimiento económico (Dabat, 1995).

La unificación y reestructuración del mercado mundial no estará exenta de grandes contradicciones. La primera de ellas, es que a pesar de la amplitud del proceso, el mismo tenderá a tener características excluyente porque marginará a los países preindustriales y de escasa potencialidad de integración al nuevo mercado mundial (el llamado “cuarto mundo”). La segunda de ellas, es que la falta de correspondencia entre integración productiva y volatilidad cambiaria-financiera, se traducirá en una secuencia casi ininterrumpida de crisis financieras regionales sucesivas de amplio impacto productivo, que por su gran profundidad y alcance potencial mundial, cuestionarán severamente los logros alcanzados. Precisamente esta cuestión, pondrá en el tapete de la discusión los requerimientos de regulación supranacional de los mercados financieros

3. La percepción de la globalización por la sociedad y las ciencias sociales.

Cuando se estudia el origen histórico del uso de las palabras global/globalización, debe partirse de dos hechos básicos. Que se trata de palabras de origen francés que recién comenzaron a utilizarse en idioma inglés hace unos cuarenta años 14; y que su empleo en el sentido actual, es algo perteneciente a los últimos quince años 15, cuando comenzaron a ser usadas en respuesta a la aparición de conjunto de hechos nuevos intuitivamente a percibidos como componentes de un proceso mas amplio (Guerra Borges, 1999). Este proceso de construcción social de la noción de globalización, atravesó en líneas generales por tres grandes etapas: a) la anterior a los 80s, de visualización (en gran parte prefiguración) de antecedentes del fenómeno; b) el de la segunda mitad de los 80s y comienzos de los 90s, de descripción y análisis detallado de aspectos particulares relativamente desconectados entre sí; y c), desde entonces al presente, de búsqueda de explicación más amplias e integradas.

Las primeras aproximaciones a la noción ulterior de globalización, serán bastante anteriores al de su conformación propiamente dicha como fenómeno nuevo. En 1964, McLuhan utilizará el concepto de “aldea global” como visión premonitoria del papel potencial de la alta tecnología y las comunicaciones internacionales, de permitir a los individuos de las mas diversas partes del mundo experimentar simultáneamente a la totalidad del mismo. En la década siguiente, en las nuevas condiciones de crisis ambiental del planeta, las primeras grandes organizaciones ecologistas comenzarán a insistir en la idea de que la humanidad compartía “un futuro común” que dependía de la preservación ambiental de la Tierra (Club de Roma).

Durante estos años, las principales aproximaciones de los economistas, estarán relacionadas con el estudio de la expansión internacional de la empresa multinacional o trasnacional (denominación indistinta de mayoría de autores) y su relación con el estado-nacional (Dunning, 1971). Dentro de este contexto, desde la economía política marxista, se introducirán nuevos conceptos como “internacionalización del capital” (Murray, 1971; Palloix, 1975) 16 para expresar la extensión a escala mundial del ciclo de valorización y acumulación del capital y la internacionalización de las funciones básicas de los estados nacionales en respaldo de la empresa multinacional de cada país 17, o como “global corporation” (Adam, 1975), en un sentido parecido. Otra nueva conceptuación muy importante del mismo origen será la de “nueva división internacional del trabajo” (Frobel, Heinrichs y Kreye, 1978) para expresar el cambio que había comenzado a darse en la división tradicional del trabajo por la relocalización de industrias manufactureras intensivas en trabajo debido a las grandes mejoras en las comunicaciones y transportes y la constitución de un “ejercito industrial de reserva” de carácter mundial.

El uso generalizado de los términos “global/globalización” será un fenómeno propio de la segunda mitad de los 80s, cuando comenzará a ser utilizado ampliamente para hacer referencia a un conjunto muy amplio de fenómenos nuevos. Los politólogos y especialistas en relaciones internacionales, los usarán en el sentido casi como sinónimo de “multilateralización” o de “trilaterización” de las relaciones entre gobiernos de los principales países capitalistas, bloques regionales y elites empresariales, en el contexto del cambio de la relación internacional de fuerzas entre Japón, Europa Occidental y Estados Unidos, el reconocimiento de la interdependencia económica mundial y la reorientación del gobierno de Estados Unidos hacia una “global policy” de búsqueda de responsabilidad hegemónica compartida (Blake & Walters, 1886; Gill & Law, 1988). Globalización también será utilizado en el sentido de “multilateralismo” en el lenguaje burocrático de las organizaciones económicas internacionales, para referirse a la liberalización generalizada de los flujos comerciales internacionales.

En el mismo período, las palabras global/globalización, comenzarán a utilizarse ampliamente en la economía en dos sectores diferentes de actividad (financiero y empresarial). Banqueros, políticos y economistas comenzarán a hablar de “globalización financiera” desde perspectivas diferentes (descriptivas, apologéticas o críticas, según fuese el caso) como, por ejemplo, United States Congress (1987), Versluyen (1988), Lamfalussy (1989) o Aglietta, Brender y Coudert (1990). Dicho concepto será utilizado para denominar al conjunto interdependiente de cambios radicales del sistema financiero mundial acaecidos a comienzos de la década, como la informatización de las operaciones cambiarias, financieras y bursátiles; la titularización y bursatilización del crédito; los nuevos intermediarios financieros y la llamada “desintermediación bancaria”; el ascenso de la inversión de portafolio; la tendedencia a la unificación de los mercados financieros nacionales, o la magnitud desconocida del intercambio y la especulación cambiaria, o sus efectos disolventes sobre las políticas financieras y cambiarias nacionales.

En los staff de las escuelas y consultorías de negocios comenzará a utilizarse el término “competencia global”, para describir las nuevas condiciones de la concurrencia “trilateral” (Ohmahe, 1985) y la necesidad de nuevas respuestas competitivas (Porter, 1986). Será seguido por el concepto de “competencia estratégica”, que incorporará el respaldo gubernamental a las empresas multinacionales de cada país (Ernst y O´Connor, 1989) y que se vinculará al de “globalización de la tecnología” (Council, 1987; Petrella, 1989 y 1990) usado por economistas, ingenieros, tecnólogos e investigadores, para tomar nota de los nuevos acuerdos y alianzas entre las empresas, gobiernos y universidades de distintos países, para costear y compartir el crecimiento desmedido de los costos de investigación y desarrollo y amortizar el drástico acortamiento del ciclo de vida del producto. Otra línea de desarrollo del concepto, será el de “competitividad de las naciones” (Porter, 1990) como conjunto de condiciones nacionales (naturales, población, infraestructura, educación, tecnología, mercado interno de consumo, calidad de gobiernos) que respaldan la actividad de las empresas que compiten desde los sectores y segmentos favorecidos de cada país. En una orientación completamente distinta a la de Porter, Ohmae (1990) formulará su conocida concepción aestatalista de la globalización como “mundo sin fronteras”, que pasará a convertise en uno de los principales referentes (sino en el principal) del debate sobre el tema.

Los sociólogos no quedaron demasiado atrás en el estudio del nuevo fenómeno. Tan tempranamente como 1985, Robertson y Lechner escribirán sobre las consecuencias culturales de la globalización. La revista inglesa Theory, Culture and Society comenzará poco después a publicar artículos sobre la “globalización cultural” (Featherstone, 1988; Smith, 1988). En 1990 Giddens concibirá a la globalización como algo inherente a la modernización, lo que será precisado históricamente por Beck (1992) al relacionarla más propiamente, con lo que llamará “segunda modernidad” o “sociedad de riesgo”. A partir de formulaciones originales de Harvey (1989) y de Featherstone (1990), Robertson (1992) populizará las expresiones “compresión del tiempo y el espacio” y de espacio “glocal” (como síntesis concreta de lo global y lo local) y desarrollará una de las primeras definiciones de la globalización como “creciente densidad y complejización de la interacción entre los actores sociales y creciente conciencia de ello”

Pero la percepción generalización del nuevo fenómeno, comenzará a darse pasados los primeros años de los 90s, siguiendo muy de cerca los grandes cambios tecnológicos, económicos, socioculturales y geopolíticos del espacio económico y político mundial. Entre los economistas y estudiosos de los problemas de la empresa y la producción, habrá un importante núcleo de autores e instituciones que reconocerá ampliamente el “global shift” en la base productiva de la economía mundial (Dunning, 1993; UNCTAD, 1993 y 1994; Gereffi 1994 y 1995; Castell, 1996; Dicken, 1998) a partir del estudio y la conceptuación de cambios fundamentales como la emergencia de la “empresa-red” de alcance global, la “producción mundialmente integrada”, las “cadenas productivas globales”, la “división global del trabajo” o la nueva “geo-economía” del mundo que en buena parte se nutrirán de las aportaciones de otros campos y disciplinas de las ciencias sociales 18. De la idea de globalización como multilateralización, se pasará a la de globalización como internacionalización (Oman, 1994; Ferrer,1997) o como fenómeno estructural nuevo (Gereffi y Korzeniewicz, 1994; Petrella, 1996). De la “trilateralización” se pasará al “regionalismo abierto” (CEPAL, 1994) y a la discusión sobre las relaciones entre globalización y regionalización (oposición o complementariedad). El concepto de globalización financiera, se ampliará considerablemente para incorporar a los llamados “mercados emergentes”; y la temática de la deuda externa de los países en desarrollo será substituida como preocupación central, por la de las nuevas crisis cambiario-financieras globales y el debate sobre la regulación mundial de los flujos financieros.

Prácticamente todos los campos de la realidad y el pensamiento social serán enlazados por la nueva familia de palabras (global, globalización, globalismo, globalizante). Junto a nuevas categorías económicas como “agricultura global”, “globalización del consumo” o “industria cultural global”, aparecerán otras como no económicas de no menor impacto, como “ecología global”, “comunicaciones globales” “red informática global”, “ciudades globales”, “sociedad civil global”, “globalización del crimen”, “marginalización global”, “cambio mundial global”, “globalismo imperial” “solidaridad global”, “gobernabilidad global” o “ciudadanía global”, generalmente acompañadas por nuevas nociones o categorías teoricas construidas para tratar de explicar o relacionar distintos aspectos del fenómeno estudiado. Este será el caso de conceptos ya mencionados como “time-space compressión” o “glocalización”; pero también de otros no menos importantes, como “virtualidad-real”, “desterritorialización” y “reterritorialización”, ”complejización” y “reflexibilidad” social o “híbridación” cultural.

Las ciencias políticas parece haber sido las más cautas y defensivas en el tratamiento del nuevo fenómeno bajo el impacto de las llamadas “crisis de soberanía” y “crisis de gobernabilidad” 19. Pero, a pesar de ello, darían un reconocimiento muy amplio (positivo o negativo) a la nueva problemática (Antal, 1999). A nivel propiamente internacional, se desarrollará una literatura muy amplia sobre la sociedad civil global y la entrada en acción de nuevos actores nacionales, regionales y mundiales en la determinación de la “gobernabilidad global”, en conjunción con los sujetos tradicionales (estados y organizaciones internacionales), como será el caso de las empresas trasnacionales y bloques regionales, las organizaciones no gubernamentales (ONGs), los grupos de interés público y las comunidades epistémicas (de conocimiento). A nivel interno de los estados, se reconocerá la interpenetración práctica entre las esferas domésticas e internacionales en las agendas y políticas gubernamentales. Las ciencias y prácticas jurídicas, comenzarán a ser conmovidas bajo el disimil impacto de los acuerdos de libre comercio y protección a la inversión extrajera y propiedad intelectual, y de la extraterritorialización las normas de protección de los derechos humanos.

Una expresión muy generalizada de reconocimiento de la globalización, será la denuncia y el estudio de sus aspectos negativo-destructivos como el desmantelamiento del Estado Social, la precarización del trabajo, el incremento de las desigualdades o la marginación de países, regiones y sectores sociales (Amin, 1988; Chossudovsky, 1997; Ruiz Contardo, 1999), la extremada acentuación de la incertidumbre y el riesgo en diferentes aspectos de la vida social y económica (Beck, 1992; Guillén Romo, 1997) o los impacto de la globalización cultural sobre las culturales nacionales y locales tradicionales (Fehaterstone, 1990). Otra manifestación de reconocimiento crítico, será la de las políticas “globalistas” de otras grandes potencias planteado desde diferentes perspectivas analíticas (Saxe Fernández, 1995; García Canclini, 1999).

En términos de respuestas, la izquierda comenzará a esbozar distintos tipos de alternativas frente al nuevo fenómeno. Al nivel de la orientación del movimiento social, las respuestas irán desde la orientación antisistémica (Amín, Wallerstein), al nuevo internacionalismo de solidaridad global (Waterman). En políticas económicas nacionales, girarán entre la aceptación del hecho de la globalización con nuevo tipo de políticas públicas de carácter social (Cox, 1992) o el rechazo de la misma y el impulso a políticas de desarrollo interno (Panich, 1994). Finalmente, en lo que hace al tipo de respuesta mundial global, se irá desde la postura inicial de “desconexión” de Amín (1988), a la de pacto social mundial de “gobernación global cooperativa” (Petrella, 1996).

4. El debate sobre la naturaleza de la globalización.

Como señaláramos inicialmente, el reconocimiento de que llamáramos noción de globalización, no supuso nada parecido en materia de convergencia de opiniones sobre la naturaleza, significado, consecuencias o, incluso, nombre del fenómeno. Dado que la falta de consenso abarca un campo demasiado grande de problemas, nos limitaremos a considerar la cuestión de la naturaleza social de la globalización, con breves referencia a otras cuestiones conexas como, entre otras, la de su denominación más correcta.

Desde esta perspectiva analítica, pueden diferenciarse grandes núcleos de convergencia de opiniones no excluyente (en el sentido de que las de muchos autores pueden compartir aspectos de dos o más visiones) 20. Considerando al rasgo central que las agrupa, las posiciones pueden resumirse en las siguientes cinco visiones principales: (a) la globalización como fin del estado nacional, (b) la globalización como mito, (c) la globalización como neoliberalismo, (d) la globalización como internacionalización/mundialización 21 y (e) la globalización como nueva etapa de desarrollo histórico.

4.1 La globalización como “mundo sin fronteras”.

La versión extrema o “fundamentalista” de la globalización, es la que exagera desmedidamente la extensión de la trasnacionalización y mundialización de la tecnología y las relaciones económicas y sociales, atribuye a agentes trasnacionales las decisiones fundamentales del mundo de hoy y vaticina la pronta muerte del estado nacional (difundida metáfora del “mundo sin fronteras”). Su principal exponente es Kenichi Ohmae a partir de libros de amplísima difusión como The Bordeless World (1990) o The End of the Nation State (1996) derivados de la lógica operativa global de la nueva empresa trasnacional (el “pensar globalmente” de los centros estratégicos de decisión de las mismas); pero está presente en una gran cantidad de autores, funcionarios y propagandizadores poco refinados del pensamiento neoliberal empresarial.

Aunque contiene aspectos limitados de verdad (como el enorme poder de las fuerzas trasnacionales o el arranque de una tendencia histórica de muy larguísimo plazo hacia la superación de los estados nacionales), no sólo exagera extremadamente las mismas, sino que como vimos, ignora hechos fundamentales constitutivos de la globalización, como la gran importancia del estado y de la redefinición de sus funciones en la misma 22. En general, puede considerarse a esta visión, como una expresión apologética y propagandística del proceso, cuya amplia difusión mundial se explica tanto por su funcionalidad ideológica a los versiones más extremas de la globalización neoliberal, como por su conversión en el referente posiblemente más importante del debate académico y político sobre el proceso y en el putching ball por excelencia de los críticos reales o imaginarios de la misma 23 en desmedro de la discusión sobre posiciones más serias y fundamentadas. Este papel de falso “señuelo” de la globalización como como “mundo sin fronteras”, pasó a ser, en nuestro opinión, otro factor de dispersión de la discusión sobre el fenómeno, de los ya muchos que hemos considerado al comienzo del artículo.

4.2 La globalización como mito.

La coincidencia fundamental que agrupa bajo este común denominador a posturas en otras cuestiones muy diferentes, es la negativa a aceptar que los fenómenos asociados a la globalización impliquen un cambio muy importante en las relaciones internacionales y transnacionales que requieran de modificaciones de fondo de las teorías y las políticas económicas, sociales o culturales prevalecientes en sectores específicos de la comunidad académica, la sociedad o la política. En principio, los autores que comparten esta perspectiva, tenderán a concentrarse en la crítica a las versiones extremas (fundamentalistas) de la globalización (Wade, 1996; Hirst y Tompson, 1997; Ferrer, 1997; Veseth, 1998), para luego pasar a la negación o minimización del fenómeno mismo. En algunos casos, como la denuncia del “internacionalismo pop” hecha por Krugman (1996) 24, se tratará mas bien frívolas de críticas frívolas de alta dosis de desconocimiento o incomprensión de la literatura más seria sobre los temas que considera ligeramente en campos de conocimiento conexos al de especialización del autor (macroeconomía teórica en su sentido más estrecho).

En general la idea de que la globalización es un mito, se encuentra muy arraigada en las disciplinas y corrientes de las ciencias sociales mas vinculadas a los paradigmas nacional-estatistas y de especialización disciplinaria rígida (macroeconomía, sociología funcionalista, cuerpos principales de las ciencias políticas y jurídicas, escuela realista en relaciones internacionales etc). A nivel político, en sectores nacionalistas asociados a la vieja izquierda estatista o a la nueva derecha xenófoba. Pero también tiene una amplia base social que la nutre y retroalimenta, que es la visión espontánea de sectores y organizaciones sociales afectadas por la apertura externa o la nueva división internacional del trabajo.

4.3 La globalización como neoliberalismo.

Para las múltiples posiciones que incluimos dentro de este punto de vista, la globalización (libre comercio, movilidad internacional de capitales, informaciones y personas, etc.) es un aspecto inseparable del triunfo político e ideológico del capitalismo occidental en la Guerra Fría y de la consiguiente consumación a nivel internacional contemporánea del viejo proyecto histórico liberal. A diferencia de la perspectiva anterior (globalización como mito), el eje de convergencia en torno a esta postura, no es el desconocimiento de la globalización como proceso realmente existente, sino su contingencia ideológica-política y artificialidad de sus bases históricas y tecno-productivas. Como en el caso anterior, convergen de hecho en la misma perspectiva cognoscitiva, un amplísimo espectro de concepciones muy distintas sobre otros aspectos de la globalización, que van desde expresiones muy importantes del nuevo liberalismo a posturas radicales muy críticas al mismo.

En el campo liberal, pueden diferenciarse dos posturas básicas: la del liberalismo-globalización como orden natural y la del liberalismo-globalización como opción sin alternativas. La primera puede hallarse en neoliberales ortodoxos como Hayek o Buchanan que, consecuentes con la idea de que el liberalismo económico expresa propensiones psicológicas naturales del hombre, tienden a ver al conjunto del cambio mundial actual, incluida la globalización, como retorno a la racionalidad económica y libertad individual pérdida del siglo XIX tras la superación de los extravíos estatistas y nacionalistas del siglo XX. La segunda posición, de mayor difusión actual, se halla en autores como Fukuyama (1992) que asimilan la globalización al triunfo mundial de la democracia-liberal global en un contexto de falta de alternativas previsibles a la misma 25. Estas visiones, aparte de su contenido ideológico-apologista, constituyen una visión superficial que desconoce de hecho los fundamentos históricos, tecnológicos, económicos y culturales más profundos de la globalización.

Pero este mismo tipo de superficialidad se halla también presente, bajo la forma de una valoración ética invertida (la globalización como mal, no como bien), en los trabajos de gran parte de los autores críticos radicales del fenómeno. La versión más general y radical de rechazo contestatario, es la idea de “neoliberalismo global” que está presente en trabajos como Esteva y Prakash (1996) que contrapone el mundo de las empresas y los poderes trasnacionales al de las comunidades locales más marginadas. Para esta perspectiva, globalización y neoliberalismo son dos cosas inseparables, por lo que no cabría la posibilidad de algo parecido a una globalización alternativa. Una versión más atenuada de esa visión, es la que reduce el significado histórico de la globalización a las políticas, proyectos o estrategias reales o supuestas del neoliberalismo y agentes orgánicos, como sería el caso de los “intereses metropolitanos” (Alonso, s/f), las “elites corporativas mundiales” (Herman, 2000) o del capital especulativo. Como en el caso del pensamiento liberal, también aquí aparece la misma la misma confusión entre factores subjetivos y objetivos, entre intenciones y realidad, entre aspectos de la realidad y el conjunto de la misma.

4.4 La globalización como internacionalización o mundialización.

Esta difundidísima perspectiva, incluye a la gran cantidad de autores y corrientes que coinciden en que la globalización actual no es otra cosa que un nivel relativamente más elevado de los procesos históricos de internacionalización o mundialización de las relaciones económicas y sociales, sea que se las refiera al capitalismo, a la modernización social (Giddens) o la “inclusividad del orden económico mundial” (Ferrer). Como consecuencia de ello, la globalización no constituiría un fenómeno novedoso, propio de las últimas décadas, sino algo existente desde bastante o mucho antes (siglos XV, XIX o segunda postguerra) según sea el caso. Dentro de esta perspectiva general puede distinguirse entre la visión más ampliamente aceptada, que llamaremos “internacionalización a secas”, y otras dos posturas que difieren de la principal en torno al nombre del fenómeno (mundialización por globalización) y su explicación (teorías del sistema mundial).

La visión que identifica globalización con un nivel más elevado de internacionalización (o de otros términos sucedáneos utilizados para referirse a la misma idea), parte principalmente de la observación de los indicadores más tradicionales utilizados en el estudio de las relaciones internacionales, como comercio internacional, de mercancías o formas tradicionales de inversión de capital, en detrimento de otros indicadores mucho más precisos que permitan denotar la novedad cualitativa del proceso 26. Tras reducir a la globalización a fenómenos principalmente cuantitativos, de crecimiento particularmente rápido de indicadores parciales, concluyen lógicamente en situar los orígenes históricos de la globalización en el arranque de la expansión mundial del capitalismo industrial moderno en el siglo XIX, continuada tras la superación del periodo de entreguerras. En la Segunda Postguerra, eclipse de varias décadas se trata de una visión difundida por una gran cantidad de autores y publicaciones prestigiosas de disciplinas y tradiciones teóricas muy diferentes, como Robertson (1992), Oman (1994), MacEwan (1994), Waters (1995); Ferrer (1996, 1997) o The Economist (1997). Es también la mas utilizada recientemente por los staff de las principales organizaciones internacionales como OECD, Banco Mundial o FMI, en sustitución del concepto mas técnico de “multilateralización” que utilizaban anteriormente (ver trabajos citados de Oman o Chesnais, 1995).

La perspectiva analítica desarrollada por la escuela del sistema mundial centro-periferia (o de la economía-mundo) 27, parte de la idea tautológica de que el capitalismo ha sido siempre global, que la globalización existió desde el Siglo XV y que los cambios que ha sufrido el sistema desde entonces, han sido de carácter secundario y se han derivado de los procesos cíclicos de expansión y contracción del propio sistema (ondas largas ascendentes y descendentes). Como consecuencia de ello, los cambios mundiales propios de la globalización son puras inflexiones cíclicas (por ej. Wallerstein, 1994) y no pueden considerarse totalmente nuevos, salvo en un sentido puramente cuantitativo, no cualitativo (Arrighi, 1997:1) 28.

La última perspectiva (cambio espacial mundial como mundialización) corresponde sobre todo a autores franceses críticos de la renovada preeminencia del capitalismo norteamericano. Esta visión se caracterizará, sobre todo, por el rechazo al uso de la palabra globalización para denominar al fenómeno discutido, por considerar que es un anglicismo ambiguo menos preciso que la palabra “mundialización”, e impuesto por las escuelas de negocios norteamericanas con fines apologéticos (Chesnais, 1994 y 1996) 29. Pasando del nombre del fenómeno a su contenido, debe diferenciarse entre una mayoría de autores que tienden a compartir substancialmente la perspectiva analítica de la internacionalización propiamente dicha con ciertas salvedades (énfasis en la crítica al nuevo sistema financiero y el capitalismo norteamericano) y la escuela marxista de la internacionalización o mundialización del capital (Michalet, Chesnais), que cuenta con un desarrollo teórico propio.

La idea de que la globalización existió desde mucho antes planteada por estos autores, no tiene asidero. Periodos de muy rápido crecimiento de los indicadores utilizados por esta perspectiva, pueden encontrarse no sólo en los siglos XX, XIX y XV, sino también en el siglo I de la era cristiana o, aún, bastante antes 30. Pero lo que no pueden prácticamente encontrarse antes de la globalización, son los indicadores centrales de la misma, como el despliegue mundial de las nuevas redes intereempresariales flexibles, los encadenamientos productivos trasnacionales, el comercio y transferencias internacionales de software o servicios informático 31, las operaciones transfronterizas de subfacturación o franquiciamiento o la creación masiva de organizaciones no gubernamentales (ONGs), para solo citar algunos indicadores Lo mismo puede decirse obviamente, del tipo de interacciones estructurales igualmente nuevas, entre las nuevas y viejas relaciones dentro de la globalización, o entre ellas y los estados nacionales, bloques regionales y espacios locales situados al interior de espacios nacionales y regionales.

4.5 La globalización como nueva etapa histórica.

A diferencia de las visiones lineales que exageran, niegan o simplifican la especificidad histórica de la globalización, un número creciente de autores acuerdan de una u otra manera en considerarla como un proceso histórico complejo de carácter inédito 32. Cabría incluir aquí a una gran variedad de aproximaciones y énfasis distintos sobre el aspecto central de la determinación del fenómeno como integración funcional de actividades económicas internacionalmente dispersas (Gereffi), concentración del tiempo y el espacio (Harvey), articulación en tiempo real de actividades sociales localizadas en espacios geográficos diferentes (Castell), articulación directa de lo global y lo local a partir de lo glocal (Featherstone), rebasamiento del estado nacional por las nuevas relaciones trasnacionales o mundiales (Petrella, Beck, Dabat), mosaico global emergente de sistemas regionales de producción y cambio (Scott), sistematicidad de la nuevas interacciones (Axford) o nueva geo-economía (Dicken). Tales diferencias, sin embargo, no implican tanto puntos de vista excluyentes sobre la naturaleza del fenómeno, como más bien, énfasis y jerarquizaciones distintas de aspectos diferentes de un mismo proceso complejo.

La convergencia básica de estas posiciones podría sintetizarse en varias coincidencias explícitas o implícitas, desprendidas del propio campo de coincidencias: (a) la globalización no es solo un nivel superior de internacionalización, mundialización y, sobre todo, trasnacionalización de la economía y la sociedad mundial, sino también una realidad histórica cualitativamente diferente a las anteriores; (b) la globalización es un proceso histórico inseparable de otros procesos igualmente nuevos y trascendentes como (usando un lenguaje propio no compartido por muchos autores) la revolución informática, la reestructuración postfordista/postkeynesiana del capitalismo o la economía y la sociedad mundial o la reunificación económica y política del mundo bajo la dirección del capitalismo; (c) que la globalización no tiene que ver con una supuesta desaparición o minimización de existencia histórica del estado nacional, sino con la redefinición de sus funciones y relaciones con la economía y la sociedad; y (d) que los distintos aspectos jerarquizados son prácticamente todos o casi todos de carácter espacial-territorial (integración de actividades espaciales dispersas, concentración del espacio, nexos entre estado nacional y relaciones trasnacionales o mundiales, integración de sistemas regionales, relación de lo global con lo local (glocal), (nueva geografía).

Pasar de este tipo de aproximación a una teoría consistente de la globalización, conlleva, sin embargo, un conjunto de dificultades teóricas entre las que destacan la novedad e insuficiencia de los estudios sobre estructura espacial del capitalismo33 y las etapas históricas del mismo. Pero dada necesidad de abordar estos problemas, trataremos de desarrollar y fundamentar con los elementos que contamos, la idea de que la globalización no es otra cosa que la configuración (o estructuración) del nuevo tipo de capitalismo que está reconformando el mundo.

5. La globalización como nueva configuración espacial del mundo.

¿Qué debe entenderse por conceptos como “configuración”/”estructuración” o “dinámica espacial” del capitalismo? Al respecto cabe distinguir entre la utilización teórica de las mismas, reducida y reciente por las razones señaladas en la nota anterior 34 , y su empleo práctico implícito como orientación de la investigación, que ha estado presente en algunos de los más importantes estudios del siglo pasado sobre el capitalismo mundial.35 En otros trabajos (Dabat 1993, 1997 y 1999) hemos utilizado tales categorías sin definirlas, por lo que consideramos necesario dedicar la primera parte de esta sección, a la formulación de un esbozo de teorización que ayude a avanzar en el conocimiento de la globalización.

5.1 La estructura espacial del capitalismo y sus grandes cambios históricos.

Según los más importantes científicos sociales de los últimos siglos (Smith, Marx, Shumpeter, Weber, Polanyi), el capitalismo es un sistema de producción, organización social o conformación cultural, que se distingue de otras formas históricas de la sociedad, por contar con un determinado tipo de estructuración y dinámica histórica 36. Pero además, recientemente, autores como Murray (1971) o Harvey (1982), ha señalado que también cuenta con un determinado tipo o patrón específico de configuración y dinámica territorial, Si bien ello no se ha traducido todavía en una teoría desarrollada, el reconocimiento de ello parece ser una consecuencia lógica del redescubrimiento teórico de la dimensión espacial de los fenómenos sociales propio de las últimas décadas, que una autora como Massey (1985) sintetiza brillantemente en la idea de que la dimensión espacial de todo fenómeno social debe ser incorporada como un aspecto central de los conceptos analíticos básicos utilizados para definirlos.

Como conclusión de lo anterior, partimos de la idea de que la configuración y dinámica espacial del capitalismo (o simplemente, patrón espacial del mismo, para abreviar) no es algo distintos a la estructura tecnosocial y dinámica histórica del capitalismo, sino solo un aspecto particular de las mismas. Concretamente, que por patrón espacial del capitalismo debe entenderse a la sistematización de los principios y relaciones que rigen el despliegue y la articulación territorial de los componentes y relaciones básicas del mismo, tanto a partir de las propias propiedades espaciales de esos componentes y relaciones, como de las del espacio geográfico sobre las que se asientan y despliegan , como condición material de su desenvolvimiento 37.

Tratando de sistematizar la abundante literatura dispersa sobre esos temas, cabe distinguir por lo menos cuatro planos diferentes de determinación espacial, que debieran abstraerse y sintetizarse para tratar de construir teóricamente un modelo general de los componentes y relaciones básicas de la configuración y dinámica territorial del capitalismo y sus diferentes expresiones históricas. Estos planos diferentes son: a) el alcance territorial (extensión) del sistema capitalista frente a otros regímenes sociales; b) las instancias específicas de articulación espacial correspondientes a niveles no espaciales de la vida social (tecnológico, tecno-económico y socioeconómico, social, etc.); c) los niveles de integración territorial directa del conjunto de la vida social (ciudad, región, estado nacional, relaciones internacionales, orden mundial); y (d) la articulación de las determinaciones señaladas en torno a síntesis históricas sistémicas, que permitan explicar científicamente la lógica de articulación y despliegue espacial de la economía y la sociedad mundial en una época determinada.

A. La extensión territorial del capitalismo. El carácter potencialmente mundial del capitalismo 38, no ha coincidido nunca con los alcances mucho más limitados del intercambio internacional efectivo, o sobre todo, de la producción capitalista (que en la mayor parte de su historia sólo ha abarcado a partes relativamente reducidas del mundo). Desde su arranque hasta una etapa muy avanzada de desarrollo, la producción capitalista se ha expandido dentro de un contexto social mundial abrumadoramente no capitalista (Luxemburgo, 1967), a partir de un proceso no lineal (avance a saltos históricos y retrocesos) y de carácter espacialmente desigual, a partir de la destrucción, asimilación o subordinación de las relaciones sociales anteriores.

B. Los niveles no territoriales de articulación espacial. El segundo plano de determinación espacial, esta compuesto por el desarrollo de los diversos niveles horizontales (no territoriales) de articulación de la vida social (tecnológico, tecnoeconómico, socioeconómico, social, cultural etc), que contienen instancias específicas de articulación espacial.

B1) Nivel tecnológico: Plano de básico de configuración espacial en torno a la articulación de las fuerzas productivas básicas del sistema capitalista 39, que autores como Dosi (1984) traducen en sucesivos paradigmas y sistemas tecnológicos (Dosi, 1984). Tales sistemas, determinan las modalidades de despliegue y organización espacial de las distintas fuerzas productivas como, por ejemplo, de las tecnologías de fijación territorial de la producción y el empleo (fábrica, cluster, yacimiento, cultivo) o de las de enlace de la producción y la población (transportes, comunicaciones, redes de energía etc.) con diferentes grados de rigidez y flexibilidad.

B2) Nivel tecnoeconómico: Esfera material de la vida social articulada en torno a las relaciones entre sectores y ramas productivos, tal como han sido constituidas por la industrialización y el desarrollo económico desigual en el espacio territorial. Las relaciones entre sectores y ramas productivas se articulan historicamente en torno a determinados patrones o sistemas productivos (Fanjzylber, ….) asociados a etapas del capitalismo, conforme determinados tipos de agrupamientos y jerarquías entre sus componentes. Los patrones productivos se vinculan con la organización social a partir de la división social del trabajo, cuya expresión espacial es la división territorial del trabajo.

B3) Nivel socioeconómico: Conjunto articulado de agentes, relaciones e instituciones sociales básicas de la producción, el cambio y el consumo de la sociedad capitalista, que expresa los cambios técnicos, sociales y espaciales de las distintas etapas de la misma. Compuesto por diferentes instancias específicas de organización social y articulación espacial, como el mercado (alcance, estructura), la empresa, el capital (estructura, dinámica, movilidad), el trabajo (localización, calidad, costo relativo, movilidad ), el crédito (formas históricas y alcances) o la agencia económica del estado 40, que determinan lógicas particulares de despliegue y articulación espacial y diferentes combinaciones históricas y geográficas.

B4) Nivel demográfico: Estructura poblacional generada básicamente por el desarrollo del mercado, la industrialización y la acumulación de capital y sus consecuencias sobre la separación de la población de la tierra, la concentración urbana y la diferenciación entre población ocupada y población excedente (desempleada y desempleada). La magnitud y características de la población excedente (cultura, género etc), constituyen la base principal (migración) de la movilidad territorial de la población.



B5) Nivel societal: Conjunto de relaciones e instituciones sociales conformadas en torno al desarrollo de la sociedad capitalista (modernización social para la sociología funcionalista). Contiene diferentes instancias de estructuración espacial, como la estructura social (clase, género, ocupación, poder), la familiar, o el despliegue de la sociedad civil (incluyendo movimientos político-sociales como fenómeno diferente al de la institucionalidad estatal). Cada instancia supone mecanismos diferentes de determinación espacial.

(B6) Nivel cultural: Estructurado en torno a las relaciones de las diferentes expresiones de la llamada cultura moderna con las culturas tradicionales y sus diferentes maneras de enlazar el espacio. Se vincula al territorio a partir del alcance espacial de las relaciones de identidad y significación que lo caracterizan (lingüísticas, de modos de vida y consumo, de creencias, de conocimientos, artísticas) y de sus determinadas condiciones de localización (centros de irradiación, de confluencia, de resistencia).

B7) Nivel ambiental. Relación entre la sociedad y su medio ambiente natural, determinada por las consecuencias espaciales de los aspectos destructivos incontrolados de la industrialización, la urbanización, el crecimiento de la población o la cultura moderna, sobre las condiciones espaciales de la vida humana (atmósfera, aire, agua, floresta, biodiversidad, etc). Supone, como los demás niveles considerados, problemáticas históricas específicas, resultantes de combinaciones determinadas de niveles y estructuras tecnoeconómicas, poblacionales y culturales.

C) Los niveles territoriales de integración económica-social: Comprenden las instituciones propiamente espaciales del capitalismo (ciudad41, región, estado nacional, sistema de estados, orden mundial) caracterizadas por integrar verticalmente dentro de un espacio territorial determinado a diferentes niveles de la vida social (económico, social, cultural, político) de una población determinada . Dentro de este plano, sin embargo, debe diferenciarse entre el complejo de relaciones basados en la ciudad, en el estado nacional y en la organización internacional.

(C1) La ciudad: resulta de la concentración del comercio, los servicios, la producción, las actividades socio-culturales y la población en puntos localizados del espacio territorial, a partir del desarrollo histórico del proceso de urbanización. Constituye la base de los sistemas de ciudades, unidos entre sí y con los núcleos dispersos de producción, a través redes de transportes, comunicaciones o provisión de agua y energía. Las relaciones de la ciudad y los sistemas de ciudades con sus entornos rurales, centros dispersos de producción o áreas despobladas y reservas naturales, dan lugar a la región, con sus muy diferentes particularidades de constitución e integración.

(C2) El estado nacional: es la institución social más amplia y determinante de concentración espacial de la vida económica y socio-cultural, a partir de núcleos políticos-militares de poder soberano y homogeneización (nacionalización) de la vida social (economías nacionales, sociedades nacionales y culturas nacionales) dentro de espacios territoriales delimitados. Pero es también el punto de partida de los capitalismos nacionales (Dabat, 1993 y 1994: Introducción), en torno a un determinado tipo de relación entre desarrollo capitalista y territorio 42 y entre esfera privada de desenvolvimiento interior del mismo y esfera pública de promoción y regulación estatal (protección del mercado interior, construcción de infraestructuras físicas y sociales, gestión monetaria, respaldo en competencia internacional).

La existencia de múltiples estados nacionales y capitalismos nacionales, da lugar a determinados tipos de relaciones internacionales competitivas. La más importante de ellas, es la establecida en torno al mercado mundial como esfera universal de intercambios y transferencias internacionales de mercancías, capitales, trabajadores y conocimientos. El alcance espacial y la estructura del mercado mundial, esta basada en la extensión y naturaleza de la división internacional del trabajo, operando en conjunción con otros factores ya considerados, como la extensión mundial y el desarrollo desigual del capitalismo, el desarrollo tecnoindustrial, la estructura de la empresa, los mercados nacionales y las formas de competencia, los niveles y modalidades del comercio, la inversión internacional y las migraciones internacionales, los alcances y modalidades del intervensionismo estatal o las modalidades de la organización internacional. La conjunción de estos factores determinarán formas específicas de competencia entre empresas, países y regiones, que operarán como los principales motores de la economía mundial y el proceso de internacionalización.

La organización política internacional está compuesta tres tipos de determinaciones diferentes: a) los sistemas internacionales de estados (Anderson, 1983), como instancias institucionales de equilibrio y resolución de problemas comunes entre estados soberanos, mediante relaciones diplomáticas, tratados internacionales y organizaciones mundiales y regionales; b) las sistemas hegemónicos de estado (Gramsci, 1975), como relación integral de fuerzas entre estados (económicas, geopolíticas y militares, socioculturales) que condiciona el sistema institucional; y c) las relaciones internacionales (no gubernamentales) entre sociedades, que inciden sobre el curso de los acontecimientos mundiales (internacionales político-ideológicas, iglesias, o redes de ONGs en la actualidad. La unidad esas instancias, da lugar a los denominados ordenes mundiales, como sistemas de gobernabilidad mundial y relaciones institucionalizadas de fuerzas entre estados y sociedades.

D. Etapas del capitalismo y configuraciones del espacio mundial

A partir de las determinaciones espaciales señaladas, las distintas etapas de desarrollo histórico del capitalismo, han tendido a conformar distintos configuraciones espaciales de la economía y la sociedad mundial. Entre mediados del siglo XIX y la actualidad, el capitalismo ha atravesado por cuatro grandes etapas correspondientes, respectivamente, al capitalismo industrial liberal del siglo XIX, al capitalismo monopolista-financiero clásico de las últimas décadas del siglo XX hasta la primera guerra mundial (o la década del 30s para muchos autores), al capitalismo fordista-mixto (o keynesiano) vinculado a una economía de guerra desde entonces hasta fines de los 70s y al capitalismo informático-global todavía en proceso de conformación, desde entonces. En todos los casos, el pasaje de una a otra forma histórica de estructuración y dinámica económico-social, se han traducido en conformaciones muy distintas del espacio mundial.

La configuración espacial del capitalismo industrial liberal del siglo XIX fue el resultado de la combinación productiva entre la producción fabril a pequeña y mediana escala de unos pocos países de europeos y la apertura a la moderna agricultura de exportación de las grandes llanuras “vacías” de América, Oceanía y Europa Oriental, con relativamente pocas repercusiones en otras partes del mundo salvo la India. Tal relación constituyó la base de la constitución del mercado capitalista mundial moderno y de la división internacional “clásica” del trabajo (intercambio de productos manufacturados finales por productos agropecuarios), apoyadas en la primera red internacional de transportes y comunicaciones modernas (ferrocarril y navegación a vapor, telégrafo y cables submarinos), el arranque de la liberación comercial que siguió a la ley inglesa de granos de 1848, el gran salto del comercio internacional de la época que modificó radicalmente la relación entre comercio internacional y producción nacional en los países mas dinámicos 43, los inicios de la emigración europea y la inversión de cartera hacia las colonias agroexportadoras “de población” 44 y los comienzos de la internacionalización de las relaciones sociales (internacionales obreras y socialistas, agrupaciones feministas, sociedades geográficas etc). La internacionalización de la época coincidió con el inicio de la construcción generalizada de naciones y estuvo hegemonizada por la gran potencia industrial, marítima y financiera de la época (Inglaterra). Pero los procesos de industrialización, internacionalización y construcción de naciones modernas alcanzaron muy poco a la gran mayoría de los países del mundo, aún dominados por relaciones sociales precapitalistas, (Hobsbawn, 1998).

La etapa del capitalismo monopolista-financiero y el imperialismo clásico 45 se basó en la llamada Segunda Revolución Industrial (industrias pesadas de flujo continuo; gran empresa monopolista verticalmente integrada; redes eléctricas, radioléctricas y telefónicas) y la continuación de la expansión internacional del capitalismo por medios imperialista-militaristas. Drásticos cambios en la estructura y dinámica de la empresa, el mercado, la competencia, y los estados nacionales conducirán en los países industriales a la empresa monopolista, la fusión de banca e industria, el pasaje del libre cambio al proteccionismo, la expansión militarista, el ascenso de nuevos imperialismos que cuestionarán la supremacía inglesa, el fraccionamiento del mercado mundial y de la división internacional del trabajo en torno a imperios coloniales cerrados y la aparición de nuevos tipos de estados (social-imperialistas 46, coloniales y semicoloniales, nacionales-oligárquicos financie-ramente dependientes). Del internacionalismo cosmopolita y liberal anterior, se pasará a otro de naturaleza imperial extremadamente conflictivo, que conducirá en el siglo XX a las dos grandes guerras mundiales de redistribución territorial del mundo y a las revoluciones democráticas, agrarias y nacionales que culminarán con la constitución de la Unión Soviética y el bloque social-estatista (comunista) de países 47 que llegará a abarcar a un tercio de la población mundial.

La configuración fordista-keynesiana del espacio territorial resulta más difícil de precisar, porque se desplegó en el contexto de fractura social, económica y político-militar del mundo y de guerra mundial o civil crónica, con sus corolarios de contracción del comercio y las relaciones internacionales, desarticulación de la división internacional del trabajo, competencia política militar con el Bloque Comunista e integración nacional-autoritaria generalizada de la vida social y las reformas sociales impuesta por la lógica del conflicto mundial 48. A las fracturas provocadas por la ruptura comunista y las tendencias autárquicas de las grandes economías nacionales, se sumará la constitución de un “tercer mundo” semi-autárquico resultante de la descolonización, el nuevo capitalismo nacional-corporativos, las posibilidades de juego pendular entre Oeste y Este o la reorientación “hacia adentro” de la industrialización periférica. Estas nuevas relaciones espaciales limitará fuertemente los alcances espaciales del capitalismo internacional. Pero también dará lugar un nuevo orden mundial institucionalizado (el orden bipolar de los tres mundos), basado en las hegemonías absolutas de Estados Unidos y la Unión Soviética al frente de los bloques polares del sistema, la paridad nuclear, la administración bilateral de la guerra fría y una organización mundial de estados en torno a la ONU de funcionamiento más formal y simbólico que efectivo.

El capitalismo fordismo “mixto” (keynesiano) resultará de la reorganización radical del capitalismo centrada en Estados Unidos, basada en las industrias automotriz, aeronáutica, metalmecánica, petrolera y bélica; la reestructuración fordista-sloanoista de los procesos de trabajo y la gran empresa, y los principios keynesianos de gestión nacional y social de la economía. Aparte de sentar las bases para un nuevo tipo de pacto social interior, tales cambios posibilitarán él relanzamiento del capitalismo mundial de la segunda postguerra, a partir del enorme peso de la economía y la hegemonía mundial norteamericana, la liberalización limitada del comercio internacional en torno a los países industriales, la expansión internacional de la corporación multinacional y la ulterior emulación europea-japonesa. Esto dará lugar al proceso de internacionalización de la producción y el capital, basado en la corporación multinacional gigante verticalmente integrada y su sistema de filiales dedicada al abastecimiento de mercados nacionales semicerrados y la constitución tardía del mercado financiero del eurodólar, orientado en buena parte al financiamiento de instituciones gubernamentales del tercer y segundo mundo. Tal proceso. erosionará las bases del sistema de los tres mundos; pero no lo destruirá por si mismo, porque no será incompatible con el marco nacional-keynesiano de relaciones entre capital, estado y mercado 49.

5.3 La estructuración espacial del capitalismo informático-global.

Como las anteriores formas históricas, el nuevo capitalismo también ha modificado la composición del espacio mundial y generado una nueva dinámica territorial. Sistematizando información presentada en las secciones anteriores para favorecer la comparación con las configuraciones anteriores, resulta posible acercarnos con bastante precisión a las líneas fundamentales de la actual configuración.

El alcance territorial del nuevo capitalismo, será incomparablemente mayor al de etapas anteriores. Apoyándose en la unificación del mercado mundial, los gigantescos procesos de privatización y apertura externa del segundo y tercer mundo y los precedentes avances de la industrialización y la urbanización en esas partes del mundo en esas partes del mundo por medios no capitalistas o de capitalismo nacional), la producción y el intercambio capitalista pasará a ser la fuerza económica dominante en Rusia y Europa del Este, Asia, la mayor parte del mundo islámico, las islas del Pacífico, la casi totalidad de América Latina y gran parte de África, reduciendo a bolsones marginales a la producción no-capitalista y precapitalista. Como consecuencia de ello el capitalismo abarcará prácticamente al mundo entero, imponiéndole su dinámica territorial de desarrollo desigual e inclusión-exclusión. Un aspecto muy importante de ese logro, será su concomitancia con la emergencia de la crisis ambiental global, que presidirá la decadencia del capitalismo fordista “mixto” y el social-estatismo y el pasaje al capitalismo informático-global.

En los diferentes planos no territoriales de la vida social, también habrá cambios espaciales de fondo que alcanzarán a prácticamente todas las instancias de determinación. Como resultado de las potencialidades territoriales de la nueva tecnología, el mundo pasará a estar materialmente enlazado por dos tipos completamente nuevos de enlaces técno-económicos: a) la infraestructura trasnacional de comunicación electrónica en tiempo real, cada vez mas estructurada en torno al espacio virtual de internet; y b) la integración mundial directa de la producción, a partir de cadenas productivas de eslabonamientos materiales e “inmateriales” previamente fraccionados por la tecnología electrónica..

Los cambios en la organización social de la producción y el intercambio modificarán radicalmente las anteriores formas de empresa, mercado, propiedad capitalista, crédito, intervención económica del estado o utilización de las reservas de población. Aparecerán la empresa-red trasnacional flexible de alcance global, los mercados oligopólicos abiertos 50, la preeminencia de la propiedad intelectual y los paquetes accionarios móviles; la titularización, bursatilización y globalización del crédito o la explotación global del trabajo subempleado y subpagado (población excedente) de los países periféricos. Como resultado, surgirá un mercado mundial global que subsumirá los mercados nacionales y dará lugar a tres mercados particulares de naturaleza muy distinta: a) el mercado global de mercancías y servicios estructurado alrededor de la competencia administrada entre empresas-redes y de la que tendrá lugar entre países, bloques regionales de países y ciudades y regiones; b) el mercado global de valores y dinero (financiero), caracterizado por su excepcional fluidez, ausencia de trabas regulatorias, volatilidad y relativa autonomía frente a la producción, el intercambio de mercancías o la inversión productiva 51; y c) el mercado mundial de fuerza de trabajo, constituido en torno al desequilibrio crónico entre la enorme oferta global móvil provista por la población excedente de los países en desarrollo y las distintas condiciones de la demanda global (cierre de fronteras a la emigración internacional y aceleración de la inversión directa de la empresa trasnacional para aprovechar las enormes diferenciales de costos internacionales del trabajo).

En el plano social y cultural, el enorme salto en el despliegue espacial del capitalismo y los procesos de internacionalización y trasnacionalización, darán lugar a un tipo particular de modernización de las relaciones sociales y culturales, vinculado a las nuevas condiciones de trabajo y vida cotidiana y de sus múltiples expresiones “glocales”. La multiplicación de las relaciones internacionales y. trasnacionales ha estrechado considerablemente los vínculos de las comunidades migratorio con sus comunidades nacionales origen (García Canclini, 1999: 79), trasladado la multiculturalidad al seno de las familias, empresas, escuelas, iglesias, organizaciones sociales o comunidades virtuales y sacudido profundamente a las identidades e instituciones tradicionales de las sociedades a partir de complejos procesos de hibridación y conflicto. Un aspecto central de esa transformación, fue la constitutución de una “sociedad civil internacional” (Petrella, 1996) a partir de una amplísima gama de movimientos sociales, sociopolíticos y culturales (derechos humanos, ecologistas, feministas, de protesta contra los excesos de la globalización, laborales, de solidaridad con los pueblos indígenas etc).

Al nivel de las instancias de organización territorial del espacio, los cambios serán aún más impresionantes. El estado nacional será desbordado por los múltiples procesos de trasnacionalización, “puesto que tales estados no podrán controlar mas que una parte cada vez menos de sus asuntos” (Hobsbawn, 1995). Por primera vez en su historia, la internacionalización capitalista correrá por andariveles separados al de la construcción e integración de naciones 52. El debilitamiento de la nación desarticulará a las instituciones y principios históricos clásicos de estructuración espacial del capitalismo, dando lugar a un nuevo tipo de pautas bastante diferentes que apuntan hacia un distinto tipo de estatal-territorial.

Las ciudades y las regiones, tenderán a vincularse al comercio y las relaciones internacionales sin la intermediación del estado nacional, dando lugar a la nueva organización competitiva del sistema de ciudades y regiones (Vazquez Barquero, 1999), a los complejos urbanos y regionales transfronterizos y a los separatismo micronacionales directamente integrados a la globalización. La competencia en el mercado global, llevará a las naciones vecinas a construir bloques comerciales exportadores 53 en torno a torno a las potencias económicas regionales. Finalmente, las tendencias mucho más amplias que las puramente comerciales hacia la integración territorial de grandes espacios territoriales, harán que regiones como la Unidad Europea emprendan el camino de la integración supranacional, no solo en torno a una moneda única, sino también de la libre circulación de personas y la ciudadanía común.

En el plano propiamente mundial, los cambios más importantes serán económicos y geopolíticos con pocas consecuencias inmediatas sobre la organización internacional de estados. Los mas destacados serán la reconstitución relativa de la hegemonía norteamericana en condiciones diferentes a los de la segunda postguerra (alcance mundial más amplio y menor superioridad económica frente a otras potencias), el vertiginoso ascenso de Asia Oriental y China, la integración de América del Norte, los avances hacia el Este de la integración europea, la organización de Sudamérica en torno al MERCOSUR, la emergencia indu o la acentuación de la marginación económica y social de Africa y numerosos países de otros continentes. Pero ninguno de estos cambios apuntará directamente a la resolución de la crisis mundial de gobernabilidad acentuada por las nuevas condiciones de integración supraestatal, desigual y excluyente del mundo. Los avances en este sentido, no serán tanto iniciativas de estados nacionales individuales, sino procesos sociales, políticos e intelectuales mucho más amplios, como las propuestas generalizadas de reforma y reorientación política de las organizaciones internacionales 54, el agotamiento político del neoliberalismo, el amplio despliegue de la sociedad civil internacional o los logros en materia de integración regional, que en conjunto apuntan a la posibilidad de una reforma de nuevo tipo del orden mundial.

Las características territoriales del capitalismo actual que han sido señaladas, no son otra cosa que los rasgos que diferentes autores han atribuido a la globalización, sea como aspectos particulares, como combinaciones parciales o como proceso integral. Por esa razón y las que han sido planteadas a lo largo del trabajo, cabe definir conjuntamente a la globalización y al patrón espacial del nuevo capitalismo como la misma cosa. En otro trabajo (Dabat, 1999) definimos a la globalización como la nueva configuración espacial de la economía y la sociedad mundial resultante del desbordamiento de la capacidad normativa de los Estados nacionales por la interdependencia de las nuevas relaciones comunicativas, económicas, ambientales, sociales y culturales impuestas por la revolución informática, la unificación geopolítica del mundo y la reestructuración trasnacional del capitalismo. De ello se deriva la redefinición de las relaciones espaciales entre el mundo, los Estados nacionales, las macro y micro regiones y los espacios locales y la generación de un nuevo tipo de contradicciones, desequilibrios y riesgos sistémicos, que requieren de un nuevo tipo de soluciones macro-regionales y mundiales que contemplen la nueva complejidad y diversidad de las sociedades y culturas del mundo.




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