• LA FALACIA DE LA CONCRECIÓN INJUSTIFICADA EN LA ECON0MÍA Y OTRAS DISCIPLINAS 1

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    La falacia de la concreción injustificada en la economía y otras disciplinas


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    CONOMÍA Y MEDIO AMBIENTE Lectura 18


    DOCENTE: Rosa Ferrín Schettini Página

    II Semestre: marzo-julio de 2004






    1. LA FALACIA DE LA CONCRECIÓN INJUSTIFICADA EN LA ECON0MÍA Y OTRAS DISCIPLINAS1

    EN LA universidad moderna, el Conocimiento está organizado en disciplinas académicas. Hay normas claras que señalan lo que deben ser tales disciplinas. Estas normas establecen criterios que dividen la materia de estudio entre las disciplinas y señalan metas para la estructura interna de cada una de ellas. Esta organización del conocimiento ha sido brillantemente productiva, pero también tiene limitaciones y peligros inherentes, especialmente el peligro de cometer lo que Alfred North Whitehead ha llamado “la falacia de la concreción injustificada”. Esta falacia aflora porque la organización disciplinaria del conocimiento requiere un alto nivel de abstracción; y entre mayor sea el éxito de una disciplina en la satisfacción de los criterios establecidos para ella, mayor será el nivel de abstracción involucrado. Inevitablemente, muchos especialistas de las disciplinas exitosas, acostumbrados a pensar en estas abstracciones, aplican sus conclusiones al mundo real sin reconocer el grado de abstracción involucrado.


    Fuera de las ciencias físicas, ningún campo de estudio ha alcanzado más plenamente la forma ideal de la disciplina académica que la economía. Precisamente a causa de su éxito, ha sido particularmente vulnerable a la comisión de la falacia de la concreción injustificada. Este capítulo destaca el éxito de la economía en alcanzar la forma ideal de la disciplina académica y las limitaciones inevitables que acompañan a ese logro. Contiene algunos ejemplos notables de la falacia de la concreción injustificada en algunas obras económicas prestigiosas. Los capítulos siguientes ilustrarán los efectos generalizados de la falacia en formas más fundamentales.
    Gran parte del pensamiento del mundo moderno ha sido determinada por la admiración del éxito brillante de la física en los siglos diecisiete y dieciocho. Los físicos desarrollaron un modelo conceptual de la Naturaleza, del cual surgió un vasto conjunto de pronósticos. Estos pronósticos se sometieron a prueba y algunos de ellos resultaron correctos. Otros resultados empíricos requerían una alteración de los conceptos y las teorías. Grandes aparatos matemáticos que se habían desarrollado en siglos anteriores para propósitos literalmente teóricos resultaron aplicables para desarrollar el poder explicativo y de pronóstico del modelo universal.
    La física era empírica en dos sentidos muy importantes. Primero, la observación y el experimento sugirieron las hipótesis que contribuían al modelo universal. Segundo, la validez del modelo se sometió a prueba obteniendo sus implicaciones y examinando su correspondencia con lo que podía observarse. Pero lo que distinguía a esta ciencia de otras investigaciones de la Naturaleza no era su elemento empírico sino su aspecto formal y deductivo. Aristóteles había alentado la reunión y la clasificación de los términos empíricos. Pero no había previsto la posibilidad de elaborados sistemas deductivos. El estudio de los organismos vivientes siguió durante largo tiempo los lineamientos aristotélicos antes que los newtonianos, pero el ideal de la ciencia se estableció como el descubrimiento de leyes de las que pudieran deducirse ciertos hechos.
    Por supuesto, en un sentido estrictamente empírico, los hechos observados no corresponden directamente a las leyes. Por ejemplo, la famosa prueba de Galileo, de que la rapidez de la caída de los cuerpos al suelo no se ve afectada por su peso, no corresponde a la experiencia. Todos sabemos que una piedra cae más deprisa que una hoja. Lo que se demuestra es que la velocidad sería la misma en un vacío. Aun aquí se necesitan nuevas condiciones. La Luna no cae a la Tierra en un sentido empírico. La ley se aplica empíricamente sólo a los objetos que están estacionarios respecto de la Tierra, o tienen el mismo movimiento relativo. Además, la ley se aplica sólo a los objetos que se encuentran dentro del campo gravitacional de la Tierra y no se ven afectados por otros campos gravitacionales.
    Los primeros físicos entendían muy bien todo esto. La explicación de los fenómenos empíricos requería la elaboración de modelos que simplificaran la realidad para destacar los aspectos fundamentales. Las abstracciones correctas, incorporadas en modelos simplificados, posibilitaban análisis y pronósticos mucho más poderosos.
    La diferencia existente entre los pronósticos del modelo simplificado y el comportamiento efectivo de los objetos permite el estudio de otras fuerzas. Por ejemplo, la consideración del hecho de que la Luna no cae a la Tierra, a pesar de la fuerza gravitacional ejercida sobre aquella por ésta, llama la atención sobre la tendencia de todo objeto en movimiento a seguir en una línea recta. El movimiento efectivo de la Luna deriva de la operación conjunta de dos principios: la atracción gravitacional de la Tierra y el propio impulso de la Luna. Toda desviación del movimiento de la Luna respecto de lo determinado por estos dos principios, por pequeña que sea, requerirá la búsqueda de otras fuerzas en operación.
    La admiración por el éxito de la física ha conducido a dos ideales algo divergentes para la organización del conocimiento. Un ideal es el de la obtención de una ciencia unificada en la que se mostraría que todo aspecto de la Naturaleza puede explicarse en última instancia por las leyes de la física. Esto significaría que la química se convertiría en una subdivisión de la física, y la biología en una subdivisión de la química. Algunos tratarían de presentar los fenómenos sociales humanos y la psicología como una rama de la biología, o sea en última instancia como una parte de la maquinaria del mundo.
    Esta visión sigue desempeñando un papel importante en el alma occidental, pero hasta ahora no se ha podido avanzar mucho en el estudio de las cosas vivientes mediante la deducción de su comportamiento a partir de las leyes de la física. Hasta la química presenta demasiadas novedades, mediante las combinaciones, para ser reducida a la física. Para propósitos prácticos debe estudiarse en sus propios términos. Esto se aplica a fortiori a los fenómenos biológicos y sociales. En consecuencia, la forma en que el patrón de ciencia inspirado en la física ha funcionado efectivamente ha sido dando a las diversas ciencias una relativa autonomía, pero de modo que cada una de ellas trata de alcanzar en su propio campo una forma semejante a la de la física, en la que las leyes o modelos se encuentran a partir de los hechos que se quieren pronosticar. Pero este objetivo no se ha alcanzado ni siquiera en las otras ciencias naturales. Incluso en la química, hay numerosos hechos primarios que no se pueden derivar de ningún conjunto pequeño de premisas. Sin embargo, el ideal deductivo guía al trabajo teórico. A pesar del prestigio de la física, en algunas áreas ha habido cierta resistencia a este modelo, sobre todo en el estudio de los seres humanos. En su mayor parte, por lo menos hasta hace poco tiempo, se sostuvo que la historia era fundamentalmente diferente de la Naturaleza. La cuestión que se planteaba a los historiadores era la determinación de lo que efectivamente había ocurrido. No debiera tratar de deducirse lo ocurrido de leyes de la historia o de modelos inmutables. Otros estudiosos de la historia han señalado que la tarea esencial es el entendimiento, antes que la explicación o el pronóstico. Estos investigadores se han concentrado en la hermenéutica como su método especial.
    En el siglo diecinueve, la organización del conocimiento estaba influida por el segundo tipo de influencia de la física -es decir, la división en ciencias autónomas-, combinado con el poder y el prestigio de los diversos métodos usados en el estudio de los fenómenos humanos. Las universidades alemanas aportaron el liderazgo en la organización del conocimiento en las Wissenschaften. A menudo se traduce Wissenschaft como "ciencia”, pero en virtud de que la palabra “ciencia” favorece marcadamente al modelo de la física frente al de la historia, convendrá traducirla mejor como “disciplina”. Así pues, el conocimiento se organizó en Alemania en dos tipos de disciplinas, las disciplinas de la Naturaleza, modeladas como la física, y las disciplinas de la mente o el espíritu humanos.
    El estudio de los fenómenos sociales humanos no encaja nunca confortablemente en ninguno de estos tipos de disciplinas, de modo que los estudios sociales han mostrado esa tensión. Tienen elementos humanísticos y también elementos que los relacionan con las ciencias naturales. Sin embargo, en los Estados Unidos ha habido una fuerte tendencia a considerarlos como “ciencias” sociales.
    Una enunciación de la diferencia básica existente entre las disciplinas científicas y las humanísticas dirá que las primeras se concentran en lo universal y necesario, mientras que las últimas lo hacen en lo particular y contingente. Por supuesto, la universalidad de las ciencias no puede ser absoluta en la mayoría de los casos. La física clásica podía considerar absolutas a las estructuras de la Naturaleza, pero la biología sólo podía estudiar lo que era universal para las cosas vivientes, y las ciencias sociales podían atender a lo sumo a lo que era universal para los seres humanos. Más a menudo, las ciencias sociales estudiaban lo que es universal para tipos de sociedad particulares. Sin embargo, la búsqueda de modelos o leyes de aplicabilidad general, antes que el esfuerzo por identificar y entender las características contingentes de la realidad, forjaba los métodos de los estudios sociales que más subrayaban su condición de ciencias sociales.

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