Descargar 29.74 Kb.


Página1/2
Fecha de conversión04.05.2018
Tamaño29.74 Kb.

Descargar 29.74 Kb.

La economía de los años 20. La crisis económica de posguerra


  1   2



  1. LA ECONOMÍA DE LOS AÑOS 20.

La crisis económica de posguerra.

Al finalizar la I G.M. se inició un período de reajustes económicos que provocaron una gran crisis económica, sobre todo en Europa, y particularmente en Alemania. Las deudas de guerra provocaron el empobrecimiento de los deudores y la imposibilidad de hacer frente a las inversiones necesarias para la reconstrucción. Todos los países implicados en la guerra contrajeron importantes deudas: Los vencedores debían grandes cantidades a países neutrales y EE.UU.; y los perdedores, debían a neutrales y a los aliados por las indemnizaciones establecidas por los tratados de paz. Estas deudas provocan el desplazamiento del centro económico mundial hacia EE.UU, principal acreedor y beneficiario de las ventas de material a los aliados durante la guerra. Nueva York sustituye a Londres como capital financiera mundial, y la Reserva Federal de EE.UU. acumulará buena parte del oro europeo entregado a cambio de material. En Europa, esta situación de deuda, provoca un incremento de la circulación fiduciaria para hacer frente a los gastos (10 veces más billetes en circulación que en 1914), pero esto pronto provoca una enorme inflación y posterior devaluación monetaria, al emitirse moneda por encima de la garantía del oro existente. La crisis se extendió hasta 1921, aunque algunos países, como Alemania, vieron como se alargaba bastante más en el tiempo. La I GM interrumpió el crecimiento económico del siglo XIX y agudizó los desequilibrios arrastrados por la economía capitalista decimonónica. Los principales desequilibrios económicos provocados por la guerra podemos resumirlos en los siguientes puntos: La desintegración de algunos de los viejos bloques comerciales (Austria-Hungría, Imperio turco, Imperio alemán, Rusia), por la desintegración territorial y política de estos viejos estados y por la crisis económica, dificultando la recuperación del comercio internacional. Durante la guerra muchos países neutrales se convierten en productores industriales para abastecer a los países en guerra, pero al finalizar la guerra sufren la crisis de la demanda, el proteccionismo adoptado por casi todos los países, y la competencia de las industrias de los países industriales ahora ya en paz, por lo que entran en crisis rápidamente. La guerra obliga a los países beligerantes a transformar parte de su industria en industrias de guerra, abandonando la producción de manufacturas tradicionales. Al terminar la guerra, por lo tanto, fue necesario abordar una reconversión industrial, pero la falta de recursos económicos y la competencia de las industrias desarrolladas en los países neutrales, dificultaron este proceso. La guerra truncó la modernización de sectores industriales que ya estaban obsoletos en 1914 e impidió su modernización tecnológica. La guerra provocó 9 millones de muertos e infinidad de heridos, lisiados y desplazados, lo que afectó notablemente al mercado de trabajo y como consecuencia el consumo. El aumento inicial de salarios (poca oferta de mano de obra) pronto fue sustituido por situaciones de paro masivo, salarios bajos, y descenso brutal de la capacidad adquisitiva de una gran masa de población, lo que frenará la producción de determinados sectores. La crisis se manifestó ya en 1919, con una enorme caída de los precios y de los salarios, el cierre de numerosas industrias y el aumento constante del paro. Afectó a toda Europa, tanto a los países beligerantes como a los neutrales, y también a los suministradores de materias primas y alimentos de otros continentes. Alemania y Austria sufrieron las peores consecuencias, y la crisis se alargó hasta 1923, debido a los problemas políticos de posguerra y a las indemnizaciones a las que debían hacer frente.

Para superar esta situación se propusieron varias soluciones: Gran Bretaña y EE.UU deseaban restablecer la situación anterior a 1914, restableciendo el patrón oro, el librecambismo y el equilibrio presupuestario; Francia y Alemania apostaban por el crecimiento fiduciario a costa de altas tasas de inflación, que le permitiesen hacer frente a sus deudas de guerra, así como imponer políticas comerciales proteccionistas y desarrollar planes de inversiones en obras públicas. En la Conferencia de Génova (1922-23) se intentó unificar criterios contra la crisis, y se decide: Adoptar el patrón oro para las divisas con las que se abonaban los pagos internacionales, mientras que para la economía interna se renuncia al patrón oro; se reconoce a EE.UU como el líder económico mundial; se aprueba el Plan Dawes, consistente una política de préstamos americanos para que Alemania haga frente a las reparaciones de guerra y reconstruye su economía. El Plan Dawes, completado después con el Plan Young, contemplaba una serie de medidas que incluían una reducción de las indemnizaciones y un incremento de los plazos para pagarlas, pero sobretodo un sistema de préstamos desde EE.UU a Alemania que funcionaría de la siguiente manera: EE.UU concede por vía oficial o mediante inversores privados préstamos a corto plazo para la reconstrucción de Alemania. Los bancos alemanes reciben esos créditos a corto plazo del extranjero y los entregan a largo plazo a los empresarios alemanes que los soliciten. EE.UU reduce los tipos de interés en su mercado interno, lo que provoca que muchos ahorradores privados depositen sus capitales en entidades europeas con tipos de interés más elevados.

Esto supone una inyección de capitales para Europa, que reconstruye su economía y estabiliza sus finanzas y su política monetaria: Patrón oro para divisas, equilibrio presupuestario, control de la inflación. Esta “riada” de dinero permite recuperar la economía germana, pero el problema llega en 1929, cuando los inversores extranjeros no renuevan sus préstamos a corto plazo, pero los bancos alemanes no pueden cancelar sus créditos a empresas alemanas porque los concedieron a largo plazo, por lo que estos bancos al tener que devolver ese dinero a los prestamistas extranjeros se quedan sin liquidez, provocando su ruina. La ruina de estos bancos, a su vez provoca que las diferentes empresas alemanas no puedan seguir disfrutando de estos préstamos, por lo que también acabarán arruinándose. También muchos inversores extranjeros se arruinarán, va que los bancos alemanes no podrán devolverles su dinero al no poder ellos cobrarlo de las empresas.

Los felices 20.

La economía de los 20, a partir de la Conferencia de Génova, desemboca en un proceso de crecimiento y de bonanza, basado en: El aumento de los niveles de consumo por parte de las clases altas y medias; la aparición de nuevos productos que favorecían el consumo (automóviles populares, electrodomésticos); la aparición del ocio y el turismo como negocio. El crecimiento genera un optimismo exagerado y la recuperación de la credibilidad en el sistema económico capitalista, a pesar de las enormes diferencias entre unas clases sociales y otras. Esta situación económica, además, irá ligada a una política internacional más estable a partir de la integración de Alemania en la SDN (Sociedad de las Naciones), y también a una visión lúdica y optimista de la vida diaria, que impulsa la aparición de nuevas formas de divertirse: nuevas corrientes musicales, el cine, etc. Sin embargo, los felices 20 ni fueron tan felices ni resultaron tan positivos económicamente hablando. El crecimiento existió, pero sustentado en grandes desequilibrios y en un consumismo que se impuso a la austeridad decimonónica. Estos desequilibrios se resumen en:

Desequilibrios estructurales.

Habrá grandes inversiones en nuevos sectores y nuevas industrias, pero se olvidan las inversiones en las viejas industrias que se habían quedado obsoletas. La agricultura tendrá que hacer frente a un problema de superproducción por la entrada en el mercado de países nuevos que hunden los precios, lo que genera un empobrecimiento en el sector agrícola en relación con las ciudades, y una brecha cada vez mayor entre países agrícolas y países industriales, con la consiguiente reducción de la capacidad adquisitiva y el nivel de vida de la población agrícola y de los países donde predominaba el sector primario.

Desequilibrios sociales.

Las diferencias entre ricos y pobres se agudizan, por lo que incluso en los países ricos la bonanza económica convive con bolsas de pobreza: Las bidonville norteamericanas, por ejemplo la inflación no fue del todo controlada y aunque la hiperinflación no rebrota, una tasa de inflación notable se mantiene un ascenso constante de los precios por encima de los salarios, por lo que la población asalariada no se beneficia del crecimiento económico y permanece alejada del consumismo desatado. Este consumismo, centrado en las clases medias y altas, pronto muestra síntomas de flaqueza por la actuación de la Ley de consumos decrecientes.

Desequilibrios geográficos.

El desarrollo afectó a unas regiones más que otras, dentro de un mismo país, pero sobre todo a nivel mundial. Aunque el librecambismo salió reforzado de la Conferencia de Génova, muchos países mantuvieron el proteccionismo comercial. Esto impidió un desarrollo comercial pleno, provocando al final un desequilibrio oferta-demanda(se produjo más de lo que se vendió). Los países productores de materias primas y productos agrícolas ven como se reducen los precios constantemente, mientras los productos industriales son cada vez más caros, lo que genera un intercambio desigual. EE.UU, principal economía mundial ya en esta época, debía liderar la economía mundial y tirar de ella, pero se encerró en su mercado interno, invirtiendo poco en el extranjero y adoptando medidas proteccionistas en muchas ocasiones. En realidad, EE.UU absorbió más capitales de los que exportó, y su crecimiento de los años 20 estuvo demasiado ligado a la especulación, la venta a plazos, los préstamos a corto plazo, y a sectores demasiado volátiles. A todo esto hay que añadir la difícil reconversión de países como España, que durante la guerra habían asistido a un gran crecimiento económico gracias a la venta de productos a los países en guerra, pero que durante los años 20 regresan a su papel de “segundones”, incapaces de competir con la industria de los países más desarrollados.

Desequilibrios en la política de inversiones.

Habrá muchos préstamos a corto plazo: Permiten ser retirados fácilmente ante la más mínima crisis y perjudican inversiones a largo plazo. El crecimiento dependía demasiado de los créditos, de las industrias modernas, como automóviles, mientras que sectores como el agrícola se arruinará progresivamente por las hipotecas contraídas con los bancos. La construcción crecerá inicialmente gracias a los prestamos-vivienda, pero a partir de 1926 se arruinará al no poder los dueños devolver los préstamos. La mayor parte del consumo se basaba en la venta a plazos, y cuando el pago a plazos falló por falta de crédito todo se hundió. La superproducción ya amenazaba desde mucho antes de 1929, ya que la mayoría de la población pobre con salarios por debajo de los precios no podía participar en el consumo, por lo que la capacidad de absorber manufacturas se ve limitada. Las empresas empiezan a acumular stocks invendibles desde 1926. Por otra parte, los beneficios empresariales no se reinvierten en la empresa, sino en la especulación inmobiliaria y bursátil, o en créditos a otras empresas

EL CRACK DE LA BOLSA Y LOS INICIOS DE LA CRISIS.

Desde 1927 los inversores estadounidenses prefieren la inversión en Wall Street a los mercados extranjeros, provocando un aumento de los precios de las acciones estadounidenses, sobre todo cuando un número creciente de compradores sigue el ejemplo de los inversores profesionales. En 1929 nueve millones de ciudadanos había invertido en la bolsa, incluyendo a ahorradores pequeños aconsejados por asesores sin escrúpulos, incompetentes o interesados (cobro de comisiones e intereses por préstamos para invertir en bolsa). Incluso aparecieron empresas dedicadas exclusivamente a la inversión especulativa en bolsa. Los expertos y los políticos animaban a los inversores con sus declaraciones. El presidente Calvin Coolidge y su sucesor en 1929, Herbert Hoover, consideraban bajo el precio de las acciones y no veían ningún motivo para pensar en una crisis.

Sin embargo, desde 1926 ya existen muchos artículos de economistas que predicen la crisis, aunque hay muchos más que todavía auguraban un crecimiento indefinido. A partir de 1926 aparecen síntomas preocupantes, que se agudizan en 1927 y definitivamente se generalizan en 1928: • Caída de precios agrícolas y materias primas. • Aumento paro industrial. • Retraimiento del consumo. • Crisis construcción USA desde 1927. • Crisis negocio inmobiliario tras fraudes Florida desde 1926. • Primera recesión bolsa en 1928 provocada por: • Quiebras de algunas empresas por fraudes o inversiones especulativas . • Tipos de interés muy elevados ante la demanda de créditos para especular en bolsa, lo que retrae la solicitud de créditos para inversiones productivas.

Cuando la Reserva Federal aumentó en un 1% el tipo de interés y advirtió sobre la “burbuja” bursátil, muchos empezaron a reconsiderar sus inversiones. El 23 de octubre se vendieron seis millones de acciones y se inició el pánico vendedor, que provocó la venta de más de 12 millones de títulos en día 24 ó “jueves negro”, y en los días sucesivos la venta y caída de los precios continuó, hasta transferir más de 50 millones de acciones en 5 días, provocando una pérdida del valor de los títulos de más de 14.000 millones de dólares en menos de una semana.

El llamado “martes negro” La bolsa acabó de hundirse, afectando a las principales empresas: Ese día se venden 16 millones de acciones y se pierden más de 10.000 millones de dólares. El Índice Dow Jones pasa de 125,4 en 1929 a 95,64 en 1930, 55,47 en 1931 y 26,82 en 1932, lo que indica claramente que la ruina bursátil no fue una caída coyuntural, sino que continuó varios años. Algo no funcionaba bien en la economía americana, y más teniendo en cuenta que las autoridades en vísperas de la crisis hablaban de la «buena marcha de la economía», y la mayoría de los autores consideran que existían unos desequilibrios que explican la debacle de 1929.

1. La desigual distribución de la renta. Un 5% de la población disfrutaba del 33% de la renta nacional, lo que impedía mantener el crecimiento del consumo.

2. La deficiente estructura bancaria. No existían grandes bancos, ni una legislación bancaria que protegiese a los inversores y que evitase operaciones de excesivo riesgo.

3. La balanza de pagos estadounidense era excedentaria, gracias a una política monetaria de atesoramiento de las reservas de oro, a aranceles proteccionistas y a una excesiva confianza en el mercado interno, pero esto perjudicaba al mercado internacional y acabó retrayendo la demanda y afectando a sectores norteamericanos como el agrícola.

4. Una política monetaria que restringía el incremento de la circulación monetaria, al tiempo que permitía la generalización del crédito al consumo (en vísperas del crack el 58% de los automóviles fueron vendidos a crédito) y de créditos destinados a la especulación en bolsa.

5. Las tendencias especulativas impulsaron la inversión en bolsa, pero también en el sector inmobiliario en Florida, a pesar de que los huracanes hicieron fracasar este negocio. La especulación como forma de obtener fáciles y rápidos beneficios se extendió entre la población norteamericana en los felices 20, provocando un crecimiento inusual de los créditos bancarios para invertir en estos negocios especulativos.

Los ahorradores privados, ante las noticias del desastre, deciden retirar sus capitales de los bancos antes de que estos se arruinen completamente; pero ello provoca que los bancos, para devolver a los ahorradores titulares de depósitos el dinero que reclamaban, tengan que recuperar todos los préstamos que habían concedido a brokers e inversores en bolsa, que al haberse arruinado no pueden devolver. Además, las entidades bancarias también intentan recuperar los préstamos al consumo y los concedidos a las empresas (primero los de corto plazo y después los de largo plazo tanto de agricultores como de industriales), lo que provocará la quiebra de millones de pequeños-medianos agricultores y de industrias, al quedarse sin créditos y al no poder colocar en el mercado sus Stocks de mercancías. Finalmente, los bancos no pueden evitar la quiebra, ni pueden devolver a los ahorradores su dinero por no poder recuperar todo lo prestado ni tener fondos de garantía suficiente, lo que provoca una caída brutal de los precios, un aumento de los stocks de mercancías, el paro se dispara y el consumo se hunde definitivamente. Lo más sorprendente es que estos efectos en cadena se producen en muy poco tiempo, lo que demuestra la inestabilidad económica arrastrada desde años anteriores, y que las medidas adoptadas no surten ningún efecto positivo.

Medidas del presidente Hoover contra crisis (1929-1933)

El gobierno estadounidense, presidido por Hoover, reacciona tarde y mal, por lo que sus medidas fueron escasas e ineficaces. En un principio pensaban que la crisis era un simple corrección bursátil y que sus repercusiones en el resto de la economía no serían excesivas, y los propios mecanismos del sistema se encargarían de solucionar. Las relaciones e intereses cruzados entre políticos y financieros impidieron tomar medidas tajantes que perjudicasen los intereses electorales de unos y económicos de otros. Además, la Constitución de EE.UU limitaba la posibilidad de adoptar medidas de control de la economía. La negativa a bajar los tipos de interés, por ejemplo, permite atraer dinero del exterior a EE.UU, al existir tipos de interés más bajos en el extranjero, pero impide que los que precisan pedir créditos puedan acceder a préstamos baratos. Cuando el gobierno y las autoridades económicas asumen la profundidad de la crisis se adopta, en líneas generales, una política errática: La Reserva Federal baja los tipos de interés del 4,5 al 2%, pero reduce la masa monetaria en circulación, por lo que anula los posibles beneficios de la primera medida. También fracasa la política de obras públicas, la Federal Farm Board de 1929 que intentaba evitar la bajada de los precios agrícolas, y las políticas propuestas por la National Business Survey Conference para mantener precios y beneficios empresariales. Lo único que se consigue es acumular stocks para impedir que el exceso de oferta provocase mayor caída precios, pero en 1932 los stocks ya son excesivos y será necesarios sacarlos de golpe al mercado, provocando la caída vertiginosa de los precios.

La extensión de la crisis al resto del mundo.

La crisis estadounidense afectará al resto de la economía mundial por su profundidad, por la influencia de la economía norteamericana en el resto, y por las medidas anticrisis adoptadas. Aunque los primeros que notan la crisis fuera de Estados Unidos serán los bancos europeos que habían participado en el negocio bursátil y los bancos alemanes y austriacos que dependían de los préstamos del plan Dawes, muy pronto la crisis general afectará a todos los sectores económicos. En 1931 la crisis ya se había extendido definitivamente a Europa. Estados Unidos, debido a su ruina financiera, retira del extranjero el 50% de sus préstamos, dejando sin cobertura financiera al Plan Dawes y a bancos y empresas europeas, por ejemplo, que dependían de estos créditos. Además, la política inicial de Hoover manteniendo tasas de interés elevadas, provoca que muchos capitales privados europeos emigren a Estados Unidos en busca de estos tipos de interés alto, agudizando la quiebra financiera europea. Las medidas proteccionistas estadounidenses provocarán reacciones similares en el resto del mundo, y cada uno intentará salvarse a costa del vecino. Ahora Norteamérica reduce sus compras de materias primas, alimentos, energía, lo que transmite la crisis a los países productores; la controlaba un enorme mercado colonial. Alemania y Austria serán los que primero sufran los efectos de la crisis estadounidens , debido a su dependencia de la economía norteamericana por el Plan Dawes.




  1   2

Similar:

La economía de los años 20. La crisis económica de posguerra iconSeminario con david colander síntomas de la crisis económica y sus perspectivas, a ochenta años de la publicación de la
Síntomas de la crisis económica y sus perspectivas, a ochenta años de la publicación de la Teoría General de la Ocupación, el interés...
La economía de los años 20. La crisis económica de posguerra icon3 el uruguay ante la crisis mundial
I. 2008: la culminación de cinco años de bonanza y el comienzo de la crisis económica
La economía de los años 20. La crisis económica de posguerra iconColegio claret
Unidad 2: El mundo de posguerra. América Latina frente a la crisis de los populismos
La economía de los años 20. La crisis económica de posguerra iconCrisis económica en Argentina (1999 – 2000)
La crisis financiera que afectó a la economía de Argentina durante fines de los años noventa y principios de los 2000. El período...
La economía de los años 20. La crisis económica de posguerra iconResumen del curso El impacto de la crisis económica global en las Américas
Gran Depresión de los años 1930, desatada por la crisis de la finanza desregulada en Estados Unidos e indisociable de un régimen...
La economía de los años 20. La crisis económica de posguerra iconTeoría General de Keynes (Resumen)
La teoría general de la ocupación, el interés y el dinero de Keynes tuvo gran repercusión en las economías occidentales después de...
La economía de los años 20. La crisis económica de posguerra iconCrisis económica, la riqueza ficticia y los gastos militares 
La crisis que el sistema capitalista enfrenta en los últimos años ha encontrado diversas interpretaciones, desde las que derivan...
La economía de los años 20. La crisis económica de posguerra iconSugerencias de política económica y social para enfrentar la crisis actual
Ha sido una crisis integral que presenta diferentes facetas y se ha extendido por años, empobreciendo y marginando a las mayorías...
La economía de los años 20. La crisis económica de posguerra iconLa crisis de entreguerras
Es por esto por lo que se conoce a esta década como los “felices años veinte”. Pero esta “felicidad” llegaría a su término con una...
La economía de los años 20. La crisis económica de posguerra iconLa Revolución Cultural de los años 60
El objetivo era reconstruir la seguridad de la gente, e impedir el regreso de la crisis económica

Página principal
Contactos

    Página principal



La economía de los años 20. La crisis económica de posguerra

Descargar 29.74 Kb.