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El bloque socialista: crisis y caída


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El bloque socialista: crisis y caída

http://www.portalplanetasedna.com.ar/hacia_la015.htm

Los comienzos de la década del setenta fueron aparentemente afortunados para la URSS y los países comunistas de Europa central. La crisis petrolera favoreció a la URSS por ser ésta uno de los más importantes productores de petróleo.

Los millones de dólares que ingresaron gracias a las exportaciones petroleras permitieron aumentar las importaciones del Occidente capitalista y postergar reformas necesarias. A su vez, las sumas incalculables de dólares de la OPEP comenzaron a estar al alcance de aquellos países que lo requirieran, y, a través del sistema bancario internacional en forma de créditos, la URSS accedió a ellos. Ante la inactividad del Comecon (Consejo de Asistencia Económica Mutua), algunos países socialistas de Europa central también se endeudaron. De este modo, Europa del Este importó cada vez más capitales y tecnología de Occidente.

A partir de 1975, la URSS, bajo la conducción de Leónidas Brezhnev, aprovechó la crisis coyuntural que afectaba la economía de las principales potencias de Occidente, incorporando a la órbita soviética a estados tan lejanos como los de Vietnam, Laos, Angola, Mozambique, Etiopía, Yemen del sur, Camboya, Nicaragua y hacia 1979, luego de su invasión, Afganistán.

Ese panorama, supuestamente favorable, llevó a Brezhnev a pretender igualar la superioridad en armamentos que poseían los Estados Unidos, lo cual requería de un esfuerzo que la URSS no estaba en condiciones de hacer. A comienzos de la década de los 80 la situación cambió y se tomó cada vez más desfavorable para la URSS. Ya en 1977, la situación en el Cercano Oriente había sufrido un vuelco espectacular, cuando el presidente egipcio Sadat, olvidando las buenas relaciones que su antecesor Nasser había mantenido con la Unión Soviética, buscó un acercamiento con los Estados Unidos y un año después firmó los Acuerdos de Camp David, comenzando una política de entendimiento con Israel.

Por la misma época, el socialismo reapareció en distintos países europeos, e incluso llegó al gobierno. Así lo hicieron Mario Soares en Portugal (1976); Francois Mitterrand, en Francia (1981) y Felipe González, en España (1982). Sin embargo, el hecho de que fueran electos partidos socialistas no significaba el triunfo del comunismo.

Dentro del comunismo europeo comenzó a expresarse una fuerte división. Algunos de sus partidos anunciaron la intención de maniobrar independientemente de Moscú. A la URSS comenzó a costarle demasiado caro mantener su condición de superpotencia. Con un producto nacional bruto de un tercio del de los Estados Unidos debía atender a las tropas estacionadas en Europa Oriental, la frontera China, el arsenal nuclear, la carrera misilística y espacial, el cuerpo expedicionario soviético en Afganistán y conceder ayudas económicas indispensables a sus aliados políticos, que últimamente habían aumentado.

Sin embargo, esto no era lo peor. El más agudo problema se encontraba en una economía que, lejos de alcanzar a la estadounidense, acentuaba aún más su retraso, y en una política social que en lugar de avanzar hacia una distribución más equitativa, como correspondería a un régimen comunista, profundizaba las desigualdades entre el trabajador común y el gran dirigente soviético.

La problemática económica ocupó un lugar central en la evolución política y económica de la URSS. La burocratización que tanto había preocupado a los líderes de la revolución de octubre de 1917, se había recalentado durante la época de Brezhnev.

En 1983, muerto Brezhnev y con Andropov en el poder, la misma prensa soviética aceptaba que, durante el año 1982, el ausentismo había causado la pérdida de 125 mil horas de trabajo, lo que significaba que 66 millones y medio de soviéticos —prácticamente la mitad de la población activa— no trabajara durante un año.

En cuanto a su estructura industrial, la maquinaria de la URSS, 25 % más pesada que la de Occidente, exigía para su funcionamiento una provisión mayor de materias primas, acero y energía. Algunos expertos estimaban que el aparato industrial soviético consumía cuatro veces más energía que el de los países de economía capitalista.

Mientras tanto, los sucesos ocurridos en los Estados Unidos comenzaron a presentar un perfil cada vez más desfavorable para la URSS. Ronald Reagan adoptó medidas que afectaron a ésta. Reagan duplicó el presupuesto militar norteamericano en la primera década de los 80, e impuso un programa de alta tecnología al que denominó guerra de las galaxias. Este programa exigió a la URSS la realización de un gran esfuerzo económico y militar que la misma no estaba en condiciones de atender.

Pese a esta situación amenazadora, la economía soviética no daba señales de reacción. Durante los 80, presentaba signos no disimulables de tercermundización, es decir, de una economía donde las ventas de materias primas son mayores que las de manufacturas. Hacia 1982, el total de exportaciones soviéticas de productos manufacturados y maquinaria alcanzaba sólo el 13 %, siendo el resto materias primas, productos energéticos y vodka.

En noviembre de 1982 murió Brezhnev y fue sucedido por Yuri Andropov como nuevo Secretario General del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética) y presidente del Soviet Supremo. La URSS presentaba la imagen de una sociedad bloqueada que requería soluciones inmediatas y efectivas. Los sucesores de Breznev, el citado Andropov y Konstantin Chernenko, nada hicieron para mejorar la situación.

Fue Mijail Gorbachov quien, a partir de 1985, cambió definitivamente el rumbo. Inmediatamente después de ser designado Secretario General del PCUS, lanzó su nueva política: la perestroika y la glasnot; con la primera enunció la modernización de la economía y la sociedad soviética, con la segunda prometió transparencia informativa.

En menos de un año, Gorbachov logró remover no sólo el gobierno y algunas administraciones locales, sino el mismo Poltiburó (principal Comité Ejecutivo del Partido Comunista de la URSS ). Sin embargo, el desafío mayor era sacar a la URSS del aislamiento. La economía soviética no podía permanecer en lo que Gorbachov denunció como era de estancamiento. No era sencillo modificar, en profundidad, el régimen de vida de los soviéticos. Una gran parte del pueblo se sentía cómodo con un sistema que les proporcionaba una subsistencia garantizada y una seguridad social, de niveles modestos pero ciertos, una sociedad igualitaria social y económicamente, exceptuando los privilegios de la alta regencia del partido. Gorbachov calificó de estancamiento la era de Brezhnev, pero eran muchos los que pensaban lo contrario, y la recordaban como una de las mejores épocas en las habían vivido. Por lo tanto la perestroika no enfrentó sólo la resistencia de la burocracia soviética, sino también, la de gran parte del pueblo.

Gorbachov y su equipo diagnosticaron que el estancamiento era producto del aislamiento, y ellos apuntaron a establecer un régimen de libertades que facilitara el contacto de los ciudadanos de la URSS con otras culturas y países del mundo.

La renuncia al uso de la fuerza por parte de la URSS debilitó la dominación soviética en Europa del Este. Entre agosto y septiembre 1989, en Checoslovaquia y Hungría, miles de jóvenes y profesionales emigraron hacia Alemania Occidental, ante la pasividad de sus respectivos gobiernos. Al poco tiempo se sumaron al éxodo los alemanes del este.

En realidad, hacia los años 80, en los países desarrollados de Occidente había comenzado la revolución científico-tecnológica y el mundo se intercomunicaba cada vez más. Era evidente que la URSS y los países del bloque comunista, si pretendían rivalizar con ellos, no debían continuar con su economía centralizada, donde todas las decisiones eran adoptadas por un pequeño grupo de dirigentes radicados en Moscú, lejos de los centros de producción de la inmensa Unión Soviética. Pero, otorgar poder de decisión a los dirigentes regionales, otorgarle mayor rango y fuerza a la economía que a la política, era debilitar al partido comunista y a sus dirigentes. El régimen soviético se había mantenido gracias al monopolio del poder político por parte del partido comunista, a la vigilancia y la coacción. Se corría el riesgo de colapsar a la URSS por pretender recuperar la economía, que fue lo que finalmente ocurrió.

La caída del Muro de Berlín en 1989, el abandono de Afganistán en 1990, la revisión de la doctrina partidaria propuesta, en 1991, por el mismo Gorbachov, al desconocer el papel del PCUS como único representante de la clase trabajadora soviética, y el reemplazo de la URSS por una Comunidad de Estados Independientes en 1992, constituyen las fases finales, y en cierto modo previsibles, de esta historia.




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