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La colonizacion y el comercio griego


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LA COLONIZACION Y EL COMERCIO GRIEGO

EN LA PENINSULA IBERICA.
Adolfo J. Domínguez Monedero

Universidad Autónoma de Madrid



http://www.ucm.es/info/antigua/actualiz6.htm
1. La situación previa.

Antes de empezar a considerar la situación de los estudios sobre la colonización y comercio griego en la Península Ibérica durante el decenio de los ochenta, daré un rápido vistazo a la situación durante los setenta (vid. también MOREL, 1975 y 1975-a). El Simposio Internacional de Colonizaciones, celebrado en 1971, pero cuya publicación data del año 1974 (cf. MOREL, 1972) había mostrado los límites de las perspectivas tradicionales para abordar los problemas que planteaba el tema. Los trabajos de BLAZQUEZ (1974; vid. también LOPEZ MONTEAGUDO, 1977-78 y RIPOLL & SANMARTI, 1978), que presentó una síntesis de lo que hasta ese momento se venía admitiendo, de MALUQUER (1974), analizando las fuentes sobre el origen de Rhode, y defendiendo su fundación rodia en el siglo VIII, y de LAMBOGLIA (1974; cf. además BOSCH GIMPERA, 1976) acerca de la fundación de Ampurias, son paradigmas de esa situación. Por contra, la intervención de CUADRADO (1974) dedicada a la penetración hacia el interior de las influencias comerciales y culturales greco-fenicias, abría una nueva vía de interpretación, basada sobre todo en la arqueología, para el fenómeno comercial griego en Iberia, pronto confirmada, al menos en parte, por el hallazgo y valoración de piezas como la kylix de Medellín (OLMOS, 1976 y 1977). Hay que mencionar también un interesante y crítico estudio sobre los aspectos socio-económicos de la colonización griega (BALIL, 1973), auténticamente novedoso para su época, y que lamentablemente pasó prácticamente desapercibido. Igualmente, se iniciaba el estudio y valoración de conjuntos cerámicos homogéneos, como las copas áticas de Andalucía o como las cerámicas de la Grecia del Este (ROUILLARD, 1975, 1978 y, posteriormente, 1987) al tiempo que proseguían los estudios sobre los siempre ricos materiales ampuritanos (JULLY, 1976), abordándose problemas cronológicos (BARBERA, 1974), y estableciéndose comparaciones con la situación en las vecinas regiones del Rosellón y del Languedoc (JULLY, 1978 y sobre todo 1982-83).


Sin embargo, desde el punto de vista de la interpretación histórica de la presencia griega, y exceptuada Ampurias, la opinión más corriente era la que manifestaba MOREL (1975, 885): "[El Levante español y Andalucía] posent toutes deux des problèmes assez semblables. D'une part, pour l'une et l'autre, quelques textes antiques font état d'une pénétration, voire d'une colonisation phocéenne (...); d'autre part, dans l'une et l'autre, les recherches récentes font planer un doute de plus en plus sérieux sur la véracité de ces textes".


2. El decenio de los ochenta.

Podríamos decir que el decenio de los ochenta se inicia, paradójicamente, en 1978 cuando tiene lugar, en el extinto Instituto "Rodrigo Caro" del C.S.I.C. una Mesa Redonda titulada "Colonización Griega y Mundo Indígena en la Península". De entre las aportaciones, presentadas yo destacaría algunas. Por ejemplo, la de BENDALA (1979; cf. también 1976) que venía a propugnar una antigua llegada de navegantes griegos (entendiendo este término en sentido amplio) a nuestra Península, lo que en cierto modo vendrían a corroborar los hallazgos de cerámicas micénicas en Montoro (MARTIN DE LA CRUZ, 1988). Igualmente, ALVAR (1979) estudiaba los medios de navegación y la duración de los viajes foceos a Iberia y ese análisis le llevaba la convicción de que la permanencia de los griegos en nuestras tierras tenía que ser mucho más intensa y duradera que lo que hasta ese momento se pensaba. Las tradiciones míticas referidas a viajes de griegos a Iberia fueron reducidas a sus justos términos por GARCIA IGLESIAS (1979; cf. también BERMEJO, 1981, 1991 y PLACIDO, 1989), mientras que ARCE (1979) reaccionaba contra la ola de incredulidad reinante en el momento acerca de la realidad de los contactos "precoloniales" avanzando otras vías interpretativas (posibilidad de un casual trade, concepto y sentido del port of trade, etc.). Por fin, OLMOS (1979; vid. también OLMOS & PICAZO, 1979) bosquejaba un ambicioso plan de trabajo centrado en varios ámbitos (cronología, cerámicas de barniz negro, iconografía, análisis de ajuares, etc.) que, ciertamente, significó un auténtico anticipo de lo que sería su actividad durante los próximos años.


Esta Mesa Redonda constituyó un auténtico revulsivo en muchos aspectos, puesto que en la misma coexistían aún buena parte de las interpretaciones que se habían venido defendiendo durante los setenta, pero ya se apuntaban nuevos caminos. Se empezaba a situar a los autores antiguos en el lugar que les correspondía (aun cuando no todos estaban de acuerdo en cuál era éste) y se iniciaba una nueva vía para valorar los testimonios arqueológicos, más allá de la polémica, que permanecía viva, de si había o no había "ciudades" griegas en las costas ibéricas o del peso relativo de fenicio-púnicos y griegos, respectivamente, en sus relaciones con las costas ibéricas (FERNANDEZ NIETO, 1980); en este contexto hay que reseñar la intervención de SHEFTON en el Congreso de Colonia sobre los "Fenicios en Occidente" celebrado en el año 1979, y cuyas actas aparecieron en 1982, que ha acabado por convertirse en instrumento de trabajo imprescindible para comprender los procesos que determinan la presencia de materiales griegos en Iberia. Aún hoy día sigue siendo plenamente válido, a pesar de los nuevos descubrimientos.
El debate al que estaba aludiendo se vio súbitamente animado por los hallazgos, durante una excavación de urgencia, de unos fragmentos cerámicos griegos en Huelva, algunos de ellos del siglo VI a.C., entre ellos los correspondientes a una olpe de Clitias (OLMOS & GARRIDO, 1982; OLMOS & CABRERA, 1980; OLMOS, 1982). Estos hallazgos continuarían durante los próximos años (FERNANDEZ JURADO, 1984, 1986), siendo numerosas las aportaciones que los mismos han brindado al conocimiento del comercio griego de época arcaica y clásica en la Iberia meridional (CABRERA & OLMOS, 1985; CABRERA, 1986; CABRERA, 1987; FERNANDEZ JURADO & CABRERA, 1987); recientemente ha aparecido la más detallada publicación hasta el momento de los mismos (CABRERA, 1988-89). Inmediatamente surgieron dos grupos de investigadores; aquéllos que veían confirmarse las noticias que la tradición griega, representada principalmente (aunque no en único lugar) por Heródoto, daban acerca de la presencia griega en Tarteso y aquéllos que seguían siendo escépticos acerca de la realidad de esa presencia. En 1981 tuvo lugar en Nápoles el tercer congreso dedicado a los foceos en Occidente dedicado al tema "Los Foceos desde Anatolia al Océano", foro que reunió a los principales especialistas del momento sobre la cuestión; como hace ya algún tiempo yo mismo dediqué cierta atención al mismo (DOMINGUEZ, 1985) aquí incidiré sólo en un par de aspectos. La presentación internacional de los primeros hallazgos de Huelva (GARRIDO & ORTA, 1982) ya planteó claramente las visiones contrapuestas; frente a una predisposición a aceptar la veracidad histórica de los relatos herodoteos y a utilizar los nuevos materiales para documentarlos arqueológicamente (OLMOS, 1982, 1986, 1989) permanecía una visión más crítica (MOREL, 1982) uno de cuyos méritos era plantear cuestiones a resolver mediante ulteriores estudios.
Pero en ese Congreso también se dieron importantes pasos para una aproximación metodológica a la cuestión de los establecimientos griegos en el Sudeste peninsular (ROUILLARD, 1982); en los años sucesivos se profundizaría en el "modo de funcionamiento" de estos centros y su necesaria vinculación a ambientes indígenas (ROUILLARD, 1988; ROUILLARD ET AL., 1990). Paralelamente, las investigaciones de CHAPA (1980, 1982, 1985, 1986) sobre la escultura ibérica y las influencias griegas detectables en ella abrieron una nueva posibilidad interpretativa acerca de los términos en que se producían los contactos y el significado de los mismos para las sociedades indígenas (DOMINGUEZ, 1984, 1986, 1986-a); se trataba de analizar cómo habían funcionado los mecanismos de transmisión cultural entre griegos y indígenas en esos ámbitos geográficos peninsulares. El hallazgo y posterior publicación del conjunto escultórico de Porcuna (GONZALEZ NAVARRETE, 1987; NEGUERUELA, 1990) sirvió igualmente para mostrar opiniones contrapuestas entre los que llegaban a considerar esas esculturas como griegas (BLAZQUEZ & GLEZ. NAVARRETE, 1985, 1988; cf. también BLAZQUEZ, 1988) y entre los que rechazaban tajantemente esa posibilidad (TRILLMICH, 1990; NIEMEYER, 1990). No es inútil retomar esta discusión, siquiera brevemente; la escultura es un elemento más de la incidencia cultural helénica sobre las poblaciones indígenas y aun cuando la inmensa mayoría de ella haya sido producida en talleres indígenas, el estímulo para la realización de estas manifestaciones, así como el trasfondo formal y tecnológico ha sido proporcionado en buena parte por artesanos griegos (y me reafirmo en lo ya dicho en DOMINGUEZ, 1985, 362), lo que ha confirmado recientemente NEGUERUELA (1990-91).
Por fin, y por lo que respecta a Ampurias, el Congreso de Nápoles sirvió para dar a conocer los resultados de unos pequeños sondeos que se habían realizado en 1975 en la San Martín de Ampurias y que permanecían inéditos (SANMARTI, 1982), al tiempo que ya se observaba una nueva perspectiva en la valoración del entorno geográfico de la ciudad griega, pronto desarrollado con más detalle (ROVIRA & SANMARTI, 1983). En los años sucesivos, y a partir sobre todo de 1985 se reiniciaron las excavaciones en la Neapolis ampuritana, cuyos resultados están empezando a cambiar la imagen que hasta ahora se había tenido de la ciudad. Se estableció con total seguridad la fecha de las murallas hoy día visibles (mediados del siglo II a.C.), así como la sucesión de construcciones en toda la zona meridional de la ciudad griega, incluyendo restos de murallas del siglo IV a.C. (SANMARTI & NOLLA, 1986; SANMARTI ET AL., 1986, 1988, 1991). Igualmente, se ha podido establecer en buena medida la fisonomía de las áreas sacras de toda esta parte sur de la Neapolis así como de lo que quizá fuese el poblado indígena (MARCET & SANMARTI, 1990, 83-85; SANMARTI, 1990); por fin, esta serie de excavaciones han sacado a la luz, entre otros testimonios epigráficos ibéricos, una interesante carta comercial griega en plomo, datable en el último tercio del s. VI, aunque procedente de un contexto arqueológico de fines del siglo V (SANMARTI & SANTIAGO, 1987, 1988; SANTIAGO, 1990) y que registra una transacción comercial entre habitantes de la ciudad griega y los de algún centro indígena de la costa peninsular, presumiblemente Sagunto; este hallazgo se ha visto complementado por el "redescubrimiento" de otra carta de plomo procedente de Pech Maho, en la que se alude a una transacción comercial en la que participan comerciantes ampuritanos y efectuada bien en la propia Ampurias, bien en Pech Maho, en algún momento del segundo tercio del siglo V a.C. (LEJEUNE ET AL., 1988; SANTIAGO, 1989). A la vez, se ha profundizado en los diarios de las excavaciones antiguas, con frecuencia un útil instrumento de trabajo (OCHOA, 1989; RUIZ DE ARBULO, 1991), cuyo empleo se ha demostrado valioso en algunas áreas urbanas, como el ágora (MAR & RUIZ DE ARBULO, 1988). También se ha propuesto alguna revisión de las necrópolis ampuritanas (LOPEZ BORGOÑOZ, 1987; BARBERA, 1990).
Frente a estas novedades arqueológicas referidas a Ampurias apenas se ha avanzado en el conocimiento de su vecina Rhode: publicación de algunas campañas en la ciudadela (MARTIN ET AL., 1979, 1982; MALUQUER, 1982), determinación de su posible vinculación con Masalia en el siglo IV (MARTIN, 1982) y algún intento de esclarecer el origen de la tradición de su vinculación a Rodas (DOMINGUEZ, 1990) completan el magro panorama de este asentamiento
Además de ese panorama arqueológico, el interés que las dos ciudades despiertan durante su período griego se ha traducido en una abundante producción bibliográfica centrada sobre diversos temas: función portuaria de ambas (RUIZ DE ARBULO, 1984), actividades económicas y ocupación del territorio (PUJOL, 1984-85, 1989, DOMINGUEZ, 1986-b; PADRO Y SANMARTI, 1987; RUIZ DE ARBULO, 1989), organización política y relaciones con los indígenas (DOMINGUEZ, 1986-c; PENA, 1988), además de algún que otro panorama más general (RIPOLL, 1983). La ciudad indígena, profundamente helenizada, de Ullastret, también ha recibido alguna atención (MALUQUER ET AL., 1984; MARTIN, 1988) a la espera de la publicación definitiva de los resultados de las últimas excavaciones.
En 1983 se celebró en Ampurias una Mesa Redonda bajo el tema "Cerámicas griegas y helenísticas en la Península Ibérica" en el que se pasaba revista a algunos de los problemas que se habían iniciado en los años anteriores: cuestiones metodológicas (OLMOS, 1987), publicación de conjuntos regionales (GARCIA CANO, 1987 y, anteriormente, 1982), etc. Sin embargo, y a mi juicio, una de las principales aportaciones de la Mesa Redonda se refiere al tema de las imitaciones ibéricas de cerámicas griegas (PAGE, 1987; PEREIRA & SANCHEZ, 1987), al que ya anteriormente se había prestado alguna atención (ARANEGUI, 1977; PEREIRA, 1979), pero que a partir de ese momento sería objeto de interés destacado (PAGE, 1984; OLMOS, 1984, 1988-89, 1990; ARANEGUI & PEREZ BALLESTER, 1990) aplicándose incluso la metodología desarrollada a producciones como las campanienses (BONET & MATA, 1988). La otra gran aportación de dicha Mesa fue la relativa a las relaciones comerciales griegas con las regiones del interior peninsular que desarrolló MALUQUER (1987) en la misma y en otros lugares (MALUQUER, 1983, 1985), a partir de su experiencia en las excavaciones de Cancho Roano (Zalamea de la Serena). Realmente, en nuestro país, salvo alguna excepción (RUIZ ZAPATERO, 1974) apenas se habían realizado estudios recientes sobre los problemas de la distribución interior de los productos comerciales exóticos y sus implicaciones culturales. Las propuestas de Maluquer dieron pronto lugar a nuevas discusiones (DOMINGUEZ, 1988; FERNANDEZ JURADO & CABRERA, 1987; CABRERA, 1987-a, BLANQUEZ, 1986-87) y aún hoy en día el tema dista de hallarse cerrado (BLANQUEZ, 1990; DOMINGUEZ, 1992, 1992, E.P.)
Esa Mesa Redonda de Ampurias tuvo su continuidad en otra Table Ronde celebrada en Burdeos en 1986 con el título de "Griegos e Iberos en el siglo IV a.C.. Comercio e iconografía". Como anunciaba su título, éstos serían sus temas principales. Por lo que se refiere al comercio, se abordó la presencia de cerámica griega en Huelva (FERNANDEZ JURADO & CABRERA, 1987), en Cástulo (SANCHEZ, 1987), en Málaga (GRAN AYMERICH, 1987), así como algunas visiones de conjunto, una referida a Iberia (CAMPENON, 1987), otra relativa a cuestiones de consumo y distribución (BATS, 1987) y dos dedicadas al papel de Atenas como redistribuidor de productos (BRESSON, 1987; DESCAT, 1987). En el apartado de iconografía se trataron varios asuntos: las relaciones entre la imagen, el vaso que la contiene y su distribución geográfica, tema en el que no todos los intervinientes se mostraron unánimes (LISSARRAGUE, 1987; OLMOS, 1987-a; LA GENIERE, 1987; LAURENS & SCHWALLER, 1987), el cortejo dionisiaco en las cerámicas áticas de Iberia (VILLANUEVA, 1987 y 1986; vid. también OLMOS, 1992), etc. Por fin, TORELLI (1987) planteó algunas posibilidades de análisis de la realidad ibérica teniendo presente la situación, mucho mejor conocida, que se da en Italia con respecto a la recepción y asimilación de modelos griegos. Durante esta Table también se presentaron los largamente esperados materiales y graffiti del pecio de El Sec, que pronto serían publicados monográficamente (ARRIBAS ET AL., 1987) y que se han revelado imprescindibles para un mejor conocimiento de los mecanismos comerciales greco-púnicos en los años centrales del siglo IV a.C.
Dentro de los Congresos de Estudios sobre la Magna Grecia, en 1989 se celebró en Tarento el vigésimo noveno, dedicado al tema "La Magna Grecia y el Lejano Occidente". En el mismo hallaron cabida los principales temas de debate que se habían venido delineando durante los años previos: el caso de Emporion (SANMARTI, 1990), el comercio griego con Tarteso (OLMOS, 1990), las influencias artísticas (ALMAGRO, 1990) e, incluso, problemas de definición del carácter de la presencia griega (NIEMEYER, 1990). De gran interés las intervenciones de DE MIRO (1990) y de SHEFTON (1990) sobre las relaciones entre Magna Grecia, Sicilia e Iberia.
Por último, y antes de finalizar este apartado, señalaré que en lo concerniente a las visiones de conjunto pueden mencionarse los trabajos GARCIA CANO (1989) y de BLECH (1990); para una visión diacrónica del desarrollo de la presencia griega en Iberia y sus relaciones con la fenicio-púnica son útiles los trabajos de BARCELO (1987-88, 1988) y, pasando a temas más concretos, se ha seguido trabajando sobre la batalla de Alalia y sus eventuales repercusiones en los mecanismos de la presencia griega en Iberia (GRAS, 1987; DOMINGUEZ, 1991), sobre la toponimia de origen griego en las costas peninsulares (JACOB, 1985), sobre las relaciones existentes entre la presencia griega en Iberia y en otras zonas (especialmente el Ponto Euxino) (OLMOS & GRIÑO, 1985; BLAZQUEZ, 1988-a), con algunas posibles consecuencias interesantes (DOMINGUEZ, 1983), sobre las cerámicas griegas de Portugal (DIAS, 1984), sobre distribución de productos masaliotas en Iberia, tanto monedas (CAMPO, 1987; cf. VILLARONGA, 1991) como ánforas (MARTIN, 1990; SANMARTI ET AL., 1990; J. SANMARTI, 1990-a; ROUILLARD, 1990; cf. MIRO, 1989), entre otros.


3. Estado actual y perspectivas de futuro.

Si algo caracteriza al decenio de los 80 en el estudio del comercio y la presencia griega en Iberia, es la gran cantidad de temas y problemas que han ido incorporándose al asunto principal así como la inclusión, cada vez mayor, de nuevas áreas geográficas ibéricas a la discusión y la necesidad de contemplar el proceso en su devenir diacrónico (cf. DOMINGUEZ, 1991-a); igualmente, y frente a algún reproche reciente (FERNANDEZ NIETO, 1992) cada vez se tiene más en cuenta el entorno Mediterráneo en su conjunto (p. ej. OLMOS, 1991, DOMINGUEZ, 1991-c), y no sólo el griego, ya que si algo caracterizó al mundo helénico, además de la preservación de su helenidad, fue el contacto intenso y constante con otros mundos.


La reciente publicación de las Actas de la Mesa Redonda "La presencia de material etrusco en la Península Ibérica" (1991) introduce de forma destacada este otro componente en las relaciones comerciales de Iberia con las culturas Mediterráneas; no obstante, no abundaré en ellas porque ni los etruscos, ni los fenicios, son objeto del presente estudio. Habrá que esperar a la publicación de las Actas de la Mesa Redonda "Griegos e Iberos. Siglos VI-IV a.C.", celebrada en Ampurias en 1991, para disponer de nuevos elementos de juicio sobre cuestiones de iconografía, comercio, contacto cultural, etc.; la reciente publicación de las actas de los Congresos "Marsella Griega" y "Marsella y la Galia" (Marsella, 1990) en el tercer volumen de los Études Massaliètes (Marsella, 1992) aportará importantes puntos de referencia sobre la que llegó a ser la ciudad griega más poderosa del Occidente mediterráneo. Del mismo modo, la publicación del largamente esperado estudio de ROUILLARD (1991) sobre la presencia griega y los hallazgos griegos en la Península originará, sin duda, en los próximos años saludables controversias; también el denso y bien documentado estudio de SANCHEZ (1992) sobre el comercio de productos griegos en Andalucía oriental, recién aparecido, será un útil e imprescindible instrumento de trabajo. Igualmente, hay que saludar la aparición de los resultados de las excavaciones franco-españolas en Málaga (GRAN, 1991; vid. ya GRAN, 1988 y OLMOS, 1988; RECIO, 1990), que reintroducen con gran fuerza el problema de las relaciones entre griegos y no griegos en un ambiente fenicio, lo que presupone un nivel de desarrollo político y tecnológico al menos equiparable al de los propios griegos, frente a lo que excavaciones en centros indígenas, por muy importantes que éstos fuesen (por ejemplo, Huelva), nos indicaban. Habrá que esperar, igualmente, para completar esta visión, a la publicación de las excavaciones en el Cerro del Villar (Guadalhorce), aparentemente con importantes novedades sobre el comercio griego arcaico, del que en la mencionada Mesa Redonda de Ampurias del año 1991 P. CABRERA avanzó su eventual carácter samio (cf. también DOMINGUEZ, 1991-b).
En otro orden de cosas, parece estar resurgiendo un evidente interés por las manifestaciones numismáticas griegas en Iberia, como muestran los trabajos de CHAVES (1991) o de CAMPO (1992) y hay que señalar también que en los últimos años empieza a surgir un claro interés no ya sólo por la historia de la presencia y del comercio griegos en Iberia sino, además, por la historia de la historiografía de dicho tema, desde perspectivas diferentes (p. ej., OLMOS, 1991-a, con un panorama de los 20 últimos años; cf. ROUILLARD, 1989; OLMOS, 1991-b, 1992-a; CRUZ, 1991, 1991-a, 1991-b) indicio seguramente de que el camino recorrido en el estudio de este tema se percibe ya como lo suficientemente largo y con la perspectiva adecuada como para empezar a debatir no ya acerca de los hechos sino más bien sobre la imagen que de esos hechos se ha proyectado mediante las elaboraciones de todos aquellos que fueron aportando elementos de juicio y de debate al tema. Seguramente esta reciente preocupación es la prueba más destacable de que se ha llegado ya a un estadio de madurez en el análisis y el tratamiento de los problemas que plantea la presencia griega en Iberia. La labor del decenio de los 80 ha contribuido, sin duda decisivamente, a alcanzar este estadio. En los años sucesivos cúmplenos a todos seguir por este camino.


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