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    Integración económica, economías de escala y aglomeración productiva


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    NUTSIII

    1856

    1893

    1907

    1913

    1929

    Alimentaria

    0.34

    0.43

    0.45

    0,55

    0.65

    Textil

    Cueros

    0.73

    0.87

    0.88

    0.91

    0.94

    Metalurgia

    0.71

    0.79

    0.78

    0.83

    0.89

    Química

    0.61

    0.66

    0.69

    0.73

    0.87

    Papel

    0.76

    0.70

    0.69

    0.75

    0.85

    Vidrio Cerámica

    0.48

    0.54

    0.58

    0.66

    0.78

    Madera

    0.86

    0.72

    0.67

    0.67

    0.65

    Fuente.- Paluzie et al. (2002)
    Por lo que respecta a la localización geográfica específica de esta producción industrial cada vez más concentrada, el gráfico 4 prueba lo acertado de la sentencia empleada por los historiadores económicos. Cataluña se convirtió en la fábrica de España. El Principado experimentó un fulgurante crecimiento en la producción industrial que propició el ascenso de su participación en el total de producción industrial española. En poco más de treinta años Cataluña pasó de aportar el 25% del producto industrial español a contribuir con el 40% del mismo.
    Como se ha comentado, de entre los territorios catalanes, fue el encabezado por su capital, Barcelona, el que aglutinó la mayor parte de este espectacular crecimiento. Si atendemos a información proveniente de fuentes fiscales, la provincia de Barcelona, marítima y con tradición comercial y manufacturera, pasó de representar el 18.65% de la producción industrial española en 1856 a aportar, en 1893, más del 33% de la misma.2

    Fuente.- Elaboración propia.


    En un ejercicio previo (Tirado et al, 2002), se ha tratado de dar explicación a la evidencia descrita en los párrafos previos, correspondiente al periodo 1856-1893. En particular, se pretendía analizar tanto los determinantes de la especialización industrial de las provincias españolas como los cambios observados en los mismos a lo largo de este periodo. Del análisis se deducía la importancia de dos tipos de variables. Por una parte, las representativas de la dotación inicial de factores, en especial capital humano. Por otra, aquéllas ligadas a la existencia de economías de escala en los procesos de producción industrial, que eran captadas a partir del tamaño medio de planta y del potencial de mercado de cada territorio. Finalmente, el análisis comparado de los determinantes de la especialización industrial en dos cortes temporales, 1856 y 1893, mostraba como, a medida que avanzaba el proceso de integración económica, se veía ampliada la capacidad explicativa de las variables ligadas a la existencia de economías de escala en los procesos productivos. En este artículo trataremos de profundizar en este tipo de aspectos.
    Sin embargo, el trabajo que aquí se presenta pretende ampliar la extensión temporal del análisis. Este hecho obliga a explicitar una serie de cambios en el marco institucional descrito con posibles implicaciones sobre la localización de la industria española. En este sentido, la última década de siglo marca un cambio de rumbo en materia de integración de la economía española en el mercado exterior. Por una parte, 1883 supone el abandono de la convertibilidad oro de la peseta, hecho que debilita la posición española en el mercado internacional de capitales. Por otra, desde 1892, el retorno a la protección, documentado en el gráfico 1, constituyó un duro golpe a la integración comercial exterior. Los resultados del giro en materia arancelaria no tardaron en manifestarse. Desde 1895 la tasa de apertura de la economía española inició una nueva tendencia, ahora descendente (gráfico 2).
    En realidad, estamos ante las primeras manifestaciones de lo que ha venido en llamarse la vía nacionalista del capitalismo español, que supuso una apuesta decidida por el fomento de la producción interior española mediante la protección del mercado interior y la creciente intervención pública en favor de la producción industrial. Los instrumentos a través de los cuales se pretendió alcanzar dichos objetivos han sido analizados con detalle por la historiografía. En este sentido, se ha destacado la generación de incentivos al desarrollo industrial mediante la regulación de los mercados, así como la actuación directa del estado sobre el sector industrial, aunque a una escala reducida, a través del gasto público. (Maluquer, 1987, Comín, 1996).
    Las más firmes manifestaciones de este nuevo marco de desarrollo se encuentran en los años de entreguerras cuando, en respuesta a la crisis de sobreproducción que sigue a la especial coyuntura provocada por la neutralidad española durante la Gran Guerra, la defensa de la industria española frente al exterior motivó ulteriores elevaciones en los niveles arancelarios (Arancel Cambó, 1922) y la implementación de programas de inversión en infraestructuras que, al margen de reforzar la integración económica interior, vinieron a conformar una fuente de demanda no despreciable para algunos sectores industriales nacionales (Palafox, 1992).
    En resumen, durante el periodo 1892-1931, la integración del mercado interior de bienes y factores se vio reforzada, pero ahora en un contexto de cierre relativo respecto a los mercados internacionales. En estas condiciones, los procesos de aglomeración productiva de la producción industrial continuaron observando una tendencia creciente. Sin embargo, la localización de los principales centros de producción comenzó a mostrar variaciones reseñables.
    Respecto al primero de los apartados, el gráfico 3 nos permite comprobar como la concentración geográfica de la industria creció a lo largo de los dos cortes temporales sobre los que se dispone de información, 1913 y 1929. Este tipo de comportamiento también se contrasta a un nivel de desagregación industrial superior. Como se muestra en el cuadro 1, cinco de los siete sectores en los que se desagrega la producción industrial observaron incrementos en sus niveles de concentración en estos años.3

    Sin embargo, durante este periodo comenzaron a apuntarse cambios relevantes con relación a la localización geográfica de esta industria. Como se observa en el gráfico 4, el peso de Cataluña en la estructura industrial española, al margen de coyunturas extraordinarias como la Gran Guerra o los primeros años de la Segunda República, dejó de ser creciente desde los últimos años del siglo XIX.4 Por lo que respecta a Barcelona, los datos referentes a 1913 y 1929 nos permiten mostrar como ésta mantuvo su peso en la estructura industrial española. En particular, Barcelona aportaba el 31,83% de la producción industrial española en 1913 y contribuía con un 34,84 en 1929. El fuerte crecimiento relativo observado durante el periodo 1856-1893 se había detenido.


    Por el contrario, un nuevo conjunto de territorios comenzaba a avanzar en la estructura industrial española. Entre ellos destacan las provincias vascas de Guipúzcoa y Vizcaya, Zaragoza y, sobre todo, Madrid, capital política y centro geográfico del Estado (Betrán, 1999).
    En este sentido, el gráfico 5 establece una comparación entre la producción industrial madrileña y la barcelonesa. En particular, se ofrece información sobre el porcentaje que representa la producción industrial de Madrid sobre un nivel 100 marcado por la producción de la provincia de Barcelona. Se observa como el cambio de rumbo en el ritmo de crecimiento de la producción industrial madrileña respecto a la barcelonesa se inicia en el periodo de entresiglos. Sin embargo, el más fuerte avance tal vez se registre en los años que transcurren entre la Primera Guerra Mundial y la Gran Depresión.5

    Fuente.- Elaboración propia.
    El panorama descrito refleja fielmente algunas de las predicciones provenientes de los modelos de la llamada nueva geografía económica presentados en el apartado previo, hecho que permite establecer algunas hipótesis explicativas referentes a los determinantes de la evidencia presentada.
    En particular, el trabajo plantea dos hipótesis explicativas. En primer lugar se sostiene que la creciente integración del mercado interior español y la presencia de rendimientos crecientes en los procesos de producción industrial, -ligados a la existencia de enlaces de demanda, es decir, a la proximidad del mercado, y también al aprovisionamiento de materias primas- favorecieron el crecimiento de la aglomeración productiva durante la segunda mitad del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX.
    En segunda instancia se propone una nueva línea de interpretación para la evolución de la localización de esta industria crecientemente concentrada. Barcelona se constituyó en el principal polo industrial español gracias a la integración del mercado interior en un contexto de apertura exterior creciente. Sin embargo, desde finales de siglo, cuando la reacción nacionalista ante la crisis finisecular reforzó el proceso de integración interior pero en un contexto de elevados niveles de protección arancelaria respecto al exterior, el crecimiento de la concentración estuvo ligado a la aparición de nuevas localizaciones para la producción industrial española. En particular de aquéllas mejor situadas respecto al mercado interior español, tanto para la venta de bienes como para el aprovisionamiento de materias primas. Es en estas circunstancias en las que se explica el continuado crecimiento de la concentración industrial junto al inicio de un cambio en la localización de la misma. Barcelona siguió siendo el centro industrial más importante del país, pero se observa el ascenso relativo de otras localizaciones para la industria española. Entre ellas destaca Madrid, centro geográfico del Estado.

    A partir de estas hipótesis, el resto del trabajo discute la razonabilidad de las mismas mediante el estudio de una de las implicaciones estructurales de los modelos descritos en los puntos previos. La existencia de un gradiente salarial desde el principal núcleo productivo y el análisis de su evolución a lo largo del proceso descrito. A este respecto se dedican las páginas que siguen.




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