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Costos económicos medios y marginales. Corto y largo plazo


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3. Costos económicos medios y marginales. Corto y largo plazo
El costo económico total de un bien puede definirse teóricamente como el agregado del valor de todos los recursos indispensables para su producción evaluados en función de su costo social de oportunidad.
Las principales dificultades para el cálculo de costos económicos totales que respondan a esta definición se relacionan con la forma de determinar cuáles son los recursos indispensables para un determinado nivel de producción (aspecto ligado con la eficiencia productiva) y con la posibilidad de establecer el costo social de oportunidad de tales recursos (cuestión que se vincula con el conocimiento de una función social de bienestar, con la tecnología utilizada y con la dotación del conjunto de recursos requeridos para la producción).
El primer tipo de problemas puede resolverse razonablemente apelando a la consideración de patrones estándar para el uso de los recursos en función de una técnica determinada de producción.
En cambio, el segundo tipo de dificultades tiene un carácter mucho más complejo y no resulta posible darle una solución completamente satisfactoria en la práctica. En primer lugar porque cuando se abandonan los supuestos teóricos (contradictorios con las condiciones concretas) que permitan equiparar los costos de oportunidad microeconómicos con los correspondientes al nivel global, no pueden utilizarse lícitamente los primeros como una adecuada indicación de los segundos. Por otra parte, ya se han discutido en la sección anterior los problemas insalvables que supone la reconstrucción de los precios de eficiencia para bienes y recursos.
Pero, más allá de estas dificultades lo que importa discutir aquí es el tipo de costos económicos (medio o marginal, de corto plazo o de largo plazo) que resulta pertinente en función de las acciones de orientación y coordinación de la asignación de recursos en el sector por parte de las autoridades públicas.
De acuerdo con la teoría microeconómica neoclásica es conocido el resultado según el cual la asignación eficiente de los recursos requiere que en todas las actividades productivas se igualen los costos marginales con los precios.
Pero esa condición equivale a requerir la existencia de competencia perfecta en todos los mercados o a un comportamiento igual al de un competidor atomizado en aquellos casos donde no se verifique la condición de competencia perfecta.
Dadas las características de funcionamiento de los mercados en las economías concretas, que se apartan de modo muy significativo de aquel modelo ideal resulta muy difícil sostener válidamente la superioridad del costo marginal como indicador para orientar la asignación de los recursos. Por otra parte, las soluciones que se derivan de la teoría del "segundo mejor" que intentan deducir apartamientos óptimos a partir del costo marginal, además de adoptar formas extremadamente complejas, si se pretende incorporar al menos los elementos más relevantes del comportamiento concreto de los mercados, suponen problemas metodológicos vinculados con cierta circularidad en el planteo (33).
Desde una perspectiva teóricamente rigurosa, la preponderancia del costo marginal como indicador de costo económico se deriva de los desarrollos teóricos referidos previamente. Sin embargo, en ciertas cadenas productivas (especialmente en el caso de la electricidad) es usual recurrir a modelos de equilibrio parcial, traducidos bajo la forma de modelos de optimización (usualmente de programación lineal), ya sea para la operación (despacho económico de cargas) y/o para la expansión del sistema (plan de equipamiento), que proveen precios de cuenta asociados a las soluciones óptimas. Tales precios de cuenta pueden ser interpretados como costos marginales de corto (optimización de la operación) o de largo plazo (optimización de la expansión), cuyos niveles habrán de depender, como es sabido, de la naturaleza de la función objetivo utilizada, de la forma de establecer las restricciones del problema y de los parámetros de contorno que se toman como datos (por ejemplo, los precios de los recursos utilizados en el proceso que se pretende optimizar).
Más allá de la forma de plantear la función objetivo y las restricciones en ese tipo de modelos es claro que el carácter parcial de los mismos no garantizan que esos precios de cuenta o costos marginales constituyen necesariamente una solución superior desde el punto de vista de la asignación "eficiente" de los recursos, ya que las condiciones de contorno contienen precios que no pueden ser calificados como precios de "eficiencia".
Por otra parte, es sabido que en presencia de rendimientos crecientes a escala, el criterio del costo marginal no asegura la viabilidad financiera de las unidades productivas ya que, al situarse dicho costo debajo del costo medio correspondiente no permite que se puedan recuperar todos los costos que supone la actividad productiva que tenga ese tipo de características. En consecuencia, la consideración de los costos marginales en tales circunstancias requiere la definición de ajustes que permitan asegurar la viabilidad financiera de las empresas que se desenvuelven en la industria (34).
Es claro que la consideración de los costos medios como indicadores de costo económico evita esta última dificultad y tiene la ventaja de reflejar el nivel del costo de abastecimiento incluyendo la totalidad de los elementos que componen el costo total y no solamente aquellos que corresponden a las variaciones en el margen. Sin embargo, desde la perspectiva de la toma de decisiones esto último es más un inconveniente que una ventaja ya que para tales decisiones importan mucho más los costos que tienen el carácter de evitables que aquellos que tienen la condición de costos hundidos.
Por otra parte, los costos marginales tienen la ventaja de facilitar la incorporación de las condiciones estándar (de eficiencia productiva) en su cálculo.
En suma, cuando se abandonan los supuestos propios del modelo teórico neoclásico (que son claramente contradictorios con la realidad) no resulta posible postular que una noción de costo (medios o marginales) posee una clara superioridad sobre la otra como indicador de costo económico dirigido a la finalidad planteada (ayudar en las funciones de orientación y de coordinación que debe realizar la autoridad pública).
Pero, incluso dentro de las hipótesis de aquel modelo teórico se dan situaciones (de demanda y costo) en las que el uso del costo medio como indicador de costo económico (para la determinación del nivel de precios) puede ser casi indiferente o aún preferible a la solución de costo marginal (35).
De cualquier modo y tal como se mostrará en la próxima sección, las fórmulas que usualmente se proponen en la práctica para la estimación de costos constituyen esencialmente una especie de híbrido entre las nociones de costo medio y costo marginal. En consecuencia, lo que resulta de particular importancia es el que los procedimientos que se empleen en el cálculo de los costos económicos respondan a criterios teórico-metodológicos razonablemente uniformes.
La otra discusión que se plantea con relación a la determinación de tales criterios se relaciona con el horizonte temporal considerado como relevante, es decir, la elección entre nociones de costo de corto o de largo plazo.
Desde una perspectiva estrictamente teórica (atendiendo siempre al modelo económico neoclásico de asignación de los recursos), el indicador relevante para la "eficiencia asignativa" es siempre el costo marginal de corto plazo (CMCP). En efecto, en una situación de equilibrio de largo plazo (capacidad instalada plenamente ocupada), el costo marginal de largo plazo (CMLP) provee una señal adecuada pero, en tal caso, su nivel es coincidente con el CMCP. En situaciones de desequilibrio (exceso o faltante de capacidad) el CMCP representa de modo más adecuado que el CMLP el costo de oportunidad de proveer una unidad adicional de producción. En el caso de sobre capacidad, el CMCP es menor que el CMLP e indica que el costo de oportunidad de abastecer una cantidad adicional de demanda está representada por el incremento en los costos variables de producción (los costos fijos de capacidad son costos inevitables). Cuando existe faltante de capacidad el CMCP es mayor que el CMLP y señala un nivel de precio de racionamiento.
Este tipo de situaciones se ejemplifican en los gráficos siguientes en los casos de rendimientos constantes (figura 1.a) y crecientes (figura 1.b) a escala (36)

Figura 1
a) Rendimientos constantes b) Rendimientos crecientes




Costos CPCP CMCP CMCP


P3
D3
P2=c+k CMLP=CPLP CPLP
D3

C D2 C CMLP

D1 D1 D2

X X X X



Obsérvese que cuando existe sobrecapacidad, el CMCP no permite la cobertura de todos los costos. Pero en tal caso, aún cuando el grado de cobertura es mayor, ello tampoco es asegurado por el CMLP (igual al costo medio de largo plazo (CPLP)); en el caso de rendimientos constantes a escala) esa cobertura sólo estaría asegurada por el costo medio de corto plazo (CPCP).
Lo mismo ocurriría con el CMCP (= CMLP) aún en el caso en que exista un equilibrio de largo plazo, si la función de costos presenta rendimientos crecientes a escala (k’(X)<0). En este caso, el CPLP (= CPCP) sí cumpliría con esa condición.
Cuando se dan situaciones de racionamiento, el uso del CMCP implicaría un excedente sobre la cobertura del costo.
La defensa del criterio del costo marginal de largo plazo está fundada esencialmente en el hecho de que permite evitar las marcadas oscilaciones que suele presentar el CMCP, proporcionando a los consumidores una señal más estable en un horizonte de mediano y largo plazo, lo que contribuiría a disminuir la incertidumbre en sus decisiones (elección de fuentes, e inversiones de equipamiento) (37).
Desde la perspectiva de la finalidad planteada en estas notas (proveer indicadores de costo económico que sirvan a la función de orientación y coordinación de las decisiones de inversión) este último argumento reviste particular importancia.
Si por otra parte se tiene en cuenta que las dificultades teórico-metodológicas para sostener válidamente la superioridad del uso del CMCP en el marco de las condiciones concretas de funcionamiento de los mercados, ese argumento tiene un peso definitivo. En función de ello, en las secciones siguientes, se abortarán la cuestiones relativas a la especificación de los costos incrementales promedio de largo plazo que se utilizará como propuesta de tipo general.

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