• ANGULOS ORGANIZACION DEL TRABAJO HUMANO WILLIAM THAYER ARTEAGA

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    I noticias internacionales


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    III) EMPLEO Y DESEMPLEO Página

    Encuesta de la Universidad de Chile de junio 2008. Desocupación

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    Bonifican contratación de desempleados

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    Bachelet destaca la creación de empleos pese a difícil panorama económico

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    Expertos debatirán soluciones a la cesantía laboral de los jóvenes

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    Monckeberg. Alza en el desempleo resulta de la agenda del ministro Andrade

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    ANGULOS

    ORGANIZACION DEL TRABAJO HUMANO
    WILLIAM THAYER ARTEAGA

    Profesor


    1.- La empresa constituye esencialmente una expresión del derecho de asociación, inalienable por corresponder a la naturaleza social de la persona humana. Desde el momento en que el hombre decide organizarse, en unión con otros hombres, para generar bienes o prestar servicios que la comunidad necesita, compra y paga, se pone en marcha una empresa. Constituye excepción la empresa unipersonal (lustrabotas, profesional independiente, etcétera.).En esencia, empresa es una asociación de personas para producir y servir, que se financia con el precio de los bienes que produce o de los servicios que presta. Por eso, el art. 4,inc.1º exige un jefe persona natural y el inc.2 señala que las modificaciones en la propiedad , posesión o tenencia de los “bienes” de la empresa, no empecen a los derechos de los trabajadores . Estimamos incoherente con la definición de empresa (art.3º) y con su esencia (asociación de personas que emprende tarea productiva o servicial, para lo cual se aportan o utilizan bienes), sostener que la empresa es una cosa que se compra o vende . La empresa se controla; sus bienes se compran o venden. Las personas que participan en ella, como aportantes de trabajo o de capital constituyen una agrupación humana., unida por una finalidad común. A ella se puede pertenecer, pero ella no puede pertenecer a nadie desde que la constituyen “ personas “ y no “cosas”. Los trabajadores no venden su fuerza laboral, sino que la comprometen o afectan a una finalidad productiva. Los inversionistas tampoco transfieren el dominio de sus capitales en las empresas lucrativas, sino que los afectan a la finalidad de la empresa y los entregan en administración conforme a las reglas de su individualidad legal. En las fundaciones, los aportes de capital se afectan a la finalidad de ella, pero pasan a ser su propiedad, aunque no pasan jamás al dominio de los fundadores o administradores. Similar cosa ocurre con las cuotas sociales en las corporaciones
    2.- El sindicato de empresa es una asociación de trabajadores de ella que se organizan autónomamente en su seno para la defensa y promoción de sus intereses comunes. Las empresas regidas por el Código del Trabajo de 1931, siguiendo la ley sindical 4057 de 1924, requerían más de 25 obreros para posibilitar un sindicato industrial (artículo 381), y 25 “personas” para un sindicato profesional , que podía reunir empleados, obreros, trabajadores independientes o unos y otros ( artículo 408). Ese mínimo se ha rebajado hoy a 8 trabajadores de empresas que reúnan 50 trabajadores o menos, y, en ciertos casos, 50 o más (art.227.). El Código del Trabajo de 1931 habló de sindicatos mixtos de “trabajadores y empleadores. Eran ecos de una estructura gremial o corporativa con raíces en la Edad Media que con alientos diversos se postuló en los corporativismos belga e italiano, ambos desaparecidos junto con el desastre final del fascismo.
    .3.- Estudios referidos a las décadas 1960-1990 evidenciaron que el desarrollo tecnológico permite producir lo mismo con menos trabajadores o mucho más con igual número. Todo ello conduce a una tendencia mundial por reducir la jornada de trabajo1.
    .4.-Como en Chile, a comienzos de este siglo XXI, el 82,6 % de las empresas ( 535.338 de 648.491) son microempresas (menos de 10 trabajadores y ocupan casi 40% de los empleos (38,7 según CORFO; 40,4 según CASEN), prácticamente el sindicato de empresa se hace imposible o inútil por su debilidad en el 80% de la empresas y para el 40% de los trabajadores. Pero hay más: el 14,48% de la empresas ocupa entre 10 y 49 trabajadores, generando el 35,2 % del empleo. O sea, las micros y pequeñas empresas son el 97% del total de empresas (82.6 + 14.48 = 97.08 %) y un 74% del empleo ( 38.7 + 35.2 = 73.9% ). Si a ellas sumamos las medianas empresas( entre 50 y 199 trabajadores), que representan el 2,03% de las empresas y el 12,5 % del empleo, tenemos para las PYMES ( pequeñas y medianas empresas) un total de 99% de la empresas y el 86.4 % de los empleos ( 97.08 + 2.03 = 99%, y 73,9 + 12.5 = 86.4 % respectivamente). La gran empresa, el 1% del total, genera casi el 80% de las ventas totales (78%) y provee algo más del 13.6% de los empleos2
    5.- El Derecho del Trabajo chileno nació para amparar a los trabajadores que se hallaban en condiciones de inferioridad al celebrar un contrato de trabajo. Esto le otorgó un tinte “obrerista”, de referirse preferentemente al trabajador manual ligado en virtud de tal contrato, en su inmensa mayoría obrero, la categoría más débil y numerosa a la vez.
    6. En las primeras décadas del siglo XX la calidad de “empleado” suponía saber leer y escribir y eso representaba ventajas equivalentes a una calificación profesional. Cálculos aceptados señalan que las primeras décadas del siglo XX había entre 10 y 15 obreros por cada empleado particular. Por eso, el Código del Trabajo era sustancialmente el Código de los Obreros ( Ley 4053). Los empleados particulares se regían por un título especial del Código: Título IV del Libro I, artículos 108 a 180, que sustancialmente reproducían los preceptos de la Ley 4059 de 1924 y sus varias enmiendas.
    7. La clasificación de empleado particular implicaba un estatus superior en las décadas 1920 a 1970. Desde luego, la ostentaba igualmente el aprendiz recién ingresado y el gerente general. En cambio, el obrero, cuando se educaba o calificaba pasaba a tener la calidad de empleado. Por eso, los obreros constituían de facto una verdadera “clase laboral inferior“destinada prestar servicios de menor jerarquía y baja remuneración. Ningún ejecutivo, administrador, secretario o secretaria era obrero. Aparte de ese estatus, los empleados gozaban de privilegios interesantes: pago mensual de sueldo, que comprendía los domingos y festivos e indemnización de un mes por años de servicios. Pero no era todo: desde 1937, con la vigencia de la ley 6020, llamada de Mejoramiento económico de los empleados particulares, perfeccionada por las leyes 7064 de 1941 y 7280 de 1942, refundidas todas en la famosa ley 7295 ( del mismo año ), entraron a ganar como mínimo sueldo vital y asignación familiar tres veces superiores al salario mínimo y a la asignación familiar de los obreros, más reajustes anuales y otras ventajas, derivadas de su adscripción a la poderosa Caja de Previsión de Empleados Particulares .
    .8.- En tales condiciones la presión político gremial se concentró en buscar vías para calificar de empleados particulares a los obreros que alcanzaban alguna especialidad (choferes, maquinistas, operadores de grúas, electricistas, torneros, matriceros, caldereros, etc ). En suma, a medida que se desplazaba el esfuerzo físico del hombre a la máquina (ejemplo: palas mecánicas) o el trabajo manual exigía manejo de algún instrumental (máquina de escribir, sumadoras, etc. para culminar en las computadoras y otros ingenios), se fue incrementando la población de empleados particulares y el número de afiliados a la Caja EMPART, resultando todos ellos trabajadores de mayor ingreso y mejor calificación. Con ello, por ejemplo, hacia 1974, de 1.989.331 trabajadores del sector privado, 340.000 eran afiliados a la Caja de Empleados Particulares y 1.570.000 al Servicio de Seguro Social, que administraba la previsión de los obreros, con sus rentas más bajas. Con estos cambios, la relación numérica obrero- empleado se había reducido de más de 10 obreros por cada empleado particular, a sólo 5 a 13 Cuatro años más tarde, en 1978 ,el D.L. 2.200 eliminaba las diferencias entre empleados y obreros para fines del derecho individual del trabajo. La condición única de trabajadores para fines del derechos colectivo del trabajo rigió desde 1979 ( decretos leyes 2756 y 2758), y la supresión de diferencias para fines de previsionales se completó en 1980 ( decretos leyes 3.500 y 3.501). El camino lo habían abierto, para el derecho individual del trabajo, la ley 16.455 sobre Supresión del Despido Arbitrario ( 1966); para el derecho colectivo del trabajo, la ley 16.625, sobre sindicación campesina (1967) y en la seguridad social , la ley 16.744, sobre accidentes del trabajo y enfermedades profesionales (1968).

    9.- La Salud Pública, en cambio, desde la creación del Servicio Nacional de Salud por la ley 10.383 (D.O. de 8 de agosto de 1952), aunque nació de la Caja de Seguro Obrero, apuntó siempre a integrarse en un sistema unitario de Seguridad Social, con la visionaria conducción del entonces ministro Jorge Mardones Restat y el entusiasmo legítimo que el Informe Beveridge (1942) suscitó especialmente después de terminada la Segunda Guerra Mundial. La ley 18.469 ( D.O.23 de noviembre de 1985) que Regula el ejercicio del derecho constitucional a la protección de la salud y crea un régimen de prestaciones de salud , marca la culminación del proceso de extender los beneficios de la seguridad social a todos los necesitados de ella, por lo menos en materia de salud. Los artículos 5º, 6º y 7º tratan de los afiliados y beneficiarios del sistema y de la automática incorporación al régimen de quienes reúnan las amplísimas calidades indicadas ( imponentes dependientes o independientes, obligados o voluntarios de cualquier régimen de previsión; causantes de asignación familiar de los mismos; mujer embarazada, niños hasta los seis años, indigentes, pensionados asistenciales causantes de subsidios familiares ( ley 18.020).

    10. Pero si los obreros sufrieron durante la mayor parte del siglo XX el estigma de pertenecer a una categoría legal necesariamente “inferior”, todavía en esta primera década del siglo XXI el mundo del trabajo entero es menospreciado como fuerza productiva en el lenguaje común, incluyendo el hablar culto de los economistas y estadísticos. Así se habla de las fuerzas de la Producción y las del Trabajo; la Confederación de la Producción y el Comercio y las Confederaciones o Centrales de Trabajadores. Unos producen; los otros trabajan. Soberano disparate y un aliento a la rebeldía laboral que pugna por incorporarse a un protagonismo económico que condiga con su creciente calificación como trabajador, que percibe una retribución porque produce con su trabajo, y no porque hace posible que “otro” produzca, mientras él trabaja. Por esa vía, los trabajadores han terminado por mirar la huelga y el paro como los actos propios del trabajador; y la producción, como el acto propio del empleador. Este lamentable equívoco se halla indefectiblemente ligado a un concepto decimonónico de la empresa, entendida como cosa productiva y no como asociación para producir. Nosotros pensamos que la empresa es una entidad parecida a una moneda con cara y sello, que se expresa en dos líneas de autoridad. La disposición de los bienes, que son propiedad de los socios o accionistas, lógicamente les corresponde a ellos , como dueños. En cambio, la autoridad sobre las personas, función del empleador, corresponde necesariamente a una persona natural, definida por el artículo 4º del Código. Este empleador - persona natural , repetimos - ejerce la dirección o administración por cuenta de una persona natural o jurídica. Los socios o accionistas pueden cambiar al directorio; este puede cambiar al gerente. Pero los trabajadores obedecen a esa persona natural o jefe máximo, que, aunque dependa de una persona jurídica , se presume de derecho que la representa y es con ella que se establece una relación de comunidad jurídico- moral, que no tendría sentido con una persona jurídica . Ésta, como dueña de los bienes , responde de las obligación económicas contraídas con los trabajadores por el empleador. Esto explica lo que expresa el 2º inciso del artículo 4º., que habla algo impropiamente de “propiedad de la empresa”.

    11. Esta asociación para producir encuentra su raíz, para nuestra cultura judeo-cristiana, en la Biblia, que nos recuerda lo que alguien llamaba con buen fundamento “ el primer mandamiento de Dios a los hombres en el planeta: “Sed fecundos y multiplicaos ; henchid la tierra y sometedla “ (Gén.I, 28) La gran tarea de laborar la tierra para producir continúa hasta hoy y este acuerdo productivo de varios, propio de la naturaleza social del hombre es lo que hoy denominamos empresa.


    12. En el curso de los tiempos muchos hombres juntaron recursos materiales ( dinero, tierras, máquinas, créditos ) y personales ( capacidad de trabajo directivo y subordinado; de nula, baja o alta calificación; manual o intelectual) y se organizaron para aportar asociadamente sus capitales ( en forma de variables tipos de sociedades o compañías, que establecían el régimen de aporte de sus capitales a la empresa), y asociadamente su trabajo. Los trabajadores constituyen una comunidad de trabajo (simple comunidad de trabajadores o formas asociativas específicas (sindicatos profesionales, de empresa, industriales, locales, regionales, nacionales o internacionales). A veces hubo un solo capitalista y un solo trabajador en una pequeña empresa. Incluso, hubo y sigue habiendo empresas de una sola persona que producen alguna mercadería o prestan un servicio (lustrabotas; vendedor de maní).
    13. Lo que no se concibe es un sistema productivo, en que haya capitales que nadie administre, o trabajos que no se ejecuten mediante el aprovechamiento de algún capital, aunque sea un árbol frutal que se riegue o un caballo salvaje que se domestique.
    14. La función de producir supone trabajo actual (que genera ahorro) y capital ( trabajo ahorrado) que busca y aprovecha trabajo actual. No pueden estar en pugna las funciones implicadas en la producción, aunque sí pueden pugnar los hombres que discuten en qué condiciones van a producir. El desacuerdo final puede llevarlos a NO producir (conflicto), que sólo se concibe como paralización temporal de la producción ( huelga), pero no cómo sistema productivo.
    15. Surge así una cuestión clave: ¿ puede subsistir una sociedad sin conflictos, o hay que partir de la base que entre los seres humanos se suscitan conflictos y es preciso saber cómo enfrentarlos? Este es otro de los muchos temas que se hallan implícita o explícitamente comprendidos en el tema inagotable tema de las relaciones laborales. Con todo, algunas bases pueden anticiparse, siempre que precisemos el tipo de sociedad en que deseamos vivir: En una sociedad libre, donde los hombres y los grupos buscan desarrollar libremente sus vocaciones y objetivos, es inevitable que se generen conflictos. En una sociedad de tipo absolutista o totalitario, en que los hombres renuncian a su libertad y se asfixian en el conflicto fundamental de ver aplastada su naturaleza libre al entregar todos los poderes a una autoridad pública que mantenga la paz en la opresión, habrá pocos conflictos menores, al precio de subsistir – bien o mal biológicamente - , pero muertos a la creatividad del espíritu y las comunidades familiares, vecinales y profesionales, fundadas en el libre desarrollo de la vocación personal. .
    16. En efecto, la primera medida que esa autoridad dictatorial adoptará para imponer la paz por la fuerza política (partido único) policial o militar será fatalmente, impedir la existencia de asociaciones o instituciones libres dentro de ella. Sufrirán o colapsarán la inviolabilidad del hogar, la pluralidad de partidos políticos; la libertad de trabajo, de empresa y de sindicatos; la educación particular, las universidades autónomas, etc.
    17. Si no queremos pagar ese precio y deseamos vivir en una sociedad libre, conforme a la naturaleza y dignidad de la persona humana , debemos afirmarnos en dos pilares inamovibles: la conciencia moral de cada persona , que la prepara para hacer fluida y feliz su conducta en una sociedad libre, y la cultura de libertad, que hace social y consensuado ese acervo de creencias y valores que dan sustento y unidad a una tal sociedad libre. Por eso, la conciencia personal , alimentada por esos valores en la familia y la escuela, desde la más tierna infancia, es la primera sede del entendimiento y la unidad en la libertad. . Segunda sede .la constituye el consenso moral que nace por la interacción de las conciencias personales formadas en creencias y valores comunes. Aquellos puntos en que no se logra consenso, deben ser resueltos en una tercera sede: el Derecho ( Gobierno, Parlamento, Tribunales, Contraloría, Partidos Políticos, asociaciones intermedias, educación formal, universidades ) Ellos ordenan el consenso implícito que deriva de la aceptación de preferir una sociedad libre y democrática, donde gobiernan las mayorías, se respetan la minorías y siempre “los derechos esenciales” de toda persona humana
    18. Son derechos esenciales los que emanan de la naturaleza humana ( art.5º, 2º inciso de la Constitución). Ellos deben presidir la formación de la conciencia personal, gestada en la comunidad de amor, que es la familia, desarrollada y madurada en el consenso ambiental de una sociedad libre, y ordenada por un Estado de Derecho. El alfabeto común, que permite entenderse en una sociedad libre, son esos derechos esenciales que emanan de la naturaleza humana. Si esta base mínima no existe, tampoco existe la libertad ni es posible la vida propiamente humana, objetivo primero de toda sociedad.



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