• PÁGINAS DEL INTERNET
  • VI. GLOSARIO ALMA
  • CONOCIMIENTO
  • ENCARNACIÓN
  • ESPÍRITU SANTO
  • RESURRECCIÓN
  • VIDA ETERNA

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    I introducción presentacióN


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    AUTOR

    OBRA

    LUGAR de EDIC

    EDITORIAL

    AÑO

    Carlos Mesters

    Proyecto de Dios

    BOLIVIA

    PAULINAS

    1995

    Casimiro Morcillo”Arzobispo de Madrid”

    “Catecismo para adultos”


    BARCELONA


    HERDER

    1969





    “Catecismo de la Iglesia”

    ARZOBISPADO DE LA PAZ




    2000





    Catecismo de la Iglesia Católica

    Buenos Aires

    Lumen

    1992




    Vaticano II. Documentos conciliares

    Buenos Aires

    Paulinas

    1986

    Jesús Ibarren – José Luís Gutierrez

    Ocho grandes Mensajes (Encíclicas)

    Madrid

    BAC



    1974

    Jhon Sobrino

    Jesús en América Latina

    Santander

    Sal Terrae

    1982

    José Antonio Sayés

    Cristianismo y Religiones. La salvación fuera de la Iglesia

    Madrid

    San Pablo

    2001

    Juan Pablo II

    Creo en Dios Padre. Catequesis sobre el Credo (I)

    Madrid

    Palabra

    1999

    Ricardo Castañon Gómez

    ¿Llora el Cristo en el Valle?

    La Paz

    Gpo. Internacional para la Paz

    2000

    P. Flaviano Amatulli

    Diálogo con los protestantes

    México

    Apóstoles de la Palabra

    1983

    José Luis Martín Descalzo

    Vida y Misterio de Jesús de Nazaret

    Salamanca

    Sígueme

    2001

    MESTERS, Carlos

    Proyecto de Dios

    Bolivia

    PAULINAS

    1995

    POZO, Cándido, S.I

    DOCUMENTOS (1969 – 1996)

    Madrid

    BAC

    1998




    Biblia de Jerusalén

    Bilbao

    Desclée de Brouwer

    1998

    José, Marins y equipo

    María: Liberación y CEB

    México

    CRT

    1986




    Código de Derecho Canónico

    Madrid

    BAC

    1999




    La Biblia

    latinoamericana



    Madrid

    PAULINAS

    VERBO DIVINO



    1991

    Comisión permanente de la CEE

    Católicos en la Vida Pública







    1986

    Santa Sede

    Catecismo de la Iglesia Católica

    Uruguay

    Lumen

    1992

    Ratzinger, Joseph


    “Introducción al Cristianismo”

    Salamanca

    Sígueme

    1984

    Ducoc, Cristian

    “Cristología”

    Salamanca

    Sígueme




    Pikaza, Xavier


    “La madre de Jesús”

    Salamanca

    Sígueme.

    1989

    Latourelle, Rene


    “Teología de la Revelación”

    Salamanca

    Sígueme.

    1987

    Castañon G., Ricardo


    “Cuando la palabra hiere”

    La Paz

    Grupo I. para la Paz.

    2004

    Vidal, Marciano


    “Diccionario de Teología”

    Estela Navarra

    Verbo Divino

    1991

    Concilio V. II

    “Lumen Gentium

    España

    B.A.C.

    1968

    Concilio V. II

    “Dei Verbum”

    España

    B.A.C.

    1968

    Concilio V. II

    “Gaudium et Spes”

    España

    B.A.C.

    1968

    Pablo VI

    “Marialis Cultus”

    Vaticano Roma

    Paulinas

    1974

    Pablo VI

    “Evangelii Nuntiandii ”

    Vaticano Roma

    Paulinas

    1974

    Juan Pablo II

    “ Fides Et Ratio”

    Lima

    Salesiana

    2001

    P. Jorge García sdb

    “Conociendo a Don Bosco

    Cuenca

    Don Bosco

    ” 2001


    PÁGINAS DEL INTERNET

    www.aciprensa.com

    www.acidigital.com

    www.lacasadelabiblia.es

    www.corazones.org

    www.enciclopediacatolica.com

    www.vatican.va

    www.mercaba.org

    www.encuentra.com

    www.churchforum.org

    www.wikipedia.org

    VI. GLOSARIO
    ALMA:

    El alma se refiere a un principio o entidad invisible que poseerían algunos seres vivos cuyas propiedades y características varían en diferentes tradiciones y perspectivas filosóficas. Etimológicamente la palabra del latín anima usado para designar el principio por el cual los seres animados estaban dotados de movimiento propio, en ese sentido originario tanto los animales como el ser humano estarían dotados de alma.


    Psyche o alma han venido a tener definiciones distintas; ya sea por costumbre, razones de las lenguas o preferencias filosóficas. Aristóteles la definió como "determinada realización y comprensión de aquello que posee la posibilidad de ser / realizado" por mucho tiempo fue declarado enigma universal irresoluble. En este sentido aristotélico, el alma o psiquis, se refiere a la función del sistema nervioso y del cerebro de los animales y el hombre estudiada por la psicología
    BENDICIÓN:

    Una bendición es la expresión de un deseo benigno dirigido hacia una persona o grupo de ellas que, en virtud del poder mágico del lenguaje, logra que ese deseo se cumpla. Gramaticalmente, se trata de oraciones con modalidad desiderativa (lo mismo que su contrario, las maldiciones).

    Así, son bendiciones típicas Que Dios te guarde o Que te vaya bonito.
    Las bendiciones tienen un papel destacado en las creencias populares de muchos pueblos, así como en sus mitos y leyendas. En especial, tiene gran importancia la bendición que un padre o una madre dirigen a sus hijos. En la Biblia, se cuenta cómo Jacob engaña a su padre ciego, Isaac, para obtener de él la bendición paterna, que Isaac deseaba dar al primogénito, Esaú. La bendición dice así: Dios te dé del rocío del cielo y de lo más preciado de la tierra: trigo y vino en abundancia. Que los pueblos te sirvan, y las naciones se postren ante ti. Sé señor de tus hermanos, y póstrense ante ti los hijos de tu madre. Sean malditos los: que te maldigan, y benditos los que te bendigan (Génesis 27:28-29).
    BIBLIA:

    Es el nombre con el cual se designan desde muy antiguo las Sagradas Escrituras de la Iglesia Cristiana. Una exposición de su contenido y un estudio profundo de su texto y mensaje ocuparían mucho espacio, y precisamente todos los artículos de este diccionario iluminan un poco el texto de ese Libro por excelencia que es la Palabra de Dios.


    Nombre. Biblia viene del griego a través del latín, y significa «Los Libros». La designación bíblica es de «la/s Escritura/s» y, en un lugar, «Las Santas
    Escrituras» (Ro. 1:2). La ausencia de adjetivo delante de la palabra Biblia revela que los que lo empleaban consideraban que estos escritos:

    (A) Formaban por sí mismos un conjunto concreto y determinado y

    (B) que eran superiores a todas las otras obras literarias.
    CIENCIA:

    No debe confundirse con el sentido moderno, de conocimientos sistematizados, sino simplemente «conocimiento», «erudición» o «sabiduría».


    La «falsa ciencia» mencionada en 1 Co. 8:1, 7 y Col. 2:8 se refiere a las enseñanzas de las sectas místicas y judaizantes, denunciadas por S. Pablo, en contraposición con la verdad del evangelio (1 Co. 12:8; Fil. 1:9).
    CONOCIMIENTO:

    Son varias las palabras griegas traducidas «conocer», siendo las principales:

    (a) «oida», que significa «conocimiento interno consciente» en la mente; y

    (b) «ginoskó», que significa «conocimiento objetivo». Este último pasa a la consciencia, pero no a la inversa.


    Son varios los pasajes en el NT en que aparecen ambas palabras, y un estudio de ellas (p. ej., en el Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español, de F. Lacueva, Ed. Clíe; o Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento, de W. E. Vine) demostrará que estas palabras no se usan de una manera indistinta, y se tienen que considerar de una manera cuidadosa.
    CULTO:

    Al contrario, la lectura de sus textos sagrados o la recitación de sus mitos, la elaboración de su teología por vía de reglas de hermenéutica particulares, como la fe personal de sus fieles (para las religiones dogmáticas, i.e. cuya práctica necesita la adhesión a una confesión de fe), pertenecen al esoterismo.

    Pueden ser, según las religiones, el conjunto de los ítem siguientes o una elección entre éstos:


    • en primer lugar, sacrificios más o menos simbólicos;

    • recitación de los mitos, predicación (homelítica),

    • rezos y salmos, himnos o cánticos;

    • la creación de imágenes piadosas iconos o ídolos.

    Las peregrinaciones, la limosna, el impuesto religioso (retomado o no por el Estado), el ayuno son también aspectos del culto aunque no se les pueda incluir en el aspecto litúrgico; pertenecen al dominio de la ley religiosa.

    Como la oposición entre religiones de autoridad y religión de la ley, la oposición entre religiones iconóforas (que incluyen la adoración y la veneración de imágenes) y religiones iconoclastas es un criterio estructurarte de las ciencias religiosas (como la antropología de la religión y la sociología de la religión).
    DIOS:

    Es un concepto teológico, filosófico y antropológico que hace referencia a la suprema deidad adorada por algunas religiones, en especial las de origen abrahámico y aquellas relacionadas. Su conceptualización ha sido tema de debate en casi todas las civilizaciones humanas.

    El vocablo Dios se escribe en español con mayúscula como sustantivo propio cuando se refiere a la idea de ser supremo de las religiones monoteístas, como son el judaísmo, el cristianismo, el islam
    ENCARNACIÓN:

    Del lat. «in», y «caro», «carne»: el hecho de asumir un cuerpo de carne; el acto por el que el Hijo de Dios se revistió voluntariamente de un cuerno humano y de la naturaleza humana.


    La encarnación de Jesucristo es el punto culminante de las revelaciones y manifestaciones procedentes de Dios en el mundo sensible. Por su misma esencia de amor, Dios no quiso quedarse aislado. Quiso manifestarse y, finalmente, encarnarse. Es así que inicialmente creó a los ángeles y a las criaturas celestes, esto es, a los espíritus servidores (He. 1:14); con ellos, al universo sensible que exalta su gloria a los ojos de las criaturas'' celestes (Sal. 19:1). La materia no es enemiga de Dios, sino un instrumento del que Dios se sirve para manifestar su poder y gloria. Este testimonio del poder divino es de tal claridad, a pesar del desorden que Satanás ha introducido en el mundo físico, que son inexcusables aquellos que rehúsan considerarlo (Ro.. 1:20; cp. Hch. 14:17).
    Dios se manifestó de otra manera, en la Biblia. Se puede llegar a decir, en palabras de Adolphe Monod, que la Escritura (AT y NT) es como «una encarnación espiritual». Es a través del mensaje de los escritores inspirados (profetas y pastores), instrumentos escogidos de su revelación y;vehículos de su pensamiento, que Dios ha hablado a los hombres.

    Espíritu Santo se denomina en la teología cristiana trinitaria a una entidad espiritual con características divinas, que es parte o está relacionada con Dios. Para la Iglesia Católica y gran parte de las otras denominaciones cristianas, el Espíritu Santo es una de las tres personas o hipóstasis de Dios, lo que se denomina la Santísima Trinidad. Para una minoría, es el poder ("su mano" o el "dedo") de Dios en acción.


    ESPÍRITU SANTO:

    Si bien tanto el Padre como el Hijo son espíritu y santos, se reserva este nombre para la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. En la Biblia se hace referencia a (ruwah, soplo, viento) además de Espíritu de Dios, como en el primer capítulo del Génesis: "...Las tinieblas cubrían los abismos y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas" (Gen 1, 1).


    También aparecen alusiones al Paráclito, que significa consolador o abogado, que en la teología cristiana se han interpretado como alusiones al Espíritu Santo. El dogma trinitario católico sostiene que el Espíritu Santo es una de las tres personas de la Santísima Trinidad, que proviene del Padre y del Hijo eternamente por vía de espiración y amor. Este artículo dogmático, conocido como la "cláusula filioque" (la frase "y del Hijo"), fue agregado al Credo Niceno en el Primer Concilio de Constantinopla celebrado en el año 381. Las iglesias ortodoxas orientales hallan herética la concepción católica de que el Espíritu Santo proviene del Padre y también del Hijo, sosteniendo que viene sólo del Padre.
    FE:

    Del latín fidere, "confiar", es en la terminología religiosa, "el asentimiento firme de la voluntad a una verdad basada sola y únicamente en la revelación divina". También puede ser definida como "la adhesión del entendimiento a una verdad por la autoridad de un testimonio. Implica, por tanto un componente intelectual, ya que la fe no es un consentimiento, sino un asentimiento y considera un motivo específico.


    Es una palabra relacionada con «creer»; desde luego, ambos conceptos no pueden estar separados.
    En el AT aparece dos veces la palabra «fe» en sentido propio (Dt. 32:20; Hab. 2:4). Las palabras en heb. son «emun», «emunah»; pero «aman» se traduce frecuentemente como «creer». La primera vez que este verbo aparece en el AT es cuando se usa de Abraham: «Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia» (Gn. 15:6). En esto se apoya Pablo en Ro. 4, donde la fe del creyente le es contada por justicia, sacándose la conclusión de que si alguno cree en Aquel que resucitó a Jesús el Señor de entre los muertos, le será contado por justicia.
    HOMBRE:

    Son varios los términos hebreos que se traducen frecuentemente como «hombre».

    (a) «Adam», «hombre», término genérico para hombre, humanidad (Gn. 1:26, 27).

    (b) «lsh», «hombre», implicando «fortaleza y vigor» de mente y cuerpo (1 S: 4:2; 26:15);

    también significa «marido» en contraste con «mujer» (Gn. 2:23; 3:6).

    (c) «Enosh», «sujeto a corrupción, mortal»; no se usa del hombre hasta después de la caída (Gn. 6:4; 12:20; Sal. 103:15).

    (d) «Ben», «hijo», con palabras adjuntas, como «hijo de valor» u hombre, o varón valiente; «hijo de fortaleza» u hombre o varón fuerte (2 R. 2:16, etc.).

    (e) «Baal», «amo, señor» (Gn. 20:3).

    (f) «Deber», «poderoso, belicoso» (Éx. 10:11; 12:37).
    Hay pasajes en que estos diferentes términos hebreos se usan en contraste. Un ejemplo es Gn. 6:4: «Se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres (a), y les engendraron hijos. Éstos fueron los valientes («gibbor») que desde la antigüedad fueron varones (c) de renombre». En el Sal. 8:4: «¿Qué es el hombre (c), para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre (a), para que lo visites?» «Dios no es hombre (b), para que mienta» (Nm. 23:19).

    El hombre fue la cumbre de la obra creadora de Dios (véase ADÁN), y le dio el dominio sobre la esfera en la que fue situado. Es imposible que el hombre surgiera por evolución de cualquiera de las formas inferiores de vida (véase CREACIÓN). Dios sopló en la nariz de Adán el aliento de vida, y el hombre es así responsable ante Él como creador suyo. Por esta razón, será llamado a dar cuentá de sí, personalmente, ante Él, lo que no sucede con ninguno de los animales. «Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio» (He. 9:27). Todos descienden de Adán y Eva. Dios, «de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y' les ha prefijado el orden de los tiempos, y los limites de su habitación; para que busquen a Dios» (Hch. 17:26, 27).


    HUMILDAD:

    Como espíritu de servicio, se da siempre a sí mismo en los dones que otorga, es la actitud de Jesús "El hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir a dar su vida en rescate por muchos".


    Semejante actitud se servicio no es más que manifestación del amor donado. La humildad repercute en beneficio de la comunidad entera y no solo de la autorrealización personal razón por la que es indispensable que los miembros de la comunidad cristiana, viviendo el uno para el otro, tengan una actitud interior de servicio.
    IGLESIA:

    (gr. «Ekkiesia», del verbo «ek kaleó», «llamar fuera de»).

    (a) Uso del término.

    En los estados griegos recibía este nombre la asamblea de los ciudadanos, convocada por un heraldo para tratar y decidir los asuntos públicos (cfr. la asamblea alborotada de Éfeso, Hch.19:32, 41).


    La LXX traduce como «ekklesia» el término hebreo «káhál», que designa a la asamblea o congregación de Israel. Es en este sentido que Esteban habla de «la congregación» («ekklesia») que estuvo con Moisés en el desierto (Hch. 7:38).

    El Señor Jesús emplea por primera vez en el NT el término iglesia, que va a recibir un tratamiento tan corriente en el NT. Señalemos ya aquí que este término no designa jamás un edificio ni un lugar de culto, como sucede en la actualidad.


    (b) Definición.

    En esencia, la Iglesia es la comunidad de todos los creyentes del Nuevo Testamento que han sido unidos por el lazo de la fe y de la acción regeneradora del Espíritu Santo,' de una manera vital, a Jesucristo. Esta Iglesia «espiritual» es el cuerpo místico del Señor, del que se llega a ser miembro por el bautismo del Espíritu, y en este sentido sólo es discernida por los ojos de la fe (1 Co. 12:13).


    INCREENCIA:

    Hoy la religión se encuentra confrontada con el fenómeno de la increencia. En otros tiempos se creía y se vivía en un clima religioso. La religión se daba por supuesta. Hoy no sucede así, sino que la increencia constituye un componente de nuestra situación.


    La increencia constituye, quizá por primera vez en la historia, un fenómeno masivo. Si en otros tiempos al no creyente se le podía calificar de "insensato", hoy la increencia parece constituir la regla de la que los escasos creyentes constituyen una excepción.
    Antes se vivía con actitud general de creencia. Todo se integraba dentro de un cosmos sagrado de misterio. Ahora parece que esto ha quebrado: por primera vez en nuestra historia, el hombre está emergiendo a la existencia en una actitud de increencia. Ya no busca el sentido de la vida desde lo trascendente.
    La increencia, en fin, no es sólo el resultado de una nueva situación social; se ha convertido en una especie de presupuesto ideológico de comprensión de la realidad: da la impresión de que el hombre `normal" es el que resuelve los problemas de la vida sin acudir a lo Trascendente, y puede encontrar el sentido de lo bueno y lo malo por sí mismo.
    JESÚS:

    (forma latina derivada del gr. «lesous», transcripción del hebreo «Jeshua», forma tardía de «Jehoshua» o «Joshua», es decir, Josué: «Jehová es salvación»).

    (a) El nombre de nuestro Señor. Véase JESUCRISTO.

    (b) En los libros apócrifos en la LXX, este nombre aparece numerosas veces. El traductor del Eclesiástico al gr. fue Jesús el hijo de Sirach.

    (c) Cristiano de origen hebreo; tenía como sobrenombre Justo; colaboró con Pablo (Col. 4:11).
    Aparte de sus referencias a Josué (véase JOSUÉ) y a Cristo, el historiador Josefo menciona a doce personas que llevaban el nombre de Jesús.
    LAICO:

    Juan pablo II 1988 "Los fieles laicos participan en la vida de la Iglesia no solo llevando a cabo sus funciones y ejerciendo sus carismas"

    El apostolado de los laicos es participación en la misma misión salvífica de la Iglesia apostolado al que todos estamos destinados por el Señor en virtud del bautismo y la confirmación.
    MARIA (AT)

    (gr. del NT: «María» o «Mariam», derivado del heb. «Miryam»; en lat. «Maria»), (a) MARÍA, HERMANA DE MOISÉS Y AARÓN.


    Es probable que fuera ella la que vigiló el arca que contenía el pequeño Moisés (Éx. 2:4-8). Se puso a la cabeza de las mujeres que celebraron el paso del mar Rojo, danzando al son de los panderos. María cantaba: «Cantad a Jehová, porque en extremo se ha engrandecido; ha echado en el mar al caballo y al jinete» (Éx. 15:20, 21). María fue profetisa, y Dios le había dado un lugar tras sus hermanos, encargados de conducir al pueblo de Israel (Mi. 6:4; Éx. 4:15, 29, 30). Alegando el matrimonio de Moisés con una mujer etíope, Miriam incitó a Aarán a rebelarse en contra de él. Entonces quedó atacada por la lepra, en castigo a su resistencia a la voluntad divina. Moisés intercedió por su hermana; Dios la sanó, pero el pueblo se vio retrasado en su marcha hasta que ella volvió a entrar en el campamento (Nm. 12:1-16; Dt. 24:9). María murió y fue sepultada en Cades (Nrn. 20:1).

    (b) María, cuyo padre fue Esdras (1 Cr. 4:17), no el escriba de la época postexí tica.

    (c) MARÍA, la madre del Señor Jesús.
    Los únicos datos auténticos nos provienen de las Sagradas Escrituras. Seis meses después de la concepción de Juan el Bautista, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una virgen llamada María. Ella vivía en Nazaret, una población de Galilea, y estaba prometida con un carpintero, José (Lc. 1:26, 27). Los textos afirman que José descendía de David. No lo dicen de manera explícita de María, pero hay numerosos comentaristas que creen que era de ascendencia davídica. En efecto, le fue anunciado que su hijo recibiría el trono «de David su padre» (Lc. 1:32). Además, en varios pasajes (Ro. 1:3, 2 Ti. 2:8; y cfr. Hch. 2:30) se afirma que Él es, según la carne, del linaje de David. Por otra parte, hay una gran cantidad de exegetas que opinan que en Lc. 3:23-28 se da la genealogía de Cristo a través de su madre, en cuyo caso el padre de María sería Elí. Sea como fuere, el ángel anunció a María que ella era objeto del favor divino, que tendría un hijo al que llamaría Jesús. Siguió afirmando que sería grande y que sería llamado Hijo del Altísimo, y que el Señor Dios le daría el trono de David su padre. Reinará eternamente sobre la casa de Jacob, y su reino no tendrá fin (cfr. Lc. 1:32, 33). María preguntó cómo podría ser tal cosa, por cuanto ella era virgen. El ángel le respondió que ella concebiría por el poder del Espíritu Santo.

    MISTERIO:

    Término procedente del vocabulario religioso de los griegos, designando una doctrina particular y prácticas secretas. Solamente los iniciados participaban en los ritos y solemnes purificaciones u orgías de los misterios paganos (misterios órficos, eleusinos, de Cibeles, de Isis y Osiris, de Mitra, etc.).


    En el NT, este término expresa una acción o dispensación de Dios guardada en secreto hasta la hóra precisa y determinada (Ro. 16:25-26) o hasta que el Espíritu Santo haya preparado al hombre para la recepción de la comunicación (Mr. 4:11). Un «misterio» así revelado no debe ser guardado en secreto, sino al contrario, proclamado en público: el misterio escondido durante el transcurso de los siglos es ahora manifestado y puesto al conocimiento de todas las naciones (Ro. 16:25- 26); este misterio, del que Pablo tuvo conocimiento, no había sido manifestado a las anteriores generaciones, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a los santos apóstoles y profetas de Cristo (Ef. 3:3-5, 9; Col. 1:26, 27). Los fieles son en la actualidad los 'dispensadores, esto es, no sólo los administradores, sino también los divulgadores de los misterios de Dios (1 Co. 4:1). Sin embargo, el misterio contiene un elemento sobrenatural que sobrepasa al hombre a pesar de la revelación dada. Solamente conocemos en parte (1 Co. 13:12); precisaremos de la eternidad para sondear las cosas profundas de Dios. Pablo es el que, por su mismo llamamiento, hace mención más frecuente del vocablo «misterio» (22 veces en el gr.).
    En la Vulgata, el término griego «mysterion» ha sido traducido por el latino. «sacramentum», «sacramento» en castellano. De ahí es que la Iglesia de Roma se ha basado para establecer sus siete sacramentos, que no tienen ninguna verdadera relación con los «misterios» del NT. Además, el bautismo y la Cena no reciben en absoluto el nombre de sacramentos ni misterios por parte de Cristo ni de los apóstoles, no usándose este término en los textos correspondientes.


    ORACIÓN:

    La oración es una dimensión esencial de la existencia cristiana. Antes que un medio de obtener algo, es un valor en sí, Dirigirse a Dios como un tú tiene un significado por sí mismo solo en una relación interpersonal con el padre, descubre el hombre el sentido final de su existencia.


    La oración es impulso místico, contemplación, supone en el hombre capacidad creativa y sentido de misterio implica en paso de una ascesis del dar a una mística de dejar obrar a Dios despojándose de la propia presunción y autosuficiencia.
    PALABRA:

    (heb. «dábhár»; gr. «logos»: palabra hablada, término con el que se hace referencia, en general, a lo que está en la mente del que habla, y «rhema», «palabra» considerada en sí misma)


    La relación de la palabra con el pensamiento es de sumo interés. En todo caso, la palabra es, en sentido general, la expresión del pensamiento, así como el molde en el que se expresa el pensamiento. Con más precisión: el pensamiento puede, en ocasiones, ser expresado en palabras aisladas («sí», «no», «nunca», etc.). Sin embargo, lo normal es que la expresión sea dada en unidades de significado constituidas por grupos de palabras que se modifican entre sí. El lenguaje viene a ser así el medio dinámico por medio del que el pensamiento de una mente es comunicado a otra mente. (Véase LENGUAJE.)
    El concepto de Palabra de Dios expresa la comunicación de la mente y de los propósitos de Dios al hombre por medio de una revelación proposicional (esto es, expresada por medio de proposiciones). En esta comunicación de la mente de Dios al hombre se utilizan diversos medios (véase INSPIRACIÓN). La fórmula clásica utilizada en el AT es: «Palabra de Jehová que vino a (lit.: «fue a)...» (Os. 1:1; cfr. Ez. 1:3; 12:8, etc.; Jn. 1:1; 3:1; Mi. 1:1, etc.). La «Palabra de Dios» es así una extensión de la personalidad divina, mediante la cual ésta es expuesta de una manera racional y manifestada con autoridad divina (Sal. 103:20; Dt. 12:32), por lo que debe ser obedecida por todos, sean ángeles u hombres.
    PECADO:

    Pecado, culpa, responsabilidad son interdependientes entre sí. El pecado supone la responsabilidad; no hay pecado sino cuando se obra de manera consciente y libre así se es responsable.

    La responsabilidad es el elemento que unifica y coordina el sentido de la culpa con el sentido del pecado.

    Bíblicamente el pecado es rechazo de la redención, el pecado no se comprende más que en relación con la gracia de la redención que es salvación recuperada.


    PLURALISMO:

    En teología, a veces se conoce como pluralismo a la posición de que todas las religiones son caminos útiles para llegar a Dios o a la salvación. En general los movimientos orientalistas expandidos en Occidente mantienen esta posición (como los partidarios de Sai Baba o los miembros del movimiento Hare Krishna, aunque estos últimos son pluralistas débiles, es decir, afirman que su propia versión de la religión es un camino más rápido o efectivo). Opuestas al pluralismo se encuentran muchas denominaciones cristianas, especialmente la mayor de ellas, la Iglesia Católica, que afirma que si bien paganos, tanto como monoteístas no cristianos y cristianos no católicos, pueden ser salvos, la comunión con el Vaticano es una condición de garantía necesaria para que sea plena la seguridad de conseguir la salvación. Grupos escindidos del catolicismo, como los sedevacantistas, la acusan precisamente de estar haciendo concesiones al pluralismo a través' del ecumenismo decidido por el Concilio Vaticano II.


    RELIGIÓN:

    Creencia en Dios o acto de orar y participar en un ritual, acto de mediar sobre algo divino, actitud emocional e individual respecto a algo que esta más allá de este mundo, igual á moralidad.


    Cicerón: latín — religio se deriva de re-ligiere, significa estar atento, considerar y observar, mantenerse unidos (cumplimiento consciente del deber temor de un poder más alto.

    Lactancio re-ligare; significa atar, mantener junto, una relación estrecha y duradera con lo divino. El hombre está conectado con Dios por el lazo .de la religiosidad.

    Sistema total de creencias y prácticas que operan en una sociedad dada. La religión incluye las creencias, las costumbres, tradiciones y ritos que pertenecen a agrupaciones sociales particulares, implica también experiencias individuales.
    RESURRECCIÓN:

    Es el principio fundamental de los tratos de Dios en gracia hacia el hombre, por cuanto el hombre está bajo sentencia de muerte, y en la muerte misma, debido al pecado (cfr. Ef. 2:1, 4-6; Col. 3:1-4, etc.). La expresión «la resurrección general» se halla en obras de teología, y hay una creencia general de que todos los muertos serán levantados simultáneamente. Sin embargo, esta idea no se halla en las Escrituras. El Señor habla de «resurrección para vida» On. 5:29). El orden de la resurrección definitiva, dejando a un lado las resurrecciones «temporales» con que Dios manifestó su poder, es: «Cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin...» (1 Co. 15:23-24). Este «fin» es evidentemente el levantamiento de los malvados a juicio, o, en otras palabras, «a ' resurrección de condenación» (Jn. 5:29). En Ap. 20:4-5 se ve una estrecha correspondencia con el pasaje de 1 Co. 15:23-24; en ambos se aprecia, con la frase clave «cada uno en su debido orden», cómo se interpone el reinado milenial de. Cristo (véase MILENIO) entre la resurrección de los Suyos y la resurrección de condenación, o «el fin».

    Así, siguiendo el orden de resurrecciones establecido en las Escrituras, se pueden considerar, sucesivamente:
    (a) La resurrección del Señor Jesucristo.

    El retomo de Cristo a una vida corporal glorificada, tres días después de su muerte, constituye; junto con la cruz, la base misma del Evangelio (1 Co. 15:3-4). Sin este hecho glorioso, la fe del cristiano sería totalmente vana (1 CO. 14:14-19),

    La resurrección del Mesías está ya anunciada en el AT (Lc. 24:44-46; Gn. 22:2-5; cfr. He. 11:19; Nm. 17:1-11; cfr. Ro. 1:4; Is. 53:10-12; Mt. 12:39-40; Sal. 16:9-10; 110:1; cfr. Hch. 2:29-36). El mismo Jesús había advertido a sus discípulos de ello (Mt. 16:21; 17:22-23; 20:19; J n . 2:18-22; M r. 9:9-10).
    REVELACIÓN:

    Dios se revela a los hombres mediante la Sagrada Escritura, la Sagrada Tradición y el Magisterio de la Iglesia.

    La revelación divina en la Sagrada Escritura es inspirada por Dios, por tanto el autor principal es Dios y el secundario el hombre; la Iglesia Católica cumple su misión de interpretar la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición de módo auténtico y enseña la verdad a todos los fieles de la Iglesia a través de los tiempos.
    Mediante la razón natural, el hombre puede conocer a Dios con certeza a partir de sus obras. Pero existe otro orden de conocimiento que el hombre no puede de ningún modo alcanzar por sus propias fuerzas, el de la Revelación divina (cf. Concilio Vaticano I: DS 3015). Por una decisión enteramente libre, Dios se revela y se da al hombre. Lo hace revelando su misterio, su designio benevolente que estableció desde la eternidad en Cristo en favor de todos los hombres. Revela plenamente su designio enviando a su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, y al Espíritu Santo. Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina (DV 2).
    TRADICIÓN:

    Gr. «paradosis», un «transmitir», ya sea oralmente, ya por escrito; una enseñanza transmitida de una a otra persona. Se usa en el NT en sentido positivo y negativo. En el negativo, es usado en la disputa entre el Señorsy los fariseos acerca de «la tradición de los ancianos»- (Mt. 15:1-9; Mr. 7:1-13) La tradición oral judía parece haber sido de tres clases:

    (a) Pretendidas leyes dadas por Moisés oralmente a los setenta ancianos, además de la Ley escrita, y que los fariseos consideraban tan vinculantes como ella;

    (b) decisiones de jueces, que vinieron a sentar precedentes directores de futuras decisiones;

    (c) interpretaciones de las Escrituras dadas por grandes rabinos, y que finalmente llegaron a ser consideradas con la misma reverencia que las Escrituras del AT.
    De la comparación de los pasajes de Mateo y Marcos es evidente que el Señor Jesús atacó la pretensión de revelación adicional (esto es, «de los ancianos»).

    Otra mención de tradición en sentido negativo es en Col. 2:8. En este pasaje hay exegetas que ven las enseñanzas judaicas de los falsos maestros. Aunque puede haber algo de verdad en ello, es evidente que aquí el término se usa con mayor amplitud que en lo que respecta a la tradición judía. El término «tradiciones de los “hombres” parece referirse al origen meramente humano, en contraste con el divino, de las falsas enseñanzas de Colosas,que parecen haber tenido características gnósticas, una mezcla de filosofía griega mezclada con conceptos populares del judaísmo de entonces.

    El sentido positivo, se usa de la instrucción dada antes de que la revelación del NT hubiera finalizado (1 Co. 11:2, trad. «instrucciones»; 2 Ts. 2:15, «doctrina»; 2 Ts. 3:6, «enseñanza»). Aquí se refiere a la transmisión oral, al ministerio de enseñanza, mediante el cual transmitía el cuerpo de doctrina cristiana (2 Ts. 3:6) y las instrucciones concretas dadas a las iglesias de Corinto y de Tesalónica (2 Ts. 2:15;1 Co. 11:2).
    En todo caso, esta «tradición», esta enseñanza, es la dada por los apóstoles, y quedaría cristalizada en sus escritos. En las Escrituras no se contempla la transmisión oral de la revelación divina. La enseñanza, evidentemente, debe ser oral en muchos casos, pero debe sujetarse en todo a las Escrituras (1 Co. 4:6). El apóstol Pablo, en su despedida, encomienda a los fieles, no a las jerarquías de la Iglesia y a sus enseñanzas y tradiciones, sino «a Dios, y a la palabra de su gracia» (Hch. 20:28-32). Los apóstoles eran los depositarios y transmisores de la enseñanza divina, y este depósito que ellos dejaron, la palabra apostólica, estilo que la Iglesia tiene que conservar, proclamar y vivir (cfr. Lc. 1:2; He. 2:3-4; 2 P. 1:12-20; 3:15-16; Jn. 1:1-4; Jud. 3, 17.
    TRINIDAD:

    Este término, empleado por primera vez por Tertuliano (siglo II d.C.), expresa una magna verdad bíblica. El Dios único se revela a nosotros en las tres Personas dél Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Hay dos facetas a considerar en base a los textos:

    (a) la deidad esencial del Hijo y del Espíritu Santo, siendo innecesario tratar la del Padre;

    (b) el hecho de que las tres Personas son un único y mismo Dios.

    (c) La unidad de esencia de las tres Personas divinas
    Las Tres Personas de la sola Deidad están unidas de tal manera que manifiestan la plenitud del solo Dios viviente: Cada persona cumple las mismas obras y recibe la misma adoración; participan del único Ser indiviso de la Deidad, manteniendo al mismo tiempo una relación tripersonal de amor y comunicación en el seno de la Deidad, con una perfección y armonía infinitas, con una total unidad, un amor Infinito, una sumisión perfecta al Padre, de quien proceden eternamente el Hijo y Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo (Jn. 15:26; Ro. 8:9; Gá. 4:6). El estricto monoteísmo del AT no queda afectado en absoluto. Simplemente, al revelarse plenamente en la persona de Cristo, Dios nos ha dado a conocer más realidades acerca de la inefable naturaleza del Dios único y verdadero. En el AT, tenemos ante todo la revelación del Creador y Señor soberano, «Dios por nosotros»; en los Evangelios, el Señor se encarnó, llegando a ser «Dios con nosotros», Emanuel. Una vez obrada la redención, en Pentecostés vino a ser «Dios en nosotros» por el Espíritu Santo.
    VIDA:

    Vida es aquello por lo cual un ser creado disfruta del lugar en el que el Creador lo ha puesto. Dios sopló en la nariz del hombre aliento de vida, «y fue el hombre un ser viviente» (Gn. 2:7). Al entrar el pecado, el hombre pierde el derecho a esta vida, y Dios la reclama, diciendo: «Ciertamente demandaré la sangre de vuestras vidas; de mano de todo animal la demandaré, y de mano del hombre; de mano del varón su hermano demandaré la vida del hombre» (Gn. 9:5) En ello se instituye la pena capital por el asesinato, nunca abrogada o alterada.


    En las Escrituras se reconoce la diferencia entre la «vida» en un sentido moral y la «existencia»: Ello se ve en este pasaje: «¿Quién es el hombre que desea vida, que desea muchos días para ver el bien?» (Sal. 34:12). Aquí se ve al hombre deseando vida, deseando gozarla. Ello responde a la objeción de los que intentan negar el castigo eterno, afirmando que «vivir para siempre» sólo se afirma de los creyentes, como en Jn. 6:51, 58. Esto es cierto, pero muchos otros pasajes de las Escrituras demuestran que los malvados tendrán existencia eterna.

    El hombre, en su estado natural, es considerado moralmente muerto en pecados, y necesitando ser vivificado por el poder de Dios; o como viviendo en pecados, y necesitando aceptar la muerte a fin de poder vivir en Cristo (cfr. Ef. 2:1; Ro. 6:2, 11).


    VIDA ETERNA:

    En las Escrituras se presenta comúnmente en contraste con la muerte. La vida eterna ha sido revelada en el Señor Jesucristo. «Éste es el verdadero Dios, y la vida eterna» (1 Jn. 5:20). «Y éste es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida» (1 Jn. 5:11, 12). Por ello, el que tiene al Hijo de Dios tiene la vida ahora, y lo sabe por el Espíritu Santo, el Espíritu de vida.


    El apóstol Juan habla de la vida como un estado subjetivo de los creyentes, aunque inseparable del conocimiento de Dios plenamente revelado como el Padre en el Hijo, y verdaderamente caracterizada por esto mismo. El Señor le dijo al Padre en oración: «Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado» (Jn. 17:3). El apóstol Pablo presenta la vida eterna más en su aspecto de esperanza puesta delante del cristiano, que sin embargo tiene un efecto moral en el aquí y ahora (Tit. 1:2; 3:7). De ello se puede ver que para el cristiano la vida eterna se relaciona en su plenitud con la gloria de Dios, 'cuando el cuerpo presente que forma parte de la vieja creación será transformado, y habrá una total conformación a semejanza del de Cristo, en cumplimiento de los propósitos de Dios. En este tiempo de espera, el propósito de Dios es que el cristiano, en quien mora el Espíritu Santo, sepa (tenga el conocimiento consciente) de que tiene la vida eterna (1 Jn. 5:13), una vida totalmente distinta de la vida en la carne, relacionada con el Señor resucitado y exaltado (Col. 3:1; cfr. Ef. 1:19, 20; 1 P. 1:3).
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