• Economía Mundial P. de altos ingresos Países en desarrollo
  • Exportaciones
  • Balance cta. cte (en % del PBI)
  • Deuda externa 2008
  • Export/PBI 2004

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    Cuadro 2. Tasas de crecimiento PBI y comercio internacional en escenario optimista extremo


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    Cuadro 2. Tasas de crecimiento PBI y comercio internacional en escenario optimista extremo





    Economía Mundial

    P. de altos ingresos

    Países en desarrollo

    Asia en Desarrollo

    América Latina y el Caribe

    PBI

    4.4

    3.2

    5.9

    6.8

    3.8

    Exportaciones

    6.9

    6.7

    7.4

    8.8

    5.9

    Importaciones

    6.9

    6.6

    7.8

    9.9

    6.0

    Balance cta. cte

    (en % del PBI)

    - Valores 2001-04

    0.0

    -0.9

    0.8

    2.8

    -1.8

    - Previsión 2005-08

    0.0

    -0.7

    -0.4

    1.5

    -3.0

    Deuda externa 2008







    32.7

    22.7

    40.1

    Servicio deuda







    4.6

    3.2

    7.9

    Export/PBI 2004

    26.8

    26.0

    30.0

    33.4

    22.1

    Fuente: Elaboración propia en base a FMI- WEO (2003), que presenta proyecciones para 2004-2008
    Extrapolar al 2018-2020 las tasas de crecimiento previstas por el FMI para 2004-2008, requeriría de elevar de modo poco creíble los coeficientes de apertura de los países desarrollados y de ASIA. Europa debería alcanzar un coeficiente de Importaciones de 55% de su producto (25% extraeuropeo, es decir importaciones desde fuera del continente), mientras que en EUA esa proporción debería ser en el orden de un 27%, para resultar compatible con las proyecciones de producción interna y comercio mundial. En el mismo sentido, Asia debería llegar a exportar el 43% de su producción e importar el 48% de su ingreso. Por lo tanto un escenario tan optimista resulta muy poco probable, porque es muy difícil que las economías desarrolladas soporten la reestructura productiva y sus efectos sobre el empleo que se derivarían de un nivel de apertura como el proyectado.
    El escenario más probable es uno intermedio entre éstos, relativamente más cercano al pesimista, que implique en el mediano plazo una reducción del ritmo del proceso de apertura mundial, es decir que las tasas de expansión del comercio internacional deberían tender a alinearse con las de la producción interna. Asia en Desarrollo (en particular China e India) aparece como el mercado importador más dinámico en cualquier hipótesis más o menos creíble, mientras que el acercamiento hacia el escenario optimista depende crucialmente de que EUA se constituya como motor de la economía mundial, es decir en el mercado importador de mayor crecimiento absoluto10 (lo que implica tasas menores a las asiáticas pero que todavía sostengan una más elevada participación de EUA en las importaciones mundiales).
    4. Escenarios para las economías del MERCOSUR
    En esta sección dibujamos dos escenarios para los principales países del MERCOSUR, que se corresponden con el “optimista” en la economía mundial y en la región (Escenario 1) y con el “pesimista” (Escenario 2) también en estos dos espacios económicos. En ambas imaginaciones para la región se profundiza el proceso de integración que avanza con ritmo más acelerado en sus definiciones como Unión Aduanera y Mercado Común en el Escenario 1 para Argentina y Brasil que en el Escenario 2. La estrategia de posicionamiento de la región en el Resto del Mundo depende del modo en que Brasil asuma el liderazgo y de la forma en que este país conduzca las negociaciones. La conformación y puesta en vigencia de una versión del ALCA (en particular de un proceso de integración con EUA) que afecte significativamente la dinámica de la región se considera improbable, o de una negociación tan difícil y larga que sus efectos impactarían más allá del horizonte temporal de este ejercicio, debido a la falta de coincidencia entre los intereses estratégicos de Brasil y de EUA. Asimismo, el avance en la integración entre el MERCOSUR y la Unión Europea se vería limitado por la lentitud en el proceso de liberalización agrícola de ese continente.
    Brasil : Escenario 1
    En este escenario, Brasil mantendría su dinámica y credibilidad internacional, basada en un programa sólido de mediano plazo, lo que supondría exportaciones crecientes y mayor sustitución de importaciones, de forma tal de sostener sus saldos comerciales relativamente equilibrados intertemporalmente, pese a que el proceso de crecimiento acelerado incrementa las importaciones. Este escenario supone avances en una más razonable arquitectura del sistema financiero internacional, en el que creciendo y con una macroeconomía relativamente ordenada, el país accede con fluidez a financiamiento externo con tasas no mucho más elevadas que las internacionales.
    Las exportaciones agroindustriales y metálicas siguen siendo la base de la estructura exportadora de Brasil, que no es muy dinámica aún en este escenario. Sin desmedro de ello, las exportaciones brasileñas de manufacturas a estos mercados recuperan su crecimiento histórico (1980-1993), pese a que el principal destino de estas exportaciones de bienes de cierta complejidad tecnológica continuaría radicándose especialmente el resto de América Latina, con incremento en la participación de otros países en desarrollo (Asia, en particular China e India se constituyen en una prioridad de la política comercial externa de Brasil).
    Los supuestos anteriores implican una profundización de la integración regional, con un liderazgo de Brasil que se extiende hacia el conjunto de América del Sur desde un MERCOSUR que consolida su perfil de Unión Aduanera y avanza en la conformación del mercado común.
    Este funcionamiento económico de Brasil tendría un fuerte impacto en la región. El eje del crecimiento radicaría en la evolución de la demanda interna y en el acceso al mercado de consumo de un amplio porcentaje de la población, que actualmente se encuentra en niveles de pobreza. Ello supondría mejoras en la distribución del ingreso, que tradicionalmente es muy concentrado en este país. Este perfil del crecimiento brasileño tendría especial impacto sobre los países socios, productores de alimentos y otros bienes que integren canastas de consumo típicas de sectores con ingresos medios y medio/bajos, abriendo además la posibilidad de colocación de bienes más sofisticados demandados por el proceso de movilidad social ascendente de los estratos actualmente sumergidos.
    Continúa la creciente apertura de la economía que se observó en la década de los 90, lo que se asocia en primer lugar a las importaciones de bienes de capital, derivadas de la reestructura industrial y los procesos de privatización de servicios públicos, así como de bienes de consumo no duradero, debido a las dificultades de Brasil para adecuar su producción a la demanda incrementada.
    Mejora de modo permanente la competitividad como resultado de una reestructura industrial exitosa y de las mejoras en tarifas y calidad de los servicios públicos (que operan como importantes componentes sistémicos del aumento de la competitividad industrial). Aumentan las exportaciones y se sustituyen eficientemente importaciones, permitiendo el incremento de las compras en el exterior requeridas por la expansión económica.
    Las empresas transnacionales (ET), de creciente peso en la estructura económica del país en los últimos años11, continuarían dedicándose especialmente a producir bienes y servicios orientados al mercado interno, pero con porcentajes de exportación más elevados que los actuales, asociados al aumento de competitividad. A su vez, las ET contribuyen efectivamente a la mejora en la calidad y precios de la energía, telecomunicaciones y servicios financieros, mediante transferencias de tecnología en el marco de un adecuado sistema regulatorio público.
    Sin embargo, no es esperable que continúen los flujos de IED al nivel que tuvieron en la década de los 90. Las inversiones de las ET continúan, financiadas en gran parte por reinversión de utilidades, a la vez que remiten utilidades y pagos por tecnología al exterior. En este escenario optimista de mediano y largo plazo, el aporte de estas empresas al desarrollo brasileño se expresa en la transferencia de tecnología y su impacto en la competitividad más que en el aporte de capital.
    Parece razonable que el crecimiento del PBI de Brasil alcance al 4.5% anual hasta el año 2020 en un escenario como éste, si se toma en cuenta que esta economía creció en promedio a una tasa superior al 6.6% anual entre 1945 y 1981, o sea que presenta antecedentes de muy acelerado crecimiento. El necesario cambio de modelo hacia uno más abierto implica que difícilmente este país pueda recuperar un ritmo tan elevado (y diferenciado de la economía mundial) como el histórico en la etapa de auge del modelo sustitutivo de importaciones.
    Las principales debilidades en la economía brasileña que podrían afectar este desempeño se refieren a los ámbitos económico y político. En lo económico, la clave para poder sostener la tasa de crecimiento prevista consistiría en generar un fuerte y estable crecimiento de sus exportaciones, lo que requiere una modificación gradual creciente en su contenido tecnológico y de valor agregado. En lo político la fragmentación del sistema brasileño impone dudas sobre la posibilidad de sostener programas que resuelvan de modo creíble y coherente en el mediano y largo plazo cierta contradicción entre la estabilidad del acceso al sistema financiero internacional y políticas industriales activas que favorezcan la mejora de su economía real, reduciendo el impacto de su restricción externa.
    Si se superaran las restricciones mencionadas, la dinámica mundial prevista en el escenario 1 afectaría positivamente el crecimiento de Brasil, y parecería razonable suponer que la tasa de crecimiento de este país superara a la prevista para la economía mundial. En este escenario, el papel de la demanda interna sería decisivo. Se estima, sin embargo, que el crecimiento de las importaciones y de las exportaciones sería superior al del PBI, de modo tal que el coeficiente de apertura (Exportaciones/PBI), que se ubicaba en torno a un 7% en la segunda mitad de los 90, alcanzaría un 12% dentro del período de prognosis, hasta el año 2020.
    Brasil: Escenario 2
    En este escenario, Brasil no mantiene su dinámica y pierde credibilidad internacional, en una economía mundial que impone restricciones duras para el desarrollo de los procesos de exportación y el acceso estable y con costos razonables a los recursos financieros, necesarios para un proceso de crecimiento acelerado.
    Las ganancias de competitividad se retrasan; la estructura industrial no es capaz de aumentar significativamente su producción, frente al incremento de las importaciones derivado de la mayor apertura económica. La insuficiente regulación de los servicios públicos, controlados por ET, provoca incrementos de tarifas e insuficiencia de inversiones, sin mejoras significativas de calidad. Las exportaciones aumentan a un ritmo muy lento, colocando excedentes de un mercado interno poco dinámico, cuyo bajo ritmo de crecimiento se transforma en el modo permanente de contener las importaciones. La distribución del ingreso no mejora y el mercado de consumo sigue concentrado en una fracción limitada de la población del país.
    Los flujos de IED no compensan los desequilibrios externos y los costos de financiamiento externo siguen sometidos periódicamente a incrementos del riesgo país. La macroeconomía continúa con tendencias a la inestabilidad; pese a que no parece probable la recurrencia de procesos inflacionarios como los del pasado. La médula de los problemas se expresa en la inserción externa del país.
    Las dificultades en recuperar una senda de crecimiento estable provocan permanentes presiones proteccionistas, que implican dificultades para el avance del proceso de integración regional (dada la simultaneidad de los problemas en los países socios dentro de este escenario negativo de la economía mundial). Tal como se planteó anteriormente, el proceso de integración no retrocede pero sus avances resultan espasmódicos y lentos en el largo plazo.
    En este marco, parece posible que Brasil no supere una tasa de crecimiento de 2% anual media. Las dificultades políticas permanecen y el país no encuentra el modo de superar estos problemas, con poco exitosas y cambiantes orientaciones de política económica. En síntesis, el escenario se parece (con la excepción del problema hiperinflacionario) al vigente entre 1982 y 1994, período en el que Brasil creció a una tasa de 2.5% anual.
    De todos modos, el coeficiente de apertura evoluciona de manera similar a la prevista para el escenario 1: aún en este escenario de bajo dinamismo, las tasas de crecimiento de las importaciones y de las exportaciones serían ligeramente superiores a las pronosticadas para el PBI.
    Argentina: Escenario 1
    En cualquiera de los dos escenarios, dada la magnitud de las transformaciones estructurales de la economía argentina en la década de los 90, se reducen significativamente los márgenes de maniobra en el corto y mediano plazo para la acción estatal, por lo tanto no son previsibles cambios radicales de la política económica en lo referente a la conformación de la estructura productiva del país.
    El cambio de precios relativos posterior a la devaluación soluciona algunos de los problemas, pero aún en ese contexto se pueden imaginar dos escenarios, que están relacionados con la forma en que dicho realineamiento se produjo.
    En un escenario 1, optimista, una conducción económica prudente, estable y con líneas definidas permite recuperar gradualmente la credibilidad y el reingreso de capitales de préstamo o de inversiones de cartera. Las exportaciones se reactivan, con una orientación manufacturera hacia Brasil y con otros sectores productores de commodities (con algunos avances en diferenciación de productos) orientados hacia el resto del mundo. El mercado interno recupera también su dinámica.
    La repercusión de estas fuentes de demanda provocaría dos efectos de primera importancia. En primer lugar, aumentaría el nivel de recaudación fiscal, permitiendo que los déficits fiscales crónicos en esta economía pierdan magnitud, aspecto muy importante para sostener el acceso al financiamiento en condiciones favorables. En segundo lugar, ello permitiría reducir la tasa de desempleo, a la vez de sostener y/o aumentar los niveles de salarios, lo que moderaría los reclamos sociales y colaboraría con la estabilidad política, otro problema crónico de esta economía.
    Este escenario podría permitir que esta economía crezca a una tasa del 4% anual, ligeramente inferior a la prevista para Brasil en el mismo escenario, hasta el año 2020. Esta tasa se considera posible, en virtud de que esta economía creció al 4.5% anual en la década que va desde 1988 a 1998, antes de que comenzara la recesión en curso. Las exportaciones e importaciones crecerían ligeramente más que el PBI en un contexto de economía más abierta. Estas previsiones coinciden con la expectativa optimista de Tangelson y Bordón (2003)12 expresada en documentos de CEPAL-BA.
    Una diferencia importante del escenario previsible respecto a la pasada década de crecimiento, consiste en que no es esperable que esta economía reciba flujos de IED con las magnitudes de la década anterior, aún en este contexto favorable.
    Argentina: Escenario 2
    El escenario 2, de bajo dinamismo se vuelve muy lenta la solución de los problemas derivados de la crisis financiera de la que se parte. A su vez, la macroeconomía no se estabilizaría continuando los problemas de déficit fiscal y dificultades de acceso al crédito. Las tasas de desempleo continuarían elevadas, debido a que continuaría el ajuste defensivo en los sectores privado y público. Se espera, por tanto, el mantenimiento de problemas sociales y la inestabilidad política asociada a los mismos. La economía no encontraría una conducción adecuada ni un rumbo definido de mediano plazo, por lo que se realizarían numerosos ensayos, sin lograr sostener una tasa adecuada de crecimiento.
    Un contexto como éste podría implicar una tasa de crecimiento del 1.5% anual, lo que implicaría subperíodos con tasas mayores al promedio, seguidos por fuertes caídas y períodos de crisis. Esta tasa no es extraordinariamente baja en la evolución histórica argentina. Por el contrario, es la tasa tendencial 1960-2003, por lo tanto este escenario supone que Argentina no logra romper con el pasado de extrema volatilidad. Si se toman períodos de 15 años, incluyendo en ellos varios años de fuerte crecimiento, como 1981-1996 o 1989-2003, esta economía no creció más de 1.9% anual en cada uno de ellos.
    Resumen de escenarios para Brasil y Argentina
    El escenario optimista para Brasil supone que en un entorno dinámico y con un programa creíble internacionalmente, que se expresa en exportaciones crecientes y sustitución de importaciones eficiente en el mercado interno, el país accede al crédito con condiciones favorables. Logra ventas externas dinámicas de manufacturas hacia el mundo con tecnologías crecientemente complejas, especialmente hacia otros países en desarrollo, pero el eje del crecimiento se ubica en la evolución de la demanda interna. Continúa la apertura de la economía, aumenta la competitividad sistémica por el éxito de la reestructura industrial y por mejoras en infraestructura y servicios públicos (en parte contribución de Empresas Transnacionales, ET). Las ET mantienen el peso dominante que consolidaron en los noventa y continúan orientadas al mercado, pero con coeficientes de exportación crecientes. La tasa de crecimiento prevista para el PBI es de 4.5 anual. En el escenario pesimista el insuficiente crecimiento de las exportaciones, o problemas políticos en torno a la definición de un nuevo estilo de desarrollo, implican que el país no logra consolidar o avanzar en estas direcciones, por lo que alcanza una tasa de crecimiento posible de 2.5% anual.
    El escenario optimista para Argentina, una conducción económica estable y definida permite recuperar credibilidad y reingreso de capitales (aunque con poca Inversión Extranjera Directa, IED), las exportaciones crecen sobre la base de su estructura actual pero también se diversifican, dependiendo en gran medida del éxito de Brasil pero también apuntando hacia otros mercados, vía cambios en el comportamiento de las ET. El escenario positivo puede conducir a una tasa anual de crecimiento del PBI de 4.5% lo que supone menor volatilidad. Por el otro lado, si Argentina no logra romper con su pasado podrá continuar su tendencia con tasas en torno al 1.5 o 2% anual.

    5. Escenarios para la economía uruguaya según la evolución regional y el grado de industrialización de las exportaciones. Al final: ¿la vaca “pierde”?


    Se supone que se llevan adelante políticas macroeconómicas relativamente consistentes en todos los escenarios. El papel de las exportaciones es clave, los resultados obtenidos en cada escenario dependen de factores externos (mundiales y regionales) y de la capacidad de las empresas para entender estas condicionantes y realizar opciones que les permitan aprovechar las oportunidades disponibles. El sistema de incentivos que otorguen las políticas públicas no es neutral a dichas decisiones, por lo tanto el papel que asuma el estado es clave. El escenario de mayor dinamismo implica un mayor y mejor articulado apoyo público a los esfuerzos privados de inversión y mejora de la competitividad.
    Aún así, los escenarios optimistas no exploran el posible impacto de la conformación de un sistema nacional de innovación (S.N.I), impulsado tanto por el firme fomento al desarrollo del aparato científico y tecnológico y su conexión con el sector productivo, como por un régimen de incentivos que premie adecuadamente las demandas del sector privado hacia el sistema C&T. Tampoco se prevé la realización de mega-inversiones capaces de modificar por si mismas la estructura productiva del país, quizás con la excepción del sector maderero. En cualquiera de los dos casos (constitución de un S.N.I. eficaz y eficiente, o aparición de nuevas actividades asociadas a grandes inversiones) las tasas de crecimiento podían ser mayores que las de este ejercicio. Desde este punto de vista, la prospectiva asume una posición conservadora y probablemente el ejercicio subestima la magnitud de los cambios que podrían ocurrir.
    A efectos de estimar las trayectorias probables de los sectores seleccionados se recurrió en el año 2001 a consultorías específicas sobre un número importante de sectores. La idea central era la de configurar dos escenarios para cada sector, de acuerdo a que se dieran las mejores o peores condiciones para su desempeño, de modo de estimar tasas máximas y mínimas de evolución futura, de acuerdo a las condiciones tendenciales específicas de cada sector considerando los numerosos cambios de la década pasada. Los determinantes principales de la evolución posible de las exportaciones y producción de cada sector se sintetizan en el Anexo I. La prospectiva sectorial realizada consideró el período 1998-2018, pero si se supone que en 2004 se recupera la producción a un punto de utilización de la capacidad instalada cercano al vigente en 1998 (menos lo que se haya destruido) entonces las posibilidades de ampliación previstas podrían reflejar las correspondientes al período 2004-2024.
    En el Cuadro 3 se combinan las hipótesis de máxima y de mínima construidas para las exportaciones en los próximos veinte años, las que se trasladan a tasas de crecimiento del PBI utilizando una matriz de insumo producto actualizada a 1998, cuyos parámetros estructurales se adaptan a un conjunto de supuestos probables alrededor del 2020. Los nombres asignados a cada escenario tienen la intención de provocar la reflexión, y en tal sentido se recurre a cierto dramatismo, que como tal, puede no corresponderse estrictamente con las situaciones probables que dichas denominaciones pretenden reflejar.


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