• Bentham , Mill y Sidgwick
  • Richard Brandt y Brad Hooker

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    El utilitarismo Pablo Stafforini


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    5. Variantes


    La teoría utilitarista que hemos caracterizado constituye un ejemplo paradigmático de utilitarismo. Sin embargo, no todos los pensadores utilitaristas han suscripto a esta versión particular de la teoría. En general, podemos decir que una teoría es utilitarista, no si está constituida por los cuatro principios que hemos enumerado, sino si los principios que de hecho la constituyen se asemejan suficientemente a una teoría constituida por tales principios (POP: Walter Sinnott-Armstrong, 'Consequentialism', in Edward N. Zalta (ed.), The Stanford encyclopedia of philosophy, 2007, secc. 2). A continuación, mencionaremos algunas formas de utilitarismo alternativas.

    Una primera variante, prevaleciente sobre todo entre los utilitaristas clásicos como Jeremy Bentham y James Mill (Glosario/Biografías: James Mill (1773-1836), filósofo y jurisconsulto inglés, padre de John Stuart Mill y colaborador de Jeremy Bentham.), es la que suele trazarse entre formas egoístas y universalistas de la teoría. Los utilitaristas egoístas restringen los placeres que determinan la acción correcta a las experiencias constitutivas del bienestar del propio agente. Los utilitaristas universalistas, en cambio, incluyen en esta clase el bienestar de todos las personas afectados por la acción (sin excluir, por supuesto, el bienestar del propio agente). Así, lo que yo debo hacer para un utilitarista egoísta es maximizar mi propio placer, aun cuando me fuera posible realizar una acción alternativa que produjera un mayor placer agregado a costa de un menor placer para mí. En la actualidad, cuando los filósofos y economistas hablan de utilitarismo asumen la variante universalista. De hecho, podría sostenerse que el utilitarismo egoísta no es, en rigor, una teoría moral, sino una teoría de la prudencia o de la acción racional. Aunque con algunas salvedades, puede decirse que los principales utilitaristas clásicos, como Bentham, Mill y Sidgwick, así como los partidarios más recientes de esta teoría, como R. M. Hare y Peter Singer, defienden una versión universalista de la teoría (John Stuart Mill, Utilitarianism [1861] en John M. Robson (ed.), The collected works of John Stuart Mill (Toronto: University of Toronto Press, 1963-1991, vol. 10, cap. 2, p. 218) [El Utilitarismo, Madrid: Alianza, 1984, p. 66]; [completar]).

    En segundo lugar, podemos distinguir entre un utilitarismo maximizador y un utilitarismo satisfaccionista (POP: Los términos ‘maximizador’ y ‘satisfaccionista’ traducen, respectivamente, los términos ingleses ‘maximizing’ y ‘satisficing’). Para los utilitaristas maximizadores, una acción es correcta sólo si da lugar a un estado de cosas cuyo bienestar agregado es máximo (es decir, cuya suma de bienestar es mayor o igual a la suma de bienestar de cualquiera de los estados de cosas alternativos a los que la acción podría haber dado lugar). Para los utilitaristas satisfaccionistas, en cambio, una acción es correcta sólo si da lugar a un estado de cosas cuyo bienestar agregado es suficiente. Michael Slote ha defendido (POP: Michael Slote, ' Satisficing consequentialism', Supplementary volume - Aristotelian Society, vol. 58 (1984), 139-164.) una forma de consecuencialismo satisfaccionista por ser ésta una teoría menos exigente que el utilitarismo maximizador. Pues le permite al agente realizar, en ciertos casos, acciones que el utilitarismo maximizador declara incorrectas. Volveremos sobre esta cuestión al discutir una de las objeciones al utilitarismo.

    En tercer lugar, está la variante entre formas directas y formas indirectas de utilitarismo. Para el utilitarismo directo, la acción correcta se determina directamente en términos del placer agregado al que da lugar. Para el utilitarismo indirecto, en cambio, la acción correcta se determina indirectamente. La forma más común de utilitarismo directo es el utilitarismo del acto, defendido por la mayoría de los utilitaristas clásicos y contemporáneos. La forma más común de utilitarismo indirecto es el utilitarismo de la regla, defendido tal vez por Mill y, en nuestros días, por Richard Brandt y Brad Hooker (POP: Richard B. Brandt, A theory of the good and the right, Oxford: Clarendon Press, 1979362 [Teoría ética, Madrid: Alianza, 1994]; Brad Hooker, Ideal code, real world, Oxford: Clarendon Press, 2000213). De acuerdo con esta versión de la teoría, para determinar la acción correcta debe previamente determinarse la regla correcta. La regla correcta es la que, de ser observada regularmente, da lugar a la mayor suma de placer. La acción correcta, a su vez, es la que se ajusta a la regla correcta. A fin de ilustrar esta diferencia, supongan ustedes que han prometido realizar cierta acción pero que, para realizar la acción que produce las mejores consecuencias, deben realizar una acción alternativa. En tal caso, el utilitarista del acto dirá que deben realizar esta última acción, mientras que el utilitarista de la regla probablemente dirá que deben cumplir con lo prometido, dado que la regla de cumplir con las promesas contraídas, si se observa regularmente, produce las mejores consecuencias.

    En cuarto lugar, debemos distinguir entre el utilitarismo como criterio de corrección y el utilitarismo como procedimiento de decisión. Considerado como criterio de corrección, el utilitarismo establece las condiciones bajo las cuales una acción es moralmente correcta o incorrecta. Considerado como procedimiento de decisión, en cambio, el utilitarismo nos indica cómo debemos tomar nuestras decisiones. Podría suponerse que el criterio de corrección y el procedimiento de decisión deben coincidir, pues ¿no deberían los agentes utilitaristas adoptar para tomar sus decisiones precisamente el procedimiento de identificar aquella acción que el criterio utilitarista declara correcta? Según muchos utilitaristas, sin embargo, este supuesto es erróneo. Hare, por ejemplo, ha negado (POP: R. M. Hare, Moral thinking: its levels, method, and point, Oxford: Clarendon Press, 1981) que debamos conducirnos en nuestra vida diaria preguntándonos cuál de nuestras acciones maximizará el bienestar total: pues si tomásemos nuestras decisiones de ese modo muy probablemente fracasaríamos en nuestro intento de actuar óptimamente, ya sea porque perderíamos demasiado tiempo decidiendo, porque al decidir nos veríamos influidos por sesgos de diverso tipo, o porque el acto de decidir de esta manera es en muchos casos en sí mismo inapropiado. (Glosario/conceptos ampliatorios: El filósofo inglés Bernard Williams, un célebre y formidable crítico del utilitarismo, sostuvo que los utilitaristas, al pensar sobre cómo deben actuar, a menudo piensan demasiado. Williams imagina el caso de un hombre que, al ver que su mujer se ahoga, decide rescatarla sólo luego de haber concluido que el rescate es la acción requerida por el utilitarismo. (Bernard Arthur Owen Williams, 'Persons, character and morality', en Moral luck: philosophical papers, 1973-1980, Cambridge: Cambridge University Press, 1981, pp. 1-19 [‘Personas, Carácter y Moralidad’, en La fortuna moral, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1993]). Sin embargo, objeciones como estas fueron consideradas y respondidas satisfactoriamente incluso por utilitaristas clásicos. Como observó el jurista inglés John Austin (1770-1859), “ningún utilitarista coherente y ortodoxo sostuvo jamás que el amante debe besar a su amada con vistas al bienestar general.” (The province of jurisprudence determined, Londres: J. Murray, 1832 [El objeto de la jurisprudencia, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2002], cap. 4). Por el contrario, la cuestión de cómo debe pensar uno sobre cómo uno debe actuar es en sí misma una cuestión que debe determinarse aplicando el principio de utilidad (véase Toby Ord, Consequentialism and decision procedures, tesis de BPhil inédita, Universidad de Oxford). Y a menudo ocurre que el bienestar sólo puede promoverse máximamente si uno no piensa como un utilitarista).

    [En quinto lugar, objeto de evaluación.

    [En sexto lugar, relatividad a los hechos, creencias o evidencia]

    Por último, podemos distinguir entre el utilitarismo hedonista y el utilitarismo de la preferencia. Como hemos visto, la versión paradigmática del utilitarismo es una versión hedonista. Esta es la versión favorecida por los primeros utilitaristas. Sin embargo, en tiempos recientes la mayoría de los autores utilitaristas—incluyendo a Hare, Brandt y Singer—, han abandonado el componente hedonista de la teoría y han favorecido en su lugar una teoría subjetivista del bienestar. Como hemos visto, estas teorías sostienen que lo bueno es lo que la persona de hecho desea, que debería desear, o que desearía si fuera racional y tuviera conocimiento de los hechos relevantes.



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