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El instituto mutisiano



EL INSTITUTO MUTISIANO
Por Mariano Ospina Hernández

Presidente

Fundación Segunda Expedición Botánica
La Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, nació en la mente luminosa de José Celestino Mutis, en el año 1763, recibió la aprobación Real el 1º. de Noviembre de 1783... y todavía perdura en la mente y en el esfuerzo de muchos colombianos.
Esta no es una mera afirmación retórica. La Expedición Botánica de Mutis debe ser reconocida como el cimiento del desarrollo científico de nuestro país y más que una simple expedición botánica fue un Instituto Superior de Ciencias a cuya sombra se iniciaron estudios serios no sólo sobre la botánica sino también sobre geografía, astronomía, mineralogía, medicina, física, zoología y algunas otras ramas de la ciencia.
Entre los colaboradores de la gran empresa mutisiana ocupan lugar destacado los siguientes:
Ely Valenzuela Mantilla, nacido en Girón (1756), quien fue hombre de confianza de Mutis en Mariquita y quien, de regreso a su tierra, se dedicó a estudios y prácticas de Botánica Económica, relacionados especialmente con la caña de azúcar, el cacao, la papa, el trigo y los forrajes.
Francisco Antonio Zea, nacido en Medellín (1765), estudió en Popayán junto con F.J. de Caldas, luego actuó como segundo de Mutis en Bogotá y fue encarcelado y enviado a España por colaborar con Nariño en la divulgación de “Los Derechos del Hombre”. En Madrid fue indultado y nombrado director del Real Jardín Botánico y profesor de Botánica, con afición especial a sus aspectos aplicados o económicos.
Después del triunfo de la República fue nombrado por Bolívar como Embajador en Inglaterra y allí organizó una nueva Expedición Científica para tratar de continuar las tareas mutisianas, con participación de Boussingault, Rivero, Roulin y otros.
Francisco José de Caldas, natural de Popayán (1771), donde se educó y avanzó en sus estudios de física, geografía y astronomía y en sus trabajos personales que merecieron la admiración de Humboldt, con quien comparte los honores de haber formulado unas teorías de geobotánica que son precursoras en el campo de la moderna Ecología. Murió fusilado por Murillo en 1816, sin haber podido cumplir la promisoria tarea científica que su genio auguraba.
Jorge Tadeo Lozano, nacido en Bogotá en 1771, estudió filosofía en el Colegio del Rosario y química en España. Participó por su cuenta en las tareas de la Expedición, especialmente en el campo de la zoología, e inició la preparación de la Fauna de Cundinamarca, pero fue sacrificado, como Caldas, en 1816.

Pedro Fermín de Vargas (de Charalá), fue protegido por Mutis ante la persecución que sufrió por sus ideas libertarias. Produjo la obra Pensamientos Políticos sobre Agricultura, Comercio y Minas de Virreinato de Santa Fe de Bogotá, en la que revela su capacidad hacia las materias técnicas y económicas. Esta y otras obras de la época dieron pautas, sin duda, a la notable Memoria Geográfica sobre Antioquia, de Manuel José Restrepo.


Salvador Rizo, moreno, nacido en Mompós, jefe de pintores y dibujantes, mayordomo de la expedición y fiel curador delegado de Mutis, fue fusilado también en 1816.
Francisco Javier Matis, nació en Guaduas en 1763 y desde muy niño fue incorporado como dibujante a la Expedición y llegó a descollar como uno de los más destacados pintores de plantas de su época. Murió a edad avanzada en Bogotá (1851) y su larga vida le permitió servir como instructor en botánica a varios jóvenes estudiosos, entre ellos a José Jerónimo Triana.
Sinforoso Mutis, sobrino de don José Celestino, nacido en Bucaramanga (1773), se inició como aprendiz de la Expedición a los 18 años. Alcanzó notables conocimientos en botánica y fue señalado para continuar los trabajos de su tío en esa materia, después de la muerte de aquel (1808), tarea que desempeño con eficiencia hasta cuando Murillo dio fin a los trabajos de la Expedición, haciendo empacar apresuradamente sus documentos y materiales para llevarlos a España.
Muchas otras personas han sido señaladas por los historiadores como vinculadas a las tareas de Mutis, ya sea en calidad de benefactores, de dibujantes, de coleccionistas, de informadores etc., pero no alcanza esta breve reseña a citarlos a todos en la forma debida. Bastenos con mencionar aquí el hecho de que el notable oidor Juan Antonio Mon y Velarde, a quien se atribuyen las reformas administrativas que pusieron en marcha el desarrollo económico y social de Antioquia, pasó por Mariquita y estuvo en contacto con Mutis, en su camino hacia las tierras antioqueñas.
Los trabajos y realizaciones de ese gran Instituto Mutisiano, como lo llamaré en adelante, podrían parecer pequeños o de poca profundidad a quienes los examinen hoy, superficialmente, desde el palco ventajoso de esta época de la energía atómica y los vuelos espaciales pero, para el investigador objetivo, aquellos esfuerzos estuvieron a la altura de lo mejor en su tiempo y, más aún, tengo la convicción de que esos trabajos, que no han sido suficientemente estudiados, pueden ofrecer todavía hoy importantes enseñanzas.
Digo que no se han conocido suficientemente aquellos trabajos, primero porque muchos de ellos permanecen aún inéditos en cajas empolvadas que han reposado por casi dos siglos en distintos lugares de Madrid y, en segundo lugar, porque, según parece, muchos de los documentos de aquel Instituto se perdieron en la penosa odisea de las guerras de Independencia o de Reconquista, y en el apresurado trasteo que hiciera el “pacificador” Murillo, de todo el acervo de la Expedición, a Madrid, en 104 cajones “de vara en cuadrado” y que se relacionaron así:
14 cajones con 5190 láminas y 771 diseños botánicos.

1 cajón con manuscritos.

48 cajones con anatomías de plantas.

15 cajones con minerales.

9 cajones con semillas.

8 cajones con muestras de maderas.

6 cajones con diversas curiosidades.

2 cajones con cuadros de animales



1 cajón con muestras de canela.
Todo esto fue despachado a España bajo la supervisión del general Pascual Enriel, segundo de Morillo, a quien se dio la orden concreta de recoger los materiales de la Expedición y llevarlos a Madrid. Allí llegaron el 6 de Abril de 1817 y el Rey (Fernando VII) dispuso que pasaran al cuidado del Museo de Ciencias Naturales de España, pero muchos de esos elementos no se sabe qué suerte corrieron desde entonces.
A pesar de que se tuvo la intención de publicar en forma sistemática la valiosa información acumulada por Mutis y sus discípulos, la situación política y económica de España no fue favorable a esa intención y las colecciones del Instituto Mutisiano permanecieron desaprovechadas en diversos rincones de Madrid. Es cierto que varios científicos curiosos ojearon el contenido de algunos de aquellos cajones, pero ninguno tuvo el interés o la oportunidad de investigar a fondo su contenido. La excepción quizá puede hacerse a favor de José Jerónimo Triana, como veremos enseguida.
Nació Triana en Bogotá (1828) y perfecciono su afición a la botánica, oyendo al anciano dibujante Matis, acompañando a Karsten en sus explotaciones en Colombia, y prestando sus servicios a la Expedición Corográfica de Agustín Codazzi. En vista de las contiendas políticas obstaculizaban las labores científicas, viajó Triana a Francia en 1857, y allí entró en contacto con los mejores botánicos de ese país, lo cual le permitió adelantar trabajos serios e importantes, en grupos tales como las Melastomatáceas, las Guttiferas, las Criptógamas y especialmente, en su obra Prodromus Florae Novogranatensis.
Durante esa época (1860-81) Triana visitó a Madrid y examinó algunos de los materiales de Mutis, entre los cuales halló su notable obra Quinología, que había permanecido oculta hasta entonces. Otros de aquellos materiales fueron seleccionados por Triana y presentados en la Exposición Universal de Paris en 1867, donde causaron gran admiración y el jurado internacional los galardonó en forma distinguida.
Triana trabajo durante algún tiempo en la catalogación y clasificación de los materiales mutisianos y aprovecho parte de ellos para su obra Nouvelles Etudes sur les Quinquinas, pero hizo una crítica injusta de los puntos de vista de Mutis y parece que cayó en varios errores de apreciación en cuanto a algunas definiciones taxonómicas fundamentales dentro del complejo estudio de las quinas.
Como para ser todavía más novelesco la historia de los trabajos del Instituto Mutisiano, se ha narrado por don Eduardo Balguerias, quien fue director del Jardín Botánico del Prado, el episodio de la sustracción que se hizo de ellos durante la última guerra civil española, cuando fueron retirados del Jardín Botánico sin la correspondiente autorización de la Subsecretaria del Ministerio de Educación, de la cual dependía dicho Jardín.
Esa sustracción se hizo para llevar los documentos Mutisianos a Valencia, desde donde fueron despachados en siete cajones hacia Ginebra, Suiza, al parecer con las mismas intenciones con que se sustrajeron de España tantos otros tesoros durante esa cruenta contienda. Terminada esta, el gobierno de España recupero los 7 cajones que fueron reintegrados al Jardín Botánico del Prado el 1º de Junio de 1939.
El 27 de agosto de 1927 llega a Madrid un joven sacerdote Colombiano que va a terminar sus estudios de botánica bajo la dirección del profesor Karl Von Goebel, en la universidad de Munich. Este joven necesita hacer unas investigaciones en España, para completar su tesis Die natuerliche Gruppe der Davallianceen, con la cual obtuvo el doctorado “summa cum laude”. Aprovechando aquella visita en medio del caluroso verano madrileño, ese joven se dedico a inspeccionar cuidadosamente los envejecidos anaqueles que guardan los tesoros de la expedición de Mutis y preparó un fichero ordenado de aquellos materiales, el cual servía como base para la magna tarea del redescubrimiento, clasificación y publicación de los mismos. Ese joven se llamaba Enrique Pérez Arbeláez y es el mismo que movido por su entusiasmo científico y patriótico, fundo luego en Bogotá el Instituto de Botánica, que se convirtió más tarde en el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia.
A partir de aquel verano de 1927, Pérez Arbeláez sostuvo una inalcanzable campaña ante las autoridades correspondientes de Colombia y de España, para que se diera a la luz pública los tesoros científicos del Instituto Mutisiano. Es cierto que a partir de entonces se hicieron algunos esfuerzos o propuestas para la publicación de los materiales botánicos (pues los de zoología y mineralogía no se sabe dónde se encuentran) tales como el de E.P. Killip, del Herbario Nacional de E.U.A., Washington, y la intentona de publicar la Quinología con sus ilustraciones en Barcelona, bajo la dirección del doctor Font Quer.
Pero fue sólo el 30 de Agosto de 1946 cuando se realizó en Bogotá una reunión entre el Ministro de España ante Colombia, señor Gonzalo de Ojeda, y representantes de nuestras academias de Ciencias, de Historia y de la Lengua, en la cual se decidió apoyar la idea de que se publicaran los trabajos botánicos del Instituto Mutisiano, bajo el patrocinio conjunto de Colombia y de España. Para ultimar los complejos detalles de esta operación, se designó a Enrique Pérez Arbeláez como representante de la Academia de Ciencias de Colombia u éste logró, después de largas y a veces ingratas gestiones, que el primer tomo de la Flora del Nuevo Reino de Granada, viera la luz el 23 de Diciembre de 1953.
En las páginas introductorias de ese primer volumen (de los 51 que comprenderá toda la obra) se lee lo siguiente:
“Se inició la preparación de la Flora de la Real Exposición Botánica del Nuevo Reino de Granda y la redacción del presente tomo, con el objeto de presentarlo a la luz pública, siendo jefe del Estado Español, el Excelentísimo señor Don Francisco Franco Bahamonde y sucediéndose en el gobierno de Colombia los excelentisimos señores Mariano Ospina Pérez, Laureano Gómez, Roberto Urdaneta Arbeláez y Gustavo Rojas Pinilla, Presidentes de la República....”.
Ahora bien. El hecho de que se haya adelantado ya la publicación de varios tomos de la monumental Flora de la Expedición Botánica, no quiere decir que su tarea esté próxima a culminar. Por el contrario, la misión más importante del Instituto Mutisiano, apenas está empezando a realizarse en Colombia: me refiero a la gran misión que, quizá recónditamente, trajo Mutis a la América Latina y dejó en el corazón de los jóvenes Colombianos.
Pérez Arbeláez explica así el hecho de que casi todos los compañeros y los discípulos de Mutis, hasta su propio sobrino, al cual quiso mantener al margen de los problemas políticos, se hubieran entregado en la primera oportunidad al servicio de la independencia de Colombia: “Cuando Mutis exalta el amor a la patria entiende por tal a España peninsular y a la colonial.....lo mismo cuando se queja de sus atrasos. Los discípulos de Mutis, en cambio, disocian los dos mundos: aquel en que pueden influir y el remoto e inaccesible de Madrid y del gobierno. Era preciso emanciparse para poder laborar por esos fragmentos de patria que se les concedían.....”.
He aquí la explicación de lo que era aparentemente inexplicable: Mutis, vasallo fiel de la España imperial, sembró su deseo de mejoramiento de la patria por el estudio y aprovechamiento de sus recursos naturales, como lógico camino para superar las deficiencias y pobrezas de su pueblo, que el mismo sabio sentía dolorosamente, como bien lo expresaba en su carta de Febrero 19 de 1790 al botánico Francisco Sobral:
“Se han pasado treinta años sin haber podido conseguir que cesen mis lamentos por la causa pública de estos vasallos. Cuando me veo cansado, encojo mis hombros, lloro como otro Jeremías tanta desolación y me acuerdo que Dios tiene en su mano de los que aquí y allá gobiernan estos pueblos…A veces he preferido, con una santa irá, que darán a Dios una estrecha cuenta de los infinitos males que observo… y solo me queda la satisfacción interior de no haber sido puramente cero en el número de los mortales”.
Pensamientos grandes y nobles, que tomaron cuerpo en las tareas que sin descanso adelanto el Instituto Mutisiano y que hoy siguen señalándonos el rumbo para las nuevas generaciones de colombianos: no nos limitemos a las lamentaciones sobre los males y las deficiencias de la patria, sino ofrezcámosle el aporte constructivo de nuestro esfuerzo en todos los campos del quehacer ciudadano.
Hoy, como ayer, es necesario que estudiemos con seriedad y dedicación los recursos naturales de Colombia tales como sus suelos, sus bosques, sus llanos, sus aguas, su fauna, su flora, sus condiciones meteorológicas, sus minerales. Muchos de ellos han sido explotados irracionalmente en el pasado y requieren tratamientos correctivos urgentes, para evitar mayores desastres futuros en materias tales como inundaciones, erosiones, deslizamientos, destrucción de especies importantes de fauna y flora. Otros no los conocemos aun o no sabemos aprovecharlos debidamente, como sucede con el subsuelo y con los recursos de nuestros mares, ríos y plataformas continentales en dos océanos.

Que la memoria de Mutis, de Caldas, de Zea, de Lozano, de Venezuela, de Vargas, de Ríos, de Matis, y de tantos otros precursores de la ciencia en Colombia, nos inspire en la lucha para alcanzar el conocimiento y el desarrollo integral de nuestros recursos para beneficio de toda nación.

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Licenciatura en Economía con mención honorífica, Instituto Tecnológico Autónomo de México (itam, 1995)

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