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El "Género en el Mainstream" es una propuesta conceptual, metodológica y técnica, que consolida los mejores avances y logros q


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GÉNERO EN EL DESARROLLO


  • Los primeros intentos datan de los años 80 y se desarrolla en los 90.

  • Atención centrada en las diferencias de intereses y necesidades de Mujeres y Hombres, respecto a situación y posición de unas y otros.

  • Búsqueda de formas de superar las exclusiones y subordinación.

  • Distinción de necesidades prácticas y Estratégicas de H. y M.

. Políticas de Igualdad de Oportunidades (Acceso);

. Políticas de Igualdad;

. Políticas de Acciones Positivas;

. Género en el “Mainstream”

. Igualdad de Géneros en el Mainstream





Elaboración propia. EGP
Si bien las primeras propuestas metodológicas concretas de aplicación del enfoque de género datan de la segunda mitad de la década de los 80, su evolución fue vertiginosa, sobre todo en los años 90, lo cual condujo a que su pertinencia se consolidara definitivamente a partir de la Conferencia de Beijing. No ha sido una evolución en la cual puedan deslindarse claramente fases o etapas sucesivas. Sin embargo pueden distinguirse tres momentos:


  1. En las primeras iniciativas, de la segunda mitad de los 80, el énfasis se colocó en la aplicación del enfoque de género a proyectos centrados principalmente en poblaciones de bajos ingresos, en comunidades de base, especialmente en países del tercer mundo, con claro propósito de favorecer a las poblaciones femeninas de esos estratos, con acciones articuladas a la lucha contra la pobreza. Los paradigmas que en este sentido dominaron el escenario, fueron básicamente los creados por Caroline Moser a partir de sus sistematizaciones conceptuales y las de Kate Young y Karen Levy y del Marco Analítico de Harvard 4. Gracias a estos esfuerzos y otros que se sumaron posteriormente, se cuenta con un sólido marco de herramientas conceptuales que ha perdurado como una importante base analítica e interpretativa. En ese momento los nacientes organismos gubernamentales a cargo de las acciones públicas dirigidas a las mujeres, estaban lejos de considerar esta perspectiva en sus agendas.

ii) A inicios de los años 90 la difusión rápidamente alcanzada por el enfoque de género y sus primeras propuestas conceptuales y metodológicas, llevó su consideración al lenguaje de las Oficinas de la Mujer. Se iniciaron los primeros intentos de aplicación parcial a determinadas políticas públicas sectoriales. También en este momento el criterio de la igualdad de géneros asociado al enfoque emergió con fuerza, sobre todo asociado a la “Igualdad de Oportunidades” como norte de los esfuerzos. En las fases preparatorias de la Conferencia de Beijing la necesidad de precisar los difusos y generales propósitos contenidos en las extensas y maximalistas “Estrategias de Nairobi” presionaron para que se concretase una agenda más ligada a las acciones, lo cual dio lugar a la “Plataforma de Acción” aprobada en Beijing. En estas discusiones apareció la demanda porque el enfoque de género se insertase en el “mainstream” de las decisiones del desarrollo.


iii) La fase post Beijing se ha caracterizado por claras demandas e iniciativas vinculadas al logro de la igualdad de géneros, con fundamento en la aplicación del enfoque de género en el mainstream de las políticas. A partir de 1995, la discusión se ha enriquecido profundamente y ello ha permitido que el camino a la igualdad se despeje en gran medida. Producto de este esfuerzo es el que muchas discusiones se hayan superado definitivamente. Entre los temas que actualmente están claramente definidos y sobre los cuales los debates han concluido, podemos señalar:


  • La plena aceptación de que las mujeres en todas las sociedades viven en posición subordinada frente a los hombres, lo cual se traduce en desventajas en el acceso y disfrute de las oportunidades y beneficios del desarrollo y en la existencia de prácticas discriminatorias de diversa naturaleza, hasta extremos, en determinados casos, de negárseles derechos fundamentales como el derecho a la vida.




  • La creciente y casi mayoritaria conciencia en los gobiernos y en las sociedades de que la subordinación y discriminación de las mujeres es un asunto de interés público que obliga a la Comunidad Internacional tanto como a los Estados nacionales a su solución. Es una obligación de los poderes públicos desarrollar acciones dirigidas a garantizar la igualdad entre los géneros y esta obligación está respaldada por acuerdos internacionales de derechos humanos.




  • Igualmente, la evidencia reiterada sobre el hecho de que no puede hablarse de auténtico desarrollo y democracia mientras perviva la desigualdad y la discriminación. Por tanto todas las políticas de desarrollo deben ser formuladas, sancionadas y ejecutadas en una perspectiva que garantice la igualdad de géneros y la eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres.

El enfoque de género actualmente y sin dudas, se concibe como "Género en el Mainstream" y más recientemente como “Igualdad de Géneros en el mainstream”. Representa una propuesta conceptual, metodológica y técnica, que consolida los mejores avances y logros alcanzados en la materia. Hoy por hoy posee una importante influencia y penetración como una estrategia, global o sectorial, de intervención orientada al logro de la igualdad de géneros en instituciones, organizaciones o contextos sociales, en la acción de las administraciones nacionales y locales públicas e incluso en organizaciones privadas así como en los organismos de cooperación multilaterales. Esta perspectiva brinda la precisión analítica y operativa que requieren los objetivos de igualdad. El análisis de género que esta estrategia demanda parte de la premisa de que políticas públicas no son neutrales y por tanto tienen impactos diferenciales para los hombres y las mujeres. Ello obliga a diagnosticar las consecuencias que tienen las relaciones y desigualdades de género en los análisis socio económicos y políticos a fin de evitar los sesgos discriminatorios en las políticas.


Respecto al significado de lo que implica una estrategia de género en el mainstream, no existe un amplio consenso sobre su definición aun cuando en las interpretaciones más conocidas, según un análisis adelantado por la Unión Europea, se pueden distinguir los siguientes rasgos:5


  • Todas las definiciones se centran explícita o implícitamente en la obtención de la igualdad de género.

  • Otras definiciones se dirigen a describir la estrategia y a menudo se refieren a áreas o aspectos parciales de ella, y en ciertos casos el desarrollo de la estrategia se convierte en un fin en si mismo.

  • Algunas definiciones están focalizadas en los efectos que tiene la aplicación de la estrategia en la estructura y funcionamiento de la sociedad. Este tipo de definición considera el papel importante que tienen las culturas y procedimientos organizacionales, así como los nuevos enfoques que es necesario poner en marcha en las políticas.

  • Muchas definiciones dedican gran interés a considerar las y los actores que deben estar involucrados en el desarrollo de la perspectiva de género.

  • También hay propuestas sobre el tema que no lo definen

En este marco podemos apelar a varias definiciones institucionales que coinciden en lo sustantivo. El Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas en su Reporte de septiembre de 1997 definió el género en el mainstream de la siguiente manera:

El Mainstream de la perspectiva de género es el proceso de evaluar las implicaciones que tiene para hombres y mujeres, cualquier acción que se planifique, incluyendo las de tipo legislativo, las políticas o los programas en todas las áreas y a todos los niveles. Es una estrategia para hacer de las experiencias y necesidades o intereses de hombres y mujeres una dimensión integral en el diseño, implementación, monitoreo y evaluación de las políticas y los programas en todas las esferas políticas, sociales y económicas a fin de que hombres y mujeres se beneficien por igual y desaparezca la desigualdad. El objetivo final es lograr la igualdad de géneros”. 6

La definición del ECOSOC es quizás una de las más completas, por lo cual ha alcanzado amplia difusión y aceptación. Mas rcientemente el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, ha creado su propia definición del género en el mainstream, que se expresa en el siguiente párrafo:

El género en el mainstream tiene como propósito integrar el interés en la igualdad de géneros en todas las políticas, programas, procedimientos administrativos y financieros y en el marco cultural de la institución u organización. … Más específicamente es una estrategia para asegurar que : (i) la igualdad de hombres y mujeres este incluida en todas las fases menores o mayores del proceso de toma de decisiones de una organización, y (ii) y que el producto o resultado de las decisiones que se hayan tomado sea sistemáticamente monitoreado en lo que se refiere a su impacto en la igualdad de géneros. … Una iniciativa efectiva de género en el mainstream requiere la interacción compleja de numerosas habilidades y competencias usualmente coordinadas en un equipo de trabajo integrado para tal fin.”7

Si bien en Beijing no apareció claramente la expresión “mainstream”, todo lo que ella implica estuvo presente en las discusiones y recomendaciones a través de la demanda de igualdad y de aplicación del enfoque de género. Por otra parte, mas allá de las definiciones institucionales consagradas, la evolución que se ha venido observando en las prácticas políticas de las instituciones nacionales e internacionales vinculadas con el tema, ponen de manifiesto que la tendencia internacional es hacia la ejecución de políticas de igualdad a través de la institucionalización de una estrategia de género en el mainstream que visibilice las desigualdades y la subordinación y las liquide en todos los planos, incluyendo las que definen la subjetividad de cada género. Esto significa que el esfuerzo debe tratar de penetrar incluso en el orden personal que es donde finalmente los cambios se hacen o no efectivos y auténticos.



2 Los requerimientos de un proceso de institucionalización del enfoque de género en las políticas públicas.

2.1 Principales fundamentos conceptuales y doctrinarios.
La institucionalización del enfoque de género es un proceso estratégico que supone cambios sostenidos en diversos órdenes y aspectos de la estructura y las prácticas de las instituciones hacia las cuales se dirige la iniciativa. Este proceso contempla, además, a los actores institucionales que deben ser considerados en sus comportamientos.
Para comprender el alcance y propósitos de las instituciones es necesario entender que, tal como señala Prats8, “las instituciones no son cosas, su existencia es meramente abstracta, no tienen objetivos, aunque cumplen importantes funciones sociales”, y que los patrones normativos, políticos y de interacción, así como los productos (servicios, bienes) que están presentes en ellas integran, reflejan y están marcados por: a) determinados intereses, b) formas de interpretar las necesidades de las personas que son afectadas por sus acciones y, c) la concepción y contenido de los servicios y bienes que ofrecen para dar respuesta a tales necesidades. En nuestro caso, esto significa que las instituciones están impregnadas de una determinada sensibilidad y orientación respecto a lo que consideran son los intereses y necesidades de cada género y en respuesta a ellas actúan en función de tales concepciones institucionalizadas. Es evidente que la marca de género que orienta la estructura institucional de nuestra sociedad es, por tradición, androcéntrica y que la institucionalización del enfoque de género, precisamente, trata de modificar esta orientación hacia otra que releve la equivalencia de ambos géneros y en consecuencia su tratamiento justo e igualitario en los procesos y productos institucionales.
Anne Marie Goetz9, sugiere que para comprender cabalmente lo que implica la institucionalización de la perspectiva de género, resulta útil hacer la distinción conceptual entre las instituciones y las organizaciones. En este sentido sigue los planteamientos de Douglas North,10 premio Nóbel de Economía en 1993, quien ha sido el creador, en años recientes, de la llamada Escuela del Neo-institucionalismo. Para North las instituciones representan el conjunto de pautas, reglas o normas, formales e informales, que marcan o definen las percepciones sociales que tiene la gente acerca de sus necesidades y sus roles y los de las otras personas; mientras que las organizaciones son las que administran esas pautas, reglas o normas y dan respuesta a las necesidades. Tener muy claramente en cuenta esta diferencia entre organizaciones e instituciones es crucial en la tarea cuyo interés nos ocupa. Las instituciones como órdenes abstractos son independientes de las y los individuos que circulan en sus espacios, aun cuando su función es facilitar mediante un conjunto de normas provenientes de la dinámica social y no de la legislación, la consecución de los fines de tales individuos y de las organizaciones. En este sentido son restrictivas pues comprenden un marco de constricciones que proporciona el contexto de las reglas de juego de las relaciones sociales; de esta manera estructuran las posibilidades de selección que tienen las y los individuos respecto a las vías de las que disponen para satisfacer sus intereses y necesidades. Las organizaciones, también son ordenes normativos pero de diferente naturaleza a los de las instituciones. Si bien es cierto que las organizaciones, se conforman y actúan con arreglo a las normas institucionales, poseen sus propias normas de un carácter diferente, ya que dichas normas organizacionales por su naturaleza formal, legislativa, regulan las diferentes posiciones a lo interno de sus propias estructuras.
North distingue muy claramente entre las instituciones formales e informales, a las cuales asigna importancia y valores equivalentes. En este sentido, los aspectos informales del orden institucional dan cuenta de las normas incorporadas como paradigmas del comportamiento y de la identidad de las y los individuos, que finalmente constituyen las referencias reales a través de las cuales las personas interpretan la aplicación o posibilidades reales de las normas legales de las instituciones formales. Es por ello que las prácticas organizacionales, por contener expresiones de la institucionalidad informal, pueden llegar a tener impactos en el contexto institucional formal, en determinadas circunstancias.
Los contextos institucionales de las organizaciones, en términos generales, comprenden al Estado, el mercado y la propia sociedad o comunidad inmediata. En este contexto se desarrollan organizaciones como las del Poder Judicial o sistema legal, la administración pública, las fuerzas armadas, las empresas o negocios formales e informales, el sistema de parentesco, las iglesias y religiones, la familia, etc.
North señala que:
Las instituciones son las reglas del juego en una sociedad o, más formalmente, los constreñimientos u obligaciones creados por los humanos que le dan la forma a la interacción humana. El cambio institucional delinea la forma en la que la sociedad evoluciona en el tiempo y es, a la vez, la clave para entender el cambio histórico … La función principal de las instituciones del Estado en una sociedad, es reducir la incertidumbre estableciendo una estructura estable de normas y procedimientos que regulan la sociedad provocando con ello estabilidad política y desarrollo económico”.
Desde esta perspectiva podemos afirmar que las instituciones representan entonces, el marco normativo que la sociedad en su conjunto ha adoptado para el control y fijación de las posibilidades que tienen las personas respecto de sus necesidades e intereses y las relaciones con otras personas. Goetz sostiene que en ese sentido modelan los comportamientos en los roles de la gente, de hombres y mujeres y crean las rutinas esperadas para el comportamiento de unas y otros, lo cual le da a esos comportamientos un elevado nivel de predictibilidad; mientras que las organizaciones son las que llevan a la práctica estas normas para dar respuesta a las necesidades. Consecuentemente, una propuesta de cambio institucional género sensitivo, trataría de hacer rutinarias formas de interacción social signadas por la igualdad de géneros, al tiempo que deslegitima las formas de organización social que discriminan a las mujeres.
También cabe agregar que las instituciones tienen una influencia fundamental en la conformación de la experiencia general de los seres humanos y dejan su huella en la identidad individual y grupal. De hecho configuran modelos mentales, tal como los plantea Peter Senge11, que actúan como representaciones mentales del mundo que nos impelen a interpretarlo de cierta manera y a actuar en consecuencia. Las instituciones son expresión y perpetúan paradigmas de percepción e interpretación de lo real a través de los cuales reaccionamos ante los hechos. El problema que ellos representan en el cambio de las instituciones es que, la mayoría de los paradigmas, premisas o modelos mentales que dirigen nuestra conducta no son concientes. En tal sentido las experiencias concretas que acarrea la diferencia de los géneros que representan paradigmas muy primarios de conformación de identidades en las sociedades, también son un producto de las instituciones que norman esa experiencia.12 Como señalan Giddens y Conell esta experiencia humana refleja y es, en parte, producto de los patrones institucionales mediante los cuales se asignan recursos, valor social y poder público o privado. Así, es absolutamente objetivo asegurar que las instituciones no son política ni socialmente neutrales a las diferencias de género
Este tema ha sido ampliamente desarrollado por el pensamiento feminista, entre cuyas numerosas autoras cabe destacar a Joan Scott quien sostiene que "el género es un elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias que distinguen los sexos" y al mismo tiempo es "una forma primaria de significar relaciones de poder”13. En tal sentido el género y las relaciones de género comprenden cuatro elementos interconectados: Símbolos culturalmente disponibles que evocan representaciones múltiples y a menudo contradictorias; b) Conceptos normativos, c) Formas sociales de organización e institucionalización de las relaciones de poder entre los géneros, y d) La identidad subjetiva. Para esta autora los cuatro elementos están estrechamente interconectados y conforman los conjuntos de significaciones que definen al género femenino y al masculino, que a su vez definen las posiciones y valoraciones jerárquicas disimétricas, que determinan las relaciones de poder entre los géneros tal como se dan en nuestra sociedad14 Otras autoras feministas como Marcela Lagarde, por citar una muy conocida maestra latinoamericana señalan que las marcas identitarias de los géneros están fuertemente determinadas por el universo de variadas relaciones que se sostienen a lo largo de los diversos ciclos vitales y que a su vez están codificadas en las estructuras de las instituciones.15 Se puede afirmar entonces que las conductas de género son constituidas y al mismo tiempo son constituyentes de las instituciones y organizaciones a que ellas dan lugar. Las reglas de juego que definen las relaciones entre los géneros están presentes en la universalidad de los contextos normativos y en las prácticas organizacionales derivadas de ellas. Ello es lo que permite entender que en todas las instituciones hay lo que Conell denomina un “orden de género”. Este orden es puesto en escena o efectuado por la presencia y dinámica de tres factores principales:
a) Estructuras: Que abarcan las reglas, formal o informalmente establecidas, que definen los alcances y posibilidades de la experiencia y que actúan como patrones que limitan o constriñen tales experiencias.

b) Prácticas: Que son los comportamientos cotidianos y los procesos que le dan vida y sentido sustantivo a la estructura y que a su vez la reproducen.



c) Las y los Agentes: Es decir, las personas, los individuos que actúan e interactúan y que a su vez llevan a las prácticas y al contexto institucional en alguna medida, sus propias variantes personales.
Este es el marco de los componentes por medio de los cuales las organizaciones dan vida y sustancia efectiva al contexto institucional. La interacción entre estos factores y dimensiones es permanente y estrecha. Su consideración es crucial en cualquier iniciativa que intente la institucionalización del enfoque de género, porque a menudo se tiene una visión sesgada o unilateral de las fuerzas que operan en el contexto de las instituciones. Varias experiencia adelantadas en los últimos diez años han demostrado la necesidad de entender esta complejidad e incluir acciones en varios sentidos, a riesgo de que los objetivos y propósitos no se alcancen.
Es importante anotar que el cambio institucional esta relacionado con la demanda existente para que se produzca, así como de las capacidades realmente existentes para dar respuesta a ella. De esta manera, las y los agentes del cambio institucional son quienes actúen como líderes, voceros o representantes de las organizaciones comprometidas con la transformación y que esperan obtener beneficios suficientemente valiosos para compensar los costos del cambio institucional. Esto es otro de los elementos que deben ser considerados en toda iniciativa de cambio institucional en relación con la necesidad de concertar negociadamente los intereses de las y los actores involucrados.
Ante cualquier cambio endógena o exógenamente generado en el orden institucional puede ocurrir, como señala Prats que:
“los actores sociales que se sienten amenazados por los nuevos retos tratarán de imponer una lectura de los mismos compatible con el status quo, dramatizarán los costes y minimizarán los beneficios derivados de los cambios, resistiéndose, en definitiva a los mismos”16
Esto es particularmente importante en el caso de iniciativas de institucionalización del enfoque de género en el Estado que es el contexto institucional de más amplio alcance, ya que abarca no sólo los poderes públicos sino a la sociedad civil organizada, ambos como agentes políticos válidos. La exploración de los intereses de género que dominan al Estado aun cuando podría parecer una tarea sencilla, requiere atención afinada hacia algunas contradicciones.
Actualmente y gracias al avance de la reflexión feminista existe la convicción generalizada de que el Estado es equivalente al patriarcado. Obras como las de Catherine A. MacKinnon17 y Carole Pateman18 dieron inicio a un muy amplio y consistente desarrollo conceptual que ha permitido contar en el presente con detallados y profundos análisis sobre los alcances de la dominación androcéntrica del contexto institucional que se expresa en el marco jurídico, las ideologías administrativas, los valores que dominan la administración y la conformación de las burocracias estatales, la gerencia, los sistemas de comunicación, los procedimientos, los análisis de necesidades de los públicos receptores, las pautas de disciplina, las normas de selección y evaluación de personal, las requisiciones para empleos, la planificación, los procedimientos y el ejercicio de la toma de decisiones y así sucesivamente. 19
C
ESTRUCTURAS ORGANIZACIONALES
Normativa

Jerarquías

Autoridad

Burocratización

Fundamentos disciplinarios

PRACTICAS ORGANIZACIONALES
Ideología organizacional

Mandatos


Misión

Cultura interna

Procedimientos

AGENTES
Comportamientos de los individuos dentro de la organización es afectado por la estructura y las prácticas.
A su vez los individuos traen sus ideologías y comportamientos personales que pueden afectar las estructuras y prácticas


OMPONENTES QUE OPERAN EN LAS ORGANIZACIONES

Un capítulo muy sensible de estas exploraciones se refiere al carácter efectivamente disminuido que presenta la ciudadanía de las mujeres en la dimensión referente al ejercicio efectivo de sus derechos y que en este tema es especialmente importante porque las mujeres ni lo femenino, prácticamente, no tiene peso en la definición de los valores e intereses institucionales y en la determinación de las prácticas organizacionales.


Esta realidad plantea la necesidad de que la institucionalización del enfoque de género considere todas las múltiples variables, hasta las de la subjetividad, que lleguen a exigir cambios, los cuales deberían planificarse e iniciarse en el marco de un enfoque auténticamente estratégico.
2.2 Propósitos


      La institucionalización de los criterios de género y su adopción en el mainstream de las políticas públicas tiene los siguientes propósitos generales, que expresamos en forma sintética:

  • Doctrinariamente el propósito principal trascendente es contribuir decisivamente al logro de la igualdad de los géneros en la estructura de las posiciones, en la organización de la sociedad, en el orden cultural que soporta el tejido de las relaciones sociales de todo tipo, para lo cual persigue la modificación de las relaciones de poder, transformando el paradigma de dominación por otro de poder compartido. Se trata en suma de crear legitimidad para la igualdad como un valor compartido no solo en sentido nominal, sino en la realidad de los esfuerzos que adelante la sociedad en su sistema institucional y en sus esfuerzos de desarrollo.

  • En ese mismo orden de ideas la aplicación de esta perspectiva busca también, movilizar la conciencia, el interés y la acción de la sociedad y de la comunidad inmediata para superar las causas profundas y estructurales de la desigualdad.

  • Más operativamente el propósito es integrar la referencia de género en el mainstream de las políticas de desarrollo en todas las fases que estas suponen en el marco de la institucionalidad que este propósito requiere. Se trataría de asegurar la presencia de los intereses y necesidades específicos de las mujeres en todas las instancias de formación y ejecución de las políticas, a través de formas suficientes y legítimas de representación e incorporación y, al mismo tiempo, garantizar para ellos un tratamiento equivalente y adecuado a su especificidad, en comparación con el que reciben las necesidades e intereses de los varones.

El enfoque de Género en Políticas Públicas tiene que ver y pretende dar solución y respuestas a las desigualdades que se expresan en el orden institucional y en las organizaciones, respecto a:


  1. Las asimetrías institucionalmente estructuradas que existen en el acceso a los recursos y beneficios de las instituciones y organismos públicos.

  2. Las situaciones de ventaja o desventaja de las mujeres frente a los hombres en: b1) las estructuras y las normas, b2) las prácticas y ordenamientos, y b3) la distribución y presencia de las y los actores, en las instituciones y organizaciones

  3. La desigualdad entre hombres y mujeres en las probabilidades de acceder en términos equivalentes a los bienes y servicios públicos que garantizan el ejercicio de los derechos ciudadanos en todos los órdenes.

Lo anterior, significa que en la mayoría de los casos es necesario crear nueva institucionalidad capaz de dar sostenibilidad al propósito de las políticas de igualdad que habrán de formar parte de las agendas públicas renovadas y sustituir progresivamente la orientación androcéntrica del marco institucional y transformar el papel de las mujeres en las políticas de desarrollo. Habría que, como señala Aruna Rao, “desinstitucionalizar los privilegios masculinos”20 y dar prioridad a la igualdad de géneros en los objetivos institucionales

La institucionalización de las políticas de igualdad de géneros no es un proceso que haya tenido las mismas exigencias y posibilidades en todas las sociedades. Aun cuando en Venezuela y en otros países se comenzó a hablar de enfoque de género en las políticas públicas en los primeros años de la década de los 90, incluso desde instancias oficiales, no fue una situación común en América Latina y El Caribe. CEPAL se acercó a sus primeras exploraciones en la materia sólo a partir de 1992 en algunas reuniones y trabajos expertos y concretó una primera propuesta muy preliminar hacia 1994 durante la Conferencia Regional Preparatoria de la IV Conferencia Mundial de la Mujer. En la VII Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y El Caribe, celebrada en Santiago en noviembre de 1997 se aprobó el Consenso de Santiago que expresaba la intención de los países de abordar el tema de género en la políticas21. En ese documento, la Conferencia “propuso” acelerar la aplicación de la Plataforma de Acción aprobada en Beijing y en varios párrafos se refiere a la conveniencia y necesidad de adoptar el enfoque de género, aun cuando lo hizo en forma algo dispersa. 22 En el año 2001 CEPAL publicó el primer estudio, aun muy general, sobre el tema de la institucionalización del enfoque de género. Todo esto nos da una idea del panorama aun preliminar que ofrecen estas iniciativas a escala regional. Pese a los esfuerzos que se adelantan falta recorrer algún trecho para que se entienda que la igualdad de géneros no es un asunto de interés solamente para las mujeres, sino que se trata de un objetivo de beneficio para la sociedad en su conjunto, cuya realización produce aportes efectivos en la economía y el bienestar social tanto como en la democracia.
2.3 Soportes teóricos generales indispensables
De entre las numerosas vertientes teóricas que directamente o indirectamente confluyen en la definición del apropiado marco conceptual que requiere la institucionalización del enfoque de género, podemos distinguir algunas cuya presencia es indispensable para el conocimiento y manejo adecuado de los componentes y del proceso de desarrollo de la estrategia, por parte de quienes tengan la responsabilidad de definirla y ejecutarla. Aun cuando en este documento no es posible desarrollar ampliamente estas exigencias, es necesario mencionar las mas significativas que son fundamentalmente: a) Los desarrollos vinculados y derivados a la Teoría de Género,

b) el tema del Estado y las políticas públicas, y c) la discusión sobre el principio de Igualdad y sus implicaciones en la ciudadanía y los derechos de las mujeres. Se trata de un marco teórico extenso al que sólo nos referiremos muy brevemente.


a) Los desarrollos vinculados y derivados de la Teoría de Género.
De las dimensiones teóricas que requiere la iniciativa de institucionalización, esta es la más pertinente, tanto en sus componentes conceptuales y enfoques sociopolíticos, como en el conjunto de metodologías y herramientas técnicas a que ha dado lugar y que en conjunto forman un espectro de enormes potencialidades que crece y se perfecciona con gran rapidez. Su desarrollo se ha venido produciendo de manera vertiginosa desde el aparecimiento mismo de la nueva concepción histórico cultural del concepto de género. Al presente, estamos ante un complejo panorama que nos ofrece una variedad terminológica creciente. No se trata sólo de hablar de género, sino de entender que otras expresiones como: enfoque o perspectiva de género, análisis de género, planificación de género, diagnósticos de género, igualdad de géneros, sesgos de género y otras, han aparecido, se han legitimado en gran medida y están sólidamente establecidas en el lenguaje y en la agenda de las recientes exigencias que se hacen a las políticas públicas tanto en los ámbitos nacionales como de los organismos internacionales de cooperación.
La perspectiva o enfoque de género. Representa el marco de referencia, si se quiere filosófico y científico, a partir del cual se crea una interpretación de la realidad que es sensible a las causas y efectos de las diferencias de género en el contexto de las sociedades y en las personas de uno u otro sexo. Es un enfoque crítico e histórico de la sociedad humana, profundamente enraizado en la reflexión feminista y orientado hacia una concepción del desarrollo y la democracia como procesos que deben estar centrados en los seres humanos con un claro fundamento ético cuyo valor esencial es la igualdad. Es un enfoque que sintetiza los aportes de múltiples disciplinas en una visión compleja de la realidad. Esto no significa que antes de la aparición de esta contemporánea Teoría de Género no se hubiesen producido interpretaciones de las conductas correspondientes a varones y mujeres. Toda sociedad y en todas las épocas ha desarrollado una perspectiva desde la cual interpreta la realidad. Lo que diferencia a las interpretaciones tradicionales de la que fundamenta la perspectiva de género tal como la conocemos actualmente, es que aquellas, a diferencia de la interpretación histórica reciente, han sostenido que los comportamientos de hombres y mujeres están determinados por razones biológicas.
La perspectiva de género, tal como plantea Marcela Lagarde23, dio lugar a que nos hiciésemos preguntas sustantivas sobre la realidad vital de los géneros:
“¿En que medida la organización patriarcal del mundo y las condiciones femenina y masculina que genera, facilitan o impiden a las mujeres y a los hombres satisfacer sus necesidades vitales, realizar sus aspiraciones y dar sentido a sus vidas?”
“¿Cuál es la distancia entre el desarrollo personal y social de mujeres y hombres?”

”¿Cual es la relación entre el desarrollo y el avance de los hombres con respecto a las mujeres y de las mujeres respecto de los hombres?”


“¿Las relaciones de dominio y opresión entre los géneros y las formas de ser mujer y ser hombre en las condiciones patriarcales, favorecen el desarrollo social, el ejercicio de los derechos humanos y el mejoramiento de la calidad de vida?”
“¿Cómo se crean y se desarrollan los procesos históricos de las relaciones patriarcales entre los géneros, cómo cambian y cómo es posible crear un alternativa no opresiva?”
Desde el punto de partida de estas y otras interrogantes semejantes, la evolución disciplinaria se ha enriquecido en forma cuantiosa y ha dado lugar a las metodología y técnicas que en conjunto constituyen la estructura sobre la que se sostiene la posibilidad de la institucionalización del enfoque de género.
Entre ellas, que ya son numerosas, dos de las herramientas más cruciales son el Análisis de Género y la Planificación de Género las cuales, para su cabal comprensión y manejo, requieren desarrollos específicos que se abordarán en trabajos posteriores dado el carácter metódico y técnicamente especializado que exigen. También hay que señalar que otro elemento conceptual con importantes implicaciones en las prácticas transformadoras, es el empoderamiento, ahora vinculado a toda propuesta sobre género, como una dimensión indispensable. Pese a que no podemos referirnos a estos temas en forma completa, haremos algunas reflexiones introductorias sobre ellos para apoyar la cabal comprensión de su significado en los esfuerzos de institucionalización.
El Análisis de Género. Es una metodología de amplias y variadas aplicaciones soportadas por herramientas específicas. Se pueden distinguir dos grandes áreas de aplicación: a) Una que se dedica al estudio de textos para la detección de sexismo y sesgos androcéntricos en las leyes, en las políticas, planes y discursos de cualquier naturaleza, incluyendo el discurso de la literatura, las artes y el de todas las ciencias. Este tipo de aplicación ha desarrollado muy acertadas herramientas analíticas que permiten determinar y corregir en los discursos, los lenguajes sexistas que consagran las desigualdades y los patrones de comportamiento y pensamiento que ellas acarrean. b) Otra que se desarrolla principalmente como una dimensión del análisis de políticas, en la medida que persigue determinar la forma en la cual éstas afectan diferencialmente a hombres y mujeres en el propósito de demostrar que en sociedades segregadas por razones de sexo, las políticas no son neutrales con relación a tal segregación. 24 Este segundo tipo de aplicaciones constituye una vertiente de apoyo fundamental para los procesos de toma de decisiones vinculados a la formulación y puesta en ejecución de las políticas, en la medida que tales instrumentos sean capaces de asumir el impacto que las relaciones de género pueden tener en el aparecimiento o solución de problemas y decidir en consecuencia, para obtener los mejores resultados en términos de igualdad. Esto es lo más importante de una intervención género inclusiva en políticas públicas, ya que como se plantea en los documentos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, no hay ningún país donde los productos o resultados de las políticas públicas sean iguales para hombres y mujeres. Las iniciativas que aparecen o se presentan como neutrales al género, es decir teóricamente equivalentes y que no hacen diferencias entre los géneros, por lo común sirven para mantener las desigualdades existentes, que el análisis de género pone de relieve.
Representa una metodología que puede ser empleada igualmente a escala nacional o comunitaria, para identificar áreas de acción donde aparezcan los sesgos de género que reflejen desigualdad o inequidad y para anticipar las consecuencias que puedan tener las iniciativas en las relaciones de género y así sucesivamente. En el contexto de la formulación, planificación, ejecución y evaluación de las políticas, el análisis de género es uno y no el único método que ha de emplearse en los análisis que se requieran y su uso debería ser integrado en las rutinas de planificación, que de hecho para tales fines debe ser garantizadamente estratégica. 25 Algunos aspectos claves del análisis de género son:


  • La identificación de sesgos de género y similitudes entre hombre y mujeres y entre las propias mujeres, sobre todo en relación con el trabajo pagado o no, los recursos, las responsabilidades y la capacidad para intervenir en las decisiones.

  • La Evaluación de los patrones de cultura de género de la organización, la institucionalidad informal, incluyendo las “ideologías de género” de las propias mujeres26 y en especial de la forma en la cual las relaciones entre hombres y mujeres estructuran las oportunidades, las necesidades y los beneficios.

  • La Evaluación de las capacidades institucionales para implementar y avanzar sobre objetivos de igualdad. (Auditoría institucional de género).

  • La Evaluación de los obstáculos y resistencias potenciales que puedan encontrarse en la iniciativa de institucionalización y posibles cursos estratégicos que haya que tomar para superarlas.

Existen actualmente diversos paradigmas metodológicos que orientan el análisis de género, aplicado a contextos de desarrollo a través de políticas, entre los cuales los más conocidos son:




  • El marco analítico de Harvard centrado en el análisis de la división de trabajo

  • El marco de la Unidad de Planificación del Desarrollo de la Universidad de Londres, conformado a partir de los aportes de Caroline Moser (Triple rol) y Karen Levy (institucionalización), conocido como el Marco DPU de la Universidad de Londres.

  • La Matriz de Análisis de Género conocida por la sigla GAM (Gender Análisis Matrix), centrada en diferenciales de impacto de las políticas.

  • El Marco de Igualdad y Empoderamiento de Sara Longwe

  • El Marco de análisis de Vulnerabilidad y Capacidades (CVA)

  • El Marco de Análisis centrado en las personas (POP. People Oriented Framework)

  • El Marco de Análisis de las Relaciones Sociales

El conocimiento y aplicación de estos paradigmas analíticos, representa una importante reserva de posibilidades para descubrir los sesgos de género que dan lugar a las desigualdades en detrimento de los derechos de las mujeres. Cada uno de ellos encierra un conjunto importante de posibilidades y han creado un repertorio significativo de herramientas de uso extendido entre quienes tienen responsabilidades en los procesos de las políticas públicas. En el Anexo 3 hay una síntesis de los principales rasgos de los mas comunes de estos paradigmas analíticos.


La Planificación de Género. Vinculada estrechamente al Análisis de Género, exige un enfoque de Planificación Estratégica y Moser es muy clara al respecto pues reconoce que la Planificación de Género debe ser vista no sólo como un proceso técnico, sino fundamentalmente político, lo cual es consecuencia de que todo lo que representa el enfoque de genero y su aplicación como estrategia para el logro de políticas de igualdad, representa un desafío al status quo de la sociedad que durante siglos ha hecho de la dominación masculina elemento sustantivo del Ethos de la cultura. La planificación de género no puede obviar el asumir el conflicto como una de las posibilidades inscriptas en el escenario donde actúa.
Se alimenta en gran medida de los conceptos y elementos técnicos del Análisis de Genero, que son operacionalizados en la acción planificadora. Esta operacionalización abarca: diagnósticos de género, formulación de objetivos de política género sensitivos, identificación de estrategias potenciales para la intervención y el resto de desarrollos que demanda el orden estratégico en esta materia, incluyendo las previsiones de monitoreo y evaluación.
Conviene advertir que la Planificación de Género tiene exigencia diferentes si se trata de planificar para un proyecto o para las políticas nacionales de desarrollo. Hay numerosos avances y experiencia en el primer caso, pero con la popularización de los Planes de Igualdad de Oportunidades27 que se hicieron comunes sobre todo en la segunda mitad de los años 90, el avance ha sido significativo. Hay que reconocer la gran utilidad que para estos planes tienen las orientaciones metodológicas e instrumentales de la planificación para proyectos. Muchos y muchas especialistas aducen que los instrumentos o herramientas del Análisis y la Planificación de Género están muy influidos por las circunstancia reducidas que suponen los proyectos. En nuestro criterio:
Esta crítica ha prosperado entre quienes tienen bajo sus responsabilidades planificar intervenciones de escala regional, sectorial o aun nacional, pero en nuestro criterio responde a una sensibilidad limitada para fertilizar los conceptos del Enfoque con el alcance de los espacios y variables donde es necesario adoptar los criterios de género. Los conceptos básicos son aplicables a cualquier escala, pero exigen otros instrumentos para el vaciado y análisis de la información y el planeamiento estratégico, en tal sentido ofrece múltiples posibilidades. Por otra parte, a la larga, los programas nacionales se ejecutan en los niveles de base. Una intervención nacionalmente planificada, sólo tiene sentido si se fundamenta en lo que ocurre en aquellos niveles”. 28
Como puede observarse en el cuadro que se inserta mas adelante, las herramientas analíticas desarrolladas principalmente a partir de los proyectos de desarrollo, son perfectamente aplicables a contextos mayores incluyendo las políticas públicas y de hecho se han convertido en elementos indispensables para todo proceso que tenga que ver con las políticas cuando se formulan y ejecutan en una óptica género sensitiva.
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