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Economía ambiental: una aproximación



Economía ambiental: una aproximación

Víctor L. Urquidi

Comercio exterior, diciembre de 1998
RAZÓN DE UNA ECONOMÍA AMBIENTAL
La economía ambiental es una disciplina nueva, presente apenas en los últimos 30 años, que se nutre tanto de la economía clásica y neoclásica como de la ciencia ecológica y la sociología. Hasta los años sesenta los economistas ocupados del desarrollo económico y contribuyentes a las teorías y el pensamiento sobre esta materia, inclusive los de la CEPAL y los que hicieron aportaciones a la teoría de la dependencia, no se ocuparon del ambiente. 1 Se siguió en el paradigma del análisis económico neoclásico, que soslayaba todo lo «externo» a los fenó- menos de mercado, es decir, excluía el cambio: el tecnológico, el de la estructura social y de la propiedad, en el sistema políti- co y, por supuesto, en los sistemas ecológicos y en general en el ambiente. A lo que no cabía en el paradigma del mercado se le llamaba "factores no económicos". Todavía en 1990, dos auto- res concluyeron un libro sobre economía ambiental con la afir- mación de que: "Aquella parte de la economía ambiental que se refiere a los problemas de los países en desarrollo está apenas en su infancia".'

Sin embargo, como suele ocurrir, la realidad empezaba a su- perar a la teoría. En los años sesenta surgió preocupación entre


El Colegio de México. 1. Doy cuenta de esta situación y de su posterior modificación en "Economía y medio ambiente", enalberto Giendery VíctorLichtinger (comps.), La diplomacia ambiental: México y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, Secretaría de Relaciones Exteriores y Fondo de Cultura Económica, México, 1994, pp. 47-69. 2. David W. Pearce y R. Kerry Turner, Economies of Natural Resources and the Environment, Johns Hopkins Press, Baltimore, 1990,p.358.
biólogos, físicos y otros científicos, así como entre personas destacadas de la sociedad civil, acerca de los fenómenos econPoco a poco se iniciaron en las Naciones Unidas, en distin- tas instancias y organismos del sistema, discusiones de exper- tos sobre la problemática ambiental. Con el liderazgo de Sue- cia, los Países Bajos, Canadá y Estados Unidos, se determinó la conveniencia de convocar a una conferencia intergubemamental para examinar los principales problemas ambientales y recomen- dar a los países miembros de las Naciones Unidas medidas de

cooperación entre ellos, incluso en escala regional, así como políticas nacionales destinadas a reconocer y remediar los pro- blemas ambientales. Dicha Conferencia de las Naciones Uni- das sobre el MedioAmbiente Humano se llevó a cabo en Estocol- mo en agosto de 1972.

Al mismo tiempo se organizó el primero de los grandes fo- ros paralelos en que las organizaciones no gubernamentales, los sectores académicos, los grupos de presión y connotados exper- tos pudieron debatir, sin la restricción de las delegaciones gu- bernamentales, sus ideas sobre la naturaleza de los problemas ambientales y su proyección al futuro. Unos afios antes, en 1968, una organización privada, el Club de Roma, había sido creada por un número reducido de personalidades de distintas nacio- nalidades para considerar las dimensiones y la naturaleza de lo que se bautizaría como la "problemática global". Poco antes de la conferencia de Estocolmo, el Club de Roma dio a conocer el primero de los informes técnicos que habría de auspiciar, en el cual se hizo ver que a largo plazo, si las tendencias se mantenían, habría grave riesgo de llegar a una escasez de recursos natura- les que frenaría el crecimiento económico tal como estaba en- tonces concebido, teniendo en cuenta además la expansión muy rápida de la población mundial.'

De la Conferencia de Estocolmo, a la que declinaron asistir los países de¡ bloque soviético y China, surgió el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Este organismo promovió, en especial entre los países en desarrollo, la conveniencia de definir su propia problemática ambiental y ofreció apoyo técnico para estudios y formación de recursos humanos, así como para solucionar problemas concretos y de carácter general. Empero, el PNUMA contó con muy pocos re- cursos financieros y tropezó con muchos obstáculos por la in- comprensión de grandes esferas de intereses y aun de gobiernos importantes. A pesar de ello, se le pueden atribuir varios resul- tados importantes, por ejemplo, el apoyo para descontaminar el Mar Báltico y gran parte del Mediterráneo, el aprovechamien- to del conocimiento científico existente en Estados Unidos y el Reino Unido para proponer un convenio internacional (el Pro- tocolo de Montreal de 1990) por medio del cual los países fir- mantes (que superan hoy los 156) se comprometerían a suspender

de inmediato la producción de los ciorofluorocarbonos (CFC), sustancias utilizadas en los aerosoles, los refrigerantes y otros procesos que por sus emisiones adelgazan la capa protectora de ozono del planeta que controla el paso de los rayos ultravioleta. Asimismo, los países se comprometieron a eliminar el uso de los CFC para el año 2020, sustituyéndolos por sustancias no eloradas.

El PNUMA fue también de los primeros en asumir ideas nue- vas, por ejemplo, la del ecodesarrollo, que al fin llevaron al con- cepto del desarrollo sustentable. Aun así, en 1984 se apreció que el adelanto mundial en las políticas ambientales había sido más bien modesto. En algunos países, como Japón, se necesitaron catástrofes (la de Minamata) para provocar la formulación de una política ambiental integral; en otros (Corea del Sur), la pre-
3. Dennis Meadows et aL, Los límites del crecimiento, Fondo de Cultura Económica, México, 1972.
sión de la sociedad civil y la apertura comercial tuvieron efecto similar; pero en otros, en la mayoría de los países en desarrollo, los posibles adelantos en materia de política ambiental fueron frenados por desconocimiento de la problemática, por indife- rencia y por la prevalencia del hoy falso dilema de que el desa- rrollo y la política ambiental se consideraban incompatibles,

En 1987 las Naciones Unidas constituyeron la Comisión. Mundial del Medio Ambiente y el Desarrollo, encabezada por la primera ministra de Noruega, Gro Harlem Brundtland, e inte- grada por personalidades de todas las regiones del planeta, para hacer un nuevo examen general de la problemática. Después de tres años de estudios, con base en consultas en todos los conti- nentes, a todos los niveles, se dio a conocer el informe titulado Nuestrofuturo común,' que fue el fundamento para convocar la Conferencia de las Naciones sobre MedioAmbiente y Desarrollo (la Cumbre de Río) enjunio de 1992. Mediante los mecanismos de las Naciones Unidas se prepararon proyectos de convencio- nes sobre cambio elimático, protección de la biodiversidad, pro- tección y revalorización de los bosques y control de la erosión y destrucción de los suelos, y un documento denonúnadoagenda 21 que contiene recomendaciones negociadas y consensadas sobre política ambiental y desarrollo sustentable en escalas mundial, regional y local. En todos estos preparativos partici- paron numerosas organizaciones no gubernamentales (ONG) y académicas. El concepto de desarrollo sustentable propuesto por la Comisión Brundtland fue incorporado a la Declaración de Río y adoptado como nuevo paradigma para encaminar los esfuer- zos nacionales, en lo económico y lo social, así como los inter- nacionales, en pro de asegurar a las generaciones futuras, por me- dio de la protección ambiental y la equidad, el acceso a los recursos naturales y a mejores condiciones de vida que hasta aho- ra sólo ha disfrutado una pequeña parte de la humanidad. El de- sarrollo sustentable supone, entre muchos otros aspectos, el ple- no respeto al ambiente y economizar en el uso de los recursos naturales, incluidos la energía de origen fósil (la más contami- nante de las fuentes de energía disponibles en la actualidad), el agua, los suelos, los océanos y la atmósfera, así como la protec- ción de la biodiversidad. Es de hacer notar que la Agenda 21 contiene un capítulo referente al empleo de instrumentos eco- nórnicos -precios reales, impuestos ecológicos, incentivos fi- nancieros y fiscales, mecanismos de emisión de permisos comerciables y otras medidas- como complemento de la regla- mentación en que se habían basado desde los años setenta -y siguen basándose- las políticas ambientales en la mayoría de los países.' El modelo imperante se aferra a un supuesto prin- cipio de que "quien contamina paga" (QCP), para lo cual se han implantado sistemas administrativos de "normas y castigos" (NYC) que fijan los límites de contaminación por empresa pro- ductiva que deberán observarse, so pena de pagar multas y so-


4. Comisión Mundial de¡ Medio Ambiente y el Desarrollo (Comi- sión Brundtiand), Nuestrofuturo común, Alianza Editorial, Madrid, 1987.

5. Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, Agenda 21, "Integración de¡ medio ambiente y el desarro- llo en la toma de decisiones", capítulo 8.


meterse, en su caso, a la clausura de la actividad económica res- pectiva. Asimismo, en el caso de los vehículos de motor de com- bustión interna, se establecen límites, se aplican sanciones y, en su caso, se prohibe su circulación.
CUATRO NIVELES DE APROXIMACIÓN A UNA ECONOMÍA AMBIENTAL
Dada la configuración de los organismos de cooperación in- ternacional y las modalidades de las administraciones pú- blicas, en 25 años se ha transitado de una desatención to-

tal al control de emisiones contaminantes a la adopción de políticas ambientales. En esta transición se ha procedido sin el menor asomo de beneficio de una teoría económica sobre la materia ambiental. A partir de 1992 se ha aceptado la idea de] desarrollo sustentable en escalas mundial y nacional, sin atenerse a ninguna teoría especial de¡ desarrollo aplicable a estos nue- vos procesos. ¿Qué es entonces la "economía ambiental"?

Para definir sus alcances, se puede abordar la economía am- biental a cuatro distintos niveles:

i) el nivel maero, centrado en la relación desarrollolambiente; ii) el nivel de grandes agregados sectoriales, en particular

teniendo en cuenta las interrelaciones económicas, como las ambientales pertinentes;

iii) el nivel núcroeconómico, centrado en la actitud y conducta de la unidad de producción, o sea, la empresa en sus distintas formas y la unidad doméstica, es decir, el hogar, y

iv) el nivel global o planetario, en que se producen fenóme- nos derivados de la contaminación en sus distintas formas que no reconocen fronteras ni territorios específicos.

Los tres primeros niveles están vinculados. El hecho es que toda actividad productiva y todo uso de vehículos con motor de combustión interna, así como los servicios domésticos, gene- ran desechos y emisiones que pueden ser contaminantes. Se uti- lizan materiales y sustancias de origen natural que se transfor- man en actividad económica, la cual consume energía y se apoya para hacerlo en diversas tecnologías. Éstas inciden a su vez en la existencia y oferta de los recursos naturales, casi siempre re- duciendo su disponibilidad futura, y dan lugar a cambios en el hábitat y aun pueden amenazar el equilibrio de los ecosistemas.

En el nivel miero, los actores responsables de las emisiones y desechos se encuentran, dada una política ambiental vigente o propuesta, ante la necesidad de llevar a cabo inversiones proam- bientales. Éstas con frecuencia suponen o requieren cambios de tecnología a fin de evitar o reducir aquellas emisiones que re- basen los umbrales más allá de los cuales pueden producirse efectos nocivos para la salud, para el hábitat o para el equilibrio de¡ ecosistema involucrado. Dichos efectos pueden o no ser reversibles. Deberán tenerse siempre en cuenta las interrela- ciones con la salud humana, con las condiciones generales en que la población habita el planeta y con las problemáticas so- ciales específicas de cada nación, región o localidad.

No puede evitarse ni omitirse la responsabilidad social de¡ agente productivo o de¡ usuario de un vehículo que sean emi-


sores de sustancias contaminantes. Se desprende de ello la im- portancia de la mieroeconomía ambiental, pues en último aná- lisis el ambiente no podrá mejorar si no se producen acciones proambientales en la empresa y en el hogar. Este nivel de la eco- nomía ambiental no debe desligarse, en consecuencia, de la agre- gación de actividades individuales en sectores de producción o distribución que afecten a otros sectores o reciban de éstos in- fluencias en determinada dirección. Finalmente, en escala inun- dial, el de la actividad sumada de todos los sectores, en todas las regiones y naciones, acaban por afectarse los ecosistemas, con expresión en desequilibraos cismáticos, de uso de los recursos en determinados territorios, de perturbación de los mares y los recursos hídricos y de pérdida de biodiversidad, que pueden lle- gar a amenazar la existencia futura de la especie humana.

Luego, la economía ambiental tiene que abarcarlo todo. En otras palabras, el desarrollo sustentable es desarrollo económico y social integrado con protección y mejoramiento de¡ ambien- te en sus aspectos ecológicos, biológicos y físicos, con atención a la equidad social y con consideración de las consecuencias globales.

En escala macroeconómica y conceptual, ya no puede haber conflicto o divorcio entre desarrollo y ambiente. Para ello se precisa redefinir el desarrollo. Deja de verse como un proceso de inversión destinado únicamente a elevar la productividad agrícola, industrial y de servicios para poner a disposición de una población creciente los bienes y servicios que conformen un nivel de vida aceptable, en un sistema que además genere exce- dentes sobre el consumo que puedan destinarse a inversión real. Desarrollo, en estos tértninos, es más qué crecimiento, pues debe atender las aspiraciones y necesidades sociales, la formación de recursos humanos mediante la educación y la capacitación, el avance de la ciencia y la tecnología, el sistema distributivo y de protección y seguridad social, y la capacidad para "salir de¡ sub- desarrollo", en el marco de las características políticas y cultu- rales prevalecientes. A principios de los años setenta, el econo- mista sueco Gunnair Myrdal, en un estudio sobre la India, dejó la siguiente definición de su concepción de¡ desarrollo:

"El desarrollo significa un proceso de distanciamiento de] subdesarrollo -salir de la pobreza- [que] se busca lograr, y tal vez se obtenga en realidad, por medio de la plantación de¡ de- sarrollo... [En un país subdesarrollado] existe... una constela- ción de numerosas condiciones indeseables para el trabajo y para la vida: la producción, los ingresos y los niveles de vida son re- ducidos; muchas modalidades de la producción y las actitudes y los patrones de conducta son desfavorables; prevalecen ade- más instituciones de influencia negativa, desde las que operan al nivel de¡ Estado hasta aquellas que rigen las relaciones sociales y económicas de la familia y de la comunidad local... Sedauna relación causa¡ entre todas estas condiciones, de manera que constituyen un sistema social. El desarrollo consiste en lograr que se eleve todo ese sistema.""


6. Gunnar Myrdal, Asian Drama: An Inquiry into the Poverty of Nalions, versión abreviada de Seth S. King, Vintage Books, Nueva York, 197 1, pp. 427-428.
Myrdal no fue el único que investigó y describió de manera analítica el proceso de desarrollo. Pueden mencionarse, entre otros, a Ragnar Nurske, Arthur Lewis, lan Littie, Dudiey Seers, Keith Griffin, y muchos más -no es del caso hacer una larga lista enumerativa- en centenares de escritos de los cincuenta a los setenta. EnAméricaLatina destacaron los trabajos de eco- nomistas de la CEPAL, encabezados por Raúl Prebisch, entre ellos Jorge Ahumada, Aníbal Pinto y Ceiso Furtado. De este último tomo la siguiente definición: "[El desarrollo es] un proceso de transformación... que engloba el conjunto de la sociedad [y que] ... está ligado a la introducción de métodos productivos más eficaces y se manifiesta bajo la forma de un aumento del flujo de bienes y servicios finales a disposición de la colectividad. "l "Ello permite satisfacer plenamente las necesidades huma-

nas -sigue Furtado-. El punto de partida es una determinada estructura, sujeta a un proceso de cambio, y se asigna enorme importancia a la innovación, a los valores, al 'excedente social' que hace posible nuevas fases del desarrollo..." Adviértase, sin embargo, que ninguno de los dos autores ci- tados alude al ambiente, en sus incidencias o en sus requisitos económicos que pudieran afectar el desarrollo. Y así también otros autores de ese período incurrían en la misma omisión. Es más, la propia CEPAL no inició estudios sobre el ambiente sino hasta 1978, al constituirse una división conjunta con el PNUMA; sin embargo, se abordó el ambiente desde un punto de vista teó- rico-histórico y todavía lejano de la realidad del deterioro am- biental de la industrialización moderna y sus incidencias. En México, fuera de los científicos conservacionistas de los prime- ros decenios del presente siglo, con todo y las advertencias so- bre la contaminación atmosférica derivadas de estudios auspi- ciados por la UNESCO y la UNAM desde los años cincuenta, los planteamientos sobre desarrollo económico y social carecieron de consideraciones ambientales. En Estocoimo, en 1972, los representantes de los países en desarrollo, pese a los elegantes discursos de los jefes de dele- gación, no aceptaron la necesidad de las políticas ambientales como parte constituyente de las políticas de desarrollo. Antes bien, veían las medidas e inversiones ambientales como un es- torbo para el desarrollo, pensado este desarrollo como el volcar plenamente cantidades crecientes de recursos internos y exter- nos a crear nuevas inversiones productivas, sin atención al am- biente. El delegado del Brasil en esa conferencia exclamó: "!Queremos contaminación porque significa industrialización! " El sentir general era que la política ambiental sería una imposi- ción de las grandes potencias occidentales. Además, se creia que el costo de las inversiones proambientales resultaría muy ele- vado y que en todo caso los países más adelantados debían pro- veer los recursos financieros necesarios para efectuar tales in- versiones. Aunque con menor intensidad esas ideas afloraron todavía en Río de Janeiro en 1992, pero también habían cambiado de manera considerable las condiciones de la economía mundial,


7. Ceiso Furtado, Breve introducción al desarrollo: un enfoque interdisciplinario, Fondo de Cultura Económica, México, 1983, tra- ducción de la edición brasileña, caps. IV y XI, passim.
se había iniciado la globalización en serio, y los países en desa- rrollo no presentaban ya, en ese momento, un grupo homogé- neo (el de los 77) ni un frente con intereses homologables. La conclusión a que se llegó en 1992, si bien puede haber diferen- cias, es que la protección y el mejoramiento de¡ ambiente son parte del proceso de desarrollo y que las inversiones proambien- tales deben ser además redituables para la sociedad y para los actores en los campos de la producción de bienes y servicios. Se comprendió que en economías abiertas la inversión ambiental sería parte del esfuerzo de lograr competitividad y eficiencia in- temacionales. En cuanto a los agregados sectoriales de produc- ción, la protección del ambiente pasa a ser uno de los compo- nentes indivisibles de la inversión, sea en infraestructura, en construcción e instalación de fábricas con su tecnología de base, en instalaciones fijas y móviles en la agricultura y la ganadería, en el desarrollo forestal sustentable, en embarcaciones para la pesca, en exploración y explotación energética, minera, etcétera. El conjunto de las inversiones debe comprender todos los aspec- tos ambientales con sus costos plenos, incluidos los de repara- ción del daño y de reposición del recurso (por ejemplo, los bos- ques) y los de capacitación empresarial y obrera, entre otros. Tal inversión ambiental debe estar sujeta a los mismos criterios de rentabilidad que las demás inversiones, con la modalidad de que puesto que el ambiente rodea a todo el sector, en diferentes lo- calizaciones territoriales, será necesario incorporar efectos in- directos y retroalimentaciones a la evaluación costo/beneficio de conjunto de la actividad sectorial en cuestión. Es decir, el conjunto sectorial deberá internalizar costos ambientales y asig- narlos de tal manera que el desarrollo del sector, sea cual fuere, deberá responder a criterios económico-ambientales y no sólo económicos. Por ejemplo, si se decide impulsar la industria si- derúrgica, serápreciso considerara¡ conjunto de las instalaciones de distintas empresas, en sus respectivas localizaciones, la in- fraestructura necesaria, las relaciones con el transporte, los vín- culos con otros sectores, las contaminaciones específicas y las locales, de tal manera que puedan tenerse en cuenta todos los impactos ambientales, directos e indirectos y no sólo los de una empresa en particular. No puede haber una empresa siderúrgi- ca limpia en una parte del país y una sucia en otra. Ambas de- ben ser limpias, es decir, caracterizarse como proanibientales. En muchos casos la tecnología necesaria no tendría sentido eco- nómico si no fuera a la vez proambiental. Los impactos ambien- tales trascienden el lugar en que se sitúan las unidades produc- tivas. Dichos impactos se generan no sólo en la producción, sino en la totalidad del proceso de transformación, incluidos el em- balaje, el transporte, el almacenamiento y la distribución final. En escala micro es donde más aplicación han tenido las ideas sobre economía ambiental hasta ahora' Por empresa, indepen- dientemente del sector al que pertenezca, para sobrevivir en los mercados, incluido el globalizado, la unidad productora tendrá que internalizar los costos ambientales tanto de su sector como de su propia actividad. Es el nivel en que podrá existir mayor comprensión de lo que es una inversión ambiental. La decisión empresarial, a la luz de las normas ambientales, tendrá que te- ner en cuenta en su proyecto una reforma tecnológica que per-

mita minimizar los costos ambientales sociales y aquellos en que la propia empresa tendría que incurrir. De acuerdo con el supues- to principio de que "quien contamina paga", la empresa se ve obligada a minimizar sus costos ambientales. Si en el ramo al que pertenezca la empresa existe una situación de competencia interempresa, difícilmente podrá trasladarle al mercado y al consumidor final los costos ambientales vía precios si otra em- presa de¡ mismo sector, o que produzca bienes cercanamente competitivos o sucedáneos, se lanza por el camino de la inversión ambiental redituable, es decir, internaliza los costos ambien- tales sin daño financiero. Muchas empresas, aun medianas y pequeñas, han encontrado que la inversión ambiental, con el cambio tecnológico necesario, es redituable. Por costos ambien- tales deberán entenderse no sólo los directos, sino los sociales y el costo pleno de origen de los recursos utilizados.

De cualquier manera muchas empresas estarán en otra situa- ción, o sea, la de no estar en capacidad de efectuar las inversio- nes proambientales requeridas. Al instrumentarse la política ambiental con base solamente en el sistema de "normas y casti- gos", es inevitable, dada la diversidad de tamaños y de calida- des empresariales de las unidades productivas, que algunas empresas, en general las medianas y pequeñas, traten de evadir el cumplimiento de las normas. A la larga, si no hacen nada, di- chas empresas no podrán sobrevivir. Sin embargo, para que so- brevivan y prosperen será preciso que las instituciones públi- cas y privadas apoyen su acceso a información tecnológica y a la capacitación necesaria para elevar la calidad de los recursos humanos con que cuentan. Son éstas inversiones que contribui- rán a mejorar el ambiente, con base en incentivos financieros y fiscales para que en el mediano plazo las empresas no estén en desventaja en el mercado. Mediante estos instrumentos, que po- drán ser temporales y complementarios de las disposiciones ad- ministrativas sobre normas y su cumplimiento, las empresas pe- queñas y medianas, atrasadas tecnológica y ambientalmente, podrán conipetir en condiciones más favorables, con beneficio no sólo para ellas mismas sino también con resultados sociales.'

Los tres niveles de economía ambiental a que se ha hecho alusión, además de estar entrelazados, deben vincularse al cuarto nivel, el de la problemática mundial. En ésta destacan varios problemas que afectan al planeta en su conjunto, a la especie hu- mana, a la fauna y la flora y a los ecosistemas, así como a la con- vivencia internacional, y que por ello se categorizan como "mun- diales", entre ellos: el posible cambio cismático originado en el efecto invernadero, resultante de¡ incremento de la emisión de carbono a la atmósfera detectado en los últimos decenios; la pérdida de biodiversidad; la contaminación de los océanos y las


S. Alfonso Mercado, Lilia Domínguez y óscar Fernández, "Con- taminaci0n industrial en la zona metropolitana de la Ciudad de Méxi- co", Comercio Exterior, vol. 45, núm. 1 0, México, octubre de 1995, pp. 766-774. Ahí se exponen los resultados de una encuesta llevada a cabo en la zona metropolitana de la Ciudad de México. El estudio com- pleto, de próxima publicación por El Colegio de México, se titula Ins- trumentosfiscales yfinancieros para un comportamiento empresa- rialfavorable al ambiente en México, Alfonso Mercado, coordinador.
vías fluviales, y la erosión de los suelos y la desertización. Son fenómenos físicos y biológicos antropogénicos, es decir, crea- dos por la especie humana por medio de sus múltiples activida- des y por la forma inconsciente en que éstas se han llevado a cabo. Todos estos fenómenos causan daño ecológico y en consecuencia su control, detención o reversión, tienen un costo econón-úco que las sociedades deberán absorber en un proceso de desarrollo sustentable de la humanidad a largo plazo. No ha sido posible poner cifras a estas dimensiones de¡ costo económico, pero sí a los programas preliminares destinados a incidir en la reparación de los daños y en la prevención de la contaminación. Estos cos- tos, correspondientes sobre todo a los niveles primero y segun- do de la economía ambiental, pero también al tercero, el micro, tendrán que ser asumidos o absorbidos. Las soluciones a estos problemas podrán ser mundiales o también regionales o nacio- nales y, por sus características, ameritarán consideraciones de cooperación internacional y de responsabilidad compartida. A lo anterior se añaden varios hechos importantes de la economía y el ambiente mundiales. Uno de ellos es la gradual reducción de la disponibilidad de algunos recursos naturales, entre ellos ciertos nlinerales. En el caso de los hidrocarburos dependerá de la tasa a la que se sigan explotando y de las tendencias del con- sumo. Se supone que el carbón ofrecerá existencias mucho más duraderas que, por ejemplo, el petróleo crudo, pero es a la vez el energético de origen fósil más contaminante. La desforestación generalizada, en particular en las selvas tropicales, al reducir la capacidad de los sumideros de carbono, incide directamente en el efecto invernadero. El agotamiento rápido de las fuentes de suministro de agua dulce y la concentración urbana y la conur- bación desordenadas de las que se retroalimentan daños ambien- tales que repercuten en otras áreas y en la salud, son fenómenos cuyo efecto podrá sentirse en los próximos 15 a 20 años, de mane- ra diferencia¡ en algunas zonas geográficas. La contaminación atmosférica, de las vías fluviales, de los mantos freáticos y de las zonas costaneras, ha tenido ya efectos negativos en la salud de las poblaciones afectadas. La pérdida de suelos con efectos en la degradación de las áreas rurales y la desaparición constante de la biodiversidad han sido ya ampliamente reconocidas por las comunidades científicas y ante la opinión pública. En todas es- tas materias el daño ambiental no reconoce límites territoriales ni marítimos; la acción necesaria de género proambiental será responsabilidad de la comunidad internacional, con costos que deberán ser compartidos y que afectarán las posibilidades del desarrollo sustentable a largo plazo.

Con lo anterior se espera contribuir a un debate que casi no se ha dado, o que no se ha dado en términos que incluyan la pers- pectiva de los países en desarrollo. Estas economías disponen en general de menos recursos materiales, humanos y financie- ros para asumir su parte de responsabilidad en la corrección del deterioro ambiental mundial. Hay abundante literatura sobre economía ambiental pensada en función de la situación e insti- tuciones de los países más adelantados; pero, como en otras es- feras de las ciencias sociales, el pensamiento teórico venido del exterior requiere ser evaluado en función de realidades de otro tipo de sociedades, en su economía y en otros aspectos. 0>

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