• Sobre el Intervencionismo

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    Dónde nos ubicamos hoy


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    ¿HAY SOCIALISMO HOY?

    Por Cecilia G. de Vázquez Ger*


    Este trabajo pretende ser una reflexión sobre un tema que me interesa profundamente. Por otro lado, me pareció importante acompañar estas ideas con el sustento de una autor por el que tengo profundo respeto por sus convicciones y coherencia a lo largo de toda su vida, y porque ha sido uno de los baluartes en la defensa de una sociedad libre y respetuosa del ser humano. Me refiero a Ludwig von Mises, y su obre “El Socialismo”1. Si bien este libro en su primera versión fue escrito en 1922, como bien señala su autor en comentarios posteriores, su vigencia sigue siendo especialmente importante en la actualidad y mucho más hoy cuando sus voces siguen soplando con tanta fuerza en Latinoamérica
    Parte I

    Introducción


    ¿Dónde nos ubicamos hoy? ¿Cuál es la situación del socialismo después de la caída del muro de Berlín que implicó, supuestamente el fin de tal sistema?

    Ciertamente y tal como lo predijera en 1922, L. von Mises, en su artículo sobre la Imposibilidad del Cálculo Económico en el Socialismo2, el sistema socialista estaba destinado al fracaso al no permitir la realización del procedimiento esencial a todo proceso económico, el cálculo económico. La ausencia de precios como genuinas expresiones de las valoraciones, lo impiden y con ello se interrumpe la cadena de transmisión de valor, del primer valor a transmitir y producir en toda transacción económica: el valor subjetivo que obra sobre los bienes e indica al productor cómo orientar y asignar los recursos escasos hacia aquellos fines más deseados por los consumidores. Este círculo que parece tan sencillo, es la explicación de cómo funciona el sistema de precios y cuál es su rol dentro del sistema social.

    El teorema sobre la imposibilidad del cálculo económico, fue la más brillante exposición, explicación y predicción teórica, del inevitable fracaso del socialismo. Setenta años fueron necesarios para que tal predicción que despertara uno de los debates más importantes dentro del pensamiento económico, tuviera una fuerte manifestación ya no teórica, sino práctica: la caída del muro. Este fue sólo un símbolo visible del desmoronamiento que venía ocurriendo en el sistema socialista. El socialismo es económicamente inviable.

    Hubo muchas manifestaciones de todo tipo desde 1989 hasta ahora. Se dice que el comunismo y el socialismo son parte de una historia superada. Los países del este de Europa se han “convertido” al capitalismo, Rusia y tantos otros han levantado sus barreras culturales a Occidente, y hasta China es un impresionante productor “cuasi capitalista”.

    Sin embargo, socialismo no implica sólo una modalidad económica, aunque ciertamente la más fundamental a través de la abolición de la institución social por excelencia: la propiedad privada de los medios de producción. Socialismo es, además de esto y de todas las implicancias que en el orden económico produce y acompañan a este fenómeno, una corriente de creencias, tradiciones e ideas que están inculturadas en los grupos sociales, y conforman sus instituciones informales y formales.

    Las tradiciones, costumbres o usos en las sociedades que fueron gestando las democracias modernas más avanzadas, fueron previas a su formalización en las instituciones democráticas. Así pues la tradición democrática fue previa al sistema que la formalizó, como es el caso de la democracia americana, donde se conformó una sociedad que incultura, que encarna primero la norma para después plasmarla en la institución.

    Nos parece que muchas culturas han generado y sus miembros han encarnado cantidad de ideas y creencias transmitidas en el tiempo, que se corresponden con otro cuerpo de ideas, asociado a un paradigma que en lo teórico se vincula con el socialismo. Este sistema se ha caracterizado porque quienes lo adoptaron, y los intelectuales que se ocuparon de su difusión, se apropiaron de términos estratégicos y del uso de aspiraciones comunes a cualquier sistema social, vinculados con la justicia, y la igualdad y muchas veces, han sabido usar la coraza de la religión, para asociar sus fundamentos a un sistema religioso. Tal es el caso de tantos partidos o movimientos políticos que han llevado hasta el nombre de “católicos”, cuando lo más lejos de una religión como esta, ha sido el aceptar que de su doctrina social, como es el caso de la Doctrina Social de la Iglesia, pudiera emanar un sistema político o económico.

    El análisis de lo contemporáneo es y ha sido siempre muy complejo. Poder comprender las causas de los fenómenos que nos rodean requiere de habilidad para tomar distancia a fin de interpretar. Pero todo ejercicio hermenéutico, requiere además la sabiduría de la ciencia encarnada. Dicho en otros términos, la ciencia que se despegó del texto del que estudia y se hizo parte del que observa el proceso social… Entonces la comprensión de esa realidad es científica. Entender la realidad, la contemporánea o la histórica, requiere de herramientas científicas para su análisis. (Estos son los marcos teóricos en los que tanto hacemos hincapié en el Instituto Acton ).

    Vivimos en un mundo globalizado, con un capitalismo cada vez más globalizado. Un mundo en el que las actividades de la gente superan las fronteras nacionales todo el tiempo. La vida cotidiana de las personas parece cada vez más dar la espalda a las seudo democracias modernas. Esto se ve como un problema de abulia y desinterés por la cosa pública. Los espacios públicos y políticos parecen estar olvidados; esto es para muchos, culpa de un seudo individualismo que se auto refiere frente a la crítica noble de aquéllos que ven cómo la vida política queda más y más en el espacio de los menos aptos para la misma. Y es que los más aptos no se interesan por lo político.

    Sin embargo esta preocupación estaba presente tantos pensadores políticos en del siglo XVIII como el gran escocés Adam Ferguson, cuando vislumbró cómo el espacio de lo económico se abría paso frente al espacio de lo político en la vida de las personas.

    Quizá esto que tanto nos preocupa hoy, esta sensación que todos tenemos de que existe un olvido por lo público, sea la expresión inevitable del fenómeno que lo ha generado: estados muy grandes que le han expropiado a los individuos el espacio donde actuar, el pequeño espacio comunal en donde poder interesarse de lo que lo rodea; el espacio cercano que le ofrece la posibilidad de dar su aporte y ver los frutos del mismo. Espacio que es espacio real, factible; espacio federal que resuelve los problemas pequeños. Las democracias modernas más centralistas y poderosas, aquéllas donde la participación real es menor y donde la gente cada vez tiene más abulia para participar en lo político, tienden a presentar los problemas como nacionales, y les dan una envergadura que los vuelve muy lejanos. El interés mengua cuando la esfera de su resolución se aleja. Al ser humano le es por naturaleza más difícil hacer empatía con lo que está lejos, por eso mismo, porque está lejos.

    Pero volviendo a nuestro tema, ¿qué es el socialismo?, ¿qué ha quedado de él?, ¿cómo ha podido subsistir?

    A esto nos dedicaremos en esta breve investigación. Nuestra tesis central es que a pesar de todas las formas y variantes de comunismo y socialismo, la mayor derivación que tuvo, -y creemos que eso no estaba en los planes teóricos ni de Marx, Engels, Lennin, Trotsky, Stalin, Hitler o Mussolini, ha sido la de reencarnarse en los estados modernos, a través de la figura del Estado Benefactor, o del Estado Interventor, el cual con sus múltiples variantes y con sus múltiples justificaciones ideológicas, recupera el poder que otrora tenía el príncipe sobre sus súbditos, y salvando las distancias según en que país nos encontremos, disfrazado de las seudo democracias modernas, penetra lentamente ese tejido, esa trama social y embebe sus instituciones, primero las informales, luego las formales, y de las formales vuelve sobre las primeras, y todo se plasma de una ideología que permanece así viva, más viva que nunca…

    El socialismo habita el modo de pensar de mucha gente en el mundo. Desde muy pequeños los niños en los colegios aprenden a razonar con una lógica que encuentra soluciones en un paradigma que, aunque el educador no conoce y hasta rechaza en lo teórico, sin embargo promueve en lo práctico. Cantidad de postulados, demandas, y razonamientos, encuentran solución y respuesta en el paradigma más antiguo de la humanidad: lo que el Estado debe hacer. Sin saberlo el hombre moderno, presupone la presencia de ese Estado que debe ocuparse de un listado de demandas y derechos que se crean día a día, un ocuparse no desde la defensa de los derechos primigenios, individuales, absolutos. Se le pide al Estado que hoy de nuevo, y como en la larga historia de la humanidad, sea el Estado Paternalista, que beneficie a sus súbditos, habitantes que no han entrado en la mayoría de edad.

    Y ¿qué decir del Populismo? Un fenómeno que presenta variedad de características, y quizá la latinoamericana tenga algunas que lo vinculan con figuras caudillezcas y con fuertes políticas que buscan el favor de los votantes. Lo cierto es que con más o menos personalismos, el populismo es posible porque se sostiene en doctrinas y sistemas económicos cuyas dinámicas autorizan el uso indiscriminado de fondos, esto es, de recursos económicos, que de modos más o menos autoritarios, son utilizados para cubrir políticas de estado claramente orientadas a satisfacer objetivos que lamentablemente se han apropiado de palabras como “bien común o justicia social”, etc. En definitiva, objetivos asociados con políticas de redistribución, expropiaciones, controles, subsidios, prebendas, privilegios, regulaciones, manejo monetario, unitarismo fiscal, y un sin fin de políticas económicas fuertemente intervencionistas y paternalistas.

    Muchos podrán pensar que la evolución ha posicionado a la pos modernidad en un lugar muy alejado de lo aquí expresado. Sin embargo sostenemos que el mayor triunfo del socialismo ha sido el perpetrarse en la cultura. Quizá sea ella la expresión contemporánea de la superestructura marxista.

    Nos ha parecido interesante avanzar en esta investigación acerca de la evolución que tuvo el comunismo desde Marx, en un rápido recorrido por las formas que lo fueron adquiriendo, y como justificación de los argumentos presentados en párrafos anteriores.

    Veamos cómo fue su evolución y dónde habita en nuestros días.


    Parte II
    Muchas han sido las experiencias de las diferentes formas de socialismos, aunque todas ellas se distinguen por tener en común características que las convierten en un subtipo del mismo fenómeno. La cuestión que se plantea Mises en su libro El Socialismo, es que la discusión no debe pasar por cuál de ellas es la que más conviene, sino por la opción entre socialismo o economía de mercado. Creemos que hoy como en los años 40 cuando escribe estas reflexiones, la disyuntiva sigue siendo la misma. El desafío es identificar aquellos elementos esenciales del socialismo presentes en las variantes políticas y culturales del siglo XXI.
    Remontarse con seguridad a los orígenes del socialismo, nos ubica en la primer expresión que claramente adopta este nombre, el socialismo utópico, cuya fuerza tuvo poca adherencia por parte de sus seguidores.

    El socialismo utópico fue fuertemente envestido por estrictos razonamientos lógico científico. Será el razonamiento marxista el que retomará la posta en la defensa de ciertos elementos del socialismo, a través de tres argumentos principales:

    1. Por un lado, que no existe una lógica universal, sino que el pensamiento estaba determinado por la clase a la que pertenecen las personas y que quienes habían refutado el socialismo utópico pertenecían a la burguesía defensora de los intereses del capitalismo.

    2. El otro argumento se refiere a la inevitabilidad del socialismo, o que el final de la historia pasaría por la socialización de todos los medios de producción a través de la expropiación de los mismos.

    3. Y el último, era que, dado el segundo, la ciencia no debería intentar ningún razonamiento en contra.

    Nos gustaría detenernos unos instantes para reflexionar sobre los argumentos anteriores.

    Si bien estos fueron postulados planteados por el mismo Marx, el punto interesante aquí y que nos puede ayudar a comprender el tema acerca de que el socialismo hoy está vivo en muchas culturas del mundo, es ver cómo estos argumentos fueron aceptados y no discutidos en absoluto, por diferentes variantes socialistas que se postularon como las verdaderas vías para establecer el socialismo, y que si bien eran contrarias al marxismo como tal, no lo fueron frente a contenidos básicos del mismo. Esto permitió que estos principios penetraran y se instalaran en las estructuras políticas y en los partidos políticos que los sostenían.

    Mises señala en la obra que tratamos, “El Socialismo”, :

    “Pero si incluimos bajo el término “marxista” a todos los que han aceptado los principios básicos del marxismo, encontraremos muy pocos que no son marxistas en la Europa al este del Rhin, o incluso en el oeste y la gran cantidad que los sostienen en los Estados Unidos. […] Sostienen que su rama del Socialismo es la correcta y al mismo tiempo escrupulosamente respetan la prohibición de Marx de indagar sobre las instituciones de la economía socialista del futuro y tratan de interpretar el funcionamiento del presente sistema económico como un desarrollo que llevará al Socialismo de acuerdo con la inexorable demanda del proceso histórico”.3

    El punto que señala Mises en estas páginas, es que no sólo los que se declaraban marxistas sino los anti marxistas, pensaban dentro de las líneas perfiladas por aquellos. Este es el motivo por el cual al llegar al poder, lo que vislumbramos entonces y ahora, es una cultura plasmada en las múltiples propuestas políticas y sociales a lo largo del siglo XX y XXI.

    Pero ¿por qué esta adopción por parte de tantos de un ideario tan cuestionable? Si el comunismo cayó, ¿por qué sus múltiples expresiones y subtipos siguen tan presentes? Es que el ideario popular que proponía tuvo la inteligencia de tocar la íntima sensibilidad humana, aquellas cuestiones que movilizan nuestra primera rebeldía frente a lo que nos parece injusto. Propuestas casi religiosas como concretar el paraíso en la tierra llena de felicidad, dejando a un lado los razonamientos científicos que permiten reubicar y explicar de manera no emotiva sino con respuestas lógicas estas cuestiones. Como señala Mises: “El Marxismo […] se opone al reino de la Lógica y a la Ciencia y a la actividad de pensar ya que su principio más destacado es la prohibición de pensar de preguntarse”4

    Por ello para entender la naturaleza del socialismo, lejos de seguir el mandato por él dado acerca de no formular cuestionamientos sobre el mismo, dado el inevitable advenimiento del sistema, la propuesta es avanzar en esta dirección para evidenciar las contradicciones que este sistema nos propone, científicamente analizado. Sólo una profunda comprensión los problemas que plantea el socialismo, nos permitirá entender gran parte de la realidad de hoy, frente a la que seguimos formulando los mismos por qué. Pero este análisis inevitablemente debe ir de la mano de la ciencia, única que puede interpretar con seriedad la complejidad de los fenómenos sociales. Como señala Mises: “Las disertaciones sobre preguntas corrientes se pierden en detalles sin utilidad ya que están muy absorbidas en lo particular y pierden perspectivas sobre lo general y lo esencial”5


    Sobre el Intervencionismo
    Para muchos el intervencionismo ha sido, décadas a tras, un paso previo al socialismo; para otros que no se consideran socialistas, es y ha sido una tercera vía, una modalidad que busca rescatar lo mejor del capitalismo y del socialismo, evitando a través del poder del estado, los males que ambos sistemas producen en la sociedad.

    Señala Mises que en aquellas sociedades donde existe la propiedad privada de los medios de producción y donde existen algunos de ellos que están en manos del estado, sea a nivel nacional o municipal, este modelo sigue siendo una economía de tipo capitalista.

    Por otro lado han existido dos modelos para llegar al socialismo: el típicamente marxista que implica la absoluta estatización de todos los medios de producción y la completa burocratización de la vida económica a través de la administración central, y un segundo modelo, tradicionalmente conocido como el alemán y que de hecho es el que existió en la Alemania nazi; su diferencia con el anterior es que mantiene la apariencia de un sistema de empresas con sus dueños como propietarios y con los habituales mecanismos de mercado. Sin embargo, la empresarialidad como elemento esencial del libre mercado desaparece en este modelo, ya que es el estado el que le dice al empresario, qué producir, qué comprar y a qué precios vender o qué salarios pagar. El mercado financiero desaparece y el interés se convierte en un indicador cuantitativo más. Existen entes burocráticos que centralizan la actividad económica. Esta es otra expresión del socialismo, aunque su nombre adoptara la forma de nazismo.

    Conviene diferenciar el intervencionismo del socialismo, por el grado de interferencia: el primero no destruye al mercado como institución.6 La intervención tiene el objetivo de orientar la producción en determinadas direcciones que la autoridad política considera como apropiada desde cierta política o estrategia de gobierno pero esto no lo hace a través de una planificación total de la economía, sino que dentro de los lineamientos básicos que preservan la idea central del mercado. Lamentablemente todo este tipo de intervenciones de lo que debería ser una dinámica auto generada del capitalismo a través de la economía de mercado, ha generado como bien lo explica Mises, una inagotable sucesión de crisis económicas que son imputadas al capitalismo, en vez de entenderse como la consecuencia de los permanentes intentos por mejorar los resultados del capitalismo a través de medidas que presuponen que esto es posible. Desconocen tales políticas que la intervención en los mercados lleva a la larga a resultados contrarios a los buscados y que nos permiten hablar de las crisis del intervencionismo en vez de la las del capitalismo.

    Uno de los principales argumentos sobre los que se ha apoyado el intervencionismo para justificar la presencia del estado en la economía, es la conjunción de dos fenómenos: por un lado, las supuestas fallas del mercado tan pregonadas por una parte de la Ciencia Económica; por otro, el Estado de Bienestar producto de una doble fuente que lo justifica, la política y la económica.


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