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Crisis económica, la riqueza ficticia y los gastos militares 



Crisis económica, la riqueza ficticia y los gastos militares
POR REINALDO A. CARCANHOLO

Resumen:
La crisis que el sistema capitalista enfrenta en los últimos años ha encontrado diversas interpretaciones, desde las que derivan de la fe religiosa en el mercado hasta las que responden a la fe contraria en el poder absoluto de la intervención del Estado.

Este trabajo pretende abandonar cualquier fe religiosa y presentar, teórica y resumidamente, una interpretación científica que tenga como base la teoría dialéctica del valor. Cuales son los aspectos centrales de la teoría de Marx que permiten esa interpretación es una cuestión que también se trata aquí.

Sin duda, los conceptos dialécticos de capital ficticio y ganancias ficticias son de fundamental importancia para nuestro propósito. En otra oportunidad ya hemos mostrado que el capital ficticio, aunque pueda convertirse en capital sustantivo desde el punto de vista individual, no puede jamás hacerlo del punto de vista de la totalidad.

Nuestra interpretación supone que, a partir de fines de los años 70 parcelas significativas de ganancias reales, que normalmente deberían destinarse a inversión productiva, tuvieron como destino la especulación y, así, llegaron a tornarse capital ficticio. Cómo es posible teóricamente esa conversión, también es objeto de este trabajo. Un mecanismo significativo de esa conversión está constituido por los gastos militares. Esa cuestión es privilegiada aquí.


Interpretaciones de las más diversas circulan entre nosotros sobre la actual crisis económica, las que buscan contestar preguntas fundamentales como son, entre otras, su naturaleza, la duración e intensidad que la misma puede alcanzar en los próximos meses o años, qué consecuencias tendrá para el futuro de los países del tercer mundo, qué lo que pasará con la hegemonía política, militar y económica de los Estados Unidos de América, qué futuro está reservado para el capitalismo, para la sociedad y para la humanidad.

Dichas interpretaciones corresponden a una gran variedad de perspectivas ideológicas y políticas, desde la concepción neoclásica y la neoliberal, hasta las visiones que se presentan o se presentaban como las más críticas sobre el carácter especulativo de la actual etapa del sistema económico vigente en el mundo1. En verdad, hasta hace poco tiempo era incluso posible encontrar dificultades para diferenciar lo que eran las interpretaciones tributarias de la perspectiva keynesiana y las de orientación marxista.

La verdad es que la casi totalidad de las interpretaciones que circulan actualmente responden a un simples procedimiento “metodológico” que consiste en formular una determinada hipótesis explicativa, desde que más o menos coherente con la perspectiva del autor y, en seguida, encontrar argumentos racionales y elementos empíricos capaces de sostenerla. Es verdad que la variedad de hipótesis muy creativas y de elegante formulación no es pequeña y el éxito de una o de otra justamente está relacionada con la elegancia con la que es formulada y la retórica del autor. Algunas, incluso, pueden llegar a aportar elementos sugerentes para un análisis de tipo más científico.

Muchas veces dichas hipótesis se transforman en convicciones más o menos firmes, aunque mucho más sostenidas por la fe que resultado estructurado de una formulación con bases teóricas seguras. Ejemplo de convicción resultante de esa creencia casi religiosa es la postura de origen keynesiana de que la crisis fue el resultado de la ausencia de regulación estatal sobre el capital “financiero” y de que el Estado, con una política adecuada y bien estructurada, será capaz de solucionar los problemas y superar las contradicciones del funcionamiento del capitalismo dentro de un tiempo mayor o menor. Véase, por ejemplo, la afirmación que aparece entre los objetivos de la Associação Keynesiana Brasileira:

a 'mão invisível' do mercado não funciona adequadamente sem o complemento da mão visível do Estado. Em outras palavras, a intervenção do Estado, no sentido complementar os mercados privados, é imprescindível para criar um ambiente institucional favorável às decisões de gastos privados (consumo e investimento), impactando, assim, a demanda efetiva.”



Para esa particular interpretación, la fe ciega en la capacidad del Estado en solucionar las contradicciones del sistema es tan fuerte cuanto aquella que se encuentra justamente en posición diametralmente opuesta: la convicción religiosa de la perspectiva del neoliberalismo de que el mercado todo puede. Cada una de las dos comete pecado similar aunque opuesto: el fundamentalismo religioso de la creencia en una “mano” mágica, todo poderosa (o el mercado, o el Estado). No existe ningún motivo teórico, ninguna justificativa trascendental o metafísica suficientes para sostener cualquiera de esas convicciones que no sea un sentimiento religioso, una creencia que puede ser muy profunda o ni tanto. Cuando no es tan profunda, en ambos casos, el sistema posee mecanismos para hacer de sus patrocinadores voceros locuaces de la postura referida. ¡El dinero todo compra (o casi)! Incluso podríamos llegar a aceptar que la postura neoliberal posee algo más de elementos teóricos para sostener su posición.
Pero, no nos conformemos con las actitudes de fe y nos preguntemos como interpretar la crisis actual del sistema capitalista desde un punto des vista coherente con nuestra convicción filosófica y científica. ¿Cuales son los presupuestos teóricos para interpretar la presente crisis capitalista desde el punto de vista marxista?
Esa interpretación, en nuestra opinión, supone el uso adecuado de la teoría del valor, la comprensión de la dialéctica del concepto de capital ficticio y la consideración pertinente de la existencia de las ganancias ficticias2. Supone también identificar como la contradicción principal de la actual etapa capitalista especulativa la que existe entre la producción y la apropiación de la riqueza, o más especificamente del excedente-valor, y aceptar como relevante la ley de la tendencia a la baja de la tasa general de ganancia y que dicha ley puede se manifestar directamente o circunstancialmente como consecuencia de sus contratendencias. En particular, aquellas perspectivas que considera inconsistente a perspectiva de Marx sobre esa tendencia, o no lograron una comprensión adecuada de su teoría dialéctica del valor, muchas veces fijando su atención sobre el valor de uso y no en el valor (es el caso de Sweezy y Baran), o son tributarios, aunque no lo sepan, de una teoría del valor otra que normalmente es de origen ricardiana.
Partiendo de la base teórica marxista, la actual crisis económica mundial debe ser vista como resultado de se haber alcanzado el límite del proceso por intermedio del cual el capital obtenía parte de su rentabilidad de las ganancias ficticias. La crisis financiera que explotó en los Estados Unidos de América fue, en verdad, la manifestación aguda de un intento de solucionar un problema estructural del sistema capitalista. A partir del final de los años 60 se presentó una baja acentuada de la remuneración de los capitales en los principales países del mundo y el intento de superar ese problema consistió en una huída de gran parte del capital para la especulación:

Desde finales de los setenta, la acumulación real ha tenido un crecimiento mediocre y precario, pero el sector financiero ha crecido extraordinariamente en términos de empleo, beneficios y tamaño de las instituciones y los mercados”3

Para nuestra interpretación, la crisis financiera de los dos últimos años marca, en verdad, el inicio del proceso de colapso de la fase especulativa y parasitaria del capitalismo iniciada hace algo más de treinta anos. En esa etapa, el sistema se sostuvo sobre la base de una elevación de explotación de los trabajadores de todo el mundo, complementado por una masa creciente de ganancias ficticias, además de su expansión para nuevas áreas de operación (exURSS), China). Ese tipo de ganancias no tiene origen en la plusvalía producida por trabajadores asalariados ni tan poco en el excedente-valor resultado del trabajo de amplias masas de trabajadores no salariales de todo el mundo4.
Lo que ocurre con el sistema es que la solución de las dificultades del nivel de rentabilidad del capital por intermedio del crecimiento de las ganancias ficticias presenta la consecuencia de intensificar la contradicción para los periodos inmediatamente siguientes, presentándose como si fuera una bola de nieve. Las ganancias ficticias, mecanismo de solución del problema en este año, eleva la masa de capital ficticio para el año siguiente. En algún momento el mecanismo no se sostiene y se inicia la crisis. La forma como ella es desencadenada depende de muchas circunstancias concretas. En nuestro caso concreto ella se inició con el surgimiento de una crisis financiera en el sector inmobiliario norteamericano a partir de 2007.
De esa manera, la interpretación de la actual crisis supone un tratamiento adecuado de los conceptos de capital ficticio y de ganancias ficticias, una comprensión más adecuada de la dialéctica de esos conceptos. Algunos estudios recientes los han abordado, y lo hacen de una manera más explícita o más implícita, más pertinentes o menos.

Ya hemos tenido la oportunidad de mostrar que el capital ficticio no puede jamás, del punto de vista global, transformarse en capital sustantivo, aunque esa transformación pueda ocurrir para cada capital individual5. En ese caso, la conversión en un sentido, por parte de un agente, implica simultáneamente en la conversión en sentido contrario por parte de otro, de manera que no se reduce la magnitud total de ese tipo de capital.


Sin embargo, ¿es posible la conversión inversa? En otras palabras, ¿se puede observar, en el funcionamiento concreto del capitalismo, la conversión del capital sustantivo en capital ficticio? Mejor aún: ¿es posible la conversión de riqueza real (valor realmente producido) en ficticia, en capital ficticio? ¿Posee o ha poseído esa conversión algún significado relevante en el periodo de mantenimiento de la etapa especulativa y parasitaria del capitalismo?
El objetivo de los siguientes párrafos es justamente analizar esa posibilidad en lo que se refiere por lo menos a los gastos militares que implican elevación de la deuda pública. Obviamente que esa cuestión presenta gran significado para nuestra interpretación sobre la crisis, supone la huída del capital de las inversiones sustantivas para la especulación, como resultado de la mencionada tendencia a la baja de la tasa general de ganancia.
Entonces, mostraremos a seguir como los gastos militares (e estamos pensando particularmente en los gastos de los Estados Unidos), financiados pelo incremento de la deuda pública, constituyen importante mecanismo de conversión de riqueza (o capital) sustantiva en ficticia, en capital ficticio.

Sobre la conversión de capital sustantivo en ficticio

Inicialmente recordemos por un momento que la composición del valor de una determinada mercancía, al salir de la producción, se divide en tres partes: capital constante, capital variable y plusvalía:

w = c + v + p

Así, cualquiera mercancía posee esa composición interna. Sin embargo, si pensamos en el destino final de las mercancías, un conjunto de ellas será destinado a reponer el capital constante consumido en el periodo anterior, otro conjunto atenderá las necesidades de supervivencia de los trabajadores y finalmente el último grupo constituye lo que se conoce como excedente producido y que corresponde a la plusvalía o plustrabajo. Este último conjunto se destinará entre otras cosas a las nuevas inversiones.

De esa manera, aunque cada mercancía de ese último conjunto posea valor formado por los tres mencionados elementos (capital constante, variable y plusvalía), hace parte, en verdad, del volumen “físico”6 producido como excedente, como plustrabajo; se destina a los usos del excedente.

¿Cuales son los destinos del excedente?


El excedente económico corresponde no solamente a la plusvalía producida, pero se debe adicionar a ella el excedente-valor producido por el trabajo productivo no salarial. Su destino está constituido por el consumo de los trabajadores improductivos, por los falsos costos, por el consumo no solamente suntuarios de los que reciben rentas, ganancias, dividendos, interés etc., por la inversión sustantiva (sea productiva o comercial), todo eso en lo que se refiere al sector privado e, adicionalmente, por impuestos, tasas (excepto aquellas que constituyen la contraparte de servicios productivos ofrecidos por el sector público) y contribuciones pagadas al sector público.
En este momento es indispensable insistir en que el sector público también realiza actividades productivas, lo que resulta también en determinado volumen de excedente económico producido que se suma al del sector privado.
Veamos ahora la cuestión de los gastos militares.

Tanto los gastos suntuarios como los militares se refieren a los bienes y servicios contenidos en el excedente real y son “pagados” con la plusvalía (adicionada, obviamente, por el excedente-valor producido por el trabajo no salarial).

Para muchos, el trabajo de producción de materiales para los gastos militares no debería ser considerado trabajo productivo, dentro de una perspectiva de la teoría marxista del valor y eso por una razón significativa: su resultado no tiene como consecuencia ni un mayor consumo de los que reciben rendimientos del capital y ni tampoco la posibilidad de se destinar a la acumulación, es decir, elevar la inversión posterior.
Si esa perspectiva fuera correcta, tendríamos que aceptar que una parte del trabajo del sector I de la economía (medios de producción), aquella parte que produce los insumos necesarios para la producción de guerra (siderurgia, metalurgia, combustibles, petroquímicos, construcción civil y muchos otros), todo ese trabajo seria también improductivo. De la misma manera, parte del trabajo del sector II (bienes de consumo de los trabajadores) y también parte de aquél destinado a la producción de sus insumos, debería ser considerado improductivo (sea el trabajo agrícola o industrial). Los que producen los alimentos, la vestimenta, toda la educación y la salud, destinados al consumo de los efectivos militares y a los que producen en el sector II para los gastos militares, deberían también ser incluidos entre los trabajadores improductivos. Más absurdo aún: todo el trabajo que se destina a producción directa o indirecta para trabajadores improductivos sería, dentro de esa visión, improductivo.
Ya tuvimos la oportunidad de mostrar que la consideración de productivo o improductivo para el trabajo, en la sociedad capitalista, no debe relacionarse con el destino del producto de ese trabajo. La perspectiva correcta no es preguntarse si el producto se destina al consumo suntuario o a la acumulación, pero verificar si efectivamente el trabajo, independiente de su contenido material, produce valor y plusvalía (sea ella apropiada directamente o indirectamente)7.

Observemos ahora o esquema de reproducción de tres sectores abajo presentado. No es necesario especificar la notación utilizada por ser más que suficientemente conocida:



C1

+

V1

+

P1

=

W1

C2

+

V2

+

P2

=

W2

C3

+

V3

+

P3

=

W3

CT

+

VT

+

PT

=

WT

Consideremos en este momento el asunto de un punto de vista más concreto que el análisis realizado por Marx, de manera que las ganancias totales no se identifiquen con la plusvalía total. Así, la remuneración total del capital será igual a:

LT = PT + Exv + VsEx – I – Gip

Donde:


LT = ganancias totales (remuneración total del capital)

PT = Plusvalía total producida

Exv= Excedente valor producido bajo relaciones no salariares y apropiado pelo capital

VsEx = resultado de la superexplotación

I = Impuestos

Gip= Gastos improductivos

Para simplificar, llamemos la suma de las adiciones y de las deducciones a la plusvalía que terminan constituyendo la remuneración total del capital de A\D y, entonces los

LT = PT + A\D


Incluyamos ahora un sector específico de producción de equipamientos y bienes directamente destinados a los gastos militares (sector IV):


C1

+

V1

+

P1

=

W1

C2

+

V2

+

P2

=

W2

C3

+

V3

+

P3

=

W3

C4

+

V4

+

P4

=

W4

CT

+

VT

+

PT

=

WT


La producción de medios de producción destinados al sector IV continúa en su respectivo sector y no en el IV. El personal militar está constituido por trabajadores improductivos y consumen productos del sector III que, también, en la medida en que producen para el sector militar, recibe productos tanto del sector I como del II.

Así, en nuestra interpretación, el sector IV que produce directamente para los gastos militares produce valor y plusvalía. Lo mismo ocurre con los tres otros sectores, aun en la parte que indirectamente producen para los gastos militares. De esa manera, el valor total producido por la economía es igual a WT y la plusvalía total es PT.

Claro que para que lleguemos al volumen total de la remuneración del capital, como ya mencionamos, debemos retirar los gastos improductivos y eso tanto del sector privado como del público, financiado este último por los impuestos. Así, suponiendo que los gastos militares son todos del Estado y financiados con impuestos, de la plusvalía total sumada a sus adiciones, debemos retirar, entre otras cosas, el valor total producido por el sector IV para llegar a la ganancia total o la remuneración total del capital.

De esa manera, la idea es que el sector IV produce valor, produce plusvalía, pero ellos son destinados a una utilización improductiva, desaparecen con el uso militar e, por eso, no serán apropiados por el capital en la forma de ganancia.

Insistamos en algo importante. No es solamente la plusvalía del sector IV que constituye una deducción de la plusvalía total para llegar a convertirse en ganancia capitalista. Es el valor total producido por él. Más que eso, también los gastos con la remuneración del personal militar deben ser retirados. Eso significa que no solamente la plusvalía, pero todo el valor total producido cuando de la producción de los bienes de consumo de ese personal, además del valor total de los demás gastos militares, todo ese valor constituye deducción de la ganancia capitalista.

Así, la riqueza capitalista neta producida (o valor nuevo) es:


  1. consumida (por lo tanto destruida) por los trabajadores (reproduciendo la fuerza de trabajo de propiedad del capital).

  2. destinada a los gastos improductivos del Estado (por lo tanto destruida), incluyéndose los gastos militares tanto con materiales como con las remuneraciones del personal,

  3. destinada a los gastos improductivos privados (incluyéndose los salarios de los trabajadores improductivos)

  4. destinada a los gastos incluyendo especialmente los suntuarios de la burguesía,

  5. sólo entonces el valor que resta constituirá incremento del patrimonio y/o del capital de la burguesía.

Es verdad que la plusvalía total producida, si consideramos los gastos militares, debe ser mayor que antes de esos gastos. Sin embargo, una cosa es cierta, el volumen total de la plusvalía producida por el capital deberá sufrir una reducción por los impuestos necesarios para esos gastos. Por un lado, la industria militar produce plusvalía que se suma al excedente producido, pero este es reducido (a la hora de saber cuanto será la apropiación del capital) por un valor mayor, el valor total resultado de la producción de la industria militar destinada a los gastos del Estado.


Podemos decir que hay cierta similitud, para la burguesía, entre los gastos suntuarios y los gastos militares. Mientras aquéllos atienden al disfrute, estos últimos atienden sus necesidades de seguridad y poder. Aquéllos son financiados con parte de la plusvalía que producen, éstos también. Ambos constituyen deducciones de aquello que les queda para el aumento de su patrimonio y/o de su capital.
Sin embargo, atención para algo más que significativo. Hasta este momento nuestro análisis consideraba que los gastos militares del Estado se hacían con base en presupuesto originado de impuestos cobrados del sector privado. La cosa es totalmente distinta si los gastos militares son financiados no con impuestos, pero con elevación de la deuda pública y la consecuente emisión de títulos de la deuda pública por parte del gobierno. En ese caso, los gastos militares que atienden las necesidades de seguridad y poder del capital, no van aparecer como reducción de la plusvalía producida y destinada a la apropiación por parte del capital. Incluso la plusvalía producida en el sector militar, que incrementa la plusvalía total producida en el sistema, va a estar disponible para apropiación como ganancia. Las empresas que operan en el sector militar van a contabilizar sus excedentes como verdadera ganancia y eso es real: se trata de ganancia real del punto de vista de esos capitales y del punto de vista del mercado. Aún más, la ganancia de esas empresas no encontrará contraparte de impuestos que reduzcan la apropiación de ganancia de otras empresas del sistema. ¿Cómo entender esa mágica?
La mágica está en que los títulos públicos creados por los gastos militares no financiados por impuestos constituyen capital ficticio, y capital ficticio del tipo 28.
La mágica consiste en crear, como contraparte de la destrucción de valor por parte de las actividades militares, deuda pública e, con eso, lo que aparece como ganancia es en verdad ganancia ficticia del punto de vista de la totalidad de la economía y aquello que aparece como capital adicional es capital ficticio, constituido por los títulos públicos emitidos.
Los títulos públicos que financian los gastos militares son vendidos para el público. No en su totalidad por lo menos, y obviamente, para las empresas productoras de materiales militares. Incluso una parte de esos títulos son vendidos para no capitalistas, particulares o fondos de distintos tipos. Las empresas que producen bienes militares son titulares de capital real y no ficticio, de todo punto de vista, pero sólo son reales por que riqueza real en las manos del público (personas o empresas) se convierte en riqueza ficticia.
Esa riqueza ficticia creada anualmente, igual al incremento de la deuda pública destinada a los gastos militares, y que en el caso norteamericano asume proporciones gigantescas, aparece como forma de existencia del patrimonio del público. Cuando de propiedad de una empresa, como verdadero capital; como simple patrimonio de asalariados, cuando ellos se tornan propietarios de títulos de fondos de pensión o fondos de inversión. Y atención, la parte del incremento de la deuda pública correspondiente a la plusvalía producida por el sector IV (militar) se presenta como si fuera un verdadero incremento de la riqueza social, pero no es sino riqueza ficticia.
El capital ficticio creado como consecuencia de los gastos militares tiene característica totalmente distinta de aquel que tiene como origen el incremento de la deuda pública en razón del pago de interés de deuda anterior, deuda esa que el Estado no logra pagar por insuficiente superávit primario. Aquél capital ficticio tiene origen en una riqueza real producida y que fue destruida posteriormente. Es un capital ficticio diferente, pero ficticio de todas maneras. Nace de una plusvalía realmente existente y que podría convertirse en capital real pero que se transforma en ficticio debido al destino militar. Lo que podría ser capital real se convierte en capital ficticio.
Insistamos aquí en un aspecto: los gastos con las remuneraciones de los militares, de la misma manera que las demás remuneraciones de trabajadores improductivos, sean del sector privado o público, constituyen deducciones de la ganancia de los capitales. Sin embargo, todo el valor producido por el sector I, II o III y que es consumido directa o indirectamente por los militares y que sean financiados con aumento de la deuda pública se convierte de riqueza real en riqueza ficticia, de capital sustantivo potencial en capital ficticio.

Como en nuestra interpretación de la etapa especulativa y parasitaria do capitalismo y en nuestra caracterización de la actual crisis juega un papel central el capital ficticio, la política norteamericana de elevadísimos gastos militares financiados por incremento de la deuda pública no puede ser menospreciada.




 Trabajo presentado también en el Coloquio de la SEPLA – 2009, São Paulo – Brasil.

1 Para más detalles sobre nuestra visión de la actual etapa capitalista, caracterizada como especulativa e parasitaria, cf. Carcanholo, R. A.; Nakatani, P. Capital especulativo parasitario versus capital financiero. Revista Problemas del Desarrollo, Ciudad de México, v. 32, n. 124, p. 09-31, 2001. In: http://rcarcanholo.sites.uol.com.br/Textos/RevProbDes.

2 Sobre el tema, cf. Carcanholo, R. A.; Sabadini, M. S. Capital ficticio y ganancias ficticias. Herramienta (Buenos Aires), v. 37, p. 59-79, 2008. In: http://rcarcanholo.sites.uol.com.br/temasMarx.html

3 Lapavitsas, Costas. El capitalismo financiarizado. Expansión y crisis. Madrid, Maia Ediciones, 2009. p. 34

4 Consideramos como trabajo productivo una amplitud mucho más grande que la que es aceptada por otros autores. Cf. Carcanholo, R.A. A categoria marxista de trabalho produtivo. In: XII Encontro Nacional de Economia Política, 2007, São Paulo. Anais do .... São Paulo : SEP, 2007. In: http://rcarcanholo.sites.uol.com.br/temasMarx.html

5 Carcanholo & Sabadini (2008).

6 En verdad la riqueza y el excedente capitalistas no están formados solamente por bienes materiales. Debe ser incluida en ellos la amplísima variedad de las mercancías-servicios existentes.

7 Carcanholo (2007).

8 Cf. Carcanholo & Sabadini (2008)


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