• Tabla de contenidos Presentación Introducción
  • La reducción y fragmentación del tiempo de trabajo y la des-institucionalización del curso de vida. A modo de cierre: biografías complejas e inciertas
  • Las instituciones consideradas clave para modelar el curso de la vida.
  • Una sociedad industrial cuya organización temporal se modifica.
  • La reducción y fragmentación del tiempo de trabajo y la des-institucionalización del curso de vida.
  • A modo de cierre: biografías complejas e inciertas

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    Clase 2: El estudio sociológico de las generaciones


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    Clase 2: El estudio sociológico de las generaciones

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    Sitio:

    FLACSO

    Curso:

    Jóvenes, educación y trabajo. Nuevas tendencias y desafíos

    Clase:

    Clase 2: El estudio sociológico de las generaciones

    Impreso por:

    María Inés Pacenza

    Fecha:

    miércoles, 19 de agosto de 2009, 15:05

    Tabla de contenidos

    • Presentación

    • Introducción

    • Las instituciones consideradas clave para modelar el curso de la vida.

    • Una sociedad industrial cuya organización temporal se modifica.

    • La reducción y fragmentación del tiempo de trabajo y la des-institucionalización del curso de vida.

    • A modo de cierre: biografías complejas e inciertas

    • Bibliografía citada

    • Bibliografía

    • Películas recomendadas

    Presentación

    El objetivo general del primer módulo es abordar el estudio de las transformaciones en la condición juvenil.  En esta dirección es clave -a nivel analítico- la contraposición entre las características centrales del modelo hegemónico durante la segunda posguerra y los rasgos preponderantes del modelo societal contemporáneo. El modulo está compuesto por cuatro clases, a lo largo de las cuales se abordan distintos aspectos relacionados con las transformaciones en la organización temporal del ciclo de vida, las transiciones hacia la adultez, la identidad.

    En este caso, Maria Julieta Oddone presenta un análisis sobre la transformación en la organización del ciclo de vida en las sociedades contemporáneas. Su argumentación sostiene que en el período de posguerra el ciclo vital se había estructurado a partir del modelo tri-etápico, en donde el empleo asalariado obtenía un lugar central. En esta dirección, y en directa vinculación con el ciclo de vida activo, la organización se estructuraba en tres períodos temporales sucesivos, cuyas funciones estaban claramente diferenciadas: formación, trabajo, jubilación (niñez, adultez, vejez), quedando sus divisiones cronológicas claramente definidas.

    A lo largo de la clase, la autora sostiene que las transformaciones del modelo industrial – salarial de finales del siglo veinte han implicado fuertes cambios en la organización del curso de vida. En dirección a la des-institucionalización, des-cronologización e individuación de las trayectorias vitales.  

    Es interesante advertir que la Dra. Oddone tiene una amplia trayectoria en estudios sobre adultos mayores, es decir en el área de la gerontología.  Y que la hemos convocado de manera de ampliar los debates sobre la nueva organización del ciclo vital y su relación con los cambios societales en términos amplios.  Razón por la cual, entre sus reflexiones se encontrarán referencias sobre textos que recorrerán el conjunto de la cursada y que han sido agrupados en la bibliografía general.



    Introducción

    Maria Julieta Oddone

    Muchos cientistas sociales coinciden en afirmar que el ciclo de vida tripartito de la sociedad industrial experimenta profundas transformaciones y que las trayectorias biográficas de los individuos ya no siguen la división en tres etapas (sucesivas, muy distintas entre sí y ordenadas) de la vida, que caracterizaba a la sociedad “de la postguerra”. Estas trayectorias son ahora más complejas y la literatura existente sobre esta cuestión muestra diferencias en las interpretaciones de los cambios en curso.

    Algunos autores, como es el caso de Beck, hablan de una creciente “des-estandarización” del trayecto de las edades, que acompaña la des-estandarización del trabajo y la generalización de la inseguridad profesional. Heinz, por su parte, cuando se esfuerza por hacer un balance de los análisis comparativos sobre las reestructuraciones actuales del transcurso de la vida, advierte la aparición de un trayecto cada vez más aleatorio e imprevisible. Prosigue su análisis precisando que este carácter “contingente” del curso de vida se debe principalmente a las secuencias desordenadas de empleo y de desempleo que se alternan a partir de ahora en los trayectos profesionales. Señala que los calendarios y la sucesión de las secuencias surgen de las políticas de reestructuraciones industriales y de las instituciones de protección social que se hallan presentes en cada país.

    M. Castells, en su análisis de la sociedad en redes, arriba a conclusiones bastante similares a propósito de las temporalidades sociales y del ciclo de vida. Establece que el espacio de los flujos disuelve el tiempo al romper el orden de desarrollo de los acontecimientos, volviéndolos simultáneos. Según él, la disolución del ciclo de vida tripartito y la arritmia social son los elementos que caracterizan de aquí en adelante al trayecto de las edades. También M.Bessin al interesarse en los reacomodamientos actuales de los tiempos sociales y en las consecuencias que acarrean sobre la organización del curso de la vida, constata  una “des-institucionalización” de su organización tripartita. Según él, la nueva flexibilización temporal habría engendrado, más que una multiplicación de las edades de la vida, una confusión –ebullición- de las edades y una nivelación de los umbrales de edad. El trayecto de las edades ya no es más, como lo era en el modelo tripartito, lineal, irreversible, funcionalmente segmentado en etapas marcadas por el predominio de un tiempo social y caracterizado en consecuencia por la monocronía. A partir de ahora, es posible observar un nuevo entrelazamiento de  los tiempos sociales producido, en gran medida, por la evolución de las esferas profesionales y familiares.  El tiempo cronológico de la “edad adulta en el trabajo” ya no juega más el rol central que tenía en el modelo tripartito. En consecuencia, se impone una “policronía”, acompañada inevitablemente por una des-sincronización de los calendarios biográficos. A partir de ese hecho, el tiempo social dominante ya no puede reducirse sólo al registro del Cronos. M. Bessin propone el nuevo paradigma del Kairos, con el fin de pensar una temporalidad en la que la regulación a través de las normas retroceda a favor del actor, que será quien elige el momento favorable para realizar su acción.

    Los aportes de las investigaciones sobre el trayecto de vida, radican en que tratan las interacciones entre un análisis microsocial de las trayectorias biográficas individuales y uno macrosocial ligado a la forma en que la institución del ciclo de vida estructura los trayectos individuales. De esta manera, tiende un puente entre las instituciones de base de la sociedad y las vidas individuales.

    En tanto institución, el trayecto de vida es un modelo de desarrollo de  la vida, que comprende sistemas de reglas y de normas que tienen una función de socialización y de regulación. Ordena el movimiento de los individuos a lo largo de la vida siguiendo secuencias de posiciones que confieren status y roles. Tiene también una función simbólica, ya que fija las temporalidades y los horizontes con respecto a los cuales se desarrollan las acciones. En consecuencia, cuando nos referimos a una “des-institucionalización” del trayecto de vida, tratamos los cambios acaecidos en el marco normativo de las biografías. De la misma manera, es a ese nivel que opera una nivelación progresiva de los umbrales y una confusión de las edades.

    Por el contrario, al nivel de las trayectorias de vida que los individuos efectivamente transitan, las transformaciones observadas corresponden a una “des-estandarización” de los trayectos individuales. Asistimos entonces a una diversificación  de las biografías, que se vuelven más inciertas y aleatorias a medida que se diluye el marco normativo del trayecto de las edades. La inscripción del individuo en secuencias ordenadas de posiciones ya no es tan marcada. Como contrapartida, el individuo dispone de un margen de elección más amplio. Siguiendo lo enunciado por Beck, los trayectos biográficos se vuelven “auto-reflexivos” (Beck, 2001). Aquello que era el resultado de un “formateo” social, se vuelve objeto de una elaboración personal. Todos los analistas coinciden en subrayar ese cambio: el aumento del dominio individual sobre el tiempo, que conduce a trayectorias biográficas cada vez más negociadas y en consecuencia, más diversas.



    Las instituciones consideradas clave para modelar el curso de la vida.

    Los estudios sobre el trayecto de las edades establecieron las fuertes interacciones que existen entre las instituciones de políticas sociales y la organización social del desarrollo de la vida. Se demostró que el advenimiento de los sistemas de protección social había constituido un poderoso elemento de institucionalización de un ciclo de vida tripartita. De esta manera, las leyes sobre el trabajo infantil primero y sobre la edad de jubilación después, o aquéllas sobre la escolaridad obligatoria para los jóvenes, desempeñaron un rol clave en la construcción de una organización tripartita, propia de la sociedad industrial, del curso de vida.

    El estado de bienestar, a través de sus derechos sociales universales y sus reglas formales, formuladas especialmente en términos de edad cronológica, condujo a una estandarización de los acontecimientos de la vida y a una institucionalización del trayecto de las edades.  Una de sus mayores contribuciones fue, ciertamente, distribuir las funciones y las actividades sociales entre esas tres esferas principales de la vida que son la Escuela, la Familia y el Trabajo, y, en consecuencia, asegurarse de que estuvieran perfectamente delimitadas. Así, todos los elementos constitutivos de la institución tripartita del trayecto de vida se establecieron  progresivamente  a través de su funcionamiento: la cantidad de etapas de edad sucesivas, su contenido social, el calendario de las  transiciones de una edad a la otra, la naturaleza de esas transiciones y los hitos que marcan el umbral de cada una de ellas, y, por último, las formas de solidaridad o de competencia que ligan entre sí a las edades.

    Al nivel de las trayectorias de vida, sistemas de protección social desempeñaron también una función central al autorizar el advenimiento de trayectos biográficos individualizados y legibles a largo plazo, tal como lo señalan Mayer y Schoepflin (1989): “Con el Estado-Benefactor, el transcurso continuo de la vida se transforma en una serie de etapas, cada una de las cuales tiene una definición formal estricta (...) la periodización del curso de la vida y la multiplicación de las divisiones entre las edades, realizadas por los sistemas de seguridad social, se organizan en un modelo biográfico de existencia.


    Una sociedad industrial cuya organización temporal se modifica.

    En cada modelo de sociedad se asocian estrechamente formas de empleo, contenidos de protección social y un modo particular de organización del curso de la vida, que configura las relaciones que pueden tener los individuos con respecto al tiempo y al porvenir. Robert Castel (1997) estableció claramente, en el plano socio-histórico, la asociación entre un status de actividad -el salario- y un sistemas de protección social contra los riesgos. Esta asociación caracteriza a la sociedad industrial, “salarial”. Como lo señalaron con claridad los aportes de la sociología del trayecto de las edades y de la estratificación por edad (Riley et al., 1972), el ritmo tripartito de organización de las edades constituye el tercer elemento fundamental necesario para aprehender ese modelo.

    La organización específica entre las esferas del trabajo,  de la protección social y del trayecto de vida ha constituido un sistema y ha conferido a la sociedad industrial su  propia temporalidad.  Es esta configuración específica la que se desarticula hoy en día y lleva a una des-concordancia de los tiempos y a una nueva flexibilidad temporal del curso de la vida. Antes de intentar hacer inteligibles las recomposiciones que actualmente se llevan a cabo sobre los tiempos de vida, examinemos el régimen temporal de la sociedad industrial.

    El tiempo industrial es lineal, segmentado y mono-crono. Se basa en una oposición binaria entre un polo dominante, el del tiempo de trabajo, cronométrico y pasible de ser medido, y el polo del tiempo de la inactividad, definido como el reverso del trabajo. El tiempo del trabajo, etapa central del desarrollo de la vida, se transforma en el tiempo pivote sobre la base del cual se agregan todas las otras temporalidades sociales. Sin duda, la relación social de subordinación contribuye al triunfo de ese tiempo de trabajo, que impone su tiempo cuantitativo lineal y divisible al conjunto del curso de vida.

    Las instituciones extensivas de protección social contra los riesgos, que constituyen el exacto complemento de la subordinación del status salarial, y que se desarrollan a la par de él, van a reemplazar y sistematizar el carácter cronológico y segmentado del trayecto impulsado por la esfera del trabajo. Su aparición y su reforzamiento van a dar nacimiento a la institución tripartita del curso de vida, con sus tres edades sucesivas de vida, cuyas funciones están bien diferenciadas –formación, trabajo, jubilación- y sus divisiones cronológicas claramente delimitadas. A partir de ese momento, la edad se impone como marcador cronológico del curso irreversible de la vida. Brinda un ritmo acompasado a las etapas estables de las biografías individuales y señala el paso de una etapa a la otra. Esta cronologización de los cursos de vida se amplifica aún más a raíz de las políticas públicas, que funcionan como una “policía de las edades”, dándole los toques finales al edificio normativo que enmarca a las trayectorias.

    La predominancia del tiempo de trabajo sobre los otros tiempos de la vida muestra la sincronización de los calendarios biográficos alrededor del calendario profesional. La entrada a la vida y a la edad adulta significaba simultáneamente, para el hombre, el acceso estable al mercado de trabajo y a la formación de una familia con el matrimonio, seguido casi inmediatamente por la llegada de los primeros hijos. Conviene destacar que este modelo tripartito del curso de vida sólo fue un estándar para los hombres, considerados  como jefes de familia y proveedores.

    Las mujeres, que durante mucho tiempo estuvieron al margen del trabajo asalariado, conocen una temporalidad diferente, orientada hacia la esfera doméstica y las actividades relacionadas con el cuidado. Su participación en la esfera del trabajo era sólo una contribución. A pesar de ello, el tiempo dominante, cronológico y tripartito, las afectaba indirectamente, en especial a través de las instituciones de protección social, a las que tenían derecho indirectamente gracias a los derechos sociales acumulados por el varón asalariado. La entrada de las mujeres en el mercado de trabajo cuestiona el modelo femenino tradicional de trayectos de edades, el cual, aunque seguía sometido al ritmo tripartito estándar, conservaba una flexibilidad temporal mayor que la del modelo masculino. Las mutaciones que están en curso actualmente deberían hacer que los esquemas de desarrollo de la vida, según el sexo, fueran más parecidos entre sí,  ya que la flexibilidad y la policronía se imponen a partir de ahora tanto a los hombres como a las mujeres.

    En la actualidad, la organización característica de la sociedad industrial, basada en la esfera del trabajo, de la protección social, y del trayecto de vida, se desarticula. Aparecen, en consecuencia, tanto una nueva flexibilidad temporal como una des-concordancia de los tiempos de la vida. Esta evolución se advierte principalmente en los tiempos del trabajo, ligados al retroceso del sistema fordista de producción y al surgimiento de una sociedad de la información, de las redes, y del conocimiento.  En primer lugar, la carrera se ha fragmentado, la vida en el trabajo y el trayecto profesional son cada vez menos unidimensionales y continuos. Como corolario, el tiempo de trabajo está menos concentrado, es más discontinuo, y la vida activa se ve interrumpida por períodos de formación y de inactividad. Asistimos a una redistribución de los estados de actividad e inactividad a lo largo de la existencia y a su combinación compleja en un número creciente de estados que se alternan a lo largo de ella, sin transiciones marcadas. Se puede discernir un nuevo entramado  de los tiempos sociales.

    En segundo lugar, la arquitectura de la protección social, fuertemente basada en una distribución tripartita de las edades y de los tiempos sociales a lo largo del ciclo de vida, está quebrantada. Se ponen en marcha nuevos programas sociales intermedios, a menudo ad hoc, para responder a las dificultades de empleo y a las nuevas formas de precariedad que aparecen (en particular, múltiples programas de inserción social y profesional de los jóvenes, diversos tipos de jubilación anticipada, contratos de reinserción laboral...). La característica de estos programas es que abren la puerta a derechos que ya no se encuentran tan directamente condicionados por la actividad profesional y que a menudo están al margen del régimen general de protección social. Modifican profundamente la naturaleza de los derechos sociales abiertos y los fundamentos de la protección social, como hemos podido observar en el caso del cese anticipado de actividad. En ciertas oportunidades, cuestionan el vínculo que, en el status salarial, unía al empleo con la protección social.

    Por último, la organización tripartita del ciclo de vida, en la que los tiempos sociales sucesivos encajaban como piezas ajustadas en un trayecto ordenado y previsible, se descompone. Todo aquello que formaba parte de sus características propias: jerarquización, cronologización, estandarización y temporalización, se deshace. Estas conmociones desembocan en dos consecuencias críticas.  En primer lugar, se produce una crisis de la normatividad. El marco normativo del trayecto de las edades pierde pertinencia. Se observa una des-institucionalización del curso de la vida. Las regulaciones de los sistemas de protección social continúan operando según los principios que consideran que las trayectorias son lineales y que las edades están compartimentadas. Aún cuando los itinerarios de vida se han des-estandarizado, continúan apoyándose en categorías uniformes y universales como la edad. Estos desfasajes entre normas antiguas y nuevas realidades generan incertidumbres, pero también provocan fallas en la cobertura de los riesgos sociales y en la equidad de los mecanismos de distribución.  Sin embargo, este desvanecimiento del marco normativo tiene una contrapartida positiva para los individuos: un nuevo potencial de soberanía sobre el tiempo. Más, hace falta que estén dadas las condiciones necesarias para que éstos puedan ejercerla.

    En segundo lugar, aparece una crisis de las anticipaciones (crisis de previsibilidad). Ésta proviene principalmente de la des-temporalización del trayecto de las edades, y de sus consecuencias sobre  la imprevisibilidad y la inestabilidad de las nuevas trayectorias de vida. Los referentes temporales se diluyen y las etapas se mezclan. Esta dificultad para anticiparse tiene serias consecuencias en los sistemas de protección social en vigor. La dimensión temporal es, en efecto, particularmente importante en lo que respecta a estos sistemas, que exigen una capacidad de anticiparse a los riesgos que sea anterior al momento en que la sociedad se haga cargo de ellos (Lautmann, 1996). Una parte esencial de la legitimidad de estos sistemas radica en que resulte evidente la existencia de un horizonte a largo plazo para todos los actores,  justo en el momento  en que este horizonte se hace más pequeño a medida que crecen las incertidumbres ligadas a la trayectoria. Esta crisis de las anticipaciones desemboca por ende en una crisis de legitimidad de los Estados de Bienestar.



    La reducción y fragmentación del tiempo de trabajo y la des-institucionalización del curso de vida.

    Se observa, una reducción cuantitativa del tiempo de trabajo. Sin embargo, la verdadera revolución de las temporalidades radica, sobre todo, en la fragmentación y la individualización de ese tiempo. Estos rasgos marcan  el fin del homogéneo régimen fordista del tiempo. Desembocan en el crecimiento de una des-concordancia y de una diversificación de los regímenes de temporalidades.  El tiempo de trabajo no solamente ha experimentado transformaciones cuantitativas. No solamente se ha reducido y concentrado en un período más corto de la existencia. Ha cambiado de naturaleza, se ha fragmentado e individualizado.

    Existe una mayor diversificación de los tiempos y de los horarios de trabajo entre los diferentes países, así como una creciente diferenciación de la duración del tiempo de trabajo en el seno de cada uno de ellos. Esta fragmentación del tiempo de trabajo debe ser comprendida en función de la disolución del modelo industrial de producción, y del régimen de temporalidad al que éste daba lugar. Asistimos a la desintegración de su forma de trabajo, basada en una relación asalariada de subordinación duradera y estable, en un empleo de tiempo completo, en tareas precisas a realizar, en un plan de carrera pensado para toda la vida. Se cuestiona el principio mismo de una temporalidad normal y de un tiempo homogéneo. Esta desaparición de la norma homogénea puede observarse en múltiples ocasiones.

    Las disciplinas colectivas del tiempo de trabajo y sus normas homogéneas declinan. Los tiempos de trabajo se dispersan a lo largo de la existencia, se diversifican y se individualizan.

    Esta nueva concepción del tiempo de trabajo, heterogénea e individualizada, está acompañada por una correlativa modificación de la calidad del tiempo de trabajo. La intensificación del tiempo de trabajo va a la par de la reducción cuantitativa y de la individualización de mismo. El trabajo exige ahora una implicación subjetiva más fuerte por parte del trabajador.

    Más allá de la fragmentación del tiempo de trabajo, se observa una mezcla de los diferentes tiempos sociales a lo largo de todo el trayecto de las edades. La concordancia de los tiempos y la sucesión ordenada de las edades, que prevalecían en la sociedad industrial, se ven seriamente afectadas. La oposición binaria entre trabajo y no-trabajo ya no es operativa y esos dos tiempos sociales se han des-solidarizado.

    El tiempo de trabajo constituía el centro de la vida de los individuos. Los otros tiempos sociales eran un agregado. El tiempo de formación era un tiempo para prepararse para el trabajo. La jubilación era una recompensa a la labor realizada, que asumía la forma de un derecho, al final de la vida, al descanso acumulado. Éste representaba algunos años de modesta felicidad antes del desenlace fatal. Así, los tres tiempos sociales se sucedían de manera lineal, ordenada y previsible, delimitando las tres etapas de la existencia.

    La flexibilización y a la individualización de los trayectos de vida pueden verse de la misma manera que antes se observaba una nueva flexibilización e individualización del trabajo. A partir de ahora, trabajo y tiempo libre están estrechamente compenetrados en cada edad. El tiempo libre se hace presente dentro del tiempo de trabajo y ya no se encuentra únicamente en los dos extremos del ciclo de vida. El auge de esta des-concordancia de los tiempos, ligada a la des-especialización de las edades, puede ser aprehendida  a través de una serie de indicadores. Se puede observar así que el índice de inactividad aumenta en todos los grupos de edad y que el desempleo y los empleos atípicos están cada vez más difundidos a toda edad. Actualmente, la vida activa se ve interrumpida, cada vez más frecuentemente,  por períodos de reciclaje y de formación. (Ej., de ello, son el incremento observado del empleo temporal).

    Las etapas de edad ya no están marcadas por la monocronía y la división en compartimientos de las actividades. La policronía es la regla que impera en todos los tiempos de la vida. Incluso la vida durante la jubilación está signada  por esta des-especialización de las edades. En apariencia, la jubilación sigue estando caracterizada, más que nunca, como el tiempo de la inactividad indemnizada. Sin embargo, los trabajos que hemos realizado sobre las prácticas de los jóvenes jubilados o de aquellos que se han acogido a una jubilación anticipada, han puesto en evidencia la aparición de nuevos comportamientos durante la jubilación, que están lejos de poder ser reducidos a la dupla retiro-ocio, que había constituido la práctica dominante durante largo tiempo. Los jubilados, reniegan a través de sus comportamientos y sus dichos el modelo tradicional de la jubilación como una tercera edad puramente consumista, que sucede a una segunda edad de la vida consagrada a la producción y al trabajo. Rechazan el principio de un tercer tiempo de la vida dedicado exclusivamente al ocio. Desean continuar siendo socialmente activos y útiles, para poder conservar, como contrapartida, un rol de actor social y de  plena ciudadanía.

    Focalizando en el examen de la evolución de la naturaleza de las transiciones entre las edades, la confusión (ebullición) de las edades conmociona la secuencia ordenada y jerarquizada de las etapas de la vida especializadas en un solo tiempo social. En consecuencia, cuestiona a la vez tanto el principio de las transiciones claramente demarcadas entre las diferentes edades, como el rol de los umbrales de edad cronológicos, que constituían las referencias temporales que marcaban el momento del pasaje de un estatus estable a  otro. Las existencias ya no siguen un ritmo de etapas ordenadas, bien diferenciadas entre sí, de transiciones claramente demarcadas entre estatus bien definidos. Las biografías son cada vez más contingentes (Heinz, 2001). Es más factible poder observar pasajes parciales y reversibles hacia estatus inciertos. Hoy en día no resulta extraño ver que alguien vuelve a fundar una familia a los 40 o 50 años, que experimenta una paternidad o maternidad tardías, que se embarca a los 40 años en una nueva formación o se transforma en un desempleado a largo plazo, que a los 35 vuelve a vivir a casa de sus padres porque se ha quedado sin trabajo...

    Se puede observar una desaparición gradual de los ritos de pasaje de una edad a otra, tales como la comunión, el servicio militar, el matrimonio, las ceremonias de despedida para los que se jubilan. Esto constituye otro indicador de la nivelación de los umbrales de edad y refleja el debilitamiento de la regulación social del curso de vida.



    A modo de cierre: biografías complejas e inciertas

    El nuevo entramado de los tiempos sociales y la des-sincronización de los diferentes calendarios (profesional, familiar, educativo), engendran itinerarios biográficos que ya no corresponden a las secuencias tradicionales de la organización tripartita del trayecto de vida.

    Las trayectorias biográficas son, para cada individuo, cada vez más complejas y se diferencian cada vez más de un individuo a otro. El retroceso de la preparación normativa del curso de vida y su des-institucionalización está, inevitablemente, acompañado por una des-estandarización de las trayectorias individuales. En consecuencia, estas últimas son cada vez más difíciles de descifrar y de prever. Conviene señalar, sin embargo, que el aumento de las diferencias interindividuales en materia de biografías no se traduce en el abandono generalizado del modelo tripartito del trayecto de las edades. Podemos observar cómo subsisten trayectorias que adoptan el modelo tradicional, al mismo tiempo que surgen nuevos modelos biográficos, y todo esto ocurre en el seno de las sucesivas generaciones. Podemos citar, por ejemplo, el desarrollo de la paternidad / maternidad tardías.

    Hemos visto que esta situación desembocaba en la aparición de una doble crisis para los individuos: crisis de la normatividad y crisis de las anticipaciones (previsibilidad), aún cuando, como contrapartida, éstos pueden haber ganado un cierto margen de maniobra para negociar y moldear sus itinerarios de vida


    Bibliografía citada

    Beck U. (1998): La sociedad del riesgo: hacia una nueva modernidad, Barcelona, Paidos.

    Bessin M..  (1993) : “Les seuils d’âge â l’épreuve de la flexibilité temporelle » en Cátedra Quetelet, Le temps et la démographie

    Bessin M.. (1996) : « Les catégories d’âge face aux mutations temporelles de la société », Gérontologie et société Nº 77, p.45-57. 

    Castel, R. (1998): La metamorfosis de la cuestión social: una crónica del salariado. Buenos Aires, Editorial Paidos.

     Castells M. (2001): La era de la información. Economía, sociedad y cultura. Volumen I: La sociedad red. México: Siglo xxi.

    Guillemard A-M. (2001): “Age Policy”, artículo 6, 3, 15.  En N. Smelser (ed.), International Encyclopedia of the Social and Behavioral Sciences, Elsevier, La Haye.

    Guillemard, A-M. (1999): « Cycle de vie ». En A. Akoun, P. Ansart (directores), Dictionnaire de Sociologie, Robert, Le Seuil, p.129-130.

    Heinz, W. R. (2001) : “Work and the life course: A cosmopolitan-local perspective”. En  Marshall W. et al. (edit.), Reestructuring work and the life course, Toronto, University of Toronto Press, p.3-22.

    Lautman, J. (1996), “Risque et racionalité”. En: Année sociologique, 46, 2 p.273-285. Paris.

    Mayer, Karl U. and Urs Schoepflin. (1989): "The State and the Life Course". En:  Annual Review of Sociology.

    Riley M. Jonson M. & Foner (1972): Aging and society: a sociology of age stratification. New York: Russel Sage Foundation.


    Bibliografía


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