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Capítulo III. El abismo económico I



CAPÍTULO III. EL ABISMO ECONÓMICO

I

Si no se hubiera producido la crisis económica, no habría existido Hitler y tampoco Roosevelt. Difícilmente el sistema soviético habría sido considerado como un antagonista económico del capitalismo mundial y una alternativa al mismo. El mundo de la segunda mitad del siglo XX es incomprensible sin entender el impacto de esta catástrofe económica.

La economía capitalista mundial pareció derrumbarse en le período de entreguerras y nadie sabía cómo podría recuperarse. El funcionamiento de la economía capitalista no es nunca uniforma y las fluctuaciones de diversa duración constituyen una parte esencial de esta forma de organizar los asuntos del mundo. El llamado ciclo económico de expansión y depresión era un elemento con el que ya estaban familiarizados todos los hombres de negocios.

En épocas anteriores, los economistas y hombres de negocio aceptaban la existencia de las ondas y los ciclos. No había nada que pudiera hacerse al respecto. Desde la revolución industrial, la historia de la economía mundial se había caracterizado por un progreso técnico acelerado, por el crecimiento económico continuo y por una creciente mundialización. Aunque las experiencias económicas, que culminaron en la Gran Depresión, fueron cataclísmicas, el crecimiento económico no se interrumpió durante esos decenios. Simplemente se desaceleró.

Sin embargo, la mundialización de la economía parecía haberse interrumpido. Se ha apuntado a varias razones para explicar ese estancamiento, por ejemplo, que la principar economía del mundo, EEUU, estaba alcanzando la situación de autosuficiencia. Sin embargo, incluso en países que siempre habían desarrollado una gran actividad comercial se hacía patente la misma tendencia.

Al principio, tanto los agentes económicos como los gobiernos esperaban que la situación volviera a la prosperidad económica previa a 1914. Sin embargo, el reajuste resultó más difícil de lo esperado.

En el mundo anglosajón, los países que habían permanecido neutrales y Japón iniciaron un proceso deflacionario. En cambio, en la gran zona de la derrota y las convulsiones sociales que se extendía desde Alemania hasta la Rusia soviética, se registró un hundimiento espectacular del sistema monetario.

La situación parecía haber vuelto a la calma en 1924 y se vislumbraba la posibilidad de que retornara lo que un presidente norteamericano llamó normalidad. En efecto, se reanudó el crecimiento económico mundial. La única economía que funcionaba a pleno era la de los EEUU.

No fue una gran sorpresa que la economía mundial atravesara por nuevas dificultades pocos años después. Sin embargo, nadie esperaba la crisis que se inició el 29 de octubre de 1929.

Como lo señalaron expertos de la Sociedad de Naciones la recesión de la economía industrial de Norteamérica no tardó en golpear al otro gran núcleo industrial, Alemania. La producción industrial disminuyó un tercio en los EEUU y Alemania.

Sin embargo, los efectos de la crisis se dejaron sentir incluso en los países agrarios coloniales. Para quienes no poseían control o acceso a los medios de producción la principal consecuencia de la Depresión fue el desempleo en una escala sin precedentes.

Lo que hizo aún más dramática la situación fue que los sistemas públicos de seguridad social no existían. De ahí el impacto traumático que tuvo en la política de los países industrializados el desempleo generalizado, consecuencia primera y principal de la Depresión para el grueso de la población.

El desempleo fue considerado una herida profunda en el cuerpo político. El sentimiento de catástrofe causado por la Gran Depresión fue mayor entre los hombres de negocios, los economistas y los políticos que entre las masas. La inexistencia de soluciones en el marco de la vieja economía liberal era lo que hacía tan dramática la situación de los responsables de las decisiones económicas.

La Gran Depresión desterró el liberalismo económico durante medio siglo. En 1931-32 UK, Canadá y EEUU abandonan el patrón oro. UK abandona en 1931 el libre comercio. Esto ilustra la rápida generalización del proteccionismo en ese momento. Más concretamente, la situación obligó a los gobiernos occidentales a dar prioridad a las consideraciones sociales sobre las económicas en la formulación de sus políticas.

En cuanto a los trabajadores, una vez terminada la guerra la eliminación del desempleo generalizado pasó a ser el objetivo básico de la política económica en los países en los que se instauró un capitalismo democrático reformado. Doctrina Keynesiana: eliminación permanente del desempleo generalizado por razones tanto de beneficio económico como político; la demanda que generan los ingresos de los trabajadores ocupados tendría un efecto estimulante sobre las economías deprimidas. Sin embargo, la razón por la cual se dio máximo prioridad a ese sistema de estímulo de la demanda fue la consideración de que el desempleo generalizado era social y políticamente explosivo.

Un hecho subrayaba el trauma derivado de la Gran Depresión: el único país que había rechazado el capitalismo (URSS) parecía ser inmune a sus consecuencias. Entre 1929-40 la producción industrial de la URSS se multiplicó, mientras que durante el mismo período la cuota conjunta de EEUU, UK y Francia disminuyó al 52 por 100 del total mundial. Además, en la URSS no existía el desempleo.



II

Cuál es la causa del mal funcionamiento de la economía capitalista en el período de entreguerras? Para responder esta pregunta es imprescindible tener en cuenta la situación de EEUU, pues solo habían tenido una breve intervención en el conflicto. La primera guerra mundial benefició a la economía norteamericana. La guerra no solo reforzó su posición de principal productor mundial, sino que lo convirtió en el principal acreedor del mundo.

En suma, solo la situación de los Estados Unidos puede explicar la crisis económica mundial. El comercio mundial disminuyó menos de un tercio entre 1929-39, pero las exportaciones de EEUU descendieron casi un 50%. Esto no supone subestimar las raíces estrictamente europeas del problema, cuyo origen era fundamentalmente político.

Las “reparaciones” (Alemania, Tratado de Versalles) suscitaron interminables polémicas, crisis periódicas y arreglos negociados bajo los auspicios norteamericanos. EEUU pretendía vincular la cuestión de las reparaciones de Alemania con el pago de las deudas de guerra que tenían los aliados con Washington.

Sin entrar en detalles, dos cuestiones estaban en juego. En primer lugar, la problemática suscitada por el joven John Maynard Keynes que escribió una dura crítica de la conferencia de Versalles. Según Keynes, si no se reconstruía la economía alemana la restauración de una civilización y una economía liberal estables en Europa sería imposible. A partir de 1924 tuvieron que tolerar el fortalecimiento de la economía alemana. Pero, en segundo lugar, estaba la cuestión de cómo debían pagarse las reparaciones. Los que deseaban una Alemania débil pretendían que el pago se hiciera en efectivo. Obligaron a Alemania a recurrir sobre todo a los créditos solicitados en los años veinte. Esto parecía presentar una ventaja para sus rivales, pues se endeudaba fuertemente. Todo lo construido en torno a las reparaciones se derrumbó en la Gran Depresión.

Sin embargo, las conmociones de la guerra y la posguerra y los problemas políticos europeos solo explican en parte la gravedad del hundimiento. El análisis económico debe centrarse en dos aspectos.

El primero es la existencia de un desequilibrio notable y creciente en la economía internacional, como consecuencia de la asimetría existente entre el nivel de desarrollo de los Estados Unidos y del resto del mundo. EEUU no necesitaba al resto del mundo y no asumió una función estabilizadora de la economía mundial.

El segundo aspecto destacable de la Depresión es la incapacidad de la economía mundial para generar una demanda suficiente que pudiera sustentar una expansión duradera.

Por consiguiente, a menos que se esperara que la crisis fuera breve y que hubiera confianza en el futuro, las consecuencias de ésta podían ser espectaculares. Los nuevos productos y el nuevo estilo de vida requerían unos niveles de ingresos cada vez mayores y esto era lo que se estaba derrumbando.

Para 1932 ya había claros indicios de que lo peor ya había pasado. Sin embargo, no se produjo el esperado relanzamiento y la economía siguió sumida en la Depresión. Y todo ello a pesar de que los años treinta fueron un decenio de importantes innovaciones tecnológicas en la industria.



III

La Gran Depresión confirmó que algo funcionaba muy mal en el mundo en que vivían. ¿Qué quedaba de una economía de mercado libre cuando el domino cada vez mayor de las grandes empresas ridiculizaba el concepto de competencia perfecta? No hace falta ser marxista para darse cuenta de que el capitalismo de entreguerra estaba lejos de la libre competencia del siglo XIX.

No puede sorprender que los efectos de la Gran Depresión sobre la política y sobre la opinión pública fueran grandes e inmediatos. A mediados de los años treinta eran pocos los estados donde la política no se hubiera modificado sustancialmente con respecto al período anterior a la Gran Depresión.

El retroceso de la izquierda revolucionaria contribuyó al fortalecimiento de la derecha radical. La Depresión redujo al movimiento comunista internacional fuera de la URSS a una situación de debilidad sin precedentes. El retroceso de la izquierda no se limitó al declive de los comunistas, pues con la victoria de Hitler desapareció de la escena el Partido Socialdemócrata alemán.

La situación era diferente fuera de Europa. En EEUU se registró un giro hacia la izquierda bajo la presidencia de Roosevelt. No es fácil calibrar las repercusiones políticas de la crisis en América Latina.

En el vasto mundo colonial, la crisis intensificó notablemente la activad antiimperialista, en parte por el hundimiento del precio de los productos básicos en los que se basaban las economías coloniales, y en parte porque los países metropolitanos solo se preocuparon de proteger su agricultura y su empelo.

Nada demuestra mejor la universalidad de la Gran Depresión y la gravedad de sus efectos que el carácter universal de las insurrecciones políticas que desencadenó en un período de meses o pocos años. Por más dramáticas que fueran, las consecuencias políticas inmediatas no son el único ni el principal criterio para juzgar la gravedad de la Depresión. Fue una catástrofe que acabó con cualquier esperanza de restablecer la economía y la sociedad del siglo XIX. El viejo liberalismo estaba muerto.

Tres opciones competían por la hegemonía político-intelectual. La primera era el comunismo marxista. La segunda, un capitalismo que había abandonado la fe en los principios del mercado libre. La tercera opción era el fascismo, que la Depresión convirtió en un movimiento mundial.





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