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VI. LA TEORIA DE LA REALIZACION DE MARX


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VI. LA TEORIA DE LA REALIZACION DE MARX
De lo arriba expuesto se desprende lógicamente que las premisas fundamentales sobre las que se alza la teoría de Marx están constituidas por las dos tesis siguientes. Primera: todo el producto de un país capitalista, al igual que el producto aislado, consta de las tres partes siguientes: 1) capi­tal constante, 2) capital variable y 3) plusvalía. Para quien conozca el análisis que del proceso de la producción del capital hace Marx en el primer tomo de El Capital, esta tesis se sobreentiende. Segunda: es preciso diferenciar dos grandes sectores de la producción capitalista: la produc­ción de medíos de producción, de artículos que sirven para el consumo productivo, es decir, para emplearlos en la producción, y que no los consumen los hombres, sino el capital (primer sector), y la producción de artículos de consumo, es decir, de artículos destinados al consumo personal (segundo sector). “En esta sola división hay más sentido
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* Por ejemplo, Ricardo afirmaba: “Codo el producto del suelo y del trabajo de cada país se divide en tres partes: una de ellas se consagra al salario, otra, a la ganancia, y la tercera, a la renta” (Obras, trad. de Sieber, San Petersburgo, 1882, pág. 221).


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teórico que en todas las controversias anteriores relativas a la teoría de los mercados” (Bulgákov, 1. c., 27). Cabe preguntar por qué cs necesaria semejante división de los productos según su forma natural precisamente ahora, al analizar la reproducción del capital social, cuando el análisis de la produc­ción y reproducción del capital individual ha podido pres­cindir de ella, dejando por completo a un lado lo relativo a la forma natural del producto. ¿Con qué fundamento pode­mos introducir la cuestión de la forma natural del producto en la investi-gación teórica de la economía capitalista, asentada por completo en el valor de cambio del producto? Ello es porque al analizar la producción del capital individual se prescindió de la cuestión de dónde y cómo será vendido el producto, de dónde y cómo serán adquiridos los artículos de consumo por los obreros y los medios de producción por los capitalistas, como algo que no proporcionaba nada para este análisis y que no tenía que ver con él. En aquel caso debía ser examinada sólo la cuestión del valor de los elementos de la producción por separado y del resultado de ésta. Ahora, en cambio, el problema estriba precisamente en esto: ¿de dónde tomarán los obreros y capitalistas los artículos de su consumo?, ¿de dónde tomarán los últimos los medios de producción?, ¿de qué manera el producto obtenido cubrirá todas estas demandas y permitirá ampliar la producción? No encontramos aquí sólo, por consiguiente, la “reposi­ción del valor, sino también la reposición de la forma natural del producto” (Stoffer-satz. — Das Kapital, II, 389)32; por ello es absolutamente imprescindible la diferenciación de los productos, que desempeñan un papel muy heterogéneo en el proceso de la economía social.


Una vez tenidas en cuenta estas tesis fundamentales, el problema de la realización del producto social en la sociedad capitalista no ofrece ya dificultades. Supongamos, al principio, la reproducción simple, es decir, la repetición del proceso de producción en la escala anterior, la ausencia de acumula­ción. Es evidente que el capital variable y la plusvalía del segundo sector (existentes en forma de artículos de consumo) se realizan por el consumo personal de los obreros y capitalistas

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de ese sector (pues la reproducción simple supone que se consume toda la plusvalía y que ninguna parte de ella se transforma en capital). Sigamos: el capital variable y la plusvalía, existentes en forma de medios de producción (primer sector), deben ser, para su realización, cambiados por ar­tículos de consumo para los capitalistas y obreros ocupados en preparar los medios de producción. Por otra parte, tampoco el capital constante, existente en forma de artículos de consu­mo (segundo sector), puede ser realizado más que por el cambio en medios de producción para emplearse de nuevo en la pro­ducción al año siguiente. De esta manera se obtiene el cambio del capital variable y de la plusvalía contenidos en los medios de pro-ducción por capital constante en artículos de consumo: los obreros y capitalistas (en el sector de los medios de pro­ducción) obtienen así los medios de subsistencia, y los capitalistas (en el sector de artículos de consumo) venden su pro­ducto y obtienen capital constante para la nueva produc­ción. Dentro de la reproducción simple, estas partes que se intercambian deben ser iguales entre sí: la suma del capital variable y de la plusvalía contenidos en los medios de producción debe equivaler al capital constante en artículos de consumo. Por el contrario: si suponemos la reproducción en escala creciente, es decir, la acumulación, la primera magnitud debe ser mayor que la segunda, porque debe dis­ponerse de un sobrante de medios de producción para co­menzar la nueva producción. Volvamos, sin embargo, a la reproducción simple. Nos había quedado aún sin realizar una parte del producto social: el capital constante contenido en los medios de producción. Este se realiza en parte mediante el intercambio entre los capitalistas del mismo sector (por ejemplo, la hulla se cambia por hierro, pues cada uno de estos productos sirve de material o de instru­mento necesario en la producción del otro), y en parte mediante su empleo directo en la producción (la hulla, por ejemplo, extraída para consumirse en la misma empresa a fin de extraer más hulla; la simiente en la agricultura, etc.). Por lo que se refiere a la acumulación, su punto de partida es, como hemos visto, el sobrante de medios de produc-


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Original en alemán

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ción (que se toman de la plusvalía de los capitalistas de este sector), el cual requiere también la transforma­ción en capital de parte de la plusvalía contenida en los artículos de consumo. Considerarnos superfluo el examen deta­llado de cómo esta producción suplementaria se une a la reproducción simple. No nos proponemos un examen especial de la teoría de la realización, y es suficiente lo dicho para aclarar el error de los economistas populistas y para permitirnos extraer ciertas conclusiones teóricas sobre el mercado interior*.


Con respecto al problema del mercado interior, que es el que nos interesa, la deducción principal de la teoría de la realización de Marx es la siguiente: el crecimiento de la producción capitalista y, por consiguiente, del mercado inte­rior no se efectúa tanto a cuenta de los artículos de consumo como a cuenta de los medios de producción. Dicho con otras palabras, el crecimiento de los medios de pro­ducción aventaja al crecimiento de los artículos de consumo. Efectivamente: hemos visto que el capital constante en los artículos de consumo (segundo sector) se cambia por capital variable + plusvalía en los medios de producción (primer sector). Pero, según la ley general de la producción capitalista, el capital constante crece con más rapidez que el variable. Por consiguiente, el capital constante contenido en los artículos de consumo debe crecer con más rapidez que el capital
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* Véase Das Kapital, II. Band, III. Abschn. (El Capital, tomo II, sección III33.-Ed.), donde se investiga de manera detallada la acumulación, la división de los artículos de consumo en artículos de primera necesidad y de lujo, la circulación monetaria, el desgaste del capital fijo, etc. Para el lector que no tenga posibilidad de acudir al II tomo de El Capital puede recomendarse la exposición de la teoría marxista de la realización que figura en el libro del Sr. S. Bulgákov antes citado. La exposición del Sr. Bulgákov es más satisfactoria que la del Sr. M. Tugán-Baranovski (Las crisis industriales, págs. 407-438), quien se ha apartado con muy poco acierto de Marx al construir sus esquemas y ha explicado insuficientemente la teoría de Marx; también es más satisfactoria que la exposición del Sr. A. Skvortsov (Fundamentos de economía política. San Petersburgo, 1898, págs. 281-295), quien mantiene opiniones erróneas con respecto a cuestiones muy importantes de la ganancia y la renta.


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variable y la plusvalía contenidos en los mismos artículos, mientras que el capital constante en los medios de produc­ción debe crecer con la mayor rapidez, aventajando tanto al aumento del capital variable (+ la plusvalía) en los medios de producción como al del capital constante en los artículos de consumo. El sector de la producción social que fabrica medios de producción debe, por consiguiente, crecer con más rapidez que el que produce artículos de consumo. De esta manera, el crecimiento del mercado interior para el capitalismo es, hasta cierto grado, “independiente” del creci­miento del consumo personal, verificándose más a cuenta del consumo productivo. Sería, sin embargo, erróneo comprender esa “independencia” en el sentido de que el consumo produc­tivo se halla desligado por completo del personal: el primero puede y debe crecer con más rapidez que el segundo (a ello se reduce su “indepen-dencia”), pero se comprende que, en fin de cuentas, el consumo productivo queda siempre ligado al personal. Marx dice al particular: “Hemos visto (libro II, sec. III) que tiene lugar una circulación constante entre capital constante y capital constante...” (Marx se refiere al capital constante en los medios de producción que se realiza a través del cambio entre los capitalistas de este mismo sector) “...la cual, por una parte, es independiente del consumo individual en el sentido de que nunca entra en este último, pero que, sin embargo, se halla limitada en fin de cuentas por el consumo individual, pues no se produce capital constante simplemente por producirlo, sino sólo por el hecho de que este capital constante se emplea más en las ramas de la producción cuyos productos entran en el consumo individual” (Das Kapital, II1, 1, 289. Trad. rusa, pág. 242)34.


Este mayor empleo de capital constante no es otra cosa que una mayor altura del desarrollo de las fuerzas producti­vas expresada en términos del valor de cambio, pues la parte principal de los “medios de producción”, que se desarrollan rápidamente, está formada por materiales, máquinas, instru­mentos, edificios e instalaciones de toda clase para la gran industria y, especialmente, para la industria maquinizada. Por

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ello es perfectamente lógico que, al desarrollar las fuerzas productivas de la sociedad, al crear una gran producción y una industria maquinizada, la producción capitalista se distinga también por una ampliación particular del sector de la riqueza social que forman los medios de producción... “A ese respecto (es decir, en la preparación de medios de producción) la sociedad capitalista no se distingue en modo alguno del salvaje por aquello donde ve la diferencia Senior, quien supone que el salvaje tiene el privilegio especial de invertir a veces su trabajo de tal manera que no le proporciona ningún producto transformable en ingreso, es decir, en artículo de consumo. En realidad, la diferencia estriba en lo siguiente:


“a) La sociedad capitalista emplea una mayor parte del trabajo anual que se encuentra a su disposición en producir medios de producción (capital constante, por tanto), que no pueden ser descompuestos en ingreso ni en forma de salario ni en forma de plusvalía, y que sólo pueden funcionar en calidad de capital.
“b) Cuando el salvaje hace un arco, flechas, martillos de piedra, hachas, cestos, etc., comprende con toda claridad que el tiempo así invertido no lo ha empleado en producir artículos de consumo, es decir, comprende que ha satisfecho su necesidad de medios de producción y nada más” (Das Kapital, II, 436. Trad. rusa, 333)35. Esta “clara conciencia” de su relación con la producción se ha perdido en la sociedad capitalista como consecuencia del fetichismo a ella inherente, que presenta las relaciones sociales de los hombres como relaciones de productos, resultado de la transforma­ción de cada producto en mercancía producida para un con­sumidor desconocido y que debe realizarse en un mercado desconocido. Y como al patrono le es indiferente en absoluto el género del objeto que produce -todo producto proporciona “ingresos”-, este punto de vista superficial, individual, fue asimilado por los teóricos de la economía con relación a la sociedad en su conjunto, e impidió comprender el proceso de reproducción de todo el producto social en la economía capitalista.
El desarrollo de la producción (y, por consiguiente, del

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mercado interior) a cuenta más que nada de los medios de producción parece algo paradójico y constituye, indudablemente, una contradicción. Es una auténtica “producción para la producción”, la ampliación de la producción sin la correspondiente ampliación del consumo. Pero esto no es una contradicción de la doctrina, sino de la vida real: es, precisamente, una contradicción que corresponde a la natura­leza misma del capitalismo y a las restantes contradicciones de este sistema de economía social. Justamente esa ampliación de la producción sin la adecuada ampliación del consumo corresponde a la misión histórica del capitalismo y a su estructura social específica: la primera estriba en el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad; la segunda excluye la utilización de estas conquistas técnicas por la masa de la población. Entre la tendencia ilimitada a ampliar la produc­ción, propia del capitalismo, y el limitado consumo de las masas populares (limitado en virtud de su estado proletario) hay, sin duda, una contradicción. Precisamente la deja sentada Marx en las tesis que los populistas aducen de buen grado corno supuesta confirmación de sus puntos de vista con respecto a la reducción del mercado interior, al carácter no progresivo del capitalismo, etc., etc. He aquí algunas de esas tesis: “Contradicción en el modo de producción capitalista: los obreros, como compradores de mercancías, son importantes para el mercado. Pero la sociedad capitalista tiene la tendencia a limitarlos al precio mínimo, como vendedores de su mercancía, de fuerza de trabajo” (Das Kapital, II, 303)36.


“...Las condiciones de realización... están limitadas por la proporcionalidad de las diferentes ramas de la produc­ción y por la fuerza de consumo de la sociedad... Cuanto más se desarrolla la fuerza productiva más entra en contradicción con la estrecha base en que descansan las relaciones de consumo” (ibíd., III, 1, 225-226)37. “Los únicos límites en los que puede verificarse la conservación y el incremento del valor del capital, basado en la expropiación y empobre­cimiento de las masas de productores, caen constantemente en contradicción con los métodos de producción que el capi­tal se ve obligado a emplear para conseguir su objetivo y

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que tienden a un ilimitado ensanchamiento de la producción, al desarrollo incondicional de las fuerzas productivas sociales, métodos que se plantean la producción como fin que se basta a sí mismo... Por eso, si el modo de producción capitalista es un medio histórico para el desarrollo de la fuerza productora material, para crear el mercado mundial que corresponda a esa fuerza, al mismo tiempo es una constante contradicción entre esa su tarea histórica y las relaciones sociales de producción que le son propias” (III, 1, 232. Trad. rusa, pág. 194)38. “La última causa de todas las crisis reales es siempre la pobreza y la limitación del consumo de las masas, que se oponen a la tendencia de la producción capitalista a desarrollar las fuerzas productivas como si el límite de su desarrollo fuese sólo la capacidad de consumo absoluta de la sociedad”* (III, 2, 21. Trad. rusa, 395)40. En todas estas tesis se hace constar la indicada contradicción entre el ilimitado afán de ampliar la producción y el limitado consumo, y nada más**. No hay nada más absurdo que de­ducir de estos párrafos de El Capital que Marx no admitía la posibilidad de realizar la plusvalía en la sociedad capita 


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* Precisamente citó este párrafo el famoso (famoso a lo Eróstrato) Eduardo Bernstein en sus Premisas del socialismo (Die Vorausselzungen, etc, Stuttgart, 1899, S. 67)39. Se comprende, nuestro oportunista, que está volviendo del marxismo a la vieja economía burguesa, se apresuró a afirmar que eso constituía una contradicción en la teoría de las crisis de Marx, que ese punto de vista de Marx “no se diferencia mucho de la teoría de las crisis de Rodbertus”. En realidad, sólo hay “contradicción” entre las pretensiones de Bernstein, por una parte, y su absurdo eclecticismo y falta de deseo de penetrar en la teoría de Marx, por otra. Hasta qué grado no ha comprendido Bernstein la teoría de la realización se ve por su razonamiento, en verdad curioso, de que el enorme aumento de la masa del plusproducto debe significar necesariamente un aumento del número de acomodados (o una elevación del bienestar de los obreros), pues los capitalistas mismos, vean ustedes, y sus “servidores” (sic! Seite 51-52) lino pueden “consumir” todo el plusproducto!! (Nota a la segunda edición.)

** Es erróneo el criterio del Sr. Tugán-Baranovski, quien supone que Marx, al plantear esas tesis, cae en contradicción con su propio análisis de la realización (Mir Bozhi, 1898, núrn. 6, pág. 123, en el artículo El capi­talismo y el mercado). No hay ninguna contradicción en Marx, pues también en el análisis de la realización se señalan los lazos existentes entre el consumo productivo y el personal.

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lista, que explicaba las crisis por el insuficiente consumo, etc. El análisis de la realización en Marx demuestra que, “en fin de cuentas, la circulación entre capital constante y capital constante está limitada por el consumo personal”41, pero ese mismo análisis demuestra el verdadero carácter de dicha “limitación”, demuestra que los artículos de consumo desem-peñan en la formación del mercado interior un papel menor que los medios de producción. Fuera de ello, no hay nada más absurdo que deducir de las contradicciones del capita­lismo su imposibilidad, su índole no progresiva, etc.; eso significa ponerse a cubierto de la realidad desagradable, pero evidente, en las alturas celestiales de los sueños románticos. La contra-dicción entre la tendencia a un ensanchamiento ilimitado de la producción y el consumo limitado no es la única del capitalismo, que, en general, no puede existir y desarrollarse sin contradicciones. Las contradicciones del capitalismo atestiguan su carácter históricamente transitorio, ponen en claro las condiciones y causas de su descomposición y transformación en la forma superior, pero en modo alguno excluyen la po­sibilidad del mismo ni su carácter progresivo en comparación con los sistemas precedentes de economía social*.




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