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IV. LA TEORIA POPULISTA DE LA IMPOSIBILIDAD DE REALIZAR LA PLUSVALIA


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IV. LA TEORIA POPULISTA DE LA IMPOSIBILIDAD DE REALIZAR LA PLUSVALIA
Otra cuestión en la teoría del mercado interior estriba en lo siguiente. Sabido es que el valor del producto en la producción capitalista se descompone en tres partes: 1) la primera compensa el capital constante, es decir, el valor que existía ya antes en forma de materias primas y materiales auxiliares, máquinas e instrumentos de producción, etc., y que sólo se reproduce en determinada parte del producto fabri­cado; 2) la segunda parte compensa el capital variable, es decir, cubre el sustento del obrero, y, finalmente, 3) la tercera parte constituye la plusvalía perteneciente al capitalista. De ordinario se acepta (exponemos la cuestión de acuerdo

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con los señores N.–on y V. V.) que la realización (es decir, el hallar un equivalente adecuado, la venta en el mercado) de las dos primeras partes no ofrece dificultades, pues la primera va a parar a la producción y la segunda se destina al consumo de la clase obrera. Pero ¿cómo se realiza la tercera parte, la plusvalía? ¡No puede ser consumida enteramente por los capita-listas! Y nuestros economistas llegan a la conclusión de que la “salida de la dificultad” para realizar la plusvalía23 es la “adquisición del mercado exterior” (N. –on. Ensayos, sec. II, § XV en general y pág. 205 en particular; V. V. Excedente de mercancías en el abastecimiento del mercado en Otéchestvennie zapiski de 1883 y Ensayos de economía teórica, San Petersburgo, 1895, pág. 179 y siguientes). La necesidad del mercado exterior para una nación capitalista la explican los mencionados autores alegando que de otro modo los capitalistas no pueden realizar los productos. El mercado interior se reduce en Rusia a consecuencia de la ruina de los campesinos y como resultado de la imposibilidad de realizar la plusvalía sin mercado exterior, y este último es inaccesible a un país joven, que entra demasiado tarde en el camino del desarrollo capitalista, ¡de ahí que la falta de base y vita­lidad del capitalismo ruso se considere demostrada con el solo apoyo de consideraciones apriorísticas (y, además, teóricamente falsas)!


Al hacer consideraciones acerca de la realización, el Sr. N. - on tuvo, al parecer, en cuenta la doctrina de Marx al efecto (aunque no le menciona ni una sola vez en este lugar de sus Ensayos), pero no la comprendió en absoluto y la deformó hasta dejarla desconocida, como ahora veremos. Por eso ha ocurrido una cosa tan curiosa como que sus opiniones coinci­dan en todo lo fundamental con los puntos de vista del Sr. V. V., a quien en modo alguno puede acusársele de “incomprensión” de la teoría, pues constituiría la mayor de las injusticias sospechar en él el más mínimo conocimiento de la misma. Ambos autores exponen sus doctrinas como si fuesen los primeros en hablar de esta materia, llegando “con su propia inteligencia” a ciertas soluciones; ambos pasan por alto de la manera más majestuosa las consideraciones

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de los viejos economistas sobre el particular y ambos repiten los viejos errores, refutados del modo más circunstanciado en el II tomo de El Capital*. Ambos autores reducen todo el problema de la realización del producto a la realización de la plusvalía, imaginándose, por lo visto, que la realiza­ción del capital constante no ofrece dificultades. Ese ingenuo concepto encierra el más profundo error, del que se derivan todos los restantes errores de la doctrina populista de la reali­zación. En efecto, la dificultad de explicar la realización estriba precisamente en cómo explicar la realización del capital constante. Para ser realizado, el capital constante debe ser empleado de nuevo en la producción y ello es factible de manera inmediata sólo para el capital cuyo producto con­siste en medios de producción. Si el producto que compensa la parte constante del capital está formado por artículos de consumo, es imposible su reversión directa a la producción, es preciso el intercambio entre el sector de la producción social que fabrica medios de producción y el que fabrica artículos de consumo. En este punto reside justamente toda la dificultad de la cuestión, que no ha sido advertida por nuestros economistas. El Sr. V. V. se imagina la cosa como si el objetivo de la producción capitalista no fuese la acumulación, sino el consumo, lanzándose a profundas consideraciones de que “a manos de la minoría llega una masa de objetos materiales superior a la capacidad de consumo del organismo” (sic!) “en el momento dado de su desarrollo” (I. c., 149), de que “no es la modestia y la abstinencia de los fabricantes lo que sirve de causa al exceso de productos, sino la limitación o insuficiente elasticidad del organismo humano (!!), que no logra ampliar su capacidad de consumo con la misma rapidez con que



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* Es especialmente asombrosa a este respecto la audacia del Sr. V. V., superior a todos los límites de lo admisible en las lides literarias. Después de exponer su doctrina y de manifestar un completo desconocimiento del segundo tomo de El Capital, que trata justamente de la realización, el Sr. V. V. declara a renglón seguido, sin pararse en barras, que “ha utilizado para sus concepciones” ¡¡precisamente la teoría de Marx!! (Ensayos de economía teórica, ensayo III, La ley capitalista (sic!?!) de la producción, distribución y consumo, pág. 162.)


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crece la plusvalía” (ibid., 161). El Sr. N. -on se esfuerza por presentar la cosa como si no considerase el consumo el objetivo de la producción capitalista, como si tomara en cuenta el papel e importancia de los medios de producción en el problema de la realización, pero, en realidad, no ha comprendido en absoluto el proceso de circulación y reproducción de todo el capital social y se ha embrollado en numerosas contradicciones. No nos detendremos a examinarlas todas con detalle (págs. 203-205 de los Ensayos del Sr. N.–on); es un trabajo demasiado ingrato (en parte cumplido ya por el Sr. Bulgákov * en su libro Los mercados en la producción capitalista, Moscú, 1897, págs. 237-245) ; además, para comprobar este juicio que nos merecen las con­sideraciones del Sr. N.–on basta con examinar su deducción final: que el mercado exterior constituye la salida de la difi­cultad de realizar la plusvalía. Esa deducción del Sr. N.–on (en el fondo repetición simple de la del Sr. V. V.) muestra del modo más patente que no ha comprendido en absoluto ni la realización del producto en la sociedad capitalista (es decir, la teoría del mercado interior) ni el papel del mercado exterior. En efecto, ¿hay siquiera una partícula de sentido común en la idea de unir el mercado exterior al problema de la “realización”? El problema de la realización estriba en cómo encontrar para cada parte del producto capitalista, por su valor (capital constante, capital variable y plusvalía) y por su forma material (medios de producción, artículos de consumo, en particular artículos de primera necesidad y de lujo), otra parte del producto que la sustituya en el mercado. Claro es que en este caso debe hacerse abstracción del comercio exterior, pues el incluirlo no hace avanzar ni un ápice la solución del problema; no hace más que postergarla, planteán­dolo con relación a varios países en lugar de hacerlo con relación a uno solo. El mismo Sr. N.–on, que ha encontrado en el comercio exterior la “salida de la dificultad” para reali 


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* No estará de más recordar al lector contemporáneo que el Sr. Bulgákov, lo mismo que los señores Struve y Tugán-Baranovski, citados a menudo más abajo, Se afanaban en 1899 por ser marxistas24. Ahora todos ellos se han transformado tranquilamente, de “críticos de Marx”, en vulgares economistas burgueses. (Nota a la segunda edición25.)


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zar la plusvalía, razona, por ejemplo, con respecto al salario, de la manera siguiente: con la parte del producto anual que en forma de salario reciben los productores directos, los obreros, “sólo puede retirarse de la circulación una parte de medios de subsistencia que por su valor equivalga a la suma total de los salarios” (203). Surge la pregunta: ¿de dónde sabe nuestro economista que los capitalistas de un país dado van a producir precisamente tantos medios de subsistencia y precisamente de tal calidad que puedan ser realizados por el salario? ¿De dónde sabe que, en este caso, sea posible pasarse sin mercado exterior? Está claro que no puede saberlo, que ha descartado sencillamente la cuestión del mercado exterior, pues en las consi-deraciones acerca de la realización del capital variable lo importante es la sustitución de una parte del producto por otra, y en modo alguno tiene importancia si esa sustitu­ción tendrá lugar dentro de un país o dentro de dos. Sin embargo, cuando se trata de la plusvalía, renuncia a esa premisa necesaria y en lugar de resolver la cuestión se aparta sencillamente de ella hablando del mercado exterior. La venta misma del producto en el mercado exterior requiere ser explicada, es decir, que se encuentre un equivalente para la parte del producto a vender, que se encuentre otra parte del producto capitalista capaz de sustituir a la primera. Por eso dice Marx que “no es preciso tomar en cuenta en absoluto” el mercado exterior, el comercio exterior, cuando se examina el problema de la realización, pues “la introducción del comer­cio exterior en el análisis del valor del producto reproducido anualmente sólo puede confundir el asunto sin ofrecer un nuevo factor, ni para el problema mismo, ni para su resolución” (Das Kapital, II, 469)26. Los señores V. V. y N. –on se imaginaban haber emitido un profundo juicio de las contradicciones del capitalismo al señalar las dificultades para realizar la plusvalía. En realidad, han enjuiciado las contradicciones del capitalismo de manera en extremo superficial, pues si se habla de “dificultades” de la realización, de las crisis que con este motivo surgen, etc., es preciso recono­cer que esas “dificultades”, además de posibles, son necesarias con respecto a todas las partes del producto capitalista y en


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modo alguno con respecto sólo a la plusvalía. Las dificultades de ese género, dependientes de la falta de proporcionali­dad en la distribución de las distintas ramas de la produc­ción, brotan constantemente no sólo al realizar la plusvalía, sino también al realizar el capital variable y el constante; no sólo en la realización del producto en artículos de consumo, sino también en medios de producción. Sin “dificultades” de este género y sin crisis en general no puede existir la producción capitalista, producción de productores aislados para el mercado mundial, desconocido por ellos.




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