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Borrador de la sesión de la comisión de asuntos iberoamericanos celebrada el miércoles, 22 de octubre de 2014



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BORRADOR DE LA SESIÓN DE LA COMISIÓN DE ASUNTOS IBEROAMERICANOS CELEBRADA EL MIÉRCOLES, 22 DE OCTUBRE DE 2014
Se abre la sesión a las doce horas.
El señor PRESIDENTE: Buenos días, señorías. Se abre la sesión.

En primer lugar, vamos a proceder a la aprobación del acta de la sesión anterior, celebrada el día 8 de octubre de 2014.

¿Hay alguna observación? (Denegaciones).

¿Puede aprobarse por asentimiento? (Asentimiento).

Queda aprobada.


ELECCIÓN PARA CUBRIR LA VACANTE PRODUCIDA EN LA PONENCIA DE ESTUDIO SOBRE EL DESARROLLO DE LAS PYMES Y COOPERATIVAS ESPAÑOLAS EN IBEROAMÉRICA

(Núm. exp. 543/000008)


El señor PRESIDENTE: Antes de entrar en el orden del día, solicito a la comisión su ampliación, al amparo del artículo 71.4 del Reglamento, con objeto de cubrir la vacante que se ha producido en la Ponencia de estudio sobre el desarrollo de las pymes y cooperativas españolas en Iberoamérica, puesto que ha dejado de ser miembro de la comisión y, por tanto, también de la ponencia, don Juan Andrés Tovar Mena, portavoz del Grupo Parlamentario Socialista desde el comienzo de la legislatura, al que quiero expresar, en mi nombre y en el de toda la comisión, nuestro agradecimiento y reconocimiento por su intensa y eficaz colaboración en los trabajos de esta y por el talante de todas sus intervenciones, que ha facilitado de manera notable a este presidente el ejercicio de sus responsabilidades como tal. Al mismo tiempo, y de manera paralela a lo anterior, quiero dar la bienvenida a la comisión a doña Paula María Fernández Pena, que sustituye al señor Tovar Mena como portavoz del Grupo Parlamentario Socialista.

¿Está de acuerdo la comisión en la ampliación del orden del día en los términos antes indicados? (Asentimiento).

¿A quién propone el Grupo Parlamentario Socialista para cubrir la vacante producida en la ponencia de estudio?
La señora FERNÁNDEZ PENA: En principio me propongo a mí misma y más tarde veremos si se produce algún cambio.
El señor PRESIDENTE: Muchas gracias. La señora doña Paula María Fernández Pena sustituye al señor Tovar.
COMPARECENCIA DEL PRESIDENTE DE HONOR DE LA FUNDACIÓN EUROAMÉRICA, D. CARLOS SOLCHAGA CATALÁN, ANTE LA COMISIÓN DE ASUNTOS IBEROAMERICANOS, PARA EXPLICAR EL DOCUMENTO "PERSPECTIVAS AMÉRICA LATINA 2013".

(Núm. exp. 715/000138)

AUTOR: GRUPO PARLAMENTARIO VASCO EN EL SENADO (EAJ-PNV)
El señor PRESIDENTE: Pasamos al primer punto y único del orden del día, que es la comparecencia del presidente de honor de la Fundación Euroamérica, don Carlos Solchaga Catalán, para explicar el documento “Perspectivas en América Latina 2013”.

Esta comparecencia ha sido solicitada por el Grupo Parlamentario Vasco en el Senado.

Le damos nuevamente la bienvenida, por segunda vez, a esta comisión al señor Solchaga. Le pedimos disculpas por el aplazamiento que hemos tenido, que estaba previsto para el 19 de febrero, y gracias a su amabilidad hemos buscado esta fecha nueva. Y la agradecemos también que nos haya enviado un documento previo a esta comisión, que nos va a facilitar el desarrollo de esta. Le agradecemos que esté aquí de nuevo y, sin más, le doy la palabra.

Muchas gracias.


El señor PRESIDENTE DE HONOR DE LA FUNDACIÓN EUROAMÉRICA (Solchaga Catalán): Muchas gracias, señor presidente.

Señorías, para mí es un honor comparecer una vez más ante la Comisión de Asuntos Iberoamericanos del Senado de España, para, en mi calidad de presidente de honor de la Fundación Euroamérica y también de consultor internacional que sigue estos asuntos, informarles a ustedes sobre la situación de la región, sus perspectivas y también sobre las reflexiones que los cambios que se han venido produciendo en los últimos años sugieren y que creo habría de ser conveniente compartir con ustedes dado el asunto que les preocupa en los trabajos de esta comisión.

Se refería el señor presidente en sus palabras introductorias a que no pudimos tener en su día la reunión tal y como habíamos previsto. Luego, no sé si por culpa mía, también una nueva fecha hubo de ser aplazada. El caso es que mis primeras palabras hubieran sido de lamento por llegar tan tarde, pero debo decirles que, por razones que luego expondré, casi me felicito de que la reunión se produzca ahora en el sentido de que tan importante o más de lo que habría podido decirles en la primavera pasada sobre lo que ha ocurrido en Latinoamérica y sobre las perspectivas que se abren para los próximos meses y años, es lo que ha transcurrido en los meses que han pasado desde entonces hasta aquí. De hecho, quizá esto es más relevante.

En el documento que ustedes tienen, al hablar del panorama regional de América Latina en marzo pasado, comenzábamos diciendo lo siguiente: América Latina ha cerrado un ejercicio complejo, marcado por una desaceleración del crecimiento superior a la prevista y con sacudidas en algunos países. La verdad es que nosotros habíamos previsto el año anterior que en 2013 América Latina crecería un 3,6% y, sin embargo, creció tan solo un 2,6%. La razón fundamental no tuvo tanto que ver con asuntos internos de América Latina o de los países que la componen –que también−, como con el hecho de que se produjeron algunos shocks internacionales, el principal de los cuales, sin duda, fue que a partir del mes de mayo de 2013 la Reserva Federal de los Estados Unidos dio a conocer su perspectiva de revisión de la política monetaria, terminando con el procedimiento de sobrealimentación de liquidez a la banca norteamericana y, por tanto, empezando a reducir la cantidad de provisión de liquidez en los próximos meses. La idea era que lo peor de la recesión norteamericana se había vencido, la situación del sistema bancario norteamericano también había mejorado, y en esas perspectivas se corría el riesgo, proporcionando tanta liquidez a la banca y tal aumento al crédito, de que antes o después se produjera una inflación de cierta importancia. Por tanto, la Reserva Federal dijo que habría que terminar con ese período de política monetaria extraordinariamente flexible, lo que probablemente significaría antes o después una subida de los tipos de interés. Y simplemente este anuncio –y esta es una señal de hasta qué punto sigue siendo volátil la percepción que tienen los mercados de la evolución de la economía internacional−, simplemente este aviso de que en meses sucesivos podría ocurrir esto, llevó a una huida de los capitales internacionales hacia los bonos de los países más seguros como Estados Unidos y Alemania, y tuvo como consecuencia sobre todo un repentino parón de las inversiones extranjeras en América Latina y también una salida importante de parte de ellas. El impacto que esto tuvo, en primer lugar, sobre la confianza internacional, en segundo lugar sobre la demanda de inversión, y en tercer lugar sobre el consumo en general de estas economías, particularmente acusado en aquellos países donde tenían situaciones más delicadas –claramente Venezuela y Argentina−, fue lo suficiente como para explicar esta desaceleración del crecimiento económico respecto de lo que había sido el consenso sobre lo que había de pasar a lo largo del año pasado.

Y pocas líneas más adelante, y después de explicar esto, concluíamos: Con todo, y pese a las fuertes turbulencias recientes, cuyo desarrollo y desenlace es todavía incierto, el escenario central sigue siendo de un moderado repunte de la actividad para este año 2014 y para 2015. Pero esto tampoco se ha cumplido, y este es el tema sobre el cual querría centrar la atención de sus señorías. Esto tampoco se ha cumplido, haciendo una vez más, como en los últimos tiempos, que los economistas seamos el gran consuelo de los meteorólogos y otros previsores del tiempo puesto que nos equivocamos más que ellos últimamente en la previsión de las situaciones económicas.

Creo que se les ha repartido un cuadro en el que se hace una comparación entre el crecimiento económico, la inflación y el saldo presupuestario. No sé si lo tienen ustedes; es una página separada del propio documento. (Pausa). Parece que no la tienen sus señorías y lo siento, porque es muy importante. Pero tomen mi palabra por buena.

Entre la primavera de este año y el momento actual ha habido cambios importantes en varios rasgos macroeconómicos básicos de la región y en particular en algunos países. Para empezar, la inflación se ha deteriorado sobre todo en dos países que, es verdad, están al borde de la hiperinflación. Por un lado Venezuela, que tiene ahora unas previsiones de inflación de un 64% cuando hace seis meses eran tan solo de un 55%, y por otro lado Argentina, que está en un 36% de previsión de subida del IPC este año frente al 32%. El resto de los países, con la excepción de Brasil, que tiene una tasa de inflación por encima del 6% prevista para este año y que acumula lo que ha sido un enorme deterioro de la competitividad de su economía a lo largo de los últimos cinco o seis años, podríamos decir que no tienen graves problemas de inflación. Por tanto, no es ahí donde está la cuestión hacia la que quiero atraer su interés, ni tampoco está en el saldo de la balanza de pagos, donde a pesar de que yendo peor las exportaciones de lo que iban hace un año, sin embargo su deterioro es relativamente pequeño. En su conjunto, por ejemplo, el saldo de la balanza de pagos para América Latina va a deteriorarse desde un déficit del 2,1% del producto interno bruto de la región hasta el 2,4%, lo cual puede decirse que es un empeoramiento tolerable y manejable. Un poco peor se ha comportado el saldo presupuestario de la región, y en particular se ven problemas graves de sostenimiento de los déficits en Argentina y Venezuela y, seguramente, también a medio plazo en Brasil. Pero donde se han concentrado las peores noticias, las que han permitido un cambio de la apreciación sobre las perspectivas de la región de América Latina, ha sido en el crecimiento del producto interno bruto. Si Argentina ya tenía mal aspecto en marzo y calculábamos que iba a crecer tan solo un 0,7%, hoy nuestros cálculos es que decrecerá en torno a un 0,4%, pero el consenso de los analistas que estudian Argentina es que decrecerá más de 1,1%.

Brasil se ha introducido en dos trimestres consecutivos de recesión económica y, a consecuencia de ello, si antes pensábamos que Brasil este año iba a crecer un 2,2%, hoy nos quedaríamos muy contentos si tuviera un crecimiento positivo aunque fuera de unas décimas, 0,3 o 0,4%.

Chile ha pasado de unas perspectivas del 3,9% al 2,4%; Méjico del 3,5% al 2,5%, siendo de los que mejor lo está haciendo; Perú, que venía siendo la joya del crecimiento en América del Sur en los últimos años, creciendo a tasas del 6%, del 8% y del 9%, hemos pasado a darle una previsión de crecimiento del 3%, cuando en la primavera todavía creíamos que se acercaría al 6% el crecimiento experimentado por el país; y Venezuela, de la que ya teníamos una previsión de crecimiento negativo –si esto no es una contradicción en los términos- para este año, en la primavera pasada, ahora creemos que se va a contraer su producto interno bruto en no menos del 3,5%.

En consecuencia, cuando uno mira a toda la región, después de considerar a estos 7 grandes países, resulta que el crecimiento latino americano no va a ser del 2,7% como pensábamos en la primavera pasada y que implicaba un ligero repunte sobre el 2,4% del año anterior, sino tan solo del 1,2%, y no descarto que tengamos que revisar a la baja cuando conozcamos los datos finales de año las cifras que les acabo de decir.

¿Qué ha pasado? ¿Cómo todos nos hemos equivocado tanto? Cuando pensábamos que podía haber una cierta recuperación de la región, sin embargo, esta no solamente no se ha producido, sino que la región se ha metido en una situación delicada con 2 países grandes claramente en recesión, Argentina y Venezuela, un país en recesión de la que esperamos que con un poco de esfuerzo pudiera salir en la segunda parte del año, me refiero a Brasil, y los demás países, los que estaban creciendo de manera significativa, Chile, Perú, etcétera, cayendo. La única excepción, y hay que señalarlo, es Colombia. Colombia sigue manteniendo una tasa de crecimiento parecida a la que habíamos previsto, en el entorno del 5%. Colombia es un país que poco a poco, trabajando ante unas dificultades gigantescas de la lucha contra la guerrilla, todas las dificultades que está representando la negociación en La Habana para que la paz con la guerrilla, los problemas todavía del narcotráfico que vive allí, con todo y con eso va instalándose en la estabilidad política, en la estabilidad financiera y en el crecimiento económico. Pero, naturalmente, a Colombia le pasará como a todos los demás, nadie vive aislado en una economía global. De manera que para Colombia es también crucial que la región vaya saliendo adelante y no solo la región.

Volvamos pues a la pregunta, ¿por qué este comportamiento tan decepcionante de la economía latinoamericana? Por supuesto, hay razones específicas de algunos de los países. La situación en Argentina está acabando ya lo que ha podido ser un proceso colectivo de autoengaño dirigido por un Gobierno que no ha querido nunca contar la verdad a sus ciudadanos, que ha estado dispuesto a manejar, manipulando las estadísticas del IPC, los precios al consumo, del crecimiento del producto interno bruto, y en donde, en última instancia, una mala gestión general ha sido tapada por las windfall gains, es decir, las ganancias inesperadas procedentes de unos precios magníficos de las exportaciones del país; exportaciones a lo largo de muchos años de alimentos y materias primas agrícolas, que le han permitido mantener una gestión de la economía inadecuada.

Venezuela es lo mismo, pero por decirlo de manera informal, a lo bestia. En el caso de Venezuela, como todos ustedes saben, siempre ha tenido el enorme privilegio de los pozos de petróleo y de tener las reservas más grandes del mundo junto con las de Arabia Saudí, y siempre ha podido explotar la credibilidad que da esto por la posibilidad de la exportación en divisas fuertes para salirse de lo que podría ser la ortodoxia en el manejo de la política económica en general, pero yo creo que el abuso que ha hecho el régimen actual bolivarista y, luego, el desorden que de manera cada vez más acentuada se ha ido instalando en la gobernación del país después de la muerte del anterior presidente, ha llevado ya a una situación prácticamente sin salida. Unos y otros, a pesar de que han tenido una capacidad de exportar importante, y que todavía en gran medida se mantiene ahí, están empezando a tener un nivel de reservas de divisas extraordinariamente pequeño, y unos y otros han tenido la mala idea de intervenir constantemente en la economía para, a través de subsidios, fijación de precios, limitaciones a veces coactivas sobre la oferta interior, producir algo parecido a la normalidad mediante la importación subvencionada de alimentos y otros bienes. Cuando las reservas de divisas se están acabando y la posibilidad de seguir haciendo esto se va reduciendo, el resultado de todo ello sencillamente es una situación inestable políticamente y unas perspectivas de gobernación que sencillamente no se pueden mantener. Lo que pueda pasar en los 2 países no lo sabemos, pero lo que sí es seguro es que las líneas generales de este mal gobierno, que han caracterizado el funcionamiento de ambos en el último decenio, en la última década, no se van a poder mantener. Veremos por dónde salen.

Y junto a esto, hay un fenómeno no menos inquietante, aunque desde luego, no adquiere el nivel dramático de estos 2 que acabo de describir, que es la pérdida de la confianza empresarial en Brasil; este ha sido un fenómeno sorprendente porque Brasil ha sido un país de relativo éxito desde los años de Lula, es decir, desde los últimos prácticamente doce años, un país que ha tenido durante algunos periodos tasas de crecimiento muy brillantes, un país que ha conseguido sacar a 20, 25, 30 millones de personas con sus correspondientes familias de los niveles de pobreza e incorporarlos a las clases medias modestas, un país que de alguna manera ha mantenido una estabilidad política y social bastante importante solo interrumpida en el último año, ya en el 2013, por las manifestaciones contra lo que se consideraba la política de despilfarro del Gobierno de cara a las inversiones en el Mundial de Fútbol 2014 y luego en las Olimpiadas de 2016; un país que podríamos decir que fue el centro de atención entre los países de América Latina a lo largo de la última década y en el que de repente parece como si las principales fuerzas impulsoras del crecimiento económico estuvieran desvaneciéndose.

La razón es difícil de encontrar, pero el resultado sí se conoce; el resultado es una caída brutal de la inversión en Brasil. La desconfianza que se originó en gran medida como consecuencia de la inestabilidad cambiaria que produjo el cambio en la orientación de la política monetaria de la Reserva Federal en los meses centrales del 2013, y que continuó en el año 2014, no fue capaz luego de ser eliminada; la confianza no se recuperó y el resultado es en cierta medida inquietante, hay una auténtica movilización de la clase empresarial en Brasil, no diré que de toda, pero sí de una gran mayoría, contra el Gobierno del PT y contra Dilma Rousseff. Es un hecho, y no se trata, no me entiendan ustedes mal, de una movilización ilegal o anticonstitucional; lo que hay es un abandono, una desconfianza creciente sobre las posibilidades del PT, y esto es lo que hace que al día de hoy las encuestas sobre las elecciones presidenciales del domingo próximo den resultados prácticamente equilibrados. Es verdad que hace dos semanas Aécio Neves, representante del Partido de la Social Democracia Brasileña, iba 2 o 3 puntos por delante y también es verdad que ahora va 2 o 3 puntos por delante Dilma Rousseff. Pero, en fin, estas diferencias están dentro de lo que podríamos llamar errores técnicos en el sondeo. Nadie sabe qué es lo que puede ocurrir, pero hay una cosa que sí es cierta. Las tendencias inflacionistas de las que les he hablado, la deriva que ha adquirido el déficit de las cuentas estatales y la pérdida profunda de competitividad de la economía a lo largo de los últimos ocho o diez años obligan a quien quiera que vaya a llegar al poder, después de las elecciones de este próximo domingo, a encarar una política seria de ajuste estructural con transformaciones radicales dentro del país. Si no lo hace, las esperanzas que toda la región tenía –por supuesto, los brasileños los primeros− de que Brasil actuara como motor, como impulsor de todo el crecimiento en América Latina podrían desvanecerse en los próximos años.

Junto a esto, como decía, hay otros factores de entorno. Los factores de entorno siguen siendo, desgraciadamente, los mismos que todavía no se han desactivado. No se ha desactivado aún la sensación de crisis en los mercados financieros, y no se ha desactivado porque todavía nadie está absolutamente convencido de que los sistemas bancarios internacionales estén perfectamente preparados para resistir cualquier otra situación. Y la tensión que existe por dotar de mayor solvencia a los bancos, particularmente a los europeos, y pretender que al mismo tiempo estos den crédito, sabiendo que son dos cosas contradictorias, produce una impresión de inseguridad en los mercados, una incertidumbre que se traduce seriamente en tasas de volatilidad tanto en los mercados de renta variable como en los mercados de bonos y, en general, en las perspectivas financieras muy elevadas.

En los meses transcurridos del 2014, 2 cosas son claras. China no va a poder mantener las tasas del 9 o el 10% que durante dos décadas largas ha venido manteniendo en el crecimiento de su economía; no va a ser posible. Cuando las autoridades chinas han explicado su crecimiento del tercer trimestre de este año −y ha habido una tasa del 7,3%-, han dicho que esto es lo que se espera como lo normal; la normalidad ya no es el 9 o el 10%. Los esfuerzos que está haciendo China por cambiar parte del motor del crecimiento desde las exportaciones a la demanda interna de consumo e inversión están teniendo un éxito relativo. Seguramente ya nunca tendremos a China, no solamente exportando mucho, sino también –y la gente lo ha olvidado, porque siempre cuenta aquellas cosas que más le preocupan: la capacidad de exportar de China− importando cantidades gigantescas. Y esto ha afectado mucho a los países latinoamericanos. Particularmente, países como Perú y Chile –otros también, pero estos dos eran grandes proveedores de materias primas minerales a China− han notado mucho que tanto sus exportaciones, en términos monetarios, como los términos de intercambio, es decir, el precio medio de las exportaciones frente al precio medio de las importaciones una vez traducido a soles peruanos, han venido cayendo considerablemente. De manera que no cabe esperar que aquella situación tan extraordinariamente buena vaya a restaurarse rápidamente.

Pero además de China cabe hablar de otros países, como Rusia, que tiene un problema grave que nace no solamente de sus propias dificultades, sino también de las represalias comerciales que los países, llamémosles occidentales, de la Unión Europea, más Estados Unidos, Canadá, Australia, etcétera, están procediendo contra ella. Es una zona que está dejando de crecer y que, además, tiene la amenaza de una posible paralización durante muchos años de la subida del precio del petróleo, la cual se debe en parte, y solo en parte, a una desaceleración de la demanda global de este producto, pero también, y en parte muy importante, a la aparición del shale oil, es decir, a otros productores nuevos que han hecho que, por ejemplo, Estados Unidos haya dejado de ser un demandante neto en los mercados internacionales de petróleo.

Es decir, los países emergentes no están muy bien y la esperanza era que los países avanzados pudieran sustituir en parte el papel impulsor que habían jugado los países emergentes en años anteriores, y esto es lo que no se ha producido; no tanto por los Estados Unidos, que después de un primer trimestre muy malo por razones meteorológicas –quizá recuerden ustedes las grandes nevadas a principios de año, que detuvieron el transporte y también la producción y el crecimiento económico− se recuperó en el segundo trimestre, como por Europa. La verdad es que en Europa, como hemos comentado hace un momento en una charla informal antes de sentarnos, estamos al borde de la tercera recesión. Italia está en recesión, Francia no tiene crecimiento y los datos alemanes son francamente malos. Si los tres grandes países de la eurozona están en esa situación y el resto de los países de la Unión Europea, con la excepción del Reino Unido, que está creciendo en tasas próximas al 3%, y algún otro pequeño, como puede ser Polonia, están en situaciones parecidas, corremos el riesgo de entrar en una tercera recesión. Esto sería extraordinariamente negativo para Europa, para las relaciones de equilibrio de poder dentro de los países europeos, aquellos que son, por decirlo así, acreedores y deudores, los del norte y los del sur, los que tienen más urgencia por crecer porque tienen más desempleo y aquellos que tienen menos. Probablemente, esto podría dar lugar a amenazas sobre la estabilidad institucional, tanto de la eurozona como de la propia Unión Europea en su conjunto. Pero, al margen de esto, que requeriría de una conferencia especial para hablar solo de ello, lo cierto es que la falta de contribución al crecimiento de la Unión Europea significa una vez más una tendencia al retroceso del crecimiento de la economía mundial. Europa, aun cuando políticamente cada vez pese menos, todavía económicamente tiene un peso significativo en la economía mundial.

Las perspectivas de América Latina en este nuevo contexto: países asiáticos creciendo menos –bien, pero menos−, Europa todavía al borde de la recesión y, por tanto, los países avanzados sin contribuir de manera muy significativa al crecimiento económico, son en el mejor de los casos perspectivas de crecimiento lento; en el peor, podrían ser perspectivas de estancamiento. Y es muy distinto, por eso he preferido llamar su atención sobre lo que ha pasado en los últimos meses. La apreciación que tenemos de la situación de la región es muy distinta de la que teníamos en la cabeza todos hace tan solo unos meses, al comienzo del año, y desde luego hace dos años. América Latina, que había superado en condiciones notables, por lo positivas, una crisis económica internacional, que por primera vez se había visto menos afectada que los países desarrollados, que había mantenido tasas de crecimiento que habían permitido en muchos países la creación de clases medias y la eliminación de la pobreza en amplias capas de la población, esa América Latina presenta unas perspectivas de crecimiento muy diferentes.

Dando esto por sentado como hipótesis de trabajo, permítanme que reflexione sobre 3 puntos, y lo haré rápidamente para no ocupar demasiado su tiempo. El primer punto es qué va a pasar con los avances que en materia social se han producido en América Latina. En particular, ¿el aumento de las clases medias y la eliminación de la pobreza van a dar marcha atrás o se va a quedar para siempre lo que se ha conseguido? La verdad es que la situación es delicada. Es evidente que una tasa de crecimiento menor va a traer consigo un mayor desempleo. Hoy el desempleo en la región no es particularmente alto. Los 7 grandes países a los que antes me he referido tienen tasas de desempleo entre el 5 y el 9%. Es verdad que en muchos de ellos existe lo que podríamos llamar economía informal, como les gusta decir a ellos, o irregular que hace que estas cifras o tasas no sean comparables con las de los países desarrollados y más avanzados. Pero, por comparación con las estadísticas a lo largo de la historia de la región, podemos afirmar que hoy el desempleo está relativamente bien; en algunos sitios incluso sigue bajando y en otros ha empezado a repuntar y a subir. No obstante, un aumento del desempleo no hará nada por favorecer el mantenimiento de los resultados obtenidos en la lucha contra la pobreza.

Si yo creyera que los resultados obtenidos en este terreno en Brasil, en Chile, en Perú y en otros países, que han sido particularmente positivos después de décadas, cuando la pobreza no solamente no disminuía sino que aumentaba, si yo creyera que estos resultados se habían producido como consecuencia de un aumento en la productividad total de los factores de estos países, tendería a creer que casi con toda seguridad estaban aquí para quedarse con nosotros. Pero esto no ha sido así. En la mayor parte de los casos se ha obtenido a través de políticas redistributivas, políticas de subvención a veces a las importaciones, como ha sido el caso de Venezuela, importaciones de alimentos y de otros bienes necesarios para las familias más modestas que les han ayudado a mejorar considerablemente su dieta y su nivel de ingresos; ha sido a través de intervenciones directas en los precios de determinados bienes  en Argentina y en otros lugares ; ha sido, a veces, a través de la redistribución, más formal, en este caso, de los ingresos estatales, como ha podido ser en los programas que lanzó Lula y ha mantenido Dilma Rousseff de ayudas a las familias. Pero todos ellos, al final, requieren de recursos públicos. No hay nada malo en que uno luche contra la pobreza con recursos públicos, al menos para las personas que, como yo, somos socialdemócratas, que estamos dispuestos a invertir una parte muy importante del presupuesto de la nación en asegurar la igualdad de oportunidades, luchar contra la pobreza y mejorar la situación económica y social del país. Lo que sí es verdad es que esto no se puede hacer sobre bases poco sólidas, hay que hacerlo sobre la base de recursos  permitan ustedes la redundancia  recurrentes, es decir, sobre la base de unos impuestos anuales que, año tras año, den la capacidad para que una parte de ellos se dediquen a estas políticas de redistribución. Si uno solo confía en la intervención estatal o las subvenciones a determinadas cosas, si uno cree que exclusivamente mediante la apelación al crecimiento de la deuda nacional mediante el déficit uno puede sostener una política permanente estructural de redistribución de la renta en favor de los más o menos favorecidos  más desfavorecidos o menos favorecidos , sencillamente, se está haciendo trampas en el solitario. Y esta es la impresión que uno tiene cuando contempla cómo ha sido el proceso de redistribución de rentas a favor de los más pobres que se ha producido en muchos países de América Latina. Ciertamente, yo estoy persuadido de que ni en Argentina ni en Venezuela se puede sostener la situación, y creo que Brasil tiene muchos riesgos de empezar a reducir lo que ha sido hasta ahora esta redistribución en favor de los más pobres. De manera que este es un tema de adicional preocupación.

Corolario no necesariamente indispensable del mismo es el segundo tema del que quiero hablar con ustedes, la estabilidad política: qué pasará en un contexto de menor crecimiento, en un contexto en el cual puedes dedicar menos recursos a la gente más pobre, en un contexto en el cual, de verdad, haya muchas clases medias recién salidas, recién emergidas, y mucha gente en general que haya llegado a acariciar la esperanza de que su país ya, por fin, va a evitar lo que podría ser la exclusión marginada de los más pobres. ¿Cuál es la reacción ante esto? Es difícil adivinarla, pero sí hay un patrón de comportamiento bastante común. Es solo después de que se ha salido de las situaciones de mayor escasez, cuando ya parece que la situación económica es mejor y la situación social está establecida, cuando realmente la frustración de la población porque aquello no puede seguir se produce de manera más contundente. Ese es un riesgo que existe. Hasta hoy lo que podemos decir es que la estabilidad política ha sido lo normal en la región, que en general los residuos de actividad guerrillera y de política por la vía de las armas y la violencia van poco a poco desapareciendo, van perdiendo terreno, y que en general también el funcionamiento de los partidos cualesquiera que sean sus defectos, que no serán mucho mayores que los nuestros, sigue siendo relativamente normal. Se han producido las elecciones presidenciales. Hemos tenido unas cuantas este año y todas se han producido de manera normal. Esperamos ahora la de Brasil, más adelante vendrá Uruguay, igual que ahora hemos tenido Bolivia o hace un año tuvimos Chile. Pero yo creo que ahí se abre una incógnita sobre qué grado de estabilidad política podrá predominar en la región si las circunstancias económicas se deterioran no un poco, como creo que va a ser el caso, sino a una velocidad mayor, porque incluso ahora nosotros también nos equivocamos sobre las perspectivas de crecimiento.

En tercer lugar  y con esto voy concluyendo, señor presidente , creo que es interesante reflexionar sobre lo que pueden ser las grandes magnitudes de la estabilidad económica, las grandes variables, así como la orientación de la política económica. Yo creo que en alguna otra ocasión, en mis comparecencias aquí, he señalado una paradoja hasta cierto punto divertida, y es que estos países que se despertaron al siglo XXI en un grito crítico contra el papel del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial o contra los principios rectores del consenso de Washington, luego han venido adaptándolos sin decirlo, e incluso denunciándolos, en el manejo de sus políticas económicas. La sorpresa aquí no ha sido que quien parecía ortodoxo haya hecho luego una política populista, al contrario, aquí la sorpresa ha sido que gente como Humala, que parecía que iba a hacer una política totalmente populista, al final se mantuviera dentro de, lo que podríamos llamar, los límites de la ortodoxia; la sorpresa ha sido que gente como Evo Morales o como el presidente de Ecuador, el señor Correa, hayan mantenido los límites de su actividad, en lo que se refiere al manejo de las variables económicas y la orientación de su política económica, dentro de la ortodoxia; la sorpresa ha sido, en general, que hasta algunas veces en Venezuela, cuando vivía Chávez, hayan llegado a considerar políticas ortodoxas, bien es verdad que sus virtudes revolucionarias les han hecho rechazar rápidamente la tentación, pero hasta allí ha llegado a producirse esto. Y, en ese sentido, yo creo que esto es un valor adquirido. La idea de que la inflación es peligrosa, es mala y no conviene a los más pobres  es a los que menos conviene ; la idea de que uno no puede vivir en un mundo global donde necesita de la financiación y la confianza de los demás manteniendo niveles de deuda excesivos o déficits fiscales que conducen a lo mismo; la idea de que después de todo uno tiene que tener una política de tipos de interés que sea realista; todas estas ideas han ido permeando en no diré el paradigma, pero sí por lo menos el pensamiento común de la clase política en los países de la región y, por tanto, creo que quedarán ahí. Pero reconozcámoslo, si países como los nuestros, que han vivido las utopías marxistas, que han vivido las tentaciones fascistas, que han considerado los regímenes autoritarios con sus tendencias populistas, están cayendo en estos momentos en la tentación del populismo, ¿por qué habríamos de pensar que los países latinoamericanos, que tiene una historia bastante más convulsa en este sentido, no habrían de padecer lo mismo? En principio, yo soy optimista sobre esto, en el sentido de que creo que es una parte de una cultura que se ha adquirido, es un acervo que está en la cultura de la mayor parte de los políticos latinoamericanos, pero no podemos excluir eso.

Por lo demás, probablemente, la inflación, con la excepción de los dos países que están al borde de la hiperinflación, la cual es nada más que una parte de sus problemas, yo creo que hoy por hoy no tiene graves riesgos. Creo que las balanzas de pagos  antes he señalado los déficits  están dentro de lo manejable y considero que será una bendición que la mayor parte de los países sigan manteniendo no una política de tipo de cambio fijo, sino una política de tipo de cambio flexible, adaptando este a la evolución de los mercados y a las expectativas en los mismos.

Finalmente, la situación de deuda en la región sí que es sorprendente. Ya quisiéramos en Europa tener los niveles de deuda sobre el PIB que tienen los países latinoamericanos. Algunos, como Chile, cuando consideran los activos que tiene el Estado se encuentran en una situación de deuda neta negativa; Chile no tiene deuda. Pero otros muchos países se encuentran en niveles de deuda del 28, 30 o 35%. Por lo tanto, esto, junto con un nivel de reservas de divisas saludable  excluyendo a Argentina y Venezuela , en algunos casos hasta excesivo, sugiere que los dos puntos por los cuales más fácilmente cae la situación de un país: un déficit de balanza de pagos y una huida de la moneda, o un problema de repudio de la deuda ante la imposibilidad de pagarlas, hoy se encuentran lejos en el horizonte de las posibilidades.



Existe un caso especial sobre el que quiero decir unas palabras antes de contestar a sus preguntas: el caso de Argentina. Difícilmente me va a convencer ninguno de ustedes de que la gestión en Argentina ha sido buena en los últimos años. Difícilmente voy a encontrar, por mucho que rebusque, rasgos de inteligencia y sentido común en las decisiones que en materia de política económica se han tomado en Argentina durante los últimos años. Dicho lo cual, sin embargo, he de romper una lanza en favor de la posición argentina en el asunto de la deuda. Reconozco que la cuestión de la deuda es delicada. Es muy difícil saber cómo manejar un momento en el cual se repudia una deuda, se reconoce la incapacidad de pago, se llama a los tenedores de la deuda acreedores del Estado y se les dice: ¿Cómo arreglamos esto? Pero es evidente que hay momentos en que esto se produce. No es ya solo que la historia del financiamiento de los tesoros nacionales de todos los países del mundo esté llena de repudios e impagos de la deuda, eso es un hecho, sino que es evidente que hay circunstancias  como ocurre también con frecuencia en el sistema bancario  en las que se producen situaciones que no han sido bien controladas y para las que no queda más remedio que la intervención inmediata de los poderes públicos para tratar de resolverlo. Frente a esto, la tesis que se mantiene con más frecuencia es la idea de evitar lo que llaman los anglosajones el moral hazard, es decir, el aprovechamiento por parte de algunos de que, sabiendo que alguien va a intervenir para salvarte la situación en última instancia, esto les lleva a comportamientos arriesgados sin tener en cuenta lo que los mismos representan. Yo creo que el moral hazard es una interpretación un tanto puritana y poco realista. No digo yo que no haya gente que piense: si al final me resuelven el problema, voy a correr riesgos mayores; pero creo que esa no es la actitud. Generalmente, cuando a un banquero le pasa algo y el banco se le va de las manos es porque ha gestionado mal, no porque haya pensado que en última instancia el Tesoro le va a salvar el banco si todo va a mal. El banquero lo que quiere es que el banco le vaya bien. Y quien dice eso lo dice también de muchos países que lo que desean es seguir colocando su deuda y no tener problemas en cuanto al pago de los intereses o de su principal. Pero debo reconocer, tanto desde el punto de vista moral como también de la organización de los pagos, de la credibilidad de dar crédito porque se supone que te lo van a devolver, que hay que hacer pagar al final a los deudores, con lo que tengan y con lo que no tengan, el valor de su deuda. Sin embargo, lo cierto es que cuando se llega a una situación de repudio eso nos sirve de poco. El caso argentino fue aquel en el cual tuvieron que negociar una situación de deuda simplemente intolerable después de una devaluación gigantesca del tipo de cambio del peso argentino, y llegaron a un acuerdo con la inmensa mayoría de los tenedores de los bonos argentinos. De ese acuerdo se salieron quienes creyeron que tenían  y lo tenían en términos de derecho internacional  perfecto derecho a tratar de reclamar el valor total de la deuda. Pero, naturalmente, si unos pocos o una minoría es capaz de detener un proceso de reajuste de la deuda, particularmente cuando estamos ante una situación de crisis de un gran país, de una gran empresa o de un gran banco, nos encontramos ante una situación difícil de manejar, por no decir imposible. Considero que en los mercados internacionales se debería cambiar la regulación relativa a cómo llegar a un acuerdo sobre reducción de deuda, de manera que unas mayorías cualificadas obligaran a la minoría a aceptar los acuerdos que entre ellas y el deudor se hubieran establecido. De otro modo, no habrá manera de resolver la situación. Esto lo comprobamos en la crisis de los ochenta en América Latina; hasta que aparecieron los bonos Brady, la nueva idea de sustituir una deuda por otra, aceptando naturalmente una reducción importante, este problema no se pudo resolver. Quizá podríamos experimentar algo parecido en Europa en algún país. Espero y deseo que no sea el caso, pues podríamos encontrarnos ante una situación delicada como esta. Pero, insisto, cualesquiera que sean los muchos deméritos que Argentina haya contraído para sufrir gran parte de los problemas económicos que tiene, este de la deuda es un problema adicional respecto del que yo creo que un juez, por muy buen juez que sea, desde Nueva York y sin tener en consideración los problemas políticos, económicos y financieros de toda una nación, no puede juzgar olvidándose de las conveniencias políticas. Espero que este asunto se pueda resolver, primero porque será bueno para Argentina y, segundo, porque significará un precedente de cómo deben emitirse a partir de ahora los bonos en los mercados internacionales, bajo qué regulaciones legales y en qué condiciones se pueden rescatar en caso de reestructuración de la deuda, de modo que predomine el voto de la mayoría cualificada y que no sean unos pocos los que puedan detener un proceso de negociación a todas luces indispensable.

Acabo, señor presidente. Las perspectivas para Latinoamérica han cambiado. No quiero dramatizar ni decir que vayan a ser extremadamente malas para los próximos meses; de hecho, yo todavía soy de los que apuesta por que el año que viene puede ser un poquito mejor que este. Sin embargo, sí debo transmitirles mi impresión de que me sorprendería, muy gratamente por cierto, que las cosas cambiaran de manera dramática y las perspectivas de crecimiento en América para los próximos dos años fueran tan buenas como las que contemplábamos hace tres o cuatro.

Muchas gracias.
El señor PRESIDENTE: Muchas gracias por su intervención, señor Solchaga.

A continuación, tiene la palabra el portavoz del Grupo Parlamentario Vasco en el Senado, el senador Anasagasti, solicitante de esta comparecencia.


El señor ANASAGASTI OLABEAGA: Muchas gracias, señor presidente. Muchas gracias, señor Solchaga.

Su comparecencia en el Senado para intervenir en una especie de debate sobre el estado de América se está convirtiendo ya en un clásico. El presidente decía que ha venido usted a esta comisión 2 veces, pero no, han sido 3: 2 en esta legislatura y 1 en la anterior. Nosotros consideramos que estos trabajos anuales sobre las perspectivas y el futuro de América Latina, sobre sus contenidos, sobre el panorama regional y los diferentes temas de análisis ilustran muy bien a esta Comisión de Asuntos Iberoamericanos y podríamos considerarlo como uno de los hitos del año.

Usted habla con una claridad  creo que con mucha más claridad que cuando era ministro y comparecía en las Cortes, sobre todo en relación con algunos países− a la que no estamos acostumbrados en relación con el análisis de la situación de determinados países en América. La prudencia del Gobierno invita siempre a proteger los intereses de las empresas, por ejemplo en Venezuela, en la propia Argentina o Bolivia, y muchas veces no nos enteramos de lo que de verdad está ocurriendo.

Señor Solchaga, yo le voy a hacer 3 preguntas breves. Usted señalaba un apunte sobre el Tratado transatlántico de libre comercio e inversión entre Europa y Estados Unidos. La semana pasada una columnista del periódico El País dijo que era como el ébola -me imagino que usted no coincidirá con este análisis  porque no solamente desaparecen los aranceles de aduanas, sino las barreras no arancelarias que ponen trabas al comercio. Indudablemente, hay peligros para Europa que están el horizonte. Querría saber cómo cree usted que va a acabar esto, y si va a ser bueno para América y para Europa.

En segundo lugar, usted también ha hecho un apunte sobre el papel del Fondo Monetario Internacional que, además, ha coincidido con la jubilación de Enrique Iglesias  un personaje importantísimo dentro de América Latina  como secretario general de la Segib. Durante trece años él y Michel Camdessus abordaron en el Fondo Monetario Internacional soluciones viables para la crisis de la deuda que tuvieron una aplicación con mucho éxito del Plan Brady para la reducción de dicha deuda. Es decir, que había personas que tenían autoridad moral y auctoritas como para poder trabajar en estos asuntos. ¿Cree usted que en el panorama actual hay personajes como Camdessus y como Enrique Iglesias?

Uniendo esto a las cumbres iberoamericanas de jefes de Estado y de Gobierno  ahora parece ser que van a celebrarse cada dos años , quisiera saber si cree usted que sirven para algo, si tienen un seguimiento, y si este tipo de cumbres pueden de alguna manera orientar, analizar y proponer soluciones globales a países que están en crisis, que crecen, pero tienen sus problemas y, sobre todo, cuentan, como usted también ha apuntado, con una presencia de China, con la que incluso tienen deudas fuertes. Venezuela tiene una deuda muy fuerte con China, y no sabemos cómo va a terminar.

Por eso, me incursiono en la situación de algunos de los países llamados irresponsables que, sin embargo, han tenido un cierto éxito como Bolivia y Ecuador, que han crecido. ¿Cree usted que esta va a ser la tónica? Al presidente Evo Morales le ha venido muy bien ese crecimiento económico porque ha tenido un éxito electoral importante. Sin embargo, la situación de Venezuela, con una inflación de casi el 64%, es caótica y dramática. Y sobre todo, como usted ha comentado, sin reservas de divisas para poder abordar ciertas cuestiones. Hay una presencia cubana muy importante en Venezuela, y unas elecciones legislativas el año que viene. Todo esto hace que la situación en Venezuela tenga que optar, o tiene que pactar el Gobierno con el mundo empresarial  Chávez lo adversaba y decía que con lo que había que acabar era con la empresa privada; todos recordamos que paseando por el barrio del Silencio, en Caracas, solo veías: exprópiese, exprópiese, exprópiese  o, si no, el camino siguiente: ir a un modelo cubano de funcionamiento a través de personajes militares. Eso está en el horizonte. Usted, con su perspectiva y con su análisis, ¿qué cree que puede ocurrir? Porque la situación ya no da más de sí, y políticamente es inviable que eso pueda seguir; la gente joven se marcha, están desabastecidos todos los mercados y supermercados, la inflación es galopante, la inseguridad ciudadana, la libertad de expresión, etcétera. ¿Para qué lo vamos a describir? Sobre todo porque en España también tiene su repercusión. A pesar de que no se quiere hablar de Venezuela, hay partidos políticos emergentes que están irrumpiendo, que han asesorado al presidente Chávez y al presidente Maduro y, al parecer, el modelo bolivariano es el que puede solucionar los problemas de la situación de paro, por ejemplo, en España y en Europa. Sin embargo, no se habla de este tipo de cosas. Por eso me ha gustado que usted haya hablado descarnadamente de la situación de Venezuela, que es absolutamente dramática, y si sigue así, indudablemente, habrá una gran explosión.

Finalmente, señor Solchaga, me gustaría que el próximo año viniera también usted y nos anunciara ese avance que puede haber y, sobre todo, que ese crecimiento, aunque modesto, sea continuo, que es la gran esperanza de estos países.


El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, senador Anasagasti.

Por el Grupo Parlamentario Mixto, tiene la palabra el senador Aiartza.


El señor AIARTZA AZURTZA: Señor presidente, en primer lugar, quiero agradecer al señor Solchaga su presentación, que ha sido muy clara, concreta y concisa.

Quería aprovechar su presencia para informarme más, preguntar y poder rumiar posteriormente todo lo que hemos recibido. Tengo 3 cuestiones que plantearle. Primero, me interesaría que profundizara más en la situación de Brasil y cómo puede afectar a la economía mundial la ralentización de los llamados países emergentes. Como usted ha mencionado, Brasil forma parte de los BRIC, así como China, India y Rusia. Me gustaría que profundizara en el impacto de esta ralentización en el mundo.

Segundo, no ha hecho mención y tengo interés particular en conocerlo, cómo ve usted la posición de Uruguay y sus perspectivas, teniendo en cuenta además que hay elecciones dentro de poco.

Tercero  y creo que es una de las preguntas que todos tenemos en mente  cómo puede afectar todo lo que usted está mencionando a la situación del Estado español, a la apuesta ante la crisis europea de internacionalización de las empresas, y qué implicaciones puede tener para el futuro de nuestro Estado.

Muchas gracias.
El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, senador Aiartza.

Por el Grupo de Convergència i Unió, tiene la palabra el senador Maldonado.


El señor MALDONADO I GILI: Muchas gracias.

En primer lugar, en nombre de mi grupo, quiero agradecerle su comparecencia y su intervención. He oído poco porque he tenido que asistir a otra comisión en la que tenía que defender enmiendas a una ley; por tanto  me excuso por adelantado , quizá lo que le pregunte ya lo ha dicho. Si es así, le ruego que me disculpe y lo leeré en el Diario de Sesiones.

He de agradecerle  lo ha dicho el senador Anasagasti  su valentía y su clarividencia, porque a veces en las comparecencias cuesta utilizar la crítica constructiva. Por ejemplo, he oído su crítica hacia la situación de Argentina. Ha dicho  palabras textuales : Se han hecho las cosas mal. Aquí esto no se oye mucho. Y casualmente, hace pocos días, una buena amiga, una señora de Luján, del mundo universitario, me decía: Josep, no sabe usted cómo está Argentina. Desde la distancia a veces se desconoce; se tiene la imagen bucólica de una Argentina próspera o que funciona; te llega algún flash de malas prácticas, pero a mí algunas personas argentinas me explican la preocupación de la población, después de haber vivido lo que han vivido, de una involución hacia allí.

Usted, que es erudito y técnico en la materia, sabe que hay 2 Américas latinas: la pobre y la emergente. En cuanto a la emergente, se ha hablado de Bolivia y de Ecuador, pero podríamos hablar de Chile, Perú, Brasil. Durante muchas décadas la situación de algunos países en Centro y en Sudamérica ha sido desconocida; eran países donde se sufría mucho desde el punto de vista socioeconómico; la gente emigraba por pobreza y por miseria, y ahora vuelven; dejan España porque aquí no pueden vivir con un nivel digno y se van a sus países de origen donde hay, según ellos, más trabajo y más nivel; pero también oímos cantos de sirena: por ejemplo, que la burbuja de Brasil puede explotar cualquier día, y volver a una situación de complicación social y económica. Lo hemos visto en el Mundial de Fútbol 2014: la gente en la calle protestando por problemas sociales. Mi pregunta  y termino con esto, señor presidente , es: ¿usted cree que estos países emergentes están consolidando sus economías? ¿Son economías de plástico que pueden fundirse con un color económico determinado? ¿Cuál es el futuro de estos países emergentes? Ya no hablo de los países como Venezuela, en el que la situación es social y económicamente dramática  el especialista Anasagasti ya lo ha dicho , pero en otros países que miramos como países emergentes y con economías florecientes, ¿usted cree que esto se consolida o el futuro es más oscuro de lo que parece?

Muchas gracias.
El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, senador Maldonado.

Por el Grupo Socialista, tiene la palabra la senadora Fernández Pena.


La señora FERNÁNDEZ PENA: Gracias, presidente.

En primer lugar, quiero agradecerle la intervención y, sobre todo, como ya han dicho otros senadores, su claridad, aunque las últimas valoraciones planteadas sobre las perspectivas futuras de la zona han cambiado nuestras perspectivas de preguntas, sobre todo en la primera que le quiero formular, aunque entiendo que tiene buena respuesta con estos datos.

La Fundación Alternativa acaba de lanzar una investigación sobre la emigración en España. En ella concluye que una tasa de desempleo de un 35%, un panorama económico deprimente y la confianza en el Gobierno en mínimos históricos han ayudado a muchísimos jóvenes a marcharse de este país. Son 700 000 personas que salieron de España entre 2008 y 2012. Otras 549 000 aproximadamente se fueron en el año 2013, aunque los funcionarios aseguran que solo 80 000 de ellos son españoles. Muchos son latinoamericanos que llegaron a España en los años noventa y que regresan ahora a su país al ver que se prolonga la recesión sin un aparente final. Estos que han vuelto a sus países de origen han dado origen –perdón por la duplicidad de la expresión− en gran parte a un nuevo fenómeno: una nueva ola de emigrantes españoles a Latinoamérica. Son muchos los jóvenes que, sin tener conexión con el continente americano, han cambiado sus destinos más habituales, que se encontraban en Europa, y han ido a Sudamérica. Y los que están allí se muestran sorprendidos por las oportunidades que les están ofreciendo y por la mezcla de modernidad y comodidad que encuentran en países como Perú, Chile o Brasil, países que hasta el momento creíamos que estaban con un crecimiento sostenido y en avance. Me gustaría que me diera su opinión sobre este fenómeno y si cree que la situación de España y lo que encuentran allá estos jóvenes puede ayudar a repetir el esquema de las emigraciones masivas a Sudamérica del año pasado. Si tiene tiempo, me gustaría saber su opinión sobre este fenómeno y si considera que la pérdida de valores humanos perfectamente formados que terminan huyendo de este país es correcta y, sobre todo, si la marca Europa, a la vista de su anuncio de una posible tercera recesión, sigue siendo todavía importante para el desarrollo laboral en estos países.

En segundo lugar, a la vista de su concreción al hablar de las políticas en todos los países de esa zona, quiero hacerle una pregunta, que a lo mejor es un poco incómoda, pero creo que debemos hacerla. El Gobierno mexicano está lanzando mensajes claros de crecimiento económico, y además apunta que el comercio exterior está creciendo. Quisiera saber si, en su opinión, estos anuncios tan positivistas del Gobierno mexicano pueden sufrir algún revés a la vista de la situación de inseguridad que vive el país, de la implantación de la corrupción y el crimen organizado en las instituciones o de la profunda crisis institucional que está sufriendo el Gobierno de Peña Nieto a la luz de los últimos acontecimientos, en los que los derechos humanos han quedado totalmente aniquilados. En su opinión, esta ruptura del sistema de derechos humanos ¿podrían alterar las relaciones comerciales de México con otros países?

Tenía una pregunta sobre Colombia, que, por lo que usted ha dicho, al parecer es la única que está teniendo buenos resultados en este 2014. Yo he estado leyendo sobre Colombia, y algo que le estaba haciendo crecer y que estaba impulsando su economía es la inversión que estaba realizando el Estado en obra pública, los grandes proyectos –lo llaman el megaplan de obra pública−, pero también es cierto que muchos de los indicadores dicen que todo el sector industrial de Colombia está estancado. No sé si eso es así y si esa situación podría provocar que el único país que parece que tiene un buen resultado pudiera dar marcha atrás o afectar negativamente las relaciones con otros países.

Por último, la vuelta de Bachelet al mapa político chileno en un escenario marcado por la desaceleración de la economía –como acaba de decir usted– y el desafío en materia energética, creo que se ha recibido muy bien, como dice usted en su informe, sobre todo con la esperanza de lograr de nuevo una ruptura de desigualdades. Es uno de los pocos países que está con una reforma fiscal en marcha, pero también es cierto que es un país con el sector de la construcción –si me equivoco me corrige− en contracción después de las obras por el terremoto de 2010. Al parecer, ahora mismo la construcción está en un proceso de desaceleración y contracción. ¿Puede suceder que esta burbuja del ladrillo, que está creciendo, pueda lastrar la economía, como sucedió aquí en España, y el desarrollo económico de las políticas de Bachelet?

Como es mi primera intervención en esta comisión y no he estado en las comparecencias anteriores y creo que hay cuestiones interesantes para preguntar al señor Solchaga, quisiera preguntar a la Mesa si permite que continúe con una pregunta más mi compañero Nicanor Sen, que sí estuvo presente en las comparecencias, y con él terminamos este turno de intervención.
El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, senadora Fernández. No hay problema.

Tiene la palabra el señor Sen.


El señor SEN VÉLEZ: Muchas gracias, señor presidente.

Le doy la bienvenida nuevamente al señor Solchaga por esta excepcional ponencia y por su amplio informe sobre perspectivas en América Latina 2014.

Como comentaba mi compañera, que hoy se estrena como portavoz en esta Comisión, me gustaría hacerle una pregunta que aporte y enriquezca a la actual ponencia de estudio que estamos llevando a cabo en el seno de esta Comisión sobre el desarrollo de las pymes y cooperativas españolas en Iberoamérica.

De la información que nos ha facilitado y que viene perfectamente especificada en el informe sobre perspectivas América Latina 2014, se deduce que la situación de América Latina en la actualidad no es la misma que la situación que tenía a principios de año.

Me gustaría hacerle una pregunta al señor Solchaga, o pedirle un consejo a aportar a esta ponencia que estamos desarrollando, ponencia en la que han comparecido diferentes personalidades y cargos públicos del mundo de la política y empresarios que nos están dando su punto de vista sobre las oportunidades que ofrece Latinoamérica para el sector empresarial español. Al margen de ofrecer continuidad y oportunidades de futuro para las empresas nacionales que ponen la vista en su externalización en América Latina, esta externalización en América Latina también refuerza la posición de las empresas nacionales en España, o, por lo menos, debe reforzarla, e incluso está creando empleo aquí.

Una de las últimas comparecencias que tuvimos en la ponencia fue la del señor Ugarte Arregui, delegado del Grupo Mondragón, un grupo importante que, además, está teniendo muchísimo éxito en América Latina dentro de ese doing business del que nos hablaba y que todos los empresarios deberían cumplir para triunfar en América Latina: tener una buena estructura de empresa; valorar si el producto que se produce encaja en el mercado de América Latina tal y como lo conocemos aquí; si se debe producir aquí y exportar, o bien producir en el país final y estar dentro del mercado; la necesidad de hacer un estudio de mercado avanzado debido a la falta de informaciones fidedignas –a las cuales usted ya ha hecho referencia en otras ponencias– así como a la falta de datos estadísticos que sean veraces –por eso hablaba este ponente de la necesidad de hacer un estudio de mercado avanzado−, etcétera.

Quizá parte del éxito de los empresarios españoles en su implementación en América Latina dependía de incorporar a un socio de allí, conocer la legislación de los países a nivel fiscal y tributario, y que entre las características del empresario se encuentre hablar con claridad, cumplir lo prometido, no mostrar altanería y situarse al mismo nivel y en un ambiente de igualdad. Teniendo en cuenta estos consejos que nos daba un representante de un grupo que, como he dicho, tiene un éxito importante dentro de América Latina, entre estos parámetros, señor Solchaga, todavía existe un importantísimo fracaso de empresas españolas que buscan una oportunidad de negocio en América Latina debido al estancamiento de la demanda interna de nuestro país. Estas empresas salen a esos mercados, precisamente por los importantísimos lazos culturales que existen entre España y América Latina, y ven en esos mercados una oportunidad de negocio para poder sobrevivir e intentar salvar esta durísima crisis por la que estamos atravesando y para mejorar los resultados económicos y laborales de la empresa matriz.

Teniendo en cuenta estas situaciones, y puesto que usted conoce perfectamente las singularidades de los países de América Latina, querría que nos diera su opinión sobre qué aspectos se pueden mejorar y qué consejos daría a nuestros empresarios que tienen en mente exportar y localizarse en los países de América Latina, con el fin de incorporar a la ponencia esos consejos y que este informe sirva para conocer cuáles son los problemas que inciden directamente en el elevado fracaso que a día de hoy todavía existe entre aquellos empresarios españoles que buscan un futuro en los mercados de América Latina.

También quisiera saber si es necesario, o si usted así lo considera, mejorar los servicios, tanto económicos como humanos, que se ofrecen en nuestras sedes diplomáticas, para dar un mejor apoyo y asesoramiento a nuestros empresarios que acuden a estos países de América Latina buscando un futuro para su empresa.

Muchísimas gracias.


El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, senador Sen.

Senadora Fernández, creo que ya le he dado las gracias, pero, por si acaso, se las doy nuevamente.

Por el Grupo Parlamentario Popular, tiene la palabra la senadora Nicolás.

La señora NICOLÁS MARTÍNEZ: Gracias, señor presidente.

En nombre del Grupo Parlamentario Popular quiero darle la bienvenida, señor Solchaga y le agradezco que participe en esta comisión. Pero además de este agradecimiento, nos resulta muy grato ver que ha tenido la amabilidad de hacer con su equipo el trabajo necesario para actualizar al minuto el informe objeto de esta comparecencia, ofreciéndonos así en tiempo real las previsiones y la situación económica, política y social; es un esfuerzo que esta comisión agradece, porque, además, el mapa político puede cambiar en tan solo unos días, pues, como ya se ha dicho, este próximo fin de semana hay elecciones presidenciales.

En cuanto a esas previsiones que no se han cumplido –algo que usted lamentaba−, debo decirle, tras escuchar su intervención, que aunque la situación en América Latina no es buena, tengo la sensación de que quizá sea porque las expectativas eran demasiado grandes, y al no haberse conseguido, usted, como muchos otros responsables de instituciones y agentes económicos, se sienten decepcionados porque esas estupendas previsiones de crecimiento, que tan solo hace unos meses constataba el Fondo Monetario Internacional, no se han conseguido. Como digo, quizá eran demasiado altas y por eso ahora hay ese sentimiento de desencanto y preocupación.

América Latina había superado una crisis económica internacional, y todos, especialmente España, nos sentíamos orgullosos de que nuestros amigos latinoamericanos tuvieran esas importantes expectativas de cara al futuro. Como he dicho, hasta el propio Fondo Monetario Internacional auguraba a principios del pasado año tasas de crecimiento muy significativas, incluso se hablaba de un crecimiento robusto para América Latina. Y al no cumplirse las expectativas puestas en Brasil, en ese país emergente de los denominados BRIC, que de un crecimiento del 4% previsto va a experimentar como máximo un 0,7% −incluso usted y algunos otros analistas hablan de algo menos−, se ha producido ese desencanto que a todos nos afecta.

A usted le preocupan Argentina y Venezuela principalmente, pero mi grupo parlamentario quiere plantearle una serie de preguntas. Se ha referido al panorama de crecimiento, sobre todo de Brasil, pero, como muy bien ha dicho, China no solo exporta, sino que es también una gran importadora de materia prima, y en ella muchos países latinoamericanos habían depositado grandes esperanzas. Pero, obviamente, China no va a seguir creciendo al 9%, lo que es un hecho constatable por todas las autoridades económicas. Sin embargo, ¿considera usted que de alguna forma se puede superar esa situación de choque producido por las expectativas que muchos de estos países iberoamericanos habían depositado en China? ¿Cree que se puede superar a corto y medio plazo con el propio consumo interno?

Asimismo el Fondo Monetario Internacional y otros organismos instaban a estos países, cuando estaban creciendo al 4 y al 5% −recuerdo que en el penúltimo foro parlamentario latinoamericano en Cádiz se hablaba de crecimientos en torno a esa cifra−, a hacer reformas estructurales. Algunos países han hecho algunas, no todas, pero el laissez faire, laissez passer en época de bonanza parece que ha sido de nuevo la tónica de la mayoría.

Y yo le pregunto si esas reformas estructurales pendientes en educación, sanidad, infraestructuras y en materia de telecomunicaciones o de energía, que todavía están pendientes en esos países de América Latina, se van a llevar a cabo a pesar del frenazo en el crecimiento. ¿Cree que esos países que están en esa situación política a la que apuntaba, donde el populismo está más o menos controlado, van a tener la valentía suficiente para afrontarlas en los próximos años, en los que, desde luego, el crecimiento se va a ralentizar?

Y aunque económicamente pueda ser buena y no de todo punto desilusionante, sí quisiéramos saber cómo ve la situación, no de inestabilidad institucional, que no sería la palabra, pero sí de esos más de 30 000 soldados que tiene México en la calle controlando el narcotráfico, y concretamente ese arresto de 8 militares por una matanza en una operación contra el narcotráfico, o la situación generada por la desaparición de esos estudiantes, que está llevando a una investigación, en la que hay 13 o 14 municipios intervenidos por el Gobierno ante la sospecha de que las autoridades, y sobre todo las fuerzas de seguridad, están detrás de ello. ¿Cómo ve la situación, de cara, señor Solchaga, a las empresas y a las instituciones españolas? Porque, con el Gobierno a la cabeza, están mirando a Latinoamérica desde hace años en ese afán de unir −necesariamente tiene que ser así− lazos entre Latinoamérica y Europa; ya no digo España. ¿Cómo ve esa situación? Porque México es un país al que se mira mucho desde este lado.

Ha hablado mucho de Brasil −vamos a ver qué pasa el próximo domingo−, de los avances en materia social y de la reducción de la pobreza. Estoy totalmente de acuerdo con lo que ha dicho sobre los impuestos. Cuando la actividad económica no crece tanto, cuando el empresario no gana tanto ni vende tanto, cuando el trabajador ve que su puesto de trabajo no tiene la seguridad que esperaba, el consumo interno se contrae, y, sobre todo, los gobiernos recaudan menos. ¿Cree que a partir del domingo, independientemente de que gane uno u otro candidato –ahora parece que hay un empate técnico−, Brasil va a tomar esa medida de ajuste fiscal necesario subiendo los impuestos? ¿Y en qué medida puede eso afectar a las previsiones económicas que usted mismo nos ha planteado?

Y para finalizar, me ha parecido entender que usted proponía un acuerdo. Decía que si las circunstancias económicas no varían mucho a corto plazo, se debería plantear un proceso a nivel internacional para llegar a regular los acuerdos en materia de reducción de deuda. Lo ha dejado ahí, pero me gustaría saber si hay algo que quizá no esté escrito en ningún sitio, pero que usted pueda tener en mente. ¿Qué ha pretendido proponer?, ¿que el Parlamento Europeo haga un experimento, o que regule a nivel europeo ese posible acuerdo legal de reducción de deuda para ver si eso se puede después trasladar a un acuerdo a nivel internacional, por ejemplo, entre el Parlamento Europeo y otros parlamentos u organismos internacionales? Quisiera, por tanto, pedirle que nos amplíe esta idea que ha puesto encima de la mesa y que a mi grupo parlamentario le ha parecido muy interesante.

Señor Solchaga, termino dándole las gracias por sus aportaciones. Me quedo con esa última frase que ha dicho: que aunque han cambiado mucho las perspectivas, lamentablemente a la baja, esperemos que los próximos años puedan ser un poco mejores.

Muchísimas gracias.
El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, senadora Nicolás.

Para contestar a las intervenciones de los portavoces, tiene la palabra el senador..., perdón, el señor Solchaga.


El señor PRESIDENTE DE HONOR DE LA FUNDACIÓN EUROAMÉRICA (Solchaga Catalán): Nunca he tenido el privilegio de ser senador del reino de España, pero, en todo caso, muchas gracias por el tratamiento.

En primer lugar, agradezco las palabras amables que han tenido todos ustedes conmigo y con mis colaboradores, que me han ayudado, ciertamente, a preparar toda esta información.

En segundo lugar, trataré de responder a sus preguntas, aunque con limitaciones. Por más que uno siga durante mucho tiempo y con gran interés un mundo tan variopinto, tan rico y tan diverso, como es América Latina, difícilmente puede aspirar a entenderlo todo, y difícilmente, solo con unos rasgos de carácter general, puede aspirar a explicar la totalidad de lo que allí ocurre. Por tanto, debo reconocer que mi intervención no ha sido exactamente equilibrada, he puesto más el foco en lo que me preocupa que, quizá, en señalar aquellas cosas que han ido bien, como tendré ocasión de explicar en contestación a algunas de sus preguntas.

Lo cierto es que no hay una América Latina, hay muchas Américas latinas. El señor Maldonado en un momento dado ha hablado de los países emergentes. Pero, ¿dentro de qué de los emergentes? Porque toda América Latina es emergente. Si he entendido bien, se ha referido a algunos países andinos, como Ecuador o Bolivia. Pero debo decir que estos 2 países son casi, como diría el viejo Frantz Fanon, condenados de la tierra; son países olvidados, países que han sido un fracaso desde el punto de vista político y del desarrollo económico en los últimos ochenta años, lo que ocurre es que al ver que están funcionando relativamente mejor y con una gestión más adecuada, parece que emergen, pero en realidad todo el continente, que ha tenido un éxito relativo en la carrera del desarrollo económico y de la institucionalización de la democracia y de la gobernanza política, está emergiendo y reemergiendo cada equis tiempo.

El señor Anasagasti pregunta cuáles son las perspectivas, respecto al acuerdo del Atlántico, de liberalización comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea. En mi opinión, son positivas. Es cierto que estos acuerdos suelen ser mucho más fáciles de alcanzar cuando todo el mundo está bien, pero cuando determinados sectores de actividad económica, en uno u otro continente, lo están pasando mal, lo que se busca continuamente son exclusiones del ámbito del acuerdo, o cláusulas de suspensión, o cosas por el estilo, para evitar el aumento de la competencia, como consecuencia de la mayor libertad comercial, de la eliminación de las restricciones cuantitativas al comercio y de las regulaciones que, aunque se disfracen de consideraciones de sanidad y de otro tipo, muchas veces no tienen otro objetivo que proteger la industria nacional, por lo que siempre serán más difícil de alcanzar cuando tengan estos problemas.

En segundo lugar, en la fundación Euroamérica −que presidí durante unos diez años y de la que soy presidente de honor− hemos acariciado siempre la idea de un triángulo razonable formado por Estados Unidos, América Latina y Europa, porque comparten muchos puntos de vista culturales y tienen una tradición de formación, de cultura y de la sociedad común, aunque naturalmente se admitan variaciones de un lugar a otro.

En el ámbito del comercio, esto ya se ha notado. Lo interesante en los últimos años –hoy no hemos hablado de ello porque no tocaba hablar de integración dentro del continente latinoamericano− es que, frente a los proyectos de integración de la última década del siglo XX, en esta década se han visto sobre todo proyectos de acuerdos de liberalización del comercio exterior, áreas de libre comercio con el resto del mundo. Es decir, Perú, Colombia y Chile –país que inició todos estos asuntos– han tratado de buscar áreas de libre comercio con los Estados Unidos y con la Unión Europea, y de alguna manera el buen término de las negociaciones del Tratado del Atlántico en materia de liberalización del intercambio, por los acuerdos y las cláusulas de naciones más favorecidas, incluiría necesariamente a los países de Latinoamérica, de manera que si es bueno para nosotros, debo creer que también sería bueno que se concluyeran para los países latinoamericanos.

Espero que este sea el caso, pero la historia demuestra lo difíciles, hirsutas y complicadas que acaban siendo todas las negociaciones de los acuerdos comerciales con desarmes arancelarios; el tiempo que se tarda, lo que han sido cada una de las rondas del antiguo GATT y la Organización Mundial del Comercio, que han tardado 5, 8 o 10 años hasta llegar a concluirse, y este Tratado del Atlántico realmente no parece que lleve un camino muy diferente en este sentido.

Sobre el papel del fondo, he de manifestar que ha pasado por periodos mejores que los actuales, a pesar de lo cual, ahora está bastante mejor que hace diez años, cuando la desconfianza sobre el Fondo Monetario Internacional por parte de los países no desarrollados era extraordinariamente grande. Hoy, poco a poco, la gente vuelve a las consideraciones del Fondo Monetario, que, a su vez, por decirlo así, es menos doctrinario, no tiene la pretensión de decirle a cada país exactamente lo que debe hacer, aunque es natural que si va a ayudarle con fondos que son de todos, exija ciertas condiciones de funcionamiento para que esos fondos no se despilfarren.

Me ha preguntado usted, comparando con la época en que estaba Enrique Iglesias al frente del Banco Interamericano de Desarrollo, y Camdessus al frente del Fondo Monetario Internacional, si actualmente existen personas con esa capacidad de afrontar los problemas y de discutirlos No sabría decirle. La verdad es que es difícil, pero no es solo una cuestión de personas, es una cuestión también de visión del mundo de aquellos que tienen intereses globales, y, hoy por hoy, todavía falta algo.

El Fondo Monetario Internacional para adquirir credibilidad y capacidad de guiar la economía mundial, necesita, para empezar, ser representativo. Dicho fondo sigue teniendo una sobrerrepresentación de los intereses europeos y norteamericanos que ya no se corresponde con el peso que estos países tienen en el comercio internacional ni en la masa global de la actividad económica mundial. Por tanto, lo primero que hay que hacer es reconocer la potencia de China en forma de capacidad de votación, la de la India y la de otros países, y cuando ya se vea que la toma de decisiones corresponde a un reconocimiento del peso relativo de cada uno, el Fondo Monetario Internacional empezará a tener una mayor legitimidad sobre su capacidad de ser neutral a la hora de tomar decisiones. Esto para empezar, luego habría muchas otras cosas que podríamos discutir sobre el fondo y sobre lo que este debería hacer.

Lo que quiero decir con esto, señor Anasagasti, es que yo no insistiría tanto en los problemas personales. Uno siempre tiende a creer que en su época no hay los grandes líderes que hubo en otras épocas que él conoció mejor. Aunque eso pudiera ser verdad, que no lo discuto, creo que tenemos que llegar a acuerdos sobre gobernanza económica internacional. El Grupo de los 20 es ya más relevante en muchos aspectos que el Fondo Monetario Internacional, pero, en parte, porque empieza por reconocer cuál es de verdad la distribución de poder que en el mundo existe en estos momentos y, por tanto, cambiaremos poco a poco la gobernanza mundial a través de este reconocimiento.

Usted ha hablado del contraste entre Bolivia y Ecuador –volviendo de nuevo a ese asunto– y de Venezuela. Estamos hablando de países llamados bolivarianos, en los que la referencia cubana es muy importante. No se sabe si va a ser el objetivo final de los proyectos políticos de los regímenes que hay en cada uno de ellos, o si simplemente es literatura más o menos utópica: en el caso de Cuba, no sería utópica sino distópica. Realmente, el caso de Cuba es lamentable, porque, transcurridos sesenta años desde la revolución, es un país más pobre, más infeliz y con menos capacidad de avanzar que antes de que esta se produjera. Pero, en fin, hay gente que todavía considera que esta es una experiencia histórica que merece la pena.

Le diré que creo que lo que está salvando, por comparación, a la arrogancia venezolana en la conducción de los asuntos del país a países como Bolivia y Ecuador es el hecho de que son mucho más pequeños, es el hecho de que, aunque Ecuador es un país exportador de petróleo, no tiene esa capacidad de exportar petróleo que tiene Venezuela o el hecho de que aunque Bolivia se haya incorporado recientemente de manera significativa a la exportación de gas, tampoco es tan importante dentro de estos mercados y quizá eso les ha llevado a combinar algunas cosas que en el caso de Bolivia seguramente eran necesarias, es decir, un respeto mayor por lo público, un papel mayor del Estado en vez de ser el Estado el patio de Monipodio de los que siempre habían mandado en el país que, a su vez, eran racialmente diferentes, significativamente distanciados del resto de la población, sin capacidad de apreciar verdaderamente ni el mestizaje ni el indigenismo, y eso les ha podido venir bien.

No me gusta casi nada de lo que propone el señor Evo Morales, no me entiendan ustedes mal, pero quizás ha sido un fenómeno histórico que habría que mirar con mucho mayor respeto. En todo caso, es evidente que aun en los momentos de mayor delirio revolucionario de ambos líderes nunca se llega a la idea de romper con lo que podríamos llamar las estructuras ortodoxas de funcionamiento de una economía de mercado. A pesar de los disparates que a veces cometen en materia de libertad de expresión, que no hacen sino imitar, sin llegar a la altura maravillosa a la que se llega en Venezuela, los que allí se producen, a pesar de las deformaciones de lo que podríamos llamar las estructuras formales de la democracia que en ambos países se producen, al final el conjunto no es tan disparatado como podría ser. Yo quiero creer, y con esto contesto también en parte al señor Maldonado, que estos dos países pueden encontrar poco a poco un equilibrio entre lo que podría ser una modernización de instituciones y, al mismo tiempo, un respeto a sus señas básicas de identidad, que son bastante diferentes que las de otros países.

El señor Aiartza habla de profundizar algo más en Brasil, si le he entendido bien, no tanto en todo lo que pasa en Brasil, que ciertamente me supera, sino sobre cuál es el impacto que puede producir la desaceleración brasileña en el contexto de los emergentes. Si es esta la pregunta, le diré que mucho menos de lo que puede representar China, India o Rusia y bastante más de lo que puede representar la Unión Sudafricana, por tratar de todos los BRIC. Brasil es un país en donde aun cuando se ha abierto bastante y el peso del comercio exterior es significativo, no tiene el impacto sobre la economía mundial que tienen los dos gigantes, China e India. Por tanto, es importante, ha sido un país que, por comparación a sus vecinos, con la excepción de Argentina cuando Argentina era en proporción a Brasil mucho más rica de lo que es actualmente -eran Estados pequeños con niveles de riqueza relativamente moderados-, ha sido un gigante y un impulsor, pero al mismo tiempo hay que reconocer que cuando uno contempla, y eso es parte de las decepciones que a veces produce este continente, los intercambios de Brasil con sus vecinos, estos son muchos menos de los que sugeriría la vecindad y la proximidad. Bien es verdad que la vecindad y la proximidad sin carreteras y buenas vías de comunicación es verdad sobre el mapa y no sobre la realidad. Este es uno de los problemas que, sin duda, tendrán que contemplar y, como alguien ha hablado antes de transformaciones estructurales y reformas, tendré ocasión de aludir luego.

En cuanto a Uruguay, creo que las perspectivas siguen siendo buenas. Uruguay ha sido una de las grandes sorpresas de los últimos tiempos y, en general, creo que siguen siendo buenas las perspectivas. En relación con las perspectivas políticas, si me hubiera preguntado usted qué creo que va a pasar hace una semana le hubiera dicho que va a ganar Tabaré. Hoy ya no me atrevo a decírselo porque parece que la situación es una de mayor equilibrio entre los candidatos. Pero Uruguay ha conseguido una cosa en los últimos seis o siete años, y es salir de esa situación de ensoñación. Era un país como dormido, un país en donde no había ni siquiera un gran debate político, ni grandes expectativas de crecimiento, ni una aventura en común considerada por las fuerzas políticas o por la sociedad. Esto lo ha cambiado y la presencia del último presidente, del presidente Mujica, en algún sentido ha sido uno de los acicates para cambiar esto, y me alegro personalmente de que sea así.

En lo relativo a España y sus empresas en Latinoamérica a la luz de estas nuevas circunstancias, tengo que decir que ya tenemos muchos años de experiencia. Enseñar ahora a las empresas, sobre todo a las que han estado allí, qué es lo que tienen que hacer y advertirles sobre cuáles son los peligros, quizá sea tarea vana y un tanto innecesaria. Me parece bien la ponencia que están tratando ustedes de llevar a cabo sobre ayuda a las pequeñas y medianas empresas para llegar allí, pero, en general, diría que la información que hay es suficiente y la experiencia ha sido también suficientemente larga para saber dentro de qué límites uno circunscribe sus expectativas de negocio allí. La situación ha cambiado y en algunos países de manera relativamente dramática. Por ejemplo, en Brasil observo a nuestras grandes empresas no deshaciendo sus inversiones, ni mucho menos, sino incluso a veces intensificándolas, pero de alguna manera tratando de aislarlas dentro de la cuenta de resultados global del grupo, y eso es interesante que esté pasando, significa algo. De cualquier manera, no espero cambios significativos ni en el entorno jurídico político, ni en que en la situación económica sea tan dramático el cambio como para significar unas circunstancias completamente diferentes de las que se han venido viviendo hasta ahora.

Entiendo que al señor Maldonado, aunque por carambola, le he contestado ya a lo que eran sus preocupaciones, de manera que si está su señoría de acuerdo, pasaría a las consideraciones que ha hecho la señora Fernández Pena, por el Grupo Parlamentario Socialista. Es interesante atender a lo que están siendo los cambios en las direcciones de los flujos de emigración. No es esta la primera vez. Que yo recuerde, este país en lo que tiene más tradición es en emigrantes que en inmigrantes. Fue precisamente en la segunda mitad de los ochenta cuando empezamos a percibir un cambio y aquellos que se habían ido a América dejaron de irse y los latinoamericanos, frustrados por los problemas que representaron los ajustes ante la deuda pública internacional y los fracasos económicos de la época, a venir a España. Ahora está ocurriendo algo en sentido contrario. Ahí me parecería bien, entre otras cosas, que América Latina creciera para que quienes vuelvan allí, pudieran encontrar un ambiente de trabajo favorable, pero no es seguro que esto vaya a ser así durante todo el tiempo.

En cuanto a los españoles que van para allí, no pasa nada. Quiero decir que a nadie le gustaría verse forzado a viajar, pero deberíamos tener una visión más abierta de cómo va a ser la vida de nuestros jóvenes o de los niños y niñas que están naciendo en España en un mundo global dentro de algunos años. Esa especie de, cómo llamarlo, creencia de que uno debe trabajar y vivir allí donde nace y que esa es su sociedad y ese es el sitio natural no tiene más fundamento que las malas costumbres que se empezaron a iniciar desde la revolución agraria y los asentamientos locales hace ahora unos 12 000 años. La verdad es que esto es bastante poco en la historia de la humanidad, es decir, que podrían también cambiar y empezaron a cambiarse hace algunas décadas, la gente empezó a pensar de otra manera, que uno nace en un lugar, pero hace su vida allí donde se dan las mejores oportunidades. Es verdad que los problemas de desarraigo cultural hay que tenerlos en cuenta y son importantes, pero deberíamos dejar la visión de la emigración con todas las connotaciones negativas y de desarraigo que tuvo en otros momentos, y estoy hablando de países como España, donde la expulsión del país es menos clara, menos evidente, menos significativa que en otros países, donde es la pobreza la que obliga a la gente a salir, una pobreza imposible de superar en las condiciones normales de desarrollo de aquellos países. La emigración debería tener, en mi opinión, otras connotaciones quizás un poco menos sentimentales y, en todo caso, menos dramáticas. Lo que esto pueda significar sobre la marca España le diré que no lo sé. Yo sé poco sobre esto de la marca España. A mí esto de la marca España me suena a no sé qué, dicho con todo el respeto al Gobierno y que Dios me perdone por mencionarlo aquí. Yo no creo en estas cosas de la marca España. Sí creo que es importante que nuestras instituciones funcionen, que nuestro país merezca el respeto de la gente que trabaja y que trabaja en serio, y creo que todo eso consolida una reputación que te sirve para estar —como dirían en el siglo XIX— en el concierto de las naciones, pero respecto a esto de promocionar la marca España yo siento algo que me incomoda cada vez que lo oigo y, por tanto, no sabría qué decirle. No sabría, sobre esta cuestión, cuál es el efecto que pueden tener estos cambios en la perspectiva del país y en los países latinoamericanos de manera relativa de unos con otros y en los flujos de emigración.

Usted ha hecho dos preguntas interesantes tanto sobre México como sobre Colombia y esto me permite a mí corregir un poco el tono general de mí intervención. Quizás he estado poniendo demasiado énfasis en aquellos lugares por los que siento verdadera preocupación. No quisiera que esto ocultara que Colombia va bien, aunque creo haberlo mencionado y haber explicado por qué creo que va bien. México sí ha tenido una serie de transformaciones estructurales que van bien. No obstante lo cual, México sigue teniendo un problema absolutamente devastador, que es que el Estado no tiene el monopolio de la coerción. Al contrario, cualquiera puede utilizar la violencia y el Estado es incapaz de reprimirlo. El Estado no tiene, como se supone que tiene en toda sociedad organizada, el monopolio del mantenimiento del orden. Eso es absolutamente grave; es grave para el funcionamiento del país; es grave para la seguridad de los ciudadanos; es grave para la seguridad de las empresas; y es grave para la confianza sobre el futuro.

Todas estas enormes y difíciles transformaciones estructurales que ha conseguido el presidente Peña Nieto, la reforma fiscal, la reforma educativa, la reforma de la energía, la reforma de las telecomunicaciones, que se han hecho contra intereses económicos absolutamente arraigados en el país con una fuerza increíble, que se han conseguido a través de un consenso en el que ha habido que emplear las mejores artes y la mayor capacidad de persuasión para alcanzarlo, están en peligro sencillamente porque hay gente que puede llevarse a unos estudiantes de una escuela normal, matarlos o hacerlos desaparecer y no hay la autoridad responsable de esto dentro del Estado que sea capaz de dar una respuesta. Esto naturalmente elimina a México como un país competidor en el turismo. México podría ser un emporio turístico con los Estados Unidos encima. No lo es. No lo puede ser mientras tenga esta inseguridad. Esta situación hace que las perspectivas de México se vean siempre enturbiadas o dificultadas. No obstante lo cual, México está haciendo bien las cosas. El nuevo Gobierno las está haciendo bien. Hay un acuerdo, en general, entre las fuerzas políticas que, a pesar de las resistencias del PRD y de algunas otras fuerzas regionales y de izquierdas, está saliendo adelante. México ya ha demostrado que es un miembro serio de cualquier acuerdo internacional. Desde el Acuerdo de Libre Comercio, el Nafta, que firmó con los Estados Unidos ha demostrado que es alguien fiable, alguien que cumple las cláusulas de un acuerdo y que lleva a cabo las reformas necesarias para el cumplimiento del mismo.

Es verdad —como usted dice— que se han hecho muchas reformas en México, que las perspectivas deberían ser positivas, pero esta situación es terrible, es de aquellas que supongo que le sugirieron a Goethe decir que prefería la injusticia al desorden. El desorden que hay en esa sociedad, la falta de apelación a la autoridad, el desconocimiento de lo que es la jerarquía, y no hablo de la jerarquía social, sino de la jerarquía de las instituciones políticas, es algo terriblemente desalentador.

En Chile ha habido un crecimiento de la construcción en los últimos años, pero lo cierto es que, primero, es difícil que tenga una burbuja de la construcción y, segundo, hay otras cosas, sobre todo las exportaciones del mineral de cobre, que han tenido una influencia decisiva en el gran desarrollo. En tercer lugar, Chile es el país mejor estructurado que ha creado fondos de estabilización del valor de las exportaciones del cobre para hacer frente a los años malos con los fondos, algo semejante al que tenemos aquí con nuestro sistema de la Seguridad Social; fondos que cuando hay un superávit se acrecen y cuando no lo hay se tira de ellos para hacer frente a los gastos. Algo puede afectar la desaceleración de la construcción en Chile, aunque yo creo que ha sido más importante la desaceleración de la inversión en general, no solo de la construcción, pero Chile es uno de los países en los que uno tiene confianza de que pueden salir adelante porque tienen una economía muy competitiva, mucho más ágil y flexible que la de la mayor parte de los países de su entorno y una concepción de su papel en el mundo mucho más global, lo cual les ayuda a adaptarse a los cambios en la situación.

Sobre lo que el señor Sen Vélez me ha preguntado le diré que ya me gustaría a mí dar consejos, pero me parece difícil dar consejos a los empresarios que sigan saliendo allí. Creo que es muy bueno estudiar cuáles son las perspectivas para que, por lo menos, sepan cuáles son los problemas a los que pueden enfrentarse. La cuestión de qué es mejor si producir aquí y exportar o producir allí y vender allí, tiene una respuesta caso por caso y tiene mucho que ver con el coste del transporte. Por ejemplo, si uno hace piezas y partes de automóvil con el esquema del montaje de las factorías, ese que llaman just in time que consiste en no tener stock porque inmediatamente te van llegando las piezas que incorporas, a través de la cadena de producción, a los coches que están saliendo ese mismo día, mejor que estés al lado, porque si pretendes servir esas piezas a 10 000 kilómetros no tienes ninguna probabilidad de ser elegido. Hay veces que la naturaleza de tu proceso productivo, la naturaleza de tu mercado te obliga a seguir a tus clientes allí donde están. Y hay otras veces que esto no es verdad. Dar reglas generales entonces es verdaderamente difícil. Lo mismo pasa con el socio local. Hay países donde no es que esto sea deseable, es que sencillamente si no tiene un socio local las posibilidades de instalarse son extremadamente pequeñas. Brasil es uno de esos países, por ejemplo. No hacen ningún bien a su propia economía tratando de tener siempre un socio local que aproveche una parte de los beneficios que puedan surgir de la inversión extranjera, pero ellos creen que sí y, mientras eso no cambie, en esos países no es ya que sea aconsejable o no tener un socio local, sino que quizás va a ser inevitable.

Los aspectos psicológicos de cómo se comportan los españoles como conquistadores o no en otras tierras también cuentan. En eso hemos aprendido mucho porque, como le gustaba decir a Cela, a todos nos hizo Dios de lo mismo y a algunos aún de menos. Nadie va ya por allí presumiendo de nada.

En cuanto al apoyo de las embajadas, siempre tendremos buenas razones para quejarnos. Nunca será suficiente. Por tanto, hay que seguir exigiendo siempre a las embajadas que tengan una disposición de servicios que pueda ser útil para el inversor español o el empresario cuando llegue allí.

Acabo ya, señor presidente, respondiendo a la señora Nicolás. No le negaré que es posible que a veces este sentimiento de frustración o de decepción tenga que ver no solamente con los acontecimientos sino con la formación previa de unas expectativas exageradas. Quizá sea así. Los que hemos seguido a América Latina durante unas décadas concebimos ilusiones a la vista de cómo había estado reaccionado durante los primeros años de la década pasada y de cómo había salido en los primeros años de la crisis por comparación con otras zonas del mundo; y nos pareció que allí se estaba construyendo algo que tenía aspectos diferenciales respecto de lo que había sido la tradición en la evolución económica y política de aquella zona. Es probable que esto nos haga llevar con peor ánimo los posibles deterioros en las previsiones económicas.

Contesto a sus preguntas concretas. China se ha convertido en un enorme partner en el comercio internacional de muchos países de América Latina. China es tan importante o más que los Estados Unidos, tan importante o más que Europa, no en todos pero en muchos de ellos. China, que también tiene un problema a largo plazo de necesidad de materias primas, está de alguna manera condicionando el futuro de algunos países de América Latina mediante préstamos a cambio de contratos de suministro a largo plazo. El señor Anasagasti se refería a ello cuando hablaba de Venezuela. China es muy importante en esa región y no va a ser menos en el futuro, va a ser más.

En el momento actual un problema que se plantea −como sugería su señoría− es: si China deja de crecer tanto como antes, ¿qué tenemos para compensar? ¿Es posible que nuestra demanda interna crezca lo suficiente como para compensar la desaceleración de nuestras exportaciones a China? Y la verdad es que no es fácil a corto plazo, pero sí es posible a medio plazo. Seguramente la caída de la inversión en muchos de estos países, que también se han visto afectados por el empeoramiento del precio de sus exportaciones y de la cantidad de bienes exportados, ha sido muy significativa y si existen circunstancias que permiten un crecimiento potencial más elevado en los próximos años asistiremos también normalmente a un aumento de la inversión y, por esta vía, a un incremento de la demanda interna. Pero lo que sí es verdad, como sugiere su pregunta, es que China está aquí para quedarse, China va a ser muy importante en estos países y también en la economía mundial, no cabe duda. A ellos les ayuda en algún sentido porque les permite diversificar mejor su mercado, no dependen tan solo del norte de Estados Unidos o de Europa, dos regiones que previsiblemente después de todo habrán de crecer en los próximos años menos de lo que crezca China, aun cuando las tasas de crecimiento de China vayan desacelerándose con el transcurso del tiempo.

En cuanto a las reformas estructurales a las que hacía usted referencia, he hablado de México y en México las ha habido y siguen adelante. Criticaré una cosa en México: la reforma fiscal en México sigue siendo extraordinariamente poco ambiciosa; con la que se ha discutido en Colombia pasa lo mismo; la de Chile, que es un poquito más, tampoco es gran cosa. Es un problema de ese continente la falta de capacidad por parte de los responsables políticos para enfrentar el desfase que existe entre lo que piden del Estado, lo que quieren que haga el Estado y lo que están dispuestos a poner en forma de impuestos para financiarlo, y esto es un grave problema. Y, mientras eso no ocurra, hay 2 o 3 transformaciones estructurales camino del desarrollo económico y de la estabilidad política de estos países como pueden ser la dotación de unas buenas infraestructuras tanto de transportes como de telecomunicaciones como de energía, como puede ser, y es sobre todo más importante, la extensión de una buena educación de carácter general, que no se podrán llevar a cabo si no existe una capacidad suficiente de recursos en manos del sector público para gastarlos en estos terrenos. Y este es uno de los problemas que todavía no ha sido capaz de resolver el continente ni ningún país.

El país que tiene un nivel más elevado de presión fiscal es Brasil, pero lo tiene muy desordenado, no lo tiene de una manera en la que los impuestos directos prevalezcan y permitan una redistribución de la renta o ayudar a la redistribución de la renta, no lo tiene de una manera suficientemente consolidada. Y en los demás países, desde México hasta Chile, estamos hablando de tasas de ingresos públicos o de presión fiscal sobre el PIB que oscilan entre el 15% y el 22%. En la historia que hemos conocido de los países capitalistas que han tenido éxito y han salido del subdesarrollo para pasar al desarrollo nunca ha habido tasas inferiores, incluso en los países más liberales como Estados Unidos y Japón, al 30% durante ese período al menos. De manera que a mí se me antoja muy difícil que algunas de estas reformas estructurales a las que usted hacía referencia –y que coincido con su señoría en que son absolutamente indispensables para la modernización de aquel continente y para la capacidad de competir en un mundo global− se puedan llevar a cabo mientras este problema no sea enfrentado de verdad, hasta las últimas consecuencias por las fuerzas políticas de los distintos países.

Sobre la inestabilidad en México, no haría sino redundar en lo que ya he dicho. Como consecuencia de esta inestabilidad existen dificultades en las relaciones con Europa, en la conexión México−Europa, así como en la correspondiente a México con Estados Unidos; como digo, las relaciones se ven dificultadas de alguna manera. México es un lugar donde existen muy buenas condiciones para hacer negocios, donde existe una clase empresarial inteligente y sensible y donde, al mismo tiempo, existe todo este problema de la inseguridad y un funcionamiento ligeramente por debajo de mediano en las administraciones públicas.

¿Habrá ajuste fiscal en Brasil? Yo creo que sí que lo habrá y que habrá otros ajustes también. El problema de Brasil es que en este período de crecimiento tan brillante ha perdido la capacidad de competir. Si ustedes han estado en Brasil recientemente habrán visto que los precios de las habitaciones de los hoteles o los precios de cualquier otra cosa son absolutamente disparatados cuando los traducías en euros o en dólares; eso es evidente que mostraba que el tipo de cambio de la moneda no había recogido la diferencia de inflación que se había producido. He ahí un problema y eso lo que ha significado, naturalmente, es una apreciación del real y, por tanto, unas dificultades para competir. Pero junto a eso hay además problemas de la infraestructura de transportes, de la infraestructura productiva y del funcionamiento de las instituciones.

Brasil es un país muy regimentado, podríamos decir en algún sentido que Brasil es, con sus énfasis nacionalistas, la Francia de América Latina. Es un país que tiene sus ventajas, no es un país donde uno encuentra, por ejemplo, la falta de fe que a veces tienen las clases dominantes en países como Argentina o Venezuela, que simplemente en cuanto hay una perspectiva de mala situación económica cogen su dinero y lo ponen en otro sitio; esto en Brasil es menos común, la gente cree en el futuro de su país, la clase dirigente, la clase empresarial. Pero la verdad es que, a pesar de todo eso, los procedimientos son malos, la intervención estatal es excesiva, las corruptelas son inenarrables, es decir, no es un país fácil para trabajar allí siendo extranjero. Tendría unas enormes posibilidades de desarrollo si simplemente una parte de todo este proteccionismo disimulado, una parte de la intervención en los mercados impidiendo la libre competencia, una parte de la influencia decisiva que han venido teniendo las grandes familias en Brasil y los grupos industriales se perdiera en la política nacional. Seguramente eso sería un estímulo para un salto adelante en el crecimiento de Brasil y en el desarrollo de la modernización de sus instituciones.

Y me referiré a lo que quería decir en materia de reducción de deuda y de legislación. Al final, cada vez que se emite deuda por parte de un Estado, se hace en forma de bonos a equis años, etcétera, y al final también se dice cuál es el procedimiento por el cual se rescata la deuda y cuál es el sistema legislativo al que está sujeto −esto es bajo la legislación de los mercados de capitales y no sé qué de Nueva York, o la legislación de Londres, etcétera−, de modo que, cuando se plantea el caso de una restructuración de deuda, ya sea alargando muy considerablemente las fechas de amortización de la misma  porque el deudor no tiene capacidad de hacer frente a esos pagos−, o ya sea porque se reduce su valor nominal, uno tiene que sujetarse a las reglas que sobre estas cosas dice la propia emisión de deuda y prevalecen en los mercados, bajo las cuales se hace dicha emisión.

La propuesta, que no es mía -se viene considerando desde hace mucho tiempo−, es que a partir de ahora, dentro de esas reglas, se pueda considerar la posibilidad de que en el caso de una restructuración -para llevarla adelante hasta las últimas consecuencias- no se necesite la unanimidad, sino que baste con una mayoría suficiente. Esto es algo que lo considera mucha gente, es algo que en el sector privado se hace todos los días. (Una empresa entra en una situación concursal y se reúne con sus bancos y sus otros acreedores y pregunta: ¿Cuánto están dispuestos a quitar? Responden que sí, responden que no y hay uno que dice que no quita nada, pero, al final, si el 95% de la masa de acreedores se pone de acuerdo, el otro 5% se aguanta y se adapta. Que esto se pudiera hacer de una manera formal habría de favorecer un poco  aunque naturalmente elevaría el coste del tipo de interés de la deuda cuando alguien tuviera dudas sobre la posibilidad de pago del emisor- el funcionamiento de los sistemas de restructuración cuando hay una crisis de deuda. Y creo que esto es algo que se está considerando y que probablemente se lleve adelante.

Sin embargo –debo insistir sobre ello−, es exagerada, en mi opinión, la insistencia por parte de quienes se oponen a esta y a otras formas de flexibilizar estas cuestiones, de quienes creen que el moral hazard -la posibilidad de que la gente adopte riesgos excesivos como consecuencia de que existen mecanismos de salvación de la naturaleza de la que estoy hablando- lleve a comportamientos inadecuados. Es posible que exista en algún caso, pero –repito− creo que ha sido generalmente sobrevalorado. A veces lo que hay detrás de ello es una moral puritana, muy propia de países del norte de Europa, reformistas, según la cual, si uno ha hecho una deuda –y ya bastante malo es tener deudas−, la tiene que pagar, la tiene que pagar, y que se las arregle como sea. Esta visión, que, desgraciadamente, la comparten más allá de lo que a mí me gustaría las autoridades alemanas en este momento, en gran medida encubre un modo de ver la vida un tanto hipócrita y, sobre todo, no es particularmente útil cuando las situaciones de crisis se desatan.

Y esto es todo, señor presidente. Muchas gracias.
El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señor Solchaga.

¿Algún portavoz quiere intervenir de nuevo? (Denegaciones).

Si no hay intervenciones, reiteramos nuestro agradecimiento al señor Solchaga por esta excelente y detallada exposición y le emplazamos para 2015 -creo que es el sentir de la comisión-, por lo que me gustaría contar con su presencia entonces.

Se levanta la sesión.


Eran las catorce horas y diez minutos.
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