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Bailes y fiestas populares en la asunción en el posguerra de la triple alianza: mujer y resistencia popular en el paraguay


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3. Bailes y fiestas populares

Otro aspecto de la indignación de las élites en cuanto al comportamiento de la gente sencilla se refiere a las diversiones públicas. A menudo vemos a los periódicos manifestar su insatisfacción en cuanto a los festejos populares, considerando dichas manifestaciones como "centros de escándalo y corrupción"28 y exigiendo de la policía su prohibición. Mientras tanto, esa misma clase dominante constantemente divulgaba en sus órganos de comunicación la realización de bailes, después de los que tejía extensos y enfadosos comentarios sobre la belleza de las jóvenes, su elegancia, el buen gusto de los vestidos, etc.:

[...] y la señorita A.D.! su talle gentil, sus rosadas megillas, su amabilidad y su todo en fin, revelaban la niña más espiritual y simpática que imaginarse puede. [...] La Sta. J.R. estaba perfectamente bien con su traje blanco con adornos del mismo color. Llama mucho la atención por su hermoso escote y lindos brazos. [...] Y de R.D., que diremos? Hay palabras con que encomiar su belleza física y su espiritual chiste, llevaba un bestido elegantemente adornado con sinta punson. Esta primera es muy pretendida una infinidad de estados la solisita, dichosa ella! Si sabe elijir al menos turbulento y mas amante [...].29

En otro de esos momentos, el diario La Libertad concluía, al comentar sobre un baile imaginario, no diferente de los muchos bailes que hacían parte de la cotidianeidad de las "familias distinguidas":



Agregad á esto el aliciente mas precioso de la humanidad: la mujer; pero la mujer en baile; como quien dijera: el angel en comunicacion con el mundo. Acercaos mas á lo real, y contemplad esos seres en quienes el creador fijó sus mas escrupulosos cuidados; vedlos cubiertos de gasas y flores; el semblante animado, los senos palpitantes por la ejitacion, los ojos por la emocion lucientes, envueltas en esa atmósfera de luz y perfumes, sostenidos por el brazo del hombre, y jirando al compaz de una dulcisima musica; contemplad y decidnos, si hay nada que mas nos acerque á esa vida del paraiso que nos ofrecen como recompensa eterna á nuestras virtudes.30

Mientras tanto, el populacho se divertía por las calles con sus bailes públicos donde, según la clase dominante, prevalecían la inmoralidad y los vicios, por lo que era urgente su prohibición sumaria:



Volvemos a pedir en nombre de la moralidad y del órden público, que se prohiban los bailes nocturnos que se repiten cada noche, y que son fruto de la prostitución, del desorden, de la inmoralidad y de todos los vicios que corrompen a la juventud. Una sola vez a la semana, por su favor especial, creemos bastante para saciar el apetito vehemente de los bailarines y damas, que casi siempre no revelan en sus rostros sino la mas desordenada voluptuosidad.31

Es importante registrar que existía en el Paraguay una tradición consolidada de bailes y fiestas públicas, casi siempre patrocinados o incentivados por el Estado. Aunque no se pueda hablar exactamente de bailes mixtos, eran comunes los bailes simultáneos, que ocurrían en conmemoración de un mismo hecho, durante los gobiernos de Francia y de los López. Un artículo del Centinela describe así uno de esos bailes, ya durante la guerra, en consecuencia de más una de las variadas ceremonias de entrega de joyas y adornos personales femeninos para ayudar a su manutención:



El Domingo en la noche tuvo lugar en el distrito de la Catedral, barrio de Santa Catalina, en la casa del Brigadier Resquin una lucida y esplendorosa reunion del bello sexo, con el grandioso objeto de realizar la ofrenda de las alhajas y joyas [...].

[...]


Concluidas las alocuciones cayó sobre el busto de S. E. [Solano López] un diluvio de hermosas coronas, que le presentaron las concurrentes, después de cuya seremonia se principió el baile distribuido en los locales siguientes: en el salon principal, en dos salas laterales, en el patio interior y en la calle, donde algunos jóvenes empleados se confundieron con el pueblo y bailaron, entusiastas con las mujeres honestas y pobres, pero que también abrigan los sentimientos mas nobles y patrióticos.32

En los primeros momentos de la ocupación aliada llegó a haber una cierta complacencia  y en muchas ocasiones hasta mismo incentivo  hacia esos bailes mixtos, en los cuales era bienvenida la presencia de las kygua vera. Puede que dicha tolerancia se diera a causa de la inmensa superioridad femenina en las clases populares, a la escasez de mujeres jóvenes en la clase dominante, lo que, probablemente atendía a las exigencias de los miles de soldados y oficiales menores aliados que a cada día llegaban a Asunción. Después de meses o años embreñados en el inhóspito interior paraguayo, cuya única diversión era la batalla campal, quizás la única forma de control sobre las tropas fuese proporcionar a los soldados alguna diversión, lo que incluía, seguramente, alguna permisividad sexual, para decir lo mínimo. Tal vez por ello no resulte raro encontrar en la prensa de entonces elogios a la belleza y a la dedicación amorosa de esas mujeres del pueblo, según algunos comentaristas, típicas representantes del Paraguay, en la misma línea de argumentación de los tiempos de "tiranía".

La clase dominante paraguaya, además, tenía fuertes vínculos con la oficialidad brasileña y, aunque hubiese en el país un sentimiento generalizado de aversión a las fuerzas de ocupación, no podemos olvidarnos de su rol fundamental en la conducción de los ex-exilados al poder económico y, principalmente, político, aunque por mucho tiempo absolutamente tutelada. Por esa razón, no eran raras, al lado de las manifestaciones de insatisfacción, exteriorizaciones de agradecimiento y satisfacción con la permanencia de los Aliados expresadas por representantes de las "familias distinguidas". Es el caso, por ejemplo, de la noticia publicada por El Pueblo, en mayo de 1872, elogiando la participación de toda la oficialidad de la Marina brasileña, liderada por su almirante, al Tedeum conmemorativo de la Independencia paraguaya. El diario agradecía, en nombre del "pueblo" paraguayo, la participación de los oficiales a la conmemoración de la fecha, mostrando su complicidad hacia la flagrante contradicción de tener como parte significativa de los presentes al acto religioso conmemorativo de la Independencia del país representantes del contingente militar invasor, victorioso en la guerra y responsable por una ocupación militar y administrativa que ya duraba tres años33.

Por ello, seguramente, parte de esa clase dominante, absolutamente comprometida y tributaria de la ocupación, se esforzaba por hacer más agradable la permanencia aliada en Asunción. Según Harris Gaylord Warren (1978:156-157), esa estrecha relación se manifestaba también en una serie de casamientos entre damas de la sociedad paraguaya y oficiales brasileños, de entre los cuales el caso más conocido es el de una de las hermanas de Solano López, cuyo primer marido fue ejecutado en los procesos de San Fernando.

A la esperanza de encontrar matrimonio entre los oficiales brasileños, vistos como verdaderos "Mesías"34 por las mujeres de las "familias distinguidas", respondían aspiraciones semejantes, por parte de las kygua vera, hacia los soldados, si bien es cierto que el cortejo entre estas parejas fuese, evidentemente, mucho más "rudo" que entre las de la élite. Según Carlos José Ardissone, matrimonio y familia, nunca generalizados antes, prácticamente desaparecen en 1870, además del hecho de ser la figura del padre prácticamente desconocida para la mayoría de los niños jóvenes. Según este autor, en algunas comunidades las mujeres se revezaban para usar el único hombre más o menos entero y hábil con fines procreadores35 (ARDISSONE, 1994:34-35).

Entre la clase dominante, en efecto, una fuerte razón para el matrimonio era la conveniencia. Una carta de una cierta Teodosia, publicada en La Reforma en marzo de 1876, bien lo demuestra. El mismo responsable de la columna ironiza: "Publico sin comentarios".




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