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B Situación actual


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Entrega 4

b) Situación actual
Como hemos visto, en estos últimos decenios la hipótesis documentaria clásica ha sufrido una profunda revisión. Ha disminuido el consenso sobre la existencia de fuentes narrativas continuas e identificables del período anterior al exilio que cubran todo el Pentateuco. Se ha creado una situación en la que nada se puede dar por descontado. Se advierten solo algunas orientaciones generales: un cierto acuerdo en que el estudio de la forma definitiva del textos debe preceder la crítica de las fuentes (Rentdorff, Blum); el hecho de que este estudio se debe extender a las tradiciones legales y no solo a los textos de carácter narrativo (Blenkinsopp, Ska), la necesidad de promover una coexistencia entre los diversos sistemas interpretativos con sus diversas metodologías, etc. Sin entrar en una valoración detallada de toda esta reflexión, se pueden señalar algunos puntos en los que los estudiosos parecen estar de acuerdo:

  • Se considera que el Pentateuco adquirió su forma definitiva hacia los siglos V/IV a.C. Existían, ciertamente, de forma más o menos organizada, fija o canónica, algunas unidades narrativas y códigos legislativos antiguos. Eran textos y tradiciones que se había ido uniendo progresivamente gracias al hecho original de la unidad del pueblo de Dios, fundado sobre la unidad de Dios mismo. Fue «la obra de muchas generaciones de redactores, que remodelaron y retocaron el conjunto, pero con la preocupación de no perder nada de la herencia recibida de los antepasados, lo que les llevó a respetar, lo más posible, las peculiaridades de los testimonios antiguos»1. No faltan quienes otorgan una importancia central a Esdras o a su escuela en la redacción final del Pentateuco.

  • La fuente principal sería P, cuya primera redacción se remontaría quizá a los años del exilio. Esta fuente es la que mejor ha superado el examen crítico, debido a que su estilo y su teología son fácilmente reconocibles. A los partidarios de la teoría documentaria les parece más prudente hablar, sin embargo, no de un documento completo e independiente, sino de un conjunto de materiales, con varias y sucesivas redacciones, cuya exacta extensión, naturaleza, datación, estructura y teología están todavía por determinar2. En P se distinguen, en efecto, tres estratos principales, con características y teologías propias: Pg (Priestercodex grundschrift, escrito básico), compuesto a fines del exilio a partir de una vasto material de carácter prevalentemente histórico (que se extendería en conjunto desde el relato de la creación hasta la entrada en la tierra prometida) y con algunos elementos legislativos; H (Heiligkeitsgesetz, código de santidad) que comprendería Lv 17-26; y Ps (suplementos), formado por añadidos, retoques o reelaboraciones realizadas sobre P en época postexílica. La última redacción de P coincidiría con la redacción conclusiva del Pentateuco, que habría que colocar en ambiente sacerdotal.

  • La fuente D, que prácticamente dentro del Pentateuco se identifica con todo o gran parte del libro homónimo, habría seguido una historia propia, que habría que remontar al menos hasta el siglo VII a.C. No obstante, el tema del origen del Deuteronomio y de su fecha de composición pertenece todavía a las cuestiones abiertas.

  • Los presuntos documentos o fuentes E y J son los que hoy día presentan mayor complejidad, hasta el punto de que la misma existencia de dichos documentos ha sido puesta entre paréntesis. La fuente E, debido al poco material que se le puede atribuir, para muchos no ha existido nunca como documento y quizá ni siquiera como conjunto de tradiciones. Incluso autores como Campbell y O’Brien muestran una cierta reticencia a hablar de esta fuente, y Zenger prefiere hablar de textos intercalados en diferentes épocas al Pentateuco. Quienes admiten la existencia de J no raramente sostienen que habría que considerar E una revisión, es decir, un conjunto de ampliaciones y retoques redaccionales de J (P. Volz, W. Rudolph, S. Mowinckel, V. Fritz, L. Perlitt). La fuente E sería, por tanto, una revisión redaccional de J y su datación dependería de la de J3.

  • J constituye el problema más discutido, y es precisamente este hecho lo que ha puesto en discusión toda la hipótesis documentaria. Esta fuente se ha ido manifestando a lo largo del tiempo una realidad poco consistente. Lo que le correspondería, después de separar del Pentateuco los textos atribuibles a P y a E, presenta incoherencias, fricciones, perícopes difíciles de encuadrar en el esquema general, material de datación diferente. Algunos exegetas (R. Rendtorff y la escuela de Heidelberg) excluyen que haya existido como un verdadero documento, con una línea de composición unitaria. Otros, sobre todo estudiosos del área alemana (W.H. Schmidt, F. Kohata, H. Seebaß, L. Rupert, L. Schmidt), prefieren mantenerse en las posiciones clásicas y siguen suponiendo que hubo un autor (el Yahvista) a inicios de la monarquía unida, con preferencia durante el reinado de Salomón. Sin embargo, es más común considerar que J, en el caso de que haya existido, es una obra reciente, fruto de un trabajo redaccional realizado a partir de ciclos narrativos antiguos (Erzählkränze). J pudo haber realizado su trabajo antes del exilio (E. Zenger), durante (H. Vorländer, Ch. Levin) o en época postexílica (M. Rose, J. van Seters), y quizá tuvo una redacción literaria postdeuteronomista y postsacerdotal.


c) Un cambio de perspectiva
En época reciente, no obstante se siga dando toda su importancia al método histórico-crítico en el estudio del Pentateuco, se ha difundido un enfoque de carácter sincrónico que toma como punto de partida el texto en su redacción definitiva, con el intento metodológico de permanecer en él, sin querer dar el paso hacia el análisis del proceso histórico de composición4. Sobre esta línea se encaminan sobre todo los llamados métodos de análisis literario (retórico, narrativo y semiótico)5 y, en alguna medida, el enfoque canónico (Canonical Criticism) promovido por Brevard S. Childs y James A. Sanders, que busca establecer una conexión entre la exégesis histórico-crítica y el canon bíblico. El éxito de este último enfoque, tanto en los Estados Unidos como en Europa, ha sido notable. El Canonical Criticism no desconoce los resultados de la crítica histórica, sino que, sobre ella, intenta interpretar cada texto de la Biblia, entendida como norma de fe de una comunidad de creyentes, considerando su lugar en el canon6.

También se ha aplicado en la interpretación bíblica lo que se conoce como «retórica bíblica» y, en relación al Antiguo Testamento, la «retórica semítica», un análisis orientado a la comprensión de la capacidad de comunicación del texto bíblico a través del estudio de las figuras estilísticas que presenta, como son el paralelismo, las inclusiones y los quiasmos, frecuentes en los textos del Antiguo Testamento7. La narratología, ciencia que propone un método orientado a la comprensión y comunicación del mensaje bíblico basado en el estudio de la forma de narrar de la Escritura, queriendo «narrar la salvación» o «narrar para la salvación», también tiene en nuestros días una gran aceptación8. El análisis semiótico, que pone la atención especialmente en el hecho de que cada texto bíblico es un todo coherente que obedece a precisos mecanismos lingüísticos, a pesar de las dificultades inherentes al propio método ha reunido un amplio consenso en el área francesa, aunque no tanto en otros círculos de investigadores9.



No faltan quienes consideran este estudio tanto más útil que el estudio diacrónico en cuanto que se apoya en el valor normativo —canónico— del texto bíblico en su forma definitiva10. Se considera que el mensaje teológico debe definirse, no sobre la base de documentos o tradiciones precedentes, sino sobre la actual configuración de los libros. La historia de la formación del texto puede contribuir al conocimiento de la historia de la fe de Israel, pero solo indirectamente a la comprensión del mensaje teológico revelado en los libros escritos. No obstante, también esta afirmación tiene sus límites. La lectura sincrónica promovida por los métodos de análisis literario permite normalmente solo el estudio de unidades reducidas. Por otra parte, mira con preferencia el aspecto formal o estructural del texto, con el consiguiente peligro de descuidar su contenido, y no da suficiente espacio al contexto histórico-cultural necesario para entender el significado del mensaje revelado. También corre el peligro de perder de vista la necesaria dependencia existente entre texto, autor y las circunstancias de composición, lo que obliga a incluir el estudio sincrónico en el ámbito del estudio histórico-diacrónico. En definitiva, es necesario tener presente que la naturaleza del texto es la que debe indicar el método que conviene seguir, y no al contrario, como afirma Ska: «El mejor método es el que consigue explicar el texto del Pentateuco con mayor claridad y sin ignorar su complejidad»11.
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