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Fundación Vocento



Lunes, 5 de octubre de 2009


LA VOZ DE LA NACIÓN

con motivo de la presentación del libro:
HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN DE ESPAÑA

de Álvaro Flórez Estrada (1766-1853)




FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR

JORGE VILCHES

Y EMILIO DE DIEGO
JORGE VILCHES
El autor que vemos hoy, Álvaro Flórez Estrada, autor del libro que presentamos, perteneció al grupo de liberales que empeñó su vida en la modernización del país, que vinculó el establecimiento y desarrollo del estado constitucional con reformas económicas, que mejoró las condiciones de vida de nuestro país. Fue uno de los grandes economistas españoles del XIX, el más internacional de todos. cuya obra, Curso de economía política tuvo seis ediciones y fue traducida a los más importantes idiomas europeos. Una Europa en la que, por su liberalismo, Flórez Estrada vivió exiliado durante buena parte del reinado de Fernando VII y donde no dejó de conspirar para hacer caer el régimen absoluto.

Y es que Flórez Estrada siempre entendió que el paso del Antiguo Régimen al estado constitucional pasaba por una revolución, como en Francia en 1789 y 1830, dos episodios que marcaron el sentido de la política de muchos liberales españoles. Hablo de aquellos liberales que se iniciaron en la política en 1808, como Flórez Estrada, nacido en Pola de Somiedo en Asturias en 1766, en el seno de una familia noble e influyente. Una familia ilustrada que envió a su primogénito, a Alvaro Flórez Estrada, a la universidad de Oviedo a cursar filosofía y jurisprudencia. Al igual que otros liberales, Flórez Estrada comenzó su carrera profesional en la Administración bajo el gobierno de Godoy.

La vida intelectual y política del Madrid que se encontró Flórez Estrada era intensa y nuestro asturiano participó en varias tertulias política dedicadas a debatir y extender los principios ilustrados y reformistas. En 1801 Godoy le cesó por motivos técnicos, lo que no disgustó a Flórez Estrada, manifiestamente disconforme con la política del válido y muy crítico con la corrupción. Volvió a Asturias, lo que fue crucial tanto para su vida política como para el inicio de la Guerra de la Independencia. La Junta General del Principado le nombró procurador general en 1808. antes del levantamiento, lo que fue decisivo para dar un tinte liberal a la insurrección asturiana. Oviedo fue la primera en levantarse contra el francés después del Dos de Mayo y contó para ello con una proclama escrita por el propio Flórez Estrada el 9 de aquel mes; una proclama que llamaba a tomar las armas en defensa de la libertad y de la independencia.

Tuvo entonces Flórez Estrada también un papel decisivo en el proceso político que fue el proponer la reunión de unas Cortes que actuaran como gobierno nacional y que estuvieran compuestas por dos representantes de cada provincia. Esta propuesta liberal, centralizadora, revolucionaria en definitiva, la defendió también en Sevilla a donde llegó en 1809 tras la disolución de la Junta del Principado. Como decía, en Sevilla, Flórez Estrada se unió al pequeño pero influyente grupo liberal, reunido en torno a Manuel José Quintana, y en el que estaban Toreno, Argüelles, Isidoro de Antillón, Blanco White o Alberto Lista. Un grupo protegido por el también asturiano Jovellanos.

Flórez Estrada participó de la preocupación de este grupo liberal por influir en el proceso político en dos sentidos; dos sentidos que le acompañarán el resto de su vida. Primero, la necesidad de una constitución para asentar la libertad, y segundo, la creación de una opinión pública liberal como garantía del régimen. El resultado de estas preocupaciones fue su obra Constitución para la Nación Española, en la que defendió la soberanía nacional, los derechos individuales, la separación de poderes y un rey controlado por las Cortes. Para la creación de esa opinión pública liberal participó en la prensa, en revistas como El Español, de Blanco White, durante su breve exilio en 1810 y, luego, en el Tribuno del pueblo español, un periódico fundado por el propio Flórez Estrada en Cádiz en 1812.

Aquel primer exilio en Londres, le permitió ver con perspectiva el origen y el desarrollo de lo que los liberales ya llamaban Revolución española. El resultado fue la Historia de la revolución de España, que apareció en Londres en 1810. La similitud entre las ideas de Flórez Estrada y la de los liberales de su tiempo hace de esta obra una declaración general de cómo se gestó la Guerra de la Independencia. La causa de la guerra, decía Flórez Estrada, era que el gobierno había estado guiado por la ignorancia y la arbitrariedad, lo que llamaban despotismo y que, ajeno a las Luces y contrario a la libertad de la nación cayó en las más absoluta corrupción. Esta degeneración provocó la decadencia del país decía y, como consecuencia, una debilidad que facilitó a la invasión francesa. La nación había recobrado su soberanía para librarse del despotismo francés e impedir la restauración del despotismo español anterior, por esto, había creado instituciones nuevas, las Juntas y un gobierno nacional, la Junta Central y quería establecer su independencia y su libertad sobre bases nuevas, esto es, una Constitución elaborada por unas Cortes nacionales.

La lucha contra el invasor decía Flórez Estrada, y con él los liberales, estaba vinculada al patriotismo liberal, es decir, que la defensa de la patria iba ligada a la defensa de las leyes propias que hacían de la nación española una patria de hombres libres. Por esto, Flórez escribió que sin libertad no hay patria y sin Constitución no hay libertad. En su relato de la revolución, que se puede leer en este libro, Flórez la inicia en el Dos de Mayo, y desde el exilio y sin documentación, como él mismo confesaba en el libro, tuvo que improvisar el bando de los alcaldes de Móstoles, que uno de sus autores, Esteban Fernández de León, le comentó en Sevilla. Nació así el bando apócrifo de Móstoles, aquel que todos conocemos, que dice “la patria está en peligro, Madrid perece víctima de la perfidia francesa; ¡españoles acudid todos a salvarle!”, que se tuvo por el bando verdadero, hasta que en 1908 apareció trascrito de nuevo en un libro de actas del pueblo Cumbres de San Bartolomé, en Huelva.

Terminada la guerra, sin embargo, se estableció el absolutismo y Flórez Estrada tuvo que volver al exilio. Escribió entonces su representación a Fernando VII en defensa de las Cortes, publicada en 1818, que pretendía ser una transacción con el régimen para el restablecimiento de las libertades. Esta relación complicada con el Rey alineó Flórez Estrada con los exaltados, y así lo mostró en 1820 cuando regresó a España adhiriéndose a la Sociedad de los Comuneros, la sociedad más radical del Trienio Liberal. La deriva del sistema hizo que el propio Fernando VII le llamara a formar gobierno en febrero de 1823. Flórez Estrada se mostró entonces dispuesto a pactar con las potencias europeas que planeaban la intervención en España para terminar el episodio constitucional. Esto resultó intolerable para sus compañeros radicales y les exigieron la dimisión, ya en Sevilla, cuando eran perseguidos por las tropas del Duque de Angulema, los conocidos Cien mil hijos de San Luis.

Los errores de los asaltadores no terminaron ahí, sino que llegaron a amenazar de muerte al propio Fernando VII para que sustituyera a Flórez Estrada, lo que tuvo lugar el 23 de abril. A pesar de esto, Flórez acompañó al nuevo gobierno a Cádiz y de ahí pasó a Gibraltar, donde inició su tercer exilio. Los problemas que tuvo Flórez Estrada con los asaltados no sirvieron para que cambiara aún de parecer; siguió en la Sociedad de los Comuneros, además adquirió una identidad secreta, que era la habitual entonces; tomó el nombre de Brutus, y lideró varias intentonas insurrecionales hasta 1826. Es más, llegó a un acuerdo con la república de México, a cambio de cinco millones de pesos, para financiar una revolución en España. Su capacidad organizativa le confirió cierto liderazgo en el exilio conspirador y fue el primer elegido en la comisión directiva de los emigrados, votada en 1831.

Fracasadas todas las intentonas revolucionarias volvió a España a principios de 1834, gracias a la amnistía dada por la regente María Cristina. Aún así, Flórez Estrada se involucró en otra conspiración, en la conspiración llamada La Isabelina de Julio de 1834, para imponer a María Cristina una Constitución bajo la amenaza de insurrección. La madurez política de Flórez Estrada llegó con el fracaso del gobierno de Mendizábal, en 1835. Un fracaso tanto en el orden militar como en el económico, un fracaso que provocó que algunos exaltados señalados se saltaran al campo moderado, como fueron los casos de Istúriz o el de que Alcalá Galiano. Ya el año siguiente, en 1836, Flórez Estrada figuraba en las listas electorales del Partido Moderado, del Partido Monárquico Constitucional, como se llamó en un primer momento y, aunque resultó elegido por Oviedo, no pudo tomar asiento en las Cortes por el golpe de estado de la granja del 12 de agosto de 1836.

Flórez Estrada fue uno de los fundadores del Partido Moderado, pero en un segundo plano muy discreto, fue diputado en todas las legislaturasm hasta que Isabel II le designó Senador por decreto en 1845. Tres años después, se retiró a Asturias donde siguió estudiando, a sus 80 años, y preparó la sexta edición de su Curso de economía política. En la tarde del 16 de diciembre de 1853, a los 87 años de edad, murió en el Palacio de Miraflores.

Álvaro Flórez Estrada fue un liberal complejo, incoherente en algunos aspectos económicos y políticos, pero un patriota. El profesor Joaquín Varela lo definió como un liberal de izquierdas, porque su concepto de propiedad se alejaba de la ortodoxia liberal y porque los métodos revolucionarios le acompañaron casi toda su vida. Político, periodista y economista, casi conspirador profesional, nos ha legado obras imprescindibles para conocer la historia de la libertad en nuestro país, como la Historia de la revolución de España, que aquí se ofrece.




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