• Artículo XX del GATT

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    El Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio


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    El Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio

    1. Artículo III del GATT

              1. Zimbabwe argumenta, con carácter de alternativa, que el Decreto, además de infringir como se alega el Acuerdo sobre Obstáculos Técnicos al Comercio, infringe también el párrafo 4 del artículo III del GATT. Alega Zimbabwe que las fibras de amianto crisotilo y, por lo menos, las fibras de celulosa, las fibras de aramida y las fibras de vidrio son "productos similares", en el sentido del párrafo 4 del artículo III. Las CE confirman que las fibras de celulosa y de aramida se cuentan entre las que se utilizan con mayor frecuencia como sustitutos de las fibras de amianto en la fabricación de cemento.157 Todas esas fibras, ya sean de celulosa, de aramida o de vidrio, se producen en Francia.158 Si bien esas fibras pueden ser vendidas legalmente en Francia, se prohíbe la importación y la venta de fibras de amianto. No hay duda, pues, de que las fibras de amianto reciben un "trato menos favorable" que las fibras de celulosa, aramida y vidrio, a pesar de ser "productos similares".159

              2. Zimbabwe observa que las CE discuten que las fibras de amianto y las fibras de celulosa, aramida o vidrio sean "productos similares", en el sentido del párrafo 4 del artículo III. Está bien asentado en la jurisprudencia de la OMC que la determinación de si los productos son "similares" o no debe hacerse con arreglo a criterios tales como las características físicas de los productos y el uso final de éstos.160 Resulta con igual claridad de la jurisprudencia de la OMC que tal determinación puede hacerse solamente caso por caso, es decir, teniendo en cuenta las circunstancias específicas y singulares de cada caso.161 En cuanto al primer criterio, esto es, las características y propiedades físicas, las CE afirman que las fibras de celulosa, de aramida y de vidrio no son suficientemente similares a las fibras de amianto, puesto que es diferente su composición química. A ese respecto, Zimbabwe desea señalar que las CE han admitido que también es diferente la composición de todas las variedades de fibras de amianto. Ello no impide, sin embargo, que las CE lleguen a la conclusión de que las fibras de amianto crisotilo y las fibras de amianto anfibólico son "productos similares". Zimbabwe cree que el mismo razonamiento lógico se aplica y se extiende a las fibras de celulosa, aramida y vidrio.

              3. Aun haciendo caso omiso de la inconsistencia del razonamiento de las CE, Zimbabwe no cree que las diferencias que señalaron las CE sean tan notables que hagan que los productos en cuestión no sean "similares", en el sentido del párrafo 4 del artículo III. Zimbabwe desea hacer notar, en primer lugar, que la "similaridad" no exige que los productos sean "idénticos en todos los aspectos".162 En segundo lugar, se hace notar que la importancia que se atribuya a las diferencias de características físicas depende de las circunstancias concretas de cada caso. En el presente asunto, como ya se ha indicado, el punto de partida de todo análisis debe ser el hecho de que las fibras de amianto crisotilo, como productos en sí, no tienen finalidad útil alguna.163 Las fibras de amianto crisotilo se utilizan primordialmente como "insumos" para la fabricación de productos de cemento de fibras. De ello se sigue que las fibras sustitutivas, tales como las de celulosa, aramida o vidrio, por una parte, y las de amianto, por la otra, no deben ser comparadas entre sí como productos de suyo. Por el contrario, las fibras de amianto y las fibras sustitutivas de que se trata deben compararse entre sí como productos incorporados al cemento. Es evidente que si se adoptase ese enfoque, que es el que debe adoptarse, las diferencias que encuentran las CE resultan ser mucho menores y no hacen al caso. Lo que señalan las CE es, fundamentalmente, que las fibras de celulosa y de aramida son, por término medio, menos fibrilosas y de mayor diámetro que las fibras de amianto, y que las fibras de amianto son las únicas que se reconocen internacionalmente como productos de la "categoría I", es decir como productos que se ha comprobado que causan cáncer. En cuanto a los diversos grados de riesgo para la salud que se han alegado con respecto a las fibras de que se trata, cabe hacer notar que, cualesquiera que sean las diferencias que existan entre los productos en cuestión, se vuelven éstas mucho menos importantes cuando las fibras se mezclan con otros materiales para producir cemento y otros productos conexos.164 Como ya explicó Zimbabwe, todos los riesgos que puedan seguir existiendo se deben al manejo y la manipulación inadecuados de los productos de cemento, y no a los productos de cemento por sí mismos. Más allá de ese punto, Zimbabwe no está convencido de que deba darse mucha importancia a que las fibras de amianto sean las únicas que la OMS enumera como producto de la "categoría I". En realidad, incluso las CE admiten que sigue existiendo incertidumbre acerca de los riesgos que entraña la utilización de otras fibras. Zimbabwe alega que el hecho de que no se tenga noticia hasta la fecha de que la utilización de esas otras fibras tenga efectos negativos para la salud humana no tiene por qué significar que esté exenta de riesgos.165 Hace notar Zimbabwe que esa es también la opinión de las CE, que reconocen explícitamente que "[…] un riesgo no detectable no es lo mismo que una ausencia de riesgo".166

              4. En cuanto al segundo criterio, esto es, a la coincidencia de usos finales, Zimbabwe afirma que las fibras de amianto, celulosa, aramidas y vidrio "sirven para usos finales sustancialmente idénticos".167 Su resistencia química y sus capacidades como refuerzo las convierten en sustitutos casi perfectos de las fibras de amianto. No se trata, pues, de que las fibras de amianto crisotilo sean productos únicos, como las CE quieren convencer al Grupo Especial de que lo son. Según se deja señalado anteriormente, las CE reconocen, en realidad, que las fibras de celulosa y aramidas se utilizan generalmente como sustitutos de las fibras de amianto.168 Zimbabwe cree, además, como el Canadá, que la estructura del Decreto es tal que indica, como mínimo, la posibilidad de que las fibras de amianto sean sustituidas por otras fibras. Puede verse esto con claridad si se examina el Decreto en términos del funcionamiento del proceso político. Si no hubiesen estado a disposición de los principales utilizadores de fibras de amianto, cuando se promulgó el Decreto, productos sustitutivos muy próximos, cabe suponer con fundamento que aquéllos hubieran hecho gestiones cerca del Gobierno de Francia y, muy probablemente, hubiesen conseguido una excepción más amplia (permiso para seguir utilizando fibras de amianto) que la que ahora consta en el Decreto.169 Habida cuenta de lo que antecede, cree Zimbabwe que las fibras de amianto y las de celulosa, aramidas y vidrio deben ser consideradas "productos similares", en el sentido del párrafo 4 del artículo III del GATT.
            1. Artículo XX del GATT

              1. Zimbabwe arguye que no cabe justificar el Decreto en virtud del párrafo b) del artículo XX del GATT, porque el Decreto no es "necesario para proteger la salud […] de las personas".170 Más concretamente, el Decreto no cumple la condición necesaria. La jurisprudencia sobre el GATT de 1947 ha establecido que cabe considerar que una medida es "necesaria" cuando "[el Miembro] no tenía razonablemente a su alcance otra medida compatible con el Acuerdo General o cuyo grado de incompatibilidad con el mismo fuera menor, para alcanzar sus objetivos de política […]".171 Zimbabwe cree que esto basta para determinar que -aun suponiendo que las fibras de amianto supongan más riesgos para las personas- Francia tenía a su disposición medidas menos restrictivas para alcanzar su objetivo de salud. Las CE sostienen que Francia no tenía otras medidas que pudiese adoptar en términos razonables para alcanzar su objetivo de política de salud que no fuesen la prohibición absoluta de las fibras de amianto de crisotilo. Sostienen en especial las CE que la utilización de medidas de control encaminadas a reducir al mínimo la exposición a las fibras de amianto de crisotilo no sería suficiente para hacer que Francia alcanzase el elevado nivel de protección que se propone. Alegan también que las medidas de control no son aplicables por lo que respecta a un grupo numeroso de "utilizadores secundarios" de fibras de amianto, a saber, los trabajadores asalariados y los que hacen obras en el propio hogar, los cuales, si no hay medidas de control, pueden verse expuesto al polvo de amianto crisotilo durante la instalación, mantenimiento y reparación de productos que contengan amianto crisotilo. Contribuye a agravar ese problema, según las CE, el hecho de que, en muchas ocasiones, los "utilizadores secundarios" carecen de información acerca de si están utilizando productos que contienen amianto. Las CE sostienen que, incluso si los usuarios recibiesen esa información, las medidas de control son costosas y convierten lo que sería una operación simple en una operación cara, complicada e incómoda. Además, opinan las CE que "una vez en el mercado, ya no se dispone de medios razonables de controlar el uso del amianto, y, en particular, de controlar las operaciones triviales (cortado, aserrado, etc.) que pueden tener necesidad de efectuar numerosas personas".172

              2. Esos argumentos de las CE no convencen a Zimbabwe. En primer lugar, y por lo que respecta a la eficacia de las medidas de control, Zimbabwe cree que la observancia de determinadas prácticas de trabajo y la utilización de instrumental técnico con arreglo a la norma ISO 7337, por ejemplo, serían suficientes para mantener el nivel de exposición máximo aceptable para Francia. Las CE arguyen que, incluso cuando se utiliza equipo técnico especial para realizar actividades de alto riesgo, los niveles más altos de exposición al amianto seguirían rebasando el nivel máximo fijado por Francia. Lo que las CE dejan sin mencionar, no obstante, es que, como alegó el Canadá, usar equipo respiratorio protector y humedecer los materiales durante los trabajos podría hacer disminuir notablemente la exposición, incluso hasta el punto de hacer que se respetase el máximo nivel de exposición fijado por Francia. En cuanto al argumento de las CE en el sentido de que las medidas de control obligatorias no son practicables, por ser demasiados caras, Zimbabwe cuestiona la pertinencia de esas consideraciones. Después de todo, la cuestión de si esas medidas son o no son demasiado costosas debe dejarse a los imperativos del mercado. Si los fabricantes de fibrocemento se encuentran con que la demanda de sus productos es insuficiente debido a las costosas medidas de control que se imponen a sus clientes, abandonarán esa actividad o diversificarán su producción mediante la utilización de otras fibras para su cemento. De manera análoga, no cree Zimbabwe que tenga validez alguna el argumento de que las medidas de control hacen que determinados procesos de trabajo sean complicados e incómodos. Cuando la legislación impone determinadas prácticas, carece de sentido la cuestión de si éstas agradan o no a los que tienen que seguirlas.173 No cabe duda de que ese argumento no sirve, por sí solo, para justificar racionalmente medidas restrictivas del comercio.

              3. Aun cuando Zimbabwe admite que tal vez no sea fácil ni evidente para una persona sin experiencia saber si está manejando un producto que contiene fibras de amianto, ello no justifica, ni mucho menos, la implantación de una prohibición de amplio alcance de los productos que pueden contener fibras de amianto. Sostiene Zimbabwe que sería posible, dentro del marco jurídico de la OMC, que los Miembros impusiesen la obligación de facilitar información en una declaración que hiciese posible que los compradores decidiesen fundadamente si adquirir o no los productos que contienen fibras de amianto. Cuando los materiales han sido instalados o incorporados ya, en un edificio, por ejemplo, Zimbabwe no ve motivo para que no se pueda colocar, por ejemplo, un mensaje de advertencia de amianto al lado de las instrucciones para la evacuación del edificio que aparezcan en el correspondiente tablón de anuncios. Tampoco ve Zimbabwe razón alguna para que, cuando se trata concretamente de trabajos de fontanería, electricidad o similares, no se pueda obligar al propietario de la instalación o del edificio a que facilite un plano en el que se indique en qué partes de la instalación se encuentra amianto.174 En cuanto a la preocupación expresada por las CE con respecto a que no pueda controlarse suficientemente la utilización de productos que contienen amianto, sobre todo entre los "usuarios secundarios" de tales productos, no cree Zimbabwe que ese problema se resuelva con la prohibición de todas las importaciones de los productos en cuestión. En realidad eso crearía más problemas que los que resolviese. En primer lugar, si tanto preocupan al Gobierno de Francia los que hacen obras en sus hogares con productos que contienen amianto, podría fácilmente haber prohibido la venta de esos productos en todos los establecimientos de suministros de ese ramo.175 Podría además, como medida de apoyo, restringir el manejo de productos hechos de amianto, de manera que quedase limitado a expertos con la correspondiente certificación, con lo cual impediría que tuviesen contacto con el amianto personas sin experiencia.176 También hubiera sido relativamente fácil conseguir la protección de los trabajadores, tales como electricistas y fontaneros. El Gobierno de Francia podía haber exigido, por ejemplo, que tuviesen un certificado que se expediría únicamente a favor de quienes hubiesen seguido cursos de información y adiestramiento sobre uso y manejo de productos que contienen amianto. El Gobierno de Francia podría también haber prescrito con exactitud las prácticas y los instrumentos técnicos que deben utilizarse para todo contacto con productos que contienen amianto. Para garantizar su observancia, podría autorizarse en las disposiciones reglamentarias la imposición de fuertes multas o condenas a privación de libertad en casos de incumplimiento doloso de las disposiciones gubernamentales. Ni que decir tiene que el país Miembro podría también llevar a cabo campañas para avivar en los trabajadores la toma de conciencia de los peligros de las fibras de amianto y explicar los procedimientos que deben seguirse en todo contacto con esas fibras. De todo lo que antecede se desprende con claridad que el Gobierno de Francia tenía a su disposición una serie de medidas que hubiese podido utilizar como alternativa y que hubiesen constituido una interferencia menor en el comercio y, al mismo tiempo, hubiesen contribuido a lograr su objetivo último de proteger la salud y la seguridad de sus ciudadanos.



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