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Apoyar la independencia es algo natural y de sentido común. Es un acto de confianza en nosotros mismos



NEURE KABUZ

Por JON AZUA
Hacia nuevos escenarios: Escocia, Catalunya, Euskadi…
Apoyar la independencia es algo natural y de sentido común. Es un acto de confianza en nosotros mismos”. Así explica su posición favorable al SI por la Independencia de Escocia el primer ministro Alex Salmond.
En Euskadi, fiel a una de las líneas rectoras de su compromiso de Gobierno, el Lehendakari Urkullu ha iniciado su primera ronda de contacto con las diferentes fuerzas parlamentarias para abordar la definición de un nuevo estatus político con el propósito de acordar un nuevo modelo de relación en/con el Estado español. La naturaleza de este proceso es aún desconocida y no sabemos si la aspiración última (que habrá de definir, en primera instancia, el Parlamento Vasco) es la independencia de una nueva nación europea, una opción alternativa o una reformulación de un modelo de autogobierno. El “derecho a decidir” parece convertirse en el hilo conductor del proceso y, los próximos pasos, clarificarán intenciones y expectativas.
A la vez, el proceso de Catalunya sigue su curso acercándose al límite temporal -auto impuesto por sus principales promotores- para fijar fecha, pregunta y modalidad de consulta que permita el ejercicio del derecho a decidir bien hacia la independencia de la nueva Catalunya-Nación Europea dotándose de estructuras de Estado propias según programas de CiU y ERC, o un nuevo espacio federado en una potencial “Nueva España” atendiendo al deseo del PSC y, al parecer, un buen número de dirigentes empresariales si hacemos caso de la opinión publicada . Otra posición observada, “la indisoluble unidad de la España de los últimos 500 años”, en palabras del PP, es poco menos que marginal en Catalunya y mayoritaria en España. En este escenario, Artur Mas intensifica su presencia internacional explicando las aspiraciones democráticas de Catalunya y se esfuerza en explicar la racionalidad de una Catalunya independiente, alineado con su último programa electoral.
En Escocia, vivimos una semana destacada dada la presentación de un profuso Informe del Gobierno escocés, “Scotland’s Future: your guide to an independent Scotland”, explicando las bondades de una Escocia Independiente, las razones para quererla y una pedagógica guía dirigida a los votantes de un próximo referéndum que habrá de celebrarse en tan solo 290 días en el que los ciudadanos decidirán si mandatan a los gobiernos escocés e inglés a acordar y negociar la independencia de Escocia. El gobierno escocés y los partidarios del SI, ofrecen escenario, informes, ventajas, situaciones comparadas que apoyan su planteamiento. Ofrecen, con datos y argumentos propios sus razones para esperar una mejor vida para sus ciudadanos, una clara disminución de las desigualdades y desequilibrios internos Londres-Escocia, un estado de bienestar posible y escenarios alternativos -siempre en Europa- en el euro o en la libra esterlina (su primera opción), en la UE o fuera de ella (si el veto de algún País de la Unión o la interpretación de la “no continuidad lo impide), en colaboración con el que sería entonces ex Reino Unido (UK-) y siempre mirando al Norte: Noruega y sus vecinos escandinavos e islandeses con los que ha de configurar un nuevo espacio de desarrollo económico, de bienestar, no nuclear. Sus reservas energéticas, su modelo de desarrollo económico-financiero, sus estrategias sociales y de bienestar y el potencial para reorientar una nueva administración pública, nuevas estructuras de gobernanza y representación y un nuevo marco de sostenibilidad financiera, aspiran a convencer a sus ciudadanos. Adelantan su apuesta, sus primeras acciones de un gobierno en la transición (período entre el SI al Referendum y la Declaración de Independencia) y de la primera legislatura independiente. Animan a sus ciudadanos a apropiarse de su nuevo futuro, en el desafiante objetivo de convertirse en el 29 Estado de la Unión Europea y el 129 de Naciones Unidas. Si en el Referéndum del próximo 18 de Septiembre de 2014 triunfa el SI, el 24 de marzo de 2016 se proclamará la independencia, concluido el proceso “negociador” con el Reino Unido.
Por el contrario, la diplomacia e inteligencia de Estado británico acelera su intensa actividad descalificadora de la independencia de Escocia. Lo que hasta hace meses eran mensajes velados y discretos (en la OTAN, la Secretaría de Estado Americana, la UE…) se traducen en una ofensiva abierta pretendiendo atemorizar con pérdidas de pedidos estatales (industria naval), deslocalizaciones empresariales, insuficiencia fiscal, exclusión de la libra, no apoyo diplomático y veto en la Unión Europea, sobre coste de nuevas estructuras administrativas, escasa representación en foros y centros de decisión y, apelar a una “pérdida de peso relativa” de la nueva Inglaterra residual post Escocia independiente.
En esta misma línea -pero como no podía ser de otra manera, “a la española”- la precipitada torpeza del gobierno español, los partidos “anti secesión catalana” y su respaldo mediático, simplifican y ridiculizan mensajes y consecuencias. Así, las perlas del gobernador del Banco de España, Luis María Linde, mencionando una hipotética suspensión de pagos y la inminente quiebra de una Catalunya independiente dada la “imposibilidad técnica de acceder al BCE como única fuente de liquidez o a la denominación de activos y pasivos en distintas divisas al salir del euro” ni son propias de un gobernador -supuestamente independiente- que ha de velar por sus funciones tasadas protegiendo y ordenando un sistema financiero merecedor de mejores supervisores, ni de ideólogos disfrazados de objetividad y excelencia científico-académica. Parecería llegada la hora de tomarse el asunto en serio y reconocer la fuerza de la desafección Catalunya-España y la búsqueda de nuevas alternativas. Confiar, una vez más, en la pared mayoritaria de un Congreso de los Diputados y una mayoría absoluta que puede imponer sin convencer, no parece la mejor opción de futuro. Perlas de palabra y actitud como las anteriores, solamente superadas por las sesudas afirmaciones filtradas desde fuentes del Ministerio de Economía y el Banco de España: “La independencia de Catalunya obligará a la Caixa y al Sabadell a marcharse de Catalunya ya que la mayor parte de su negocio depende de España”. Imaginamos que los dos principales bancos insignia “españoles” (BBVA y Banco Santander) estarán preparando su salida de España y no por la secesión vasca o cántabra sino porque, desde hace años, sus negocios principales están en América Latina. Serán necesarios argumentos un poco más serios para disuadir a los “secesionistas”.
En definitiva, tres procesos, realidades y aspiraciones distintos. Todos ellos en marcha. Cada uno de ellos jugará su propio partido, enmarcado en reglas distintas. Todos y cada uno de ellos miran a los demás con “interés distante” evitando comparaciones y asimilaciones que pudieran perjudicarles. Sin embargo, todos tenemos mucho que aprender de los demás. Como siempre, no se trata de copiar pero sí de aprender, mitigar errores y facilitar escenarios y procesos de decisión.
Ahora bien, desde una observación optimista y positivista, en nuestro caso, parece que no nos vendría nada mal preparar nuestro propio “White Paper” a la escocesa ó, a cierta distancia, a la catalana. Mucho más que un documento-paraguas para una dinámica compleja que nos acercará, en cada momento, a una opción diferente al estado actual de las cosas.
En efecto, volviendo al primer ministro escocés Salmond, “Nadie sugiere que una Escocia independiente no enfrentará grandes retos y desafíos. Proponemos tomar nuestro propio destino y aspiramos a la posibilidad de construir el tipo de País que queramos en cada momento. Proponemos un camino a recorrer y compartimos, con todos, el contenido y los escenarios previsibles en nuestra apuesta”. Preparemos nuestro propio camino y construyamos, con rigor, el espacio viable y confortable que queramos. Solo así seremos capaces de garantizar la libre decisión necesaria en el momento oportuno.



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