Descargar 0.54 Mb.


Página54/54
Fecha de conversión02.03.2019
Tamaño0.54 Mb.

Descargar 0.54 Mb.

células progenitoras de sangre ubicadas en lamédula ósea


1   ...   46   47   48   49   50   51   52   53   54
células progenitoras de sangre ubicadas en lamédula ósea, que  sólo producen glóbulos rojos y blancos.     
¿Qué utilidad puede tener el estudio de células madre en enfermedades como el Parkinson o el Alzheimer?

¿Cuáles son las dos vías de investigación que el autor del artículo se plantea en relación con las células madre y el Parkinson?

¿Cuál es tu opinión sobre las células madre? ¿Está bien o está mal?

Pensamos que es algo nuevo que puede traernos muchas alegrías. Está muy bien.

A.2.3.1.
  Preguntas para el debate
• ¿Qué es una célula madre? Da una definición.
Las células madre son el origen del resto de células, tejidos y órganos del cuerpo
humano. Poseen dos características importantes que las distinguen de otros
tipos de células. La primera de ellas es que son células no especializadas que
se renuevan de forma ilimitada. La segunda es que bajo ciertas condiciones
fisiológicas o experimentales, se las puede inducir a convertirse en células con
funciones especiales como las musculares cardíacas o páncreáticas productoras
de insulina. Son las responsables del crecimiento y reparación de los tejidos.
Todos los animales y vegetales las poseen.
En función de su capacidad para producir tejidos diferentes, existen tres tipos de
células madre.
Las llamadas totipotentes son capaces de dar lugar a un organismo completo;
las pluripotentes pueden producir cualquiera de los tejidos que conforman un
individuo, como el epitelial y el muscular; y las multipotentes solo crean los tipos
celulares de un tejido determinado.

• ¿Cuáles son sus características?


Dos características son definitorias de una célula madre (CM), permitiendo además
diferenciarlas de la gran mayoría de las células constitutivas de un organismo
adulto:
- Poseer una capacidad muy importante de proliferación, pero manteniendo
su estado indiferenciado (automantenimiento).
- Ser capaces de generar progenie, perteneciente a varios linajes celulares
del orgnismo (pluripotencia). El control de su capacidad de proliferación
versus diferenciación se produce en localizaciones especializadas,
denominadas nichos, y alteraciones de este mecanismo básico pueden
estar implicadas en muchas patologías humanas. El potencial terapéutico
que encierra el concepto de célula madre es enorme, pero debemos ser
capaces de explotarlo adecuadamente.
• ¿Cuántos tipos de células madre existen?
En función de su capacidad para producir tejidos diferentes, existen tres tipos de
células madre.
Las llamadas totipotentes son capaces de dar lugar a un organismo completo;
las pluripotentes pueden producir cualquiera de los tejidos que conforman un
individuo, como el epitelial y el muscular; y las multipotentes solo crean los tipos
celulares de un tejido determinado.
• ¿Qué diferencia existe entre células madre pluripotentes y multipotentes?
Célula madre pluripotente: Capaces de producir la mayor parte de los tejidos de
un organismo. Aunque pueden producir cualquier tipo de célula del organismo, no
pueden generar un embrión.
Células madre multipotentes: Son aquellas que sólo pueden generar células
de su propia capa embrionaria. Estas también llamadas células madre órgano-

específicas son capaces de originar las células de un órgano concreto en el


embrión y también en el adulto. Un ejemplo de este tipo de células son las
contenidas en la médula ósea, las cuales son capaces de generar todos los tipos
celulares de la sangre y del sistema inmune. Estas células madre existen en
muchos más órganos del cuerpo humano como la piel, grasa subcutánea, músculo
cardíaco y esquelético, cerebro, retina y páncreas.
• ¿Qué se entiende por célula progenitora?
Las células madre unipotentes, también llamadas células progenitoras son células
madre que tiene la capacidad de diferenciarse en sólo un tipo de células. Por
ejemplo las células madre musculares, también denominadas células satélite sólo
pueden diferenciarse en células musculares.
• ¿Cómo se obtienen las células madre?
¿Cómo se obtienen las Células Madre Adultas?
El Implante Autólogo de Células Madre Adultas practicado por el equipo médico de
UNIMED y sus colaboradores, puede hacerse de dos maneras:
Utilizando una Máquina de Aféresis terapéutica
Con este equipo se separan las células madre circulantes en el torrente sanguíneo
del paciente, y son aisladas por medio de un separador celular que funciona de
forma similar a cuando se dona sangre pero lleva más tiempo (aproximadamente
2 horas). Por una vena la sangre es llevada al separador celular, el cual, por un
sensor de tamaño, aísla las células madre, y por otra vía reinfunde la sangre
nuevamente al paciente. Este procedimiento se realiza en pequeñas fracciones de
tiempo llamadas ciclos.
Por Punción de Médula Ósea:
Esta variante del procedimiento tiene dos modalidades:
- Punción esternal
- Punción cresta ilíaca
La punción es un procedimiento mínimamente invasivo, ambulatorio, utilizado
regularmente en el campo de la medicina para estudios básicos de la médula
ósea, a través del cual se aspira el material líquido contenido en el interior del
tejido óseo, también es usado para realización de trasplante de Médula Ósea y
obtención de Células Madre adultas como es en nuestro caso.
Habitualmente se realiza en el cuerpo del esternón o en la cresta ilíaca posterior.
El paciente se coloca boca abajo si la punción va ser realizada en cresta ilíaca
posterior (CIP), o boca arriba si va a realizarse en esternón o cresta ilíaca anterior
(CIA).
Se pincela la zona de punción con antiséptico, se coloca un campo quirúrgico
estéril y el médico con guantes estériles localiza la zona de punción e inyecta de
forma lenta comprobando que no está en vena y con aguja estéril de un solo uso
se coloca el anestésico local en la piel y en profundidad hasta la parte más externa
del hueso.
Posteriormente, se introduce el trócar de aspiración con el guiador puesto hasta
la cavidad medular. Una vez en ella, se retira el guiador. Se procede a colocar la
jeringa en el cono del trocar destinado a ello y se aspirar la cantidad de sangre
medular requerida.
Los factores de crecimiento Se obtienen de la plaquetas que se extraen de la
sangre periférica de una vena en el brazo, se encuentran englobados en moléculas
de bajo peso molecular que reciben el nombre genérico de citoquinas. Estas
son moléculas solubles que trasmiten información entre células. Los factores de
crecimiento se usan como complemento del tratamiento con células madre para
potenciarlas y activarlas.
• ¿Para qué se utiliza la clonación terapéutica?
La clonación terapeútica es una de las formas más eficientes de generar un tejido
y/u organo a partir del material genético de la persona que lo va a recibir y así
evitar complicaciones debido a la incompatibilidad inmunologica. A pesar de ello,
aún se encuentra en pañales puesto que por siete años se prohibió este tipo de
investigación y apenas en estados unidos el presidente obama acaba de levantar
la prohibición al uso de células troncales en investigación.
• ¿Qué utilidad puede tener el estudio de células madre en enfermedades
como el Parkinson o el Alzheimer?
Por primera vez, una nueva técnica de imagen ha conseguido visualizar células
madre en el hipocampo, la zona del cerebro en la que se localiza la memoria. El
hallazgo abre nuevas posibilidades para abordar el Alzheimer, el Parkinson y la
depresión.
Las células madre se han convertido en las estrellas mediáticas de la investigación
biomédica de los últimos años, ya que en ellas la sociedad, jaleada por los
científicos, vislumbra la posibilidad de conseguir un remedio para enfermedades
graves e incurables, como el Alzheimer o el Parkinson. Hasta ahora, las
células madre se podían ver sólo fuera del cuerpo humano, pero un equipo de
investigadores del Instituto Stony Brook, de la Universidad de Nueva York, ha
conseguido desarrollar una técnica que permite seguir el rastro de las células
madre adultas en el interior del cerebro humano. Esa detección constituye un
primer paso para desarrollar estrategias dirigidas a tratar tejido nervioso dañado
por una enfermedad neurológica o por un trauma.
La técnica es una variante de la resonancia magnética que gracias a un marcador
específico, desarrollado por los científicos estadounidenses, permite ver las células
madre en cerebros vivos, según publica hoy la revista Science. Lo más importante
de cara a una aplicación terapéutica es que han encontrado células madre en
la zona del cerebro en la que se localiza la memoria (hipocampo), que es una
de las primeras áreas afectadas en la enfermedad de Alzheimer, durante la falta
de oxígeno (como sucede en los ahogamientos) o en inflamaciones cerebrales
provocadas por virus. Según los autores, "este hallazgo beneficia a la investigación
en células madre, a la neurología y a la psiquiatría y permite el estudio de las
neuronas en condiciones normales y patológicas".
El catedrático de fisiología José López Barneo, de la Universidad de Sevilla,
resalta el interés del trabajo que publica Science, y añade que podría ser útil para
la detección temprana de algunas enfermedades y para predecir cómo será el
curso de ese trastorno. Esta hipótesis procede de "estudios recientes que han
constatado una relación entre la biología de las células madre en el cerebro y
ciertas afecciones. Así, en algunos casos de depresión podría estar comprometida
la producción de estas células". Pero, según López Barneo, esta técnica no sería
válida para la producción de células madre con fines terapéuticos.
El equipo de este experto también investiga las células madre en el sistema
nervioso, y ha sido pionero en su hallazgo fuera del cráneo, concretamente en
una región localizada en el cuello (cuerpo carotídeo), un descubrimiento que ha
publicado la revista Cell. "Es una región muy accesible, lo que la convierte en una
fuente muy buena para obtener células madre para uso terapéutico", asegura.
Más allá del deseo de acumular conocimiento, ¿tienen aplicación estos hallazgos?

López Barneo es optimista: "Podrían ser muy útiles para tratar el Parkinson. De

hecho, estamos probando el efecto de estas células en ratones con Parkinson,

los resultados son positivos, podríamos trasladar los experimentos a humanos".

Aunque es difícil transmitir a la opinión pública el alcance real de este tipo de

investigaciones, sí existe una buena receptividad, acompañada de la voluntad

política ?al menos aparentemente? de destinar fondos a la investigación en

enfermedades neurodegenerativas. Un ejemplo de esa actitud es la puesta en

marcha del Centro de Investigación Biomédica en Red (Ciber) de Enfermedades

Neurodegenerativas, del que José López Barneo es su director científico. "Los

presupuestos destinados a estas afecciones están creciendo exponencialmente

desde hace unos años y así estamos conociendo en profundidad procesos como el

Alzheimer, el Parkinson o el Hungtinton. Pero el reto más apasionante es descubrir

cómo podemos trasladar todo ese conocimiento a la práctica médica para que

se beneficien los enfermos", y establece una comparación muy gráfica: "Nos

encontramos en una situación similar a la había hace veinte años con el cáncer".

Ese optimismo no impide a López Barneo destacar que para colocar a España

en el puesto que le corresponde por su nivel económico "es necesario aumentar



la inversión pública destinada a la investigación. También debe ser mayor el
compromiso de la iniciativa privada que, de momento, procede de algunas
fundaciones privadas y asociadas a cajas de ahorros, empresas de capital riesgo.
Tímidamente comienza a surgir un ambiente empresarial y de inversiones privadas
en ciencia que es interesante".
Más allá del laboratorio...
Enfermedad y discapacidad. Ese es el alto precio que deben pagar los países
desarrollados por prolongar la vida de sus poblaciones. Tal vez, en el Alzheimer
(que destruye la neuronas y a la persona, que olvida todo, incluso quién es)
confluyen como en ninguna otra patología todos esos factores: en el mundo
hay 25 millones de afectados, de los que más de 600.000 viven en España, que
ascienden hasta los tres millones si se incluyen los cuidadores de los enfermos.
Según la Confederación Española de Familiares de Enfermos de Alzheimer
(Ceafa), en términos exclusivamente económicos, el gasto medio asumido por
las familias en las primeras fases de la enfermedad es de 29.000 euros al año, y
supera los 36.000 en las fases intermedias, para descender hasta los 29.700 en
las fases avanzadas.
Además, "en el 95% de los casos, el cuidado recae en los familiares,
especialmente en las mujeres, que abandonan su profesión, incluso su proyecto
personal, para atender al enfermo", señala Emilio Marmaneu, de Ceafa. Y Amparo
Valcarce, secretaria de Estado de Servicios Sociales, Familias y Discapacidad,
añade que la enfermedad condena al paro a unas 200.000 personas ocupadas en
el cuidado de los afectados.
La asistencia a los enfermos de Alzheimer y sus familias es uno de los puntos
fuertes de la Ley de Dependencia, que entró en vigor en enero, pero todavía
sigue sin aplicarse debido a que no están establecidas las cuantías de las ayudas
ni quién puede solicitarlas. Otros aspectos controvertidos son qué parte debe
abonar el Gobierno central y cuánto corresponde a las autonomías, además de la
diversidad de criterios que existe entre Comunidades.
Un problema de todos
· Existe una relación entre la biología de las células madre y algunas
enfermedades cerebrales. En la depresión se altera la producción de este tipo de
células.
· Aumenta la sensibilidad social y política hacia los procesos neurodegenerativos,
pero es difícil trasladar a la opinión pública el alcance real de las investigaciones.
· En España, los fondos públicos para la ciencia han aumentado, pero todavía no
están en el nivel que corresponde a nuestro nivel económico.
· La aportación privada a la investigación procede de algunas fundaciones privadas
y empresas de capital riesgo.
· En España hay 600.000 enfermos de Alzheimer, y en todo el mundo hay 25
millones, y sobre los familiares suele recaer su cuidado.
· El coste del Alzheimer en las primeras fases de la enfermedad es de 29.000
euros al año y sube a 36.000 en las fases intermedias.

ar a otro determinado.


A. 2.3.2.   
Preguntas para el debate 

• ¿Crees necesario fomentar este tipo de tratamiento?

Nosotros pensamos que sí es importante porque así muchos niños podrán nacer

sin ninguna patología extraña.

• ¿Estamos ante la solución de las enfermedades que hoy en día más

afectan a la población?

Nosotros pensamos que sin duda esto sería la solución de las enfermedades que
hoy en día más afectan a la población y así crecerían más niños sin problemas y la

población subiría.

• ¿Consideras antinatural este tipo de tratamiento?

Pensamos que la verdad es un poco antinatural, pero si sirven para salvar a una

vida lo consideramos correcto.

• ¿Cuál es tu opinión personal sobre el tema?

Nuestra opinión coincide rotundamente. Pensamos que este tipo de tratamientos,

aun siendo naturales, lo vemos bien porque lo único que hacen es salvar vidas y

que los niños puedan nacer sin ninguna enfermedad.

A.2.3.3.


 Preguntas para el debate 

• ¿Debemos reproducir embriones humanos para curar enfermedades?

El tratamiento con células madres extraídas del embrión humano, para nosotros es

anti ético, porque se estará exterminando una vida para salvar otra. No estamos

de acuerdo y creo que los seres humanos, no debemos aferrarnos tanto a la vida y

aceptar lo que nos toca.


• ¿Elegirías los genes para hacer un "bebé a la carta"?

Elegir un bebé según la estética que quieran los padres es una realidad y ya está

generando interés y polémica.

Cuando se hace una selección de embriones, se implanta en el útero de la madre

sólo los que tengan las características deseadas.

Me pregunto también si no estarán con eso promoviendo la discriminación racial.

El resultado de un reciente estudio aplicado a una muestra de mil personas, y

realizado en la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York, revela que

un 13 por ciento de los encuestados estaría interesado en utilizar esta técnica

para conseguir bebés más inteligentes, y un 10 por ciento estaría de acuerdo en

utilizarla para seleccionar a los embriones que serán más altos al llegar a la edad

adulta.


Es inevitable que se cuestione la moralidad de esta práctica y los intereses

despertados. El bebé no es un producto ni una mercancía que se puede elegir .



• ¿Te mantendrán sano los nuevos tratamientos médicos y podrás vivir para
siempre?
Pensamos que cada vez, lo natural se está volviendo artificial. Los alimentos
modificados genéticamente es algo antinatural. Pensamos que eso no puede ser
sano, aunque físicamente parezca el mejor producto comestible. Lo mejor es lo
natural, y lo natural alarga la vida.
A.2.4.1.
  Preguntas para el debate
Redacta un breve documento en el que se recojan:
• Una definición del concepto de bioética.
• Los principios éticos fundamentales que deberían tener en cuenta los
profesionales de un comité de bioética
• ¿Cómo crees que debería ser el perfil de un comité de bioética: más
humanista o científico?
1. Origen e historia de la bioética
La ética es la reflexión crítica sobre los valores y principios que guían nuestras
decisiones y comportamientos.
La palabra bioética es un neologismo acuñado en 1971 por Van Rensselaer
Potter (en su libro Bioethics: bridge to the future), en el que este autor englobaba
la "disciplina que combina el conocimiento biológico con el de los valores
humanos". La prestigiosa Encyclopedia of Bioethics (coordinada por Warren Reich)
define la bioética como "el estudio sistemático de la conducta humana en el área
de las ciencias de la vida y del cuidado sanitario, en cuanto que tal conducta
se examina a la luz de los valores y de los principios morales". En la actualidad
abarca no sólo los aspectos tradicionales de la ética médica, sino que incluye la
ética ambiental, con los debates sobre los derechos de las futuras generaciones,
desarrollo sostenible, etc. (De hecho, el libro de Potter trataba las cuestiones éticas
en relación al medio ambiente con perspectivas evolutivas, pero posteriormente el
término bioética se ha usado sobre todo para referirse a la nueva ética médica y a
la ética de los nuevos avances en biomedicina).
En 1972 André Hellegers crea el Instituto Kennedy de Bioética, en la
Universidad Georgetown (Washington DC), siendo esta la primera vez que una
institución académica recurre al nuevo término. Según Warren Reich (1993),
la palabra bioética ha tenido éxito en imponerse porque es muy sugestiva y
poderosa: "sugiere un nuevo foco, una nueva reunión de disciplinas de una forma
nueva y con un nuevo foro que tendió a neutralizar el tinte ideológico que la gente
asociaba con la palabra ética".
El objetivo de la bioética, tal como la "fundaron" el Hastings Center (1969) y el
Instituto Kennedy (1972) era animar al debate y al diálogo interdisciplinar entre la
medicina, la filosofía y la ética, y supuso una notable renovación de la ética médica
tradicional.
de los ciudadanos. ¿Cómo se atienden las necesidades básicas sanitarias de
todos los ciudadanos? Pero ¿qué son necesidades básicas? ¿Cómo se diferencia
entre lo necesario y lo accesorio?
En los años recientes, los avances en Genética y el desarrollo del Proyecto
Genoma Humano, en conjunción con las tecnologías reproductivas, están
ampliando aún más el campo de la Bioética, obligando a buscar respuestas a retos
nuevos:
cuestiones sobre reproducción humana asistida. Estatuto ético del embrión
y del feto. ¿Existe un derecho individual a procrear?
sondeos genéticos y sus posibles aplicaciones discriminatorias: derechos a
la intimidad genética y a no saber predisposiciones a enfermedades incurables
modificación genética de la línea germinal: ¿es moral "mejorar" la
naturaleza humana?
clonación y el concepto de singularidad individual; derechos a no ser
producto del diseño de otros
bullet cuestiones derivadas de la mercantilización de la vida (p. ej., patentes
biotecnológicas)
El desarrollo de la bioética fue en sus primeros años un fenómeno casi
exclusivamente americano. Daniel Callahan, fundador del Hastings Center ha
resumido (1993) los factores que contribuyeron a la aceptación de los estudios
bioéticos en los EE.UU.:
bullet Aunque algunos de los más importantes bioeticistas eran teólogos o
creyentes, enseguida los análisis dejaron de lado a la religión, para centrarse en
una bioética laica que pudiera ser operativa en un mundo pluralista. El discurso
bioético se sustentaba principalmente en los derechos cívicos, el pluralismo
ideológico y se buscaba un consenso y unas estrategias ante esa diversidad
cultural.
bullet Ello supuso que la bioética americana hablara un lenguaje
de "regulaciones" y "directrices" capaz de enfrentarse a temas complejos. No se
trataba tanto de buscar una fundamentación común, sino que partiendo de
distintas tradiciones, se llegara a consensos sobre temas concretos, conforme
estos se iban planteando. Esto se ha reflejado en Comités de revisión
institucionales, en Comisiones asesoras al Presidente o al Congreso.
bullet La bioética americana conectó muy bien con la ola de liberalismo político
dominante en las elites educadas, que reconocían como propio el lenguaje de
derechos y libertades individuales en una economía de mercado.
Sin embargo, recientemente la propia bioética americana está tomando
consciencia de los límites y aporías de un enfoque demasiado escorado hacia
los derechos individuales, y está intentando introducir las cuestiones de la justicia
distributiva, así como el no olvidar que su finalidad no es estrictamente de llevar a
la armonía, sino que también ha de poseer una dimensión "profética", de plantear
dudas a ciertos presupuestos no debidamente elaborados de las sociedades
avanzadas.
2. Alcance de la bioética
La bioética no sólo trata las cuestiones morales en el ámbito de la biomedicina,
sino que además incluye:
- Cuestiones epistemológicas: modelos explicativos sobre la conducta
humana (p.ej. debate entre el determinismo biológico y la influencia
ambiental), metáforas y modelos sobre el papel de los genes, etc.
- Cuestiones ontológicas (estatuto de lo humano al comienzo y al final de la
vida; estado vegetativo persistente; relación entre la dotación genética y la
identidad del individuo, etc.).
La bioética se desarrolla en el contexto de una sociedad pluralista, ajena a los
grandes relatos unificadores de tipo religioso o ideológico. Por lo tanto, la bioética
es una ética civil que se sustenta en la racionalidad humana secularizada, capaz
de ser compartida por todos, en un terreno filosófico neutro. Como dice Marciano
Vidal (1989) "más allá de un ordenamiento jurídico y deontológico, y más acá de
las convicciones religiosas".
- Es una ética laica, racional, que formula la dimensión moral de la vida
humana en cuanto ésta tiene de repercusión para la convivencia ciudadana
en general. Pero con la consciencia de las limitaciones de la razón, es
decir, evitando el racionalismo ingenuo.
- Es una ética pluralista: acepta la diversidad de enfoques, desde los que se
intenta construir un acuerdo moral en una unidad superior.
- Es una ética "mínima" (Adela Cortina), es decir, el mínimo común
denominador moral de una sociedad pluralista, que garantiza al mismo
tiempo la diversidad de proyectos humanos (culturales, religiosos, etc.).
En esta línea se situarían igualmente los intentos del teólogo Hans Küng
de una Ética Mundial por medio del diálogo de las distintas religiones,
que pudiera llegar a unos acuerdos sobre valores y fines vinculantes. En
cuanto ética mínima, no puede aspirar a ser totalizadora, y por lo tanto no
se identifica con la visión de ninguna religión, que plantea cosmovisiones
opcionales. En cuanto ética común, sus contenidos no pueden depender
de simples preferencias personales, sino que reflejarían cierto grado de
consenso social derivado de la racionalidad.
- Sus contenidos se van descubriendo tras evaluación y discusión crítica,
por sucesivas convergencias surgidas de la común racionalidad humana.
Se trata, pues, de una ética dinámica y enraizada en la historia, que acepta
moverse provisionalmente en la duda y en la perplejidad, pero que avanza
hacia niveles cada vez mayores de búsqueda del bien y de la justicia para
toda la humanidad, contrastando sus conclusiones continuamente con la
realidad de cada momento y de cada cultura.
En resumen, la actual bioética pretende ser universal, alejada de los puros
convencionalismos o preferencias personales, consciente de las limitaciones de la
razón humana y atenta a los contextos culturales concretos.
Prudencia y riesgo en la decisión ética (Masiá, 1998)
Este autor plantea que entre los extremos de un normativismo ético inflexible
y del mero capricho personal, quizá debiéramos acostumbrarnos a una moral
interrogativa y dinámica, que ilumine las decisiones concretas con sabiduría
práctica. Según Ricoeur (1990) "la sabiduría práctica consiste en inventar las
conductas que satisfarán mejor las excepciones exigidas por nuestra solicitud
para con las personas, traicionando lo menos posible las normas...Consiste en
inventar los comportamientos justos y apropiados a la singularidad de cada caso.
Pero esto no significa que haya que dejar el juicio en manos de la arbitrariedad".
No se trata de aplicar deductivamente las reglas generales al caso particular, ni se
trata de formular simplemente una excepción. Según Masiá, se trata de "deliberar
sobre el caso concreto bajo una doble luz: la luz de la situación concreta y la luz
de unos criterios, fines o valores que orientan la vida humana". De este modo,
ante situaciones parecidas, la sabiduría práctica puede dar respuestas diferentes
que son igualmente correctas. Según Ricoeur, existen tres características de esta
sabiduría práctica:
- Es prudente asegurarse que posturas distintas se apoyen en un mismo
criterio de respeto;
- La búsqueda del justo medio no debe degenerar en una especie de vía
media de compromiso;
- Los juicios pueden evitar la arbitrariedad si se busca la ayuda de otras
personas.
- Papel de las cosmovisiones culturales y religiosas
El encumbramiento de la ética secular se ha basado demasiado a menudo en
una imagen ingenua sobre una supuesta neutralidad y universalidad de la razón,
olvidando el aspecto cultural de los problemas bioéticos, con pérdida de las
riquezas de las tradiciones culturales y religiosas. Para Masiá, muchos de los
problemas bioéticos son en realidad problemas culturales, "porque nuestra manera
de percibir cuáles son y dónde están los valores que consideramos básicos viene
configurada por nuestra manera de ver el mundo". En este sentido, por ejemplo,
la sociedad de consumo individualista puede tender a ver como "mal adaptados"
a los deficientes, a los ancianos, etc. Sin embargo, lo que está mal adaptado
es el entorno, incapaz de acoger e integrar a esas personas. Precisamente
las tradiciones culturales, como por ejemplo el cristianismo, con su peculiar
sensibilidad procedente de la fe, puede suponer un referente "profético" capaz de
influir en la sociedad para que ésta reconozca estos valores y humanice el cuidado
de los miembros más débiles. La teología tendrá mucho que aportar a la visión
sobre la vida y la muerte, no dando "recetas prefabricadas", sino una cosmovisión
suscitadora de valores, que se ofrecen, sin imponerse, a la sociedad, unas
propuestas utópicas que "sacudan" ciertas creencias y prejuicios enquistados,
que permitan buscar, con los demás, alternativas sobre las prioridades para un
desarrollo auténticamente humanizante.
4. Fines y medios en la bioética
Un punto relativamente descuidado del debate bioético, pero esencial a la hora de
discutir los aspectos de justicia en el acceso a los servicios biomédicos, es el de la
conexión entre los fines de la biomedicina y los medios técnicos disponibles. Para
Daniel Callahan (1996) hay dos factores que inciden sobre esta cuestión:
Tendencia de la medicina a introducir nuevas tecnologías, a menudo muy
caras, y previstas para el beneficio individual y no tanto para el beneficio de la
población general.
Las tecnologías biomédicas están modificando continuamente la imagen
tradicional de lo que es "funcionamiento normal de nuestra especie". Se está
redefiniendo la noción estadística de "normalidad", de modo que nos estamos
deslizando hacia unos fines de optimización e incluso "mejora" de nuestra
naturaleza.
¿Es legítimo emplear inmensos recursos económicos del entramado clínico e
investigador en seguir ampliando los límites normales sobre todo si esto es a
costa de descuidar atención más básica para mayor número de personas? A estos
interrogantes no se puede responder si previamente no se ha discutido cuales
son los fines y los bienes que pretendemos obtener de la Medicina. El no haber
abordado esto explica en parte la ya vieja dificultad para:
- Definir lo que debe ser un "paquete básico" de servicios sanitarios para
todos (un problema sobre todo en los EEUU, que a diferencia de Europa,
carece de un sistema público universal y gratuito de salud)
- Incapacidad de llegar a un acuerdo sobre la "futilidad" en tratamientos
médicos (sobre todo en enfermos terminales)
- Determinar qué clase de salud debemos lograr para los ancianos, y cómo
hacerlo
- Qué clase de cuidados sanitarios proporcionar a aquellos pacientes en los
que las únicas opciones aplicables son extraordinariamente costosas.
La bioética ha oscilado entre la insistencia en criterios formales a menudo
inflexibles pero carentes de contenido, y los criterios de procedimiento, pero no ha
encarado la cuestión central sobre lo que entendemos como bienes humanos o los
fines de la medicina. Y mientras esto no se haga, corremos el riesgo de no llegar a
ninguna solución significativa en muchos de los debates abiertos.
Norman Daniels (1996) ha intentado responder a este desafío conectando su
teoría de la justicia con el interés por los fines. Aboga por procedimientos públicos
y justos que establezcan la legitimidad de crear límites para ciertos servicios
médicos. Pero hay que salvar la tentación de pretender realizar esto meramente
por agregación de preferencias en un proceso formalmente democrático. No se
trata solamente (ni principalmente) de maximizar la sastisfacción de preferencias,
sino que la clave es la deliberación sobre buenos razonamientos, al menos sobre
razones que todos los ciudadanos puedan aceptar (a pesar del legítimo pluralismo
de intereses). El proceso deliberativo debería dar razones aceptables por todos
como base para hacer decisiones sobre cómo proteger la funcionalidad biológica
normal de la población, habida cuenta de los límites presupuestarios. Esto es muy
importante en relación con nuevas tecnologías (de soporte vital, de trasplantes,
servicios reproductivos y genéticos). Si se hacen explícitas las razones para
adoptar ciertas tecnologías, entonces habría una base para un diálogo social más
amplio y para una deliberación sobre los fines de la medicina. Con el tiempo las
entidades de servicios sanitarios podrían articular una concepción más calibrada
de cómo proporcionar servicios de alta calidad a la población con presupuestos
que irremediablemente son limitados.
Evandro Agazzi, en El bien, el mal y la ciencia (Madrid: Ed.Tecnos, 1996) ha
escrito profundas páginas sobre los conflictos que el sistema de ciencia-tecnología
plantea a las exigencias de la vida, conectando con la cuestión de los fines. La
extensión de las categorías del discurso científico ligadas a su carácter empírico
y antimetafísico a todas las áreas de la vida ha cortado la posibilidad de atribuir
sentidos precisos a conceptos como bien, mal y deber. La primera consecuencia
es que la esfera de lo moral se relegó a la intimidad de la persona (juicios
subjetivos), pero enseguida esa esfera dejó de ser respetada y fue directamente
atacada con los criterios de la ciencia (tendencia al cientifismo). De ello ha
derivado un vaciamiento del contenido ético y la falta de responsabilidad del
hombre contemporáneo.
Pero aunque el sistema tecnológico no tuviera fines en sí mismos, en la práctica,
al ser el entorno en que vivimos, nos impone continuamente modificar nuestros
fines para adaptarlos a la técnica. El hombre contemporáneo acaba aceptando los
criterios tecnológicos como patrones de admisibilidad de sus propias acciones,
vaciando con ello el ámbito de competencias de la moral respecto de sus propias
acciones. La tecnología no sólo no se detiene ante el jucio moral, sino que
pretende en cierta manera juzgar a la moral, invalidando propuestas morales que
no concuerden y se amolden al sistema tecnológico. El sistema tecnocientífico
modifica todas las formas de vida, crea nuevas creencias, comportamientos,
ideologías, etc., y en este sentido no es neutral. Como máximo podríamos
permanecer neutrales nosotros, cerrando los ojos a la realidad, pensando que tal
estado de cosas es bueno.
Aunque el sistema tecnocientífico tiende a seguir su propio curso, se puede y
se debe emitir un juicio de valor sobre él, y podemos influir (si queremos y nos
dotamos de las instituciones adecuadas) en cambiar su estructura y dirección.
El problema es que para hacer tal cosa hacen falta referencias externas fuertes.
Pero en una sociedad postmodernista y altamente relativista, incapaz de dialogar
sobre fines (más allá de la sacrosanta autonomía personal), esto va a ser
extremadamente difícil. Más que acusar a la ciencia y a la tecnología, deberíamos
preguntarnos si este estado de cosas se ha debido al abandono del compromiso e
investigación en valores que guiaran los fines.
5. Bioética y derecho
En las relaciones entre bioética y derecho hay dos posibles tendencias (Moreno,
1995):
- legalista y rigurosa: pretender elaborar leyes muy detalladas adaptadas a
los diversos casos que se piensa pueden surgir (pero con el riesgo, como
se ha visto con algunas, de que los avances técnicos permitan encontrar
huecos legales o creen determinadas paradojas, o que permitan soluciones
no previstas por el espíritu de la ley).
- Abierta e inductivista: se reconoce que no se pueden prever todos los
avances y todas las situaciones posibles creadas por una tecnología que
avanza a un ritmo tan rápido. Pero queda la necesidad de leyes generales
que reconozcan principios claros, pero sin descender a demasiados
detalles. Queda lugar para que la jurisprudencia vaya incorporando el
espíritu de la ley en función de los nuevos contextos científicos y sociales.
Para Adela Cortina (1994) el ethos de una sociedad viene configurado por el
diálogo entre la moral cívica (conjunto de valores que una sociedad democrática
comparte), derecho positivo e instituciones políticas. La tarea de la bioética sería
inspirar formas de vida respetuosas con las exigencias vitales básicas y llegar
a plasmaciones jurídicas sólo cuando sea inevitable. Una dificultad es delimitar
lo que son exigencias básicas (derechos exigibles) de lo que son deseos o
preferencias subjetivas (que no pueden reclamar su satisfacción jurídica). Esto
conduce a preguntar quién puede acceder a determinados servicios sanitarios, y a
qué servicios básicos se tiene derecho. Por ejemplo, ¿está obligada la sociedad a
ayudar a cualquier individuo a recurrir a técnicas de reproducción artificial?
Daniel Callahan (1996b) ha planteado los dilemas específicos en la sociedad
norteamericana en cuanto a las relaciones del derecho con la bioética: "Es como si
al público se le presentara una simple y cruda disyuntiva: si piensas que algo
realmente es moralmente importante, llévalo a los tribunales o aprueba una ley
sobre ello; pero si piensas que hay que dejar aparte a los tribunales o que no
debería haber leyes sobre eso, entonces, cállate y deja el tema en el campo de la
elección privada. Y cuando decimos "elección privada" en este país, queremos
decir una cosa: que no debemos emitir juicios morales sobre las elecciones de los
demás, y mucho menos condenas de moral pública de las prácticas de diferentes
grupos". El caso es que el tabú a discutir seriamente sobre los usos morales de la
libertad y sobre la diferencia entre opciones morales responsables e
irresponsables ha conducido mientras tanto a que gran parte de la moral sea
elaborada en las cortes de justicia y enraizada en deciciones legales. Para
Callahan es sorprendente, por ejemplo, que decisiones judiciales (con amplia
repercusión mediática, configuradora del pensamiento de muchos ciudadanos)
declaren que "si mi vida termina en una situación de dependencia, debilidad y
desorganización mental como de niño, habré perdido mi dignidad" (de persona).
Por lo tanto, el legalismo se puede definir como la conversión de problemas
morales en problemas legales; la inhibición del debate moral por temor de que sea
convertido de esa forma; y la elevación de los jucios morales de los tribunales al
estatuto de estándares morales. Callahan no culpa a los jueces, sino a las Iglesias
(que o son demasiado sectarias o son demasiado complacientes), a las
universidades (demasiado atrapadas por el profesionalismo o por las guerras
culturales), a la prensa de opinión (la de izquierdas aburridamente ocupada en
atacar a la derecha religiosa, y la de derechas al asalto de los liberales
políticamente correctos), y a la vida política (interesada sólo en atacar a los
oponentes).
Aceptando el reto de Callahan, Gilbert Meilaender (1996) reconoce que un punto
clave estriba en que se tiende a pensar que las leyes están para promocionar las
elecciones que cada uno hace. Se ha creado "un ideal del yo que está vacío de
contenido, salvo el de la elección" (Callahan). Para Meilaender el problema no está
sólo en el legalismo, sino en el hecho de que pensamos que la ley debe garantizar
nuestras elecciones privadas, eliminándose con ello de la consideración pública
una amplia gama de cuestiones morales.
Es difícil imaginar que la ley deba permanecer silenciosa sobre ciertos
temas, como el aborto y la eutanasia, ya que ellos conllevan implicaciones sobre el
significado de ser miembro de una comunidad.
Hay otros asuntos que parecerían caer (casi) totalmente dentro del ámbito
privado, pero sobre los que se necesita al menos una comprensión compartida:
ahora que tenemos a mano FIV y tecnologías reproductivas y genéticas
(incluyendo la clonación), ¿se puede mantener que es de incumbencia
exclusivamente privada el modo de traer hijos al mundo? ¿no tendría la sociedad
nada que decir si elijo tener un clon de mí mismo, o si elijo "mejorarlo"
genéticamente, determinando con mi voluntad algunos de sus rasgos? ¿No tendrá
ninguna consecuencia el que empecemos a considerar los hijos como bienes de
consumo y de diseño, cuando "produzcamos" nuestra descendencia en lugar de
procrear en un contexto de acogida diferente? ¿La ley no tendría nada que decir?
6. Algunos peligros asociados a la invocación de la bioética
Considerar la bioética como un mero cálculo de posibilidades técnicas y de
relación costes/beneficios. Se asume que los problemas éticos suelen estar
asociados a técnicas aún no maduras que presentan problemas de seguridad,
pero una vez que tales problemas se solventen, desaparecen los obstáculos
éticos para su aplicación. (Algo de esto se está viendo ya con la perspectiva de la
clonación en humanos, y sobre la intervención genética en la línea germinal).
Invocación a la ética sólo cuando el conocimiento científico y técnico llega a afectar
a la sociedad. En este caso se puede tener la tentación de usar la bioética de un
modo reactivo, como "amortiguador de impactos sociales" y no como reflexión
previa y crítica sobre medios y fines.
Invocación al prestigio de la bioética para pedir atención y recursos de
investigación. Los científicos y gestores públicos saben que la investigación
requiere grandes inversiones, para lo cual pretenden ganar un amplio apoyo
social. Esto favorece el surgimiento de una ética informal en los proyectos de
investigación, cuyo peligro es el de ser instrumentalizadora, el de "hacer tragar" la
irrupción masiva de nuevas tecnologías que favorecen a ciertas capas o sectores.
Se trata de una ética domesticada, como trámite publicitario, para cubrir el
expediente y acallar conciencias. Este es el peligro de la ética "institucionalizada"
en comités oficiales, que intentan cerrar el debate de modo prematuro. También
es el recurso de comités ligados a empresas o a grupos profesionales (p.ej., en los
servicios de FIV, análisis genéticos, etc.).
Que los expertos no se impliquen en ninguna comisión donde haya una razonable
certeza de que su propósito político sea dar legitimidad a una investigación
o propuesta política controvertidas. (Esto se relaciona con el punto 3 de las
advertencias de Moreno arriba citadas).
La bioética debe respetar las distintas posturas que surjan en el debate. El bioético
debe defender sus posiciones, pero para ello no debe escamotear el debate, y por
lo tanto, sus propuestas deben entrar a dialogar (sin deformarlas ni ridiculizarlas)
con propuestas diferentes.
Evitar que los foros académicos sean homogéneos, a base de gente de la propia
pandilla. Por ejemplo, los biotecnólogos deberían invitar a ecologistas críticos con
la ingeniería genética; las revistas "liberales" favorables al aborto deberían invitar a
oponentes, (y viceversa), etc.
7. Bioética y percepción pública de la Biotecnología
El interés público por la biotecnología se debe a varios factores (Luján et al., 1996):
Desde los años 60, debido a las polémicas sobre la energía nuclear y a la
crisis ecológica, la tecnología ha sido arrojada al centro del debate público.
La biotecnología presenta un carácter horizontal, afectando a numerosos sectores
de las actividades humanas.
La biotecnología, al permitir la manipulación racional de la base de la vida,
toca una importante dimensión simbólica, entroncada en todas las culturas.
Todavía en muchos sectores tecnológicos y de política científica se piensa que la
oposición a la biotecnología se puede "curar" con más información técnica. Este
modelo del "déficit cognitivo" ha demostrado ser inoperante, puesto que se ha
detectado una mayor oposición en algunos países muy informados de los avances
en biomedicina.
Los modernos estudios de percepción pública de riesgos asociados con
tecnologías se centran en los modos en que los individuos aprenden sobre su
entorno a través de la experiencia. Se pueden distinguir cuatro enfoques:
- Cognitivista
- Psicosocial
- Cultural
- Sociológico
Desde los enfoques culturales se plantea que las creencias sobre la naturaleza
y sobre el riesgo están socialmente construidas, de modo que cada grupo tiende
a percibir distintos tipos de riesgos. Desde los enfoques sociológicos el riesgo se
define en función de amenazas a modos de vida y estructuraciones sociales. Está
más relacionado con la identidad sociocultural, los valores morales o las relaciones
socioeconómicas. En estos enfoques se tiene en cuenta la valoración de los
distintos grupos, y no sólo el papel de los expertos.
La bioética puede desempeñar un papel importante en la evaluación de riesgos,
ponderando el principio de no maleficencia (evitar daños) con el de beneficencia
(hacer el bien).
Sin embargo, uno de los puntos donde tropiezan muchas discusiones es la
ambigüedad y polisemia del término "riesgo". No es lo mismo el riesgo como
simple potencial de cambiar algo (una idea sin implicaciones morales a priori)
que el riesgo como posibilidad de hacer daño. El problema es que a menudo se
confunden y mezclan ambos significados. El primero se relaciona (en el ámbito
de la biotecnología) con temores más o menos vagos de cambiar lo natural. Pero
hay que decir que toda tecnología cambia de una u otra forma nuestras relaciones
con lo natural. No es posible que Homo sapiens vuelva a un supuesto estado de
naturaleza primigenia. Para bien y para mal, nuestra naturaleza nos ha dotado con
la capacidad de usar y adaptar nuestro entorno.
Se puede hacer un intento de taxonomía de los tipos de riesgos:
riesgos como interferencia con la naturaleza. Ciertos grupos religiosos
plasman esta idea ligándola a la metáfora de que no deberíamos "jugar a ser
Dios".(Pero hay que decir que el concepto de natural no es inmutable, sino que
está construido socialmente, que cambia con el tiempo, las culturas y las
religiones).
Riesgos asociados al mal uso de la tecnología (p. ej., discriminación
genética, eugenesia obligatoria...)
Preocupaciones vagas de miedo, sentimientos de peligro ante lo
desconocido.
Preocupaciones concretas sobre impactos negativos sobre la salud o el
medio ambiente.
Una cualidad de la bioética en su reflexión sobre la ingeniería genética es que nos
ha obligado a pensar de nuevo nuestras ideas sobre
la evaluación de riesgos
el impacto de la tecnociencia en la sociedad
el control social en la tecnociencia
la finalidad de nuestras sociedades. Este es quizá el punto más importante,
aunque seguramente el más difícil de implantar políticamente, ya que supone
realizar una crítica social acerca de los valores explícitos e implícitos que nos
guían, incluyendo la imagen del hombre y sus necesidades y deseos en un
sistema donde se han enquistado numerosos prejuicios que a menudo sirven a
intereses minoritarios (pero controlados por poderosas fuerzas políticas y
económicas). Langdon Winner habla al respecto de que debemos reevaluar
el "contrato social implícito" que hemos realizado con el entramado tecnocientífico
y económico.
Una dificultad, acentuada por la sociedad posmoderna alejada de relatos unitarios
dotadores de sentido, es la aparente heterogeneidad de valores de los individuos,
grupos y naciones. Sin embargo, ciertos estudios de opinión multiculturales
pueden suministrar materiales para diseñar una ética descriptiva común. Una
de las conclusiones de estos estudios es que no hay tantas diferencias en
las opiniones éticas entre distintos países y culturas en relación a los valores
fundamentales. Ello quizá tenga que ver con el hecho de que los distintos países
se están acercando a estrategias educativas y culturales parecidas. La conclusión
es que quizá sea más fácil de lo que se pensaba un acercamiento universal por
acuerdo a la regulación de las tecnologías biológicas.
La evaluación de riesgos no se puede dejar en manos exclusivamente
de "expertos", ya que incluye no sólo valoraciones técnicas y económicas, sino
percepciones éticas, estéticas, religiosas, etc., que aunque a menudo sean
vagas, no pueden ser pasadas por alto, al ser expresión de profundos y legítimos
sentimientos culturales.
La evaluación de riesgos no debe basarse exclusivamente en análisis de costes/
beneficios, ya que frecuentemente hay valores "intangibles" no cuantificables. Sin
embargo, también habría que aceptar que en todas las intervenciones del hombre
sobre la naturaleza hay incertidumbres que no se pueden prever a priori. La ética
de la responsabilidad nos obliga a la cautela, pero no a quedarnos inmovilizados.
Una cuestión central es la de los fines. No es lo mismo una biotecnología aplicada
prefencialmente a resolver problemas de amplias capas de la población (p.ej.,
cabe imaginar que la Ingeniería Genética pudiera abordar resolver suministro
alimentario al Tercer Mundo) que una biotecnología centrada exclusivamente en
aumentar la productividad y el beneficio económico privado, a costa de un mejor
reparto de la riqueza y del equilibrio ecológico.
10. Evaluación de tecnologías y bioética
El modelo tradicional de evaluación de tecnologías era unileteral y reactivo: sólo
consideraba los efectos que la técnica (una vez madura) podría tener sobre la
sociedad, pero no tenía en cuenta la posibilidad de que la sociedad pudiera crear
instituciones democráticas de consulta y control sobre la tecnología. Además, se
tendía a considerar casi exclusivamente la cuestión de la eficacia, seguridad y
riesgos "cuantificables", quedando las cuestiones éticas y sociales más profundas
en un segundo plano, cuando no directamente ignoradas.
La inoperancia del modelo de evaluación tradicional, junto con la presión social
cada vez más intensa, que pide una mayor implicación de los ciudadanos en
las decisiones tecnológicas ha impulsado nuevos modelos constructivistas,
como una vía más adecuada para evaluar y gestionar los riesgos e intentar
gobernar el cambio tecnológico. Se habla de un nuevo paradigma, denominado
Evaluación Constructiva de Tecnologías (ECT). En dicho enfoque se destierra
definitivamente la pretensión de una evaluación objetiva y neutral ligada a la
opinión exclusiva de expertos, dando más importancia a las opciones sociales
y culturales asociadas a ciertas tecnologías y a la socialización de la toma de
decisiones. No se puede seguir manteniendo el estricto reparto de papeles entre
promotores y controladores, sino que debemos centrarnos en aprender a gestionar
esta responsabilidad compartida, implicando a las comunidades afectadas en el
proceso de toma de decisiones.
Las actividades de diseño tecnológico deben incluir, desde el principio, el análisis
de impactos sociales y ambientales. Pero puesto que es imposible predecir
totalmente impactos futuros, y el cambio tecnológico está conducido parcialmente
por la experiencia histórica de los actores conforme aquel se va desplegando, se
concluye que uno de los objetivos principales de la ECT debe ser la necesidad
de experimentación y aprendizaje social como parte integral de la gestión de la
tecnología. En este sentido es alentador comprobar que en ciertos países, como
en Holanda y Dinamarca, se han introducido elementos de aprendizaje social en
el control de nuevas tecnologías, como la Ingeniería Genética. La misma OCDE,
en su informe de 1988 sobre "Nuevas tecnologías en los 80: una estrategia
socioeconómica", recoge y admite la pertinencia del concepto de ECT.
Brian Wynne ha sido uno de los autores más activos en el nuevo paradigma
evaluativo, habiendo abordado el estudio de riesgos en un contexto de aprendizaje
social. Su enfoque es reflexivo: presta atención a lo que la tecnología refleja y
reproduce por medio de valores, formas culturales y relaciones sociales previos.
Frente a la opinión tecnocrática de que la percepción pública de los riesgos es a
menudo irracional, Wynne mantiene que tal percepción recoge símbolos, valores
y conocimientos esenciales para contextualizar las tecnologías e integrarlas
socialmente. Siguiendo la teoría cultural de Mary Douglas, la reflexividad del
aprendizaje social implicaría la exposición, investigación y debate sistemático
de los modelos sociales implícitos y de los supuestos que estructuran los
análisis "factuales" de la tecnología. De esta manera, se traerían a la plaza pública
(para su escrutinio) compromisos implícitos que incluyen desde hipótesis virtuales
sobre cómo organizar la sociedad hasta prescripciones sociales duras para que
la sociedad se acomode a la tecnología. Esto significa también que los "expertos"
deben ser espoleados por la crítica y la controversia social, para mirar no sólo al
panorama sociopolítico en el que implantar las tecnologías, sino al interior de sus
propios marcos previos y a sus modelos sociales conformadores. Este estímulo
constructivo requiere un marco institucional que reconozca la necesidad de un
tratamiento sistemático y explícito de estas cuestiones.
Esto conduce a admitir que, necesariamente, la evaluación de la tecnología ha de
politizarse para ser operativa, y plantea la espinosa cuestión de si las democracias
representativas existentes están preparadas para dar cabida a algún tipo efectivo
de gestión participativa de la tecnología. Los problemas teóricos y prácticos al
respecto pueden parecer, en efecto, abrumadores. La estructuración cognitiva e
institucional hacen que el cambio tecnológico sea complicado, pero no imposible:
el estudio de casos históricos muestra que es posible en principio modificar las
trayectorias tecnológicas mediante la acción concertada de diversos actores
sociales y el aprovechamiento de coyunturas favorables. Los experimentos de
aprendizaje social deben considerarse como ámbitos en los que se especifican
las tecnologías, se definen las necesidades sociales, y se ponen a prueba las
representaciones de los usuarios. Requieren que se facilite toda la información a
todos los participantes y si queremos que sean operativos, seguramente habrá
que crear imaginativas instituciones no controladas por ningún grupo de poder o
de presión, que tengan influencia real a la hora de configurar el control político
sobre la tecnología. Igualmente se requerirán nuevos modelos teóricos (alejados
de la simpleza y linearidad de los antiguos) que permitan facilitar la respuesta
a la pregunta de cómo evitar el atrincheramiento social de ciertas tecnologías
o la pérdida de opciones positivas debido a que otras alternativas no sean
debidamente valoradas.
Una de las inercias mayores que se tendría que resolver es la del modelo
económico imperante (asociado al imperativo de proliferación de control
tecnológico en todos los ámbitos de la vida humana, y a la idea de "progreso").
Desde el análisis económico, ya no cabe mantener que la tecnología sea un factor
exógeno del crecimiento económico, ni que los indicadores económicos al uso
midan correctamente muchos de sus costes sociales y ambientales. La tecnología
es de hecho, un factor endógeno, que se adapta y se selecciona por los
requerimientos y necesidades de la sociedad. La viabilidad de una tecnología no
sólo depende de factores económicos, sino también de los sociales, éticos y
políticos. La noción tradicional de mercado pierde así su significado, y la
intervención del estado ya no se puede predicar solamente bajo los supuestos de
fallos del mercado. Las nuevas "reglas de juego" deben garantizar que los efectos
adversos de las tecnologías sean menos dañinos que si se dejara libre
competencia para todos. Dichas reglas deberían establecerse antes de que los
intereses invertidos adquieran privilegios (y las tecnologías en cuestión se
atrincheren socialmente) y de modo que la lucha competitiva no amenace con su
aplicación compulsiva e indiscriminada. De ahí, de nuevo, la necesidad de un
aprendizaje social que garantice una retroalimentación continua que haga que la
evolución del sistema tecnológico y económico se adapte a las necesidades
sociales y no amenace la viabilidad ecológica. De esta manera, como dice Medina
(1992), sin renunciar por completo a la intervención tecnocientífica (algo
impensable e irrealizable), se favorecería una cultura y un entorno en los que
pudieran coexistir dominios tecnocientíficos junto con dominios sociotécnicos de
otro tipo, en los que se podría preservar no sólo el rico patrimonio natural, sino
también las diversidades culturales y formas de vida social valiosas.
Por su gran interés, voy a resumir un penetrante artículo del bioético holandés
Henk ten Have, que aborda las relaciones ambivalentes entre la ética y la
evaluación tradicional de tecnologías, y que aboga por un nuevo enfoque
(publicado en Hastings Center Report, sept-.oct. 1995):
La principal limitación de la evaluación de tecnologías (ET) en relación a la ética
es que se centra en los aspectos de efectividad y seguridad, pero apenas trata los
aspectos morales de un modo sistemático. De hecho, la ética se convierte en tales
programas evaluativos en una tecnología más dedicada a resolver problemas.
Limitaciones de la ET:
El modelo lineal y unidireccional (Tecnología se aplica en la sociedad, en la
que puede producir efectos secundarios que se trata de amortiguar) secuestra las
cuestiones éticas como preocupaciones de segundo orden que sólo son
significativas en la fase final de toma de decisiones políticas. Pero como ya
sabemos, la tecnología es una práctica particular que es técnica y social al mismo
tiempo, y que se produce en determinados contextos culturales.
La ET tradicional presupone que hay las tecnologías poseen un ciclo de
vida lineal:
primero surge el conocimiento básico,
luego se desarrolla un prototipo tecnológico,
en tercer lugar se evalúa su efectividad y seguridad (en la investigación médica
esta es la fase de ensayos clínicos)
programas que muestran la aplicabilidad global (programas de demostración)
difusión y aceptación general (fase de adopción por los profesionales)
entrenamiento en el uso y aplicación a varias categorías de pacientes
El modelo tradicional introduce la ET en la fase en la que la nueva tecnología está
comenzando a difundirse (entre la 4 y la 5). Pero el hacer la evaluación cuando la
tecnología ya se está diseminando en la práctica médica es demasiado tarde para
que constituya apoyo para la toma de decisiones políticas.
bullet Pero los estudios recientes han demostrado la compleja simultaneidad de la
investigación básica y de la aplicación. En esta situación, que es la habitual, la ET
tradicional tiene un valor limitado, y sólo sirve para que si se realiza en las
primeras fases del desarrollo de la tecnología, facilite su aceptación. Sin una
adecuada vigilancia posterior a la ET, las tecnologías médicas tienden a crecer sin
restricciones.
Cuando las tecnologías biomédicas están disponibles, parece inevitable
que se terminarán usando, incluso cuando haya datos objetivos de que sean
inadecuadas.
Otra limitación es que el objetivo de las decisiones políticas sobre
tecnologías biomédicas es el "negativo" de controlar para atenuar o suprimir los
posibles peligros del cambio tecnológico. Se trata de un enfoque reactivo: se da
por supuesto que la tecnología se va a introducir, y se trata de mitigar sus efectos
indeseados. Pero no se plantea la posibilidad de que el cambio tecnológico sea
guiado de modo positivo en direcciones predeterminadas, ni cómo se puede
encarrilar la tecnología hacia fines específicos.
La ET tradicional presupone que se puede establecer una demarcación
clara entre lo médico y lo no médico, y que las nuevas tecnologías se originan en
principio fuera del ámbito médico, y posteriormente se introducen en él una vez
realizado el prototipo y los ensayos clínicos. Pero esto no se corresponde con la
realidad: en lugar de ser introducidas en un dominio delimitado, las tecnologías
aportan nuevas demarcaciones entre lo que es médico y lo que no lo es. De hecho
reordenan, cambian, recrean y redefinen el dominio de la medicina
Esto se ve claramente con las tecnologías reproductivas. El no poder tener niños
se ha ido transformando cada vez más en un problema médico por el simple hecho
de disponer de la tecnología. La experiencia de la infertilidad como sufrimiento no
se puede separar del mayor control que ejercemos sobre el proceso reproductivo.
Ahora que, por ejemplo, es posible inducir maternidades postmenopáusicas, se ha
vuelto más difícil aceptar la idea de infertilidad postmenopáusica. En cierto sentido,
esta condición se ha transformado en un estado de sufrimiento simplemente
porque ahora de considera que la infertilidad es un defecto biológico que hay que
vencer.
Otro ejemplo: el uso de hormona de crecimiento se previó inicialmente sólo para
niños con defectos en la síntesis de esta hormona. Pero ahora que la Ingeniería
genética permite fabricar grandes cantidades de esta sustancia, transforma el
simple rasgo físico de tener menor talla que la media en un problema médico
potencial.
Tecnología y ética
El no considerar a la tecnología como una práctica social más (sino la
plasmación de una racionalidad objetiva que avanza inexorablemente) conlleva
que los problemas sociales y éticos que puedan surgir tiendan a ser tratados de
modo "tecnológico": la ET se convierte en una especie de "meta-tecnología",
donde los enfoques dotados de racionalidad tecnológica se imponen, y donde la
ética obviamente desempeña un papel secundario.
Pero además, la ética a su vez, tiende a usar modelos de razonamiento
moral impregnados de racionalidad técnica, aplicando principios a prácticas. Esto
se ve claramente en numerosos comités de ética, que se limitan a cuestiones
sobre el adecuado uso de la tecnología (cuestiones de consentimiento informado,
justicia, etc.), pero nunca se considera que la tecnología como tal pueda ser un
problema. La ética se convierte entonces en una tecnología destinada a hacer
controlables un conjunto particular de problemas potenciales.
Hacia una nueva relación de la ética con la evaluación de tecnologías: discutiendo
sobre los fines
Las relaciones de la bioética con la tecnología biomédica se pueden abordar
centrándose en dos tipos de categorías diferentes:
Nos podemos preguntar por las cuestiones morales que surgen dentro del marco
de una tecnología. Como ejemplos se pueden poner los debates sobre el estatuto
moral del embrión, o sobre las madres de alquiler. El problema con este enfoque
es que se acepta como inexorable el dato de la tecnología en cuestión, y lo que se
pretende es definir su uso responsable y adecuado.
Pero nos podemos preguntar por las cuestiones morales de la misma tecnología.
¿Está justificada la tecnología como tal, a la luz de los valores morales? Los
valores tradicionalmente ligados al conocimiento tecnocientífico (búsqueda del
conocimiento o mitigación del sufrimiento) ya no se consideran como dados
implícitamente, sino que sirven de puntos de partida para un debate sobre otros
valores que motivan a la sociedad.
El hecho de que estemos enfrentados a más y más problemas morales depende
en buena parte del grado de penetración y "colonización" que tiene la tecnología
en nuestras vidas. La solución a dichos problemas no puede venir (al menos no
exclusivamente) por una ética que a su vez está orientada tecnológicamente.
Así pues, se necesita una evaluación de tecnologías auto-crítica, capaz de encarar
las cuestiones morales de tipo 2) citadas arriba. Por ejemplo:
Discutiendo el modo en que se definen los problemas explorando
Las interrelaciones entre temas técnicos y no técnicos.
Analizando las tecnologías como problemáticas en sí mismas.
El debate moral se podrá entender mejor cuando examinemos cómo los problemas
se transforman por la innovación tecnológica. En el caso de la medicina, ello
inicia una reflexión sistemática sobre sus fines. Frecuentemente se jalea a las
nuevas tecnologías como soluciones a problemas que no existen. Algunas se
comercializan sin ninguna necesidad identificada. Algunas tecnologías andan en
busca de una aplicación, creando su propio mercado, induciendo una necesidad
(deseo) particular. En el caso de la medicina, se supone que las tecnologías tienen
objetivos: la evaluación de tecnologías debería analizar el bien que es el leitmotiv
de la innovación.
Estudiar la interconexión entre tecnología y sociedad: en qué contexto de prácticas
sociales surge la tecnología.
Finalmente, la ética puede tener como objetivo ayudar a cambiar las tecnologías,
discutiendo la racionalidad tecnológica. La ética podría preguntar, por ejemplo,
qué deberíamos hacer cuando esa racionalidad domine nuestras respuestas a
los complicados problemas y situaciones de sufrimiento, finitud, discapacidad
y enfermedad. No cabe duda de que la tecnología nos ha aportado numerosas
cosas positivas, pero la fascinación ciega que sentimos por ella está asociada
con la fragmentación y merma de experiencias e interpretaciones. (Por ejemplo,
obsérvese cómo ha disminuido la importancia del diálogo y amistad médico-

paciente, cómo el paciente puede ver alienada su propia experiencia subjetiva en


entornos hospitalarios tecnificados y despersonalizados). La ética debería articular
el malestar evocado cuando la tecnología se convierte en la fuente básica de
temas morales. El significado de la existencia humana no se puede reducir a una
ilimitada regulación y control de la vida y del mundo.
A.2.4.2.
  Actividades
• ¿Podrían las empresas pedir un test genético antes de contratarte?
En un futuro quizás sí, pero a nosotros no creemos que nos cojan estas
modernidades. Creemos que esto atenta contra nuestra intimidad. Pensamos
que esto debería de ser privado y no enseñárselo a cualquiera, ya sea jefe o algo
parecido.
• ¿Y las compañías aseguradoras obligarnos a presentar un test genético,

al igual que lo hacen hoy en día con el certificado médico, antes de



asegurarte?
Nosotros pensamos que eso debe ser solo y exclusivamente para el uso médico.

Nadie tiene porqué saber cuál es nuestro estado de salud ni nuestros genes. Pensamos que no tienen por qué tenerlo.
1   ...   46   47   48   49   50   51   52   53   54

Similar:

Adn (ácido desoxirribonucleico) es un ácido nucleico que contiene instrucciones genéticas usadas en el desarrollo y funcionamiento de todos los organismos vivos conocidos y algunos virus, y es responsable de su transmisión hereditaria iconEjército Argentino
Adquisiciòn de insumos para la fabricaciòn de baterias de plomo-acido modelo 12 V x 100 amper “nato”
Adn (ácido desoxirribonucleico) es un ácido nucleico que contiene instrucciones genéticas usadas en el desarrollo y funcionamiento de todos los organismos vivos conocidos y algunos virus, y es responsable de su transmisión hereditaria iconAlteración Serie Roja Atención Primaria
Anemia en Relación con Proceso Crónico Inflamatorio más Déficit de Vitamina B12 o de Ácido Fólico
Adn (ácido desoxirribonucleico) es un ácido nucleico que contiene instrucciones genéticas usadas en el desarrollo y funcionamiento de todos los organismos vivos conocidos y algunos virus, y es responsable de su transmisión hereditaria iconDeterminación de la virulencia de aislamientos de Rhizoctonia solani Kühn obtenidos de micelio sobre plantas y de esclerocios de tubérculos de papa (Solanum tuberosum L.), y su relación con la liberación de ácido en medio líquido
Tesis presentada como parte de los requisitos para optar al grado de Licenciado en Agronomía
Adn (ácido desoxirribonucleico) es un ácido nucleico que contiene instrucciones genéticas usadas en el desarrollo y funcionamiento de todos los organismos vivos conocidos y algunos virus, y es responsable de su transmisión hereditaria iconSecretaria de economia resolución por la que se elimina la cuota compensatoria definitiva impuesta a las importaciones de ácido tricloroisocianúrico, mercancía clasificada en la fracción arancelaria
Tarifa de la Ley de los Impuestos Generales de Importación y de Exportación, originarias de la República Popular China, independientemente...
Adn (ácido desoxirribonucleico) es un ácido nucleico que contiene instrucciones genéticas usadas en el desarrollo y funcionamiento de todos los organismos vivos conocidos y algunos virus, y es responsable de su transmisión hereditaria iconResolución que resuelve el recurso administrativo de revocación interpuesto por quimic, S
S. A. de C. V. en contra de la resolución final de la investigación sobre elusión del pago de la cuota compensatoria definitiva impuesta...
Adn (ácido desoxirribonucleico) es un ácido nucleico que contiene instrucciones genéticas usadas en el desarrollo y funcionamiento de todos los organismos vivos conocidos y algunos virus, y es responsable de su transmisión hereditaria iconTema 11: plantas c-4
Anatomía foliar. Bioquímica de la ruta c tipos de plantas c regulación del proceso. Significado ecofisiológico de las plantas c metabolismo...
Adn (ácido desoxirribonucleico) es un ácido nucleico que contiene instrucciones genéticas usadas en el desarrollo y funcionamiento de todos los organismos vivos conocidos y algunos virus, y es responsable de su transmisión hereditaria icon10. Otras vías de fijacion y asimilación del c plantas c-4
Plantas c características generales. Anatomía foliar. Bioquímica de la ruta c tipos de plantas c regulación del proceso. Significado...
Adn (ácido desoxirribonucleico) es un ácido nucleico que contiene instrucciones genéticas usadas en el desarrollo y funcionamiento de todos los organismos vivos conocidos y algunos virus, y es responsable de su transmisión hereditaria icon11. Otras vías de fijacion y asimilación del c plantas c-4
Plantas c características generales. Anatomía foliar. Bioquímica de la ruta c tipos de plantas c regulación del proceso. Significado...
Adn (ácido desoxirribonucleico) es un ácido nucleico que contiene instrucciones genéticas usadas en el desarrollo y funcionamiento de todos los organismos vivos conocidos y algunos virus, y es responsable de su transmisión hereditaria iconConservación y gestión de la biodiversidad en cantabria
Datos que, seguramente, son conocidos por todos ustedes, pero que creo oportuno recordar porque entiendo que son importantes para...
Adn (ácido desoxirribonucleico) es un ácido nucleico que contiene instrucciones genéticas usadas en el desarrollo y funcionamiento de todos los organismos vivos conocidos y algunos virus, y es responsable de su transmisión hereditaria iconProyecto Aula
Estado, la economía y la sociedad, así como el funcionamiento de las empresas y organismos públicos, privados y sociales con el objeto...

Página principal
Contactos

    Página principal



células progenitoras de sangre ubicadas en lamédula ósea

Descargar 0.54 Mb.